Capítulo 10
Suspiré mientras removía mi taza de café, no es que me gustara en exceso ese líquido del color del petróleo, pero había pasado tan mala noche que dudaba poder mantenerme despierta a lo largo de la mañana en el instituto, por lo que decidí tomarme una taza de café solo y bien cargado. Lo probé y la amargura casi me hace vomitar, así que añadí otra cucharita de azúcar a la vez que Jasper cerraba el periódico y lo dejaba a un lado, me miró con preocupación y él también suspiró.
— ¿No has dormido bien? —pregunto en un murmullo, negué con la cabeza—. ¿Es por lo que hablamos anoche?
Dejé de remover mi café y lo miré a los ojos... ¿le decía la verdad? ¿Qué me había pasado la noche entre pesadillas con Renée y Charlie y sueños con Edward en los que le besaba y casi le arrancaba la ropa, hasta que me despertaba acalorada y con aquel cosquilleo en mi estómago más fuerte de lo habitual? ¿O quizás eso era dar demasiada información?
— Sí... he tenido pesadillas toda la noche —admití, no mentí, solo omití parte de la verdad... eso no era malo... ¿cierto?
— Me gustaría poder ayudarte de algún modo —frunció el ceño mientras pensaba sobre algo y después me miró fijamente—. ¿Quieres hablar con un profesional? En el bufete conocemos a algunos psicólogos que nos ayudan en algunos casos, si quieres podría...
— No necesito ir a un loquero —lo interrumpí—, solo hacerme a la idea de que ya no están. Con Renée será sencillo, viví su enfermedad y estoy convencida de que su muerte fue un alivio porque dejó de sufrir, pero Charlie... —mi voz se apagó y bajé la mirada totalmente abatida ante los recuerdos.
— Tiempo Bella... solo deja pasar el tiempo —susurró Jasper después de unos segundos de silencio.
Nos quedamos en silencio unos segundos más, en los que intenté tragar mi café solo, pero era tan amargo que me hacía arrugar la nariz.
— ¿Qué te ha ocurrido con Edward? —preguntó Jasper de repente haciendo que casi derramase mi café por la mesa.
— ¿Edward? —pregunté alzando mi voz dos octavas por encima de lo normal—. ¿Qué pasa con él?
— Habéis pasado mucho tiempo juntos estos días y ayer parecías enfadada con él... ¿algún problema?
Negué frenéticamente con la cabeza, haciendo que mis rizos rebotasen alrededor de mi cara y Jasper sonrió mientras estiraba una mano y recolocaba aluno de ellos tras mi oreja.
— Diferencia de opiniones... ya sabes, cuanta más confianza tienes con alguien, es más fácil discutir —dije lo primero que pasó por mi cabeza y por primera vez estuve agradecida a mi imaginación por trabajar tan bien en ese momento.
Él sonrió con complicidad y asintió.
— No te imaginas las discusiones que tenemos Alice yo de un tiempo a esta parte... —dijo con diversión— al principio me molestaba muchísimo, porque Alice es mi mano derecha y discutir con ella no podría ser beneficioso, pero ahora disfruto tanto haciéndola enfadar...
— ¿Te gusta verla enfadada? —pregunté sorprendida.
— Sí —sonrió como lo hizo la noche pasada cuando me estaba consolando, con ese brillo en los ojos que hacía esa sonrisa única—, tendrías que verla... se pone colorada y sus ojitos es como si echasen chispas, habla gruñendo y en más de una ocasión temí que llegase a golpearme. Es impresionante la cantidad de mal genio que puede guardar en ese cuerpecito tan pequeño —comenzó a reírse y no pude evitar hacerlo con él.
Nos volvimos a quedar en un cómodo silencio, tiempo que aproveché para acabar mi café e ir a lavar mis dientes por temor a que se quedasen amarillos después de beberme esa cosa negra. Cuando regresé a la cocina, Jasper estaba esperando de pie junto a la mesa y tenía algo en su mano.
— Tengo algo para ti —dijo extendiendo la mano hacia mí.
Tomé lo que me ofrecía y lo miré sin entender.
— ¿Una tarjeta de crédito? —pregunté sorprendida.
— Sí... he abierto una cuenta a tu nombre e ingresaré una cantidad todos los meses para tus gastos, así no tendrás que pedirme dinero —explicó.
— Nunca te pediría dinero, bastante estás haciendo por mí ya —espeté sin pensar.
— Eres mi hermana y quiero lo mejor para ti, en este momento lo mejor es cubrir todas tus necesidades, incluyendo también las económicas. En algún momento necesitarás algún libro para el instituto, ropa o cualquier cosa, con esa tarjeta no tendrás que pedirme nada —explicó sonriendo—. Además, en unos días es navidad y espero mi regalo, tiene que ser algo muy bueno porque me debe dieciséis regalos atrasados —me guiñó un ojo con diversión y no pude evitar volver a sonreírle. Caminó hacia la puerta y al llegar a ella se giró para mirarme—. Si no te apuras llegarás tarde al instituto —me recordó.
Di un brinco en mi lugar y me apresuré en ponerme el abrigo, los guantes y la bufanda, coger mi mochila y salir corriendo hacia el Mercedes que nos esperaba en la puerta.
— ¿Qué tal con Edward ayer? —escuché la voz de Tanya.
Alcé la cabeza de mi bandeja de comida y la miré.
— No quiero hablar de eso ahora —gruñí—. ¿Dónde te has metido toda la mañana? —pregunté para cambiar de tema.
— Revisión médica de rutina, nada nuevo que contar —contestó restándole importancia con un gesto de su mano—. Pero no me cambies de tema... ¿qué pasó con Edward?
— ¿Revisión médica? —pregunté frunciendo el ceño.
— En otro momento te lo explicaré, ahora cuéntame que pasó ayer y porque tienes la mano en ese cabestrillo —demandó.
Suspiré.
— Cuando nos caímos, sí que me hice daño —admití en un susurro—, pero no es nada, en una semana estará como nueva —sonreí y volví mi atención a la comida que todavía permanecía intacta.
Tanya se mantuvo en silencio unos segundos hasta que resopló frustrada y después me miró con los ojos entrecerrados.
— No quiero volver a preguntarlo... ¿qué tal ayer con Edward? —masculló molesta.
De un empujón alejé la bandeja de comida de mí y dejándome caer sobre el respaldo de la silla me crucé de brazos lo mejor que pude con esa cosa en mi brazo. La miré durante unos segundos completamente seria, hasta que hizo una mueca graciosa y tuve que sonreír aunque no quisiera.
— ¡Estupendo! —ironicé—. Fue todo perfecto, me besó la mano, me llevó al hospital, se preocupó por mí...
— Pero... —me instó.
— Cuando regresábamos a casa me dijo que solo lo hacía porque Jasper le había pedido que me cuidase y no quería tener problemas con él —expliqué con un hilo de voz.
— ¿Te lo dijo directamente o te lo insinuó? —preguntó con cautela.
— Me lo... me lo insinuó... —reconocí—. ¿Pero qué diferencia hay? Para él solo soy una niña que debe tener vigilada, trabajo... nada más que eso, así que lo mejor es que te olvides de todas las tonterías me dijiste ayer, Edward es demasiado para mí... para alguien como yo.
— ¿Qué tienes tú? —preguntó con gesto crispado.
— Soy una pobre huérfana que vive recogida en casa de su medio hermano... Edward solo puede sentir pena por mí, por eso es tan amable, además de hacerle un favor a su amigo manteniéndome a salvo y entretenida.
— Cuando casi te besa ayer no parecía estar solo "entreteniéndote" —puntualizó haciendo las comillas en el aire con sus dedos.
— Exageras...
— ¡No lo hago! —casi gritó llamando la atención de varios alumnos sentados en las mesas contiguas a la nuestra—. Edward te quería besar, eso se intuye, tenía una cara de bobo que no podía con ella...
— Y si era así... ¿por qué mierda nos interrumpiste? —pregunté haciendo un mohín.
Tanya rio y me tiró una patata frita a la cara impactando entre ceja y ceja... la miré mal y ella volvió a reír.
— Estamos en Estados Unidos Bella, aquí la pederastia está penada y tú... tienes pinta de tener dieciséis años, cualquiera podría pensar que te estaba coaccionando o aprovechándose de ti —explicó—. Además... —sonrió con malicia— ya te expliqué ayer que es mejor que te hagas desear, se esforzará el máximo en conseguir besarte y tú lo disfrutarás más.
— ¿Sabes que eso es una tontería? —pregunté alzando las cejas para enfatizar mis palabras—. Edward no tiene el más mínimo interés en mí... no sé porque insistes tanto.
— Porque sé que te gusta —hizo un puchero— y sé que a él también le gustas... y mucho.
— ¿De qué hablan? —preguntó Irina sentándose junto a su hermana.
— El mono tema de la semana... "Edward Cullen" —dramaticé.
Tanya se echó a reír e Irina tardó poco en acompañarla. Esas dos estaban confabuladas en mi contra, querían incordiarme hasta sacarme de mis casillas... eran de lo peor, pero extrañamente me sentía muy a gusto a su lado.
— ¿Vendrá Edward a buscarte? —preguntó Tanya cuando salíamos de francés, la última clase. La miré de reojo y asentí.
— No me vengas ahora con planes para hacer que caiga rendido a mis pies... —le advertí haciendo que frunciese los labios—, ya tengo suficiente con pensar en que decirle sobre mi comportamiento de anoche.
— ¿Qué comportamiento? —preguntó con curiosidad
— Me enfadé con él por lo que dijo en el coche... así que simplemente me dediqué a ignorarlo.
— ¿Y él que hizo, se molestó? —volvió a preguntar.
— Sí, me exigió que le explicase lo que pasaba, le di largas y ahora quiere que hablemos en cuanto salga de aquí.
— ¿Vas a decirle la verdad?
— No lo sé —admití derrotada—, si lo hago me quedaré más tranquila, pero si estoy en lo cierto y Edward no tiene ni el más mínimo interés en mí me moriré de vergüenza.
— No sé qué decirte, porque si te aconsejo y no me haces caso me culparás por no insistir más y convencerte y sí me lo haces y sale mal... también me culparás... así que... no sé qué hacer —negó con la cabeza.
— Gracias —dije con ironía.
Tanya sonrió con condescendencia y me dio un golpe juguetón con su cadera en la mía haciendo que trastabillara y tropezase con una persona, al alzar la mirada me encontré a Clark Kent... bueno al chico este... ¿cómo se llamaba?
— Hasta que caes rendida en mis brazos —se burló con su voz ronca.
Me alejé de él de un salto y lo miré con los ojos entrecerrados.
— No vuelvas a tocarme —gruñí.
— Preciosa, has sido tú la que se me ha echado encima —dijo con arrogancia.
— Jake... no molestes a Bella —ronroneó Tanya a mi espalda.
— ¿Bella? —preguntó sorprendido—. Así que... tú eres la famosa Bella Swan, la hermana de Jasper Swan.
— ¿Qué pasa con eso? —pregunté confundida y comenzando a enfadarme.
— Nada —aseguró—, solo quería asegurarme —entrecerré los ojos y estuve tentada a morderle un ojo, ese chico me ponía nerviosa—. Nos vemos... Bella —me giñó un ojo y se fue de allí sin volver la vista atrás.
— ¿Qué mierda le pasa a ese gilipollas? —le pregunté a Tanya en un gruñido.
— Jake es buen chico... demasiado seguro de sí mismo, pero es buena gente —aseguró.
— Sí tú lo dices... —mascullé— nos vemos Tanya, Edward seguro que me está esperando.
— ¡Uhh! Edward —susurró alargando la última sílaba—. ¡Qué tengas suerte! —gritó cuando me alejaba de ella a toda prisa evitando escuchar alguno de sus típicos comentarios.
Salí hacia el estacionamiento, él frío me obligó a aferrarme con fuerza al abrigo, busqué a Edward con la mirada y encontré su coche estacionado al fondo, en el lugar en el que había estado los últimos tres días, como si ese espacio tuviese su nombre. Caminé hacia él con lentitud y cuando estuvimos frente a frente sin decirme nada, cogió mi mochila que cargaba sobre un hombro y la metió en la parte rasera del coche. Todavía sin hablar, abrió la puerta del copiloto y esperó a que entrase para cerrarla justo después. Su actitud me estaba confundiendo, no sabía porque no me decía nada, y estaba tan intimidada por la seriedad de su mirada que no fui capaz de pronunciar palabra en lo que duró el viaje, que ya podían haber sido segundos o minutos porque apenas fui consciente de ello.
Cuando bajamos del coche anduvimos un buen rato, todavía en silencio, todavía sin saber muy bien cómo actuar. Pese a conocer a Edward, lo hacía desde hacía muy poco tiempo, ni si quiera una semana, y me gustaba mucho, debía admitirlo, pero apenas conocía nada de él. No sabía cómo se comportaba enfadado, decepcionado o nervioso... era prácticamente un desconocido. Por lo que no sabía cómo actuar con él en ese precioso momento porque no sabía exactamente lo que le pasaba.
Nos detuvimos y miré a mi alrededor, estábamos en un parque, hacía frío y el viento soplaba un poco fuerte, pero aun así Edward decidió sentarse en un banco que en su base estaba rodeado de nieve, pero no su superficie. Me miró en silencio un par de segundos y después palmeó un lugar vacío a su lado para que yo hiciese lo mismo.
Me envolví con mis propios brazos, no estaba segura si era por el frío o por el nerviosismo ante lo que se avecinaba, aclarar las cosas con Edward no era un trago fácil de pasar y no estaba segura de poder afrontarlo en ese mismo momento.
Edward suspiró y miró al frente, seguí el rumbo de su mirada y me encontré con una vista increíble. Frente a nosotros había una fuente inmensa, que enviaba un chorro de agua a mucha altura sobre nosotros y donde una especia de caballos de mar rodeaban ese chorro central. Al fondo se veían algunos de los rascacielos y era totalmente impactante el contraste de ese enorme parque con la ciudad justo a su lado. Me quedé embobada mirando la fuente, era impresionante, creo que incluso mi boca se abrió de impresión.
— Estamos en Grant Park —susurró Edward sacándome de mi ensoñación—, esa es la fuente Buckinham, pensé que te gustaría verla.
— Es... increíble —musité embobada.
— De noche es todavía mejor, ponen luces y sonidos, el problema es que viene mucha gente —lo miré mientras hablaba, tenía el ceño fruncido y las manos en los bolsillos. Miraba un punto fijo en el suelo, justo en frente de sus zapatos. Era como si estuviese hablando pero a la vez no tuviese ganas de hacerlo, como si estuviese en otro lugar pensando en otras cosas.
— Me gustaría verlo algún día —susurré para romper en silencio.
Edward me miró fijamente durante unos segundos y después su mandíbula se apretó.
— ¿Por qué se supone que tuvimos una diferencias de opiniones ayer? —preguntó sin despegar su mirada de la mía.
Tragué en seco e intenté desviar mis ojos, pero era como si una fuerza invisible me obligase a mirarlo fijamente y no pudiese hacer nada para evitarlo.
— Yo... yo... —balbuceé.
— Bella —susurró con condescendencia—, nunca pensé que tú, precisamente tú, estuvieses haciendo ese tipo de chiquilladas.
— ¿Qué quieres decir? —mi adolescente rebelde salió a flote y pregunté en tono insolente.
Edward resopló y se froto con ojos con frustración.
— Lo que pase entre nosotros no tiene por qué llegar a oídos de Jasper, si nosotros discutimos o no, es nuestro problema... creí que... —se detuvo y volvió a mirarme— no importa —dijo con resignación—. ¿Vas a decirme porque estabas tan molesta conmigo?
— Tonterías —susurré mirando de nuevo a la fuente para evitar caer una vez más en el embrujo de su mirada.
— Me gustaría saber esas tonterías —susurró acercándose a mí hasta que nuestras piernas se rozaron.
Contuve el aliento y lo miré de reojo, me devolvía a mirada pero de frente, sin molestarse en disimular que me miraba y lo hacía intensamente. Suspiré...
— Ayer... —comencé— cuando regresábamos del hospital, me diste a entender que solo compartías tiempo conmigo porque Jasper te lo había pedido, yo creí que era porque... —me quedé callada sin atreverme a continuar.
Edward soltó sonoramente todo el aire que contenían sus pulmones y me pareció ver una pequeña sonrisa bailando en sus labios.
— Me gusta pasar tiempo contigo Bella —dijo girándose hacia mí hasta que pasó una de sus piernas al otro lado del banco haciendo que se quedase sentado a horcajadas—, ayer estaba muy nervioso... y un poco enfadado también. No me dijiste que te habías hecho daño y tuve que sonsacártelo y llevarte casi obligada a un hospital. Realmente no sé lo que dije para que pensases eso, pero no es así. Admito que Jasper me pidió que te cuidase y estuviese pendiente de ti, pero no es el único motivo, ni el principal por el que estoy sentado a tu lado a ahora.
Lo miré a los ojos y me mordí el labio inferior para no soltar la pregunta que pugnaba por salir de ellos "¿Y por qué estás aquí entonces?" pero no me atreví a pronunciarla, no tuve valor para dejarla salir y que la contestación no fuese como esperaba.
Sin esperármelo, los brazos de Edward rodearon mi cintura y me atrajo hacia su pecho, me sentí envuelta por sus brazos, por su calor. Cerré los ojos y aspiré con fuerza su fragancia, intentando memorizarla y grabarla a fuego entre mis recuerdos por si no volvía a olerla tan de cerca.
— Ay pequeña —susurró—, si alguna vez algo de que yo haga o diga te molesta, no te alejes ni te enfades... solo dímelo ¿sí? —me pidió con voz dulce, tan solo pude asentir con la cabeza incapaz de encontrar mi voz—. Ahora es mejor que vayamos a tomar algo caliente... estás helada —frotó mi espalda para darme calor y se alejó de mí lentamente haciendo que la sensación de frío fuese mayor.
Se puso en pie de un salto y me tendió su mano que tomé sin dudar. Caminamos cogidos de la mano, no estaba segura de si Edward era consciente de eso, pero yo sí lo era... ¡y era tan maravilloso! Me sentía como una parte más de él, nuestros dedos encajaban a la perfección y las corrientes eléctricas que pasaban de su cuerpo al mío me hicieron olvidar cualquier frío que pudiese hacer a mi alrededor. ¿Qué estábamos a diez grados bajo cero? ¡Qué más daba! Edward tomando mi mano era lo único importante y lo único de lo que quería ser consciente.
Sonreía como estúpida y estaba por comenzar a caminar brincando y balancear nuestras manos unidas como si estuviésemos en una película de los años veinte. Por suerte me contuve, pero Edward me miraba de reojo con expresión divertida y al a vez un poco confundida.
— ¿Por qué sonríes tanto? —preguntó después de unos minutos.
Se me escapó una risita nerviosa mientras obligaba a mis neuronas a pensar en una respuesta coherente y finalmente...
— Si alguna de tus "novias" nos ve caminar así se pondrá celosa —mis mejillas se colorearon, pero el gesto de incertidumbre que cubrió su rostro opacó cualquier posible vergüenza que pudiese sentir.
— ¿Qué novias? —preguntó confundido.
Mis ojos se abrieron desmesuradamente, eso me pasaba por no pensar las palabras antes de pronunciarlas, ahora no podía decirle que había sido Tanya la que me había hablado de su pasado, o presente... o lo que quiera que fuese, porque podría molestarse con ella. Así que tenía que pensar... y digo "pensar" realmente, en algo bueno y decirlo cuanto antes.
— En el instituto hay rumores —espeté sin más.
— ¿Qué tipo de rumores? —preguntó deteniéndose y tirando de mi mano para que me colocase frente a él.
— Dicen que... que no sueles tomarte a nadie en serio y que sales con varias chicas a la vez —"Detén a tu lengua Bella" gritaba mi conciencia, pero no podía—. Así que será lógico que si alguna de esas chicas nos ve así —señalé nuestras manos entrelazadas—, piense lo que no es y se moleste.
Edward sonrió de lado y negó con la cabeza.
— Te contaré un secreto —susurró comenzando a caminar de nuevo y arrastrándome con él—, esos rumores son un poquito ciertos, he... salido con muchas chicas y no me arrepiento de ello, la adolescencia está para no preocuparte por nada más que lo realmente crees que es importante, pero hace unos meses que me he centrado en los estudios y no salgo con nadie.
— No tienes que contarme ese tipo de cosas —dije ocultando una sonrisa, me alegraba demasiado que no estuviese con nadie desde hace meses.
— Pero parecías interesada en saberlo —rebatió.
— No... yo no... yo... no estaba interesada en saberlo... —balbuceé— solo estaba preocupada porque alguna ex novia celosa intentase golpearme.
— No dejaría que nada te pasase —la mano que sujetaba la mía rodeó mi cintura sin soltarme y me atrajo más hacía él hasta besarme en la mejilla haciendo que se colorease y volver a la misma posición segundos después—, y no lo digo solo porque Jasper me mataría, también porque no soporto que te hagas, ni te hagan daño.
Sonreí ante su puntualización, Edward podía ser tan adorable cuando se lo proponía... y cuando se comportaba así era imposible no sentir como si un enjambre de mariposas anidase en mi estómago, como mis piernas temblaban y mi pecho casi dolía por las ganas de suspirar embobada.
¿Estaría siendo víctima de un enamoramiento adolescente? No estaba segura, pero sí sabía que Edward me gustaba... y mucho.
