Hola a todos, vengo con un par de pequeños escritos con la temática del mes de octubre. Hasta ahorita tengo dos, aunque veré qué sale en estos días. Estas historias contienen sangre, gore, muerte y demás cosillas, así que, si no te agradan estos temas, por favor, toma tus precauciones. Os quiero decir que tenía mucho sin escribir y me la he pasado bomba escribiendo sobre esto XDD… O_O hemm… si, como estaría emocionada escribiendo de cualquier otra cosa, tenéis que creerme. Nos vemos.

Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi y hago uso de ellos sin ninguna intención de lucro.

Flores en la oscuridad

Capítulo I

El invitado

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—¿Vas a dejar que se burle de ti? ¿Quieres que la mate? Puedo hacer que ruede por las escaleras.

Akane dejó de ver a la chica que momentos antes había pasado junto a ellos haciendo un comentario sarcástico sobre lo redituable que era en esos días ser heredera de un Dojo de artes marciales y pasó a fijarse, horrorizada, en su singular acompañante. Llevaba unos días de conocerle y era sorprendente la facilidad que tenía para ofrecerle escenarios fatalistas a la menor provocación.

En apariencia, lucía como un chico de su edad: cabellos oscuros sujetos en una trenza, ojos azul grisáceos y un gesto sombrío que enmarcaba la plena disposición a concederle lo dicho. Acorde a su actitud, toda su vestimenta era negra.

—E-es muy temprano para que querer matar a alguien, ¿no te parece? —. Casi de inmediato, trató de quitarle peso a las palabras de él, pero era algo complicado. Por eso se hallaban ahí, ella sentada al pie de un árbol en su escuela, buscando encontrarse con la menor cantidad de personas posibles a su alrededor, sólo que ningún lugar estaba completamente vacío, para cerrar su racha de mala suerte.

—Eres una aburrida —Vociferó él joven, relajando su expresión y dejándose caer a un lado de ella—. ¿Para qué me llamaste, en primer lugar, si no tienes intenciones de pasártela bien?

—Ya te lo he dicho mil veces —Reiteró ella, conociendo su personalidad testaruda y lo inútil que era decirle aquello—. Yo no te llamé. Sabes que no era… no era mi intención. Y no creo que matar a alguien me haga pasarla "bien"

Ranma esbozó una sonrisa mordaz y extendió su mano abierta hacía ella. De su palma salió un poco de humo negro y, como si le estuviese mostrando un video, apareció una secuencia en la que Akane podía verse en medio de los pasillos de la biblioteca buscando el libro para alguna tarea, cuando algo llamó su atención. Era un objeto que se distinguía de los otros por su cubierta de cuero negra, los remaches de metal oxidado y los caracteres de la portada en un idioma desconocido.

Debía admitir que esto le llamó poderosamente la atención y tomó el libro queriendo encontrar la lógica de por qué algo como eso se hallaba en la sección, pero al hojearlo no logró entender nada y su mayor error había sido intentar leer lo escrito en una tarjeta desgastada que cayó de este. Ignoraba que las letras grabadas estaban hechas de sangre seca, y el mensaje era algo acorde al material que se usó para escribirlo.

Momentos después, dejó la obra en su lugar y continuó buscando en los estantes el material para su tarea, sin embargo, una oscura invocación ya estaba hecha.

Al llegar a su casa, saludó a sus padres y hermanas y subió a su cuarto a cambiarse.

Nada más abrir la puerta de su cuarto, aún en completa oscuridad, pudo notar una sombra moviéndose en el fondo de su habitación y su sentido de alerta se activó de inmediato. Tomó la katana que siempre tenía a un lado de la puerta y encendió la luz, dispuesta a enfrentarse a lo que creía, era un ladrón. Todo fue tan rápido, que la chica no se había percatado de los dos puntos de fulgor rojizo que flotaban a la altura de lo que debían ser unos ojos.

La luz inundó la habitación y Akane vio a un chico, vestido por completo de negro, brazos cruzados y mirada arrogante, acercándose hacía ella.

—Tendo Akane, me has llamado con tu plegaria —Le sonrió de medio lado, ofreciéndole su mano extendida—. Yo soy Ranma, seré tu fiel siervo y he venido a cumplir tus deseos más profundos.

La chica se puso roja por el atrevimiento de aquel sujeto y no tuvo una reacción instintiva más genuina que molerlo a golpes.

Ranma cerró abruptamente su mano en un puño y las imágenes detalladas de cómo lo molían a golpes, era arrojado por la ventana y terminaba zambullido en un bote de basura se evaporaron al instante, en el mismo humo que había traído las imágenes a la vida. Era demasiado vergonzoso para él revivir ese momento y ya iba como la décima vez en ese par de semanas en la que debía mostrarle a Akane el momento de su pacto.

—¿Hay… hay alguna manera de terminar con esto?—. Preguntó en voz baja, sabiendo de antemano que no lograría demasiado.

—¡Claro que sí! —El muchacho adoptó la actitud alegre de un asesor de ventas y su semblante se mostró más accesible—. Pide tus deseos y esto se habrá acabado.

Eso le molestó demasiado a la chica, quien se levantó de allí, dispuesta a perderlo de vista.

—¿No crees que me estás mostrando demasiada felicidad, cuando ya me contaste el "pequeñísimo" precio a pagar por ellos?

—Es-eso no es mi culpa —Vociferó el chico, parándose de un brinco para adoptar la misma pose embravecida de ella— ¡Yo no hice las reglas!… Yo sólo sigo…Yo sólo sigo…—. Y decidió no continuar. La joven ya lo había dejado hablando sólo otra vez.

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¡Mierda!¡Maldita brujaaa! Blasfemó molesto, echado en el tejado, sobre la habitación de ella. Le valía un comino si podía escucharlo. Era su primer pacto y la tipa esa no se lo estaba poniendo nada fácil. Había caído la noche y era otro día desperdiciado para él, sin lograr nada. Unos tremendos chichones sobresalían de su cabeza y sus mejillas estaban hinchadas como globos, como si le hubiese atacado un panal de abejas, pero no, todo era obra de la lunática violenta que dormía en el interior.

¿Él qué culpa tenía? Ahí estaban las reglas: había una recompensa, existía un pago. Todo era legal, en este mundo y en el otro. ¿Cuál era el maldito problema con ella? Arder en el infierno no debía ser algo muy agradable, él lo vivió en carne propia, pero no es que fuera a empezar hoy mismo. Podían ser años antes de llegar a eso, se repitió a sí mismo, como si con aquella justificación sonara mejor.

Después de tomarse un tiempo para calmarse, decidió estudiar sus estrategias hasta el momento y analizar en qué estaba fallando.

Le ofreció riquezas, pero del tiempo que llevaba estudiando a la familia, se dio cuenta que la hermana era más interesada que su prospecto y no consiguió nada. También le ofreció devolverle su hermoso cabello largo y azulado, al saber lo valioso que era para ella, luego de ver sus fotos en la habitación y escuchar que se lo habían cortado por accidente en medio de una pelea.

Tampoco había accedido a una calificación perfecta para asistir a la mejor Universidad del mundo; mucho menos, quiso que la hiciera una experta cocinera, aun cuando el bocado que probó de su comida sabía tan asqueroso, que deseo con toda su alma podrida ser un vampiro para arrojarse al sol y morir calcinado de inmediato, antes de seguir sufriendo la corrosión en su estómago. De igual forma, rechazó volverse una maestra en las artes marciales, siendo que la veía practicar todos los días como un mantra y sabía de sobra que seguiría con el legado de su padre.

Supo entonces que la intensidad de sus tributos debía aumentar si quería ser aceptado. Le ofreció acabar en un chasquido de dedos, con la horda de chicos que la molestaban y peleaban para salir con ella. Y él mismo se escandalizó cuando Akane le contó que esos chicos no eran ni la cuarta parte de los que la fastidiaban en los primeros años de Instituto.

Asimismo, le ofreció el volver a ver a su madre, fallecida cuando Akane era una niña, pero tampoco aceptó. Haciendo gala de toda la resiliencia forjada a través de los años para afrontar la pérdida y aceptarla.

Y así llegaron hasta el día anterior. La hermana mayor de ella recibió la visita de su prometido y fue consciente de una disimulada incomodidad en Akane. Por lo que, no se le ocurrió nada mejor que seguirla a su habitación y ofrecerle ser amada por la persona que ella quisiese. Aquello la dejó muda un instante, antes de bajar la mirada con vergüenza, quizás ante los pensamientos egoístas por ese hombre.

¡Sí! Se emocionó para sus adentros, esto si la había trastocado y sólo era cuestión de insistir un poco. Esa noche, utilizó su poder para hacerle soñar con él. Una declaración romántica, sentimientos expuestos y un beso tímido que la hicieron amanecer con los ojos bañados en lágrimas, embargada por la añoranza de lo que no podía ser.

Y entonces, hoy volvía a insistir. Se mostró más comprensivo y le aseguró que no había culpa en querer a esa persona para ella y qué, si así lo quería, lo podía tener, tanto a ese, como a todos los chicos que deseara.

Luego, entraron en confidencia, y la plática se fue deformando lenta, muy lentamente, hasta terminar sugiriéndose el mismo como un mejor candidato para prometido. Y habiendo obtenido una negativa, aun fuera en plan de broma, sintió su orgullo herido e hizo alarde de sus poderes transformándose, ante la mirada incrédula de Akane, en una versión femenina de sí mismo, con la única variante de un espeso cabello color fuego. Se abrió los primeros botones de su sempiterna camisa negra y le dejó ver parte de sus pechos, insinuándole algo como qué, tal vez, no deseaba un chico a su lado, sino tener una flamante prometida, mejor proporcionada que ella.

Ranma se sentó abruptamente cuando sus mejillas, la cabeza y sus orejas comenzaron a sentirse calientes y supo entonces que quizás, sólo quizás, se le había soltado la lengua un poco y la vapuleada que le dieron estaba merecida.

Bufó de nuevo, sintiéndose acorralado: estaba harto de su misión y de la mujer esa.

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¿Dónde se ha metido ese idiota? Musitó para ella, cuando sonó el timbre que marcaba el fin de la clase y aquel ente pervertido no había aparecido por ningún lado.

Recogió su bolso, tomó el tren de regreso y siguió meditando sobre el tema. No es que lo extrañara, desde luego, pero si tomábamos en cuenta que eran semanas de verlo a todas horas, en todos lados… era una situación complicada. Tampoco podía preguntarle a nadie, porque los demás no eran capaces de verlo, y hasta la miraban raro al encontrarla en un par de ocasiones hablando con el viento.

¿Quizás se cansó de seguirla y por fin la habría dejado libre?

Ella misma negó automáticamente con la cabeza. De seguro andaba por allí, pensando en qué más ofrecerle. No era nada tonta, y estaba consciente de lo que Ranma intentaba lograr.

Por su parte, estaba bien, necesitaba seguir investigando qué otra opción tenía para romper su trato. Porque hasta este momento, todo había sido inútil. Lo único alentador es que Ranma sabía de sus intentos y, lejos de molestarse, sólo se mostraba más pagado de sí mismo, recalcándole que no iban a funcionar y hasta explicándole cómo utilizar correctamente ciertos artilugios.

Al bajar en la estación más cercana, apresuró la marcha a su casa, porque había anochecido y comenzado a llover, aunado a esto, no llevaba su paraguas,

Lo encontró unas cuadras antes de llegar a su hogar, recargado casualmente sobre un poste de luz, mirándola de forma penetrante, mientras las luces tintineaban bruscamente sobre él, dotándolo de un halo misterioso.

—Para ser una simple y patética humana, eres muy violenta —Comenzó él, haciendo énfasis en la última palabra—. Si valoraras en algo tu vida, deberías disculparte por lo de ayer.

—Si no hicieras tantas idioteces, no te iría tan mal —Le aclaró ella, pasando de largo, apenas dedicándole una mirada fugaz—. ¡Y no me he olvidado de que eres un depravado!

—¡Y tú una maldita aprovechada! ¡Sabes que no puedo tocarte y te la has pasado abusando de mí! —No tardó nada en seguirla, explotando a todo pulmón y haciendo aspavientos con las manos—. ¡Soy un ser inmortal! ¡Poderoso! ¡¿Me escuchas?! ¡Y mi cabeza aún parece una calle empedrada por tu culpa!

—¡Ay, ya! ¡Déjame en paz! —. Gritó ella también.

Harta de las rabietas de Ranma, dejó los pasos rápidos para pasar a correr a mayor velocidad con dirección a su casa.

Al doblar la esquina de su casa, su corazón y su marcha se detuvieron al ver un panorama más aterrador que aquél ser que le seguía los pasos bajo la lluvia.

Habría dado la vuelta, justo en el momento en el que un sujeto alzaba una katana empapada de rojo, chispeando sangre por su camino. En el suelo, de rodillas, su padre miraba hacía la nada con ojos desorbitados, mientras trataba de detener el chorro de sangre que emanaba de su cuello; la vida se le escurría lentamente por el pecho y teñía su ropa de escarlata.

—¡Papáaa!—. Gritó con todas sus fuerzas, intentando correr a su alcance; sus pertenecías fueron arrojadas al suelo en automático, esperando ganar velocidad.

Soun Tendo reaccionó un breve segundo y su rostro y labios alcanzaron a gesticular un "No" suplicante, deseando que su hija huyera del lugar. Luego perdería la consciencia y se desplomaría sin más. La mano dejó de tapar la herida y la sangre empezó a fluir hasta formar un charco bajo su cabeza.

Aquel sujeto, sabía que su trabajo no estaba terminado y sujetó la katana con ambas manos, enfilándose sobre el cuerpo derrumbado de su víctima, con el ensañamiento de querer dar la estocada final.

—¡No lo hagas! —Suplicó, con toda la fuerza de sus pulmones, mientras el llanto desbordaba por su rostro.

Pero el hombre no se inmutó y el filo de la katana irrumpió en la lluvia con un gélido silbido.

Supo en ese instante que no llegaría a tiempo y su cabeza le trajo la imagen del enigmático ser que la atormentaba.

—Detenlo. —Imploró en un hilo de voz—. Por favor.

Su pie se dobló y cayó al suelo de rodillas. Con los ojos cerrados, aun rogando por la vida de su padre.

El sonido del metal chocando contra el suelo la hizo volver a la realidad nuevamente. Miró vibrar la katana enhiesta, sobre su propio eje, antes de caer por completo a un lado de los pies del sujeto

El ladrón aún blandía sus manos al frente, sosteniendo ahora, algo imaginario: el rostro se hallaba desencajado, con los ojos saltados y un borbotón de sangre saliendo por sus labios abiertos.

A la altura de su pecho, una mano masculina se abría camino desde atrás, atravesando al sujeto de lado a lado.

La mano fue retirada sin cuidado y el cuerpo navegó entre espasmos antes de caer sin vida, revelando al ser oscuro con los ojos centelleantes en rojo que se hallaba tras él. Del pecho del ladrón no salió apenas sangre, porque la mano de Ranma estaba hecha de fuego por dentro y toda la carne alrededor del agujero que había provocado, quedó cauterizada al instante.

Ranma regresó a la normalidad y observó el resultado de su acto sin emitir una palabra. A pesar de ser un momento de gozo para él, porque por fin podría comenzar a validar su trato, aquello no lo llenó de ánimo en lo absoluto. ¿Por qué?

La vio abalanzarse sobre el cuerpo de su padre y gemir entre sollozos de alegría al percibir una débil voz entonando su nombre. Después de un rato, posó su mirada avellana en él y lo hizo estremecer de una forma inexplicable. De lo poco que entendía de los humanos, supo que no le temía por lo hecho, y eso que le transmitía era una mezcla entre gratitud y tristeza por el destino venidero.

Ranma le esbozó una pequeña sonrisa condescendiente y asintió, dando por enterado al mensaje de la chica. Así como también, dando por válido el primer deseo concedido.

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