Una mentira piadosa puede evitar un poco de dolor, pero los verdaderos amigos prefieren la verdad.


Olivia y el profesor Clover estaba sentados en silencio en el tren que se dirigía a Enies Lobby. Delante de ellos, el rostro de Robin estaba deliberadamente cubierto por su capucha, pero conocían todas sus señas que revelaban lo asustada que estaba. También había culpa mezclada con miedo, por las mentiras que había tenido que decirles a los primeros verdaderos amigos que había hecho en dos décadas.

Al crecer como lo había hecho, Robin había aprendido a mentir, tanto para, mantenerse con vida y para proteger a los que amaba. Olivia no era ajena a esto. Hace muchos años había fingido que no era la madre de Robin para que los marines no la clasificaran como la hija de un criminal. Pero as mentiras eran crueles, incluso cuando se hacían con las mejores intenciones. Los ojos sorprendidos de Robin cuando se cruzaron en aquel entonces todavía perseguían a Olivia hasta el día de hoy.

Clover coloco una mano sobre sus hombros caídos para consolarla. Olivia apretó su mano temblorosa con fuerza. Las mentiras de Robin ocultaban una verdad más cruel que los Sombreros de Paja nunca aceptarían –que ella sacrificaría su propia libertad y vida para que ellos estuvieran a salvo. Por mucho que Olivia deseara que las cosas pudieran ser diferentes, al igual que Robin, no podía pensar en una mejor opción. E incluso si Olivia y Clover encontraran una manera, no podían hacer nada más que mirar, solo los vivos tenían el poder de marcar la diferencia aquí.

El jadeo de sorpresa de Robin les hizo alzar la vista bruscamente, por un breve momento fueron testigos de una hermosa y dolorosa chispa de esperanza en el riostro de Robin antes de que rápidamente la reprimiera, sufrieron su mirada y encontraron un rostro enmascarado de nariz larga por la ventana. Si Olivia todavía tuviera un corazón palpitante, se hubiera acelerado cuando Ussop subió al vagón y se escondió bajo la capa de Robin.

Banchina se asomó detrás de su hijo, mostrándoles a los de Ohara una sonrisa tranquilizadora. Un momento después, Sora entro al vagón desde la parte trasera del tren, sus ojos se iluminaron al verlos. Acerco a Olivia y Clover para darles un fuerte abrazo, su pequeño cuerpo firme como una roca en medio de una tormenta. Banchina intervino para completar el circulo, envolviéndolos con su tranquila presencia. Olivia se aferró con una desesperada esperanza floreciendo en su corazón.

Dos Sombreros de Paja habían subido a este tren para perseguir a Robin –y donde sea que estuviera, el resto les seguiría.


Los Sombreros de Paja estaban en fila en el techo del juzgado, enfrentándose al CP9 y a los marines que retenían a Robin. Parecían simultáneamente tan pequeños y tan gigantescos –seis adolescentes que se enfrentarían al mundo por un amigo. Y con ellos estaban sus seres queridos apoyándolos desde atrás. Allí estaba Bell-mere con su rifle colgando de su hombro junto a Nami; Kuina con una mano en su espada al lado de Zoro.; banchina de pie entre Luffy y Ussop, con unos ojos fieros e inquebrantables; sora con la cabeza en alto junto a Sanji,; Hiluluk con los brazos cruzados y mostrando os dientes imitando a Chopper. Llenaron los espacios entre los miembros vivos, formando una línea solida desafiando el destino fijado para su amiga. Cuando Ussop levanto su Kabuto y le prendió fuego a la Bandera del Gobierno Mundial, Bell-mere disparo un solo tiro en solidaridad.

En ese momento, Olivia oró. No sabía a quién, porque desde hace tiempo que había perdido la fe en los dioses, pero esta oración fue pronunciada con todo su corazón, quizás esa una oración dirigida directamente a esas 11 personas que se enfrentaban al mundo por su hija.

Por favor. Libera el corazón de Robin. Déjala elegir su propio camino.

"¡Quiero vivir!"