Continuación y parte final
Después de la ceremonia de boda, vino lo más esperado. La recepción se realizó en el lobby de un lujoso hotel.
La velada pasó entre discursos de felicitaciones para los novios, discurso de entre ellos de cómo se conocieron, entre risas y alegría. Sí, Vegeta también participó, tan alegre como nunca nadie lo había visto. Al menos para los invitados cercanos de la feliz pareja. Porque ellos, los guardaespaldas y el príncipe Tarble, sabían que Vegeta ebrio era la mejor compañía que uno podía desear. Era como si el alcohol dejará que esté tenso y de mal humor. Que deje esa fachada.
Nappa se quedó sentado en una mesa, feliz con la comida, postres y bebidas. Disfrutando del entretenimiento de artistas calificados.
Sin embargo, su disgusto inició cuando después del vals de los novios, los invitados se subieron a la plataforma a bailar. Y ahí estaba ella con su ahora pareja.
Malhumorado se quedó bajo la sombra, oculto de la atención de todos. Los ojos fijos en su musa que bailaba con el chaparro que había tenido la dicha de esposarla.
Tenía el deseoso impulso de levantarse, caminar decididamente hacia ellos, tomarlo del hombro al Briefs, girarlo y sin mucha dificultad volcar su cara con un puño limpio. Luego, tomar a su ninfa y besar esos jugosos labios y bailar el resto de la noche.
Lastima que su fantasía no se haría realidad ni ahora ni nunca, porque si lo hiciese, Vegeta podría hacer una citación a la realeza, y por su mal comportamiento, podría quitarle su trabajo, que a pesar que le habían arrebatado el hacer una vida familiar, le gustaba mucho su trabajo. No podía concebir una vida diferente a la que ya tenía. Y otra razón más importante, podrían alejarla de ella, o en el peor caso, ella ya no quería tenerlo cerca, ni verlo.
Se dejó caer en la desdicha, bebiendo lentamente su copa, después de todo, debía proteger a su protegido.
Un guardaespalda de la realeza no tenía descanso.
...
— Señor Nappa — su voz lo detuvo — dónde se encontraba, había querido bailar con usted también.
Sus palabras mejoraron su estado de ánimo, gira a verla, con una sonrisa en su rostro.
— No tengo excusa — Nappa no quería confesar que estaba celoso de verla tan cerca de ese chaparro.
— ¿Qué significa eso? — pregunta con un leve fruncido, luego ríe sutil —. No me digas que tenía a una dama como compañía.
— No, ninguna se compara con su presencia — y mordió su lengua, aquellas palabras se escuchan muy reveladoras.
Y ella lo sintió así, después de todo ambos guardaron silencio.
Sin saber qué decir o hacer.
Panchy vuelve a sonreír, una sonrisa que le pareció tensa.
— La noche está muy tranquila — Nappa giró levemente la mirada al jardín del hotel que se estaban hospedando, del lujoso hotel.
— Lo es — responde a su lado, en un tono bajo.
Las manos de Nappa se apretaron, tenía intención de hacer algo, que podría poner en juego la relación que tenía con ella. Tal vez si estaba un poco ebrio, porque no le importa arruinar lo que ellos tenían.
— ¿Madam, conceda a este pobre hombre un vals?
Panchy miró estupefacta al hombre inclinado, con la mano extendida hacia ella. La risa escapó de sus labios, una aún sorprendida, y es que nadie le había pedido que baile con esas palabras.
— Por supuesto caballero, será un gran honor — dejó caer suavemente su mano sobre la enorme de él.
Nappa sonríe dichoso, y la guía en caminar hasta el centro del patio.
Ambos en sintonía, sabía que la música sería el silbido suave del viento, el goteo constante que caía en un bambú que al estar lleno se inclinaba para derramar su contenido en la fuente. De los cuales los peces iban pescando los insectos, que revoloteaban sobre ellos por la luces que adornaban el borde de la misma.
La mano masculina acarició la espalda, subiendo hasta estar un palmo del omóplato. La otra acaricia cada dedo de la fémina mano.
Ella alza la mirada, dejando que sus manos duras la toquen, que la guíen. Sintió sus hombros duros, le encantaba tocarlo. Sentir sus músculos tensarse ante su toque.
Y se dejó guiar en el vals improvisado. A pesar de que era muy enorme, no era torpe ni mucho menos brusco. Al contrario, la trataba con cuidado, la guiaba con sutileza, con lentitud. Cómo si estuviera grabando este momento por siempre en su memoria.
Estaba segura de que era eso, puesto que los ojos oscuros del guardaespaldas de su ahora yerno, le miraba fijamente, una sonrisa boba tenía en su rostro. Sus ojos transmitían una emoción que fue tan clara para ella. La sensación le produjo que su vientre despierte, reviva. Las mejillas antes frías se calientan por el calor, tal vez de la vergüenza o por algo más.
Se miraban fijamente, mientras que sus piernas se movían en sintonía, dando tres pasos y luego un giro que esperaba que los llevara a algún portal, para tener más privacidad.
