Fubuki sigue inconsciente, su pulso es estable, su respiración es muy tranquila. Esta vez Genos ha conseguido el sensor que advierte la próxima vez que ella despierte. Genos se mantiene acomodando el aparato mientras Saitama espera a su lado, observando a la nada, luego agachando la mirada y preguntando en voz baja.
—Ey, Genos... ¿encontraste algo?
Genos se detiene para observarlo sobre su hombro, su mirada baja. —No, lo siento mucho. Aún no tengo la solución.
El timbre suena y Saitama es quien abre la puerta para recibir a King. —Vine en cuanto leí tu mensaje, ¿es cierto? —Dice él en cuanto entra. Saitama asiente y lo guía hacia el sofá de la sala. Genos se les une después.
—Ella encontró los anillos. —Explica Saitama, exhalando con cansancio.
Los ojos de King se abren con asombro, aturdido. —¿Y te hizo preguntas acerca de eso?
—No. Ni una sola.
Fubuki cuestionó la situación y las posibles afirmaciones en su cabeza, pero no preguntó por otro tipo de explicación.
—Ella cayó dormida después de eso.
—Entonces ella ya lo sabía... —Agrega Genos. —Quizás esto significa que Fubuki lo recuerda, puede que sus memorias estén regr-
—Nada de eso. Es todo lo contrario. —Le corta Saitama, sus ojos expresan cierta desesperación y desconsuelo que los hace callar y esperar. —Cada día... siento que ella se aleja más.
El mundo se fractura, comienza a caerse pedazo a pedazo, poco a poco, día tras día. No hay nada que puedan hacer. Por primera vez, siente que se está enfrentando a algo que está totalmente fuera de su alcance, algo que no puede ser destruido en segundos.
Genos se aclara la garganta tratando de no ser demasiado brusco al interrumpir sus pensamientos. Cauteloso. —Entonces, ¿qué hizo cuando vio los anillos?
—Lo mismo que las otras veces: se puso a llorar y me dijo que era feliz. Que estaba preocupada por mí... —La nariz de Saitama se arruga, su ceño se frunce. —...queellaestaba preocupada pormí. ¿Pueden creerlo?
—Debes entenderla, tiene demasiados huecos en su mente.
—King tiene razón. Usted está totalmente acostumbrado a su día a día, pero para ella todo esto es algo completamente nuevo. No importa cuántas veces lo haya vivido, el reinicio es inevitable.
King asiente y coloca una mano sobre el hombro de Saitama. —Ella tampoco sabe que tiene un problema, no lo siente. Si yo fuera ella, yo también creería que todos se han vuelto locos.
Entonces Saitama tiene la intención de decir algo pero no puede, no hay nada que sus palabras puedan hacer para dejar de confundir a Fubuki y para evitar que sus amigos sigan preocupándose por él. Tampoco puede dejar atrás la terrible, agobiante y angustiante sensación de tener que presenciar cómo la persona que ama se desprende de su propia mente, de su ser, del pasado que han compartido y el presente en el que se encuentran. Es como ver a alguien desaparecer poco a poco, pedazo a pedazo.
—Dicen... que los sentidos pueden traer de vuelta las memorias con mayor facilidad. —Comienza King con voz pausada, mirando de reojo a Saitama. Él ha investigado mucho al respecto con tal de apoyar en encontrar la mejor solución posible. —Los olores, la vista... tenemos muchas fotografías... Sé que ya he sugerido esto antes, pero podríamos intentarlo de nuevo...
—¿Y podremos llenar ese vacío sólo con fotografías? —Cuestiona Genos de inmediato. —La boda del maestro Saitama con Fubuki fue hace más de cuatro años, significa que ella tiene un vacío en sus memorias de al menos cuatro años atrás.
—Seis. —Le corrige Saitama, agachando su cabeza y ocultando su rostro en las palmas de sus manos. —El otro día... desde hace unas semanas que aún no puede reconocer nuestro propio departamento, no sabía dónde estaba cuando despertó... eso fue hace 6 años... hace 6 años ella fue la que me pidió comenzar a vivir juntos y no pudo recordarlo...
—Espera, entonces...
Los ojos de Genos se abrieron. —Tres días, dos semanas... y ahora 6 años. Pero... —Sus puños se cierran, se siente impotente por no poder serle más útil, pero tampoco sabe cómo expresar su apoyo sin hacerlo sentir que está siendo tratado con lástima. —Maestro, debe haber una solución. No debe ser algo permanente así que no tiene que preocuparse porque sé que encontraremos la forma... ¡podríamos intentar lo de mostrarle las fotografías de nuevo y las veces que sean necesarias! ¡Fotografías, videos, audios! ¡Todo lo que tengamos disponible!
King asiente dándole la razón. —Podríamos. Quizás esta vez no entre en pánico.
Saitama traga saliva, su rostro se descubre sólo para exponer unos ojos cansados llenos de ojeras. Preocupación, dolor, pesadumbre, tristeza; son muchas emociones que no hacen más que incrementar. —Que ella me olvide, que se olvide de sí misma... —Son muchas posibilidades, el problema cada vez se hace mayor y él sólo puede observar y esperar. —...Que olvide siquiera que nos conocemos y comience a verme sólo como un hombre extraño que ronda su hogar... En verdad no quiero nada de eso.
Hay un largo suspiro. La mirada de Genos pasa a la pequeña caja que está sobre la mesa de la sala, la toma y se la muestra a su maestro. —Por ahora, será mejor que sea yo quien esconda estos anillos. Si Fubuki vuelve a encontrarlos, podría crear un desorden en sus recuerdos.
La idea no parece convencer a Saitama, esos objetos son algo preciados para él. Ella podría volver a la normalidad en cualquier momento y se molestaría al no encontrarlos.
—Ella olvida ciertos momentos que están siendo reemplazados con nuevos recuerdos falsos. —Le explica Genos, tratando de que él esté de acuerdo de la situación en la que se encuentran y los riesgos que se están corriendo. —Hasta el momento, han sido ocho veces en las que usted inevitablemente le pide matrimonio. Todas fueron diferentes pero sólo una es real.
Después de un pesado silencio, Saitama acepta.
Si Fubuki cree que ellos aún son novios, entonces así será.
Genos esconderá esos anillos hasta que ella vuelva a la normalidad.
—También, —King vuelve a hablar, —podrían ir a los lugares que los dos consideren importantes para ustedes.
—Mnh... —Saitama lo piensa con detenimiento. —No tengo un lugar en específico.
—El muelle. —Suelta de pronto Genos. —¿Qué hay del muelle junto al hotel cerca de mar?
Entonces él lo recuerda, la imagen viene a su memoria junto con un cálido aire en su pecho. Saitama no es mucho de viajar, pero sabe que Fubuki sí. Ese lugar en la playa es especial para ambos, ahí fue donde él le pidió matrimonio, ahí fue donde Fubuki quiso que fuera la boda. Saitama la recuerda insistiendo casarse ahí porque el ambiente era acogedor. Él aún tiene la foto de ese último evento escondida en uno de los rincones de la cocina, resguardando, esperando el momento en que pudiera volver a exponerse en la recámara que compartían. Saitama recuerda perfectamente esa foto porque, tras ella, Fubuki había escrito la fecha junto con el título que ella misma le había puesto.
"Un día perfecto".
Así era como Fubuki se refería al día de su boda. Para Saitama ese día no tuvo nada de extraordinario, fue especial, único, pero bastante normal comparado al resto de días especiales. Fubuki se había molestado al escucharlo decir eso y la única forma en la que se tranquilizó fue cuando él le prometió volver ahí en uno de sus aniversarios. De pronto, Saitama recuerda haberle prometido también besarla en una puesta de sol, por muy cursi que pareciera, y a ella se le hizo vergonzosa la propuesta pero le gustó.
Pensando en eso, pese a la promesa, ellos dos nunca volvieron a ese lugar. Saitama aún no cumplía esa promesa.
No es de sorprenderse, él nunca ha sido bueno recordando cosas.
.
Se empacaron algunas pertenencias básicas y, tan sólo una semana después, a sólo dos días de que Fubuki hubiera despertado de nuevo, Saitama la convenció de ir a un viaje con él. La distancia no es tanta como lo recuerda, llegaron temprano en la mañana.
Los dos caminan por el muelle. A Saitama le recibe la brisa del mar y a Fubuki el fuerte viento sobre su larga falda y el cabello corto de su frente. Ella mira con asombro el movimiento de las olas, luego a sus pies sobre la madera que cruje debido a su peso. Hay mucho sol, es una tarde brillante. Ambos se detienen en el final del muelle para admirar la vista.
Los ojos verdes de ella exploran un poco más el lugar y se detienen en el hotel veraniego que está cerca, luego al cielo y finalmente en Saitama a su lado. Fubuki le sonríe plácidamente.
—¿Ya habías venido a este lugar? —Pregunta ella.
Saitama lo piensa un momento antes de responder. —Sí, hace más de seis años... casi siete.
Fubuki regresa su vista al mar y con una de sus manos retira los mechones de cabello que se posan en su rostro. —Este lugar es hermoso, ¿cómo lo encontraste?
Los ojos de Saitama se abren, su respiración se detiene, su cuerpo se tensa. Siente de pronto un vuelco en su corazón y un nudo en la garganta. De forma lenta, él gira su cabeza hacia ella. —Fuiste tú la que me trajo aquí, esta es la tercera vez que venimos.
—¿Eh? —Fubuki alza una ceja, entrecierra sus ojos y luego los rueda. Tomando la respuesta como un simple mal chiste. —No digas tonterías, Saitama. Yo nunca he estado aquí.
—Lo digo en serio, tú y yo... —Su voz se apaga, sus hombros caen. Saitama piensa en lo que conlleva llevarle la contraria a Fubuki, decirle la verdad, mentirle, confundirla aún más. No puede hacerle eso. Ella lo mira paciente esperando a que continúe. Él suspira rendido y regresa su vista al frente. —No, olvídalo. Sólo comamos algo.
El cielo está despejado, el mar ruge y el sonido les resulta relajante. Cuando el sol se pone, Saitama detiene a Fubuki de su mano y, pasando su brazo por su cintura, la besa. Ella se sorprende por el repentino acto y finge cierta molestia por la sorpresa y comienza un tenue coqueteo con sonrisa ladina por el repentino acto. Saitama siente su rostro ganar color y eso la hace sonreír.
—Este lugar es bastante romántico. —Suelta de pronto Fubuki a su lado.
—¿Romántico? Nah, no lo creo. —Saitama pasa una mano por su nuca, tragando saliva mientras trata de recomponerse del sonrojo que ella le había causado. Ella siempre consigue hacerlo sentir de esa forma.
Fubuki sigue hablando. —El clima, el agua, la humedad, el aroma. —Sus ojos verdes con largas pestañas se posan en él. —Tú, yo, sobre todo yo. Todo es perfecto. —Sus labios rojos se curvan en una dulce sonrisa, radiante y enternecida. Un ligero rubor aparece en sus mejillas. —Sé que es un poco pronto, ya que no tenemos más de un día de comprometidos pero, —La mirada de Fubuki regresa al inmenso azul del mar, brilla, su cabello se mece. —Nuestra boda... ¿podría ser en un lugar como este?
Saitama debe ahogar el dolor ardiente que nace en su pecho, bajo su piel y en el nudo en su garganta. Él la ve y no puede evitar pensar en lo hermosa que es, su inocencia, en que de nuevo se vea tan joven, tan perdida, como si una parte de ella en verdad se hubiera congelado en ese instante años atrás.
—Creo que deberíamos casarnos en un lugar como este, en un día tan perfecto como hoy. —Dice ella.
Poniendo la mejor cálida sonrisa que puede, Saitama asiente. —Sí, yo estaba pensando lo mismo.
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Fin.
