Capítulo XVI: Siete Días de Preguntas sin Respuestas
Las palabras de Giyuu le atravesaron el corazón como si fueran miles de alfileres, arrasando con todo a su paso.
–No puedo explicarlo, ¿verdad? –Giyuu dejó la pose burlona por un momento y adoptó una actitud seria.
El profesor volvió a hacer ademán de tomar el brazo de Shinobu y esta intentó zafarse otra vez, pero él fue más rápido y la inmovilizó rápidamente.
–Tenemos que hablar.
Oh, el preludio de una catástrofe venía de la mano con la frase más cliché de todas.
–No quiero. –Habló por primera vez Shinobu y con un tono de voz que ninguno de los dos reconoció en ella.
Shinobu aún no quería dar crédito a lo que veía. Ese no era Giyuu. No podía ser él. Tenía que despertar. Sí, seguramente eso haría en cualquier instante. ¡Quería despertarse en ese momento!
–No te pregunté. –Giyuu aflojó un poco la tensión de su agarre. –No más caprichos, Shinobu.
–¿A qué te refieres con caprichos? –Preguntó Shinobu, indignada. –¡No es ningún capricho! ¡Exijo una explicación, Giyuu!
–Es lo que trato de hacer.
–¿Quieres explicármelo con esa… –no iba a ensuciar su boca por una cualquiera – …aquí?
–Yume. –Giyuu llamó a la pelimorada. –Espérame en la recámara.
Nuevamente, las palabras de Giyuu le hicieron daño. Con que llamaba a la fulana por su nombre y le pidió que lo esperara. Bien, esperaría mucho tiempo porque ella no tenía intención de irse así nada más.
–Siéntate. –Invitó a Shinobu teniendo la delicadeza de no señalar el mueble donde había estado con aquella mujerzuela.
–No quiero. –Repitió ella. –Y no es un capricho. –Se apresuró a aclarar. –Quiero que me expliques qué fue eso que acabo de ver. –No quiso sonar ansiosa. Pero lo estaba, quería una explicación en ese instante. ¡Quería que botara a la prostituta a la calle!
Quería que la abrazara y le dijese que la quería, que todo eso no era lo que ella pensaba.
Necesitaba escuchar esas cosas que los novios le dicen a las novias cuando son sorprendidos en alguna situación comprometedora.
–No creo que necesites que te explique nada, es algo que enseñan cuando se entra a la adolescencia. –Contestó con insolencia.
Y así superando la paciencia de Shinobu.
–¡Déjate de estupideces! –Le espetó, esta vez alzando la voz esperando que la escuchara todo el edificio. –Sabes muy bien a lo que me refiero. –Tuvo que morderse el labio inferior para no dejar escapar un sonoro sollozo. Quizá era la furia lo que evitaba que se desmoronara ahí mismo. –¿Por qué, Giyuu? ¿Por qué? –La voz empezaba a fallarle. –Esto es por lo de Inosuke. –Dedujo rápidamente. –Él te dijo que hicieras todo esto para deshacerte de mí. Esto no es más que una vil mentira.
Rogó, esperando que él le dijera que sí, que alguna reacción de él se lo dijera. Pero no. Giyuu la miraba con una expresión rara en su rostro. Una extraña mezcla de confusión y lástima. Era como si sus palabras no significaran nada para él.
–No digas tonterías.
–Entonces… ¡contéstame! –Le exigió de un grito. –¡Explícamelo, porque no entiendo nada! ¡¿Por qué?!
–¿Te digo por qué ahora puedo acostarme con alguien? –Contestó sin exteriorizar lo mucho que le perturbaba ver a Shinobu en esa condición. –Escúchame, desde que enviudé yo no había vuelto a sentir deseo de estar con alguien, ni siquiera en la forma más inocente. Creí que no podría volver a hacerlo.
–Pero, no fue así… –Susurró Shinobu. –Pudiste hacerlo, conmigo.
–Exacto. –Confirmó Giyuu viéndola a los ojos.
–¿Lo ves? –La pelimorada volvió a ignorar el nudo que sentía en la garganta y que amenazaba por salir. –Claramente eso fue porque entre nosotros hay algo más…
–No hay nada más, Shinobu. –Le dijo como si le hablara a una niña pequeña. –Nunca hubo otra cosa que no fuera deseo.
–¡Eso no es verdad! –Chilló Shinobu apretando sus manos en los brazos de él. –¡Yo te amo!
–¡Yo no te amo a ti! –Le dijo muy serio. –Y aunque tú asegures sentir eso por mí... –No pudo evitar alzar la voz. –De mi parte nunca hubo nada más. No siento nada por ti.
–¡No es cierto! –Se apresuró a negarlo la joven Kocho. –Te conozco…. –Susurró, aún con esperanza. –Nunca me hubieses tocado de otra forma.
Shinobu pegó su cabeza en el pecho de su novio, esperando que él la acariciara y confortara. Pero no lo hizo. Tuvo que cerrar los ojos para ganar fuerzas y pensar con claridad. Olvidó que él abrazaba otro cuerpo hace poco, era el mismo cuerpo que la había abrazado, protegido y poseído de una forma tan tierna el fin de semana.
Ella no veía a Giyuu observar su mano alzada con impotencia. Utilizando toda su fuerza de voluntad para no sucumbir ante ella.
–Aún eres una niña. –Suspiró Giyuu para su pesar.
–Ese es todo el problema, ¿verdad? –Preguntó aún pegada al resguardo y protección que le daba el cuerpo de él. –Mi edad, mi condición de estudiante. Ya te dije que…
–No me refiero a eso. –La interrumpió. –Eres una niña que aún no puede ver la diferencia entre el deseo y el amor. Por eso no entiendes nada, no entiendes porque me acosté contigo.
–Entonces explícamelo. –Pidió odiando como las ganas de llorar empezaban a vencerla. –Porque no, no entiendo nada.
–Exacto, no lo entiendes. –La separó un poco de su pecho y tomó con suma delicadeza su mentón. Lo giró a su izquierda haciendo que Shinobu viera lo que él quería.
La foto y el espejo.
Entonces se inclinó a su oído y aspiró su aroma con disimulo antes de decir:
–Lo siento. No puedo entregarte algo que ya tiene dueña.
Shinobu no despegaba los ojos de la imagen y de su propio reflejo.
Alice, Giyuu y ella.
Se separó de él horrorizada. Intercalando la mirada entre él y la mujer en la imagen.
–Al principio era solo una idea. –Siguió hablando Giyuu, ignorando lo que sentía por la mirada de Shinobu. –Pero la confirmé con Yume. –Tomó la foto de su difunta mujer y la acarició con ternura. –El único motivo por el cual puedo estar contigo o con ella es porque se parecen a Alice.
Shinobu sentía que tenía una pelota de soccer en la garganta. Pero, no podía quedarse callada. Tenía que decir algo, ¡lo que sea!
–¿Pensabas en ella, cuando hacíamos el amor?
El poco tiempo que Giyuu tardó en contestar se le hizo eterno.
–Siempre.
Shinobu sintió como el corazón se le detuvo tras escuchar la revelación. Sus ojos se abrieron con horror y buscaba en el rostro del hombre frente a ella algún atisbo de emoción. Algo que le dijera que mentía. ¡Lo que fuera!
–Mientes… –Susurró. –¡MIENTES! ¡No puedes estar hablando en serio! –Chilló acercándose y golpeando con los puños el pecho de él. –Yo… sentía… Puedes decir lo que tú quieras, pero no puedes mentir tan vilmente y decir que no hubo ningún sentimiento de por medio.
–Nunca te mentí. –Le contestó con frialdad. –Puedes acusarme y maldecirme por todo lo que tú quieras, menos por falta de sinceridad. Siempre fui honesto contigo.
Era verdad. No podía refutarlo y eso era lo que más le dolía. La sola idea de que Giyuu le dijese la verdad le aterraba.
–Y si sentiste algo de mi parte... –Detuvo los golpes de la muchacha y añadió con firmeza: –Tienes que entender que esos sentimientos no eran para ti.
A esas alturas Shinobu no sabía cómo se mantenía en pie tan estoicamente y sin derramar una lágrima. Se zafó del agarre del pelinegro sin bajar la mirada.
–Pruébalo. –Soltó con toda la compostura que aún le quedaba.
–¿Quieres que traiga a Yume y le haga el amor frente a ti? ¿Quieres escuchar como le digo Alice igual que anoche en tu habitación?
Shinobu palideció aún más por las últimas palabras. Era cierto, la noche anterior, en su recámara él le había llamado Alice. Una mezcla de dolor, indignación y vergüenza se formó dentro de ella.
–¿Te acercaste a mi solo por el parecido que hay entre ella y yo? –Preguntó señalando a la mujer en el retrato.
–En parte por eso y por un poco de lástima. –Soltó como quien no quiere la cosa. –Sabes perfectamente que nunca quise que esto avanzara a mayores. Pero pasó, y no te imaginas lo miserable que me sentía cada vez que caía en cuenta de que tú no eras Alice.
Las rodillas de la joven empezaban a temblar. Sentía que en cualquier momento iba a desfallecer.
–No, no lo soy. –Habló Shinobu con un hilo de voz. –Yo estoy viva.
–Y yo morí con ella.
No era verdad. Shinobu lo sabía y creyó que había logrado que él lo entendiera. Quizás, aún había forma de convencerlo. Lo intentaría, aunque le costase lo único que creyó jamás perdería por nada ni por nadie.
–Te amo… –Repitió. Poniéndole todo su corazón en esas dos palabras, en esos ruegos camuflados.
–No, no lo haces. –Repuso Giyuu, turbado por la intensidad de aquella declaración. Algo dentro de él le decía que tenía que aferrarse a ella, que quizá no volvería a escucharla. –Eres muy joven para saber qué es eso.
–¡No te atrevas, Giyuu Tomioka! –Le gritó señalándolo. –No te atrevas a decidir si lo que siento por ti es verdad o no. ¡No te atrevas!
Se le quebró la voz cuando dijo las últimas tres palabras y ya empezaba a ver nubloso a causa de las lágrimas que se aglomeraban en sus ojos. Pero, no podía llorar frente a él. No volvería a provocar su lástima nunca más.
Inhaló lo más fuerte que pudo y se dirigió a la puerta sintiendo como los ojos azules del profesor le seguían en cada movimiento. Guardaba la esperanza que él la siguiese y detuviese, pero no lo hizo.
Así que lo hizo ella. Se detuvo frente a él y tomó su mano colocándola a la altura de su corazón.
–Cuando uno ama, esto duele. –Dijo sosteniéndole la mirada. –Tú sabes eso. –Le recordó. –Yo no lo sabía, pero lo aprendí. Porque me duele como el infierno justo aquí. –Hizo presión en el pecho de él. –Y sabes, debería odiarte. Una parte de mí quiere gritártelo, pero no puedo. ¿Por qué? Porque estoy segura de que te amo como quizás nunca vuelva a amar a nadie.
Con toda su fuerza de voluntad caminó hasta la puerta esquivando la compra que había caído y se había desperdigado por el suelo. Bajó como en transe hasta las afueras del edificio donde, por suerte tomó un taxi rápidamente.
En el camino no pensaba, respiraba por inercia. Incluso el conductor tuvo que llamar su atención cuando llegaron a su destino. Distraídamente, le entregó el pago y sin esperar el cambio se bajó con dirección a su casa, a su fortaleza.
Porque eso no era un hogar. Sin embargo, servía para guardarla de los males del cruel mundo exterior, al menos los del ámbito físico. Internamente era tan vulnerable como un cachorrito que aún no podía ver bien.
No se molestó en saludar al servicio que se inclinaba respetuosamente ante ella. Ni siquiera se tomó la molestia de comprobar si su hermana estaba en casa. Solo caminó y caminó hasta que llegó a su recámara.
Solo una vez dentro y asegurada en su fortaleza de cristal, permitió que las piernas le fallaran. Allí, contra la puerta, las lágrimas cayeron bañando su rostro sin misericordia. Los gemidos y sonoros sollozos no se hicieron esperar.
Desde que murió Kanae, nunca había llorado así. Por nada ni por nadie. Era un llanto tan desgarrador que calaría en el alma de cualquiera que lo escuche.
El llanto de un corazón roto.
Sentirse como un canalla miserable y el más bajo de los hombres, era poco comparado a cómo se sentía en realidad. Había tenido que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para poder mantener su papel de principio a fin.
Fueron incontables las veces que estuvo a punto de mandar al demonio toda esa farsa. Fue cruel, eso lo sabía a la perfección. Por el amor de Dios, ¡al principio se había reído de ella! No podía mantener ese nivel de crueldad.
Shinobu no iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente. Sin embargo, jamás esperó que dejase de lado su orgullo. Ese último "te amo" había movido todas las fibras de su cuerpo.
El pecho le dolía y no por los golpes desesperados que ella le dio. Era un dolor más intenso, que le carcomía el alma cada vez que recordaba sus ojos apagados o veía la compra regada en el piso de su departamento.
Desde que Shinobu había dejado su departamento no se había movido de la sala. No tenía fuerzas, ser un bastardo cansaba. No comprendía cómo es que había hombres que lo hacían con tanta facilidad.
Las últimas palabras dichas por su joven estudiante aún martillaban en su cabeza. Claro que él sabía que amar dolía. Ya lo había experimentado años atrás cuando perdió al amor de su vida.
Y era eso precisamente lo que le molestaba.
Volver a sentir esa maldita molestia en su corazón. Un amargo sentimiento que se supone no debería sentir.
Porque él no ama a Shinobu Kocho. Él aún ama a Alice, su difunta esposa.
–Guapo. –Escuchó cómo le ronroneaban en su oído y unos brazos se colocaban sensualmente alrededor de su cuerpo. –Me dejaste esperando en tu cama. –Susurró besando su cuello.
El contacto le produjo escalofríos, sin embargo, estaban lejos de ser muestras de deseo o excitación.
–Vete a casa Yume. –Le ordenó con desinterés el profesor mientras sacaba un fajo de billetes de su pantalón. –Gracias por tus servicios.
–Pero, si nos interrumpieron en la mejor parte. –Se quejó la mujer. –Vamos, guapo. –Puso en acción sus manos y empezó a acariciar el torso desnudo de Giyuu. –Yo no soy como esa chiquilla. Podemos divertirnos un par de horas y olvidarnos el uno del otro después. –Propuso seductoramente junto a su oído. –Puedes llamarme como quieras, Shinobu, Alice, no me importa.
Giyuu se puso de pie de un brinco y fulminó a la prostituta con la mirada. La misma que le devolvió una mirada cargada de confusión.
–Creí que me habían hecho venir para sacarte a una muchachita latosa de encima. Pero, parece que sí sientes algo por ella.
–Eso no es verdad. –No, no lo era. La amiga de Inosuke estaba inventando tonterías. Él no quería a Shinobu.
–Entonces… –Sin que Giyuu lo notara, se había puesto frente a él y besó con mucha sensualidad la comisura de sus labios. –Demuéstramelo.
La experta en las artes de la seducción tomó posesión de los labios del pelinegro. Giyuu en un principio, no correspondía; no estaba dispuesto a caer en su juego.
Pero lo hizo.
Con el único fin de demostrarse a sí mismo que no sentía nada por Shinobu Kocho.
Inosuke se animó a subir al piso de su mejor amigo una vez que vio a Yume salir del edificio. Al entrar, apenas se alumbraba el bar que camuflaba la delgada silueta de Giyuu que se servía un trago.
Inosuke no necesitaba invitación para entrar al departamento, pasó maniobrando para no desordenar el lugar más de lo que ya estaba.
–Giyuu, oye…
–Soy una basura, Inosuke. –Habló su amigo sin dejar de mirar al líquido ámbar que yacía dentro del vaso frente a él. –Una alimaña.
Inosuke se movió incómodo. En el fondo él también se sentía así, después de todo la idea había sido toda suya.
–Es una adolescente. –Siguió hablando Giyuu. –No merecía lo que le hice. Al final la culpa era toda mía al caer en su juego.
–Hiciste lo correcto y eso es lo que vale. –Suspiró por fin el peliazul sirviéndose una copa a la vez que Giyuu.
–Lo sé. –Suspiró por fin Tomioka. –Pero, dime Inosuke, ¿por qué no me siento bien? ¿Por qué me molesta? Si ella no me importa, entonces, ¿por qué me atormenta el recuerdo de sus ojos tristes?
Inosuke desearía tener respuestas para su amigo. Sin embargo, lo único que se le venía a la mente en esos momentos era algo que Giyuu no necesitaba oír.
–Porque el mundo real es una completa mierda. –Contestó el profesor de gimnasia tras beber de un solo trago su vaso de alcohol.
Poco a poco fueron vaciando el bar de Giyuu. En silencio, cada uno cargando sus propios problemas y dudas.
–¿Sabes qué es lo más gracioso? –Inosuke ya estaba en la etapa en la que todo era chistoso. –Que disfruté besar a Aoi y que no pude dormir toda una noche por sentir su cuerpo junto al mío. ¡A Aoi! ¿Puedes creerlo? Eso es muy gracioso. Me caía muy bien, pero no es más que una vil embustera.
Giyuu seguía callado y bebiendo.
–Venga, hombre. –Animó Inosuke. –Di algo, lo que sea. Sabes que soy tu mejor amigo y que puedes contarme lo que tú quieras. –Le recordó echándose al suelo sin cuidado. –Vaya, solo a nosotros se nos ocurre beber así un día antes de volver al trabajo.
–¿Sabes qué sí es gracioso? –Lo retó Giyuu. –Me acosté con tu amiga.
–Yume no es mi amiga. –Corrigió rápidamente Inosuke. –No soy amigo de prostitutas. Pero sí que está buena y no cobra caro.
–Como sea, me acosté con ella. –Agregó mientras se tiraba al suelo junto a su amigo.
–Eso está genial. –Interrumpió el peliazul nuevamente.
–No has escuchado la mejor parte. –Riñó Tomioka. –Solo pude acostarme con ella porque pensé que era Shinobu... ¡Shinobu! Ni siquiera Alice, sino Shinobu Kocho. Pero, yo amo a Alice, ella fue mi primer amor. A pesar de eso no siento que la he traicionado a ella, sino a Shinobu. Shinobu, Shinobu, Shinobu. ¿Qué siento por ti, Shinobu?, ¿Por qué me duele tanto saber que te he perdido?
Inosuke rodó en el suelo de manera que pudo quedar frente al agotado rostro de su mejor amigo, de su hermano. Giyuu había sucumbido ante el cansancio y cerró sus ojos. Ahora dormía. El peliazul lo notó por su respirar.
–Hay preguntas que es mejor nunca contestarlas, Giyuu.
Porque traen consigo respuestas que no se quieren escuchar.
El lunes que marcaba el inicio del tercer y último periodo escolar había llegado.
En esa mañana, Kanao se levantó temprano sin ninguna dificultad. Le sorprendía no sentirse cansada ya que el día de ayer estuvo desde la mañana con Hideki puliendo los últimos detalles para la exposición del taller, el cual se realizaría en menos de tres semanas.
Después de tomar un baño y ponerse su uniforme, notó que había un silencio poco usual en la habitación de al lado, la cual era de Shinobu. Normalmente el primer día de clases su hermana era la primera en levantarse porque se tomaba su tiempo para arreglarse. Sin embargo, parecía no haber señales de ella.
Sabía que Shinobu había regresado del viaje con sus padres desde ayer en la mañana, pero cuando quiso pasar a saludarla esta ya había salido. Y en la noche que regresó supuso que ya estaba dormida porque las luces de su habitación estaban totalmente apagadas.
Tenía la esperanza de poder platicar con ella, quería contarle sobre el encuentro que tuvo con Sanemi durante el viaje. Pero no solo eso, también quería averiguar la razón de su extraño comportamiento. Tal vez se veía más alegre de lo habitual, no obstante, sentía un extraño presentimiento.
Terminó de acomodar el broche de su cabello y salió de su habitación ya lista con su maletín. Pasaría a ver a Shinobu para que ambas tomaran el desayuno como siempre.
Su sorpresa fue grande cuando vio al médico de cabecera salir de la recamara de su hermana. Rápidamente se encaminó a su encuentro. Sintió una fuerte opresión en el pecho y una clase de deja vú se presentó en su cabeza.
Rezaba para que no fuera nada grave.
–Doctor. –Lo llamó una vez estando frente a él. –¿Pasó algo con mi hermana?
–No se preocupe señorita Kocho. –La tranquilizó el hombre. –Sólo se trata de un resfriado. Al parecer el cambio de clima por el viaje le afectó.
Estaba mintiendo. En realidad, Shinobu ni siquiera estaba enferma, solamente lo mandó a llamar para pedirle que inventara un resfriado para que nadie la molestara. Desconocía sus motivos, pero se veía muy deprimida y tampoco quería arriesgarse a perder un cliente tan importante como lo era la familia Kocho. Por lo que simplemente aceptó y quedó en justificarle los días que faltara al colegio.
–Pero no es nada grave, ¿verdad? –Insistió nuevamente. Los doctores le traían malos recuerdos.
–En lo absoluto. Ya le dejé el medicamento necesario y le recomendé reposo hasta que mejore totalmente.
–Entiendo. Muchas gracias doctor. –Hizo una pequeña reverencia y después se dispuso a entrar a ver a Shinobu.
–Señorita. –La detuvo antes de que abriera la puerta. –La recomendación que le dejo es que no esté cerca de ella por ningún motivo. La fiebre que tiene es muy contagiosa y no solo puede afectarle a usted, sino que también puede retrasar la recuperación de su hermana. –Volvió a mentir.
–Pero…
–Nada de peros. El servicio se encargará de atenderla con las precauciones necesarias. Ellos me avisarán si cumplió con mis indicaciones.
A Kanao le extrañó esa indicación. Ella aún no era una experta en medicina, pero sabía que un resfriado por más fuerte que fuera no impedía visitas de otras personas, claro, con las precauciones necesarias.
No muy convencida, decidió no darle más vueltas al asunto y obedeció al doctor.
–De acuerdo, yo le llamaré si pasa algo más.
–Y aquí estaré cuando lo necesite. –Le aseguró el doctor para luego marcharse.
Kanao aún no se movía de su lugar. Quería ver a su hermana, sin embargo, le preocupaba retrasar su recuperación.
Soltó un sonoro suspiro y simplemente tocó la puerta.
–¿Shinobu…? –La llamó con la esperanza de recibir una respuesta, pero no fue así. –Si estás escuchando… Te aviso que ya me voy al colegio, les diré a todos que enfermaste. –De nuevo no hubo respuesta. –Vendré más tarde para preguntar cómo estás. Adiós.
Y sin más, salió con resignación de la residencia donde el chofer ya la esperaba para llevarla a la escuela. No sabía por qué, pero algo le decía que nada estaba bien.
Por su parte, Shinobu había escuchado todo, desde la conversación de Kanao con el doctor hasta el mensaje de despedida que le dejó. Se abrazó a sí misma sintiendo como las lágrimas se deslizaban por su mejillas. Se sentía mal por mentirle así a su hermana, pero no tenía otra opción.
¿Qué explicación podría darle si la encontrara así? Mentiría si dijera que no necesita un abrazo de Kanao, pero ella ya tenía suficientes problemas con el taller. No podía darle más preocupaciones.
Ella sola tendría que cargar con sus pesares.
Como en cada inicio de periodo, la inspectora general reunía a los alumnos en formación y procedía a hablar acerca de las actividades a realizarse desde ese día hasta el final del año escolar.
Los alumnos de último año eran los más ocupados en ese último trimestre; no solo debían terminar el periodo escolar un mes antes que los otros alumnos y presentar las pruebas de ingreso a la universidad que hayan elegido. También debían participar activamente en los dos festivales que se realizarían próximamente: el festival cultural y el festival deportivo.
Ese año, al colegio le tocaba ser sede del festival deportivo. Por otro lado, tendrían una semana para preparar el festival cultural, en el que los alumnos de otros colegios y secundarias estarán invitados. Y no solo eso, el tercer viernes del trimestre será la exposición de talleres para que los alumnos de secundaria los visiten y se interesen en las actividades del colegio para inscribirse en su instituto.
Al ser matemáticas su primera hora de clase, le correspondía a Giyuu darles tiempo a los representantes del curso para que hablaran con sus compañeros y acordaran qué actividad realizarán en el festival escolar.
Así los dos alumnos empezaron a dialogar tratando de encontrar una actividad que deje satisfechos a todos.
Zenitsu dejó de escucharlos desde que empezaron a dar propuestas: obras escolares, concurso de talentos, show de canto, un café maid, un café maid inverso. Nunca le gustó involucrarse en ese tipo de cosas, por eso, siempre rechazaba la posibilidad de ser escogido representante.
Recargó su cabeza sobre el pupitre y se sorprendió al ver a Tanjiro sentado a su derecha.
–¿No deberías estar al frente? Creí que tú eras el representante de la clase. –Le cuestionó a Tanjiro.
–Ya tengo mucho trabajo con la clase de historia, por eso le pedí a Murata que se hiciera cargo de esto. Después de todo es el segundo al mando. –Respondió el pelirrojo.
En lo que los alumnos debatían, Giyuu aprovechaba para tomar asistencia. Todo era normal, hasta que mencionó a Shinobu.
Tanjiro no pudo evitar sorprenderse por la cara de perplejidad de Giyuu cuando notó la ausencia de su amiga.
–¿Kocho? –Preguntó Giyuu, ocultando su propia consternación. –¿Alguien sabe si le pasó algo a Kocho?
Pero a Tanjiro no pudo engañarlo. El ceño fruncido de Tomioka era inconfundible. Claro que ellos habían notado la ausencia de Shinobu, pero asumieron que no era nada grave.
–Por cierto, Zenitsu. –Se giró a su amigo quien parecía estar a punto de dormirse. –¿Sabes algo de Shinobu? –Le preguntó bajito.
–No, nada. –Contestó incorporándose para observar a Giyuu. –¿No te parece extraño que Giyuu tampoco parece saber nada de ella?
Tanjiro asintió y rápidamente sacó su celular. Revisó la última vez que Shinobu se conectó a una red social y notó que fue el día anterior, en la noche.
Tal vez aún dormía, así que le escribió un texto esperando que conteste cuando lo viera. También le preguntaría a Kanao en el almuerzo.
Tanjiro sintió como un par de ojos azules lo observaban. Pero, no era una mirada de riña por haber sacado el celular. Era una mirada que hacía una silenciosa pregunta.
–¿Kamado?
Alzó la mano por inercia, indicando su asistencia. Pero, negó con la cabeza a la pregunta muda de Giyuu.
No tenía la respuesta que él buscaba.
–Ven, aquí hay una mesa vacía. –Le señaló Nezuko a su amiga para después sentarse juntas a tomar el almuerzo. –Entonces… ¿Shinobu enfermó?
–Sí. –Respondió Kanao sin poder ocultar su preocupación.
Nezuko pudo percibir el semblante triste de su mejor amiga, por lo que decidió tomar su mano para tranquilizarla. Ella entendía el por qué le abrumaba tanto el tema, después de todo el hecho de que Shinobu estuviera enferma le recordaba a su hermana Kanae.
–El doctor dijo que es solo un resfriado. –Le animó. –No pasará más allá de eso, ya lo verás.
–Lo sé. Es sólo que… –Llevó su dedo pulgar a su boca para morderlo de forma pensativa. –Siento que algo no va bien.
–¿Por qué lo dices? –Cuestionó Nezuko mientras bebía de su jugo.
–Hace poco hablamos sobre el comportamiento extraño que ha tenido Shinobu. –Esas palabras hicieron que Nezuko se tensara. –Y cada día lo confirmo más. Ahora solo necesito saber a qué se debe.
Nezuko mordió su labio inferior con nerviosismo.
Mierda. Ella ya sabía perfectamente la situación en la que se encontraba Shinobu. Y fácilmente podría contárselo a Kanao, pero le prometió a Tanjiro no decirle nada ya que era darle más preocupaciones a su amiga. Y en eso tenía razón, Kanao ya tenía suficiente con la exposición del taller.
Además de que no sabía como reaccionaría si lo supiera.
El nerviosismo que presentaba Nezuko no pasó desapercibido por parte de Kanao. ¿Por qué se puso así? ¿A caso sabía algo que ella no?
–Nezuko. –La llamó atrayendo su atención nuevamente. –¿Hay algo que tú sepas al respecto?
–Yo…
¡¿Por qué tenía que ser tan obvia?!
¿Ahora qué decía? A estas alturas sentía que no podría decir una mentira convincente. Kanao era muy perspicaz y podría descubrirla.
Dios. La habilidad de mentir no era un atributo de la familia Kamado, empezaba a confirmarlo.
–La verdad es que yo tampoco entiendo el comportamiento de Shinobu. –Soltó rápidamente.
Kanao la observó con los ojos entre cerrados. Iba a preguntar algo más, pero fue interrumpida.
–Hola chicas. ¿Y Mitsuri? –Saludó Zenitsu llegando junto a Tanjiro con su almuerzo.
Por primera vez en mucho tiempo, Nezuko se alegró por la aparición de Zenitsu y su hermano. Si no hubieran llegado antes lo más seguro es que Kanao ya le habría sacado toda la información.
–Nosotras deberíamos preguntar eso. Ustedes son los que tienen clase con ella. –Respondió Nezuko
–Creímos que se adelantó para verlas a ustedes. –Habló ahora Tanjiro antes de comenzar a comer.
–Lo más seguro es que esté viendo lo de su proyecto con Iguro. –Agregó Kanao.
–Cierto. –Recordó el pelirrojo. –Por cierto, Kanao. –Llamó la atención de su amiga para después preguntar. –¿Qué pasó con Shinobu?
Kanao dejó a un lado sus palillos y comenzó a relatarles todo el incidente de la mañana.
–¿No sabes en cuánto tiempo se recuperará? –Cuestionó Zenitsu.
–No, pero espero que sea pronto.
Tanjiro y Zenitsu se quedaron en silencio analizando la situación. La supuesta enfermedad de Shinobu los dejaba con más dudas con respecto a la actitud de Giyuu. Si se supone que son pareja, ¿por qué él no estaba enterado de su enfermedad?
Siguieron almorzando mientras platicaban de temas triviales de la escuela. Hasta que alguien más apareció interrumpiendo el momento.
–Nezuko.
La aludida se giró para ver quién la llamaba. Era Jacob.
–Ah, hola, Jacob. –Le saludó con una amable sonrisa que molestó a Zenitsu.
–Hay unos requisitos que necesitamos revisar para tu registro de la beca.
–¡Es verdad! –Se levantó apresuradamente mientras recogía sus cosas. –Lo siento chicos, los veo después. –Se despidió con un ademán y se fue junto con su compañero ignorando el rostro furioso de Zenitsu.
–¿Tú estás de acuerdo con que Nezuko se vaya a estudiar al extranjero? –Le cuestionó el rubio a Tanjiro.
–Ya te lo dije una vez y lo repito. Nezuko ya está en edad de tomar sus propias decisiones. –A pesar de la mirada de fastidio que le dedicaba su amigo, continuó. –Además, me parece una excelente idea que se arriesgue y descubra nuevos horizontes.
–De repente se me fue el apetito. –Zenitsu se levantó y recogió sus cosas sin molestarse en ocultar su enfado. –Nos vemos después Kanao. –Y sin más se fue.
Tanjiro llevó una mano a su frente y simplemente negó con la cabeza. Sabía que a Zenitsu no le molestaba la beca, le molestaba que Nezuko se fuera con Jacob. Esos celos empezaban a preocuparlo.
Llevó su mirada al frente y cayó en cuenta de que se había quedado solo en la mesa con Kanao. Observó como ella jugaba con su comida de forma pensativa. Parecía que algo le preocupaba.
–Kanao…
La aludida dio un respingo ante el llamado. Apenas notó que se quedaron completamente solos en la mesa.
Un ligero sonrojo se presentó en sus mejillas al recordar la última vez que estuvieron juntos. En esa ocasión, ella estuvo a punto de besarlo y desde ese día lo estuvo evitando la mayor parte del tiempo.
¿Es que cómo se supone que debería reaccionar cuando fue ella la que pidió espacio? Definitivamente tenía que organizar mejor sus ideas.
–¿Sí…? –Contestó un poco dudosa.
–¿Está todo bien?
Esa pregunta le hizo volver a la realidad haciendo que su semblante cambiara de nuevo.
–Es por Shinobu, ¿verdad? –Al verla así tan afligida pudo entender la razón. –No tienes de que preocuparte, en un par de días ya estará mucho mejor.
A Tanjiro no le gustaba verla así. Sabía que ver a Shinobu enferma no era un buen recuerdo para Kanao tomando en cuenta que ya había perdido a Kanae hace años. Ahora le daba miedo perder a Shinobu.
Sin previo aviso, se sentó junto a ella y tomó sus manos con delicadeza sorprendiéndola. Quería transmitirle su apoyo.
–Sabes que sin importar nada, siempre voy a estar para ti. –Le prometió mientras le regalaba una sonrisa. –Es una promesa que cumpliré por siempre.
Kanao lo observó por unos segundos y después le sonrió en forma de agradecimiento. Tal vez pedía un tiempo para organizar sus sentimientos, pero tampoco quería decir que Tanjiro dejara de ser su mejor amigo.
Así es como disfrutaba estar con él, sin la presión de tener que corresponder a sus sentimientos. Sólo como un par de amigos.
Aunque ella siguiera enamorada de él.
Desde el punto de vista de Mitsuri, correr tras Iguro empezaba a volverse una costumbre. Pero, es que ese muchacho era demasiado rápido. Apenas se giró a recoger sus propias pertenencias cuando él ya había desaparecido de su vista. Tenía que hablar con él acerca de los detalles que tenían que pulir de su proyecto. Pero claro, él no hacía más que desvanecerse.
Quizás eso solo era una excusa. Sí, porque lo que ella quería hablar con él no era sobre el proyecto. Al menos no principalmente. Quería saber qué había pasado después de que sus padres lo recogieron de su casa.
La familia Iguro apenas se había girado para agradecer la hospitalidad de los Kanroji y se habían marchado. La madre de Iguro se había negado a soltarlo incluso después de salir del piso de su casa y el hombre pasaba un brazo de manera protectora por encima de los hombros del joven estudiante.
Ella había pasado toda la tarde preguntándose qué había pasado con Iguro. Pero, sabía que no podía escribirle y preguntarle. Era plenamente consciente de que Obanai no iba a contestarle por mensaje… ni en persona.
Rayos, como quería saber.
–¡Iguro!
Finalmente dio con él, luego de seguirlo dos cuadras desde el colegio. Ella conocía la estación a la que él iba, ella tomaba la misma solo que se bajaba una estación después. Sin embargo, nunca iban juntos o algo parecido. Ella siempre iba con sus amigos, a excepción de Shinobu y Kanao que las recogía el chofer.
Mitsuri se había adelantado a sus amigos porque tenía que hablar con el chico. Aunque ya no pasaba mucho tiempo con ellos porque ahora todo era un lío. Nezuko se la pasaba con Jacob, Zenitsu empezaba a entrenar más duro para la final del intercolegial, mientras que Kanao y Tanjiro estaban ocupados con el festival cultural. Ahora se quedarían todos los días después de la escuela. Shinobu ni siquiera había ido a la escuela.
–¡Iguro! –Chilló, más fuerte y más cerca por lo que el joven esta vez sí la escuchó.
–¿Qué ocurre, Kanroji?
–El proyecto. –Contestó. –Tenemos que pulir ciertas cosas.
Notó que Iguro hizo una mueca de incomodidad y luego de meditación.
–Podemos hablarlo de camino a la estación. –Indicó su compañero conforme reanudaba su camino. –Pero, tendremos que dejar la práctica para otro día.
–¿Por qué? –Mitsuri no pudo evitar preguntar, fue un reflejo. Se arrepintió cuando vio el rostro de Iguro.
Siguieron caminando y Obanai no abrió la boca. Mitsuri suspiró. Tendrá que hacer como si nada hubiera pasado y retomar el tema del proyecto. Sí, eso era lo mejor.
–Mi madre quiere que vaya a comer. –Fue la respuesta que salió de los labios de Obanai, muy bajita, casi imperceptible.
Los labios de Mitsuri formaron una perfecta "o", incluso tuvieron que llamar su atención para que pasara la tarjeta de la estación del metro y dejara ingresar a los demás pasajeros.
Ahora, ¿qué se supone que debía contestar a eso?
"¿Enhorabuena?, ¿ya era hora?"
–Genial. –Se decidió por algo ameno pero seguro. –Eso es genial, ¿verdad? –Preguntó al ver el rostro un tanto turbado del muchacho. –¿Qué va mal?
Obanai la miró de forma extraña. Ahí venía la parte en la que la mandaba a meterse en sus propios asuntos y le decía que no lo molestara. Su mirada lo decía, podía entenderlo, aunque él no se lo dijera. Era como si leyera su mente.
Entrecerró sus ojos cuando lo vio abrir la boca. Ahí está, se preparó mentalmente, ahí va el: "No es de tu incumbencia, Kanroji".
–No lo sé.
Mitsuri abrió los ojos desmesuradamente cuando escuchó esas tres palabras salir de la perfecta boca de su compañero. También abrió su boca con asombro cuando al fijarse bien en el rostro de Obanai notó un ligero rubor en sus mejillas. ¡¿Iguro ruborizado?!
–Olvida lo que dije. –Bufó el joven avergonzado. –Fue una estupidez haberte dicho eso. Ya quita esa cara de tonta.
Muy molesto ingresó al metro dejando a la joven atrás. Apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que las puertas del transporte se cerraran. Afortunadamente no había muchas personas aún; por lo que pudo colocarse junto a él sin ningún problema.
El problema radicaba en que Obanai vuelva a notar su existencia.
–Ok, lo siento. –Sacó bandera blanca rápidamente y lo que recibió fue una mirada de indiferencia. –Tienes que admitir que es muy raro que haya algo que tú no sepas hacer o decir. Eso asombra a cualquiera.
–Yo lo sé todo. –Refutó enfurruñado, como un niño pequeño.
–De la escuela, no lo dudo. –Corroboró Kanroji. –Pero, vamos, digamos que en cuestiones familiares no tienes mucha… ¿experiencia? Claro que es culpa de la vida, sino, tú lo sabrías todo de seguro.
Si había algo que los hombres no podían resistir, era que alimentaran su ego y Obanai era, además de un ser perfecto, un hombre.
–Exacto. –Le concedió. –Esa es la única diferencia entre nuestros conocimientos al respecto de ese tema. La experiencia.
–Entonces, ¿qué va mal?
Obanai habló tras un sonoro suspiro.
–No sé cómo reaccionar a las muestras de preocupación o consideración de mis padres. De la noche a la mañana decidieron formar parte de mi vida y es… extraño. Intentan dialogar conmigo, pero es un fracaso porque no saben de qué hablar. Hoy mi madre hizo mi cama y me preparó el almuerzo para llevar, incluso me acompañó hasta la puerta y se despidió. Es… simplemente extraño.
–Para mí eso es algo normal. Es tu mamá después de todo y esas son cosas que las mamás hacen.
–Pero ella no, ¿entiendes, Kanroji? Ellos no son normales. No son así. Quien sabe cuánto tarden en volver a darse cuenta de que Kaburamaru está muerto y las cosas volverán a ser como antes.
Mitsuri no tuvo que hacer ningún esfuerzo para darse cuenta de dónde partía toda la incomodidad de Iguro: del miedo. Ni siquiera él lo sabía. Pero le daba pánico pensar que sus padres volvieran a abandonarlo después de acostumbrarlo a su calor y cariño. Ya lo hicieron una vez, era obvio que temiese que eso vuelva a pasar.
–Inevitablemente ellos volverán a darse cuenta de que tu hermano murió. –Habló Mitsuri. –Lo que tú tienes que hacer es hacerles caer en cuenta que tú estás vivo y que los necesitas.
–No los nece-
–¡Shhh! –Lo interrumpió Mitsuri. –Sí los necesitas. No es una debilidad admitirlo. Ellos necesitan un hijo al que puedan cuidar y querer y tú necesitas unos padres que hagan eso por ti.
Obanai no dijo una sola palabra y Mitsuri aprovechó eso para seguir:
–Ya te lo dije una vez, tú mereces ser querido, mereces una familia feliz. Y con respecto a cómo actuar... –La joven lo meditó un instante. –Elogia la comida, deja que tu madre te ayude con lo que puede, despídete de ella cuando te acompañe hasta afuera. No será fácil acostumbrarse, pero, a Obanai Iguro no le gusta el camino fácil.
El metro anunció la próxima parada por los altavoces. Ahí se bajaba Obanai. El joven se ubicó para salir del metro, no sin antes dirigirse a Mitsuri.
–No te voy a dar la razón, Kanroji. –Farfulló.
–No lo necesito.
–Está claro que sabes de lo que hablas gracias a la experiencia que tienes con tu familia…
–¿Rara?
–Iba a decir feliz. –Corrigió. Miró a su compañera por el rabillo del ojo antes de agregar: –No siempre hablas tonterías, Kanroji.
Se giro para dedicarle una de esas ladeadas sonrisas arrogantes que hacían suspirar a las alumnas de primero. Siempre se preguntó porque se ponían así cada vez que miraban al chico hacer algún gesto de esa índole.
Ahora las entendía.
"Con el corazón roto y sin ganas de nada. Pero viva, me tomaré unos días".
Shinobu borró lo que escribió tan pronto terminó. No podía escribirles eso. A ninguno. Ni a Nezuko, Zenitsu o Mitsuri, mucho menos al preocupado de Tanjiro.
Sabía que sus amigos ya deben estar enterados de su supuesto resfriado. Kanao se los tuvo que haber dicho. Pero eso no quitaba el hecho de que le mandaran mensajes preguntando por su estado.
Tenía que contestarles algo. Cualquier cosa. Pero, no podía hacerlo.
Inventar una excusa creíble le hacía recordar el motivo de su dolor. Las lágrimas volvían a aparecer y las almohadas volvían a convertirse en las únicas conocedoras de sus pesares; acallaba sus gemidos en ellas y las abrazaba con todas sus fuerzas.
Las duras palabras de Giyuu aún martillaban su cabeza.
El solo pensar que todo lo bonito que Giyuu le transmitió, nunca fue para ella. Nunca pensando en ella. Siempre fue Alice, desde el inicio, desde que la conoció.
Claro, primero fue lástima. Casi podía leer en su mente: "La pobre niña rica, poseedora de todo menos del genuino cariño". Hasta parecía la descripción de una protagonista de telenovela dramática barata.
Y quizás tenía razón. Su familia era un asco, nadie veía en ella algo más que una bonita cara y un cuerpo de infarto. Lo único bueno que tenía era su hermana y sus amigos. Porque el amor era otra historia.
Nunca se había enamorado, ahora lo sabía y podía dar fe de ello. Los chicos con los que había salido no fueron sino llamativas compañías con las que disfrutaba pasar el rato. Incluso Douma, el idiota por el que empezó todo. Él tenía la culpa de todo.
Si él no la hubiese terminado así, nunca se hubiera encaprichado con su profesor de matemáticas, Giyuu Tomioka no hubiese pasado de ser el sexy profesor de matemáticas, un amor platónico, un imposible.
Pero no, él fue más que eso. Lo fue todo, el único hombre al que había amado en su vida. El único que con solo mirarla la hacía estremecerse, aquel cuya voz la hipnotizaba y la hacía a su gusto y cuyas manos la hacían sentirse tan querida, necesitada…
Amada.
"YO NO TE AMO". Recordó las palabras que Giyuu le había dirigido antes.
Claro que ese amor no estaba dirigido a ella.
De nada servía culpar a Douma de sus desgracias. Fue ella la que se enamoró, la que entregó el corazón sin detenerse a pensar si quiera si era correspondida. Ni siquiera Giyuu tenía la culpa. Como él le dijo, nunca le mintió, fue ella la que vio cosas que no había, sentimientos que no existían o que, si lo hacían, no eran para ella.
Se incorporó para tomar un pañuelo de su buró y no pudo evitar quedar frente a frente a su hermoso espejo de cuerpo completo. Por primera vez en su vida, odió su reflejo. En ese momento odiaba su carita de muñeca su cuerpo y su contextura.
Odiaba lo que veía, odiaba saber que lo que veía era el reflejo del gran amor de la vida de Giyuu. Pero no era ella, no, era Alice el amor de su vida.
"Tienes entender que esos sentimientos no eran para ti."
Furiosa por la imagen que le mostraba el espejo, aventó su florero contra él, rompiéndolo en mil pedazos y dejando las rosas esparcidas en el piso.
Como era de esperarse, el estruendo causó alboroto entre la servidumbre, quienes presurosos trataron de entrar a la habitación.
–Largo. –Indicó Shinobu desde dentro. –Estoy bien, no ha sido nada. Y ninguna palabra de esto a mi hermana. –Por la hora, sabía que Kanao aún no llegaba.
Por mucho que insistieran, no les permitió el paso a su alcoba. Ellos no iban a verla tan destruida, se rehusaba a eso rotundamente. No era vanidad, era orgullo. A esas alturas, era lo único que aún le quedaba intacto.
Con cuidado de no cortarse, se acercó al desastre que causó, arrodillándose frente a los miles de reflejos de su lloroso y pálido rostro.
Sus dedos delinearon una de las piezas más grandes y por inercia la tomó y se reflejó en ella.
–Yo soy Shinobu. –Repitió en voz queda y ahogada. –No soy Alice.
La posibilidad de una salida rápida pasó por su mente como un flash de cámara. Sería tan fácil terminar con todo el dolor que oprimía su corazón. Una pequeña y rápida incisión en su muñeca y el problema se iría mágicamente.
Palpó el frío trozo de espejo con delicadeza.
Unos cuantos deslices y todo el sufrimiento se iría para siempre, ya nadie la dañaría o jugaría con ella. Un solo corte…
El repentino dolor que le causó el pequeño corte en su dedo índice la sacó de sus cavilaciones y soltó el pedazo de espejo como si este quemase.
No. Por mucho que le doliera el corazón no podía hacer eso. Sería una cobarde de primera mano, tan solo una niña caprichosa que no sabe lo que quiere y quizás, en eso Giyuu tenía razón.
–Porque, aunque quiera morirme, me aterra pensar que no volveré a verte...
Se puso de pie y caminó hasta la cama donde tras tomar su celular se echó sin contemplaciones, dejando atrás su espejo roto.
Igual que ella, igual que su corazón.
"Sigo enferma, tengo una gripe horrible *carita de enfermo* me tomaré unos días. No se preocupen. Los amo. ¡Besos! "
Ya era el cuarto día desde que las clases se habían reanudado. No había pasado nada significativo en todo ese tiempo. Kanao les informó que Shinobu estaba enferma de gripa y que no iría en unos días. Sin embargo, ya era el tercer día y aún no daba señales de vida después de ese mensaje que les envió.
Y no sólo eso. Al parecer ha estado encerrada todo el tiempo sin permitirle el paso a nadie. A duras penas responde a los llamados que le hace Kanao alegando que sigue muy cansada. O al menos eso es lo que les ha contado.
Había algo en todo ese asunto que no le gustaba. El día anterior, Giyuu había preguntado por Shinobu y desde su punto de vista lucía más preocupado de lo normal, incluso cuando Kanao le explicó que estaba enferma.
Eso le dejaba dos opciones. O Giyuu se estaba desperdiciando como profesor y debía incursionar en la actuación o…
Él no sabía nada de Shinobu desde… ¿Quién sabe cuándo?
Zenitsu sacudió la cabeza cuando recibió un pase y corrió a encestar la pelota. No tenía muchas ganas de meterse en la zona, así que se limitó a hacer un tiro de tres puntos, el cual encestó.
No podía evitar preocuparse por su amiga. Especialmente desde que no le contestaba el celular, ni siquiera a Tanjiro. Su estado en las redes sociales mantenía que estaba enferma. Pero, ya empezaba a dudar de la veracidad de esas afirmaciones.
Él, que debería estar preocupado por la final de baloncesto nada más. Afortunadamente la universidad es una preocupación menos, solo debe de ganar el campeonato y aceptar ir a la dichosa: "mejor Universidad del país". Aunque también tiene que cumplir con el molesto festival cultural. El cuál, por cierto, aún no tenía idea de qué haría su curso. Tampoco sabía lo que harían los de segundo año.
Nezuko no le había dicho nada. Claro, que apenas y la había visto porque siempre estaba con ese parásito extranjero del cual no quería saber nada.
Podría atraer su atención con la excusa de hablar con Shinobu o ir a visitarla, después de todo, Nezuko ya sabe el gran secreto y tendrá que dejar su orgullo para hablar de lo de Shinobu.
Sí, eso haría.
–¡Agatsuma, espabila!
La advertencia del profesor Uzui llegó demasiado tarde. Su compañero de equipo lo atropelló, literalmente. No tuvo tiempo de caer adecuadamente. No pudo evitar gritar cuando el peso de su cuerpo cayó sobre su brazo derecho, causándole un profundo dolor.
–¿Estás bien, Agatsuma?
El angustiado entrenador se colocó rápidamente a su altura y sin pensarlo dos veces tomó su brazo afectado.
Zenitsu lo retiró rápidamente cuando sintió el dolor del contacto. Uzui maldijo por lo bajo.
–Llévenlo a la enfermería. –Gruñó a los miembros del equipo. –Y ruega porque esto no sea una fractura, sino, no habrá partido de campeonato para ti.
Zenitsu también maldijo.
¿Las cosas podían ponerse peor?
Los días habían pasado terriblemente lentos para Kanao. Y es que no era de extrañarse, después de todo llevaba días sin poder ver a su hermana ya que se negaba a salir de su habitación con la excusa de que seguía muy enferma.
Cada vez que regresaba del colegio se dirigía a su habitación con la esperanza de que por fin le abriera la puerta. Pero jamás lo consiguió.
Para tranquilizarla, los empleados le aseguraban que siempre estaban al pendiente de ella. Además de informarle que el doctor volvió a visitarla alegando que ya estaba mejorando, pero que necesitaba más días en reposo.
Está situación le inquietaba bastante. Durante los últimos días notó actitudes extrañas en sus amigos cada vez que mencionaba a Shinobu. Definitivamente empezaba a confirmar que ellos le ocultaban algo.
Y no sólo eso. De las pocas veces que su hermana le contestó cuando tocaba su puerta, su voz sonaba muy apagada. Entendía que estuviera enferma, pero así no sonaba la voz de alguien enfermo.
La voz de Shinobu reflejaba tristeza.
Recogió los libros que tenía sobre la mesa y salió del taller. Si para esa tarde Shinobu seguía sin dejarla entrar a su cuarto, empezaría a cuestionar a todos sus amigos hasta obtener respuestas.
Estaba tan distraída formulando teorías que no se fijó por dónde iba y chocó con alguien durante su camino.
–Lo siento. –Se disculpó rápidamente con la persona que tenía al frente.
Sin embargo, sus pensamientos se despejaron cuando vio que se trataba de Tanjiro.
Sabía que no debería de sorprenderse por verlo ya que han estado juntos en el almuerzo. Pero han estado en compañía de los demás.
Desde que Tanjiro le dijo que le daría su espacio, ya no volvió a buscarla como antes. Incluso ya no respondía a las provocaciones que le hacía Hideki cada vez que se los encontraba. Sólo se ha comportado como un amigo que se preocupa por ella y nada más.
¿Sería egoísta si dijera que extraña sus escenas de celos y pasar tiempo con él?
–Hola Kanao. –La saludó con una de sus características sonrisas. –¿Ya has terminado de tu taller?
–Sí. –Respondió rápidamente dejando de lado sus pensamientos. –Estos días he salido más temprano porque el profesor está incapacitado. Aunque también lo hago para ir a ver a Shinobu. Me deja intranquila saber que sigue enferma.
–¿Aún nada? –Preguntó refiriéndose a si Shinobu ya salió de su encierro.
–Nada. –Contestó con tono desanimado. –No me cansaré de decir que hay algo raro en todo esto.
Tanjiro emitió un sonoro suspiro. Él igual pensaba lo mismo. Y la actitud de Tomioka y la sospechosa fiebre de Shinobu se lo confirmaban.
Pero ¿qué podría decirle a Kanao para tranquilizarla? Seguir alegando que Shinobu pronto mejorará no ayudaba en nada. Y más aún si su sospecha de que Shinobu estaba fingiendo termine siendo cierta.
Después de meditarlo por unos segundos, una idea llegó a él.
–Oye, ¿recuerdas el chocolate caliente que solíamos tomar en la cafetería de la plaza? –Preguntó Tanjiro y Kanao asintió. –Pues estaba pensando en que deberíamos ir para recordar viejos tiempos. Claro, sólo en plan de amigos sin ninguna otra intención de por medio. –Aclaró ante su asombro.
–Pero Shinobu… –Trató de buscar una excusa mientras ignoraba ese pequeño sentimiento de decepción en su pecho.
–Respecto a Shinobu… Me gustaría asegurarte que pronto se recuperará, o incluso buscar una cura rápida para su fiebre, pero no puedo prometerte algo así. –Agregó un poco desanimado. –Lo que sí puedo prometer es que, si no sale de su cuarto este fin de semana, yo mismo iré a tirar su puerta.
Kanao lo observó por unos segundos y después dejó escapar una pequeña risa por el último comentario.
–Mejor intenta hablar con ella primero. Con eso me conformo.
–Está bien. Prometo que la convenceré de salir. –Contestó de forma alegre al ver sonreír a su amiga. –Entonces, ¿sí salimos mañana? Has trabajado mucho y mereces despejarte por un momento.
Kanao lo meditó por unos segundos hasta tomar una decisión.
–De acuerdo. Acepto. –Respondió Kanao con entusiasmo. Tal vez no era una cita, pero le alegraba volver a pasar tiempo con Tanjiro. –Hasta mañana.
Se despidió rápidamente de él y emprendió su camino. No quería que notara el sonrojo en sus mejillas.
–Hasta mañana. –Agregó Tanjiro mientras veía como su amiga se alejaba.
Le emocionaba salir con Kanao nuevamente. A pesar de que deseaba que eso fuera una cita, no podía presionar a Kanao a ninguna otra cosa que rebasara la línea de amigos. Se lo había prometido y así sería.
–¡Superior Kamado!
Tanjiro se giró a su derecha donde un chico con el uniforme del equipo de baloncesto se acercaba a él.
–¿Qué sucede Takeo? –Preguntó al verlo tan agitado.
–El capitán Agatsuma tuvo un accidente en el entrenamiento. –Le informó mientras trataba de recuperar el aliento. –Ahora mismo lo llevaron a la enfermería. Supuse que sería bueno que usted supiera.
–Gracias por informarme. –Agradeció con una reverencia y emprendió carrera a la enfermería.
Perfecto. Ahora también tendría que preocuparse por Zenitsu.
Como si no tuviera suficientes preocupaciones en su cabeza, ahora Zenitsu había tenido un accidente.
Giyuu no perdió tiempo cuando los miembros del equipo de baloncesto le informaron que habían llevado a Zenitsu a la enfermería por una caída. Dejó de escucharlos y se encaminó a pasos rápidos a la enfermería del colegio. Sabía lo mucho que Tsutako apreciaba a Zenitsu, pero también una parte de él lo estimaba por el poco tiempo que pasaron juntos en el pasado.
–Si quiere jugar el partido de campeonato, tendrá que hacer exactamente lo que le indiqué, señor Agatsuma.
–Sí, doctora Makio. –Refunfuñó el menor en la camilla mientras la doctora le ponía el cabestrillo en el brazo.
–No se preocupe doctora, yo me encargaré de que Zenitsu cumpla con sus indicaciones. –Le aseguró Tanjiro con una amable sonrisa.
–Me alegra ver que todavía haya chicos responsables. –Agregó la doctora terminando de acomodar el cabestrillo.
Zenitsu rodó los ojos lo que provocó que Tanjiro le diera un golpe en su brazo izquierdo.
–¡Auch! –Le iba a reprochar, pero una silueta en la puerta llamó su atención. –¿Giyuu? –Preguntó cuando reconoció al profesor parado en el umbral de la puerta.
–¿Cómo está Zenitsu, doctora Makio?
–Tiene una pequeña fisura en el brazo. –Indicó la doctora. –Afortunadamente no es nada serio. Le duele, pero es normal por el golpe y la inflamación. Si sigue mis instrucciones podrá jugar el partido final. ¿Se hará cargo de él, profesor Tomioka?
Giyuu asintió y agradeció a la doctora por sus atenciones, la misma que se disculpó con ellos y se marchó; dejando a los jóvenes solos con el profesor. Tanjiro y Zenitsu compartieron una mirada incomoda, como si no supieran qué hacer o decir.
–Está bien. –Habló Tanjiro para romper el silencio. –No debiste haber venido.
–Supongo que solo se preocupó… –Agregó Zenitsu un poco incomodo.
–Zenitsu tiene razón. –Rebatió Giyuu tomando el maletín de Zenitsu. –Tsutako no me perdonaría si los dejara a su suerte. Además… –Observó a ambos jóvenes por unos segundos y después desvió la mirada. –Antes me veían como un hermano mayor como Inosuke. Es normal que me preocupe por mis hermanos menores.
Tanjiro y Zenitsu no sabían qué decir. Durante su infancia llegaron a compartir momentos con Giyuu, pero su abandono fue tan repentino que un acercamiento a él todavía les resulta un poco difícil.
–Los llevaré a casa. –Volvió a hablar Giyuu ante el silencio de sus dos estudiantes.
–Vives al otro lado de la ciudad. No es necesario. –Respondió Zenitsu
Como si no lo hubiese escuchado, Giyuu los esperó en la puerta.
–Soy un adulto, no me contradigan. –Pidió el mayor con seriedad.
Por una vez, Zenitsu no le discutió y lo siguió en silencio junto con Tanjiro.
Sí, Giyuu se había preocupado por Zenitsu, pero también quería preguntarles por cierta joven que no desaparecía de sus sueños desde hace días.
–Kocho... –Habló dudoso, sin saber cómo manejar el tema. –¿Cómo sigue con ese resfriado?
El incrédulo rostro de ambos le dio mala espina.
–Shinobu… –Tanjiro iba a empezar a hablar, pero fue interrumpido por Zenitsu.
–¿No se supone que tú eres su novio? –Cuestionó el rubio. –Tú deberías saber más de ella que nosotros.
Tomioka lo miró extrañado. ¿Cómo es que Zenitsu estaba enterado de su relación? Dirigió su vista a Tanjiro y obtuvo la respuesta casi de inmediato. Por su parte, Tanjiro sólo se encogió de hombros.
–No te preocupes, nadie más está enterado de esto. –Le aclaró Tanjiro. –Zenitsu también se preocupa por Shinobu. Y respecto a ella… Por primera vez coincido con él. Somos nosotros quienes deberíamos preguntarte por Shinobu.
Giyuu se mordió el labio inferior con frustración. Ambos tenían razón, él debería darles noticias sobre Shinobu. Sabía perfectamente que, si no lo hacía, Tanjiro y Zenitsu no le dirían nada y él necesitaba respuestas.
–Terminamos hace unos días. –Fue la simple y vaga respuesta.
Tomioka notó como se miraban entre ellos, como si formularan cientos de suposiciones respecto a su ruptura.
–¿Por qué? –Fue lo primero que preguntó Zenitsu.
–Porque no la amo. –Fue la seca respuesta de Giyuu.
–Pero ella sí te quería. –Musitó Tanjiro. –¿Qué pasó, Tomioka? Shinobu sólo nos escribió una vez para decirnos de su gripa, pero no contesta el teléfono. Y ni siquiera Kanao ha podido darnos mucha información porque dice que está totalmente encerrada en su habitación. ¿Pasó algo más?
Caminaron hasta que quedaron cerca de una fuente en un parque cercano. Giyuu se sentó y les contó la forma y los motivos que había tenido para terminar con Shinobu. Omitiendo detalles, claro estaba. No iba a decirles nada de Yume. Pero les dijo lo que hizo para convencerla de que no sentía nada por ella, por ejemplo, que todo era por el parecido con Alice.
Para cuando terminó pudo notar diferentes reacciones. Tanjiro lo miraba con una mezcla de enfado y decepción, mientras que Zenitsu tenía el puño de su brazo sano blanco de la fuerza que ejercía sobre él, y a juzgar por su rostro, se moría por pegarle.
Sin embargo, el amenazador semblante de Zenitsu se esfumó y fue reemplazado por uno sombrío que Giyuu nunca había visto en él.
–Así que… Alice de nuevo. –Una sonrisa irónica se curvó en el rostro del rubio. –Otra vez mandas todo a la mierda y abandonas a los que te quieren, por ella. –Una agria carcajada salió de sus labios. –No te imaginas, Giyuu, cuánto la odié por alejarte de nosotros, por ser el motivo del llanto de Tsutako.
–Zenitsu… –Le llamó Tanjiro para tratar de calmarlo, pero resultó imposible.
–No Tanjiro, no me mandes a callar. –Se apresuró a hablar para después dirigirse de nuevo a Giyuu. –Aún estoy furioso contigo por como hiciste las cosas. –Enfatizó. –Pero entendimos que Alice era tu felicidad y que por eso te fuiste con ella. Para ser feliz. Pero ella ya está muerta, Giyuu ¡MUERTA! Y tú no. –Le recordó. –Sin embargo, nuevamente es ella la que te obliga a abandonar y a dañar a las personas que te quieren Giyuu. Porque Shinobu te quiere, estoy seguro de eso.
–¡Ella es mi alumna! –Se defendió Tomioka.
–¡¿Y?! –Explotó Zenitsu. –Si en verdad la vieses como una alumna nunca te hubieras acercado a ella y lo sabes. También sabes que no es por el parecido con tu esposa. Maldita sea, sabes que todo esto es un simple acto de cobardía.
–Dejen de gritar si no quieren que todo el parque se entere de esto. –Intervino Tanjiro colocándose en medio de ambos. –Tomioka, Zenitsu tiene razón. –Afirmó. –Si en verdad no sintieras nada por Shinobu, no te habrías arriesgado a romper todo tipo de reglas para estar con ella. ¿A caso ese no es un acto de amor? Pusiste muchas cosas en riesgo.
–Ustedes no lo entienden. –Farfulló Giyuu apretando los dientes.
Zenitsu le regaló una ácida sonrisa antes de acercarse a él y tomar su mochila con la mano buena. Perdía su tiempo tratando de hacerlo entrar en razón.
–Quizás nosotros no lo entendamos. –Contestó Tanjiro. –Pero tú tampoco. Porque si fuera verdad todo lo que nos has dicho de que no sientes nada por ella, que es solo una niña caprichosa, que estás seguro de que no siente nada por ti de la misma forma que tú no sientes nada por ella, entonces no estarías aquí, preocupado y preguntándonos por ella.
Ambos amigos se marcharon por su camino dejando a Giyuu solo con sus tormentosos pensamientos.
Porque, aunque su cerebro le decía que no era más que mero sentido de la responsabilidad, su corazón le gritaba que era algo mucho más que eso.
Algo muy parecido a lo que sus estudiantes le acababan de describir.
Tanjiro y Zenitsu continuaron su camino en completo silencio. Cada uno analizando la información que acababan de obtener.
–A estas alturas, ambos coincidimos con que todo ese tema del resfriado es falso, ¿verdad? –Preguntó Tanjiro a su amigo, el mismo que asintió casi de inmediato.
–¿Qué haremos? –Cuestionó Zenitsu. –¿La dejaremos así por quién sabe cuánto tiempo más?
–Por supuesto que no. Tendremos que intervenir, aunque no quiera. –Soltó un sonoro suspiro antes de decir lo siguiente. –Nos necesita. A todos.
Zenitsu se sorprendió ante el comentario final de su amigo.
–¿A todos? Eso quiere decir que…
–Ya es hora de que Kanao y Mitsuri se enteren de esto.
Llegó el viernes. Cuando Aoi entró a la sala de maestros nunca esperó encontrarse con Inosuke Hashibira echado en el sofá, seguramente jugando con su celular en sus manos. Llevaban cuatro días ignorándose mutuamente, por no decir evitándose.
Y si de ella dependía, iban a seguir así por siempre. No tenía intenciones de volver a hablarle al troglodita neandertal de Hashibira en lo que quedaba de vida.
Recordó el informe que necesitaba sobre los estudiantes que van a participar en el festival deportivo y maldijo por lo bajo. Bueno, no le hablaría más de lo necesario.
–Necesito los informes de tus alumnos que participarán en el festival deportivo a más tardar en dos semanas. Los necesito perfectos, no corregiré tus errores en este informe, Hashibira.
Le informó mientras recogía sus cosas. De pronto, ya no le apetecía una hora de lectura en su oasis personal, puesto que este ya había sido infectado por presencias indeseables.
–Si los quieres tan perfectos, ¿por qué no los haces tú? –Espetó Inosuke.
–Porque ese no es mi trabajo. –Contestó la peliazul de igual forma.
–Invéntatelos. –Ofreció. –Después de todo se te da bien eso de falsear, inventar, engañar. Seguro no te cuesta nada hacerlo.
Inosuke se había acomodado de tal forma que podría ver a su colega directamente a los ojos. Esperaba encontrar algo en ella, algún indicio de vergüenza o arrepentimiento. Pero no, su mirada era tan fría y altiva que no dejaba ver nada más.
–Entonces no deberías tener problemas para presentar el informe a tiempo. Puedes inventar los datos de los alumnos sin siquiera preguntarles. Después de todo, el experto en juzgar a las personas sin conocerlas aquí eres tú, Hashibira.
No estaba dispuesta a seguir escuchando los reproches de Inosuke, tenía cosas más importantes que hacer. Sin embargo, cuando quiso abrir la puerta, esta se cerró por una mano situada a un lado de su cabeza.
–¿Experto en juzgar? –Preguntó la molesta voz de Inosuke tras ella. –Si fuera un experto habría sabido que me estabas engañando desde el principio.
Aoi se giró para encararlo finalmente.
–Es que, claro, como yo era la amargada, fea y gorda profesora nunca se te hubiese ocurrido pensar en que yo podría ser la… ¿cómo me llamabas? ¿la sexy peliazul?, ¿verdad, Hashibira?
–¿De qué estás hablando? –Preguntó confuso. –Yo nunca te he…
–A mí no. –Lo interrumpió ella. –Así que además de ser un idiota también eres en cobarde.
La mujer hizo el ademán de irse, pero, las fuertes manos del profesor de gimnasia la detuvieron.
–No tan rápido. Explícame de qué estás hablando.
–Hace días quise hacer eso, creí que merecías una explicación. –Le contestó con una cruel sonrisa. –Pero, ya que me consideras incluso menos que una prostituta, no veo porque me molestaría en aclararte la situación.
–¿Qué pasa si quiero escuchar la explicación ahora? –Cuestionó bajando la guardia, aún sorprendido por las acusaciones de ella.
–Tendrías que buscar que alguien más te la de. Porque en lo que a mí respecta, tu opinión y tu vida se pueden ir al demonio.
Sacudió los brazos con fuerza librándose del agarre de Inosuke y sin importar empujarlo, abrió la puerta con decisión.
–Pregúntale a Tomioka. –Invitó. –Quizás, él pueda refrescarte la memoria.
Y se alejó del joven lo más digna que pudo. Nadie más volvería a tratarla como le diera la gana. Su madre, la única que podía hacerlo ya no estaba y no tenía por qué aguantar a nadie más.
Nunca más.
–¡Zenitsu! ¡Zenitsu! ¡Zenitsu!
Nezuko se abrió paso entre las personas hasta dar con su mejor amigo que se alejaba del colegio a pasos agigantados.
–¡Zenitsu Agatsuma!
El último grito surtió efecto, puesto que el joven se detuvo y con su mano buena se quitó uno de sus audífonos.
–¿Nezuko? ¿Qué ocurre?
La joven trataba de recuperar la respiración y gimió con frustración. ¿Que qué le ocurría? Lo había perseguido desde que salió de la escuela porque no sabía lo que le había pasado a su brazo hasta que Tanjiro se lo contó. Y acercarse a él en el descanso parecía una misión suicida dado por la cantidad de admiradoras que lo rodearon.
–Tu brazo. –Dijo casi recuperada y aparentando una calma que no sentía. –¿Qué le pasó?
–Ah. –Contestó despreocupadamente. –Me caí, ayer en la práctica.
–¿Por qué no me avisaste? –Preguntó acercándose al rubio para comprobar su herida. –¿Cuánto tardará en curarse? –Ahora cuestionó recordando la beca y lo importante que era ese partido para Zenitsu.
–La doctora Makio dice que si no me sobreesfuerzo podré jugar el último partido.
–Y, ¿por qué no me avisaste?
–Porque no estabas ahí. –Fue la simple respuesta de Zenitsu. Aun levemente molesto por la última plática que había mantenido con su mejor amiga. –Y supuse que Tanjiro te lo diría.
–Los teléfonos existen. –Se defendió la castaña ignorando lo último que dijo. Por supuesto que su hermano le informó, pero Zenitsu también le tuvo que avisar.
–Es molesto escribir con la mano izquierda. –Se justificó el rubio. –Es una mierda hacer todo con la izquierda.
–Por eso todo tu harem parecía dispuesto a darte una mano hoy. –Añadió con reproche. No lo pretendía, pero no pudo evitarlo. Le molestaba mucho que Zenitsu no solo no le haya dicho nada de su accidente, sino que además tuvo que soportar las miradas de superioridad de las arpías esas que sonreían satisfechas ante su estupefacción por el estado de su amigo.
–Como te dije, es una mierda tener que hacer cosas con la izquierda. –Volvió a responder con naturalidad el rubio. –Es bueno tener un poco de ayuda.
–Yo te pude haber ayudado… –Dijo en voz chiquita.
Los ojos dorados de Zenitsu se abrieron desmesuradamente por el reproche en el comentario de su mejor amiga. Casi podía asegurar que parecía…
–¿Celosa?
El rubor en el rostro de Nezuko la delató contra de su voluntad. Su corazón latió más rápido y se reprendió a sí misma al sentir todo su rostro arder.
Zenitsu por su parte era otro caso. No había estado tan feliz en… días. No sabía porque el solo hecho de que hubiese la posibilidad de que Nezuko estuviera celosa por él lo alegraba tanto. Eso significaba que ella sentía algo… De acuerdo, era su mejor amiga y se habían criado juntos. Pero, esos celos, ese afán por ocultarlos, le resultaba tan tierno.
Le encantaba.
–¡No! –Negó Nezuko con firmeza. Sabía por la sonrisa de Zenitsu que no le creía ni un poco, pero ella no iba a admitirlo bajo ningún concepto tampoco.
–Siempre estás con ese parasito extranjero. –Empezó a decir Zenitsu. –Sinceramente prefiero tener a un montón de chicas cuyos nombres no recuerdo a estar cerca de ese tipo.
–¿Jacob? –Dedujo conservando la compostura. –No siempre estoy con Jacob.
La mirada que le dedicó el rubio dejaba ver claramente lo falso que era su argumento.
–No te separas de él, no lo soporto y con esta mano sería muy difícil pegarle.
–Me ha estado ayudando con los trámites para estudiar en América. –Argumentó Nezuko.
–¿Por qué no me lo pediste a mí? –Le devolvió la pregunta de hace un rato. –Yo hubiera podido acompañarte.
No le había dicho nada a Zenitsu porque él se había mostrado renuente a todo lo que tuviese que ver con su traslado. Además, Jacob no había hecho nada, pero Zenitsu lo trataba como si él fuera el propio anticristo.
–¿Celoso? –Preguntó Nezuko con burla.
La sorpresa golpeó el rostro de Nezuko cuando vio a Zenitsu desviar el rostro molesto. Era como si todo el coraje que hubiese sentido se fuera al demonio. Sí, era una completa idiota por ponerse feliz ante la evasiva de su mejor amigo, pero lo estaba.
Muy feliz.
–No. –Contestó el rubio tras una larga pausa. –No soy celoso.
Sin embargo, ese "no" sonaba casi tan falso como el suyo.
–Muy bien, muchas gracias por su trabajo de hoy, señoritas.
La respuesta afirmativa por parte de todo el equipo hizo eco en el coliseo que cubría la piscina.
Giyuu fue a cambiarse y después esperó a que las jóvenes se alistaran para marcharse. Lo cual no tomó mucho tiempo.
–Makomo. –Llamó a la vicecapitán del equipo, la cual se giró dejando ver sus ojos verdes que contrastaban con su cabello oscuro.
–¿Qué sucede, entrenador?
–¿Has sabido algo de Kocho? –Preguntó haciendo acopio de todo su autocontrol para parecer casual. –El entrenamiento es muy importante estando tan cerca de los finales.
–No, señor. Pero, creo que no ha venido a clases tampoco. Debería consultarlo con alguno de sus compañeros de salón o mejor con su hermana.
–De acuerdo. Gracias Makomo.
La joven de segundo año hizo una reverencia respetuosa y se marchó con su grupo de amigas. Una vez seguro de que se encontraba solo, Giyuu pudo soltar la maldición que contuvo toda la semana.
Cinco días sin saber de ella. Nada, absolutamente NADA. Shinobu había asegurado que estaba enferma y con esa excusa había mantenido a sus amigos y al colegio. Pero él sabía que no era así. Sabía que no estaba bien, que sufría.
Lo sentía.
Shinobu era una mujer muy fuerte, pero a la vez, extremadamente vulnerable. ¿Habrá hecho alguna locura? No, eso solo pasaba en las novelas de ficción. Quizás, sí estaba enferma. Muy enferma.
Sacudió sus cabellos con frustración. Eso no restaba su preocupación, todo lo contrario.
Apretó su celular en la mano y se sintió tentado a tirarlo a la piscina. Todo se resolvería con una llamada, podría llamar para preguntarle qué tal está. Claro, que eso mandaría al carajo toda su excusa de: No me importas nada.
Pero mierda. Sí que le importaba, y muchísimo.
Al diablo, iría a verla. Escalaría el balcón nuevamente si era necesario, solo quería asegurarse de que estaba bien.
Shinobu era su responsabilidad.
–Tu casa es hacía allá.
Una voz oculta detuvo su andar y cuando giró a la derecha, sus ojos azules se encontraron con los de su mejor amigo, recostado contra una pared, esperándolo y señalando el lado contrario al que había girado.
–¿Qué ocurre, Inosuke?
–Luego te digo. –Contestó. –Mejor dime, ¿a dónde ibas?
Giyuu entrecerró los ojos analizando la postura de su mejor amigo y pensando en respuestas.
–Ya pasé la edad en la que tenía que rendir cuentas de mis acciones, Inosuke. –Respondió Giyuu de manera esquiva.
–Ibas a ver a Kocho. –Inosuke se movió de su rígida postura y se acercó a su amigo con tranquilidad. –Giyuu, entiende que lo que hiciste es lo correcto.
–No ha venido a clases en toda la semana, Inosuke, ni a la práctica.
–Tal vez sea una de sus pataletas…
–¡Deja de hablar como si la conocieras! –Lo interrumpió. –Puede estar mal, sé que algo va mal.
A Inosuke lo que le sorprendió no fue la vehemencia con la que Giyuu saltó a la defensa de la joven, fue su rostro y como éste formaba una mueca de preocupación al imaginar el estado actual de ella. Apretó los puños dentro de su bolsillo. Él no quería ser el malo del cuento, en otras circunstancias le hubiese estado encantado apoyar a Giyuu con una relación complicada.
Pero eso, el caso prohibido de un profesor con su estudiante era algo que podía costarle mucho a Giyuu, muchísimo más de lo que él mismo pensaba.
–Inosuke. –Giyuu se detuvo para enfrentar a su amigo. –Entiende que ella aún es mi responsabilidad. Ella está tan sola…
–¿Ella o tú? –Cuestionó alzando una de sus cejas con gesto interrogativo.
–Yo estoy bien. –Contestó Giyuu tras una pequeña pausa y siguió caminando, ignorando a su amigo.
Inosuke quería gritarle que no lo estaba. Que no lo veía bien, que no era el mismo. Pero, no podía hacerlo. Eso solo empeoraría las cosas.
–Quizá lo hayas olvidado, pero una de las reglas es no acercarte a tu ex a menos que sea estrictamente necesario. –Le recordó Inosuke. –¿Y qué le dirás cuando la veas? –Siguió a Giyuu y lo detuvo con una mano en el hombro.
–Sólo quiero saber que está bien.
–¿Y qué le vas a decir cuando la veas? –Insistió con la misma pregunta haciendo que el andar de Giyuu cesara. –Sería peor para Shinobu verte e ilusionarse cuando tus sentimientos por ella no son otra cosa que un reflejo de lo que sientes por tu esposa.
Giyuu reaccionó ante las palabras de Inosuke. Era verdad, lo sabía. Shinobu malinterpretaría su preocupación y solo acabaría dañándola más; como si con lo que hizo no hubiese sido suficiente.
Pero, es que después de esa semana ya ni sabía lo que sentía por ella. La extrañaba mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Él no podría volver a ver ese rostro iluminándose y apagándose por su causa.
–Déjala que se cure. –Le aconsejó Inosuke. –Si le dolió tanto como tú crees, entonces lo mejor será que la dejes sanar, sola. –Notó como Giyuu se mantenía en silencio, cabizbajo. –No es tu culpa no estar enamorado de ella.
–Tampoco era la suya. –Contestó Giyuu dejándose guiar por Inosuke, encaminándose al lado contrario de la mansión Kocho.
Entonces, ¿de quién era la culpa?
Zenitsu agradecía estar sumido en la soledad de su habitación. De esa forma nadie podría ver lo patético que era. No podía ni comer solo y eso le enfadaba bastante.
Ya quería estar bien, volver a pasar las tardes jugando baloncesto y atraer las miradas de sus compañeras solo por eso. No por ser un adorable invalido.
Aunque reconoce que tiene sus ventajas. Nezuko está ahora al pendiente de él como siempre lo ha estado, como nunca debió de dejar de ser. Gracias a su brazo lastimado había rescatado a su mejor amiga de las garras del extranjero ese.
Pero ¿por cuánto tiempo? En cosa de nada el año escolar acabaría y cada uno tomaría su propio camino. A excepción de Nezuko y Kanao que aun permanecerían un año en preparatoria.
Algo dentro de él se revolvía de imaginarse en un camino diferente al de Nezuko. Muy contra de su voluntad tendría que admitir que tras catorce años de ir juntos al jardín, primaria, secundaria y preparatoria. Aceptar el separarse de ella era… duro, extraño.
No quería…
–¿Se puede saber que es toda esa niñería de que no quieres comer?
El rubio se incorporó de su cama a toda velocidad y se quedó viendo atónito a una molesta Nezuko que llevaba una bandeja con su comida servida.
–¿Nezuko?
–Eres increíble Zenitsu. –La joven rápidamente tomó uno de los burós más ligeros del rubio y lo acercó a la cama, donde él yacía sentado y aún perplejo por su presencia. –Tu mamá me llamó muy preocupada porque no quieres comer y claro que eso es porque no quieres que nadie te ayude. –Tomó un poco de arroz en los palillos y se los metió a la boca sin preguntárselo. –De una vez te voy diciendo que no me iré de aquí hasta que no te hayas terminado todo.
Zenitsu apenas fue consciente que masticaba y tragaba. Se había quedado sin palabras, Nezuko lo había tomado con la guardia baja y ahora parecía un niño de cinco al que su madre alimentaba porque no quería tomar la sopa.
Sus ojos se deslizaron por el cuerpo de ella. Descuidadamente había ido en una pijama de dos piezas. No había peligro, la pijama ocultaba muy bien sus curvas y estaba cubierta todo excepto la cabeza, las manos y los pies.
Aun así, la imagen de Nezuko con pijama en su recámara, no dejaba de excitarlo.
Sacudió la cabeza ante esos pensamientos.
–Ya te he dicho que no me voy a ir…
–Ya te escuché. –La interrumpió el rubio. –Y no me importa. –Contestó enfurruñado.
–Tampoco es como si tuvieras opción. –Acotó sonriendo complacida.
–Definitivamente, estás hecha para los niños. –Comentó Zenitsu distraídamente.
–Por eso seré maestra de preescolar. –Añadió con orgullo. –Por cierto, ¿me acompañarías a la Universidad local a ver su oferta educativa?
–Qué pasó con todo eso de: Me voy a estudiar a América. –Preguntó imitándola pobremente. –Además, todavía falta un año para que te gradúes.
–Siempre hay que tener un plan B. Y no está de más anticiparse. –Señaló la castaña. –¿Qué dices?
–¿El chicle ese no puede ir?
–Te pregunté primero a ti. Aunque claro que, si no quieres, Jacob podría…
–Detente ahí. –Pidió Zenitsu alzando su mano buena. –Voy yo. Pero antes, me acompañarás a mí a ver a alguien.
–¿A quién? –Inquirió preocupada.
Zenitsu no dijo nada más y con su mano izquierda tomó su teléfono que estaba al lado suyo. Hizo un par de tecleos y comenzó a llamar a alguien.
–Tanjiro, ¿cómo vas? –Preguntó y después de unos segundos recibió la respuesta que quería. –Entendido, entonces nos vemos mañana. –Y colgó confundiendo más a Nezuko.
–Zenitsu, ¿qué traman mi hermano y tú?
–Iremos a ver a Shinobu.
El semblante de Nezuko cambió.
–¿Qué le ocurre? –Cuestionó. –Ha estado enferma, pero siempre que le escribo me dice que estará bien y que va mejorando poco a poco. Incluso Kanao no ha podido decir mucho.
–Giyuu terminó con ella. –Dijo el rubio. –Tanjiro y yo suponemos que no es una simple gripa.
–Entonces nos necesita. –Concluyó Nezuko. Zenitsu asintió. –A todos. –Enfatizó.
Zenitsu no tardó nada en comprender a quiénes se refería. Era obvio que también tendrían que decírselo a Kanao y Mitsuri.
–Tanjiro ahora está con Kanao explicándole todo. Si para mañana antes de las cinco de la tarde, Shinobu no da indicios de querer salir de su recamara, entraremos a la fuerza.
–Entonces ahora nos corresponde a nosotros decírselo a Mitsuri. –Anunció Nezuko a punto de salir de la recamara de Zenitsu. –Vamos ahora.
–¿Hoy no viene Obanai?
–No.
–Vaya, por eso la pequeña Mitsuri ha estado tan triste.
–¡Oh, jódanse!
Molesta, Mitsuri tomó su laptop y se fue a su cuarto para escapar de las burlas de sus hermanas mayores. Ella no estaba triste porque Iguro no había podido ir a su casa ese día. Es más, tendría que irse haciendo a la idea. El proyecto estaría terminado en cosa de nada y seguramente volverían a ser los rivales de antes.
Suspiró resignada. Sí, eso le entristecía.
No iba a tener una excusa para hablarle a Iguro sin dejar notar sus sentimientos por él.
Quizás debería declarársele.
La imagen de la alumna de primero que se le declaró a inicios de año y de la chica de la fiesta se colaron en su memoria. ¿Qué posibilidades tenía ella de que la respuesta de Obanai sea diferente esa vez?
La notificación de un nuevo mensaje en Messenger la sacó de sus pensamientos. Lo revisó rápidamente y… tuvo que tallarse los ojos antes de creerse quién le había mandado una solicitud de mensaje.
"Obanai Iguro"
Ni siquiera lo abrió. En un impulso le mandó una solicitud de amistad al joven rápidamente. ¡Él aceptó la solicitud! Nuevamente, sin pensarlo dos veces, activó el botón para iniciar una videollamada con él.
–¿Qué ocurre?
¡Obanai estaba ahí! ¡Era él! Correctamente sentado y perfecto como siempre era. Y ella…
Echada como una res sobre su cama. Se incorporó rápidamente de manera que quedó sentada en su cama.
–¡Iguro!
Vio a su compañero hacer una mueca de disgusto y quitarse un audífono de su oído.
–No grites, te escucho perfectamente.
–¿Obanai está ahí?
La voz de su hermana Kaori se escuchó detrás de la puerta
–Creo que nuestra hermanita ya se volvió loca, Kaori. Loca de amor. –Se burlaba Sachi.
–¿Estará teniendo algún sueño pervertido?
–¡Hay un lugar en el infierno para personas como ustedes! –Chilló Mitsuri muy roja mientras conectaba sus audífonos a la laptop. –Disculpa, ya sabes como son. Están locas.
Obanai, levemente ruborizado carraspeó antes de dirigirse a la joven.
–¿Ocurre algo? –Preguntó el muchacho. –¿Recibiste mi mensaje?
–¡Sí!
–¿Y… ocurre algo con eso?
Bien Mitsuri, nunca leíste el mensaje de Iguro. Se reprendió y rápidamente abrió el chat para leerlo. Era corto y conciso como lo esperaba. En él proponía que los dos usaran el navegador por el resto de la semana esperando que presente fallas para corregirlas antes de que se cumpla el plazo de entrega la semana entrante.
–Nunca lo leíste, ¿verdad? –Adivinó. –Creí que me hablaste para discutir algo al respecto.
–Me parece bien lo que propones, de mi parte lo instalaré hoy mismo. –Contestó evadiendo la pregunta. –Ojalá que funcione, sino tendré que buscar un cupo en la Universidad pública a última hora.
–Funcionará. –Contestó tranquilamente. –Después de todo, yo lo hice.
–Hicimos. –Corrigió Mitsuri. –Para ti es fácil decirlo, tienes cómo pagar la universidad sin problemas. Tus padres no se opondrán a que estudies Ingeniería Nuclear.
–Estudiaré Ingeniería en Sistemas Computacionales. –Le corrigió.
El rostro de Mitsuri debía mostrar su sorpresa porque el joven suspiró.
–¿Cómo…?
–Mis padres están de acuerdo. –Contestó Obanai. –Hoy fuimos a visitar la tumba de mi hermano. –Explicó. –Están… arrepentidos. Se disculparon con ambos y… ¿Por qué te estoy diciendo todo esto?
La última pregunta hizo reír a Mitsuri.
–Porque eres tan antisocial que no tienes más amigos.
–He caído demasiado bajo para llegar a considerarte una amiga. –Se lamentó. –Pero creo que lo hago. Por mucho que piense que estás loca.
–Dime con quién andas… –Canturreó la joven.
–Touché. –Dijo en un perfecto francés. –Pero, al menos yo no llevo un pijama de vaca.
Mitsuri se percató de la pijama que había decidido usar ese día. Efectivamente, era una de color blanco con manchas negras, haciendo alusión a una vaca. Se sintió avergonzada. Pero más allá de eso, Obanai se había dado cuenta de su ropa. Tal vez, solo tal vez, no le era tan indiferente.
Quizás ahora no sería una mala idea declararse…
–¡Mitsuri abre! –La voz de Zenitsu se escuchó junto con fuertes golpes en su puerta.
Despidió a Iguro alegando que su madre necesitaba su ayuda. Por el bien de Zenitsu Agatsuma, y si no quería que le rompieran el otro brazo, más vale que sea algo de vida o muerte.
Casi se cae de espaldas cuando vio a Nezuko junto con el rubio playboy en el umbral de la puerta de su alcoba. Especialmente porque los dos estaban en pijama. Estaba claro que Zenitsu vivía en el piso de arriba y Nezuko en el edificio de enfrente, pero ¿salir en pijamas?
–¡Mitsuri! –Escuchó como la llamaba Nezuko. –Tenemos algo muy importante que decirte.
–¿Se van a casar?
–¡No! –Chillaron ambos.
–Lo siento. –Contestó. –Pero es que están en mi cuarto, ambos en pijama, y a estas horas de la noche. Me pareció algo serio.
–Si te sorprendió solo de pensar que Nezuko y yo estábamos juntos, entonces es mejor que te sientes.
Aquello pintaba a algo muy serio a juzgar por los rostros de sus amigos. Los obedeció y los invitó a pasar a su recámara.
–No la embarazaste, ¿verdad? –Preguntó temerosa. –Porque de una vez les aviso que yo no pienso defenderlos de Tanjiro.
–¡No! –Bufó el rubio cansado. –Pero lo que te vamos a decir es algo igual o más serio que eso.
–¿De qué se trata?
–De Shinobu. –Habló Nezuko. –Por favor, mantén la calma.
En vano fue la advertencia de Nezuko. El grito que Mitsuri pegó cuando sus amigos le contaron el problema, seguramente será recordado por todo el edificio, por mucho tiempo.
–¡Son los peores amigos del mundo!
Ya sería casi una semana. Seis días sin saber de él, ni de nadie. Seis días sin salir de su habitación, seis días sin ganas de nada.
Casi una semana de haber llorado todas las lágrimas que tenía.
Agradecía tener un baño propio para no salir de su recamara. Apenas salía para recibir la comida que el servicio le dejaba al pie de su puerta. De sus padres, poco había sabido desde que volvió. Seguramente se encontraban de viaje.
Durante toda la semana ignoró los llamados de Kanao afuera de su cuarto, y eso la hacía sentir más miserable. Le entristecía preocupar así a su hermana, pero no tenía el valor de ver nadie más sin antes derrumbarse. Además de fracasar en el amor, era la peor hermana mayor del mundo.
Estaba sola y fue por decisión propia. Ella sabía que, si lo pedía, sus amigos y su hermana estarían ahí con ella. Pero no quería verlos. No quería ver a nadie que no sea Giyuu. Sí, era una tonta porque después de lo que vio y de lo que le dijo, no debería querer saber nada de él.
Pero quería hacerlo. Era lo que más quería en el mundo.
En otro tiempo, ella no hubiese salido huyendo como un cachorrillo herido. Se hubiese quedado y no se hubiese marchado sino hasta haberle dicho, elegantemente, del mal que se iba a morir, lo idiota que era por dejarla y lo mucho que lamentaría perderla. En su mente siempre había pensado en que esa era la forma en la que reaccionaría si alguna vez osaban terminarla a ella. Claro que nunca lo había usado. Siempre había sido ella la que había terminado las relaciones, la que no soportaba los ruegos y las lamentaciones.
Ella, Shinobu Kocho, la altiva joven que no permitía que nadie pasase por encima de ella. La que no permitía que nadie se acercara lo suficiente para lastimarla.
Ella…
Que se había enamorado como una estúpida de la persona que no solo había hecho añicos su orgullo, sino que había pisoteado su corazón y sus sentimientos.
Esas eran las consecuencias de enamorarse. Esas eran las consecuencias de querer alguien: ser lastimado.
Que irónico. Cuando empezó las cosas jamás imaginó que la víctima de su propio plan sería ella misma. Es que nunca se había enamorado. Nunca había amado.
Hasta que conoció a Giyuu.
Lo peor es que, como él mismo le dijo, ella sabía en lo que se metía, sabía que él estaba muy lastimado y sabía que el recuerdo de Alice sería un enemigo muy difícil de erradicar. Sin embargo, después de ese viaje juntos, después de haber sido mujer en sus brazos, sintió que entre ellos había algo…
Había amor.
"Nunca hubo otra cosa que no fuera deseo"
Pero ese amor solo había sido por parte de ella.
De parte de Giyuu solo había migajas, puesto que todo lo que él entregaba en cada encuentro era para la Alice que veía en ella. Él lo dijo, solo fue deseo. Aún no terminaba de creérselo. No podía imaginar que todo fue una farsa, solo una persona sin sentimientos era capaz de hacer algo así. Y Giyuu no era ese tipo de personas, ella lo sabía.
A pesar de eso, la poca importancia que le había dado a su ausencia hablaba por sí misma. Ella podía haberse cortado aquel día y él jamás se habría preocupado por enterarse de su bienestar.
Le dolía su indiferencia
Le dolía pensar que él hubiese jugado de esa forma con sus sentimientos.
No. Lo que más le dolía era que él no pudiera amarla por ser ella, por ser Shinobu.
Amarla de la misma forma que ella lo amaba a él.
Había aprendido de la peor forma, lo mucho que dolía amar.
Metió otra cucharada en el bote de helado de chocolate que había mandado a conseguir.
Ya no le importaba nada, ni siquiera engordar. Se había vuelto tan patética. Sintió como las lágrimas volvía a escocerle los ojos. Se los cubrió con las manos rápidamente, evitando que las lágrimas salieran hasta tranquilizarse. Fue entonces que el destello de su mano izquierda llamó su atención.
El anillo. El anillo que supuestamente solo encajaría en una pareja que estuviese destinada a estar junta para siempre. Tonterías. Seguramente era una baratija china que se acomodaba al dedo de cualquiera. Además, Giyuu se lo puso cuando ni siquiera había escuchado la explicación de la anciana del puesto.
Si eso fuera verdad, entonces implicaría que Giyuu la querría, cuando en realidad no lo hace. Se lo dijo claramente. Lo único que recibió fueron migajas de un amor que no era para ella.
Con un rápido movimiento, colocó dos dedos sobre el anillo dispuesta a arrancarlo de su dedo. Se desharía de él y del recuerdo de aquel viaje tan hermoso.
La música del violín llenó sus pensamientos, el recuerdo del baile en la plaza, del día en la playa, de la noche del festival…
De todas las noches que compartió entre sus brazos, de todos los gemidos que le arrancó, del sobrecogedor sentimiento de haberse sentido amada por esos tres días y de haberlo amado sin inhibiciones o perjuicios.
Las lágrimas ya volvían a salir sin misericordia de sus ojos violetas. No podía hacerlo. Llevó el anillo a sus labios y lo besó con delicadeza. No podría deshacerse jamás de aquella pieza que guardaba tantos recuerdos y sentimientos. Nunca. Ella lo amaba tanto.
Y esa era la razón por la que a pesar de saber que él no siente nada por ella, el deseo de tenerlo a su lado no desaparecía.
Por esa razón no podía deshacerse de ese anillo.
Lo único que quedaba como recuerdo de su primer gran amor.
Una sonrisa sarcástica adornó su hermoso rostro.
Ahora entiende lo que se siente que te rompan el corazón.
Mentiría si dijera que las palabras de Giyuu no habían llegado a él. Pero sí que lo habían hecho.
Tomioka le había refrescado la memoria repitiéndole todo lo que un día había dicho de Aoi, creyendo que esta jamás se enteraría. Sí, no había sido muy caballeroso o educado de su parte. Pero, él no sabía que ella estaba escuchando. Era una plática de chicos con la que debió ser mucho más cuidadoso.
Aun así, eso no era justificación para lo que ella le hizo. Él nunca la engañó, fue ella quien se burló de él.
Sí, ella era la única culpable…
Se merecía todas sus palabras, su desprecio.
¡A él le había llegado a caer bien! ¡Una vez que conoció a la Aoi debajo de toda esa ropa no pudo evitar sentir empatía! ¿Qué otra mujer era tan fanática del baloncesto? Y no se detenía a contar las calorías de un buen ramen, además, le gustaba One Piece.
Claro que él nunca lo dijo, ni siquiera se había detenido a pensar en esto hasta ese momento.
Aoi se había quedado con el antiguo concepto que él tenía de ella. Uno casi tan malo como el que su propia madre, la muy bruja, que en paz descanse.
Sintió un escalofrío al pensar que se puso al mismo nivel que la difunta señora Kanzaki.
Pero, si él estaba tan bien como decía, entonces, ¿Por qué se sentía tan mal?
El destino, su mala suerte, lo que sea que rija ese mundo quiso que se encontrara con su colega nuevamente. La vio salir de un restaurante a casi una cuadra de donde estaba. Siguió caminando, aunque vaciló por un momento.
Bah, él no tenía nada de qué avergonzarse.
Y se detuvo, pero por otros motivos. Tras la peliazul salió un atolondrado hombre de cabello castaño y mayor a ella. Era Goto, el cuñado de Aoi.
¿Qué hacía Aoi con el marido de la bruja de su hermana?
Empezaron a caminar en su dirección, él no podía quedarse atrás así que empezó a caminar también.
Se encontraron, se miraron, ninguno de los dos bajó la vista, desafiando al otro.
Al final, se cruzaron como si fuesen dos desconocidos, o peor aún, dos enemigos.
El reflejo de una mal disimulada sonrisa captó la atención de Inosuke que no pudo evitar girarse para ver a Goto sonreírle con… ¿suficiencia? Nah, seguro está viendo cosas donde no las hay.
Siguió su camino, más no pudo dar ni diez pasos antes de voltearse a ver a la peculiar parejita andar.
¿Por qué de repente le molestaba ver a Aoi en compañía de otro hombre?
Zenitsu, Nezuko y Mitsuri llegaron a la mansión Kocho cuando serían cerca de las cinco de la tarde. Era el plazo máximo que se habían dado para esperar a recibir noticias de Shinobu. Sin embargo, lo único que recibieron a lo largo del día fueron las mismas excusas.
La indignación de Mitsuri era aún notoria. No se perdonaba el no haberse dado cuenta de nada. Aunque debía de reconocer que al igual que todos su amigos, había estado tan preocupada con sus propios dramas que no había podido notar nada fuera de lo común.
Una empleada los guío al vestíbulo donde Tanjiro y Kanao ya los esperaban. Por el semblante que tenía Kanao, no parecía estar del todo bien. En cuanto ella notó la presencia de sus amigos, una expresión de enojo se formó en su rostro haciendo retroceder a Nezuko y Zenitsu.
–Kanao… –Nezuko fue la primera en atreverse a hablarle.
–Deben saber que estoy muy molesta y decepcionada de ustedes. –Empezó a hablar la menor Kocho. –No debieron ocultarme algo tan serio, mucho menos tratándose de mi hermana.
–Creímos que ya tenías suficientes problemas… –Se defendió Zenitsu.
–A mí ni me veas, yo también me acabo de enterar. –Agregó Mitsuri.
–Después tendremos tiempo para reclamaciones. Ahora hay que preocuparnos por Shinobu. –Intervino Tanjiro en medio de todos y después se dirigió a Kanao. –¿Hoy tampoco te dejó entrar a su habitación?
Kanao negó con la cabeza. Dejó a un lado su enojo y llamó a una empleada. Después de unos segundos, apareció una joven saludándola con una reverencia.
–Lesly, por favor entrégame la llave del cuarto de Shinobu. Tú deberías tener una copia. –Pidió Kanao extendiendo su mano.
–Pero señorita Kanao… La señorita Shinobu me pidió que nadie entrara a su habitación. No creo que…
–No te estoy preguntando. Entrégame la llave ahora.
–Pero…
–La autoridad que tiene mi hermana aquí es la misma que yo tengo. –Agregó Kanao con semblante serio. –Dame esa llave o haré que hoy mismo te corran de aquí.
Sin pensarlo más, la joven castaña sacó rápidamente una llave y se la entregó. Por otra parte, sus amigos estaban asombrados por la actitud de Kanao, tanto que nadie se atrevía a hablarle ya que temían ser regañados.
Kanao le entregó la llave a Tanjiro y todos se dirigieron inmediatamente a la habitación de Shinobu.
Al entrar, nunca hubieran imaginado lo que se encontraron.
Shinobu Kocho, princesa de la elegancia y amante de todo lo bonito; estaba hecha un ovillo en su cama con un bote de helado de chocolate y en su buró una botella de vino que iba por la mitad.
El cuarto estaba limpio pero desordenado, y era alumbrado únicamente por las lámparas que estaban en los burós. El ambiente en la recámara se sentía lúgubre y triste.
Tan triste como la dueña de la habitación.
–¿Shinobu?
Mitsuri habló con voz bajita y temerosa. Prefirió mantener un perfil bajo. Temía que cualquier ruido brusco dañara a la frágil pelimorada que comía de su helado mecánicamente.
La aludida giró a verlos con el rostro serio y ojeroso. Vestía una bata de seda y debajo su pijama. Sus ojos, al igual que su cabello carecían del brillo que los caracterizaba.
Lucía tan frágil que los cinco jóvenes temían lastimarla más de lo que ya estaba.
–Chicos. –Una media sonrisa rota se formó en sus labios. –¿Qué hacen aquí?
–Vinimos a ver cómo estabas. –Contestó monótonamente Nezuko.
–Hermana… –Susurró Kanao sin poder creer aún el estado en el que se encontraba Shinobu. –Hemos estado muy preocupados.
–Yo estoy muy bien. –Contestó la aludida. –Es más, nunca he estado mejor.
Shinobu hizo ademán de tomar la botella de vino de su buró y servirse otra copa. Sin embargo, Tanjiro fue más rápido que ella y la detuvo tomando su muñeca.
–No es necesario que finjas Shinobu. –Le dijo Tanjiro con voz seria.
–Sabemos todo, está bien. –Intervino ahora Zenitsu acercándose a la cama.
Una risa nerviosa salió de los labios de la joven.
–¿De qué hablan? Yo estoy muy bien y estaré mejor cuando me tome otra copa. –Quiso tomar el licor de vuelta, pero Tanjiro de nuevo se lo impidió.
–Sabemos lo de Tomioka, y sabemos que no estás bien. –Agregó el pelirrojo aflojando su agarre. –Todos ya lo saben y estamos aquí para apoyarte.
Entonces pasó. El rostro de Shinobu se desfiguró y las lágrimas acudieron sin misericordia y empezaron a brotar por inercia. Tanjiro dejó caer el vino dejando que manchase el piso y abrazó con mucha fuerza a su amiga.
–Tranquila. No estás sola.
–Lo amo. –Hipó Shinobu contra el pecho de su amigo. –Con todo mi corazón. Pero él ama a su esposa y yo soy tan parecida a ella. No me quiere, la quiere a ella, a lo que ve de ella en mí. –Dio rienda suelta al llanto. Sintiendo como sus amigas y su hermana la rodeaban y prestaban su apoyo con palabras de cariño. –Lo quiero, tanto, tanto.
Shinobu se incorporó y miró a Nezuko como si la viese por primera vez.
–¿Cómo lo soportas? –Preguntó. –¿Cómo soportas amarlo tanto y saber que él no te quiere a ti?
Zenitsu sintió como si le golpearan en los bajos, especialmente cuando vio el rostro de Nezuko también bañado en lágrimas y abrazándose con su amiga.
Mitsuri tampoco sabía qué decir y sentía que fallaba como amiga. Una parte de ella restaba credibilidad a toda la historia de la esposa muerta del profesor Tomioka, la cual podría ser una copia de Shinobu. Pero, verla así, tan vulnerable, le confirmaba que no era cualquier cosa.
Kanao estaba igual que Mitsuri. Jamás imaginó una situación así y ahora no sabía qué hacer para apoyar a su hermana. Unas lágrimas escaparon de sus ojos. Se sentía frustrada, no quería ver a Shinobu llorando.
Una mano se posó sobre su hombro en forma de apoyo. Se giró para ver a Tanjiro, quien parecía transmitirle un poco de seguridad. Él también parecía aturdido por la situación, pero aun así se tomaba la molestia de acariciar el cabello de Shinobu de manera protectora. Era una forma de demostrarle su apoyo.
Entonces, Kanao se acercó a su hermana y la abrazó con fuerza. Tal vez no tenía las palabras correctas, pero al menos podría hacerle saber a Shinobu que no estaba sola.
Todos notaron el estado en el que se encontraba la recámara. Tal vez eran cosas superficiales, pero eran muestras de lo afectada que se encontraba Shinobu. El poco cuidado en su aspecto actual, el gran espejo cubierto por una sábana, los botes de helado de chocolate; ni siquiera le importaba ingerir calorías, el alcohol. Era como ver un gran edificio desmoronándose frente a uno.
Shinobu no era así, ella siempre se había mostrado como alguien fuerte, que los mantenía en pie a todos y ahora, verla tan rota, tan afectada, tan dolida.
Era un reflejo de cuan lastimada estaba.
Shinobu no supo cuánto tiempo estuvo llorando en brazos de Tanjiro y siendo consolada por sus amigas. Era increíble cómo las había contagiado de sus pesares. Estaba tan triste y enojada.
Conforme lloraba y se desmoronaba frente a las únicas personas a las que se atrevería a mostrar esa faceta suya, pudo ver en los ojos de sus amigos lástima involuntaria.
Lástima, lo mismo que motivó a Giyuu a regalarle migajas de su cariño.
Ella no quería reflejar lástima, a nadie, nunca más.
Nuevas lágrimas corrieron por su rostro.
No quería dar más lástima, pero tampoco podía dejar de llorar.
–Tienes que ir el lunes a la escuela.
Mitsuri habló llamando la atención de todos. En su rostro había una seriedad que muy pocas veces la habían visto emplear.
–No puedo. –Gimió con voz quebrada. –No puedo hacerlo.
–¡Sí que puedes! –Le reprendió la pelirosa. –No puedes seguir escondiéndote de la realidad. Sí, el tipo fue un idiota ¿y qué? El mundo está lleno de ellos.
–Me duele, Mitsuri… –Susurró Shinobu dejándose vencer por el cansancio de haber llorado tanto.
–Deberías odiarlo. –Escupió Mitsuri.
–No se puede odiar a quien se ama. –Suspiró pesadamente.
–Tampoco puedes huir para siempre.
Shinobu no dijo nada, pero sabía que Mitsuri tenía razón.
Cuando despertó se sintió cálida, había dormido rodeada por sus amigos. Que escandaloso sería que encontraran a Tanjiro y a Zenitsu en su cama, pero, nadie tenía porque saberlo.
Por primera vez, desde hace exactamente siete días, se sentía con ánimos. Mitsuri tenía razón, no podía huir para siempre, no iba para nada con su personalidad. Se encaminó al baño y una vez allí dentro se topó con otro gigante espejo. Tampoco podía ir rompiendo espejos por el mundo.
Esa era ella. No era Alice.
Y probablemente lo único que tenía en común con la difunta señora Tomioka, era el sentimiento compartido de amor por Giyuu Tomioka.
Pero él no lo veía así. Él veía a Alice en ella y eso era más de lo que podría soportar.
Esta vez le había tocado perder.
Giyuu no se dio cuenta de que iba con prisa hasta que respiró agitadamente frente a la puerta de último año. Se detuvo para tomar aire. ¿Qué sentía? ¿Ansiedad? Tal vez. ¿Miedo de entrar y no verla?
Se repitió a sí mismo que si Shinobu no iba ese día, Inosuke se había ofrecido a ir y averiguar sobre ella.
Finalmente abrió la puerta y saludó a todos.
Rápidamente sus ojos se fijaron en el puesto cerca de su escritorio. ¡Había alguien!
Una delgada silueta femenina estaba en el puesto que ocupaba Shinobu. Tenía que ser ella.
Los representantes del curso, Murata y Hanako, le pidieron permiso para platicarles a sus compañeros acerca del festival escolar que se llevaría a cabo esa semana.
El maestro cedió a la petición estudiantil y avanzó lentamente a su escritorio. La joven no alzaba la cabeza, parecía muy concentrada en sus apuntes.
Invadido por un nerviosismo que no entendía por qué sentía, preguntó:
–¿Kocho?
Y pasó. Los ojos violetas de Shinobu se alzaron para encontrarse con los ojos de él por un par de segundos antes de que volvieran a su cuaderno.
Giyuu no podría describir exactamente lo que sintió cuando la joven respondió a su apellido. Alivio, asombro, emoción, tranquilidad, todo en una sola ráfaga que le pegó acompañado del aroma a glicinas que la caracterizaba.
Sí, era ella.
Pero ¿por qué no lo parecía?
–¡¿Qué?!
El grito de los estudiantes hizo que apartara su vista de Shinobu y viera lo mismo que había causado terror en sus estudiantes. Sus ojos se abrieron enormemente cuando leyó que los representantes del curso habían escrito en letras grandes y claras: "HOST CLUB"
–Nuestro curso hará un Host Club en conjunto con la clase 2-A. –Indicó Hanako. –Sé que es extraño, pero básicamente es lo mismo que un café maid, aunque con otro nombre. Lo sentimos, pero fue lo único que pudimos hacer. Los cafés y la venta de comidas ya estaban ocupados, tenía que ser algo diferente.
–Además, no se hará nada indebido. Como lo ha dicho Hanako, se servirá comida en compañía de los estudiantes de ambas clases.
–¿En serio dejaste a cargo a Murata solo para que saliera con algo así? –Le susurro Zenitsu a su amigo.
–Desde mi punto de vista, parece que será divertido. –Respondió Tanjiro con entusiasmo haciendo que Zenitsu rodara los ojos.
–¡Usaremos ropa más bonita que los meseros de un café común! –Quiso sonar entusiasta la representante. –Todos podemos ayudar y ganaremos sin duda en este festival. Tenemos todo lo necesario. –Explicó. –Tenemos a Agatsuma, que podría ser el líder, tenemos al caballeroso Kamado, al intelectual Iguro y en la clase 2-A contamos con la presencia de Jacob y Sabito, el representante de la clase. Y en las chicas…
–Te faltó mencionarme en los chicos, Hanako.
La voz masculina dirigió la atención de todo el salón al umbral de la puerta.
Giyuu no reconocía al joven que tenía una sonrisa arrogante y que venía acompañado del director. Sin embargo, su atención fue captada por los estudiantes que miraban al intruso y a Shinobu respectivamente.
Un mal presentimiento se apoderó de él y fue confirmado por el susurro apenas audible que salió de los labios de Shinobu.
–¿Douma…?
Próximo capítulo: Viernes 01 de noviembre, 2024
