Capítulo 5
Albus estaba dando vueltas y vueltas en su oficina. El niño había escapado a sus compulsiones al igual que sus parientes. Esperaba que fuera moldeable para convertirlo en su perfecto paladín, pero en cambio, tenía a un niño genio, independiente y que ya había recibido la instrucción necesaria.
Usar el sombrero en él iba a ser inútil, ya que al no poder recibir clases con otros niños, no podría forzar los lazos de la Casa en él. Tendría más sentido que forjara un lazo con uno de los profesores, pero la única Gryffindor era Minerva. Todos los demás eran Ravenclaws o Slytherins. No tenía problemas con Babbling pero siendo una Slytherin, vería más por su propio beneficio y no tenía nada contra ella como si lo tenía con Severus.
Entonces estaba decidido, Severus tendría que ser el profesor más cercano a Potter, seguido de Minerva. Ellos dos le hablarían bien sobre él al muchacho.
Lo otro que lo estaba consumiendo de ira, era el hecho de que Nicolas hubiera tomado al chico como aprendiz. Cuando él le solicitó eso a Nicolas, este le dio muchas excusas. Por eso cuando tuvo poder sobre Hogwarts, hizo malabares para que nadie se inscribiera en Alquimia. De esa forma, solo él tendría conocimientos de Alquimia en el Reino Unido, lo que aumentaría sus posibilidades de que Nicolas le diera una oportunidad para aprender.
Ahora había encontrado a su aprendiz en el chico que debería haberse convertido en su marioneta perfecta.
No, Albus no solo estaba enojado, sino furioso. Tendría que reorganizar sus planes y ver una forma de influir en el niño, pero mientras tanto, tendría que darle muchas concesiones si quería conservarlo en sus dominios.
Severus Snape estaba pensando en cómo organizar sus nuevas clases. Había algunos espacios disponibles y viendo que su nuevo aprendiz ya tenía los conocimientos necesarios para una Maestría, no estaría educando a un imbécil sin cerebro… como originalmente pensó.
Su jefe era llanamente un idiota.
Había muchas cosas raras en su visita a los Dursley como para ignorarlas. Para empezar, Severus recordaba la personalidad de Petunia y era una difícil de olvidar. Resumida en una sola palabra, perra. Una verdadera perra rencorosa que siempre envidió a Lily.
Ella era ese tipo de persona que necesita un objetivo para odiar y dudaba que hubiera podido superar ese tipo de personalidad sin ayuda profesional. Y esa era la cuestión. Petunia también era de esa clase de personas que necesita algo mayúsculo en sus vidas para cambiar su rumbo.
Ciertamente enterarse que su sobrino era un niño genio, debió ser impactante pero ¿Al grado de orillarla a buscar ayuda profesional? ¿A buscar a los Goblins? No, algo más pasó además de la revelación de la inteligencia de Harry. Algo le sucedió a la familia que los orilló a buscar ayuda con Gringotts, a buscar formas de proteger a su sobrino del guardián mágico incompetente que nadie sabía quién era, pero Severus sospechaba había sido Albus.
Si los Dursley sospecharan sobre las razones de la ubicación de Harry con ellos, y de que podría haber motivaciones ocultas, se explicaría su necesidad de buscar a alguien que les ayudara dentro del mundo mágico. Petunia, después de todo, había acompañado a su hermana a sus compras para Hogwarts. Sería ridículo que la mujer hubiera olvidado como llegar al Callejón Diagon y quienes trabajaban en Gringotts.
No, Petunia podía ser una perra pero no era tonta. Si algo le había parecido extraño en toda esa situación, hubiera buscado una forma de proteger a su familia.
Luego estaba el hecho de que el hombre que juro no querer tener nada que ver con Inglaterra, estaba de hecho en contacto con alguien del país. Claro que a Severus no le parecía tan extraño esto, Harry era el último Potter y su ahijado. No iba a abandonarlo luego de haber limpiado su nombre. Lo que le parecía extraño a Severus es que no hubiera pedido la custodia del niño.
Cuando fue el escándalo, nadie pensó en como un padrino había "abandonado" a su ahijado. La respuesta era que no lo hizo y si no lo hizo, es porque estaba de acuerdo en su ubicación. Para estar de acuerdo con eso, quería decir que sabía dónde estaba. Lo que llevaba invariablemente a pensar, que Black ya sabía sobre los Dursley y la condición especial de Harry.
Dudaba seriamente que Petunia no hubiera informado algo así a un padrino.
A Lupin simplemente se lo llevó para no dejarle ningún resquicio a Dumbledore para colarse. Albus jamás intentaría algo con los otros Black. Narcissa lo hechizaría primero y Andrómeda… también. Ninguna de las mujeres le tenía en alta estima.
Había muchas cosas extrañas también respecto a Harry. El taller era una maravilla que a nadie, a ningún mago, se le hubiera ocurrido. Era como haber entrado en un taller de un científico loco mientras construía un humanoide o un robot.
Había elementos que costaban más que una isla por solo un cuarto de kilo y este niño tenía en ese laboratorio muchos de esos elementos. También estaban los elementos alquímicos. Nicolas iba a ser el Maestro del niño, pero eso solo quería decir que Harry ya tenía una base de conocimientos suficientes para ser considerado aprendiz. Harry Potter se convertiría en Maestro de muchas materias a una edad muy corta, superando varios récords en el proceso. Incluyendo el suyo.
Severus mentiría si dijera que no estaba emocionado. Finalmente enseñaría a un estudiante que no estallaría cosas por ineptitud y en su lugar, estallaría cosas por experimentación. Él mismo estalló varios calderos y frascos durante su Maestría.
Pero ese laboratorio seguía en su mente… era algo especifico. Su cerebro lucho hasta que dio con el elemento que buscaba: el Nintendo. ¡Eso era lo que se le estaba escapando! Cuando Albus entró, el niño dijo que finalmente había logrado que el GameBoy funcionara con magia.
Severus conocía esos artilugios. Había una versión para casa y una portátil. La caja que estaba modificando el niño era la portátil, el tal GameBoy. Parecía saber lo que estaba haciendo, lo que quería decir que ese no era el primer dispositivo que había modificado. Severus estaba asombrado cuando se dio cuenta de muchas de las implicaciones.
El niño había logrado hacer funcionar tecnología muggle con magia. Las posibilidades eran inmensas si el niño podía vender la idea en su sociedad. De verdad era una inteligencia asombrosa y aterradora.
Necesitaba proveerle mucho estímulo a una mente así.
Severus estaba seguro de que ni Minerva, Filius, él y ningún profesor que fuera a ser su Maestro, tendría que contenerse con su ritmo de enseñanza para el muchacho. Él podría con todo.
La última cosa rara que notó Severus, en realidad era una pequeña minucia: Harry casi no hablo. Se mostró más bien tímido y eso era raro. Alguien que tuviera ese nivel de inteligencia, podía ser bastante arrogante y no tendría muchas repercusiones. Pero Harry no era así. Es como si además de todos esos tutores, Harry hubiera estado también en terapia. Y quizás fue así. Una inteligencia así de impresionante, podría hacer que despegara muy rápido los pies del suelo, si alguien no lo volvía a anclar.
Era evidente que tanto Vernon como Petunia, se habían dedicado a darle la mejor atención a Harry pero sin descuidar a su propio hijo. El hijo de Petunia también se veía bien adaptado y parecía un niño muy normal. Algo robusto pero parecía ser su complexión natural, igual a la de su padre.
Había otras cosas pero sin el contexto adecuado, Severus podría llegar a conclusiones incorrectas y no quería eso.
Lo mejor que podía hacer en esos momentos era organizar un esbozo de sus clases y luego reunirse con sus compañeros profesores para organizar el horario de clases para el único aprendiz de múltiples maestrías que habría en Hogwarts, por primera vez.
Harry había ido de compras con sus tíos a Londres. Ya habían ido a comprar al Callejón Diagon varias veces, así que el lugar no le impresionaba, pero su parada ahí apenas sería de menos de media hora y llevaban sus protecciones muggles habituales: las gorras y sombreros.
Desde que recordaba, Harry había sido obligado a usar una gorra o sombrero y cuando no quería usarlos, maquillaje, para cubrir su cicatriz. Sus tíos le explicaron sobre su inmerecida fama y como habían peleado para que hubiera una investigación formal sobre la muerte de sus padres, pero ni la liberación de Sirius Black hizo que reabrieran el caso. Los mágicos ingleses estaban felices de dejar atrás esa etapa de sus vidas y preferían idolatrar la imagen de "El Niño Que Vivió" a hacer de conocimiento público que fue una bruja nacida de muggles quién hizo lo imposible.
No, en lo que concernía a los mágicos, estos querían a su "pequeño milagro" sobre una talentosa bruja hija de muggles.
Por eso, Harry entendía que era mejor ocultar su cicatriz o tendría demasiados fans emocionados por su presencia. Sus tíos habían logrado retirar esos infames libros sobre su infancia, siendo criado en una mansión con elfos sirvientes y él montando dragones de color morado. Cuando leyó uno de esos libros, Harry sintió escalofríos. Era como ver un panfleto de propaganda con su cara.
Había demasiados conceptos que un niño impresionable simplemente repetiría y trataría de emular. Para Harry, estos libros eran como esas enseñanzas en sectas religiosas donde se les instruía a repetir miles de veces un precepto hasta que ya ni siquiera pensaban sobre si era cierto o no. Solo que su panfleto era dicho con un personaje parecido a él, pero que a la vez, no era él.
Desde esos libros, Harry entendió que alguien intentaba convertirlo en algún tipo de ídolo. Una persona sobre la cual centrar algún tipo de ideología. No pudieron rastrear el origen de los libros, pero pudieron retirarlos antes de que se vendieran muchos ejemplares.
Una vez finalizados sus asuntos en Gringotts y retirado suficiente dinero convertido a libras, la familia fue de compras al Londres muggle. Harry se quitó su gorra con alegría para diversión de su familia.
La razón de ir al Londres muggle, además de comprar ropa y otras cosas que Harry, necesitaría para sus maestrías, era que el niño quería ir bien preparado para uno de sus mejores planes. Necesitaría libretas, plumas fuente, libros de trabajo para niveles de secundaria y otros preparatorios para la universidad.
Harry sabía que su tiempo de maestría sería reducido y tendría mucho tiempo libre, así que haría evidente una de las grandes falencias de Hogwarts: la continuidad de la educación.
Como en la tienda donde estaban comprando, habían hecho antes compras y todos los empleados conocían a Harry y que daba tutorías, a nadie se le hizo extraño estas compras, ya que el niño una vez había manifestado que él podría convertirse en maestro. Pensaban que quizás, estaba haciendo sus primeros pasos para alguna clase de escuela en su casa.
Terminadas esas compras y habiendo afinado los detalles de la entrega en su domicilio, la familia se dirigió a almorzar y hablaron de todo y nada. Dudley iba a ir a Smeltings con una beca por desempeño y la familia quería celebrar una cena familiar antes de que los niños fueran a sus escuelas.
Los trasladores llegarían en unos días y tanto Sirius y Lupin como Nicolas, querían pasar algunos momentos con Harry para afinar sus respectivos planes.
Sirius Black, actual jefe de la Noble y Antigua Casa Black, estaba refinando sus planes en una libreta. Ahora es cuando agradecía que Lily le hubiera enseñado las bondades de los muggles. Era infinitamente más fácil escribir en una libreta que en un rollo de pergamino.
Como fuera, ahí estaba el Jefe de la Casa Black, escribiendo cada parte de sus planes en esa libreta. Necesitaba organizarse y una de las cosas que necesitaba hacer primero era empezar a hacer declaraciones sobre que no pisaría el Wizengamot y en su lugar pondría un proxy.
Su proxy iba a ser una mujer, lo que ya iba a sacudir las cosas. Cierto que había mujeres en el Wizengamot, pero estas solían ser la única de la familia que podía tener el mando en ese momento y esperaban a que sus hijos o hijas tuvieran la edad adecuada, o si eran hijas, estas consiguieran un marido de una familia adecuada.
Actualmente, solo sabía de Madame Longbottom y Madame Bones, ambas con pupilos en edad escolar. Ambas forzadas a tomar roles que no querían. Por eso Sirius sabía que su presencia no era necesaria en el Wizengamot. Solo requería un proxy y podía ser desde un amigo cercano hasta un familiar.
Primero pensó en poner a Remus, pero entonces el Wizengamot haría sus reuniones sobre leyes importantes en fechas cercanas y en el día de luna llena, si quisieran evitar el voto Black. No, era mejor mandar a una de sus familiares actualmente vivas y sin mancha… aparentemente.
Narcissa sería la mejor elección si quería crear caos, pero no soportaba a Lucius y este intentaría colar sus propias ideas en su esposa. Quería verlo intentarlo pero Narcissa compartía algunas de las ideas de su marido sobre la pureza de sangre y podría no votar como él le indicara en alguna ocasión.
Entonces tendría que ser Andrómeda.
La elección de su proxy ya estaba decidida, así que ahora debía pasar a otros rubros como la caza de horrocruxes. Los Goblins no solo habían detectado aquellos hechizos de compulsión sobre Harry, sino algo más oscuro.
Por fortuna, la mente de Harry era muy fuerte y su alma era pura, así que esa cosa oscura quedo "encapsulada", a falta de una mejor palabra, debajo de su cicatriz. Los Goblins sacaron esa cosa y la pusieron en un cristal de cuarzo de alta pureza. El cuarzo cristalino se tornó negro cuando esa cosa fue encerrada ahí.
Con el cristal pudieron fabricar una especie de brújula que empezaría a girar de inmediato cuando estuviera cerca de un horrocrux y cuál fue la sorpresa de Sirius que apenas puso un pie en su antigua casa, antes de irse a Francia, esa brújula empezó a girar. Encontró el guardapelo, luego de preguntarle a Kreacher, el último elfo domestico Black, que le trajera a Sirius todo aquello que no perteneciera a la familia.
Fue entre sollozos del elfo, que Sirius se enteró de todo lo que había hecho su hermano y lo jodidos que estaban todos si esos horrocruxes no eran destruidos en su totalidad. Aunque los Black eran magos oscuros y tenían un amplio repertorio de grimorios y libros sobre artes oscuras, había un par de temas tabú que no tocaban. Por desgracia, por esa ocasión, la magia del alma era uno de esos temas.
Sirius tendría mejores oportunidades de buscar como eliminar esas cosas y obtener información sobre Voldemort y su vida antes de ser un señor Oscuro. Lo más que se sabía sobre él, eran meras especulaciones y el rumor más fuerte era que descendía de Salazar Slytherin.
Con esa única pista, solo encontró dos hechos que parecían conectados, el arresto de dos varones de la familia Gaunt por hechizar a un muggle llamado Tom Riddle y el posterior escape de este muggle con la única hija de los Gaunt, Merope. Al parecer, Tom regresó un día, luego de un par de años, diciendo que la mujer era una bruja y le dio algún brebaje.
Por lo que averiguaron, la mujer estaba embarazada y debió dar a luz en algún sitio, ya que Remus recordaba que en el salón de trofeos, había una placa para un tal Tom Riddle por "servicios especiales". Como Remus solía ser prefecto y le gustaba la historia, recordaba ese tipo de detalles.
No podían indagar mucho en Hogwarts pero si en el Ministerio y encontraron varias cosas sobre Riddle que eran inquietantes. Sus calificaciones eran excelentes pero terminó trabajando para Borgin & Burkes. Luego había una muerte donde él fue la última persona humana en ver a la víctima.
No había motivos para sospechar de él, pero la coincidencia era demasiado chocante.
Fue Remus quién se dio cuenta luego de que Tom Riddle, el muy posible hijo del muggle Tom Riddle y Merope Gaunt, era Lord Voldemort, cuando usando el nombre completo, Remus reorganizo las letras y decían "Yo soy Lord Voldemort".
Desde ese descubrimiento, todas las piezas encajaron.
Las cosas que encontraron buscando a Tom Riddle, daban la idea clara de cómo Voldemort fue perdiendo la cordura y tenían tres posibles ubicaciones para los horrocruxes: una bóveda de Gringotts, ya fuera la de Voldemort o uno de sus mortífagos, Hogwarts y la antigua casa de los Gaunt, de la que se decía estaba embrujada, según los muggles que vivían cerca.
Sin embargo, Sirius pensó que por el momento, lo mejor era dejar la brújula en manos de los duendes al igual que el guardapelo encontrado en la casa de Grimmauld Place. La razón que le dio a Remus fue que necesitaban averiguar más cosas sobre Voldemort y sobre la magia del alma. De nada les serviría destruir los horrocruxes que encontraran si no podían localizarlos todos y eliminarlos en el momento adecuado.
Si Voldemort se daba cuenta de que los habían destruidos y quedaba alguno o aún tenía suficiente alma como para hacer otro de esos artefactos, este lo escondería aún más fuerte. Necesitaban más información de la que tenían en ese momento y fue cuando ambos acordaron hacer todo el escándalo sobre irse de Inglaterra.
Así, Sirius y Remus se encargarían de la parte de encontrar los horrocruxes, cuando eran y tenerlos todos juntos para eliminarlos en el momento preciso, Nicolas aceptó su parte en esta charada como el futuro Maestro de Harry y los Dursley se encargarían de mantener las cosas del lado muggle como el rastreo de algunas pocas actividades que había tenido Voldemort en el mundo muggle bajo el nombre de Tom Riddle.
Ahora que Sirius y Remus habían regresado a Inglaterra, necesitaban moverse para localizar el resto de horrocruxes y ponerlos a resguardo. Ya tenían una manera de saber la cantidad y una ubicación aproximada. Viajar fuera de la isla les ayudo a ambos a darse cuenta de que tan atrasados estaban como nación mágica.
La lista de pendientes estaba creciendo pero Sirius finalmente sentía que estaban haciendo algo para evitar la guerra en vez del plan aparente de Albus Dumbledore de "sentarse y esperar". Nunca lo dijo claramente, pero Sirius sabía que había una profecía alrededor de Harry y estaba seguro de que el anciano había hecho planes basándose en ella, en vez de pensar en alternativas.
No importaba. Ellos se encargarían de evitar que la guerra volviera a convertirse en su vida.
Finalmente el día había llegado, Harry partía hacia Hogwarts y aunque no estaba convencido, Sirius insistió en que ir en el Expreso de Hogwarts ayudaría a su fachada de niño genio pero aun tímido y tierno. Harry quería rodar los ojos pero tenía que estar de acuerdo con su padrino.
No le convenía hacerle saber al Director lo mucho que despreciaba este tipo de viaje. Cierto que le permitía a los niños formar relaciones de amistad antes de que las Casas los separaran, pero ¿No sería mejor abolir todo el sistema de Casas y limitarse a formar dormitorios para chicos y chicas por año? Luego estaba el hecho de que no había ningún adulto a la vista que pudiera actuar en una situación de emergencia y dudaba que el maquinista o la señora de los dulces tuviera formación como Sanadores o Enfermeros.
Harry no estaba nada asombrado de estos hechos.
Como fuera, ahora estaba ahí luego de haberse despedido de toda su familia en el andén 9 y ¾. Muchas personas estaban asombradas de ver a Sirius entre un grupo de supuestos muggles. Por lo que sabían, los muggles solo podían entrar al Callejón Diagon, pero el público en general no sabía que su familia eran Squibs.
Oh bueno, él no iba a ser quién los iluminara. Su equipaje estaba reducido en su mochila y llevaba una lonchera con suficiente comida para todo el viaje. ¿A quién se le había ocurrido que era buena idea un viaje de tantas horas con nada más que un carrito de dulces como fuente de alimentos? Había familias que luchaban con sus presupuestos y era enormemente insensible no pensar en esas personas de escasos recursos.
Harry decidió sacar un libro y estaba terminando el primer capítulo cuando alguien abrió su puerta de forma intempestiva.
—Disculpa, ¿No has visto un sapo? —Harry no había oído esa voz en mucho tiempo.
Con mucha lentitud, Harry bajo su libro y dejó que la chica que había entrado, se diera cuenta de su presencia.
—No, no he visto un sapo—La chica observo al niño y se dio cuenta de quién era. Pensó que jamás lo iba a volver a ver luego de la última vez que se enfrentaron.
—¡Tu! ¿¡Que haces aquí!? —.
Harry estaba sonriendo maniacamente. Su tía ya le había advertido sobre esa sonrisa, pero a él le gustaba usarla con gente como ella—¿Pues que más va a ser dientes de conejo? ¡Voy a Hogwarts! —.
La chica estaba horrorizada. No podía ser. Siempre pensó que este chico era un muggle. Si, uno extraordinario pero muggle al fin y al cabo. Ella misma siempre se creyó una muggle a pesar de las señales de magia accidental. Simplemente pensó que se trataban de fenómenos producto de su imaginación.
Cuando la profesora McGonagall fue a verla y le dijo sobre la magia, Hermione Granger estaba feliz. ¡Ella era especial! Podía empezar de nuevo en una escuela donde habría niños y niñas como ella, aprendería cosas que solo aprendían e % de la población mundial. Y sobre todo, jamás tendría que volver a interactuar con Harry Potter.
Cuando fue a comprar sus libros y leyó sobre un Harry Potter en ellos, pensó que era solo una coincidencia. No podía ser el mismo chico que había conocido en los concursos de conocimientos. No podía ser aquel chico desagradable que le llamo mascota del profesor. Simplemente no podían ser el mismo Harry Potter.
Pero aquí estaban ambos, en el mismo tren rumbo a Hogwarts.
—No me llames dientes de conejo—Dijo Hermione con enojo.
Harry cerró su libro y lo deslizo dentro de su mochila. Saco uno de sus sándwiches y le dio un mordisco antes de contestarle a la desagradable niña.
—Recuerdo muy bien que tú me dijiste y cito: "no puede ser que un niño cuatro ojos me haya ganado en matemáticas". Te dije que lo retiraras o te diría dientes de conejo. Te negaste a retractarte de lo que dijiste, así que solo estoy cumpliendo mi palabra—.
—Pero era verdad. No podrías haberme ganado. Yo era la mejor de mi escuela—Hermione había cruzado sus brazos y se negaba a aceptar que este niño le hubiera ganado en el concurso de matemáticas.
—Y yo te dije que era posible, ya que ya había visto esas ecuaciones en mis clases de la universidad. No es mi culpa que tu pequeño cerebro no se dé cuenta de la diferencia en nuestros niveles educativos—.
—¡No estás en la universidad! ¡Eres un mentiroso! No podrás hacer ninguna trampa en Hogwarts. Seguro tendrán algo para atraparte—.
Harry empezó a reírse como un buen villano, al grado que Hermione se estremeció. Larisa fue tan fuerte, que incluso apretó demasiado su sándwich y este tenía ahora una huella de un dedo pulgar. Harry lo dejó a su costado sobre el asiento y enfrentó a la pequeña que se creía superior a cualquiera.
—Presta mucha atención dientes de conejo, ¿Ves a otros niños aquí? No, ¿verdad? ¿Por qué crees que es eso? —.
Ahora que lo decía, Hermione no tenía una respuesta para eso. Le pareció extraño cuando vio a un niño solitario leyendo pero pensó que quizás otras personas creyeron que era una persona introvertida y estaban respetando su espacio.
—No creo…—.
—Te diré por qué. Lance un hechizo No-Me-Notes y una barrera de silencio que debido a tu incesante necesidad de molestar a otros, fue inútil contra tu testarudez. ¿Y sabes por qué pude poner esos hechizos? Al igual que la universidad, que ya acabé, resulta que presente mis TIMOS y EXTASIS hace tiempo y técnicamente soy un "adulto" en cuanto a portar una varita—.
—N-No, no es posible…—Hermione estaba temblando. Estaba casi segura de que este chico no podía haber acabado sus exámenes, así como estaba segura de que no podía haber terminado la universidad.
Harry sacó su varita y la blandió en la cara de Hermione… y lanzó un hechizo detrás de ella. Hermione no alcanzó a escuchar que fue pero si escucho como algo parecía estar yendo hacia ellos. Un sapo llegó volando a las manos de Harry y pasó a golpear un poco la cabellera de Hermione, llenándola de baba.
Harry se rió un poco por eso pero se limitó a poner al sapo en las manos de Hermione.
—Ten, ahí está un sapo. Estoy seguro de que es el que buscas—.
Hermione miró hacia sus manos y encontró a un sapo efectivamente—¿Cómo sabes que es el que busco? —.
—Por la tienda de mascotas. Mis tíos me compraron una lechuza nival muy bonita y pregunte al dependiente si había otras mascotas. Me presento algunos gatos pero no hice clic con ninguno y fue muy enfático en no comprar sapos, ya que nadie los compraba de los niños. Son los adultos los que los compran para los niños porque no quieren mascotas revoltosas. Un niño diría entonces que no quiere una mascota. Ergo, solo debería haber de uno a dos sapos en niños de familias con padres o tutores suficientemente mayores o amantes del silencio que compraran la mascota de su hijo sin consultarle sus preferencias—.
—¿Pudiste deducir todo eso solo por decir que buscaba un sapo? —Hermione estaba replanteándose si este niño no era un genio.
Harry sonrió y se rió entre dientes—¡Claro que no! Antes que tú, paso un niño por el pasillo gritando el nombre de Trevor y no parecía buscar a una persona. Solo deduje que el sapo se llama Trevor y ocupé un hechizo convocador—Harry se acercó a la niña y le puso un dedo sobre la nariz mientras sonreía sarcásticamente—Eres bastante crédula, dientes de conejo—.
Hermione estaba furiosa y simplemente resoplo, yéndose con el sapo que suponía, debía ser Trevor. Esperaba que fuera Trevor. No quería volver a interactuar con Harry Potter hasta llegar a la escuela y de ser posible, nunca. Ella buscaría la manera de advertir a los profesores sobre lo tramposo que podía ser este niño en particular.
Mientras Hermione Granger despotricaba sobre niños creídos y mimados, Harry colocaba hechizos más fuertes para aislarse. No quería interactuar con estos niños. No porque le molestaran otros niños, sino porque aquí no podía usar sus gorras o sombreros y mucho menos el maquillaje. Estaba seguro de que Dumbledore iba a hacer un anuncio sobre sus maestrías y quizás insistiría en usar el sombrero ese.
Sin embargo, Harry agradecía en silencio que Sirius le insistiera en usar el tren. Aun recordaba la forma tan furiosa en que Hermione había hecho un berrinche cuando la conoció, porque un niño que se veía muy normal, le ganó en un concurso de matemáticas avanzadas. ¡Y él ni siquiera iba a concursar! Solo que uno de sus tutores tenía este evento y le faltaba un concursante que se enfermó de paperas. Harry aceptó concursar solo para completar el número requerido de participantes.
Para él, fue un paseo divertido por el parque y ganó con facilidad, pero a esta niña le pareció ofensivo que él le hubiera ganado. Hizo que ambos rehicieran los ejercicios enfrente de otros profesores y aun así volvió a ganar. Ella estaba segura de que él hizo trampa de alguna manera y aunque muchos profesores e incluso su tutor, le garantizaron a la niña que Harry no había hecho trampa, nada sirvió.
Ni siquiera cuando le dijeron que Harry ya había acabado la universidad.
Ella le llamó cuatro ojos por sus lentes y él le dijo que de ahí en adelante le llamaría dientes de conejo. La niña lo acusó de ser grosero y él de petulante y berrinchuda. Ambos se enseñaron la lengua mutuamente y finalmente sus familias pudieron llevárselos.
Hermione no sabía que Harry Potter dijo la verdad todo el tiempo y ya había acabado la universidad. Tampoco sabía que Harry le había dicho la verdad nuevamente, acerca de tener sus TIMOS y EXTASIS.
En fin, en unos pocos días, cuando viera que le daban clases particulares y no estaba estudiando las mismas cosas que el resto del alumnado, se daría cuenta por sí misma. Harry no dedico ningún pensamiento extra, sencillamente regreso a su sándwich y a su libro.
