Capítulo 16: Lo que (no) puedes hacer

—Cuando era niña, pase bastante tiempo aquí. . .mis padres pasaban por una mala racha y no nos sobraba el dinero—explicó mientras centraba su vista en una fuente ubicada al fondo del jardín—Mamá aún no conseguía su puesto en el hospital y en aquel entonces trabajaba particularmente como enfermera para pacientes de la tercera edad, fue el caso de la esposa del señor Erick. . .era una mujer muy amable, que incluso se ofreció a ser mi maestra para que no me quedará rezagada académicamente—

—¿Existen los exámenes de colocación en primaria?—preguntó Marinette sorprendiéndose de la "educación en casa" que había recibido Sabrina.

—No. . .no existen, ella había sido maestra y logró conseguirme certificados a través de algunos contactos para que pudiera ingresar al sistema cuando mis padres tuvieran más tiempo y solvencia económica—

—No tenía ni idea sobre. . .bueno, sobre tu pasado—

—No muchos lo saben y tampoco me gusta hablar de él, era duro estar sola pero aún con eso intentaba ocuparme en cualquier cosa que pudiera aprender cuando no estaba recibiendo lecciones—dijo estirando su mano y tomando una margarita del jardín—Aprendí etiqueta, poesía y demás cosas en un nivel básico pero hubo algo que el señor Erick me enseñó con mucho esmero—

—¿Jardinería?—preguntó Marinette al aire.

—. . .No—negó Sabrina moviendo suavemente su cabeza—Floriografía—

—¿Y eso es. . .?—

—El lenguaje de las flores—aclaró mientras llevaba la margarita cerca de su nariz para oler su fragancia—Es algo de la época victoriana, un método para transmitir mensajes discretamente. . .algo muy útil en aquellos años por los conflictos políticos pero también un lindo medio por el cual transmitir deseos y anhelos con algo tan simple como flores—

—Suena a qué te gustaba mucho—

—De hecho no, en un principio era de las cosas que más me cansaba y aburría de mi estancia aquí—aclaró mientras se levantaba y caminaba con dirección a la fuente seguida por su acompañante—Pero eso cambió en algún momento, cuando la conocí a ella—

—¿A quién?—preguntó Marinette algo pérdida del sentido de la conversación.

—Marinette. . .en este lugar fue, en este lugar nos conocimos Chloe y yo—terminó soltando la margarita en el agua de la fuente causando una onda en ella—Y eso fue hace unos once años. . .—

Años atrás. . .

En ese mismo jardín una mujer anciana y una niña compartían asiento sobre el borde de la fuente del lugar.

—Sabrina dime, ¿qué le pasaría a él agua de esta fuente si se calentará mucho?—preguntó la mujer mayor mirando las ondas del agua.

—Si se calienta mucho entonces se evaporaría y entraría en su estado gaseoso—respondió la pequeña sin perder detalles de lo que hacía su maestra.

—Bien. . .ahora dime, ¿qué le pasaría a ese gas si se enfriase?—

—Entonces se condensaría y se formarían nubes—

—Mmm sí, pero ¿tú crees que en un lugar cerrado como este se pudieran formar nubes?—preguntó la mujer divertida mientras mojaba la nariz de la niña con su dedo.

—jeje. . .si el gas se condensa en un sitio cerrado entonces se formarían vahos de agua en el techo y con el tiempo se harían gotas—

—Exacto, y entonces tendríamos una "lluvia casera" ¡wuhhh!—exclamó volviendo a salpicar algunas gotas de agua en el rostro de la niña con sus dedos mojados.

—Jajajaja maestra basta jajaja está fría—rio la pequeña mientras mojaba sus manos y devolvía el gesto.

—Ohh parece que mi pequeña estudiante se ha vuelto retadora, ¡bien aceptó el desafío!—declaró la mujer mientras salpicaba más agua desde la fuente.

—¡Ahhh yo tampoco perderé!—exclamaba divertida la pequeña Sabrina.

Fue así como una tranquila lección se había vuelto en un amistoso juego donde maestra y alumna se mojaba entre risas, o así lo fue hasta que una tercera persona interrumpió el repentino juego.

—Sabrina, amor. . .no mojes a mi paciente por favor—dijo una mujer con rasgos similares a la niña salvó los ojos pues está los tenía de un tono castaño—Y a mi paciente, señora Sofía. . .¿podría dejar de escaparse de su cuarto?—

—Oh vamos Angela, no es para tanto. . .solo hacíamos que la lección de hoy fuera más práctica, ¿verdad pequeña?—explicó la anciana limpiándose algunas gotas del rostro.

—Si mami, hoy fue una clase práctica—secundo la pequeña agitando su cabeza.

—Bien, está vez se saldrán con la suya. . .Sabrina ve a secarte, el señor Erick te espera para almorzar—

—Ahhh mamá—se quejó—¿No podemos ir juntas?. . .no quiero volver a escuchar la historia de "la fiebre del tulipán"—

—Lo siento amor pero mamá tiene hacerle su chequeo diario a la señora Sofía, prometo que cuando termine iré a rescatarte—

—Bien. . .—suspiro la pequeña retirándose del lugar.

Casi un año había pasado en aquella casa por el trabajo de su madre, era una vivienda algo antigua pero no negaba que tenía cierto encanto ese gran espacio que siempre intentaba explorar, desde sus pasillos estrechos hasta sus habitaciones.

Las personas que había conocido ahí tampoco le desagradaban en lo más mínimo, la pareja de ancianos la trataban bien y mostraban interés en ella, de ahí que la señora Sofía se hubiera ofrecido para ser su maestra particular o bien que el señor Erick la procurará como si fuera su nieta.

—S-señor Erick. . .mi mamá me dijo que viniera con usted—aviso con timidez entrando en la cocina.

—¡Hola pequeña!—respondía el hombre apareciendo desde su punto ciego con un mandil puesto—¿Qué tal tus lecciones de hoy?—

—Genial, hoy aprendí del ciclo del agua y sus fases—

—Ohhh entonces. . .¿podrías decirme cuál es el punto de ebullición del agua?—preguntó con cierta malicia queriendo bromear con la niña.

—Lo normal es a 100C pero puede ser menos por la presión atmosférica. . .¿por qué?—respondió Sabrina sin perturbar su expresión en lo más mínimo.

—Ehhhh. . .olvidado, dime ¿quieres lasaña?—dijo el señor Erick desviando el tema al ver su broma frustrada.

—Si, por favor—

Así ambos iniciaron su almuerzo, acompañándolo con una amena charla que siguió hasta que ambos terminaron su comida.

—Ufff esa fue una buena lasaña, me alegra aún conservar mi sazón—

—Muchas gracias por la comida señor Erick—

—No hay cuidado pequeña, me alegra tener compañía—le respondió con una sonrisa—¿Te gustaría una fruta o un pastel como postre?—

—Comeré una fruta, la lasaña me lleno mucho como para comer un pastel también—

—Bien, entonces será fruta. . .—suspiro mientras abría el refrigerador y sacaba una lata y la abría—aquí hay duraznos en almíbar para ti—

—Gracias. . .¿usted no quiere?—preguntó confundida la niña al ver al hombre levantarse y ponerse un suéter.

—Oh no, puedes comerlo. . .yo iré por pastel—

—Mi mamá dice que solo debería comer pastel en días especiales—dijo recordando algunas platicas que habían tenido ambos adultos antes.

—Pequeña, tengo 70 años y diabetes ¡todos los días son especiales!. . .pero si pregunta tu mamá dile que fui a comprar algunas verduras para mañana—dijo algo temeroso antes de salir por la puerta dejando a Sabrina sola en la cocina de la casa.

Esa última línea había sido graciosa, prueba de ello era la risa de la pequeña que hacía eco en la cocina hasta volverse al silencio habitual; "Estar sola" también era parte de su rutina diaria y aunque en comparación era un tiempo breve, como cualquier niño de esa edad el aburrimiento terminaba siendo inevitable.

—"Por lo menos está dulce"—pensó mientras se llevaba un trozo de durazno a la boca con su cubierto—Aunque es mucho para mí sola. . .—suspiro mirando la lata completa de duraznos que el señor Erick le había dejado.

Sabrina sabía que simplemente buscaba una excusa para buscar alguna compañía, alguna razón lógica para buscar a alguien que la acompañase.

—"Tal vez sea bueno ofrecerle un poco a mamá y a la señora Sofía"—volvió a pensar intentando autoconvencerse de que tenía razones más allá de su incomodidad por estar sola—Tal vez ya hayan terminado el chequeo. . .bien, les llevaré duraznos para su merienda—declaró mientras buscaba un par más de cubiertos en los cajones de la cocina y salía rumbo a la habitación de su maestra.

Tenía algunos problemas al cargar la lata pues aunque no era muy grande su contenido la hacía algo pesada para una niña como ella sin mencionar el detalle de que tenía que caminar despacio pues seguramente tendría problemas si derramaba el almíbar en el piso de madera.

—Bueno. . .ahora que lo pienso también podría ir por el jardín—

Si continuaba por el interior de la casa, llegaría hasta la habitación de su maestra pero había algunos inconvenientes, primero estaba la distancia pues dada la disposición de la casa antes de llegar al dormitorio tendría que atravesar la sala de estar y un pasillo largo, ambos con conjuntos de muebles y demás cosas que podría manchar en algún tropiezo. Esa era su idea inicial pero también tenía otra alternativa más sencilla que era ir por el jardín pues aunque no tuviera una entrada a la habitación de su maestra si que poseía una ventana que conectaba ambas estancias, una mejor opción teniendo en cuenta también que si derramaba algo del almíbar en el jardín podría limpiarlo con mayor facilidad por lo que terminó decantándose por la segunda vía.

—"Espero que hayan terminado y podamos comer juntas"—deseo al momento en que atravesaba el jardín y se acercaba a la ventana de la habitación de la que provenían voces conocidas animándola a acelerar su paso.

—¡¿Por qué lo hizo?!—gritó la voz de su madre deteniéndola en seco a unos pasos de la ventana.

—Mamá. . .—suspiro con sorpresa acercándose más hasta quedar sentada debajo del marco de la ventana.

No era normal, su madre podía enfadarse pero no recordaba que gritará ni alzará la voz de esa forma antes, había ocasiones en el que el estrés la hacía menos tolerante con lo que la rodeaba pero no tenía ningún recuerdo de que hubiera tenido tal reacción con ella o con su padre antes.

—Angela relájate, estamos en la misma habitación y te escucho perfectamente—respondía la voz de la señora Sofía en completa calma desde su cama dónde se encontraba sentada.

—¡¿Cómo sugiere que me relaje cuando me avisa de la nada que canceló sus citas con el geriatra y los demás servicios médicos?!—

—No sé por qué te preocupas tanto. . .al final de cuentas soy yo quien se está muriendo—contestó la mujer mayor aún en completa calma, siendo aún desconocida la presencia de Sabrina para ambas mujeres.

—"M-mi maestra. . .¿se muere?"—pensó Sabrina siendo absorbida por el shock de la noticia.

—No puedo entender cómo es que puede decir algo así tan a la ligera—recrimino la madre de Sabrina pasando a un tono más triste que molesto—Tiene un gran esposo, una casa propia y un jardín hermoso. . .¿acaso no le preocupa?—

—Viví una buena vida en la pude disfrutar de un gran matrimonio, una enorme casa y un hermoso jardín. . .me preocupo si, pero entiendo que eso no cambiará nada—

—¿Y qué opina su esposo?—

—Desde hace mucho supimos que yo iría primero, simplemente acordamos que intentaríamos aprovechar cada segundo y por simple lógica te puedo asegurar que no vale la pena pasar días en el hospital por una extensión de horas—

—Eso no lo hace menos. . .¡snif!—reclamó Angela comenzando a llorar desde su asiento en una silla de la habitación—¡No lo hace menos doloroso!—exclamó volviendo a alzar la voz.

—Querida soy afortunada y no solo por lo que tengo. . .conocí a muchas personas, buenas personas que marcaron mi vida—dijo la mayor acercándose a Ángela quien permanecía sentada y abrazándola maternalmente—Tú y tú hija me regalaron una experiencia a la que creí haber renunciado hace mucho, por eso creo que lo mejor que puedo hacer es disfrutar el tiempo que me queda haciendo más recuerdos—

—Usted me dio la oportunidad para ayudar a mi familia, sé a qué experiencia se refiere y por eso. . .n-no. . .y-yo no—

—Lo se querida, lamentablemente esto es algo que se pueda cambiar. . .créeme que si fuera mi elección me quedaría aquí con ustedes—

—No sé qué voy a hacer cuando pase—

—Hable con Erick y queríamos darte una oferta, cuando éramos jóvenes vivíamos en una casa más pequeña, sucede que el siguió pagándola hasta terminar de comprarla y si estás dispuesta podemos darles un mejor precio que el estándar del mercado. . .y así pueden mudarse de ese departamento—

—Lo agradezco mucho pero sabe que no me refiero a eso—respondió Ángela levantándose de su asiento y tomando las manos de la mujer—Sabrina, yo e incluso mi esposo. . .todos la hemos conocido y estaría mintiendo si negara que nos encariñamos con ustedes—

—Son una linda familia, no es un final más bien diría que es un nuevo comienzo—

—¿Cómo puede hacer eso?—

—¿El que?—

—Siempre sabe qué decir y cómo actuar, yo no sé si hago lo correcto como enfermera, esposa y sobre todo como madre—

—Como enfermera eres rigurosa pero amable, como esposa diría que eres una mujer tanto leal como honesta pero no sé qué podrías dudar de ti misma como madre—

—Hago lo mejor que puedo para darle una buena vida a Sabrina, agradezco que usted me apoyará siendo su tutora pero casi no tengo tiempo para estar con ella, cuando lo tengo estoy demasiado cansada y ni siquiera puedo ofrecerle la oportunidad de hacer amigos. . .y ahora con esto, tampoco podré evitar que pierda a su maestra—explicó entre lágrimas clavando su mirada en el suelo—Más allá de sus necesidades básicas. . .soledad y tristeza es lo único que le he podido dar a Sabrina—terminó con un tono decaído que incluso había sorprendido a Sofía.

—Sabes. . .mi mamá alguna vez me dijo que ser padres o madres significaba evitar cometer los errores de tus padres mientras cometes los propios—explicó la mujer entre balbuceos mientras tomaba la enfermera por los hombros para encararla—No sé si sea cierto, pero creo que hay algo dentro de esas necesidades que nunca le has negado y a mi parecer es lo más importante—

—¿Qué podría ser?—

—Cariño. . .puede que de momento Sabrina no tenga la viva la situación que tú consideres ideal pero ella sabe que la amas y que siempre será lo más importante—

—Solo quisiera ser más fuerte para Sabrina, aunque lo que vaya a pasar sea inevitable. . .quisiera protegerla de esta tristeza—

—Lo sé, y por eso haré lo posible para que ambas vivan felices—dijo manteniendo su tono sereno y abrazando a la afligida mujer.

Así terminaba su conversación, con amargas palabras de consuelo que contrastaban con un aroma dulzón desapercibido hasta ahora, mismo que provenía de una abandonada lata de duraznos abandonada bajo la ventana de la estancia.

Mientras tanto en otra parte de la casa. . .

Ni siquiera había notado el momento en el que había emprendido la huida, solo había escapado velozmente de su lugar bajo la ventana al sentirse incapaz de contener más su llanto.

Tal vez debió quedarse y escuchar el resto de la conversación sin embargo había sido demasiado para ella. Era una niña, ella misma lo entendía y particularmente en ese momento le frustraba de sobremanera, no había nada que pudiera hacer más que llorar por su maestra y su próxima muerte, o por su madre y su pesar al verse como una mala madre.

Y así sus lágrimas continuaron al mismo ritmo de sus acelerados pasos que la llevaron hasta uno de los sitios que había descubierto hacía poco tiempo, el interior de una floristería a la que pudo acceder por un callejón escondido tras una enredadera.

Sabía que existía ese local pues ya lo había visto antes desde la calle exterior además de haber escuchado al señor Erick hablar sobre el mismo y su desuso al ser cada vez más complicado abrir el negocio por la situación de su esposa y la atención que ésta requería.

—"¿P-por qué?. . .¿por qué pasa esto?"—se preguntaba sentada en el suelo del descuidado local contra la puerta de este.

Sus ojos empezaban a picar, no había dejado de llorar desde su huida y el polvo del lugar junto a la humedad acumulada no ayudaban a reducir la irritación en sus ojos ya algo rojizos.

—Esto. . .¡no es justo!—exclamó por lo alto generando eco dentro del local.

Sabía que aquella queja no podía dirigirse a nadie en particular pero dadas las circunstancias solo quería drenar su tristeza, poco o nada le importaba si alguien consideraba como "rabieta" su comportamiento actual, mismo que variaba de ser un llanto desconsolado a una frustración liberada en patadas, golpes al piso y uno que otro golpe con la parte trasera de su cabeza a la puerta de entrada.

—"Y-yo no puedo hacer nada, mi mamá está triste y mi maestra ella va a. . ."—pensó mientras apretaba sus manos y sentía nuevamente su frustración a flor de piel—¡Porque no puedo hacer nada!—se quejó por lo bajo volviendo a chocar su cabeza con la puerta provocando un golpe que a los pocos segundos tuvo respuesta.

—¡Noc!—un golpe en la puerta resonaba por segunda vez en el local, sorprendiendo un poco a Sabrina pues solo había golpeado la puerta una vez.

—¿Mmm?—balbuceo en respuesta al sonido mientras se levantaba del suelo—¿Acaso lo imagi. . .?—

—¡Noc-noc!—nuevamente el sonido de golpes en la puerta resonaban interrumpiéndola.

—¿E-ehh?. . .a-ahhh—tartamudeo sin saber que hacer debido al asombro—¡E-está cerrado!—grito con tono nervioso deteniendo los golpes por unos momentos hasta que otro sonido la sorprendió.

—¡No está cerrado si estás ahí!—le respondía una voz igualmente infantil desde el otro lado—¡Ahora abre la puerta y atiende mi pedido!—

—Y-yo. . .ehh, ¡está cerrado!—repetía Sabrina más nerviosa que antes.

—¡No bromees conmigo y haz tu trabajo de una buena vez!—replico la voz evidentemente molesta por la negativa de Sabrina.

—. . .Pero ni siquiera trabajo aquí—dijo por lo bajo pero aun siendo audible para la persona tras la puerta.

—¡¿Cómo que no trabajas aquí?!—reclamó la voz ahora cargada con un tono altanero—¿Acaso te colgaste en una propiedad privada?—

—N-no y-yo—

—Llamare a la policía entonces—

—¡No!. . .abriré, solo no llames a la policía—exclamo Sabrina sucumbiendo a la intimidación de la voz al otro lado—espera un momento por favor—

—Bien, pero solo será un momentito—respondió la voz cambiando radicalmente su tono por uno mucho más amable y suave.

Fue hasta ese momento que un gran suspiro fue liberado por Sabrina, había dejado de lado su tristeza aunque está emoción solo había sido reemplazada por abundantes nervios por la extraña interacción que estaba teniendo.

—Quitare el seguro pero por favor no hagas mucho ruido—comento Sabrina mientras retiraba el seguro de la puerta—Y-ya está abierto—aviso abriendo levemente la puerta intentando ver a la persona detrás de la puerta.

—¡Al fin!—exclamó la otra voz detrás de la puerta mientras abría está de una patada que a su vez mandó al suelo a Sabrina.

—Ouch. . .—se quejó intentando recuperarse de la caída—¿Por qué pateaste la. . .? ¿eh?—exclamó mirando finalmente a la responsable de su caída.

—¿Piensas pararte o te gusta el suelo?—respondía una niña rubia aparentemente de su misma edad quien le ofrecía una mano para levantarse—Vamos, no tengo todo el dia—

—Eh sí—respondió Sabrina nuevamente en shock pero aceptando la ayuda y levantándose—G-gracias. . .—

—Lo que sea, toma esto—le interrumpió la chica rubia dándole una pequeña libreta con un lápiz—Empecemos mirando su inventario, que sepas que no me importan los precios ni si están o no en el stock "a la venta" así que incluye en las opciones las que tengan en reserva—

—"¿Eh?"—pensó Sabrina ipso facto dentro de sí, sin entender cómo es que la situación se había desarrollado—A-ah b-bueno y-yo—

—¿Qué?. . .¿acaso lo dije en chino?—cuestionó nuevamente manteniendo su mirada en los ojos de Sabrina.

—Ah. . .no—

—Ahhh. . .bien hagámoslo simple, asiente para sí y parpadea para no—explico la chica mientras suspiraba y recibía en respuesta un asentimiento—Bien vamos entonces—declaró tomando a Sabrina de la mano y arrastrándola por la tienda.

Cada tantos pasos la chica le señalaba algunas flores añadiendo de por medio algunos comentarios y preguntas que no llegó a contestar pues en cada intento era interrumpida por la propia chica quien más bien parecía estar hablando sola salvó las ocasiones donde preguntaba por existencias en la tienda. Ciertamente Sabrina agradecia haber aprendido sobre las flores gracias al señor Erick en ese momento pues no sabía ni imaginaba cómo podría actuar su acompañante por no tener la información requerida aunque ahora se sintiera más bien como una muñeca siendo arrastrada por toda la tienda.

—Mmmm. . .¡ash!—se quejó la chica deteniendo su caminar.

—Ah. . .¿estás bien?—

—No, está es la décima florería que visitó de mi lista y aún no encuentro lo que necesito—

—¿B-buscas alguna flor en particular?—

—Quería algo que dijera "belleza única" pero no veo nada que cumpla mis expectativas—explicó continuando con un silencio en el que parecía querer una respuesta de Sabrina.

—. . .Podrías usar claveles, los rojos simbolizan orgullo y admiración—sugirió provocando una expresión de sorpresa en la cara de la otra chica.

—Mmm sí, pero también simbolizan amor y no quiero que se mezcle el mensaje. . .¿por qué no dijiste que sabías de floriografía?—

—N-nunca preguntaste y además te veías muy concentrada mientras buscabas—

—Ahh si bueno, supongo que sí estaba muy concentrada pero igual debiste decirme así hubiera sido más sencillo—

—. . .¿P-para quién son las flores?—preguntó Sabrina tomando algo de valor.

—Son para mi madre, quien por cierto es una de las mayores diseñadoras de moda de todo el mundo así que entenderás que tienen que ser flores de la mayor calidad—respondió en un cargado de orgullo por su afirmación.

—Debe estar orgullosa de ti. . .—dijo Sabrina volviendo a su tono deprimido de antes—. . .¿Eh?—soltó cayendo en cuenta de que había hablado su pensamiento.

Ahora la chica rubia le miraba fijamente, no distinguía algún gesto de molestia pero tampoco encontraría raro que ésta reaccionara mal, después de todo ya había recibido una patada indirecta de ella.

—Que ella está orgullosa de mi. . .¿eso es lo que crees?—le cuestionó la chica acercándose a Sabrina hasta quedar a pocos sentimientos.

—Pues. . .y-yo—

—Yo no estaría tan segura—explicó tomando distancia nuevamente—No he hecho nada por lo que se pudiera enorgullecer—continuó sorprendiendo a Sabrina.

—¡Perdón! hablé sin pensar. . .quería—

—¿Cómo te llamas?—le interrumpió la chica.

—Ahh. . .me llamo Sabrina—

—Bien, yo soy Chloe Bourgeois—se presentó la chica rubia—Ahora dime. . .¿que tienes?—

—¿A qué te refieres?—

—¿Qué? ¿me vas a decir que eso salió de la nada?—cuestionó Chloe retrocediendo hasta sentarse en lo que parecía ser un mostrador—Anda, cuéntamelo ahora o perderé el interés—

—Bueno. . .me acabo de enterar de algunas cosas, afectan a personas que quiero y yo no. . .no puedo hacer nada—explicó la chica desviando la mirada con algunas lágrimas que volvían a brotar de sus ojos.

—Mmm. . .y si no puedes hacer nada, ¿entonces por qué dejas que te afecte?—

—Pues mi mamá está triste y pronto alguien que quiera mucho se va a. . .¿cómo se supone que me sienta entonces?—digo alzando un poco su voz y dejando salir una lágrima más que descendió por su mejilla.

—Creo que no me entendiste—exclamó Chloe levantándose de su asiento y caminando hacia Sabrina nuevamente—No digo que no te sientas triste, solo quiero saber ¿por qué crees que deberías de hacer algo?—repitió su pregunta ofreciéndole a su vez un pañuelo extraído de su chaqueta.

—Pero no quiero que nadie esté triste. . .gracias—respondió tomando el pañuelo para limpiarse sus lágrimas.

—Seguro que no, pero eso no significa que sea tu responsabilidad o que puedas hacer algo. . .Yo por ejemplo, es verdad que tengo una gran variedad de talentos artísticos de gran calibre pero no soy una florista ni una cultivadora—

—Por eso estás aquí—

—Si, hay cosas que podemos hacer aunque sean complicadas pero hay muchas otras que no podemos hacer sin importar nada. . .y si es el caso, entonces no entiendo por qué te deberías de lamentar—

—¿Y entonces qué hago?—

—Dijiste que tú mamá estaba triste ¿no?—

—Ajá—

—Bien, responde esto. . .¿Te provocaste esa tristeza?—

—No—

—¿Tú puedes lidiar con lo que provoca esa tristeza?—

—. . .No—

—¿Entonces por qué intentas hacerlo?. . .mi mamá a veces está enojada o triste por proyectos que no terminan de funcionar y eso seguirá pasando por qué así es como funciona todo, hay cosas que no pueden evitarse—

Pensaba que recibiría quejas de la chica ahora identificada como Chloe pero nada más lejano a la realidad pues más que expresarle una molestia, le había dado un consejo para liberarse de su pesar o mínimamente para aceptarlo.

—Yo. . .¡yo solo quiero llorar!—exclamó Sabrina nuevamente dejando salir su frustración pero deteniéndose levemente al sentir algo cálido sobre su cabeza.

—Nunca dije que no lo hicieras—dijo Chloe planeando suavemente su cabeza en medio de un improvisado abrazo.

Ese día había conocido a Chloe, en principio solo como una persona extraña que le había distraído de su tristeza pero que en un momento le había dado la oportunidad de liberar todo lo que sentía.

Era cierto que no se podía hacer de todo, pero ya no dejaría que eso le afectase sin mencionar que ese mismo día podría decirle a su madre que finalmente había hecho una amiga.

Volviendo al presente. . .

—Ese fue el día en el que nos conocimos—explicó Sabrina dejando caer la margarita que tenía sobre el agua de la fuente—Desde entonces somos amigas. . .aunque no lo parezca para los demás—

—No tenía ni idea. . .de hecho pensaba que—

—¿Que solo era otra "víctima" más que en algún momento se convirtió en asistente de Chloe?—

—¡No!. . .bueno tal vez—

—Tranquila, no te culpo. . .si yo también me soy sincera la actitud de Chloe fue a peor en ciertos sentidos con los años pero aún así nunca deje de ver a la chica que me ayudó en aquel entonces, pero ahora me doy cuenta de que debí de actuar o decir algo antes—

—¿Te contó de lo que hablamos? ¿o siquiera han hablado desde el día que la buscamos?—le pregunto Marinette procurando no decir nada de más.

—Ni una palabra—respondió soltando a su vez un largo suspiro—"hay cosas que no podemos hacer por más que queramos", Marinette se que no estoy en condiciones para pedirte ningún favor pero por favor ayúdame a que Chloe vuelva a ser la chica que conocí o se vuelva la persona buena y noble que se que puede ser—

—Te prometí que la ayudaría pero tampoco te puedo garantizar que pueda lograr algo, cuando hablamos. . .no sé veía muy bien—

—Puedo imaginarlo y también estoy siendo algo terca a lo que me dijo ella sobre no preocuparme de más pero por una amiga como ella lo haría por siempre—explicó Sabrina volviendo a tomar un tono más serio—Yo intenté, de verdad que intenté ayudarla y hablar con ella pero supongo que al final no era la más apta para ayudarla, puede que no me creas pero a Chloe no le gusta pedirme cosas que puedan ser una carga o pudieran lastimarme así que puedo entender por qué no se abrió conmigo—

—¿Por eso piensas que quizás yo tenga una oportunidad?—

—Si tú no puedes entonces ya habré gastado todas mis opciones y solo me quedaría insistirle al alcalde para que buscará ayuda profesional. . .aunque algo me dice que ya lo está haciendo—

—¿Y qué podría hacer?. . .más allá de escucharla, no se que podría ayudarla—

—Muchos piensan que Chloe es complicada o cerrada de mente pero. . .en realidad es una chica sencilla de entender—explicó Sabrina comenzando a buscar algo dentro de su mochila—Pensaba regalarle esto en su próximo cumpleaños pero creo que ahora es un mejor momento—dijo extendiéndose a Marinette un pequeño broche dorado con forma de flor.

—Es muy bonito, ¿cual flor es?—

—Gracias y. . .se trata de un narciso o narcisos más bien—aclaró señalando un par más de flores más pequeñas bajo la más grande—Si fuera solo una sería algo grosero. . .por eso intenté que fueran más—

—¿Tiene algún significado en base al número?—

—. . .puedes investigarlo si quieres pero preferiría no decirlo—aclaró Sabrina desviando la mirada—Ella lo entenderá, por favor entregárselo—

—¿Cómo?—

—Tengo el contacto de algunas trabajadoras de la casa de Chloe y las convencí para que me dejarán ir mañana por la tarde para llevarle las tareas de la semana—

—¿Enserio conseguiste una visita?—preguntó Marinette incrédula ante el asentimiento de Sabrina—Puedo ir pero ¿no habrá problema con nuestra apariencia?—

—Comente algo sobre que podría no ser yo quien fuera, son buenas personas y también se preocupan por Chloe. . .solo preséntate como otra amiga y podrás pasar—

Marinette estaba sinceramente impresionada, hasta entonces tenía una imagen de Sabrina como una chica tímida y retraída tal vez incluso más que Juleka cuando recién la había conocido pero ahora veía una faceta completamente diferente, apenas y tartamudeaba o daba algún indicio de nervios sin mencionar la calma y seriedad con la que le había explicado su situación así como el favor que le quería pedir. Sólo había escuchado el inicio de aquella amistad pero si en verdad Sabrina se había esforzado tanto por conseguir esa visita, entonces lo mínimo que podía hacer era ayudarla con ese favor.

—Yo pensé que sería mejor que tú te acercaras, pero yo no conozco tanto a Chloe como tú y tampoco conozco toda su historia pero creo que con lo que me contaste no puedo negar su lazo—dijo Marinette guardando el broche en uno de sus bolsillos—Se que me confías a tu amiga, así que haré lo mejor que pueda para que pronto puedas ir tú también—explicó a su vez extendiendo su mano hacia la chica.

—Gracias. . .en verdad, te lo agradezco Marinette—contestó Sabrina respondiendo el gesto de la mano.