INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA ASÍ
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ADORABLE CONFUSIÓN
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CAPITULO 3
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DEDICADO A ANNIE PEREZ
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Kagome quedó algo sorprendida que la mentada recepción tuviera lugar en la terraza del lujoso Hotel Plaza Luxury.
Estuvo muy concentrada dejando al niño en la guardería nocturna y preparándose en el local de Services and Clean con el uniforme y el peinado recogido.
La otra sorpresa fue que su ex compañera del restaurante, Sango también se presentó esa noche.
―Sólo fui contratada para esta ocasión ―le dijo su amiga
Kagome se alivió de hallar un rostro conocido.
Su tarea de esa noche sería ayudar en el buffet.
Eso también la relajó un poco más porque le aterrorizaba echar alguna bandeja con bebidas en su primer día de trabajo.
―El restaurante no es lo mismo sin ti, Kagome ―le había dicho Sango―. Pero debemos agradecer a Jakotsu por conseguirte este trabajo permanente y ayudarme a mí con esta entrada extra.
―Janice y Koga no opinaran lo mismo ―rió Kagome pensando en su ex y la mujer que la creía una especie de rival.
―Te extrañaran, porque sin ti, no tienen a nadie a quien odiar gratuitamente ―se burló Sango.
Cuando el plantel de Services and Clean llegó al hotel, la terraza ya estaba lista y los empleados de la organización estaba ultimando detalles por todas partes.
La empresa de Midoriko Park fue subcontratada por esa organización para proveer meseros y encargados de mesas.
Antes de que Kagome fuera hacia el área donde se estaban cargando los buffets, vio a su propia madre conversando con alguien. Lucía muy profesional con una carpeta y con su traje de dos piezas impecable dando indicaciones a un empleado.
No era extraño que su madre no estuviera presente, ella era maître de ese hotel.
Kagome le hizo un gesto con la cabeza, pero Naomi fingió no verla y se retiró hacia la zona de los lavabos.
La joven aprovechó para seguirla.
Naomi no se sorprendió de ver llegar a su hija en el enorme espejo del tocador y siguió lavándose las manos.
― ¿No te sorprende verme, mamá? ―la saludó Kagome
― ¿Y ese uniforme? ―Naomi le echó una mirada mientras se secaba las manos
―Ahora trabajo en Services and Clean, me echaron del restaurante porque hubo un malentendido con el niño y unos clientes ―explicó Kagome
―Y perdiste tu antigüedad de cinco años por una estupidez ¿ves porque no podía permitirte seguir en la casa? No eres una mujer responsable y cargas con un hijo al que arrastras contigo ―su madre no perdió tiempo en sermonearla.
Siempre creía que los duros comentarios no le dolían más, pero se equivocaba. Su madre era la mejor creando formas nuevas para herirla.
― ¿No me preguntarás donde estoy viviendo… siquiera?
―Seguro en la habitación de tu amigo, ese cocinero gay ¿estás buscando que me dé pena? Eso no va a pasar, Kagome y algún día me agradecerás la lección que te estoy dando y espero que con esto aprendas más responsabilidad y a no arrastrar a otras personas por tus decisiones.
Los ojos de Kagome se cristalizaron.
Cualquier otra persona se hubiera lanzado a discutir, pero Kagome no era así. Ella era demasiado cándida.
Naomi arrojó al basurero las toallas de papel que estuvo usando para secarse las manos.
―Te aconsejo que regreses a trabajar, las personas que vienen aquí son exigentes y no toleran errores ―fue lo último que le dijo Naomi antes de salir sin mirar atrás.
Kagome se limpió el par de lágrimas que se le escaparon y terminó por acomodar su ropa. El reflejo del espejo devolvía una imagen de una mujer que aparentaba los veinticinco años que sí tenía. No era esbelta como su madre o Kikyo, pero compensaba con agilidad y la vocación de servicio. De cabellos oscuros, y la piel algo morena por el sol, compensaba las deficiencias con unos preciosos ojos marrones y una nariz aguileña.
Pero a ojos de su madre, ella siempre estaría llena de defectos, cuestión que se acrecentó cuando se embarazó de un hombre ausente que no valía la pena.
Recordar eso hizo que un pequeño dejo de nostalgia apareciera en sus ojos, pero se apresuró en cortar la lagrima que amenazaba en salir por causa de ese estúpido recuerdo.
Terminó de revisarse los botones y controlar que ni un solo cabello se hubiera salido del peinado recogido.
Su madre tenía razón: debía ir a trabajar.
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El grupo de Bankotsu Spencer llegó a la recepción que se ofrecía en la terraza de Plaza Luxury pasada las nueve de la noche.
Vino acompañado por Tsubaki, su tío Naraku y una docena de ejecutivos de la filial americana, estos últimos muy deseosos de confraternizar con el CEO del Banco.
También estaba presente Hiten, el asistente personal de Bankotsu.
Al poderoso CEO del Earl London Bank no le gustaban las fiestas, pero era un excelente momento para estudiar a todos, incluida la interacción de su propio tío con ellos.
Era bueno observando en materia de negocios y estaba decidido a no volver a Londres hasta cerrar la fusión de forma exitosa y sin inconvenientes.
Muchos venían a saludarlo y una de ellas fue la maître del hotel quien vino a ponerse a sus órdenes.
Era claro que quería captarlo como huésped de su hotel.
Cosa que no pasaría pensaba internamente.
Él poseía una casa de tres plantas en el barrio de Tribeca, que pasaba la mayor parte del año sin huéspedes. Él que más lo ocupaba solía ser su hermano Inuyasha cuando pasaba por Manhattan.
Por ahora aquella enorme casa sería su base de operaciones al menos hasta solucionar lo que lo trajo a esta ciudad. Además de las tres plantas contaba con un precioso ático y terraza.
Apenas le hizo un gesto con la cabeza al maître del hotel que lo saludó. Ni siquiera oyó su nombre, ya que las cosas que no le interesaban se le borraban fácilmente de la mente.
―El bufé se ve bien ¿quieres que te traiga algo? ―ofreció Tsubaki, viéndolo tan pensativo.
―No ―fue su respuesta tajante―. Estos americanos tienen un toque muy salado y no me gustan.
― ¿O una bebida? ―volvió a ofrecer la mujer, tan deseosa de complacer en todas las formas posibles.
Bankotsu la miró.
Tsubaki sí se estaba hospedando en este hotel, pero definitivamente esperaba que él la invitara a quedarse como huésped en su casa. Cosa que no ocurriría nunca.
No la quería ver correteando sus pasillos o viéndola abrir su frigorífico como si fuera la dueña de casa.
―Puedes acercarme un brandy ―le pidió, sólo para perderla, aunque sea un momento de vista.
Qué alivio sintió cuando la vio desaparecer entre el gentío a pedir la bebida en la barra. Esperaba que se tardara.
Sonrió con su pequeña malicia.
―Sobrino, todavía no te agradecí lo suficiente el hecho que aceptaras la invitación a esta recepción y es una oportunidad de ver a los ejecutivos más importantes de la ciudad ―la voz de su tío Naraku lo volvió a despertar.
―Estos americanos no saben de fiestas, pero aprecio su esfuerzo.
― ¿Cuándo piensas volver a Londres?
La capciosa pregunta le pareció sugestiva a Bankotsu.
Si su tío planeaba algo extraño, no pensaba darle gusto.
―La fusión es algo que llevamos planeando más de medio año y la junta directiva pensaba hacerme de largas con este proyecto. No me iré hasta verla concretada.
―Pero si te los llevas de narices a todos esos palurdos de la junta ―le observó su tío.
―Claro, pero ¿le confiarías tanto dinero a unos americanos? ―rió Bankotsu, cogiendo el brandy que le ofrecía Tsubaki.
Lo decía en modo de broma, pero en parte hablaba en serio.
A su modo de ver, los americanos tenían un modo agresivo para los negocios, para gusto de un caballero como él, educado en Eton y en el London Bussiness School.
El modo de hacer algo y luego enfrentarse a las consecuencias no era lo suyo.
Prefería prevenir y esa fijación con la prevención le permitió crear la estrategia para posicionar al banco. Y esa conducción lo llevaba en todas sus facetas de su vida, incluida su prácticamente inexistente vida privada.
Recordar esa estupidez le borró la sonrisa del rostro y bebió el brandy de un solo trago.
Mientras Tsubaki aún le hablaba, él no le oía porque al girar le pareció reconocer un rostro.
El CEO parpadeó confuso.
¿Le habrá puesto algo a su bebida esa loca de Tsubaki? Pensó mirando su vaso.
― ¿Ocurre algo? ―le preguntó la mujer viéndolo
Él no respondió y volvió a mirar la zona donde le pareció ver ese rostro. Tenía que ser la bebida y no de vuelta su inoportuna imaginación jugándose pasadas que no quería ni necesitaba en su vida.
Pero al hacerlo, la volvió a ver.
En la zona del bufé y ayudando a servir a la gente, estaba ella.
― ¿Te sientes mal? ―insistió Tsubaki.
Naraku también lo miraba extrañado por su actitud.
Con esos ojos monitoreándole, Bankotsu se sintió expuesto.
―Voy al tocador, nunca debí confiar en un brandy americano ―mintió para excusarse y salir del medio de esos dos. Temía tanto que alguien viera a través de él y se diera cuenta que estaba mirando a una camarera.
Se alejó lo suficiente y al estar seguro que nadie lo veía al verse camuflado por unos adornos, pudo enfocarse en su objetivo de vuelta.
Por las dudas, se frotó los ojos que no fuera un engaño de su propia retina.
Pero todavía no era tan tonto y esa mujer…
La veía más cansada, ojerosa y hasta más delgada que sus recuerdos, aquellos que intentó sepultar con todo el desprecio del mundo.
Pero era ella.
Apretó sus puños. Ya no había duda.
Esa mujer era Kagome Davis.
Esa maldita zorra que intentó jugar con su hermano y que luego terminó jugando con él.
― ¿Qué carajos?
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― ¿Kagome? ¿sucede algo? Te decía que las bandejas de tortas de camarón se agotan ―la voz de Sango la despertó del pequeño trance.
―Perdona, ya lo lleno ―la joven se excusó rápidamente y llenó la bandeja ―. Parece que sólo comen camarones y ensaladas, ni siquiera han tocado los panes ―comentó al azar para que Sango no notara que se había puesto algo nerviosa.
―Al diablo los camarones ¿Qué te ocurre? ¿acaso viste un fantasma? ―le cuchicheó Sango
Kagome levantó la mirada.
¿Un fantasma?
Sí, tuvo la sensación de haber visto uno, pero cuando fue a ver hacia el área donde pareció haberlo visto, él ya no estaba.
¿Desde cuándo creía en los espejismos?
Paseó la mirada por todo el maldito lugar, pero ya no volvió a verlo.
Lo cual era razonable ¿Por qué este fantasma estaría en un lugar como éste?
Porque Sango tenía razón, acababa de ver al fantasma del padre de su hijo Alec, ese imbécil que desapareció rompiendo su corazón y su vida.
CONTINUARÁ
¿Vieron que rompí mi promesa?
Soy buena en eso jajaja.
Quiero enviar mis agradecimientos a mis comentaristas del ultimo capitulo: PAULITA, ANNIE PEREZ, BENANI0125, VALENTINE HIGURASHI, LUCYP0411, Y CONEJITA.
Será un finde especial porque tendremos actualización hasta ponerme al día.
Tenemos aún que explicar de qué se conocen Banky y Kag y porque no se guardan mucho cariño.
Las quiero mucho.
Paola.
