Pareja: Draco y Harry
Tropo: primer amor
Era un jardín impresionante. Harry lo miraba todo con los ojos muy abiertos, igual también con la boca un poco abierta y a Draco eso le pareció muy tierno y apretó un poco más la mano que sujetaba.
— ¿Eso es un lago? —cuestionó el otro niño con esa voz suave que hacía que Draco quisiera protegerlo todo el rato.
— Es solo un estanque.
— ¿Y se puede nadar?
Draco arrugó la nariz al pensar en meterse en las aguas lodosas.
— Ahí viven peces, y ranas y padre dice que hay culebras también.
Harry hizo un puchero de desilusión, pero siguió su exploración, tirando levemente de su mano.
— ¿Y eso que es? —preguntó, señalando a lo lejos las grandes formas que se movían entre los setos.
— Son los pavos reales de padre. Son blancos y muy raros.
— ¿Podemos verlos más cerca? —Tiró de él.
— No. —Le sujetó— Pican. No les gusta que les toquen.
— Oh. ¿Y por qué están ahí si pueden picarte? tu papá debería tenerlos en jaulas.
— Les gusta estar libres y yo ya sé que no debo acercarme. No pasa nada, hay mucho jardín. Ven, —Esta vez fue él quien tiró de la pequeña mano morena— voy a llevarte a ver una cosa.
Avanzaron entre los grandes árboles durante unos minutos hasta llegar a un claro en el que había un gigantesco roble. Y sobre él algo que hizo que Harry volviera a abrir la boca de sorpresa, haciendo que Draco se hinchara de orgullo.
— Es mi casa del árbol. ¿Quieres subir?
— ¿Podemos? —La miraba con más fascinación que si fuera un palacio.
— Claro. Es mía, madre la encargó para mí. Verás.
Draco tocó el tronco del árbol y de repente, pafff, apareció una escalera de madera que llegaba al suelo, con barandilla y todo.
— Vamos.
Subieron, aún cogidos de la mano.
— Ala, esto es muy guay —murmuró Harry.
Era una habitación con todas las comodidades. Enseguida, una estupenda merienda apareció sobre la mesa.
— Cuando era pequeño —habló con orgullo, como si tener diez años lo hiciera un adulto— tenía juguetes aquí. Ahora —Señaló la pequeña librería— vengo aquí a leer.
— Es mi tarta de chocolate favorita —Señaló Harry con timidez con su dedito extendido, viendo que en lugar de sentarse Draco iba a empezar a hablar de sus libros.
— Yo la he pedido para ti —Se hinchó, señalándose el pecho con el pulgar.
— ¿De verdad?
— Claro. Yo voy a cuidar de ti y te voy a dar las cosas que te gustan siempre.
— ¿Por qué? —cuestionó Harry, poco acostumbrado a ese trato.
— Porque desde hoy vamos a ser novios.
— ¿Sí?
— Y cuando seamos mayores nos casaremos.
Harry lo miró con los ojos llenos de emoción y luego se inclinó hasta darle un beso en la mejilla.
— Vale. ¿Puedo comer tarta también ese día?
— Claro que sí. Todo lo que tú quieras, Harry.
Una sonrisa preciosa en la cara de Harry hizo que el corazón de Draco latiera muy rápido. Y decidió mientras lo veía comer tarta que cumpliría esa promesa por encima de cualquier otra cosa solo por esa sonrisa.
