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[La Decisión de Kagome]

Un año, ese tiempo estuvo corriendo detrás de él, pasando de un mundo a otro sin perder la esperanza de que llegaría el día donde caiga en sus manos, junto con todos sus pecados, y después de tanto sufrimiento ocasionado por él.

Kagome se había preparado para ese momento desde que llegó a esa época en su quinceavo cumpleaños, con la Perla de Shikon en su interior como un cruel acto del destino, desde que descubrió la identidad del Youkai Naraku, un despiadado villano que no le importó destruir la vida de todos sus amigos para cumplir con sus egoístas objetivos, llevándolo al extremo de convertirse en la enorme araña que flota sobre ellos. Ambas existencias que traer consigo la sangre de inocentes deben de ser destruidas y Kagome solo necesita el poder de una flecha sobre su arco para cumplir con esa misión.

Ella era la única, la elegida por Kikyo para seguir con su misión y quien puede salvar la vida de miles incluyendo la suya.

Podía sentir la calidez de su poder recorrer su flecha que se iluminaba en rosado. Sobre su cadera las manos de su amado Inuyasha le daban la suficiente confianza que se necesitaba para dirigir la flecha a un punto en específico.

La esfera de energía maligna que Naraku había enviado como última esperanza para ganar podía fácilmente ser esquivada por ella gracias a una técnica que aprendió con ayuda de la sacerdotisa Hitomiko, centrando su poder en solo atacar la Perla junto con Naraku y así hizo.

En su cabeza pasaban recuerdos de todo lo vivido hasta el momento, como conoció a sus amigos o a Inuyasha, todas las veces que fueron heridos por Naraku en la carrera por ver quien recolectaba más rápido los fragmentos que ella esparció. Las muertes que ocasionó, familiares, seres queridos, amigos, todos ellos sacrificados en esa guerra. Kagome podía darle el final que se merece, que necesitan, porque si Naraku muere todo terminará. Sango y Kohaku podrán ser felices como los hermanos que no les permitieron, Miroku podrá sobrevivir sin la maldición del Kazaana y vengar la muerte de sus familiares que murieron por él; Kikyo también será vengada junto con Kagura y Kanna.

Los segundos pasaban, su mano ardía de tanto sujetar la flecha sobre el arco, pero ningún dolor se comparaba con su decisión de destruir a Naraku, su odio era aún más grande que cualquier otro sentimiento.

Sí, ella solo quería destruir a Naraku, porque él es quien merece morir, pero ¿Qué hay de la Perla?

Su mano se aflojo casi soltando la flecha sin intención, es solo que toda concentración se perdió con esa pregunta, porque estaba segura de que sabía lo que hacía, siendo solo guiada por su extremo odio a Naraku.

Ella nació con la Perla en su interior como la reencarnación de Kikyo, desde el primer día de su vida su única misión fue llegar hasta este día en dónde acabe con la tortura de la existencia de esa esfera.

Y cuando lo logre ¿Qué pasará después? ¿Ya no será necesitada? ¿Y qué significa eso? Si ella lanza esa flecha ¿Puede garantizar que seguirá en ese mundo con sus amigos y el hombre que ama o lo perderá todo regresando al mundo en que nació?

Por un parte estaba bien, ella sabía que nunca perteneció a esa época desde el principio y que solo estaba ahí por una razón especifico, pero siendo sincera no quería que se terminara.

Finalmente había logrado encontrar a su gente, a quienes la comprenden de cierta forma y a quienes ella ayudó a ser mejores. Encontró el amor, curando su corazón de una manera en que siquiera ella logra entender cómo, pero ahí están, con él sujetando su cadera, esperando a que ella termine con todo lo que construyeron juntos.

¿Qué será de Inuyasha cuando ella se vaya? ¿La extrañará? ¿Llorará por ella?

No, no quería que eso suceda, no quería ser la razón por la que Inuyasha sufra otra vez. Quería estar con él, acompañarlo en lo que sigue de su vida para así enseñarle lo que es una vida sin preocupaciones, vivirla juntos y con sus amigos riendo alrededor de una fogata hasta altas horas de la noche.

¿Realmente tenía que abandonar todo eso? Es injusto, le dejaron encariñarse y amar a personas que probablemente, una vez su flecha sea lanzada, ya no vuelva a ver nunca más. No quería eso.

Estaba siendo egoísta, ir en contra de su misión de vida podía traerle consecuencias terribles, mucho más fuertes que simplemente perder a sus amigos y amado. Debía elegir entre un mundo entero y ella, tal y como siempre lo había hecho, elegir a otros.

Elegir a otros antes que a ella sí, eso es todo lo que ha hecho siempre.

Y por esa misma razón, estaba harta. Ya no quería pensar en los demás, quería ser ella quien estuviera delante de todos por primera vez. Seguir misiones que ella nunca aceptó, tener que ser mejores que otros a los que siquiera conoció realmente, ya no podía más.

¿Era egoísta querer, por una vez en su vida, pensar en ella? Solo quería a sus amigos, a su amado, ¿Eso estaba mal?

A la mierda.

Ya no importa, no tiene por qué seguir pensando tanto en preguntas nadie podrá ni responderá, porque ya tomó una decisión. Si van a odiarla que lo hagan, no importa, nada lo hace, solo ella y las personas a las que ama.

Alguien sí morirá ese día, cuando su flecha volvió a ser apuntada con fuerza en su mente la imagen de Naraku se hizo presente. Detrás de su esfera, detrás de la Perla, lo poco que queda de su existencia flota en el vacío y Kagome tomo esa imagen como objetivo.

La flecha fue soltada y ella solo supo disculparse con un Inuyasha que sonrió emocionado al ver como la flecha se perdía tras la esfera de maldad. Pero él siquiera pudo pensar al ver la esfera cerca de ellos, tomando a Kagome entre sus brazos para alejarla de ahí. Ella, con su cabeza sobre su hombro no dejó de ver como la flecha solo atravesó la cabeza de su enemigo con una explosión de luz pura que cegó a todos alrededor. La voz de Kanna resonó en su memoria.

La luz matará a Naraku.

Sí, eso fue lo que hizo, la luz de su flecha purificó la Perla junto con el cuerpo de Naraku que se hizo trizas en cuestión de segundos, un espectáculo que poco se podía disfrutar por culpa de la explosión.

Cuando la brisa se calmó, no quedó nada más. Al fin, después de tanto tiempo bajo el sufrimiento de un maniático que no fue capaz de conceder su verdadero deseo a la Perla, convirtiéndose en un monstruo que apenas albergaba su verdadero yo tras toda su oscuridad. Tal vez, gracias a su poder espiritual, él pueda encontrar la paz que tanto necesitó desde un principio, no como Naraku, si no como el bandido Onigumo que solo cometió el error de enamorarse de una mujer que no era suya.

Inuyasha dejó ir a Kagome cuando una luz rosada flotó en el cielo por unos segundos, antes de finalmente caer a unos metros de ellos. La Perla de Shikon, la que ella destruyó en cientos de fragmentos al llegar a ese mundo, estaba completa y brillando en una pureza que no recordaba.

Solo ahí, cuando la vio en el suelo se dio cuenta de lo que hizo, del egoísmo que acababa de cometer en vez de cumplir con la promesa que le dio a la sacerdotisa ya fallecida. Su cuerpo la guio hasta la pequeña esfera cayendo de rodillas frente a ella, sin importarle el dolor de sus rodillas ya cansadas. La tomó entre sus dedos, el frío era algo que no recordaba después de solo verla como pequeños fragmentos dispersos.

Podía ver su reflejo en ella, su rostro pálido acompañado de oscuras ojeras debajo de su perdida mirada, como un muerto viviente.

¿Qué hizo?

—¿Kagome? — La voz de Inuyasha se presentó detrás de ella, con ambas manos sobre sus hombros. Su mirada pasaba de ella a la esfera y por más que pareciera querer ocultarlo, era fácil notar que no estaba bien con la repentina noticia.

Tal vez sea porque Inuyasha estaba con ella o porque acaba de caer en la idea de lo que había hecho, que su vista se tronó borrosa y cristalina, lágrimas cayeron por sus mejillas enrojecidas en sollozos que intentó ocultar en su mano libre sobre su boca, sin poder decir más nada que constantes disculpas.

—Lo siento...lo siento tanto...yo no quise... — El silencio a su lado le aterró, pensando en que rostro debe estar teniendo Inuyasha en ese momento, con ella admitiendo que fue quien decidió dejar la Perla en vez de destruirla.

En cambio, los brazos de Inuyasha la rodearon por completo, dejando que su rostro se acomode sobre el acelerado pecho del hanyou. Sus fuertes latidos le delataban junto con la forma en la que apretaba el cuerpo de la mujer contra él, no era solo ella quien estaba sufriendo en ese momento.

—Está bien...hiciste lo que pudiste. — Murmuró pasando una de sus manos sobre su cabello.

No, él no estaba entendiendo, cree que Kagome no pudo contra la Perla y que por eso sigue en ese mundo. Eso complicó el estado de la mujer, quien solo continuó llorando entre los brazos de su amado, no tenía la fuerza para confesar sus verdaderas razones sin temer al rechazo o al odio, cosa que la adrenalina le obligó a no importarle y ahora estaba pagando las consecuencias.

Cerca de ellos, podía oír a Sango y Miroku, sus voces eufóricas parecían estar alegres a diferencia de su amiga. Bueno, tenían todo el derecho de estarlo, probablemente la maldición del Kazaana ya desapareció de la mano de Miroku y ahora ya podrá vivir tranquilo sin temer a la muerte, su padre y abuelo fueron vengados, así como los familiares de Sango. Kagura, Kanna, Kikyo, al final todas ellas también pueden descansar en paz ahora que Naraku desapareció.

Tal vez, gracias a eso Kagome pueda ganarse el perdón de Kikyo por no haber destruido la Perla, pero no podría saberlo. Por el momento, solo se quedará ahí, entre los brazos del hombre que ama hasta que todo se calme.

Después de todo, eso era lo que ella quería.

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"Que decepción, realmente creí que ibas a poder descansar en paz."

"Eso no es posible, no hay manera de que pueda encontrar la paz mientras la profecía siga de pie, así es como las cosas debían de pasar."

"¿En serio confías tanto en esa chica? Para mí solo es una niña llorona."

"Ten más respeto, ella fue elegida para cumplir esta misión y sé que con mi ayuda podrá llegar lejos."

"Como digas, tú eres la jefa. Entonces, ¿Qué prosigue?"

"Encuentra el momento para traerla a mí, debe de saber lo que está por venir. La derrota de Naraku no fue más que el principio, solo es cuestión de tiempo para que la verdadera amenaza despierte."

"A sus órdenes, su inminencia."

Desprendió sus alas moradas, partiendo del hombro de su dueña quien solo se quedó en esa oscuridad dónde no quedaba nadie más que ella en su soledad, pero muy pronto, más de lo que ella pudo haber esperado por más de cientos de años, alguien más estará acompañándola nuevamente para oír sus consejos. Solo esperaba que, difiriendo con la anterior, ésta sea realmente la verdadera que tanto ha esperado.

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N/A:No miento al decir que planee esta historia por más de dos años desde que terminé de ver Inuyasha. La idea de que la historia continue me emocionaba y terminé creando todo un universo propio que pienso plasmar aquí. Este es solo el comienzo de una extensa Saga ya planeada y les prometo que no se van a arrepentir de todo lo que preparé. Espero les guste.