23/enero/2008:
3 años… aún no puedo creer que haya pasado tanto tiempo…
Sí, hola a todos… soy la autora de este fanfiction, y sí, aún sigo con vida…
No se preocupen, no lo abandono… regreso después de tanto tiempo para hacerles saber lo que ha pasado con esta historia… espero aún sigan por ahí, y aún deseen leerlo.
Esta historia forma parte de mi, tanto de mi vida personal, como de muchas otras cosas.
Un saludo, y… hola de nuevo.
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Capítulo XIV
''¿Hola o adiós?''
Más que perplejo, Draco Malfoy estaba estupefacto. ¿Acaso Hermione Granger acababa de decirle que lo amaba¿Aquella sangre sucia estaba enamorada de él?
Un extraño cosquilleo lo invadió por un momento, no podía explicarse a sí mismo que era, pero lo atemorizaba. No lograba comprenderlo… ¿Cómo era que Hermione se había enamorado de él?...
No podía despegar su mirada de la chica aunque así lo deseara, las palabras dichas por ella lo habían dejado completamente inmóvil. ¿Por qué demonios no reaccionaba¿Por qué no conseguía moverse¿Qué significaba aquel cosquilleo en su interior¿Por qué estaba aterrorizado? Todas estas preguntas caían dentro de su cabeza como piedras en un derrumbe, lo golpeaban y lo torturaban sin piedad.
Hermione, por el contrario, intentaba no chocar con su mirada. Su corazón latía tan violentamente que podría jurar que se escuchaba en toda la habitación. No sabía qué hacer. No quería llorar, pero las lágrimas se resbalaban involuntariamente por sus rosadas mejillas. No podía respirar normalmente, sentía todo su cuerpo temblar, se aferraba enteramente a la silla de madera en la que estaba sentada, quería… salir de ahí cuanto antes… ¿cómo pudo haber sido tan idiota en confesar lo que sentía? Había dicho su más grande secreto a la persona menos indicada, había confesado la razón de su comportamiento, de sus lágrimas, de su soledad…
Dentro de sí, el rubio se agradecía que portara aquella enorme capa y que el vacío lugar tuviera una decadente iluminación. No sabía que expresión se asomaba en su rostro en ese instante. Y no quería que ella ni nadie lo supieran.
El lugar donde estaban estaba aislado por paredes grisáceas, cubierto en su totalidad por ramas y suelo repleto de mugre y tierra. No había ventanas y en cada pared había una sola vela despidiendo un pésimo alumbramiento. Solo a lo lejos se lograba distinguir una puerta de madera, la cual, por cierto, estaba herméticamente cerrada. Todo esto daba un aspecto maniaco y nada bonito al lugar.
Algo de pronto entró en la cabeza de Malfoy. Había vivido toda su vida a costa de las enseñanzas de sus antepasados. Las cosas debían de ser realizadas y su credo era alcanzar su objetivo sin importar los obstáculos que se atravesaran en el camino, o más bien, no existían los obstáculos. Lo único que importaba era conseguirlo a cualquier precio. Aún incluso si eso no te hacía la persona que quisieras ser. Aún si eso llegara a destruir todo aquello que amabas. Los sentimientos no existían y tu corazón no significaba nada. Sólo eras un individuo cumpliendo una función. Sólo eso. Nada más.
Apartó su mirada, tan lentamente como había permanecido fija. Con mucha más fuerza de voluntad que antes, apretó el puño de su mano derecha y habló, con la voz más fría y cruel que jamás hubiera utilizado:
-No significas absolutamente nada para mí, estúpida- la miró con asco y rió con descaro –Nunca había escuchado algo más repugnante.
Hermione soltó un gemido, sintiendo como su corazón se rompía en mil pedazos.
-¡Cierra tu hocico y escucha lo que te diré!- gritó
La habitación estaba sumida en silencio. Sólo la voz de Draco retumbaba como granizo golpeando con fuerza una pequeña ventana.
-He cumplido- continuó diciendo –Te entregaré al señor tenebroso y el idiota de Potter por fin morirá tal y como debió hacerlo hace mucho tiempo.
Y el silencio reinó de nuevo. Un extraño e incómodo silencio. Es gracioso pensar como el silencio puede resultar más terrorífico y estresante que cualquier otra palabra o sonido.
Miró a Hermione con detenimiento. La chica estaba ahora completamente ida, con sus ojos cansados, su cabellera despeinada y nariz sonrosada a causa de las lágrimas derramadas. Tenía la cabeza hacia abajo y lucía completamente exhausta. Estaba vulnerable, y por alguna razón, eso no le hacía sentirse bien. Sin embargo, en cuanto más la veía, más furioso se sentía. ¿El motivo? Ni siquiera lo sabía.
El enojo se puede manifestar de diversas maneras. Si nos observamos con atención, nos daremos cuenta de que los seres humanos somos demasiado complejos. Somos como una manzana. Creemos que si esta es roja y brillante, su sabor será dulce y jugoso. Pero no siempre es así. En ocasiones, la manzana amarillenta y descuidada es la que más sabrosa nos sabe. Lo mismo pasa con el sentimiento del enojo… llegamos a pensar que si estamos molestos, es a causa de otra persona, pero si lo vemos desde la perspectiva de la manzana, nos daremos cuenta de que en realidad estamos enojados con nosotros mismos.
Podría decirse que esta era la situación de Malfoy. Era una manzana brillante cuyo sabor era tan amargo como un limón viejo.
-Tú…- comenzó a decir Hermione entrecortadamente –Eres… ¡eres un miserable¿Por qué tienes que ser así? Si dices que me odias y que soy repugnante… ¿Por qué me dices 'Lo siento' y después me besas¿Por qué me miras así¿Por... por qué me haces esto? No lo soporto… no… no lo soporto más… ya estoy cansada…
Por primera vez, Hermione miró a Draco directamente, sin temor y con determinación. Esto sorprendió al chico profundamente, pues sabía que cualquier otra persona en la posición de Hermione ya se habría dado por vencida. Pero había algo en esa chica, algo que siempre había notado. No era de las que fallaban y dejaban las cosas como estaban. Era perseverante, mucho más valiente que cualquier otra.
Antes de que Malfoy alcanzara a replicar, la puerta seca se abrió, dejando entrar consigo a Lucius Malfoy y otros 3 sujetos. Todos con un aspecto tosco, no muy agradable. Por su apariencia, se daba a entender que era mortífagos. Lucius, como siempre, traía su largo cabello platinado suelto peinado de tal forma que le hacía lucir regio y elegante. 2 de los sujetos acompañándolo eran muy altos, regordetes y calvos. Ambos lucían no muy brillantes. Curiosamente, tenían cierto parecido con Vincent Crabbe y Gregory Goyle, dos de los ''amigos'' de Malfoy. El otro individuo era todo lo contrario a los otros 2. Era bajo y tan delgado que fácilmente podría pasar entre las rejas de una celda de cárcel, tenía una nariz larga y respingona y parecía ser muy astuto e inteligente.
Lucius susurró algo al sujeto flaco y acto seguido éste salió de la habitación con una sonrisa bastante extraña.
-Buen trabajo. La impura está aquí- dijo Lucius –Mantenla despierta, tiene que presenciar todo. Llévala al lugar en una hora.
Malfoy se limitó a asentir. Lucius miró a Hermione y dijo arrastrando la voz:
-Pronto verás con tus propios ojos lo que nuestro amo y señor es capaz de hacer. El mismo se asegurará de que tu muerte sea lenta y muy, muy dolorosa –
Hermione lo miró con odio. Esto provocó que Lucius soltara una cruel carcajada. Parecía estar disfrutando todo aquello, se podría decir lo mismo de los otros 2 sujetos, pues en su cara gorda se asomaba algo que más que sonrisa parecía una mueca de dolor. Ambos resoplaban como asnos al intentar reír. Una vez pasado esto, los 3 salieron inmediatamente del lugar.
Acto seguido, Malfoy se acercó a Hermione para comenzar a desatarla sin el menor cuidado, una vez hecho esto, la tomó por el brazo y la llevó a una esquina de la habitación para después tomar una cadena y amarrarla alrededor de sus brazos y pies.
-No pienses en escapar o te mataré yo mismo- le dijo con frialdad –Ni planees hacer alguna estupidez.
Sacó la varita de Hermione y sin pensarlo dos veces, la partió en pedazos.
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''20 ataques ocurrieron el día de ayer entre las 10 y 11 de la noche.
El ministerio aún no consigue dar con el culpable. Numerosos magos han expresado sus teorías al respecto, sin embargo, ninguna de ellas
ha conseguido confirmarse. Todo esto ha comenzado a ocasionar pánico
entre la comunidad mágica. ¿Quién será el culpable? (…)
En otras noticias, el famoso escritor Gilderoy Lockhart, quien
estuvo desaparecido durante cierto tiempo, ha publicado un nuevo libro, el cual (…) ''
-El Profeta, edición especial por Rita Skeeter
''Continúan los ataques, esta vez son mayores las víctimas y menores las pistas.
Sin embargo, después de cierta investigación, llegamos a la conclusión de que los culpables de lo sucedido son los Mangameds Africanos.
Estos seres tienen 100 ojos y 9 cabezas gigantes asesinas. Se creían extintos
hasta hace poco, pero en un viaje a África descubrí que (…) ''
-El Quisquilloso, edición exclusiva por Luna Lovegood
''Los ataques continúan (…) No hay sospechosos aún (…) ''
-El Clarín Mágico, nueva edición por Thomas Kint
-Está en todas partes- pensó Harry –Y cada vez es peor… me pregunto qué dirán los demás miembros…
FLASHBACK
-Lupin- dijo Harry -¿La orden está consciente de lo que está por suceder?
-La orden entera no se ha reunido desde hace dos años… no puedo responder por los miembros faltantes- replicó Lupin
Un semblante de preocupación mezclada con melancolía se asomaba en el rostro de Remus. Hasta ese momento Harry notó que no era el mismo de antes. Lucía muy cansado. Las ojeras estaban sumamente marcadas, su rostro estaba pálido, demacrado. Su cabello le llegaba a los hombros y le hacía verse desaliñado. Habían pasado tan sólo dos años desde la última vez que lo vio y sin embargo pareciera que hubiesen pasado 5 ó inclusive 10 años desde entonces. Pero había algo en lo que no había cambiado en absoluto. Sus ojos y su voz seguían siendo los mismos. Mantenía esos factores que transmita esos factores que transmitían una sensación de tranquilidad y seguridad.
-Dado la gravedad de lo ocurrido recientemente, no me queda más opción que averiguar dónde se encuentra el resto de la orden. Severus, McGonagall y yo somos los únicos que seguimos en contacto. En cuanto a Tonks y los demás, no tengo idea –continuó Lupin –Tenemos que actuar rápido. Yo me encargaré de localizarlos, mientras tanto tú preocúpate por el bienestar de Hermione y sobre todo por el tuyo… creo que tú sobre todos los demás estás consciente de lo que el señor tenebroso y los mortífagos son capaces de hacer, así que quiero pedirte algo, Harry… ten mucho cuidado y por favor, por nada del mundo dejes de sonreír¿me escuchas? Sonríe y mantén tu ánimo en alto, que si permanecemos motivados y seguros, todo estará bien¿de acuerdo?
Harry asintió con firmeza, procurando sonreír ante esto.
-Nos veremos aquí dentro de dos días. Yo te informaré sobre la orden y tu sobre algún acontecimiento relacionado- añadió Remus
FIN.FLASHBACK
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Un ruido seco se escuchó en el ático. Era Draco Malfoy, derrumbado en el suelo, con las manos en el rostro.
''Te amo''… ¿esas palabras habían sido en realidad dichas hacia él? Tan sólo habían pasado unos 30 minutos después de ese momento con Hermione y aún así Malfoy creía estar teniendo un sueño, nada parecía real… ahora que lo pensaba, toda su vida siempre fue irreal.
El ático parecía cada vez más sucio. El suelo de madera vieja crujía con cualquier movimiento que hiciera y el polvo parecía ser la pintura del mismo. Insectos como escarabajos y cucarachas habían hecho del ático su mundo y de las cajas de cartón en todo el cuarto, su hogar. Por su pésimo aspecto, podría jurarse que ese ático no pertenecía a la casa Malfoy.
Draco, aún con las manos en su rostro, no pudo evitar notar que éstas temblaban.
-¿Qué demonios pasa conmigo?- pensó para sí –Son sólo palabras, ni significan nada, absolutamente nada…
''Te amo''… nuevamente las palabras aparecieron.
-¡Basta!- pensó, cubriéndose la cabeza con los brazos -¡Desaparezcan!
''Te amo''… por tercera vez recordó dentro de sí.
Se estremeció, sintiendo un cosquilleo en su estómago y un ligero calor en sus mejillas. ¿Qué era lo que le hacía sentirse de ese modo? No podía, por más que lo intentara, hacer que sus manos dejaran de estar temblorosas. Estaba solo en aquel sucio y descuidado cuarto y sin embargo ahí se encontraba, en una esquina, cubriéndose con su capa de cuero como un ratón asustado temiendo ser descubierto por su presa.
Estaba consciente de lo que tenía que hacer y sabía que tarde o temprano lo tenía que llevar a cabo. Una vez completara su deber con el señor tenebroso, su padre lo miraría como se mira a un animal nauseabundo y tan sólo diría ''bien hecho'', o considerando a Lucius, un ''bien hecho'' sería demasiado. Después de ello se convertiría en un mortífago y nada le produciría más placer y satisfacción que ver como aquellos magos inocentes le suplicaban por sus vidas mientras él los mataba sin temor ni remordimientos.
Viviría una vida rodeada de lujos. Todos le respetarían y temerían. Las mujeres estarían siempre a sus pies, harían lo que él les pidiera, aunque todo esto para no terminar muertas. Tendría bastantes amigos, si es que se les puede llamar así a aquellos que sólo están contigo por conveniencia propia.
Sólo sería leal a Voldemort, y estaría dispuesto a besarle los pies si fuera necesario. Esa lealtad hacia ese asesino, sería toda su vida, su razón de ser.
Posiblemente en un futuro se casaría con alguien, no por amor, sino por dinero y prestigio. Tendría hijos y les daría todo cuanto desearan. El dinero nunca faltaría. Sus hijos seguirían la tradición familiar, él se encargaría de ello. Odiarían a todos aquellos que no fueran como ellos
Su vida sería larga, y una vez muerto, pocos lo recordarían como alguien más que un vil y despiadado asesino.
Malfoy se puso de pie. Ya lo había decidido. Esa sería su vida, y estaría orgulloso de ella, orgulloso de su familia, orgulloso de sí mismo.
Caminó decidido hacia afuera, pero un instante después, se quedó inmóvil.
En el suelo del ático, estaban las cenizas de los objetos que había quemado con anterioridad… y ahí estaba, aún sin deshacerse completamente, la fotografía de Matías y él.
Se agachó para recogerla, y una vez en sus manos, se dio cuenta.
En esa vieja foto descolorida, podían observarse a dos pequeños niños. A simple vista tal vez ello no tenía nada de inusual, pero si se miraba con cuidado quedaba claro: esos niños, en el momento de tomar la fotografía, se veían felices, llenos de alegría. No importaba si eran de diferentes clases sociales o si no compartían las mismas creencias. Lo único que importaba era que se agradaban y tenían algo que no muchos tienen la fortuna de conocer. Se tenían el uno al otro como amigos.
Si cambiaba lo que tenía que ser… ¿podría vivir de nuevo?
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Hermione yacía en el suelo, sintiendo como las cadenas le estrujaban sus brazos y pies. El dolor se había hecho insoportable, era como si las cadenas se encogieran cada vez que intentaba moverse. Pero ya no le importaba, inclusive cuando éstas comenzaron a hacerle brotar sangre, ella no pareció inmutarse. Su rostro estaba inexpresivo y las lágrimas que con tanta fuerza habían brotado, estaban ahora tan secas como una piedra expuesta en pleno desierto.
Si moría, le daba igual. De cualquier forma, su interior, su alma, parecía haber muerto ya. Desde aquel momento en que tropezó con él, desde que Malfoy se cruzó nuevamente en su vida, se había sentido miserable, aunque de cierta forma también había experimentado alegría… dolor y alegría al mismo tiempo… al parecer eso la convertía en una masoquista. Había recordado la razón por la cual se quiso aislar del mundo mágico en primer lugar.
Si cuando pequeña alguien le hubiera comentado que cuando creciera se enamoraría de un joven cruel y despiadado, probablemente se hubiera reído de esa persona, pero ahora, Hermione Jane Granger, la bruja más lista de Hogwarts, se había dado cuenta de que de lista no tenía nada y si alguien le volviera a decir lo mismo en este momento, lo único que ella podría hacer era bajar la cabeza y mantenerse callada.
Pensó entonces en Harry y Ron. Sus amigos de siempre, en las buenas y en las malas. ¡Qué emocionante era estar con ellos! Cada día en su compañía era una nueva aventura. La cálida mirada de Harry, que siempre lograba tranquilizarle, la sobreprotección de Ron, con quien a menudo peleaba, pero que siempre había sido bien apreciada. Los gemelos Fred y George, quienes siempre llenaban el ambiente con su particular humor y sus ideas descabelladas. Ginny, Luna, Neville… Sus amigos… tal vez ahora no volvería a estar con ellos.
Y sus padres, que la apoyaron ante todo, inclusive después de saber que su hija era una bruja. ¿Qué pasaría con ellos¿Qué harían si supieran lo que estaba a punto de ocurrirle a su única hija?
Detuvo sus pensamientos, no sólo porque éstos resultaban insoportables, sino también porque un ruido procedente de la puerta la alarmó. ¿Habían regresado ya para llevarla hacia el Señor Tenebroso?
No quiso siquiera alzar su vista, ni se resistió al sentir que la levantaban del suelo. Ya se había dado por vencida.
Estaba completamente ida, todo se veía borroso. La persona que la había levantado le decía algo, pero ella en realidad sólo escuchaba murmullos, sonidos vagos y distantes.
-¡Granger!- dijo la persona a la chica -¡Granger!
La castaña continuaba inexpresiva, como si estuviera muerta.
-¡HERMIONE!- gritó con impaciencia, mientras la sostenía y sacudía por los hombros
Hermione por fin reaccionó, pero su expresión no cambió, ni siquiera se inmutó al ver que la persona que la llamaba y la sacudía era Malfoy.
El chico la observó por unos instantes. Posteriormente quitó sus cadenas con notable rapidez, pronunciando un sencillo hechizo con su varita. Nuevamente la chica no reaccionó, estaba ida y estática, posiblemente por las heridas causadas, supuso Malfoy. Una vez removidas las cadenas, Hermione se desmayó. Sin turbarse, Malfoy la sostuvo y acto seguido, la tomó en brazos, dirigiéndose así, al centro de la habitación.
Miró en todas direcciones con nerviosismo, luego exhaló, sacó nuevamente su varita y apuntó en la esquina en donde Hermione había estado atada en un principio.
-Oh, tú, el señor de la vida y la muerte- comenzó a decir el rubio mientras cerraba sus ojos –haz que la persona que tengo en brazos aparezca en esta habitación por medio de tu poder. Que un objeto tome su forma y engañe incluso al más astuto de los humanos. Oh, tu el señor de la vida y la muerte, que un objeto tome la forma de quien sostengo en brazos y confunda incluso al más astuto de los humanos… ¡RICTOMORTIS! –gritó
Justo al terminar de hablar, una persona apareció en la habitación, una persona idéntica a Hermione Granger. Tenía la misma postura que la chica hace algunos momentos e inclusive, la misma expresión facial. Cualquiera que la viera, no creería que era en realidad un encantamiento.
Una vez hubo Malfoy comprobado que su hechizo había funcionado, cargó a Hermione, quien continuaba desmayada y salió apresurado del cuarto.
En realidad no estaba completamente consciente de lo que estaba haciendo, era como si una fuerza invisible le obligara a moverse. Estaba desobedeciendo las órdenes de su padre, traicionando a su familia, desafiando a Voldemort. ¡Oh Dios¡Cualquiera sabría que aquello le costaría la vida!
Pero en ese instante, mientras corría en la oscuridad, contempló a la chica que cargaba en brazos, una chica que él consideraba hermosa y distinta. Y fue entonces que lo supo: no le importaban las consecuencias porque por nada del mundo iba a permitir que pusieran un dedo encima de Hermione Granger. Nadie la lastimaría puesto que él estaría con ella para protegerla. La única persona que podría insultar o tratar mal a la ''sangre sucia-sabelotodo'' era él y nadie más. Sólo él. Sólo Draco Malfoy era digno de ello.
Desde aquel día en cuarto año en Hogwarts, cuando pudo notar la belleza de Hermione sin poder apartar sus ojos de ella, se dijo a si mismo muy secretamente: ''Granger es mía''.
