Su corazón latía con tanta fuerza que era increíble que sus poderes no hubieran tenido alguna reacción más. El bullicio de la gente había quedado a lo lejos y sólo eran ellos dos, su propio lugar, su propio efímero y especial instante.

En su mente pasaron muchas cosas, todas felices. Una de ellas fue que el mundo podría destruirse, su mente nublarse y su ser desaparecer; pero ella seguiría pensando en ese sitio, ese aroma, ese lugar y el calor de la persona a lado suyo.

Quizás, con suerte, podría repetir ese día una y otra vez en su cabeza.

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Fubuki despierta encontrándose con los ojos de Saitama puestos en ella. No es la primera vez que ella lo descubre observándola mientras duerme. Seguramente no será la última.

Los días pasan demasiado rápido, hay veces donde no sabe en qué día se encuentra y el habito de Saitama por esconder los calendarios y todo rastro de fechas no ayuda en nada.

Ella aún no puede acostumbrarse a los extraños comportamientos que muestra Saitama, a veces erráticos e inesperados, a veces simplemente atípicos de él. Las ojeras pertenecen bajo sus ojos, duerme mucho pero parece que nunca tiene descanso. De pronto, él luce como si hubiera envejecido varios años de un día para otro.

El problema parece empeorar, ahora Saitama ha comenzado a olvidar las cosas también. De forma constante, él sigue preguntando su nombre.

"Saitama" es la respuesta de siempre.

—Y... ¿quién eres tú?

Fubuki trata de mantener la calma, esa pregunta siempre la hace temblar.

—Soy tu novia.

Cuando Fubuki trata de preguntar a Genos al respecto de esta nueva rutina de preguntas y respuestas, él se limita a explicar que esos son los ejercicios que recomendaron los doctores para reforzar su memoria. Es algo que Saitama debe hacer todos los días.

Ella acata esto de forma paciente por el bien de Saitama, por primera vez ha habido un ligero cambio a lo más cercano a un tratamiento.

—¿Hay algo más que pueda hacer para ayudarlo? —Pregunta Fubuki a Genos, tratando de que Saitama no sea capaz de escucharlos desde el baño.

Genos niega con la cabeza. —Sólo debes asegurarte de que las respuestas siempre sean las mismas. Mi maestro Saitama necesita esa confirmación para estar tranquilo.

A pesar de las buenas intenciones de Genos, Fubuki no puede evitar sentir que él sigue tratando de evadir el tema respecto a la situación de Saitama. Ella se pregunta si él estará en un estado de negación o sólo un abrumador dolor de ver a la persona más importante en su vida en ese estado.

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La casa definitivamente no es nueva, hay pequeños detalles por aquí y por allá que la delatan. Fubuki ronda por ella preguntándose si ese lugar le habrá pertenecido a alguien más o si Saitama habrá conseguido los muebles de segunda mano, lo cual es una posibilidad creíble sabiendo lo tacaño que es. Sin embargo, el estilo y el diseño son cosas con las que se encuentra más que satisfecha. Le gusta. Los colores, la decoración, el acomodo de las cosas y hasta la tela de las cortinas son algo de lo que no puede quejarse. Es una perfecta combinación entre el estilo elegante y simple, como si ese lugar hubiera sido diseñado específicamente sólo para Saitama y ella. Pensándolo de esa forma, es algo romántico.

Después Fubuki se dirige a la ventana y debe admitir que tiene una buena vista de la ciudad, siente que puede verla por un largo rato. Es casi verano, en su mente ronda el pensamiento de que quizás debería considerar hacer un plan para viajar lejos con Saitama. Buscar un hotel cerca del mar, broncearse y escuchar el sonido de las olas. No importa que sea repentino o barato, ella sólo quiere tranquilidad junto a él.

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Saitama continúa mostrándose nervioso, tenso, confundido con su alrededor. Está perdido en su mente. Dice cosas extrañas y la tristeza se ha vuelto parte de él. Fubuki tiene varias hipótesis sin ninguna pista, una de ellas es que él podría estar enfermo, quizás le han detectado una enfermedad mortal de la que es el único que sabe y no quiere dar a conocer. Sea lo que sea, definitivamente él está guardando el secreto a propósito.

Ese día extrañamente Saitama se levantó temprano y salió con prisa a algún lugar. No le dijo a Fubuki a dónde iría, ella tampoco quiso preguntar. Seguramente se trata de un trabajo urgente, eso explicaría por qué se llevó su traje de héroe puesto. Conociéndolo, él debería llegar en un par de minutos.

La sospecha de que él está ocultándole algo llega de nuevo como una voz intrusiva, un presentimiento que la hace buscar con la mirada a su alrededor, luego de forma física. Con sus poderes mueve cajones e indaga en todo lo que puede encontrar. En realidad no sabe qué está buscando pero entonces recuerda haber visto a Saitama escondiendo algo entre sus manos con ojos nerviosos y un aire de sospechosa cautela desde uno de los cajones de la cocina al dormitorio que compartían los dos, así que ella se dirige allí.

Busca bajo la cama, entre las almohadas, dentro de los zapatos y se reprocha a sí misma cuando se da cuenta que debió haber empezado por los cajones camuflados en uno de los laterales del armario porque, justamente tras uno de ellos, estaba aquello que Saitama tanto quería ocultar. Ella sabe que debe haber algo en esa parte cuando se da cuenta que está protegida con llave. Cosa simple e insignificante. Fubuki retira el seguro desde adentro usando sus poderes. Luego lo abre y observa la pequeña caja ahí dentro, apenas del tamaño de su mano, y la abre sintiendo la realización golpearla de pronto. Su corazón da un vuelco, se acelera. Sus pies dejan de responder y se deja caer al suelo sobre sus piernas. Sus ojos miran de un lado a otro sin poder creerlo, luego los siente humedecer. Una enorme calidez recorre bajo su piel y debe abrazarse a sí misma para evitar que el temblor sobresalga y termine rompiendo algo con sus poderes. Es pequeño. Es brillante. Justo de su medida. Fubuki buscaba una pista, no una sorpresa.

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La vida de los monstruos es arrebatada en sólo un instante una vez que él les hace frente. Es casi una aparición. Saitama es veloz pero trata de serlo todavía más. No puede permitirse dejar sola a Fubuki por mucho tiempo, pero hay demasiados monstruos en diferentes ciudades de los que sólo él puede encargarse. Dos segundos se convierten en diez minutos, luego unos interminables veinte. Es un idiota, debió haber conseguido a alguien para vigilar a Fubuki durante su ausencia.

Saitama ni siquiera espera a que los restos del monstruo terminen de caer cuando se da la media vuelta y regresa a toda prisa al departamento.

No puede dejarla sola. Hay cosas que Fubuki no debe ver.

Trata de no azotar la puerta al entrar, no quiere hacer ruido. Se quita los zapatos y nota lo extrañamente silencioso que es el lugar. No hay rastro de ella. El pánico comienza. La idea de que de nuevo haya pasado lo mismo de siempre comienza a incrementarse como un veneno en su sangre y entonces se encuentra casi corriendo para encontrarla, y lo hace. Al abrir la puerta de la recámara, halla a Fubuki llorando sentada en el suelo, dándole la espalda, encorvada frente a los cajones del armario que no deberían estar abiertos pero que lo están.

Su corazón se estruja al escuchar su llanto conforme sus pies se acercan cautelosamente tras ella. Las mejillas de Fubuki están rojas igual que su nariz, sus largas pestañas están húmedas, sus cabellos se mecen ante la intranquilidad de sus emociones y sus manos sostienen algo delicadamente entre sus dedos. Es una pequeña caja abierta. Son los anillos de matrimonio que Saitama había escondido.

Fubuki nota su presencia pero no para de llorar, ella comienza a hablar. –¿Era esto lo que estabas ocultando?

Saitama no responde. Se agacha a su altura y toca su hombro, mirándola con atención.

—¿Esta siempre fue la razón por la que estabas tan intranquilo? —Continúa ella. Se limpia las lágrimas pero siguen fluyendo. —¿Tenías miedo de pedirme matrimonio?

El silencio permanece. Saitama no sabe cómo responder, ella no debió haber encontrado esos anillos. Pero es obvio que los encontraría, Fubuki es astuta. Sabe reconocer el tipo de anillos de compromiso y los de una pareja casada y, aunque no pudiera, los anillos tienen sus nombres grabados. No hay forma en la que Saitama pueda decir que son de alguien más.

Ella suelta una ligera risa y suspira con alivio, como si un gran peso cayera de sus hombros, como si hubiera vuelto a respirar. Fubuki promete que lo ayudará, que estará con él en las buenas y las malas. Que todo lo que ha pasado y su preocupación han sido demasiado para soportar, pero quiere estar a su lado. A pesar de todo, a pesar de todos. Una sonrisa se plasma en su rostro mientras la luz de la ventana ilumina la humedad bajo sus ojos verdes que lo miran con la mayor dulzura que alguna vez haya visto jamás. Es hermosa.

—En verdad... en verdad estaba asustada. —Le confiesa ella. —Por supuesto que había notado tu comportamiento extraño y temía que esto escalara a algo más grave pero, no sabes cuánto me alegro que al final la razón haya sido algo como esto.

Fubuki se acerca y Saitama la recibe entre sus brazos, fuerte, protector. Él besa su frente y le dice que ya no tiene de qué preocuparse más, que todo estará bien.

Finalmente, su cuerpo cede al cansancio y su mente se apaga. Fubuki cae dormida en sus brazos. Saitama la abraza más y se pregunta cuánto tiempo tardará en despertar esta vez.

¿Once horas? ¿Dos días como la vez pasada?

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Continuará...