Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro. One shot basado en la canción Rebirth (Intro) de Jimin. Nota: Spoilers del final del manga. Por favor, considéralo si es que no lo has leído.
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Renacimiento.
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Bajo la luz brillante de la luna, y por encima del cuarto de la menor de la familia Tendo, un joven de ojos color zafiro meditaba profundamente sobre lo recién sucedido en su entorno. No habían pasado más que dos días desde que llegaron de Jusenkyo y su vida se encontraba cambiada por completo.
Aún podía escuchar las campanas de boda resonando en sus oídos. Y claro, seguía sintiendo en su piel el agua fría que le habían lanzado y la textura de la ropa holgada. Aún escuchaba el ruido de los bomboris chocando con las espátulas de metal. El somnífero junto con los pétalos de rosas negras seguían produciendo escalofríos en su espalda. Y la espada de madera en conjunto con los happo-daikarin se encontraban dejando sus marcas de heridas con el dolor inherente de no poder llevar una vida normal.
Ugh. Que molesto era todo.
Resopló y se estiró, recostándose en el tejado. El viento soplaba con algo de tranquilidad pero frío, pues a pesar de que se encontraban ya en primavera, el clima helado seguía imperando en el ambiente. Calaba sus huesos hasta el tuétano, pero no lo suficiente como para dejar de lado el estado de insomnio que ahora reinaba en su mente.
Suspiró, con un halo de vapor saliendo de su boca.
En una de las clases de literatura de ese día leyeron unos cuantos poemas. Uno de ellos se llamaba Renacimiento. ¡Que nombre tan patético para un poema! Pensó al inicio. Incluso creyó que hablaría sobre el ave fenix. Porque claro, cuando se hablaba de esa palabra era inevitable no pensar en las criaturas mitológicas que ahora detestaba con todas sus ansias. Pero no, no era así. En realidad, era tierno.
Las puntas de los finos dedos me rozan
Sutiles como el sereno fluir del viento primaveral
¡Oh! dulce luz brillante
Lento como el pasar del tiempo
Esparce la luz en la rendija estrecha
De la oscura y lúgubre vida
Un renacer he visto yo
En la puerta que espera nuestra primavera
El renacer de nuestro amor
Tierno y vital ha de ser
Y si hemos de enfrentar su perecer
Una y otra vez, por toda la eternidad
Clamaré al renacimiento piedad.
Renacimiento era una oda al amor. Una oda a las maravillas que conllevaba ese poderoso sentimiento. Era la definición más inocente sobre ese cúmulo de sensaciones que te hacían perder la cabeza y te calentaban el corazón, adormeciendo cada pizca de sentido común. La profesora a cargo de la materia les pidió que escribieran lo que pensaban que significaba el renacimiento para ellos, y si es que estaban de acuerdo con lo que el poema rezaba. Esa tarea tendrían que entregarla la siguiente semana, y por lo menos para él resultaba una labor titánica escribirla.
Miró las estrellas con total atención. Era una noche bella y tranquila, algo no muy común para él, quien ya estaba más que acostumbrado a la rutina del desorden que invadía su día a día. Suspiró de nueva cuenta, como últimamente lo hacía.
Renacimiento.
Ahora que lo pensaba de manera más clara, el poema describía una pequeña parte de su atolondrado corazón. Para él, había solo tres renacimientos en su vida. Empezando con el momento exacto en el que obtuvo la maldición. Renació en un mal sentido, porque al menos él no estaba satisfecho con lo que era. Sin embargo, ya había aprendido a sobrellevarlo, y era justo decir que, por una parte, abrazaba con todo su ser a esa chica en la que solía transformarse. Le había brindado problemas, si, pero también le trajo momentos muy divertidos y entretenidos.
El segundo renacimiento, si es que se le puede considerar uno, fue cuando llegó al dojo Tendo. Para ser precisos, cuando descubrió cuanto podía gustarle la sonrisa tan vivaz y encantadora de una joven como Akane.
Akane.
Que cerca había estado de perderla.
Tan solo recordar el cuerpo de ella, inerte, totalmente pálida y sin signos de vida le potenciaba la ansiedad a niveles estratosféricos. Esa era la segunda noche en la que no podía conciliar adecuadamente el sueño gracias a las pesadillas que comenzaban a manifestarse en su subconsciente, mostrándole y restregando en su cara lo que era la muerte. No podía recordar la última vez que sintió pánico al no tenerla a su lado. Probablemente la ocasión que más se le asemejaba era cuando, en Ryugenzawa, Akane estaba dispuesta a sacrificar su vida por otro chico, e incluso quedarse al lado de esa persona distinta a él.
Oh dios. Ni siquiera eso podría considerarlo al nivel de lo ocurrido con Saffron.
Akane era una tonta. Su raciocinio se había nublado cuando se le ocurrió tomar el Kinjakan con sus manos, exponiéndose a un gran peligro. Durante la pelea entre él y ese sujeto, ella se convirtió en una imprudente al querer sacrificarse permitiendo que el agua de su cuerpo se evaporara más de lo que ya estaba, todo para bloquear el ataque lanzado por Saffron que podría haber puesto fin a la vida de Ranma. A cambio de ese sacrificio, la que casi muere fue ella. Akane portaba la insignia de ser la chica más testaruda y estúpida que jamás haya conocido, además de impulsiva y desconsiderada con ella misma. Pero también era quien, con orgullo, podía presumir de sobrevivir a algo tan grande como lo que sucedió. Aunque claro, esto le había dejado en claro a Ranma muchas cosas con respecto a ella.
Sin que él lo pudiera evitar, sus lagrimas emergieron de los ojos, nublando la preciosa vista de las luces hermosas que adornaban el cielo nocturno. Las apartó con fuerza, pero era inútil. Seguían saliendo, y nada podía hacer para que se detuvieran.
De nuevo el poema llegó a su mente.
Renacimiento fue lo que ocurrió con Akane en ese lugar. Volvió a la vida después de experimentar la muerte por unos instantes. Resurgió como un ave fénix de las cenizas, una curiosidad muy irónica, tratándose de, precisamente, el monte donde vivía una tribu llena de esos seres mitológicos con alas gigantes.
Pero, en ese instante, ella no fue la única que renació.
El tercer renacimiento al que se refería, era el suyo. El también lo hizo. Su corazón, terco, orgulloso y obstinado, por fin admitió para si mismo que no puede vivir sin ella, que el aliento se le corta si no puede volver a ser testigo de la bella sonrisa de Akane. Todos los acontecimientos le quitaron la venda que lo mantenía ciego, y que no permitía que sus sentimientos salieron a flote.
Las lagrimas aumentaron su flujo, y un sollozo adolorido surgió de su boca.
Akane Tendo era su destino. Ella era la única razón de su existencia. Significaba el renacimiento para él, porque gracias a esa chica redescubrió una y otra vez lo que es el amor. Ella representaba la luz en la oscuridad de su vida. Solo Akane fue capaz de doblegar ese orgullo y ego que lo caracterizaban, mostrándole un mundo diferente y lleno de la energía del sol que se esparce lentamente en la rutina gris de todos los días. Solo ella había logrado taladrar su corazón hasta lo más profundo, encontrando el núcleo tierno de su alma, tan oculto para todos. Akane era su motivo para luchar, era su motivo para no rendirse. Antes no se visualizaba pensando en alguien todo el tiempo, y ahora, su cabeza no dejaba de dar vueltas con la imagen de ella. Veinticuatro horas, siete veces al día, su mente se llenaba de Akane por completo.
Se levantó del tejado, con las lagrimas aún escurriendo de sus iris, pero más apacibles. Con bastante agilidad se colgó del alfeizar de la ventana, y abrió con extrema cautela el cristal para adentrarse en esa habitación tan serena que representaba la esencia de esa chica tan linda. Cuando lo hizo, la miró con el más profundo de los alivios.
Ahí, acostada y envuelta en cobijas, estaba Akane, su prometida. En realidad, la única válida para él. Dormía tan plácida, como si nada de lo ocurrido en China hubiese pasado realmente. Sus pestañas tan espesas cubrían los sublimes orbes del color de las avellanas, y la respiración que su cuerpo emanaba solamente hacía que Ranma sintiera ternura. Akane era bella, aún durmiendo y con el pelo revuelto.
Echó un vistazo a los alrededores del cuarto, notando el vestido de novia destrozado cerca del escritorio y el velo encima, totalmente roto por la mitad. Era una pena que haya quedado así, porque se le veía precioso. Pero bueno, seguramente su vestido de novia del futuro sería aún más hermoso. Quizá un tono rosáceo, con escote y un par de guantes adornando sus manos podría funcionar, después de todo, el color rosa en ella se notaba espectacular. Sus lagrimas cesaron un poco, y una sonrisa se posó en sus labios.
Que tonto había sido por no aceptar la decisión de Akane sobre el casarse con él. Y no tanto por el barril del Nannichuan, más bien, porque si que deseaba unir su vida con la de ella. Aunque, si era sincero, aún la juventud los tenía atados a los dos, por lo que era mejor esperar a que crecieran y maduraran más para tomar ese gran paso. Un paso que con gusto aceptaba y sin objetar.
Se acercó hacia Akane, y con parsimonia movió su mano hacia el rostro delicado de la chica a la que más amaba. Con las puntas de sus dedos acarició la piel tan tersa de sus mejillas, repasando una y otra vez sus facciones delicadas y admirándolas como la perfecta obra de arte que ella representaba. Ahora mismo estaba durmiendo. No se encontraba en peligro, no había nadie queriendo asesinarla ni secuestrarla. Estaba viva. Estaba respirando.
Eso se sentía como un bálsamo a la herida profunda de su corazón.
Quería un amor real. Deseaba ser especial solo para ella. Necesitaba acercarse todavía más a Akane, para por fin poder decirle las palabras que más anhelaba pronunciar. Si trataba de ser especial con ella, ¿Podría acercarse por fin?
—Ranma...— Murmuró Akane mientras dormía plácidamente con sus labios curveandose. Soñaba con él. Esto lo emocionó de sobremanera.
Unas cuantas lagrimas siguieron bajando de sus ojos, pero esta vez la sonrisa no abandonó su rostro. —Akane. Te prometo que algún día te lo diré cuando estés consciente, pero por lo mientras seré especial para ti, esperando llegar a tu corazón. Solo, por favor, no me dejes. No puedo vivir sin ti.— Tocó un mechón de pelo y lo acomodó por detrás de su oreja. Se acercó a su oído, y con el sonrojo adornando sus mejillas, susurró las palabras que tanto quería decir frente a ella. —Te amo.
Alejó su cuerpo, y caminó en dirección hacia la ventana. Giró por última vez, corroborando si seguía hundida en el mundo de los sueños. Sonrió aún más, y salió de la habitación, dejando la ventana abierta para que la luz del astro en el cielo cubriera el suelo del cuarto.
Llegó a su futón, sintiéndose más tranquilo y ligero. Esquivó a sus padres, y se acostó en su lugar correspondiente, cobijando su cuerpo para entrar en calor. Aunque era inútil, porque el calor ya lo sentía en todo su cuerpo. Y finalmente cerró los ojos, abandonándose mucho más tranquilo a los brazos de Morfeo.
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Los cerezos ya estaban floreciendo, dejando ver esos pétalos rosas que tanto adoraban los japoneses. Había pasado una semana desde que Ranma se hizo una promesa interna, cosa que hasta ahora le estaba costando bastante. Por lo menos eso le había ayudado a escribir el trabajo que la profesora les había asignado para entregar ese mismo día. Y la buena noticia de todo, es que después de aquella autoreflexión, las pesadillas comenzaron a disminuir.
Caminaban los dos juntos con lentitud. Se les presentaba una mañana tranquila, aparentemente. La semana pasada tuvieron que huir constantemente de los ataques de Shampoo, de Ukyo, de Mousse y de los hermanos Kuno, esquivando los objetos que lanzaban como si fuesen piedras gigantes. Además de eso, aguantaban los constantes acosos de sus compañeros de clase, quienes estaban deseosos de poder conocer los detalles de esa boda que nunca se concretó. Hasta sus oídos llegaron las aventuras de ambos en China, y genuinamente todos deseaban saber si Akane ya se encontraba bien, o si no se había visto afectada. Aunque Akane lo agradecía, también le molestaba un poco la demandante atención, pero les hacía saber que se encontraba en excelente estado.
Ranma miró de reojo a su prometida. Un pétalo de cerezo se le había atorado en el cabello. Tal vez era momento de comenzar a ser especial con ella.
Se detuvo frente a la joven, impidiendo su paso. Akane le miraba interrogante, sin saber que es lo que le ocurría. Últimamente estaba actuando extraño, sin mencionar que todas las mañanas encontraba su ventana abierta. Él entraba a verla por las noches. No estaba segura de poder afirmar aquello, pero lo presentía. Y eso no hacia otra cosa más que reforzar su teoría de lo que oyó en el Monte Fénix.
—Akane, tienes un pétalo de cerezo en tu cabeza.— Pronunció él chico con un tierno sonrojo en sus mejillas.
Ella sonrió. —Oh. Gracias por decirme.
Lo iba a quitar, pero el se adelantó a ella. Lo tomó, acariciando el suave pelo de Akane. Aunque fue una acción inútil, porque bajo las blancas nubes y el suave viento, un mar infinito de rosáceos destellos los invadió, acunándolos en una especie de acto íntimo como el que compartían en ese mismo instante. Sus ojos brillaron de una forma especial, demostrando lo que ambos sentían al respecto sin palabras. E inesperadamente, Ranma decidió hacer algo especial para ella.
Tomó su mano, uniéndola con la suya y entrelazando los dedos de ambos. Y sonrió con enorme júbilo, porque ahora la pena no existía en él. Ahora deseaba ser el motivo de su prometida. Ahora, era el momento de comenzar a ser especial con ella.
—Akane, gracias.
No hacía falta que dijera a que se refería. Era obvio que hablaba sobre lo que pasó en el Monte Fénix. Lo que él no sabía, es que ella con gusto volvería a repetir esa acción tan imprudente solo para salvarlo a él, porque se había vuelto su razón de existir. Correspondió la sonrisa, y apretó más la mano de su prometido. Aquella que tanto adoraba con el alma, la que la había salvado miles de veces.
—Gracias a ti.
Miró hacia el horizonte, sin pensar en el mañana o en el pasado. Esta vez, se concentraría en el presente, porque quería estar a su lado. Nada de preocuparse por lo que sucedió en ese lugar. —Se nos hace tarde.
Akane realizó la misma acción que su prometido. —Vamos.
Y mientras ambos caminaban rumbo a la escuela, tomados de la mano, la promesa de un próximo renacimiento estaba comenzando a florecer.
Algún día, esa puerta tan especial se abriría para ellos dos.
Algún día, él le diría esas palabras tan mágicas que deseaba transmitir.
Algún día, en algún lugar y en cualquier momento, su futuro se haría realidad.
¡Hola a todos!
Este es un one shot cortito para festejar el estreno del Remake. ¿Están listos?
Originalmente lo iba a escribir como un segundo one shot post Rankane week, pero por falta de tiempo se me ocurrió publicarlo hasta ahora.
El pequeño one shot está basado en la letra de una canción que me fascina mucho. Rebirth (intro) de Jimin tiene como estandarte la idea del renacimiento a la hora de amar. Para Ranma creo que hay que decir que hubo una especie de renacer en el último arco del manga. Siento que, a partir del punto en el Akane casi pierde su vida, él comenzará a acercarse más a ella, a ser más especial. (Lo siento si uso mucho canciones para mis fics, la música es mi musa). Y el intento de poema lo escribí yo en torno a la letra.
La letra de la canción encaja en la forma en la que Ranma se da cuenta del significado del amor. Y bueno, en este escrito rememoramos ciertos acontecimientos sucedidos en el arco final. De hecho, hice una pequeña referencia al dibujo de Rumiko en el Artwork donde Akane trae puesto un vestido de novia color rosa. Punto para quien sepa a que imagen me refiero.
Sobre la forma en la que escribo, no habia tenido la oportunidad de mencionarlo, hay muchas personas que me han comentado a través de mis otros trabajos que les encanta como narro. Les agradezco mucho por sus palabras. Creo que en mis escritos siempre he tratado de reflejar los sentimientos y el ambiente porque me encanta leer ese tipo de cosas a detalle, además de practicar la narrativa. Y sé que a veces eso puede abrumar un poco, porque los capítulos o escritos me salen largos, así que quisiera pedir disculpas por ello. No soy escritora profesional, ni tengo estudios relacionados con ello (solo soy una simple arquitecta jaja), pero realmente aprecio sus halagos. Seguiré trabajando arduamente para traerles mejor calidad en mis escritos, ya sea en los one shot o en los AU que tengo en emisión. (De vez en cuando tengo errores ortográficos o gramáticos. Escribo en el celular en mis trayectos, mil disculpas por lo mismo)
Gracias por su apoyo constante en mis historias. Si son nuevos siguiéndome, dense una vuelta por mi perfil. Tengo historias para todos los gustos.
¡Que tengan un gran día! ¡Disfruten del remake!
Con amor, Sandy.
