Nunca me ha gustado bailar.
Creo que el motivo es porque cuando tenía cinco años, todas las niñas de mi barrio y mi colegio anterior a Hogwarts( un colegio público de la zona este de Londres para "señoritas") iban a clase de ballet y mi madre se empeñó en apuntarme para no ser menos que las demás.
Pero yo nunca fui ni seré como esas niñas.
Siempre he sido muy torpe para los deportes o cualquier actividad física, incluso cuando iba al parque con mis padres me gustaba sentarme a escuchar los cuentos que mi padre inventaba para mí mientras los demás niños corrían y saltaban.
En fin, que el baile y yo nunca nos habíamos llevado bien.
Y lo supe a los cinco años cuando temblaba cada vez que tenía que ir a mis clases de ballet.
Y lo supe cuando en cuarto año tuvimos que practicar con la profesora Mcgonagall para el baile de navidad.
Solo ha habido dos ocasiones en mi vida en las que he disfrutado de bailar: la primera fue hace muchos años, en aquella tienda de campaña en el bosque de Dean cuando estábamos buscando los horrocruxes. Ron se había marchado y yo sentía una tristeza inmensa además de desesperación y miedo por la guerra que se estaba desatando.
Harry me agarró para bailar y en ese lapsus de tiempo me olvidé de todo y sentí que flotaba encima de todos mis problemas.
Éramos Harry y yo solos; dos amigos casi hermanos, consolándonos y dándonos aliento para poder seguir.
La segunda fue el día de mi boda con Viktor; Nuestra ceremonia fue muy íntima y sencilla.
Ni si quiera mis amigos vinieron a la boda. Yo en ese momento estaba emocionada, realmente creía que podría enamorarme de Viktor y por fin comenzar una vida plena.
Cuando llegamos a casa para nuestra noche de bodas, yo estaba muy nerviosa por entregarme por primera vez a un hombre y Viktor puso su tocadiscos muggle( regalo de mis padres) para camarme.
Una de mis canciones favoritas comenzó a sonar( porque si bien odio bailar…amo la música; la música forma parte de mi vida. Cada momento importante, alegre o doloroso tiene una banda sonora en mi mente) .
Sonreí al pensar el acierto que había tenido Viktor de poner esa canción.
She's like The wind.
Siempre he amado esa canción, forma parte de la banda sonora de una película muggle que veía con mi madre a menudo. Mi madre siempre había tenido devoción por Patrick Swize y Dirty Dancing acabó siendo mi película favorita en mis años adolescentes.
Irónico. Mi película favorita va sobre baile…pero también sobre una apasionante historia de amor, un amor prohibido.
Crecí creyendo en esa fortaleza del amor, en encontrar a una persona con la que conectar tan fuertemente que aunque ese amor estuviese condenado al fracaso, el tiempo vivido siempre estaría guardado en un rincón de mi corazón.
Y volviendo a mi noche de bodas; Viktor me agarró por la cintura y comenzamos a movernos con el ritmo melancólico de la canción.
Es una canción triste pero preciosa. Y es una canción que hablaba muy bien de nuestra relación así que esa noche me prometí a mí misma que él me tendría en cuerpo y alma, que no se sentiría jamás como el hombre del que hablaba la canción.
Bailamos mirándonos a los ojos y en ese momento en el que había decidido intentarlo de verdad, sentí que Viktor podía ser el hombre perfecto y que los fantasmas de mi pasado podrían borrarse poco a poco.
Pero lo que jamás pensé, es que la tercera vez que bailase con un hombre podría llegar a sentir lo que sentí cuando Draco me abrazó por detrás en ese parque y comenzó a balancearse conmigo.
Cerré los ojos para que los sentidos protagonistas de estas sensaciones se conectaran entre sí; tacto y oído.
Solo necesitaba sentir como me tocaba y oír la música de fondo.
Fue como si nos hubiésemos elevado a otra dimensión; no había nadie más allí…ni si quiera nosotros.
Era como si solo estuviese la música, el balanceo de nuestros cuerpos y nuestros corazones latiendo fuertemente.
Fue una sensación muy extraña pues me sentía tan ligera en sus brazos que si me soltaba podría salir volando.
Como si un tornado hubiese irrumpido alrededor nuestra y nosotros danzaramos en el centro de él, donde todo se genera, el único punto estable.
No sé en qué momento me giré hacia él para besarle, tampoco recuerdo en qué momento había empezado a caer la noche pero cuando me susurró que quería pasar la noche entera acariciándome, mi cuerpo se estremeció ansioso por ser tocado...así que lo agarré de la mano y nos aparecí en mi apartamento.
Perdí la cuenta de los besos y caricias que nos dimos. Perdí la cuenta de las palabras que me susurraba en el oído mientras entraba y salía de mí haciéndome llegar al placer más absoluto, un placer que jamás había experimentado anteriormente.
Mi cuerpo estaba conectado con mis emociones a un nivel estratosférico.
Solo podía sentir como sus manos me acariciaban, como sus labios me besaban como si quisieran apagar una sed insaciable.
Ni siquira supe cuántas horas habían pasado desde que llegamos, ni cuanto tiempo nos quedaba para estar juntos.
Lo único que supe al final de esa noche, es que estaba total e irrevocablemente enamorada de Draco Malfoy.
Y no sé por qué...pero se me vino a la cabeza el final de la película que tanto me había marcado en mi adolescencia.
Y recé a Merlín, Circe y Morgana porque nuestra historia no acabase al despertar…pues mi corazón no estaba preparado para guardar este amor prohibido en un rincón.
