Shanks había escuchado todo lo que Aku había dicho sobre Dragón y su intención de hablar con él. El pelirrojo decidió esperar una semana nada más, antes de tomar alguna medida. No estaba dispuesto a dejar que nadie interfiriera en su protección de Luffy. Sin algun motivo.
El pelirrojo volvió a la casa del alcalde, donde Hongou estaba atendiendo a Luffy. Al entrar, Hongou se levantó y se dirigió hacia Shanks con una expresión de preocupación.
—Capitán, debería haber sido más cuidadoso —exclamo Hongou, con una voz reprobadora—. Luffy se enfermó porque lo llevó al pueblo durante la lluvia. En que estaba pensando.
Shanks se encogió de hombros, mostrando una ligera sonrisa.
—No pensé que se pondría tan malo —admitió al no medir las consecuencias—. Pero ya estoy aquí ahora. ¿Cómo está?
—Tiene fiebre alta —informó Hongou al revisarlo cuidadosamente—. Pero estoy haciendo todo lo posible para bajarle la fiebre. Pero es difícil sin hielo o agua.
Shanks asintió y se acercó a Luffy, quien yacía en la cama, sudando y con los ojos cerrados.
—Gracias, Hongou —dijo Shanks, poniendo una mano en el hombro del médico—. Me preocupaba que fuera algo más grave.
Hongou sonrió ligeramente.
—No te preocupes, capitán. Luffy estará bien pronto.
Shanks sonrió y se sentó junto a Luffy, tomándole la mano.
—¿En dónde está Ace? —preguntó Shanks.
—Está afuera, vigilando —respondió Hongou—. Está muy preocupado por su hermano.
Shanks asintió, sabiendo que Ace siempre había sido muy sobreprotector con Luffy.
—¿Qué pasó con Luffy? —preguntó Shanks.
Ace se acercó.
—Luffy quería verte, capitán —explicó—. Venía al pueblo desde la montaña Corvo que está en el bosque, aunque lloviera durante toda la semana. No se llevó un paraguas consigo, solo su sombrero de paja.
Hongou frunció el ceño.
—¡Ese viaje fue demasiado peligroso para él! —exclamó—. ¿Cómo pudiste dejar que Luffy viajara solo bajo la lluvia sin tomar precauciones?
Shanks se encogió de hombros.
—Luffy es fuerte, Hongou. Puede cuidarse solo.
Hongou estaba a punto de estallar.
—¡Eso no es excusa, estúpido! —gritó—. ¡Sabes que su salud es frágil después de la última batalla! ¡Tu falta de consideración es inaceptable!
Luffy, débilmente, abrió los ojos.
—Shanks... —murmuró.
Hongou y Ace intercambiaron una mirada preocupada.
—No te preocupes, Luffy —dijo Ace—. Estás a salvo ahora. Trata de descansar.
Luffy asintió ligeramente y volvió a cerrar los ojos, sumiéndose en un sueño intranquilo.
Hongou se volvió hacia Shanks, su voz temblando de furia.
—¿Cómo pudiste dejar que Luffy llegara a este estado? ¡Eres un imbécil!
Shanks miró a Hongou con una expresión seria.
—Entiendo, Hongou. Pero no te preocupes, cuidaré de Luffy.
—¡Espero que sí! —dijo Hongou—. ¡Porque si algo le pasa a Luffy, te aseguro que pagarás por tu irresponsabilidad! ¡Eres un desastre como capitán!
Shanks asintió.
—Lo entiendo, Hongou.
—¡Y no te atreves a disculparte con una sonrisa! —dijo Hongou—. ¡Tu falta de seriedad es indignante!
Shanks bajó la mirada.
—Lo siento, Hongou.
Hongou cruzó los brazos.
—¡No me importa tu disculpa! ¡Quiero ver resultados!
Tres semanas habían pasado desde que Luffy cayó enfermo, pero gracias a los cuidados de Hongou y la atención de Shanks y Ace, el pequeño Luffy se había recuperado por completo. Volvía a ser ese chico alegre y energético que siempre había sido. Aunque Luffy aún no tenía el control de los poderes de la Fruta del Diablo, la Gomu Gomu, su alegría y determinación eran contagiosas. Sin embargo, y debido a su corta edad y falta de control sobre sus poderes, Luffy no podía ayudar directamente a la reconstrucción del pueblo. Luffy pasaba el tiempo jugando con los niños del pueblo, riendo y sonriendo mientras los adultos se dedicaban a la reconstrucción de las casas, negocios y ciertos lugares importantes. Luffy enseñaba las habilidades de su poder entre ellos, estirar los brazos y piernas, causando impresión y risas entre los demás niños.
—Estoy muy feliz de que ahora somos libres—, dijo Luffy, abrazando a su hermano Ace.
Shanks sonrió, observando a Luffy con mucho orgullo. —(Luffy es más que un simple pirata)— pensaba Shanks, recordando su decisión de darle su preciado sombrero—. —(Él es un símbolo de esperanza para este mundo)—.
Después de la celebración, Luffy se acercó a Shanks, mirándolo con admiración y respeto.
—Eres el mejor, Shanks—, le dijo con una sonrisa de alegría.
Shanks, al oírlo, puso su mano en la cabeza del chico y se la frotó con cariño. —Tú también eres increíble, Luffy—, dijo Shanks. —Nunca olvides de sonreír y tampoco pierdas tu determinación—.
Luffy asintió, emocionado. Quería seguir los pasos del pelirrojo. —(Quiero ser como Shanks cuando sea grande)— pensaba Luffy, sonriendo para sí mismo.
Aquí la escena final del capítulo
Aku esperaba ansiosamente la llegada de Dragón, que llegaría en tres horas. No sabía que Shanks también lo esperaba, escondido en un rincón del puerto, observando el mar con una expresión pensativa.
Justo entonces, se escuchó el sonido de un barco acercándose al puerto. Aku se levantó y miró hacia el mar.
—Es hora —dijo—. Dragón ha llegado.
Cuando llegaron al muelle, vieron a Dragón bajando del barco, acompañado de un niño de 10 años con ojos azules, vestido con un traje elegante y un sombrero de copa con gafas sobre él. El niño parecía fuera de lugar en el puerto, pero su mirada intensa llamó la atención de Aku.
—¿Quién es este? —preguntó Aku, sorprendido.
Dragón se encogió de hombros.
—Lo salvé de un barco que fue atacado por los Tenryubito hace un mes, aquí en la isla Danw —dijo—. No recuerda su nombre ni su pasado.
El niño miró a Aku y Dragón con una expresión confundida.
—No... no recuerdo nada —dijo.
Shanks salió de su escondite, observando al niño con curiosidad.
—Interesante —dijo—. Un misterio.
Aku se acercó a Shanks.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
Shanks sonrió.
—Solo pasando por aquí —dijo.
Aku no notó nada extraño en la respuesta de Shanks, pero Dragón se acercó, con una mirada intensa.
—Quiero hablar contigo sobre Luffy —dijo—. He oído que lo has estado protegiendo.
Shanks asintió.
—Sí, es cierto. Luffy es un niño especial.
El niño de ojos azules miró a Shanks y Dragón con curiosidad.
—Luffy... —dijo—. ¿Conozco ese nombre?
Shanks y Dragón se miraron, sorprendidos.
—¿Qué sabes sobre Luffy? —preguntó Dragón.
El niño se encogió de hombros.
—No lo sé... pero parece importante.
Y con eso, los cuatro se quedaron en silencio, rodeados de preguntas y misterios. Shanks observaba al niño con una mirada pensativa, como si estuviera tratando de recordar algo.
—¿Cuánto tiempo hace que lo salvaste? —preguntó Shanks a Dragón.
—Un mes —respondió Dragón—. Desde que lo encontré en el barco.
Shanks asintió.
—Entiendo —dijo.
Aku se preguntó qué estaba pasando, pero no dijo nada. La atmósfera era tensa, y no quería interferir.
