Ranma 1/2 y sus personajes no me pertenecen, son absoluta propiedad de la extraordinaria y cruel Rumiko Takahashi.

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Un poco tarde

Capítulo 5

Inevitable

No le gustaba tenerlo cerca de esa forma, como si fuera su custodio personal. Maldijo por milésima vez y lo fulminó con la mirada.

— Deja de mirarme así, Ranma. Son órdenes de la tirana, si no obedezco, mi cabeza rodará y tengo a una bella esposa, dos lindos hijos, y un gato que mantener — explicó Rob a su lado.

— ¿Y no podríamos decir que estás conmigo y ya? — sugirió siguiendo el paso y lanzando una mirada de fastidio a Rob.

— ¿Creés que podemos engañarla? Me llama cada media hora y me pide un reporte. Recuerda que se pone así cada vez que tenemos el campeonato, aguanta, solo faltan cuatro días más.

— Bueno, pero no me impedirás hacer lo que quiera. ¡Vamos ya, apresúrate! — dijo mirando hacia adelante y señalando el restaurante al que estaban a punto de llegar.

Le traía buenos recuerdos ese lugar, había cambiado un poco, adoptando aires más modernos, pero aún percibía el olor tan particular de los Okonomiyaki y escuchaba el sonido de la estufa al crujir. Abrió la puerta y se encontró con sus amigos, quienes pusieron una cara de sorpresa total al verlo, como si hubieran visto un fantasma.

— ¡Ranchan! — dijo emocionada, cuando Ranma ingresó por completo al local. Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, mostrando su alegría al verlo después de tanto tiempo.

— ¡Ucchan! — respondió de la misma forma y correspondió al abrazo. Hacía mucho que no se veían, le alegraba mucho volverla a ver.

— Por un momento, pensé que no cumplirías tu palabra — mencionó Ryoga, sonriendo de lado con una expresión burlona.

— Ya me conoces, Pe-chan. Soy un hombre de palabra, no lo dudes — molestó y tuvo que esquivar la espátula que Ryoga le lanzó en broma. Ukyo se alejó un poco para analizarlo con una mirada crítica, luego dirigió su mirada a Ryoga.

— Ryoga, asustas a los clientes — regañó Ukyo, mirándolo con una expresión amenazante y severa

— Lo siento, es culpa de Ranma — dijo encogiéndose de hombros y señalando a Ranma.

— No hice nada, solo soy el cliente asustado — bromeó tomando asiento con una sonrisa. Le divertía ver al cerdito, disculparse con las personas que estaban comiendo en ese momento y fueron asustadas por su enojo momentáneo.

— Cuando me dijo que vendrías, no podía creerlo. Ha pasado mucho tiempo, pensé que te habías olvidado de nuestra amistad — Ukyo seguía preparando los Okonomiyaki a una gran velocidad, su habilidad y destreza en la cocina eran impresionantes, mientras hablaba con una sonrisa afectuosa y un tono de voz cálido, mostrando su alegría por el reencuentro.

— Se me complica un poco el tiempo y en ocasiones pasan algunas cosas. Nunca me he olvidado de ustedes, por eso estoy aquí. Y me gustaría recordar los buenos tiempos, uno de camarón y uno de calamar — pidió a su amiga, que sonrió antes de atender su orden con una eficiencia y rapidez impresionantes —. Pide también algo, Rob — mencionó al hombre, pero al darse la vuelta, se dio cuenta de que Rob ya estaba comiendo un Okonomiyaki que parecía haber aparecido de la nada.

— No tienes ni que decírmelo, solo asegúrate de pagar todo.

— ¿Se conocen? — preguntó interesada. Ahora que lo mencionaba ambos llegaron juntos, era obvio que si.

— Es mi perro custodio — inmediatamente se ganó un golpe en el hombro por parte de Rob —. Se acerca el campeonato y Nabiki se pone quisquillosa, por eso Rob me está vigilando en contra de mi voluntad — añadió torciendo los labios en molestia.

— Es porque eres un tonto y haces puras idioteces — añadió terminando de comer y pidiendo otro platillo.

— Concuerdo totalmente — intervino Ryoga burlándose.

— Que buenos amigos tengo — bufó y agarró su plato dispuesto a probarlo.

Sintió que alguien tiraba de su ropa y, al bajar la mirada, se encontró con la mirada brillante y llena de energía de Aiko, la pequeña hija de Ryoga y Ukyo.

— Hola, pequeñita — saludó amistosamente.

—Hola, señor — respondió con una sonrisa, y dio la vuelta para ubicarse junto a la parrilla, donde usó un banco para poder alcanzarla por completo. Con un gesto decidido, sacó unas pequeñas espátulas.

—¿Sabes cocinar? — consultó asombrado, y vio que Aiko asentía con la cabeza, su rostro iluminado por una sonrisa segura.

—Shi, soy muy buena — presumió mientras hábilmente preparaba un pequeño Okonomiyaki, volteándolo con una espátula con un movimiento rápido y seguro.

Ranma soltó una carcajada divertido al ver a Aiko, una miniatura de Ukyo, con su misma pasión y energía en la cocina.

— ¿Es para mi? — preguntó cuando ella le entregó un pequeño Okonomiyaki recién hecho.

— Parece que le agradas — mencionó Ryoga mientras observaba con ternura a su hija.

— Me agrada el señor pescadito.

— Pero qué buen sobrenombre me he ganado — comentó con una sonrisa radiante y una risa alegre —. Ya saben, desde ahora me conocerán como el "señor pescadito" — añadió con un gesto dramático, como si estuviera aceptando un título honorífico.

— ¿Y el otro pescadito? — preguntó Aiko con curiosidad.

—Está en casa, junto a su amigo — explicó tranquilamente —. Era una pescadita, según tendría que llevarse bien con su amigo pescadito, pero lastimosamente no es así. Todavía están en la fase de "conocerse mejor" — añadió con un gesto gracioso. Ni pecesillo tenía suerte con su chica, cada día se parecía más a él, se dijo para sí mismo intentando no reírse.

— El pescadito no se debe portar bien con ella — aseguró poniendo un dedo en su barbilla y frunciendo el ceño en una expresión pensativa, como si estuviera analizando un misterio.

— El pescadito es bueno, solo que las pescaditas son complicadas. Ya verás que se llevarán bien y solucionarán todo.

— ¿En serio?

— Claro, es un hecho — ella parecía complacida con su respuesta y se sentó junto a él.

— Yo tengo un pescadito que se llama Puppy. Papá y yo le damos de comer a diario, nada mucho y parece feliz — contó animada sobre su mascota.

— ¿Me lo enseñarás después?

— ¡Si! Puppy se alegrará mucho.

Le sorprendía que la niña fuera tan amigable, no se parecía en nada a ese tonto de Ryoga. Debían ser los genes de Ukyo tomando el control de todo.

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Llevaban un rato caminando por el camino empedrado rodeado de árboles, disfrutando del sol y la brisa fresca. La visita había terminado con un viaje al parque, petición expresa de la pequeña Aiko, quien iba sentada sobre sus hombros, señalando con emoción el camino que debían seguir. Cuando estuvo segura de que habían llegado al lugar perfecto, le pidió que la bajara y, con una sonrisa radiante, salió corriendo hacia los columpios, gritando de alegría.

Ellos, por su parte, se sentaron en una de las bancas del lugar, disfrutando de la tranquilidad del parque y observando a Aiko mientras jugaba en los columpios.

— Entonces — comenzó Ukyo, fijando su mirada en Ranma.

— Cuando dicen eso, sé que no viene nada bueno — bromeó dejando descansar sus brazos en sus piernas y adoptando una expresión de fingida resignación, como si estuviera preparándose para un largo y tedioso interrogatorio.

— No pareces estar bien — acotó frunciendo ligeramente el ceño y mirando a Ranma con una expresión de preocupación.

— Últimamente todos me dicen eso, Ucchan — respondió con un suspiro, mirando al suelo —. Hago mi esfuerzo, de verdad — añadió con un tono de resignación. Aún no había hablado con Akane, y eso le pesaba más que cualquier otra cosa.

— Pienso realmente que deberías resolver tus problemas con ella, han pasado muchos años. No puedes quedarte toda la vida en lo mismo, Ranma. O debes dejarla ir — agregó con un tono suave pero firme, sabiendo que sus palabras podrían doler, pero creyendo que era necesario decir la verdad para ayudar a su amigo. Era un poco cruel, lo sabía, pero le tenía demasiado aprecio a Ranma como para verlo autodestruirse durante tanto tiempo sin hacer nada al respecto.

—Ukyo tiene razón, Ranma — dijo Ryoga inmediatamente —. Sabemos lo mucho que te cuesta aceptarlo, pero en ocasiones es lo mejor — lo entendía por completo, él mismo estuvo enamorado de Akane en el pasado. Fueron años donde le costó dejar ir ese enamoramiento que tenía y cuando al fin lo hizo, pudo ser feliz.

— Lo sé bien — suspiró con mirada baja —. Solo no me siento listo. Es algo contradictorio, lo sé. Ha pasado tanto tiempo, pero... — se detuvo, como si estuviera buscando las palabras adecuadas —. Me resulta imposible dar ese paso. Es como si estuviera atascado en el pasado y no supiera cómo salir de ahí.

— Si no la sueltas, ve por ella al menos. Decídete hombre — propuso Rob con un tono firme y cansado de verlo tontear por una mujer durante tantos años.

¿Ir por ella? ¿Cómo podía hacer eso? Lo haría si pudiera cambiar lo que hizo en el pasado y la verdadera razón por la que dejó que ella siguiera su vida sin él. Pero no podía. Y la verdad era que no la merecía. Era así de simple.

Ranma, me haces daño.

Ese ruego estaba grabado en lo más profundo de sus recuerdos, como una herida que no cicatrizaría nunca. La peor noche de su vida, el momento exacto en que la perdió. Se veía a sí mismo como una basura que había abusado de la mujer que amaba, preso de una estúpida borrachera de juventud. No podía perdonarse por lo que había hecho, y no entendía cómo Akane podía haberlo perdonado y seguir tratándolo bien después de todo. Sabía que ambos estaban en las mismas condiciones ese día, pero eso no mitigaba la culpa que sentía. No pudo acercarse a Akane durante meses, y cuando finalmente se vieron de nuevo, tuvo que prometerle lo que ella le pidió, seguir siendo amigos, sin importar nada más. No solo era por ella, también era por sí mismo. La amaba sin importar nada, la seguía amando de la misma forma, con toda la culpa y el arrepentimiento que sentía. Sus sentimientos hacia ella no habían cambiado.

Tembló levemente y sacudió la cabeza intentando sacar ese doloroso recuerdo de su mente.

— En algún momento haré lo que deba — respondió finalmente, encogiéndose de hombros y causando que los demás lo miraran de mala forma. Chasqueó la boca, sintiendo la hostilidad en el aire y la presión de los demás sobre él.

Nunca había sido fácil. Entendía por qué sus amigos se preocupaban por él y agradecía su apoyo. Aun así, no podía imaginar una vida sin Akane. Ella era lo más importante para él. El peso del tiempo podía agobiarlo y ser insostenible, pero al mismo tiempo, la desesperación que sentía al no verla era terriblemente difícil de soportar. Suspiró rendido y alzó su mirada, viendo a las personas pasar lentamente. El sol comenzaba a ponerse, lanzando un cálido resplandor.

La figura de Akane llamó su atención desde lejos. Inmediatamente se levantó, impulsado por un deseo instintivo de acercarse a ella. Sin embargo, se detuvo abruptamente al notar que no estaba sola.

Podía verla conversar felizmente, mientras iba del brazo de su esposo. Su sonrisa era radiante y parecían ajenos a lo que pasaba a su alrededor. Era doloroso, y la vida se encargaba de mostrárselo. ¿Debía aceptarlo? Aceptar que la mujer que amaba le pertenecía a alguien más desde hacía mucho. Y él solo estaba alargando lo imposible.

Sonrió tristemente al ver la escena. Pudo ver cómo Shinnosuke la abrazaba amorosamente y luego le susurró algo al oído. No quería seguir viendo, pero se obligó a hacerlo. Ella nunca le perteneció, se lo repitió aún con sus ojos puestos en lo que tenía delante.

Al verlos besarse, sintió su corazón apretarse dolorosamente y como el nudo en su garganta se agudizaba. Apretó tanto los puños que sintió sus uñas clavarse contra su piel. Nada podía ser más agobiante que lo que le estaba destruyendo en ese momento. Cerró los ojos y negó con la cabeza. Era lo que merecía, no tenía derecho a amarla.

— Es suficiente, amigo — Ryoga se interpuso en su camino, notando su mirada perdida. Con un gesto firme pero amable, lo tomó del brazo y comenzó a caminar, arrastrándolo consigo.

— Volvamos — Rob lo agarró del hombro con firmeza.

Caminó con la cabeza gacha, sin saber dónde estaba realmente. Sabía que le estaban hablando, pero no quería escuchar nada más. Quiso respirar profundamente para calmarse y dejar de sentir esa asquerosa sensación de derrota que lo recorría por dentro. Le daba pena su propia debilidad, su manera de actuar y hasta sus propios sentimientos.

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Había terminado las compras del día y, como el anochecer se acercaba, apretó el paso. La calle estaba casi desierta debido al clima. El invierno era su estación favorita, aunque siempre la llenaba de nostalgia. Eran hermosos recuerdos que guardaba de esa época.

Al doblar la esquina, vio a una persona caminando varios metros más adelante. La forma de caminar de esa persona llamaba su atención, parecía inestable y torpe. Tal vez, podría ser algún ebrio que venía de una fiesta, pero era demasiado temprano para eso. Al acercarse más, Akane empezó a sentir que la persona le resultaba conocida. Se detuvo bruscamente cuando finalmente la reconoció por completo. Luego, aceleró el paso tratando de alcanzarlo.

— Ranma, detente. ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás borracho? — agarró su mano buscando frenar su avance.

Ranma pareció darse cuenta de su presencia y, con un gesto irritado, soltó bruscamente su mano.

— Déjame… tranquilo, yo me voy — murmuró alejándose con pasos inestables.

—¿Estás solo? — preguntó mirando alrededor y tratando de buscar a alguna otra persona cerca.

— Siempre... ya llegué ahí — dijo señalando un punto en el espacio vacío con un gesto vago.

Akane suspiró resignada, luego volvió a agarrar a Ranma del brazo con firmeza. Tratando de equilibrar su peso sobre sus hombros, debía llevarlo con ella, le preocupaba su seguridad. En ese estado, cualquier cosa podría sucederle.

— No quiero... suéltame, suéltame — masculló tratando de zafarse de Akane con un movimiento torpe.

— Quédate quieto — advirtió sujetándolo con más fuerza para impedir que se apartara.

Después de un gran esfuerzo, finalmente logró llevar a Ranma a su casa, aunque él se quejó y trató de zafarse en todo el camino. Lo dejó en la sala por un momento, mientras se apresuraba a preparar un cuarto para él y pensaba en cómo convencerlo de que se acostara a dormir.

Cuando volvió, descubrió que Ranma ya no estaba en la sala. Lo encontró en medio del pasillo, probablemente habiendo vagado sin rumbo. Con paciencia y esfuerzo, lo guió hasta el segundo piso y finalmente lo hizo acostarse en la cama. Aun así, Ranma continuaba balbuceando cosas sin sentido, sumido en su embriaguez.

—Me voy… Quiero… — murmuró intentando levantarse de la cama con esfuerzo, pero sin mucho éxito.

— No te irás, acuéstate y duerme.

— No, no... Yo sí.

— Que no — dijo cruzada de brazos y frunciendo el ceño —. Me voy a enojar si sigues así.

— No... Importa.

— ¿Así que no te importa?

— No...no.

— Estás muy terco hoy — se preguntaba por qué Ranma estaba en ese estado. Se suponía que debía estar preparándose para su torneo, que sería dentro de poco, no debía andar por las calles en ese estado. Además, sabía muy bien que a Ranma no le gustaba beber, lo que hacía que su comportamiento actual fuera aún más inusual y preocupante.

— Akan...e.

Lo escuchó llamarla con voz confusa y luego sintió sus brazos rodeándola en un abrazo torpe pero cálido.

— ¿Estás bien? — preguntó con voz suave, abrazándolo de la misma forma e intentando que se tranquilizara.

— No... quiero.

No comprendía lo que quería decir, pero parecía importante para él. Akane notó la urgencia en sus ojos y la tensión en su cuerpo, a pesar de su estado de embriaguez.

— No debes hacer nada que no quieras — dijo suavemente, enredando su mano en el cabello de Ranma que estaba algo suelto, su coleta lucía media desatada. Se mantuvo en esa posición sin querer dejarlo, parecía necesitar tanto de ese abrazo. Lo notó relajarse poco a poco en sus brazos, su cuerpo se volvía más liviano y su respiración se calmaba.

— Akane — llamó una voz conocida a sus espaldas, interrumpiendo el momento que compartían. Se tensó ligeramente, reconociendo la voz de alguien que no esperaba escuchar en ese momento.

— Shinno — murmuró con voz apenas audible e intentó apartarse suavemente de Ranma, como si se sintiera culpable de haber sido sorprendida en un momento así con él.

—¿Qué sucede? — preguntó con una mirada molesta y ceñuda, sus ojos pasando de Akane a Ranma y viceversa, como si no aprobara la cercanía entre ellos.

— Bueno, lo encontré en el camino — comenzó Akane, levantándose de la cama con calma y explicando la situación con naturalidad —. Parece que estuvo bebiendo y estaba solo, así que lo traje aquí para ayudarlo. No quería dejarlo en ese estado en la calle.

— ¿Y por eso debías abrazarlo así?

— No realmente, pero está ebrio y algo debió pasarle.

— Es mejor que se vaya, alguno de sus amigos o los que trabajan para él, pueden hacerse cargo.

— Ya está aquí, es mejor que se vaya mañana cuando se le pase la borrachera — respondió mirando a su esposo, quien parecía muy molesto, sus cejas fruncidas y sus ojos entrecerrados, como si estuviera conteniendo su irritación.

— No es tu problema, lo que le suceda. No lo quiero aquí — agregó cruzando los brazos y mirando a Akane con una expresión seria.

— Es mi amigo, si es mi problema. Trata de tranquilizarte, no pasó nada — pidió queriendo hacer que Ranma se acomodara.

— Este... — Ranma se levantó con esfuerzo, su mirada fija en Shinnosuke —. Mía... — dijo con una voz aún vacilante, agarrando suavemente a Akane del brazo y acercándola a él.

— No me importa que estés borracho, suéltala — advirtió acercándose a ellos con pasos decididos y una mirada intensa.

— Miedo...

Ranma comenzó a reírse de él, una risa burlona y desafiante que solo logró enfurecer más a Shinnosuke. En un arrebato de ira, agarró a Akane del brazo y la jaló con fuerza, tratando de apartarla de Ranma. Ella soltó un chillido de dolor y sorpresa.

Cuando escuchó el quejido de dolor de Akane, Ranma abrió los ojos de par en par, como si la borrachera se evaporara instantáneamente. Con un movimiento rápido y preciso, agarró a Shinnosuke y lo obligó a soltar a Akane, luego lo levantó en el aire y lo arrinconó contra la pared con fuerza. Le dedicó una mirada llena de furia, sus ojos ardían con una intensidad feroz, como si estuviera listo para defender a Akane a cualquier costo.

— Te mataré... — logró decir alzando mucho la voz, fue más un gruñido que un grito, su voz retumbó en el aire como un trueno, lleno de furia.

— ¡Ranma! ¡Suéltalo! — exclamó acercándose a él preocupada. Agarró suavemente su brazo buscando que Ranma soltara a Shinnosuke. Ranma miró a Akane con su rostro ligeramente confundido y luego, poco a poco, comenzó a relajar su agarre, soltando a Shinnosuke con lentitud.

Ranma se tambaleó y se desplomó sobre la cama, su cuerpo cayó con un golpe sordo en el colchón, quedando inmóvil.

— ¿Te lastimó? — preguntó acercándose a Shinnosuke con preocupación, él parecía estar pasmado por lo sucedido.

— Estoy bien, pero hablaremos sobre esto — dijo saliendo de la habitación claramente molesto.

Dejó escapar todo el aire que tenía retenido, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante una eternidad, y miró a Ranma, quien finalmente parecía haberse dormido, su pecho subía y bajaba con un ritmo lento e intranquilo. Ahora, debía enfrentar a Shinnosuke y esperar que no se armara un problema aún mayor, la culpa que sentía la estaba sofocando y no podía evitar sentir que había traicionado a su pareja. No podía negar que algo había pasado entre Ranma y ella, pero tampoco podía confesarle la verdad a Shinnosuke y arriesgarse a hacerle daño al hombre con el que compartía su vida.

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Abrió la puerta de la habitación y se encontró con Shinnosuke sentado en la silla, esperándola con una mirada seria y expectante. Ella se detuvo un momento en el umbral, sin saber por dónde comenzar. El silencio entre ellos era denso y pesado, como una nube de tormenta que amenazaba con estallar en cualquier momento. Finalmente, se decidió a entrar y se sentó en la cama, su movimiento fue lento y cauteloso. Shinnosuke no se movió, pero su mirada la siguió, como si la estuviera estudiando, analizando cada gesto y cada movimiento.

— No está bien, Akane — dijo Shinnosuke, su voz firme y llena de frustración, como si hubiera estado conteniendo sus sentimientos durante mucho tiempo —. Te lo he dicho muchas veces, no me gusta esa amistad que tienen. Ese tipo se aprovecha de eso, se burla de mí y de nuestra relación. ¿Qué más debo aguantar? — su mirada era intensa.

— No hicimos nada malo, estaba borracho, entiende eso — intentó sonar convincente, pero su voz temblorosa delataba su nerviosismo —. Solo fue un abrazo — agregó, tratando de minimizar la situación, pero su interior se removió, como si una vocecita interna la acusara de mentir. Sabía que estaba ocultando la verdad, y eso la hacía sentir aún peor.

—¿Solo? ¿Qué me dices de que siempre viene a verte? — preguntó con una voz que mostraba indignación, mientras veía en la cara de Akane una expresión de sorpresa y nerviosismo —. Claro que lo sé, hay rumores sobre un misterioso hombre que viene siempre, eso dicen los vecinos — su tono era acusatorio, como si estuviera culpando a Akane de algo —. También me canso y quiero que todo esto termine de una vez — su voz se elevó, mostrando su frustración —. Yo soy tu esposo, Akane, y no voy a permitir que esto continúe — sentenció con una mirada fría.

— Solo viene a hablar, te repito que no es algo malo. Somos amigos desde hace mucho tiempo — explicó intentando sonar convincente y buscando tranquilizarlo.

— Fue tu prometido, eso no es solo un amigo. Estoy harto de este juego que llevan ustedes dos desde hace años. No puedo seguir aguantándolo.

— Está en el pasado todo eso. Me casé contigo, no tienes por qué pensarlo tanto — intentó acercarse a Shinnosuke.

— No, Akane. No es tan simple como lo dices — replicó con molestia —. Merezco respeto como tu esposo.

— Si te respeto, Shinno, y por eso te lo explico — dijo con voz suave y tranquilizadora, mientras sostenía suavemente la mano de Shinnosuke —. No es necesario que te pongas así, entiende.

— Está vez no — dijo soltando bruscamente la mano de Akane y poniéndose de pie con un gesto de frustración —. Debes decidir, es él o soy yo — sentenció con una mirada severa, como si estuviera dibujando una línea divisoria entre ellos —. Dormiré en otro lado — agregó antes de dar media vuelta y salir de la habitación.

Akane se quedó sentada, abrumada por la situación. Nunca habría imaginado que las cosas llegarían a este punto. Ella no quería elegir entre Shinnosuke y Ranma. No quería hacerle daño a Shinnosuke, lo quería demasiado, pero tampoco quería renunciar a Ranma, él era muy importante y formaba parte de su vida. Deseaba profundamente no tener que tomar una decisión como esa.

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No había podido dormir, su noche estuvo llena de pensamientos que la atormentaban. Bajó las escaleras sin ánimos, su rostro reflejaba la fatiga y el dolor emocional. Se preparó un café, necesitaba algo para calmar su mente y aliviar el dolor de cabeza que la martirizaba. Mientras esperaba a que el café estuviera listo, se apoyó en la encimera, su mirada perdida en el vacío. Fue entonces cuando se encontró con Ranma en el pasillo, él la miró con asombro y sorpresa.

— ¿Qué sucedió anoche? ¿Por qué estoy aquí? — preguntó inmediatamente.

Ranma estaba visiblemente nervioso. Su rostro estaba tenso, con pequeñas arrugas de preocupación en la frente.

— Estabas borracho — dijo mirándolo fijamente —. Te encontré en la calle, no podías ni caminar. Te traje aquí para que descanses.

— ¿Te hice algo? — abrió los ojos asustado y retrocedió, se puso pálido y tenso nuevamente.

Akane frunció el ceño, confundida por la reacción de Ranma. No entendía por qué parecía tan conmocionado, tan asustado.

— ¿Estás bien? — intentó acercarse a él preocupada por su manera de actuar.

— Responde, Akane — pidió poniendo distancia entre ellos.

— A mí no — respondió con una mezcla de confusión y preocupación en su voz.

— Lo siento — se disculpó, relajando sus músculos que parecían tensos hasta el momento.

— Necesitamos hablar — mencionó con un gesto que indicaba que Ranma debía seguirla.

Se sentó un poco más lejos de lo normal, parecía aún incómodo por lo sucedido.

— Bueno, no hiciste nada tan malo — explicó Akane con tono tranquilizador —. Solo te peleaste con Shinnosuke y luego te dormiste. No sucedió nada más, puedes estar tranquilo.

— ¿No fue grave?

— No tanto, pero sí se molestó.

— ¿Era solo eso de lo que querías hablar? — preguntó. Su mirada parecía buscar algo más detrás de las palabras de Akane.

— No, no solo es sobre eso — hizo una pausa y se quedó en silencio, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para continuar.

— Puedes decírmelo. Lamento causarte tantos problemas — dijo con un tono sereno. Al menos, estaba aliviado de no haberle hecho nada malo a ella.

— Verás, Ranma — comenzó con una mirada vacilante —. Anoche discutí con él y se trata sobre ti — continuó con una pausa breve —. La verdad es que no sé cómo decirlo — admitió finalmente, con una expresión de nerviosismo.

— Así como lo estás haciendo, continúa — dijo Ranma, su voz era tranquila pero su cuerpo delataba una tensión creciente, como si estuviera preparándose para recibir un golpe.

— Shinnosuke no quiere que seamos amigos, le molesta nuestra amistad. Esto se me fue de las manos y él me dio a elegir. Quiero….

— Que entienda que tú esposo es más importante. ¿Y qué dejas que te imponga con quién tratas? ¿Y con quién no? — interrumpió, su voz estaba llena de indignación y molestia solo de pensarlo.

— No es así, Ranma — respondió sacudiendo la cabeza y mirándolo a los ojos.

— Si lo es, Akane.

— Es solo que él...

— Es tu esposo y yo solo soy tu amigo — soltó con desprecio esas palabras —. Solo con que pienses sobre eso, ya dice mucho.

— ¡Ranma! Que no es así — intentó explicar con una voz llena de desesperación. Pero Ranma no parecía dispuesto a escucharla.

— Basta, te ahorraré el trabajo — se levantó inmediatamente —. Da igual, si así lo quieres. Nunca me volverás a ver. Te pagaré lo del muro — dijo antes de salir de la habitación, cerrando la puerta detrás de sí con un golpe seco.

Escuchó un fuerte ruido de manera inmediata, un estallido de ira que hizo vibrar el aire. Supo enseguida que Ranma había destrozado el muro de lo enojado que estaba, el sonido del impacto resonó por las paredes.

Sentía como el miedo la invadía y el temblor era incontrolable. No quería que todo terminara así, pero Ranma no quiso escucharla. Ella no quería perderlo, no a él, el único que había logrado capturar su corazón. Se dio cuenta con claridad en ese momento, al verlo irse de esa forma, que aún después de tantos años, seguía amándolo de la misma manera. Se había mentido a sí misma, reprimiendo sus propios sentimientos durante todo ese tiempo.

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Saludos preciosuras.

Imagino que ahora puede conectar partes y entender lo que más o menos sucedió entre ellos. Para saber la otra parte solo deben analizar la actitud de ambos, y sacar sus conclusiones.

Algo que también se puede preguntar es el porque de la actitud indecisa de Akane, es una cuestión del pasado. Aún falta una pequeña parte, pero tengo confianza de que entenderán. Yo confío.

Ambos constantemente pelean consigo mismos, es una lucha entre lo que está bien y mal, y entre sus sentimientos, una de las peores problemáticas que puede existir, aunque todo tiene su fin.

Estamos por ingresar en la recta final de la historia, así que no me queda más que agradecer los lindos comentarios, a todas y todos los que siguen y ponen como favorita. Más veo chicas, pero si debe haber algún chico por aquí o por allá.

Nos veremos muy pronto.