Capítulo XII

'Miedo'

Últimamente las cosas en Londres estaban algo raras. El clima continuaba lluvioso, pero a la vez caluroso, algo que era poco común en un mes como Junio, pero lo más inusual era la aparición de ciertas aves negras conocidas con el nombre de: cuervos. Se encontraban en todas partes. Ya fuera en la copa de un árbol o en los techos de las casas y los carros. La comunidad muggle parecía no haberse percatado de ello, pero a diferencia de ellos, los magos y brujas si tenían razón para temer. Se decía que cada vez que estas aves hacían su aparición, algo terrible y desastroso ocurría. Y en verdad pasaba.

La razón de esto se originó hace algún tiempo atrás, por aquella época cercana a los tiempos oscuros de Voldemort. Los cuervos habían infestado la zona, anunciando un terrible suceso, en resumen, aquella matanza que pronto se daría por parte de aquella persona sin corazón y sin un alma pura y que posteriormente sería detenida por un pequeño bebé de nombre Harry Potter.

Por eso, actualmente la comunidad mágica se preguntaba si aquellas aves querían avisarles algo, por eso se preguntaban si algún acontecimiento grave se haría presente, por eso se preguntaban si acaso era posible que pudieran regresar esos tiempos… por eso se preguntaban… ¿acaso él seguiría con vida?

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Malfoy se encontraba encerrado en su alcoba, dando vueltas y vueltas con la mirada perdida. Mantenía apretado el puño de su mano izquierda fuertemente mientras que pasaba la otra constantemente sobre su rubio cabello.

Sí, así es, estaba nervioso y temeroso.

No podía dejar de pensar en aquello que hizo y no podía dejar de pensar en las consecuencias que eso traería si alguien llegara a saberlo.

Había besado a Hermione Granger, había besado a esa detestable sabelotodo, había besado a una asquerosa sangre sucia, a una impura, a una basura.

Con ese acto había deshonrado el nombre de la familia Malfoy, lo había manchado y despreciado, pues cometió aquello que desde muy pequeño se le había prohibido. El solo hecho de haberla dejado escapar aquel día y el estúpido hecho de haberse rebajado a disculparse por sus actos había arruinado todo.

Tenía miedo, mucho miedo… podía sentir como sus manos temblaban, pero a lo que más temía, era a su padre… no, no podría verlo a los ojos. Él lo sabría, sabría que había algo mal, sabría que su hijo lo había traicionado, lo defraudaría, lo odiaría, no, no debía verlo a los ojos, no podría permitírselo.

Sí, Malfoy era débil cuando estaba ante su padre, siempre lo había sido y estaba seguro de que siempre lo sería. Había algo en él que le hacía sentirse aterrorizado, tal vez era su forma autoritaria de ser, o más bien, su manera fría y seca de comportarse hacia él, o simplemente tal ve fuera el hecho de que lo trataba como a un sirviente más.

La puerta de la habitación sonó y su corazón de aceleró.

Tenía que tranquilizarse o de lo contrario se darían cuenta de que algo andaba mal con él.

Intentó mostrarse sereno, pero al final sólo pudo conseguir mantener una expresión intranquila y molesta.

Abrió descuidadamente la puerta y un gesto de desagrado apareció en su rostro al ver a un pequeño elfo doméstico mirándolo con una expresión que podría describirse como ridícula.

-¿Qué es lo que quieres?- preguntó secamente el rubio

-Oh, señor, han mandado Klumpy para avisarle que la cena está servida-

Malfoy tomó al elfo de la ropa y lo jaló bruscamente.

-Avisa que no asistiré a la cena, estoy ocupado con asuntos próximos… y no vuelvas a molestarme-

-S-sí, señor-

Malfoy soltó al elfo y éste comenzó a marcharse con el semblante molesto.

-A Klumpy nunca lo tratan como es debido- se quejaba el pequeño elfo doméstico en voz baja –'Haz esto' 'haz lo otro' pero nunca le dan las gracias… mas no busquen a Klumpy cuando lleguen los problemas y ese alguien los traicione, no, no. Klumpy no hará nada para ayudarlos.

Draco lo miró molesto, pensando que aquel elfo estaba más chiflado de lo que parecía.

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Hermione Granger se encontraba en un amplio parque en la ciudad de Londres. Junto a ella se encontraban sus 2 mejores amigos: Harry Potter y Ronald Weasley.

Se encontraba de un humor más alegre que de costumbre y no podía evitar sonreía a cada minuto.

Aquel suceso del día anterior era el causante de que se encontrara así y aunque la verdad Hermione no lograba comprender porque pasó lo que paso, poco le importaba averiguarlo. Ella simplemente quería sonreír.

-Así que esto es un parque muggle… es muy aburrido- se quejó Ron –No hay nada para divertirse.

-Eso depende de donde lo veas, cada quien puede divertirse si tiene ganas de hacerlo. No importa si el lugar se encuentra desierto- dijo la castaña sonriendo

-Este parque me recuerda al que estaba en Privet Drive. Dudley siempre me perseguía después del colegio con sus amigos, me tomaban como saco de boxeo, después Dudley llegaba a casa primero que yo y me acusaba de haber tenido una pelea, por lo que mis tíos me encerraban prohibiéndome salir y dejándome sin comida… aunque claro, eso lo hacían aunque no tuvieran ninguna excusa. Todo con tal de complacer a Dudley.- Harry bufó- Realmente me alegra haberme librado de ellos.

-Y te comprendo, esos muggles eran insoportables- dijo Ron

-Ya dejen de pensar en esas cosas, sólo hacen que todo se arruine. Mejor disfruten el día- dijo Hermione

-Hoy estas de muy buen humor, Hermione- dijo Ron

-Yo creo que mas bien, desde te comportaste diferente…- dijo Harry - ¿Acaso pasó algo?

Hermione miró a los chicos ahora con el semblante serio.

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Antes de poder decir nada, Malfoy posó sus labios sobre los de la castaña, al tiempo que tomaba su otra mano.

El corazón de Hermione latía con tanta fuerza que era posible pensar que este podría salir de su cuerpo. No podía pensar, no podía moverse, estaba completamente paralizada.

Finalmente, cerró sus ojos con lentitud para así poder sentir los labios del rubio… y se dejó llevar… era la primera vez que sentía algo parecido, era la primera vez que podía percibir como su corazón, sus manos y piernas temblaban de tal manera, era la primera vez…

Sin saber exactamente lo que hacía, soltó sus manos de las de él y las colocó suavemente sobre el pálido rostro de Draco.

La lluvia caía fuertemente y esto había terminado por empapar completamente a los dos chicos, pero poco les molestaba, ninguno de los dos se había percatado de lo que sucedía a su alrededor. Lo que menos querían era pensar en lo que podría o no suceder. En ese momento nada importaba, ellos eran uno solo, una sola persona, un solo sentimiento, uno solo sin que nadie lo impidiese.

Después de ese corto momento, que para ellos se sintió como una eternidad, Draco se separó quedando así a muy corta distancia de la castaña La observó detenidamente mientras respiraba con dificultad.

Hermione abrió sus ojos para encontrarse así con esa mirada. Sus mejillas se encontraban bastante sonrojadas y el nerviosismo comenzó a amenazar con tomar posesión de ella, rápidamente al notar que el rubio la miraba fijamente, desvió su mirada y retrocedió unos cuantos pasos con torpeza.

Un incómodo silencio reinó entre ambos mientras parecía que la lluvia dejaba de acrecentarse con lentitud.

Tras otra corta y nuevamente incómoda pausa, Malfoy retrocedió y se dio la vuelta para alejarse corriendo de aquel lugar, dejando así a Hermione completamente sola, nerviosa, temerosa y sobre todo, bastante confundida.

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-Tengo que retirarme, prometí a mis padres que pasaría un rato con ellos- dijo Hermione distraída

-Te acompaño a tu destino, después de todo hoy no hay mucho que hacer.- añadió Ron -¿Vienes Harry?

-No… tengo otras cosas por hacer… los veré después-

-Hasta pronto- dijeron al unísono Ron y Hermione

Harry miraba como desaparecían las siluetas de sus dos amigos. Tal vez estaba volviéndose loco, pero extraños presentimientos comenzaron a invadirlo constantemente en los últimos días, muchos de ellos involucraban a Hermione y a su extraño comportamiento durante los pasados años y más aún recientemente. Presentía, o más bien, estaba seguro de que había algo que ocultaba, un secreto, algo que no quería que los demás supieran, algo que tal vez no debería ser revelado pues esto podría acarrear consecuencias que para muchos podrían ser fatales. Pero, ¿en verdad podría ser? ¿qué era eso que tanto le costaba decir a la castaña?

-Harry… Potter…-

El moreno alzó su vista rápidamente al escuchar que lo llamaban.

-¿Es usted… Harry Potter?-

El chico miró extrañado a aquella persona. Su vestimenta era un tanto singular. Portaba un enorme sombrero negro puntiagudo y una bata larga del mismo color, y a juzgar por todo esto, se podría decir que no era una persona común y corriente.

-¿Quién es usted?- preguntó Harry bastante desconcertado

El extraño sujeto no contestó, simplemente se dispuso a repetir la misma pregunta que con anterioridad había formulado.

-¿Es usted Harry Potter?-

Harry asintió con la cabeza y mantuvo su mirada fija en aquel individuo.

-Ahora sí, ¿podría decirme quién es usted?-

-No puedo decir mucho de mí, salvo que soy simplemente un individuo hijo de una típica familia muggle y créame que realmente es un gran privilegio estar charlando con alguien tan grande como usted-

El sujeto miraba a Harry y a su cicatriz con gran admiración, cosa que hacía que el chico se sintiera incómodo y algo molesto.

Tras un inusual momento sin pronunciar palabra alguna por parte de los 2, Harry se puso de pie dispuesto a marcharse.

-Puede decirme- comenzó a decir el extraño -¿qué hace usted en un lugar como este?

-Disculpe, pero esos son asuntos que no le corresponden saber-

-Harry Potter debería tener cuidado, nunca se sabe por donde algo negativo podría suceder. Mire- El sujeto señaló a una bandada de cuervos situados en las ramas de un árbol. –Ellos lo sienten, ellos le advierten que algo terrible está por suceder en estos alrededores, ellos saben que él se ha levantado de lo más oscuro del bosque, ellos saben que él está listo para atacar a todos aquellos que han intervenido en su camino.

Harry mostraba una expresión intranquila y de nerviosismo a causa de las palabras del individuo.

-¿Cómo… sabe todo esto?-

-Simplemente lo siento… y estoy seguro de que usted también lo siente en su interior. Pero nada más puedo decirle, como dije en un principio, soy sólo un individuo hijo de una típica familia de muggles, mi palabra no vale mucho-

-Dudo mucho que usted sea una persona común y corriente. Su vestimenta y su uso de la palabra 'muggle' me hacen ver que es un mago. Todo esto que me ha dicho… le pido que me diga su nombre, por favor-

-Balthazar, ese es mi nombre-

El extraño se dio la vuelta para marcharse y justamente al hacerlo, dijo con una voz tan baja que pudiera confundirse con un susurro:

-Uno de sus amigos corre peligro-

-¿Qué?- preguntó Harry muy sorprendido – Repita lo que…

Se interrumpió a su mismo al ver que el sujeto, misteriosamente había desaparecido.

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-Joven Malfoy, es hora-

Malfoy se puso de pie decididamente al tiempo que tomaba una elegante capucha negra.

Mantenía su mirada perdida y una expresión que podría interpretarse como de fiereza y seguridad enorme. Pero lo que se veía no era lo que sentía, por dentro, se encontraba gritando y suplicando para cambiar lo imposible, para cambiar ese día, el día al que temía desde pequeño…

Había llegado, el día que todo Malfoy esperaba vivir, el día en el que tenía que enorgullecer a su familia, el día en el que tendría que probar que no era un maldito cobarde, el día en el que sería iniciado como un servidor de aquel asesino despiadado, el día que cambiaría su vida por completo.

Pero ahora, lo menos que quería era pensar en lo que pasaría, sólo quería pensar que era un sueño, un muy mal sueño y despertar así en otro lugar, siendo otra persona con otros pensamientos, con otra manera de ver las cosas, con otra alma, con otro corazón que no fuera tan duro y a la vez tan débil, siendo otro individuo que no tuviera que cargar con algo tan terrible y doloroso, siendo todo menos un Malfoy. Sí; lo aceptaba, deseaba realmente no pertenecer a la familia Malfoy pues ser parte de ella significaba estar atrapado para siempre, atrapado por el resto de su vida en una jaula de odio, mentiras y crueldad.

A paso firme salió de la lúgubre mansión para así dirigirse al interior del bosque que rodeaba a todo el lugar, en donde su destino lo esperaba con los brazos abiertos.

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-Bien, llegamos…- dijo Hermione con una sonrisa –Gracias por acompañarme, Ron.

El pelirrojo esbozó una sonrisa.

-No hay de que, Hermione. ¿A qué hora llegarán tus padres? Lo que pasa es que quiero hablarte sobre algo…-

-La verdad no estoy segura, normalmente suelen demorarse un poco pues tienen bastantes pacientes. Tal vez lleguen en una hora o menos- bufó -¿Quieres pasar mientras tanto para que charlemos?

-Eh… claro, si es que acaso no te molesta mi presencia-

-Claro que no- soltó una pequeña carcajada -¿Cómo puedes decir eso? Pasa, adelante.

Hermione entró a la casa seguido de Ron para después dirigirse a la sala de estar.

-¿Gustas algo de tomar?- preguntó la chica

-No, gracias- respondió el pelirrojo al tiempo que se situaba en un amplio sofá –Solamente quiero preguntarte algo.

Hermione tomó asiento frente a Ron mientras lo escuchaba con claridad.

-Adelante, pregunta lo que gustes-

-¿Qué sucedió ayer?-

La expresión de la chica cambió rápidamente, se podía ver en ella cierta incomodidad.

-No sé porqué tu y Harry siguen insistiendo con eso, no pasó absolutamente nada el día de ayer- dijo con torpeza

-¿Entonces por qué esa expresión en tu rostro cada vez que lo preguntamos?- soltó un suspiro –Se que algo te pasó y no quieres decirlo.

Hermione se puso de pie un tanto molesta y le dio la espalda al pelirrojo cruzada de brazos.

-Tú sabes que puedes contarnos lo que sea, somos tus amigos, ¿o no?-

-No hay nada que decir… es algo que simplemente ustedes jamás entenderían, algo imposible de decir-

-¿Por qué imposible?-

-Es muy complicado-

-¿Qué es muy complicado?- preguntó el pelirrojo alzando cada vez más la voz

-No lo puedo decir-

-¡¿Por qué no lo puedes decir!-

Hermione se dio la vuelta mirando a Ron de tal forma que hizo que este se incomodara.

-¡Tú no lo entiendes! ¡No podrán entenderlo… ni tú ni Harry!- suspiró en voz baja -¡Es algo que aún no logro entender claramente, Ron, es algo que… ni siquiera yo entiendo por qué pasó!-

-¿Tiene que ver con alguien que yo conozco?- preguntó Ron con seriedad -¿Tiene que ver con alguien que Harry y yo conocemos?

La chica desvió la mirada.

-Sí…-

-¿Quién?-

El corazón de Hermione comenzó a palpitar con bastante fuerza. No podría decirle a Ron que estaba enamorada de Malfoy, ¡estaría loca si lo hiciera! Malfoy era el ser que Ron más despreciaba, el ser que cruelmente había dicho los más terribles insultos a su familia, el ser que había herido a sus amigos, física, mental y verbalmente. Nunca le perdonaría si le dijera la verdadera razón de su extraño comportamiento en los pasados años, nunca le perdonaría saber que Draco Malfoy la había besado y que ella no había hecho nada al respecto, simplemente jamás la perdonaría. ¿Y qué decir de Harry? Era bien sabido que su relación con Malfoy era mucho más grave, pues lo que empezó por una pequeña antipatía terminó siendo un odio sin límites. Después de todo, la familia del rubio estaba involucrada con la persona que asesinó a los padres y al padrino de Harry. ¿Qué diría si lo dijera? ¿Qué haría? No quería averiguarlo ni mucho menos pensarlo.

-Ron, no puedo decírtelo-

-¿Acaso no confías en mí?-

La chica miraba fijamente al pelirrojo con algo de tristeza.

-Lo siento…-

-Bien, en ese caso, creo que no tengo nada más que hacer en este lugar- Ron se dispuso a marcharse –Sólo quiero que sepas que no hay cosa más… olvídalo… nos vemos.

-¡Espera, Ron! ¡Por favor no te va…!-

El pecoso salió de la casa antes de que Hermione terminara la frase.

-Por favor no te vayas… como quisiera que entendieras la razón de mi silencio…-

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El bosque era mucho más denso y misterioso que como se imaginaba a simple vista, una vez dentro de él parecía que jamás llegaría a su fin y que estarías atrapado para siempre.

Pero eso no representaba ningún problema para Draco Malfoy y sus acompañantes, pues ellos, más que ninguna otra persona, conocían desde el más viejo roble hasta el más joven y hermoso abeto.

En realidad, aquel sitio pudiera considerarse un lugar agradable, cálido y lleno de tranquilidad si no fuera por las personas de aire negativo que hacían su marcha en ese preciso instante. En el rostro de cada uno de los presentes se percibía un sentimiento distinto; ya fuera orgullo, temor, ignorancia, avaricia, ambición o dolor, todos ellos tenían algo en común: eran provocados por lo que estaba a punto de suceder cuando llegaran a su muy esperado destino.

El más joven de los presentes, Draco Malfoy, era la persona que en ese momento más determinación mostraba. Mantenía su mirada fija hacia delante, sin desviarla ni un corto segundo, miraba hacia su destino, hacia enfrente, no escuchaba nada salvo el sonido de sus propios pasos golpeando el suelo repleto de ramas secas caídas de los enormes árboles, nada más, solamente existía él en ese instante, no quería pensar en otra cosa, no quería pensar en nadie más, lo único que quería, era que acabara lo más pronto posible.

-¿Cuánto falta, señor Lucius?- preguntó uno de los presentes

-Solo unos cuantos metros más, pronto llegaremos- una sonrisa de crueldad apareció en su rostro. –Pronto llegaremos…

Continuaron en marcha a paso lento sin cruzar de nuevo palabra alguna. Siguieron así hasta encontrar en su camino un obstáculo: una enorme reja cubierta de enredaderas y espinas estaba ante ellos, impidiéndoles avanzar más. Ésta estaba descuidada y sucia, por lo que se podría deducir que hacía tiempo que nadie entraba en ese lugar, tenía también, en el centro de ella un emblema de una serpiente enroscada alrededor de un cráneo humano, curiosamente parecido a la marca de esa persona, la marca tenebrosa.

Todos los presentes se detuvieron completamente al ver la marca grabada en la antigua reja.

Malfoy la miró con detenimiento y un recuerdo vino a su cabeza.

----------------------------------------------- Años atrás ---------------------------------------------

-Narcisa Malfoy fue para nosotros una mujer ejemplar. Fue honrada, estricta y con una fuerza y tolerancia que muy pocas personas poseían. Recordemos a la señora Malfoy con orgullo y dignidad. Nunca la olvidemos. Que permanezca siempre en nuestras memorias-

Draco mantenía su mirada fija al cuerpo sin vida de su madre, el cual yacía en un lujoso ataúd negro. Aún sin vida, el rostro de Narcisa mantenía esa expresión de frialdad y rectitud que durante toda su vida había poseído.

Aún no podía lograrlo comprender enteramente. Su madre se encontraba sin vida, su madre simplemente dejó de respirar, su madre ya no estaba a su lado, su madre… estaba muerta… Y lo peor de todo, era que el causante de tal atrocidad se encontraba a su lado con una expresión que desde entonces nunca se borró de la mente del rubio, pero no era una expresión de tristeza o culpabilidad, no, era algo completamente diferente, en su rostro, se reflejaba orgullo, orgullo por lo que cometió, orgullo por haber asesinado a su esposa en señal de lealtad al señor tenebroso.

A pesar de todo, Draco amaba a su madre y sentía un profundo afecto por ella, a pesar de que nunca se lo demostró, él la quería. Pero demasiado tarde era ya para decírselo, demasiado tarde era ya… ella se había ido para siempre.

Dirigió a su padre la más profunda mirada de desprecio que pudo dar y harto de seguir soportando tal ambiente de hipocresía, le dio la espada frente a todos y se marchó al único lugar que en ese momento podría ayudarle: el bosque.

Algún día- pensaba Malfoy –Algún día cambiaré las cosas…

-------------------------------------------- Fin del recuerdo -----------------------------------------

Algún día… es fácil decir que haremos las cosas en un futuro. Es fácil hablar, pero cuando el momento se presenta, nos acobardamos y no damos el primer paso. Nunca lo hacemos porque tenemos miedo, tememos a lo desconocido.

Lucius Malfoy abrió la reja con una descuidada llave que tenía colgada en su cuello.

Era el momento de entrar. El esperado momento.

Se abrieron paso decididamente al interior. Todo parecía normal sin contar la fila de cráneos humanos a su paso ni las alarmantes cantidades de serpientes que se encontraban dentro de ellos y por todo el lugar.

A medida que avanzaban, estos animales aumentaban considerablemente, haciendo que el lugar luciera cada vez más tétrico y escalofriante. Era difícil de explicar, pero un extraño sentimiento invadía los corazones de cualquier persona que pasaba por ahí. Todo lucía tan deprimente, tan seco, tan tosco que era imposible creer que tal lugar pudiera existir.

Draco alzó su mirada hacia el final de aquel pasillo del bosque y alcanzó a divisar a alguien.

Esa persona estaba ahí, se encontraba esperándolo, se encontraba sonriéndole y en él se podían leer las palabras: 'Bienvenido a tu fin'.

El rubio comenzó a avanzar más rápidamente, dispuesto a llegar antes que todos los demás. Quería ser el primero en estar frente a frente con la persona causante del sufrimiento de miles de personas, persona causante del orgullo y comportamiento de los Malfoy, persona causante del enorme odio y miedo dentro de sí.

-Los estaba esperando- dijo una voz aguda y fría –Es hora…

Todos los presentes hicieron una rápida reverencia y permanecieron en silencio. Lucius fue el primero en romperlo.

-Mi señor- comenzó a decir mientras se arrodillaba ante él –Henos aquí, hemos caminado durante más de 2 horas solo para tener el placer, no, el privilegio de estar ante usted. Yo, Lucius Malfoy, uno de sus servidores fieles, he venido a ofrecerle un nuevo sirviente, que estará dispuesto a realizar con gusto cualquier tarea que usted le imponga.

Voldemort hizo una extraña seña con la mano y dijo con su aguda y cruel voz:

-Aproxímate, tú, el que desea convertirse en uno de los nuestros-

Draco dio un paso adelante, hizo una reverencia y se arrodilló bajando la cabeza.

No podía quitar los ojos de encima de aquel individuo. Lo odiaba. Y eso se reflejaba claramente en sus ojos grises. Deseaba acabar con ese sujeto, deseaba aniquilarlo cuanto antes. No podía soportar estar ante la persona causante de la muerte de su madre. Mas sin embargo, tenía que hacerlo y estaba completamente dispuesto a cumplir cualquier cosa que le ordenara.

Voldemort se puso de pie y se acercó al rubio sigilosamente cargando una enorme serpiente en brazos. Portaba una gran capucha negra que le cubría el rostro, las manos y el resto del cuerpo.

-Eres joven…- comenzó a decir –joven e inmaduro. Y más sin embargo, veo en tu rostro un odio tan profundo como el de una persona de avanzada edad. Estas aquí para obedecer mis órdenes y deseos. Sean cuales sean. Una vez te conviertas en un mortífago, me pertenecerás y podré, si así lo deseo, aplastarte como un insecto en un instante. Serás mi sombra y mi sangre, serás la basura por la que camine y el estiércol que me rodee. Si eres fiel a mí, obtendrás recompensa; por el contrario, si me traicionas, te pudrirás en el infierno. ¿Ahora entiendes? ¿Estás dispuesto a servirme?

-Sí, mi señor- respondió Malfoy decididamente

-Entonces que así sea… se sangre con la sangre-

De pronto, hizo algo espantoso. Tomó a la serpiente que traía en sus brazos y la decapitó con sus manos, vertiendo así su sangre en la cabeza de Draco.

Una vez realizado ese horrible procedimiento, se limitó a decir una y otra vez en un extraño dialecto:

-Aner requiev manel acut… ter soler knaltor… Aner requiev manel acut… ¡ter soler knaltor!-

Malfoy no apartó la mirada de él, aún cuando la sangre de la serpiente empezaba a escurrir por su pálido rostro. No sentía temor en absoluto, más bien sentía repugnancia y desprecio.

Voldemort se descubrió una mano con el fin de que Malfoy la besara en señal de lealtad. Y así lo hizo.

-Desde este momento… me perteneces… ¿juras lealtad al señor tenebroso?-

-Juro lealtad a usted, mi señor-

-En prueba de lo que dices, deberás hacer algo por mí-

-Lo que usted ordene, mi señor- dijo Malfoy -¿Cuál es su deseo?

Voldemort comenzó a rodear a Draco.

-Quiero que traigas un impuro y lo aniquiles ante mis ojos-

-Será un honor ejecutar esta tarea, mi señor. ¿Desea a alguien en particular?-

-Sí- Contestó Voldemort –Quiero a ella.

Dejó caer una fotografía al suelo. Malfoy apartó la mirada de Voldemort para observar la fotografía y al hacerlo, quedó paralizado.

Era Hermione Granger.

10 de Julio, 2005:

¡Hola a todos! Espero que les haya gustado este capítulo. Creo que me demoré bastante en publicarlo, pero créanme que fue algo complicado.

La historia está llegando ya a su punto crucial, la parte más emocionante y que más dura será de escribir, pero les digo que no pienso rendirme y les prometo que la seguiré escribiendo hasta llegar al final.

Agradezco a todas y cada una de las personas que me han dejado reviews aquí y en las comunidades donde he publicado la historia. Les digo que en verdad me ponen de buen humor nn…

Los invito a que visiten mi comunidad de Harry Potter: www.d-d-n-t.tk y también mi nueva comunidad de Draco y Hermione: http / groups . msn . com / Accidentallylove

Los quiero y gracias por todo.

Atte. Lúthien of Dorthonion (o como me conocen en las comunidades, Hermione)