Nick revisó su reloj. Iba con buen tiempo. Caminó con rumbo al restaurante.
Normalmente pedían comida para llevar al departamento de Judy y veían una película juntos. Era bastante básico, pero ambos eran demasiado prácticos y el trabajo los dejaba totalmente agotados, así que cena y películas era el plan perfecto para ellos.
Pero Judy le contó que Skye le había hablado de este lugar maravilloso donde tenían el mejor queso vegano de la ciudad e insistió tanto en comer fuera, que no pudo sino aceptar el plan de la coneja. La sonrisa de la coneja bien valdría las miradas raras que les iban a dirigir por ser una pareja interespecie, pero podría vivir con ello.
Llegó al restaurante, donde la amable anfitriona lo llevó a su mesa. Se sentó y un par de minutos después, la coneja llegó dando saltitos.
"Lo siento, Nick, ¿llevas esperando mucho tiempo?", preguntó la coneja, tomando asiento.
"Si, pero te perdono si me das un beso".
Judy sonrió y le dio un pico rápido en los labios. Nick vio de reojo las miradas reprobatorias de una pareja de gacelas en la mesa de al lado. Se encogió de hombros.
La cena fluyó de una forma amena y divertida. A Judy se le iluminaban los ojos con la presentación de cada platillo. Nick pensó que quería hacer esto más seguido, al menos una vez al mes, si el trabajo lo permitía.
De pronto llegó el mesero, con un pequeño pastel en color blanco y una sola vela.
"Disculpe, nosotros no ordenamos eso", dijo Nick, para rechazar el postre.
"La señorita lo pidió en la reservación", contestó la panda roja, al tiempo que encendía la vela y los dejaba solos.
Nick volteó a ver a la coneja, la cual tenía una sonrisa culpable en los labios. Judy esperó a que el mesero se fuera para poder hablar.
"Les dije que era una reservación para festejar un cumpleaños y mencionaron que lo incluía sin costo adicional. Les pedí que no hicieran el acto de cantar, solo el postre, no me creas tan cruel", se excusó la coneja.
"¿Cómo supiste?", cuestionó el zorro.
"Soy una policía, tengo mis métodos", respondió la coneja.
El zorro enarcó una ceja. Judy suspiró.
"Está bien, le pregunté a Clawhauser. No te enojes con él".
Nick se le quedó viendo fijamente a su pastel. Era un pan de vainilla, con un betún que por el olor, era de merengue de limón. Se le hizo un nudo en la garganta. No festejaba su cumpleaños desde…bueno, desde que salió de casa de su madre, a los 12. Cuando vives en la calle, no hay muchas ocasiones de celebrar, ya que se vive al día.
La coneja dejó caer sus orejas.
"Lo siento si no te gustó, debí preguntar, pero quería darte una sorpresa. Solo que tengo dos años de conocerte y ya tenemos 6 meses como novios y nunca pude sonsacarte tu cumpleaños y tu si me regalas cosas en el mío y quería hacer algo lindo para ti, pero si no quiere pues no…"
"Hey, Zanahorias, solo shhh calla".
Judy cerró la boca y Nick le sonrió. Luego cerró los ojos y sopló la vela.
"Gracias, Zanahorias. ¿Quieres pastel?"
La coneja asintió y Nick puso el plato cerca de ella, para que también tomara un poco de postre.
"¿Y que pediste?", preguntó la coneja, de forma no tan disimulada.
"Se supone que no debe decir, para que se haga realidad", contestó el zorro, de forma solemne.
Y mientras Judy hacía un puchero adorable, Nick pensó en que jamás le iba a decir que deseó. No había manera en que arruinara la posibilidad de pasar más cumpleaños junto a Judy.
Hellow! llegamos al día tres! La verdad, como Nick, hubo una época donde tampoco festejé mi cumpleaños, y cuando tu cumpleaños vuelve a ser importante...es una sensación peculiar y hermosa.
Gracias por sus comentarios y los favoritos! Y a los lectores incógnitos que andan por aquí, también los veo. Muchas gracias por el apoyo
