Buen día, gente ¿Cómo están? Justo el día de mi cumpleaños lo vengo a festejar con este OS, y es que en esta ocasión me apetecía dejar algo por aquí. Espero que les guste, y ahora empecemos.
Guardaespaldas universitario
─ ¿Me ha mandado a llamar, señor presidente? ─ Leon se presenta rápidamente en la sala oval de la Casa Blanca, donde el presidente de los Estados Unidos estaba echando una pequeña mirada al exterior.
─ Agente Kennedy, me da mucho gusto que se apersonara en el acto. Efectivamente, hay una misión bastante importante que considero que usted es el más apto para que la cumpla ─ el presidente mira a Leon y le da una sonrisa amigable ─. Verá, mi hija empieza a partir de mañana un nuevo semestre en la universidad, y el anterior guardaespaldas que tenía para cuidarla ha decidido retirarse por cuestiones de salud personal, o al menos eso fue o que argumentó en su carta de renuncia…
─ ¿Me está pidiendo que sea el nuevo guardaespaldas de su hija? ─ Leon alza una ceja, a lo que el presidente amplía ligeramente su sonrisa.
─ Efectivamente, agente Kennedy. Su trabajo será muy bien remunerado, e incluso contará con la facilidad del uso de la fuerza si la situación apremia, sin que deba cargar con consecuencias de corte legal ¿Qué me dice usted?
─ Supongo que no pasa nada aceptando este pequeño trabajo ─ la respuesta de Leon alegra mucho al presidente.
─ ¡Fantástico! Agente Kennedy, le aseguro que se llevará muy bien con Ashley. No le va a dar ningún tipo de molestia.
Leon asiente y espera a que el presidente buscase las especificaciones sobre dónde encontrar a Ashley y a qué hora debería estar presente.
No parecía la gran cosa ¿Qué sería lo peor que pudiese ocurrir en una universidad de gente altamente adinerada?
Al día siguiente
Universidad Valdelobos, un nombre bastante curioso para una casa de estudio superior en el país de las hamburguesas, los hot dogs y de llamar fútbol a un deporte que se juega mucho más con las manos. La universidad en cuestión era gigantesca. Casi era una ciudad en sí misma, incluyendo su propia zona comercial para que los estudiantes residentes no tuviesen que ir demasiado lejos para hacerse con lo que necesitaran. Habían estadios, un amplio parque, un par de bibliotecas, varios bloques que conformaban la zona residencial, varias escuelas de especialidades para cada carrera que estuviesen cursando los estudiantes… A Leon casi se le hacía tentador quedarse a vivir en ese lugar.
─ ¿Es usted mi nuevo guardaespaldas? ─ y justo aparece la hija del presidente, Ashley Graham. Lucía más hermosa incluso que en la foto, aunque Leon se recordaba a sí mismo que tenía a Ada esperando en casa, por lo que no se dejaría doblegar por ningún tipo de tentación ─ Es un gusto conocerte.
─ El placer es mío. Me llamo Leon Scott Kennedy, y a partir de hoy me haré cargo de tu cuidado ─ responde el rubio con un tono serio que a Ashley pareció hacerle gracia.
─ Espero que podamos llevarnos bien, Leon. Vamos, que las clases de la primera hora están por empezar.
─ Voy detrás de ti ─ Leon tiende su mano para indicar que la chica se adelante, y ella acepta con una sonrisa.
Aula de clases
El sitio contaba con mucha más gente de la que Leon pensó un principio. No es que sintiese que estaba dentro de una lata de sardinas, pero antes pensaba que el lugar estaría medio vacío. Y no, la realidad es que la gran mayoría de los asientos disponibles estaban ocupados, siendo que Leon necesitó buscar por unos cuantos segundos antes de dar con un buen lugar para que Ashley y él pudiesen sentarse cerca entre ellos, a fin de vigilarla correctamente.
El profesor llega, y a Leon le cuesta evitar alzar una ceja ante el sujeto tan alto que acababa de entrar. Le costaba pensar que fuese un profesor.
─ Buenos días a todos. Para quienes no me conozcan soy el profesor Bitores Méndez, y me haré cargo de las clases de sociología ─ el hombretón mira a los alumnos, como esperando alguna queja o duda ─. Muy bien, les aviso que haré exámenes con cierta regularidad, así que deben estar atentos, además que les recomiendo complementar la información en la biblioteca. Lo que vamos a tratar este semestre será bastante amplio, y no quiero que nadie se duerma en los laureles. Ya bastantes se han quedado en el camino el semestre pasado, y ahora mismo tengo pensado ser todavía más duro…
─ Un profesor con el que aprendes porque aprendes. Estará interesante ─ Leon siente que alguien le toca el hombro, a lo que voltea para encontrarse a un hombre algo raro ─ ¿Se le ofrece algo, caballero?
─ ¿No tienes un cigarro? No pude comprarme ninguno antes de venir ─ le dice el hombre con una sonrisa cínica.
─ Lo siento pero no tengo. No fumo ─ responde secamente Leon antes de querer desviar su atención al profesor Méndez, pero el sujeto de atrás vuelve a llamar su atención ─ ¿Qué quieres?
─ Sólo quiero decirte que tu novia es una preciosidad. No es de todos los días encontrar a una señorita que esté tan buena en esta universidad ─ el sujeto mira lascivo a Ashley ─. Pareciese que se va a la guerra, pues va armada con unos buenos misiles.
─ Qué grosero ─ Ashley voltea también para encarar al sujeto ─. Para empezar, Leon no es mi novio, sino mi guardaespaldas, y en segundo lugar deberías estar aquí para tomar apuntes de la clase, no para desnudar con la mirada a las chicas que tengas cerca, que para eso invitas a tu novia a tu habitación, suponiendo que tengas alguna.
─ ¿Guardaespaldas en clase? Wow, debes ser hija de algún pez gordo ─ el sujeto empieza a reírse de emoción, cosa que empezaba a molestar a Leon ─. Oh, se me olvidaba presentarme ¿Dónde están mis modales? Me llamo Luis Serra, y no tengo novia, por si acaso está interesada, señorita.
─ Me llamo Ashley Graham y no estoy interesada, aunque se agradece la oferta.
─ ¿Ashley Graham? ¿La hija del presidente? Esa sí que es una noticia. En cuanto sepa que vayan a hacer un fiestón haré hasta lo imposible por ser el primero en invitarte…
─ ¿Podríamos dejar el tema por un momento? ─ Leon ya se estaba fastidiando ─ Estoy aquí para supervisar a Ashley mientras estudia, no para escuchar tertulias…
─ ¿Algo que nos tenga que relatar, señor Kennedy? ─ dice el profesor Méndez, sorprendiendo a Leon por ver que se había acercado sin que se diera cuenta ─ Estoy al tanto de las razones por la que usted está aquí, pero eso no significa que toleraré que haga lo que le plazca a mitad de mis lecciones. El hecho de que usted no sea estudiante no es excusa para molestar en mis clases, ¿ha quedado claro?
─ S-sí, señor ─ Leon ve a Bitores alejarse, y luego ve que Luis tenía la mirada fija en sus apuntes, y Ashley estaba igual ─. Hmp. Vaya molestia.
Luis levanta por un momento la mirada y da una sonrisa chulesca que a Leon no le agrada mucho, pero el agente igual se ahorra los comentarios. No podía permitirse un segundo llamado de atención.
Después del primer periodo
Leon y Ashley aprovechaban el breve tiempo de descanso para así dar un paseo por los pasillos del edificio, a fin de que Leon se pudiera familiarizar con la infraestructura en caso de alguna necesidad.
─ Y de este lado está el auditorio ─ Ashley señala un portón doble que estaba al final del pasillo ─. Es un sitio bastante agradable, con un aforo de casi treinta mil personas.
─ Tiene que ser un espectáculo cuando todas las butacas están llenas ─ Leon asiente impresionado ─. Lo que me hace falta es saber dónde está el baño, que debo ir un momento.
─ Detrás de ti, imbécil ─ Leon voltea y ve al conserje saliendo efectivamente del baño para caballeros.
─ Gracias por la indicación, pero creo que el insulto estaba de más.
El conserje gruñe en voz baja mientras se va sin decir nada más, y Leon le indica a Ashley que se quede donde estaba mientras él iba al baño. Ashley se encoge de hombros y acepta esperar. Apenas pasa un minuto y Leon ya estaba de vuelta, pero ve que se estaba acercando alguien bastante sospechoso que llevaba una gabardina con capucha y tenía el rostro cubierto por una pañoleta morada con detalles blancos, y a eso se sumaba una enorme mochila algo vieja, y las manos del sujeto parecían estar vendadas, o llevar guantes sin dedos, no se distinguía del todo bien. Si se trataba de alguien buscando hacer cosas ilegales, Leon estaba listo para tomar medidas.
─ Welcome ─ el sujeto, una vez se acerca lo suficiente, abre su gabardina y muestra varias golosinas, dejando desconcertado a Leon.
─ ¿Qué es esto? ¿A qué vienes?
─ Es que yo vivo de este negocio, stranger. Soy el dueño de la dulcería del edificio de al lado, y vine aquí para hacer mi promoción ante los estudiantes nuevos, jejeje.
─ Pues yo no soy un estudiante, y cuidado con intentar algo con Ashley, que estoy autorizado para abrir fuego ─ dice Leon con firmeza.
─ No importa. Igual eres bienvenido si quieres algo de mi selección, stranger, jejeje.
El sujeto se retira, y mientras tanto Ashley le da un golpecito en el brazo a Leon.
─ ¿Qué ocurre ahora?
─ No seas tan brusco con el buhonero.
─ ¿Buhonero? ¿Así lo llaman aquí?
─ Así es, Leon. Es la persona más querida de toda la universidad. Se dice que ha estado vendiendo y prestando servicios desde que la propia universidad existe.
─ ¿Desde que existe? ─ Leon abre los ojos de par en par, sintiendo que se había perdido de algo ─ Pero tengo entendido que la universidad Valdelobos lleva como ciento cincuenta años de existencia ¿Cómo puede alguien trabajar aquí tantos años?
─ Son rumores, Leon. Pero la cosa es que el buhonero es una celebridad en esta universidad ─ le dice Ashley con un gesto retador ─. Si los demás se enteran que estás de malas con él, puedes estar seguro de que te podrías agenciar a todos los estudiantes de la universidad como enemigos.
─ ¿Tanto así lo quieren? Eso no me lo esperaba ─Leon se rasca la barbilla por un momento ─. Si es tan importante supongo que vale la pena establecer contacto con él. Podría ser de ayuda en algún momento.
─ Así suelen pensar todos, y te aseguro que el buhonero no defrauda. Ven, para que puedas conocerlo mejor ─ Ashley finalmente guía a Leon hasta la tienda del buhonero para presentarlo adecuadamente.
Diez minutos después
Tal y como Ashley había afirmado, el buhonero se encontraba en su puesto, vendiendo varias cosas a los estudiantes que habían decidido pasarse ahí para comprar cualquier antojo. Leon podía comprobar que el buhonero tenía de todo: Chocolates, piruletas, chicles, pasteles, caramelos masticables, galletas, sándwiches, refrescos, jugos, café, guantes, servilletas, lentes de sol, llaveros, tarjetas de enamorados, cuadernos, binoculares, calcetines, fundas para teléfono, portarretratos, macetas pequeñas, maletines y hasta videojuegos, destacando el remake de Resident Evil 4. Leon estaba sorprendido ante tantas cosas juntas en una misma tienda.
─ ¿No había dicho este hombre que la tienda es una dulcería? ─ Leon mira a Ashley.
─ Al buhonero le gustan vender, y tener un amplio repertorio de cosas es su garantía de que siempre vendrá alguien a comprarle ─ le responde la chica encogiéndose de hombros.
─ Welcome, stranger ─ dice el buhonero, dando a entender de que había visto a Leon.
─ ¡Un forastero! ─ señala otro sujeto que justo acababa de comprar un peluche de una criatura parecida a una salamandra fea.
Varios de los estudiantes voltean hacia Leon y empiezan a acercarse de una manera escalofriante, como si fuesen zombis. El rubio no entendía lo que estaba pasando, cuando en medio de los alumnos se abre paso un hombre viejo y con un aspecto bastante horripilante con un enorme báculo en su mano derecha. Leon llegó a sentir que se le erizaba el espinazo de solo ver a semejante fealdad.
─ ¡Director Saddler! ─ Ashley se muestra intimidada.
─ Señorita Graham, espero que su nueva compañía no la lleve a olvidarse de sus asignaturas, especialmente de la que imparte el profesor Salazar, que el semestre pasado tengo entendido que lo tuvo especialmente difícil para aprobar ─ el director mira con ojos terroríficos y casi vacíos a la rubia, y luego pasa a mirar a Leon ─. Y quiero que sepa, señor Kennedy, que el hecho de que esté aquí como escolta de la señorita Graham no lo exonera de las responsabilidades que exige el estar dentro de las instalaciones de esta casa de estudios.
─ Tendré eso en cuenta ─ Leon asiente firmemente.
─ Eso espero. Si vuelvo a tener una queja como la del profesor Méndez, puede usted estar seguro de que vas a conocer el cuerpo sagrado ─ Saddler esboza una macabra sonrisa ─. Estaré pendiente de cualquier reporte que me llegue. Aquí se viene a estudiar y forjar ciudadanos que tomarán las riendas de la sociedad en el futuro, y quien ose perder su tiempo aquí y hacer perder el tiempo a los demás sufrirá las consecuencias.
Justo cuando Saddler termina de hablar empieza a sonar una campana. Leon revisa en su reloj, comprobando que efectivamente iban a empezar la segunda hora de clases para Ashley, y seguramente para los demás alumnos.
─ Oh, la campana ─ dice uno de los estudiantes que más cerca se encontraban.
─ Es hora de estudiar ─ dice otro alumno con tono devoto.
─ Tenemos que irnos ─ otro estudiantes empieza a alejarse también.
─ Sorprendente ─ Leon ve a los demás alumnos irse con tranquilidad y orden, cosa que lo desconcertaba ─. Ni en el bingo veía a tanta gente junta irse de esta manera.
─ Es que aquí se educa con calidad, señor Kennedy ─ Saddler mira contento cómo el lugar había quedado rápidamente vacío con excepción de Leon, Ashley, el buhonero y él mismo ─. Le recomiendo irse rápido a clases, señorita Graham. Sabe muy bien que el profesor Salazar no es especialmente paciente, y no querrá verlo molesto.
Leon y Ashley se van a paso rápido sin decir nada más, y Saddler, complacido por ver que su mensaje había sido bastante claro, continúa recorriendo el lugar, ignorando por un momento al buhonero que estaba arreglando un par de estantes de su dulcería.
Algunas horas después
─ Vaya primer día de clases ¿De verdad hace falta ir tan lejos de un lado a otro cada vez que cambias de asignatura? ─ dice Leon en cuanto termina de llevar a Ashley a su habitación.
─ No es obligatorio ir todos los días a todas las asignaturas, Leon ─ le responde Ashley tranquilamente ─. Pero como mínimo sí es importante que esté cuando toca presentar exámenes o hay que entregar los informes que los profesores exigen, y ni qué decir de las exposiciones al final de cada semestre. Cuando llegues a ese punto notarás que las clases estarán en su mayoría casi vacías, pues todo el mundo estará bastante ocupado con el desarrollo de sus respectivos proyectos.
─ Yo me forme en una academia policial, así que no estoy muy familiarizado que digamos con esa dinámica ─ Leon ve que ya habían llegado a los apartamentos ─ ¿Cuál es tu puerta, Ashley?
─ Es esta misma. Gracias por acompañarme el día de hoy, Leon ─ Ashley se hace a un lado, extrañando al Kennedy.
─ ¿Ocurre algo, Ashley?
─ Oh, es solo que me gustaría que me acompañes unos minutos más, al menos por hoy.
─ Lo siento mucho, pero es que mi esposa está esperando en casa…
─ Insisto, Leon. Trataré de no quitarte demasiado tiempo ─ Ashley hace entrar a Leon, y acto seguido pone el pestillo, de modo que nadie podía entrar al apartamento, y eso hace sonreír macabramente a Ashley ─. Por fin. Alguien con quien podré tener unas cuantas horas extra.
─ ¿A qué te refieres? ─ Leon estaba anonadado.
─ ¿Por qué crees que mi padre manda escoltas tan seguido a una universidad tan segura y reputada como esta? Él no teme que me secuestren o que atenten contra mi vida de ninguna manera, lo que le fastidia es que sabe que no estoy dispuesta a llegar virgen hasta el final de mis estudios.
─ ¿De qué estás hablando, Ashley? Tú estás aquí para estudiar y para formarte como una ciudadana de bien.
─ ¡Ciudadana de bien mis ovarios! Estoy harta de que cuiden de mí de esta manera, como si no tuviera derecho a disfrutar del sexo a gusto. Por eso es que les hice imposible la vida a mis anteriores guardaespaldas hasta que conseguir que renunciaran. Pero contigo es diferente, Leon ─ Ashley se relame lujuriosamente los labios, asustando al Kennedy ─. Vamos a tener nuestras horas extra, y nadie nos va a detener.
─ Pues acaba de llegar nadie, niña ─ aparece una mujer de cabello negro corto y rasgos asiáticos en la ventana ─. Ya me extrañaba que no respondieras a mis mensajes, Leon, y eso que te he llamado como cuarenta veces.
─ ¡Ada! ─ Leon pensaba que la llegada de su esposa debía ser un alivio, pero al contrario, sentía que algo andaba mal ─ Qué milagro que estés aquí, y lo siento si no respondí tus llamadas, pero sabes que no puedo usar el teléfono en el trabajo.
─ Claro, ahora a cualquier cosa la llamas "trabajo" ─ Ada lo mira de forma despectiva ─. Si no venía a verte seguro que hubieses acabado en la cama con esta niña. Pareciera que no aprendiste nada cuando te di una nueva oportunidad después de que te descubrí en el baño con Redfield ─ apenas dijo Ada ese apellido, Leon empezó a sudar frío.
─ ¿Redfield? ¿Leon estuvo con Claire Redfield? ─ dice Ashley con interés.
─ ¡S-sí! ¡Claro que sí, Ashley! ─ se apresura a responder Leon ─ Desde luego que fue con Claire. Qué tontería pensar que pueda ser alguien más, ¿verdad?
─ Eso para mí no es importante ahora ─ Ada toma por el cuello a Leon para sacarlo por la ventana ─. Me acompañarás a casa ahora mismo. No te dejaré aquí al lado de esta calenturienta.
─ Eso fue muy grosero ─ Ashley frunce el ceño con enojo.
─ Como sea, la cosa es que me tengo que ir. Yo ya cumplí con mi trabajo de hoy ─ Leon estaba por irse por la ventana junto con Ada, cuando escucha que alguien toca la puerta ─ ¿Quién demonios será?
─ Yo abro ─ Ashley destraba la puerta para así abrirla, encontrándose con Luis.
─ Hola, señorita ¿Te apetece ir al baile que están organizando en el club de cultura? Los cocteles corren por mi cuenta ─ Luis venía vestido de gala, pero eso no impide que Ashley cerrara lentamente la puerta en su cara.
─ Como que aguantarme una semana o dos para tener horas extra no suena tan mal ─ dice Ashley para sí misma y con mal humor.
Leon y Ada intercambian miradas y se van de ahí, no diciendo nada más. Leon sólo podía tener en la cabeza en ese momento que había terminado aceptando un trabajo que bien podría afectar su salud mental. No era de extrañar que su antecesor renunciara, aunque fuesen bajo circunstancias que Leon no haya experimentado… todavía.
Fin
Muy bien, pues hasta aquí lo dejo. Espero que les haya gustado este fic. En este año tan complicado en lo laboral, pues cuesta mucho escribir al ritmo que me gustaría, pero eso no quita el hecho de que quiera intentarlo. Espero que se porten todos muy bien y nos volveremos a ver.
Hasta otra
