Capítulo 23
— ¡Bella, llegaremos tarde! —el grito de Jasper me hizo dar un respingo sobresaltada, me di un último vistazo al espejo y con un suspiro resignado, porque ya no podía hacer más por mi aspecto, salí de mi habitación.
Intenté no prestar atención a los zapatos negros de un tacón imposible que llevaba en mis pies, solo unas tres semanas atrás nunca había imaginado poder estar subida ahí arriba, pero me había pasado prácticamente todo el día practicando para no caerme de ellos, después de un par de caídas llamé a Alice por teléfono y ella no tardó en llegar y me ayudó con un par de trucos para que no se notase que era tan torpe. Todavía parecía que estaba manteniendo el equilibrio más que caminar, pero por lo menos no me caía… o eso esperaba. Aunque la bolsa de regalos que llevaba tampoco ayudaba mucho a mantenerme en pie, todo hay que decirlo.
Cuando llegué al piso inferior Jasper me estaba esperando con una sonrisa, que se borró al momento de verme y solo me miró de arriba a abajo con los ojos muy abiertos.
— Estás preciosa —susurró sin dejar de mirarme.
Yo me sonrojé, no era partidaria de ponerme aquel vestido, pero Alice había insistido tanto la tarde anterior que no me quedó otra que aceptar comprármelo y ponérmelo para la cena de navidad. Era strapless, ceñido hasta mi cintura y después drapeado con un poco de vuelo hasta un poco más abajo de la mitad de mis muslos. De un tono rojo intenso, roto con un lazo negro a modo de cinturón. No estaba acostumbrada a ponerme ese tipo de ropa y me sentía extraña, sobre todo sintiendo la intensa mirada de Jasper sobre mí.
— Gracias —musité con las mejillas encendidas—. ¿Nos vamos ya? —pregunté para sacarlo de su aturdimiento.
Él cabeceó y me miró durante unos segundos para sonreír justo después.
— Antes de irnos quiero darte mi regalo de navidad —sonrió y yo me aterré.
— No… —negué efusivamente con la cabeza y di un paso atrás— no quiero… Jasper ya estás haciendo demasiado por mí… no necesito que me compres nada.
— No seas tan drástica… espera a verlo al menos —me extendió mi abrigo y me lo puse con su ayuda mientras lo miraba interrogante. Si me iba a dar mi regalo… ¿por qué me ponía el abrigo?—. Tu regalo está en el garaje… allí hace frío.
— ¿Por qué está en el garaje? —pregunté con voz temblorosa.
— Porque no cabía por la puerta de casa —contestó sonriendo.
— Aunque el regalo me guste, que lo dudo porque te ha costado dinero y no me gusta que gasten dinero en mí, continúo enfadada contigo —enfaticé haciendo un mohín—, te has portado muy mal con Rosalie, ella es tu prima y necesita tu apoyo en un momento así.
— No me reproches nada… ya he tenido suficiente con mi conciencia. Pero hoy es navidad y es un día para poner buena cara —me sonrió—, ¿acostumbras a hacer algo especial?
— No… Renée decía que era una fecha demasiado comercial. En octubre comenzaba a tejerme una bufanda o un jersey a escondidas, pero yo siempre lo encontraba medio oculto tras un cojín del sofá —sonreí ampliamente con añoranza—. El día de navidad me lo dejaba frente a la puerta de mi habitación porque ni siquiera poníamos un árbol. El jersey o me quedaba pequeño o tenía las mangas demasiado largas… y las bufandas eran tan grandes que me daban veinte vueltas al cuello… así era Renée —contesté con una sonrisa.
— Estas navidades serán diferentes —pasó un brazo por mis hombros y me atrajo hacia su cuerpo mientras caminábamos—, y como tu hermano mayor quiero tener el privilegio de darte el primer regalo este año.
— Jazz… no es necesario que me compres nada —repetí.
— Calla y toma —dijo extendiéndome una pequeña cajita que cabía perfectamente en la palma de mi mano.
— No necesito otra tarjeta de crédito —dije con voz temblorosa mientras jugueteaba con el regalo entre mis manos.
— No es otra tarjeta… ábrelo y saldrás de dudas —me instó con diversión.
Suspiré y abrí el paquete con mis dedos más temblorosos que nunca, al hacerlo me encontré con una llave en un precioso llavero plateado. Se me atoró el aire en la garganta al comprender y me apresuré en dejar el regalo en la mano de Jasper.
— No puedo aceptar algo así —espeté en un gruñido—, no puedes obligarme a que lo acepte, no… no tiene sentido, no conozco la ciudad y con lo torpe que soy seguro que me estampo contra una farola a la mínima ocasión.
Jasper rio y tirando de mi mano me arrastró hasta el garaje deteniéndose ante un precioso coche azul metalizado.
— Es un Honda Civic, me han hecho un descuento en el concesionario, así que deja de protestar —volvió a tirar me mí hasta la puerta del conductor y la abrió para que pudiese ver el interior—. Con él podrás ser más independiente, no me necesitarás a mí o cualquiera para poder ir a algún lugar.
— Pero… —intenté protestar pero me silenció colocando una mano sobre mis labios.
— Tiene navegador GPS para que no te pierdas y por lo torpe no te preocupes —dejó salir una risita—, tiene rudas especiales para la nieve y servicio de grúa veinticuatro horas.
Entrecerré los ojos y bufé.
— Muy gracioso —mascullé—, si no quieres llevarme al instituto, tenías modos más baratos y sutiles de decírmelo.
— Me encanta llevarte al instituto cada mañana, solo te he comprado el coche para que te sientas un poco más independiente. Desde que has llegado Edward o yo te llevamos a todos lados, así podrás decidir por ti misma, o salir con tus amigas o con el chico ese del que me has hablado —mis mejillas se pusieron rojas de repente—. ¿Qué tal con él? ¿Debo partirle las piernas ya o espero un poco más?
— Jazz… —susurré mortificada.
— Solo actúo en mi papel de hermano mayor, no quiero que te hagan daño —se defendió.
— Todo va bien… poco a poco —me encogí de hombros.
— Me gustaría conocerlo, tiene que ser alguien…digamos… "especial" —hizo las comillas en el aire mientras sonreía—, para que te tenga así de tonta.
Me tensé.
— Yo no estoy tonta —me quejé con el ceño fruncido.
— Si no es tonta es completamente enamorada… pero diferente estás.
— Lo que tú digas —murmuré cruzándome de brazos y rezando para que dejase el tema de lado.
— ¿Cuándo podré conocerlo? —volvió a preguntar.
Tragué en seco y desvié la mirada…
— Un día de estos —dije bajo mi aliento—. ¿Este coche corre mucho? —cambié de tema.
— ¡No! —gruñó—. No pasa de cincuenta kilómetros por hora —lo miré con una deja enarcada y él suspiró—… está bien, tiene un motor potente… pero tú no corras demasiado.
— No te preocupes, no podré ni sacarlo a la calle… no tengo licencia —y con una sonrisa lo dejé allí plantado y me caminé hacia la puerta—. Jazz… los Cullen nos esperan para la cena… llegaremos tarde.
Él solo me miró sonriendo y comenzó a caminar mientras negaba débilmente con la cabeza.
Cuando llegamos a la mansión de los Cullen un nudo se formó en mi estómago, la última vez que había estado allí había recibido mi primer beso y mi primer orgasmo, solo con pensarlo se me subía el sonrojo, pero era imposible evitarlo.
— ¿Tienes calor? —preguntó Jasper con preocupación, negué rápidamente con la cabeza—. Como vas a tener calor con ese pedazo de tela que llevas… tendré que hablar seriamente con Alice, no puede vestirte así... arg —gruñó.
— Jasper… tengo dieciséis y no soy una niña —me quejé.
— Lo sé… pero vestirte así… —frunció el ceño.
— Me visto como quiero, tú deberías de preocuparte por cosas más importantes como porque tú novia es tan… —me detuve a punto de decir exactamente lo que pensaba, mi relación con mi recién descubierto hermano mayor iba muy bien, no quería estropearlo por decirle que su novia era una puta obsesiva y una zorra manipuladora… además de una perra y una guarra.
— ¿Tan qué? —preguntó visiblemente molesto.
— Tan… tan … —piensa, piensa… — tan esto… eh…— por suerte parecía que me avergonzaba, ya que mis mejillas por una vez hicieron bien su trabajo y se sonrojaron— tan… tan… tan fría y distante conmigo —¡ja! Por una vez mi loco cerebro servía de algo.
Su gesto se suavizó hasta que una sonrisa tierna se asomó a sus labios.
— María es así normalmente… no se lo tengas en cuenta. Le cuesta demostrar sus sentimientos.
¿Sentimientos? ¿Pero esa zorra podía sentir algo más que amor propio? Decidí no ahondar más en el tema y salí del coche para entrar en casa de los Cullen, donde Esme y Carlisle nos recibieron con un abrazo y tanto cariño como era habitual en ellos.
— Sois los primeros en llegar —nos dijo Esme con una sonrisa—, pasad y poneros cómodos.
No hice más que entrar en la sala cuando unos fuertes brazos me rodearon y sentí como me alzaban unos centímetros del suelo.
— ¡Hola Bella! —gritó Emmett en mi oído justo antes de dejarme en el suelo de golpe y me tambaleé antes de recuperar el equilibrio—. Hace mucho que no nos vemos, tienes que pasarte por la oficina más a menudo.
— Lo intentaré —balbuceé aturdida.
— Ahora que tienes coche propio podrás hacerlo cuando quieras —añadió Jasper con una sonrisa.
Lo miré con los ojos entrecerrados y bufé.
— Ya te dije que no tengo licencia para conducir y aunque la tuviese ese coche es demasiado para mí… uno usado me habría bastado —protesté.
— ¿Te ha regalo un coche nuevo? —preguntó Emmett.
— Sí… ¿te lo puedes creer?
— ¿Qué coche? —preguntó más interesado de repente.
— Un Honda no sé qué… pero básicamente tiene un motor, ruedas, puertas… es un coche normal —me encogí de hombros.
Emmett ladeó la cabeza como si no entendiese lo que acababa decirle y suspiró.
— ¿Qué coche? —le preguntó a Jasper ignorándome por completo.
Él le contestó y comenzaron una conversación sobre las características de mi coche a las que yo nunca les sacaría provecho.
— Hola —susurró una voz en mi oído provocando que cerrase los ojos y mi cuerpo entero de estremeciese. Suspiré antes de girarme y al hacerlo me encontré de frente con esos dos ojos verdes que nublaban mis sentidos.
— Hola —musité sin poder dejar de mirarlo.
— Estás… simplemente… deslumbrante —dijo con adoración—. Si me madre no me corriese a escobazos por el atrevimiento, te echaba sobre mi hombro y te llevaba a mi habitación ahora mismo.
Me estremecí de nuevo ante la suavidad y el tono ronroneante de su voz mientras hablaba, estaba completamente segura de que Edward sería capaz de llevarme a un orgasmo solo hablándome al oído con ese tono de voz.
— Ed… —susurré para que dejase de hablar así, me aturdía, me hacía no pensar y no era el mejor momento.
— Adoro tus sonrojos… —rio y acarició mi mejilla con la yema de uno de sus dedos— ¿quieres algo de beber?
Tuve que parpadear ante el cambio repentino de tono que me hizo bajar de las nubes de golpe.
— Na… nada por ahora —tartamudeé.
— ¡Te dije que te quedaría deslumbrante! —el chillido de Alice me hizo dar un respingo y mirarla asustada—. Rose… ¿no crees que ese vestido ha sido hecho para ella? ¡Es perfecto!
— Es demasiado corto —gruñó Jasper, yo bufé y Alice lo taladró con la mirada.
— Es corto pero con estilo, no es de esos vestidos que solo se ponen la pu… prostitutas —sonrió mirando a Esme—, es elegante, enseña sus piernas que son largas y estilizadas y se ciñe en los lugares adecuados.
— La verdad es que no deja mucho a la imaginación —dijo Edward mirándome de arriba a abajo.
— ¡Eh! —Jasper llamó su atención—. Guarda la pistola, mi hermana no es un pedazo de carne —sus palabras podrían haber hecho que se me parase el corazón, pero por la sonrisa burlona en su rostro y por cómo me guiñó un ojo supe que estaba de broma, y eso fue lo único que evitó que me diese una apoplejía o algo similar.
— Mi pistola está a buen recaudo —Edward continuó su broma como si no pasase nada, pero solo yo fui consciente de como una de sus manos se cerró en un puño dentro del bolsillo de su pantalón.
Hasta ese momento no me había fijado en cómo estaba vestido y al hacerlo casi comienzo a hiperventilar, Edward no llevaba más que su un pantalón de vestir, una camiseta negra ceñida a su pecho y una chaqueta por encima. Cualquier otro con ese atuendo haría parecido fuera de lugar por estar informal, pero eso era lo que caracterizaba a Edward, nunca estaba fuera de lugar pusiese lo que se pusiese. Su sola presencia, la energía que emanaba de cada uno de sus poros te atraía a él y era imposible que lo mirases mal o lo vieses fuera de lugar. En cualquier situación era capaz de meterse a todos en el bolsillo solo enseñando su deslumbrante sonrisa, mucho más si lo acompañaba del poder innegable de sus ojos verdes. O como su pelo caía despreocupadamente sobre su frente completamente desordenado pero con un estilo despreocupado y único, que lo hacían verse condenadamente sexy y atractivo.
— Se te caerá la baba —la burla de Rosalie me hizo desviar la mirada de Edward, que en ese momento debatía con Jasper sobre un caso del bufete, ella me miraba sonriendo y me guiñó un ojo antes de vaciar el contenido de su copa de champagne en la de Alice sin que ella se diese cuenta.
— Yo… esto… ehm… —balbuceé.
— Sí… está muy bueno, eso es obvio —rio Alice—. Le viene de familia, Emmett está mucho mejor que él.
— Depende de cómo lo mires, Emmett es mono pero…
— Demasiado niño —terminó Rosalie por mí—, demasiado músculo y poco cerebro. Creo que hasta Bella es más madura que él. Y Edward… arg… demasiado flacucho.
— No eres justa con Emmett —añadió Alice—, primero permítete conocerlo y después opina, eres muy dada a dejarte llevar por las primeras impresiones y no siempre son las acertadas.
— Mi instinto nunca falla —gruñó la rubia.
— Sí… por eso salías con Royce y tenías a Bella como una trepadora caza fortunas —Alice sonrió y parpadeó con inocencia.
— Lo de Royce olvídalo ya… por favor y de Bella tampoco estoy tan segura, solo le estoy dando una oportunidad— Rosalie me dedicó una mirada dura y yo alcé la barbilla con orgullo.
— No lo he visto, pero sé cómo ha actuado Bella exactamente cuando Jasper le ha dado su regalo —dijo Alice muy segura de sí misma—. Primero se ha indignado, después se ha negado a aceptarlo y por último está buscando una excusa para no utilizarlo, pero lo que no sabe es que Jasper es tan terco como ella y la hará utilizar el coche quiera o no.
— ¿El Civic del garaje era para ti? —preguntó Rosalie sorprendida, asentí y ella bufó—. Si te regala un coche y te acaba de conocer, ahora entiendo porque que la zorra de María no lo suelta… será gilipollas.
— No es gilipollas, está ciego de amor —la voz de Alice sonó con un reborde de amargura.
— Eso no amor Alie, no te engañes. Está atontado, agilipollado, no sé si esa perra le ha hecho vudú o algo así pero estoy segura de que no es amor, conozco a mi primo y él no está enamorado —gruñó Rosalie—, igual que tú con James… ¿de verdad lo quieres?
— Quiere casarse con él —añadí sin pensar.
Rosalie me sonrió y volvió su atención a Alice.
— No se preocupa por ti más que para follar, solo te busca cuando necesita sexo y si no fuese porque se la chupas a menudo te habría dejado —era impresionante la clase que desprendía Rosalie mientras esa sarta de palabras salía de su boca, en cualquier otra persona habría sonado de mal gusto y hasta un poco fuera de lugar. Pero ella mantuvo su pose erguida y su sonrisa orgullosa mientras la cara de Alice se distorsionaba primero con enojo y después con un profundo dolor.
— ¿Crees que no lo sé? —su voz sonó dura y afilada, casi irreconocible—. Pero necesito estar con alguien, no puedo simplemente llegar a mi casa vacía y meterme en mi cama, mientras… —se calló y nos miró a ambas en completo silencio.
— ¿Mientras qué? —la instó Rosalie.
— Nada… —masculló.
— ¿Mientras Jasper se tira a María? —la pregunta de Rosalie me dejó con la boca abierta, sobre todo al ver como la sorpresa y la vergüenza teñían el rostro de Alice.
— No… no es eso… —Alice rio con nerviosismo— no sé de donde sacas esa estupidez. Jasper es mi jefe y mi amigo... nada más.
— Si ya… y Bella no se toma anticonceptivos para follar con el flacucho —Rosalie sonrió triunfalmente y me ruboricé ante la cara sorprendida de Alice.
— ¿Ella lo sabe? —me preguntó en un murmullo.
— Como para no saberlo… si es que no pueden ser más evidentes —rodó los ojos—. Pero Bella ten mucho cuidado, ya has visto como ha reaccionado Jasper con lo mío… con eso no creo que sea tan transigente.
— ¿Contigo fue transigente? —pregunté con ironía.
— Jasper y el tema "familia" son incompatibles y a la vez inseparables, ya lo descubrirás con el tiempo. Pero los Cullen son como su familia y sentirá que Edward lo ha traicionado… y tú también por aceptarlo —explicó.
— No la asustes —Alice se puso a mi lado y sostuvo mi mano entre las suyas, que hasta ese momento no me había dado cuenta de que estaba temblando—. Le costará un poco aceptarlo pero lo hará, es inevitable ver todo lo que os queréis en tan poco tiempo.
— ¿Querer? —Rosalie bufó de nuevo—. Tiene solo dieciséis años, hasta Emmett podría "querer" a alguien con más madurez que ella.
— Quieres dejar de atacar a Emmett y a Bella… —Alice la miró con los ojos entrecerrados— Además… ¿por qué esa fijación con Emmett? —preguntó con suspicacia.
— No tengo fijación con él… es solo que me saca de mis casillas —se defendió.
— Sí… será eso… ¿por qué no le das una oportunidad e intentas conocerlo mejor? No es mal chico.
— No… es solo chico de mente —rio.
— Rose —la reprendió.
— No quiero darle una oportunidad, estoy muy bien como estoy sin dejar que Don Músculos entre en mi vida de cualquier modo.
— Tienes miedo —la picó Alice—, por eso no quieres, estás aterrada de que te guste más de lo que debería.
— No sé porque piensas eso…
— ¿Por qué es la verdad? —Rosalie bufó de nuevo—. Si estás tan segura de que Emmett no es más que una masa de músculos sin cerebro, no te costará nada darle una oportunidad y conocerle un poco mejor.
— No tengo ningún motivo para hacer eso —la barbilla de Rosalie se alzó más.
— Sí que tienes uno… —Alice sonrió y ella alzó una ceja interrogante— si no le das una oportunidad a Emmett nos estarás demostrando a Bella y a mí que eres una cobarde.
— No tengo que demostrarle nada a nadie —gruñó molesta.
— No… porque lo que realmente pasa es que estás aterrada.
— No estoy en la mejor situación para hacer amigos —dijo con un deje de amargura—. Emmett pensará lo que no es y cuando se entere de lo que me pasa escapará por patas… como si no conociese a los hombres gamba.
— ¿Hombre gamba? —preguntamos Alice y yo a la vez.
— Sí… esos de los que lo único que se desecha es la cabeza —sonrió con arrogancia.
— Rose... —gimió Alice en mitad de nuestro ataque de risa— ¿por qué no le das una oportunidad? Yo no te estoy diciendo que te cases con él, ni si quiera que te lo tires, solo que seas su amiga, que lo conozcas. Emm de verdad vale la pena… en serio.
Por suerte la conversación se quedó ahí, ya que la zo… la novia de mi hermano por fin llegó y nos sentamos a cenar. Casualmente me senté entre Edward y Emmett, que cuando el segundo cuando llenó su plato de comida pensé que repartiría con el resto de la mesa, pero no, él solito se comió su ración y lo que correspondería a la mía y la de Alice sumándole parte de la Rosalie y Esme. Al principio me sorprendí de que fuese capaz de comerse todo eso… pero después comprendí que tremendo cuerpo debía mantenerse con algo.
— Mi madre me tiene amenazado —me dijo Emmett en un susurro cuando ya estábamos en el postre.
— ¿Con qué? —pregunté con curiosidad.
— Si le pasa algo a María por mi culpa no me da mi regalo —hizo un adorable puchero y no pude evitar reír.
— Puedes hacerle lo que quieras y me echas a mí la culpa —le guiñé un ojo haciendo que una radiante sonrisa se dibujase en sus labios y sus hoyuelos se marcaron tanto que no pude evitar pellizcar una de sus mejillas haciendo que sonriese más.
— Hola de los legalos — dijo Alice con la boca llena, ya que se había comido su postre en solo dos bocados para acabar antes.
— Todavía no es media noche —dijo Jasper sonriendo sin dejar de mirarla.
— Es hola… —Alice tragó con un gran esfuerzo todo el contenido de su boca— es hora de que abramos los regalos y no me discutas o el tuyo te lo meto por…
— ¡Alice! —gritó Esme entre escandalizada y sorprendida.
Rosalie y yo no pudimos evitar unas risitas ahogadas, en cambio Emmett comenzó a reírse abiertamente secundado por Carlisle.
— Alice Brandon… —Carlisle negó teatralmente con la cabeza mientras chasqueaba la lengua— ¿y con esa boca me saludas cada mañana?
— Sabes que en el fondo te quiero Carl —Alice sonrió y Carlisle le guiñó un ojo con complicidad—. Pero te querré mucho más… no, os querré mucho más a todos si entregamos nuestros regalos ya.
— Está bien… —Jasper sonrió y María hizo una mueca de desagrado, ya que miraba a Alice mientras lo hacía y no a ella. Pero que joda y se dé cuenta de que no es ombligo del mundo y hay más personas alrededor de mi hermano.
Fuimos conducidos por Esme a donde estaba el árbol de navidad con nuestros regalos, pero antes de llegar Edward me sujetó por un brazo y evitó que continuase avanzando.
— ¿Qué pasa? —pregunté
— Quiero darte tu regalo el primero —sonrió de lado y no me quedé hipnotizada viéndolo.
— Jasper se te ha adelantado —fruncí los labios.
— Vaya… —suspiró— de todos modos seré el segundo… toma.
— No tenías que haberme comprado nada —protesté, inútilmente, ya que sonrió de nuevo y me olvidé de lo próximo que iba a decir.
— Te gustará… ábrelo —añadió extendiendo una caja pequeña hacia mí.
— No tenías que haberte gastado tanto dinero —gemí.
— Es una caja pequeña… ¿por qué crees que he gastado mucho? —preguntó él
— Los regalos caros vienen en cajas pequeñas… eso es conocimiento global —gruñí.
— Ábrelo —me instó de nuevo.
— Está bien... —arrastré las palabras.
Con nerviosismo rompí el hermoso papel plateado que cubría mi regalo para encontrarme con una caja de terciopelo negro de una joyería, era alargada, las típicas que suelen guardar relojes o… o colgantes. Tragué en seco y lo miré asustada, tanto que sentía el corazón latiendo en la boca y mis manos comenzaron a temblar. ¿Sería posible que él tuviese mi colgante? ¿Qué lo hubiese encontrado y me lo regalase de nuevo?
— Espero que te guste, en cuanto lo vi pensé en ti —dijo mientras me debatía en si abrir la caja o no, lo que me sacó de mis dudas… con lo que había dicho estaba casi segura de que no era mi colgante, pero tenía la leve esperanza de que sí lo fuese y Edward solo intentase despistarme.
Tomé aire lentamente para contenerlo en mis pulmones, abrí la caja lentamente y me encontré con una preciosa pulsera. Solté el aire de golpe y mis labios se extendieron en una sonrisa, no era mi colgante, pero era realmente preciosa. Era como un brazalete plateado con diferentes dijes colgados.
— Busqué tu colgante y no lo encontré —comenzó a explicar con un hilo de voz—, miré en el coche, en mi apartamento… creo que desmonté mi casa entera y no había ni rastro. Fui a la joyería dispuesto a encontrarte otro similar, sé que no sería lo mismo, pero sería algo… pero me encontré con esta pulsera. Cada uno de los dijes tiene el nombre de uno de nosotros grabado, estamos todos, Alice, Rosalie, Jasper, Emmett… yo... no te recordará a la familia que has perdido, pero sí a la que has ganado.
— Edward… —susurré intentando tragar el nudo que había en mi garganta— Es… esto… es precioso… muchas gracias… —y no pude evitar que una lágrima traicionera descendiese por mi mejilla. Temblé cuando la secó con su pulgar y me regaló una sonrisa tierna—. ¿Me ayudas a ponérmela?
Sin decir nada, pero con una enorme sonrisa, Edward me colocó la pulsera y me quedé mirándola como embobada… había un zapato que tenía el nombre de Alice, un espejo que tenía el Rosalie, un osito con el de Emmett, un sol con el de Carlisle, una luna con el de Esme… y una estrella para Jasper...
— Te queda perfecta —murmuró mirándome a los ojos.
Me sonrojé furiosamente y tuve la necesidad de desviar la mirada ante el poder de la suya.
— ¿Qué significado tiene cada dije? —pregunté en un murmullo para romper el contacto con sus ojos que me estaba abrasando.
— Ehm… verás… el de Alice creo que es evidente —sonrió tomando el pequeño zapato entre sus dedos—, el espejo de Rosalie es porque ella, dentro de todas sus cualidades, es un poco vanidosa. El oso de Emmett es por el instinto de cariño y protección que tiene con los suyos, es cariñosos y mimoso pero cuando le tocan donde duele se vuelve una fiera. El sol de Carlisle… bueno… él es como el sol, te ayuda a ver luces en mitad de las sombras, te ayuda a sonreír en un día triste… la luna de Esme —suspiró—, ella complementa al sol, es misteriosa ya a la vez dulce y comprensiva, pero tiene una cara oculta que es mejor que no conozcas —no pude evitar reír ante su tono casi como aterrado y él me acompañó—. La estrella de Jasper… él está siendo tu luz ahora que estás perdida, es tu estrella guía.
— ¿Y… y el corazón? —me sonrojé al ver su nombre grabado.
Edward también sonrió y tomó el corazón entre sus dedos haciéndolo girar con nerviosismo.
— Creo que es evidente… no me hagas decirlo aquí y ahora porque podemos tener problemas —sonreí sin poder evitarlo y mi sonrisa me amplió cuando sus labios rozaron mi frente.
— Yo siento lo mismo —murmuré contra su pecho mientras me abrazaba.
— ¡Vosotros dos! Dejaros de tanto amor de hermanos y todas esas mierdas y traed vuestro culo aquí —nos llamó Emmett.
¿Amor de hermanos? Nada más lejos de la realidad, aunque en el fondo agradecía que diésemos esa imagen y no la de lo que en realidad éramos.
— Ven Bella… abre mi regalo primero —dijo Alice extendiendo una caja hacia mí, una caja que, sospechosamente, era del tamaño de una zapatos.
— No era necesario —me quejé.
— Si cada vez que te den un regalo dices que no era necesario te llevaré de vuelta a casa —me amenazó Jasper en tono de broma.
— De acuerdo… intentaré no decirlo más —todos rieron ante mi comentario.
Poco a poco el suelo se fue llenando de pedazos y más pedazos del papel con el que estaban envueltos los regalos, y los regalos bajo el enorme árbol de los Cullen fueron desapareciendo. Yo había acumulado unos de zapatos de parte de Alice, un vestido de Rosalie, unos libros de parte de Esme y Carlisle y unos discos de parte de Emmett.
— Bells… susurró Jasper extendiendo otro paquete hacia mí, ese era pequeño y cuadrado, también de joyería.
— Jazz… no era necesario, con el otro tengo más que suficiente —murmuré mortificada.
— No lo he comprado si es lo que te asusta… ábrelo que sé que te gustará. Además… —añadió— prometiste no quejarte más.
Suspiré resignada y abrí la caja, ya que no tenía papel, y lo que vi dentro hizo que mi corazón se paralizara. Me quedé observándolo fijamente un tiempo indefinido hasta que unas manos frotando mis brazos me trajeron de nuevo a la realidad.
— ¿Estás bien? —preguntó Jasper en un murmullo.
— ¿Dónde estaba? —lo miré girando mi cabeza bruscamente y el movimiento hizo que las lágrimas que estaban colgando de mis pestañas se cayesen por mis mejillas.
— Al día siguiente haberlo perdido, lo vi enganchado en tu abrigo cuando iba a dártelo para ir al instituto. Se había roto el cierre, así que lo llevé a reparar —con los dedos un poco temblorosos sacó mi colgante de la caja y lo dejó girar frente a mis ojos—. Una vez allí, se me ocurrió que podía hacer algo más por ti… así que le pedí al joyero que grabase también el nombre de Charlie junto al de Renée.
— Jasper… —gemí casi sin voz.
— ¿Te gusta? —pregunto mirándome algo atemorizado—. Esperaba que no te molestase, pero creí que sería un modo de tenerlo a él también cerca, sé que era importante para ti.
— Jazz… —no tardé en sentir sus brazos rodeándome tímidamente.
Jasper podía ser un hipócrita cuando hablábamos de embarazos no deseados, un gilipollas como decía Rosalie por estar completamente ciego por un amor que creía sentir, pero era en esas cosas, en esos pequeños detalles que tenía conmigo, cuando veía al verdadero Jasper. A ese que cruzó medio país para ir a enterrar a un padre que no veía desde hacía años y de paso llevarse con él a su hermana pequeña que no conocía para darle una vida que no tendría ni de lejos en un centro de menores.
— Me encanta… es… es… gracias… — gemí contra su pecho sintiendo que no podía dejar de llorar.
— Tranquila pequeña… —me susurró para tranquilizarme—, es tuyo, yo no he hecho nada extraordinario.
Me apreté más contra él ahogando mis sollozos contra su pecho, y poco a poco a poco me fui tranquilizando. Hasta que solo acabé hipando y sorbiendo por la nariz vergonzosamente.
— Ven que te lo ponga —dijo con una sonrisa.
Intenté devolvérsela, pero creo que no fui capaz. Al sentir el peso y el frío del metal sobre mi cuello volví a sentirme bien, como si esa pieza que me faltaba volviese a su lugar.
— Tengo que hablar contigo —dijo Jasper de repente en tono serio y le presté toda mi atención—. Recuerdas que te dije que me quedaría contigo en navidades, pero finalmente no podrá ser. Voy con María a visitar a su padres a México, por lo visto es importante y no podemos posponerlo.
Fruncí el ceño, así que la zorra se lo llevaba esta vez, lo mejor en ese caso era mostrarme comprensiva, o al menos eso me decía mi instinto.
— No te preocupes —fingí mi mejor sonrisa y me sentí complacida cuando me la devolvió—. Te echaré de menos en año nuevo, pero nos quedan muchos que disfrutar juntos.
— Sí… —sonrió todavía más—. Sue también se va, la he obligado a tener vacaciones después de tantos años e irá a visitar a su familia. Pero no te dejo sola, pensé que podrías quedarte con Carlisle y Esme, pero ellos también se quieren ir de viaje. Alice estará con James… y Rosalie… bueno, Rose no sé qué hará… así que he hablado con Edward y me ha prometido que pasará unos días contigo.
— ¿Edward? —pregunté con los ojos extremadamente abiertos.
— Sí… quizás no es el mejor plan para ti, pero es lo mejor que podido conseguir. No quiero que pases año nuevo tú sola y Edward me prometió que estaría a tu lado todo lo que pudiese.
Miré a Edward, que en ese momento estaba riendo de algo que Emmett le estaba contando, como si él hubiese sentido mi mirada, se giró para verme y me dedicó una sonrisa que no pude evitar devolver.
— Haré mi mayor esfuerzo y lo pasaré bien —volví a fingir, esta vez un tono apesadumbrado, aunque en el fondo quería dar brincos y ponerme a bailar como loca.
— Venga Bells… sé que Edward te cae bien… pasáis mucho tiempo juntos. Seguro que lo ves como a un hermano o algo así —Jasper me dio un codazo juguetón y le miré intentando aguantarme una carcajada.
Ya era la segunda persona que pensaba que Edward y yo nos queríamos como hermanos… y nada más lejos de la realidad.
— Algo así… —murmuré bajando la mirada, no me gustaba mentir y mucho menos mentirle a mi hermano sobre algo tan importante.
— Le he dicho a Edward que te dé un poco de libertad, por si quieres salir con el chico ese del que me hablaste el otro día —mi boca se abrió con la sorpresa y Jasper sonrió—. ¿Crees que no he notado lo tonta que te has vuelto? Sé que hay algo más que un tonteo… pero ya me dirás de quién se trata con el tiempo. Bueno Bells… debemos irnos que si no perderemos el avión. Me alegro de haber pasado este día a tu lado, y muchas gracias por el regalo, de verdad me ha encantado —alzó la mano izquierda mostrando el reloj de pulsera de la segunda guerra mundial que le había comprado—. ¡Nos vemos!
Con un beso en mi frente se alejó cogiendo a María de la mano y saliendo después de la casa. Suspiré y miré mi pulsera… Jasper era mi estrella guía como me había dicho Edward, pero tenía el nubarrón de María que me lo ocultaba de vez en cuando y perdía el rumbo de mis pasos. Por suerte tenía a Edward, que colocando una mano sobre la piel desnuda de mi espalda, envió millones de corrientes eléctricas a lo largo de todo mi cuerpo.
— ¿Te ha dado Jasper la buena noticia? —casi susurró cerca de mi oído.
Cerré los ojos y mordí mi labio inferior luchando contra la necesidad de girarme, colgarme de su cuello y besarlo hasta quedarme sin aire.
— Lo ha hecho —dije con un hilo de voz.
— ¿Y qué te parece? —preguntó girándome para que lo mirase mientras hablábamos.
— Muy desconsiderado de parte de María —torcí el gesto—, pero creo que… podré aprovechar este contratiempo —no pude evitar sonreír ante el brillo de lujuria que iluminó sus ojos durante unos segundos.
— ¿No estás cansada? —preguntó de repente.
Fruncí el ceño.
— No… ¿por qué?
— Sí que estás cansada… te duelen mucho los pies y solo tienes ganas de meterte en cama —insistió.
— Edward… —reí mientras me empujaba hacia donde estaban todos.
— Voy a llevar a Bella a dormir, está agotada… ha sido un día muy largo —dijo sin mostrar ni un solo signo de debilidad en la voz mientras mentía descaradamente.
Sin esperar contestación me arrastró hacia la puerta donde me ayudó a ponerme mi abrigo.
— Edward… eso ha sido descortés —protesté camino a su volvo—, no me has dejado despedirme de tus padres.
— No me has dado mi regalo… eso sí que es descortés —dramatizó.
— Ya te he dado mi regalo —fruncí el ceño—, lo estás utilizando ahora mismo.
Edward se miró la muñeca, donde llevaba una pulsera de cuero con un dibujo celta grabado, el vendedor me había dicho que era un nudo de amor eterno.
— Sí… pero todavía no me has dicho que significa este dibujo… ¿es un nudo? No importa— se encogió de hombros—, el regalo que yo quiero es otro —esa sonrisa que me hacía temblar se dibujó en sus labios y contuve un suspiro. Después se acercó a mí lentamente, haciendo que mi corazón latiese desesperado y cuando pensé que se estaba inclinando para besarme, pasó solo rozando mis labios y abrió puerta del coche para que entrase.
— ¿Qu… qué regalo? —pregunté con voz ahogada.
— Quiero arrancarte ese vestido, mi regalo estará debajo —su voz sonó tan sensual y profunda que mi ropa interior se humedeció de golpe por la antelación de lo que se avecinaba.
