Me gusta.
Fuera del edificio donde se encontraba el departamento de los Ishigami, el sol apenas brillaba, cubierto por grandes nubes grises.
El viento frío del otoño corrió y calo hasta los huesos de Kohaku, que se estremeció al sentir la ráfaga helada. Era un clima que detestaba cuando llegaba, ya que siempre le pelaba la piel.
Pero hoy era sábado, y Kohaku estaba algo mas preparada para enfrentar el frío que otros días en que si tenia que ir al instituto.
Llevaba su bolso al hombro para cargar con las compras que haría; su smartphone con batería suficiente; dinero para su caro uniforme de invierno, un helado (el clima frío le hacía antojarse de comidas frías) y otras compras; ropas abrigadoras, la calentita bufanda que le había regalado Senku y llevaba…
—¡¿A qué esperas?! —exclamó Senku, ya a algunos metros por delante de Kohaku.
Oh, sí, llevaba a Senku.
¡Senku! ¡El odioso de Senku!
El que conocía sus mentiras, se deleitaba en molestarla y la había acusado con el profesor por una razón que ahora conocía, aunque también era el que la ayudaba en química y la protegía de los pervertidos.
Él la había salvado dos veces, curado y alimentado. Y también… era el mismo chico al que se había atrevido a besar.
¡El mismo Senku al que beso por error! Un beso que no debió ser.
Y ahora ahí estaba, esperándola en la esquina con esa cara de fastidio que le era tan característica. Kohaku se ajustó la mochila sobre el hombro, sacudió la cabeza para despejar los pensamientos que no quería tener y corrió los pocos pasos que los separaban para alcanzarlo.
—¿Por qué vienes conmigo? —y fue directo al grano una vez caminaban lado a lado.
Senku se alzó de hombros, su mirada fija en la calle—. No conoces el camino, ¿o sí?
Kohaku bufó y se cruzó de brazos. —Pero sí, yo no… Argh —y siguió tensa, andando, sintiendo de nuevo todo el contraste dentro de ella, decepción por seguir con el pensamiento de que le traía problemas a Senku, nerviosismo por seguir sintiendo aún la presión de los labios de él contra los de ella y la incertidumbre de no saber qué hacía acompañándola y ella aceptando. Y todo a partes iguales.
¿Por qué? ¿Por qué siempre le hacía reaccionar de esa forma? Su corazón de nuevo estaba agregando latidos extras.
-..-..-
—¿Qué tal estos? —preguntó Kohaku sonriendo, sosteniendo un par de guantes en color verde perla, mismos que combinaban con la bufanda que Senku había envuelto en su cuello la otra vez y que ahora llevaba.
Senku se acercó, inspeccionando los guantes que ella sostenía cerca de su rostro. —Te servirán.
Kohaku se sonrojó, sintiendo un escalofrío en la espalda… Senku se había acercado demasiado a ella cuando examinó la tela. —Los llevaré… —, casi carraspeo. Por momentos creía que el invadir tanto su espacio personal era intencional. Pero después descartaba la idea, recordándose a sí misma con quién estaba tratando.
Ya habían visitado dos tiendas abarrotadas, después de conseguir el uniforme de invierno oficial que Kohaku necesitaba. En la segunda tienda, llena de gente moviéndose en todas direcciones, Senku se ofreció a cargar su bolsa mientras Kohaku elegía los artículos que requería.
—No necesitas hacerlo—masculló Kohaku, mientras se dirigían al departamento de ropa interior.
—No me molesta —respondió Senku; si le ayudaba con eso, tenía la idea de que quizá ella podría terminar antes.
Kohaku se encogió de hombros y le entregó la bolsa con las compras. A pesar de la incomodidad e incertidumbre inicial, una sensación de normalidad se instaló en ella, sorprendiéndola.
Esa normalidad era un alivio, sobre todo después de la tensa conversación de la mañana. Sin embargo, el error que había cometido seguía resonando en su mente.
Y cada vez que recordaba ese error, con Senku tan cerca, sentía su temperatura aumentar.
La compra continuó con la rubia eligiendo un par de cosas más, comprando también su paleta de hielo y con Senku ayudándole a elegir algunas otras cosas. La chica incluso metió a la bolsa de sus compras un par de bragas en diferentes colores, una negra y otra rosa pastel y al hacerlo Kohaku se sorprendió alcanzando a captar el rostro de Senku con un ligero color carmín que se sintió orgullosa de reconocer.
Casi todo atisbo de tensión que quedaba se había derretido como la paleta que comía Kohaku, dejando espacio para las burlas de Senku.
—Tan ilógica como siempre —dijo Senku con una sonrisa—. ¿Quién come paletas heladas de limón en pleno frio?
Kohaku sonrió, sin defender su peculiar gusto, saboreando lo último que quedaba de su paleta. Sin embargo, quedaba la pequeña pajita de idea, que Kohaku no podía terminar de sacudirse: Senku estaba esperando algo.
Así que después de salir de la última tienda, terminando al fin con sus compras, tirando el palito de su paleta y andando por las calles bajo el cielo ahora más oscuro, Kohaku detuvo su andar y quedó apenas un par de pasos tras de él. — Ne, Senku.
Senku se detuvo también y regresó a verla al escuchar que le llamaba. Sonrió ladino. —Bien, ahora que tienes tu uniforme y tus compras, podemos hablar.
Las cejas de Kohaku se alzaron. Ya le diría por qué le había acompañado… Y más importante aún: ¡Le había leído la mente! Aún no la hacía y él ya estaba contestando su pregunta; cosa de genios suponía.
Ambos se habían quedado de pie en medio de la acera, hasta que Senku continuó el camino y con un movimiento de su mano le indicó que le siguiera.
Caminaron un buen rato sin cruzar palabra hasta llegar a un parque cercano a su departamento, donde se sentaron en una banca vacía. Un parque lleno de árboles ya pelones por la cercana entrada del invierno.
Se sentaron uno al lado del otro en la banca, en ese parque prácticamente solo, seguramente por el frío y la hora que era, casi el anochecer.
Kohaku tragó saliva, ya se lo imaginaba, todo el tramo mientras caminaban en silencio lo pensó y no quería. Lo que él estaba por decirle no era algo que le diera la gana de escuchar, no lo necesitaba, no quería escucharlo, una cosa era que ella misma digiera que besarlo fue un error, pero recibir esas mismas palabras que seguramente vendrían de Senku… no quería.
Además, ya se había disculpado.
Senku se acomodó mejor para verle, acercándose a ella hasta que sintió que sus rodillas se rozaron. La observó a un lado de él, con sus mechones de cabello que le enmarcaban el rostro balanceándose con el viento frío que corría, las mejillas coloradas, todos sus gestos faciales, los azules ojos de la chica mirando a un lado, y la forma en que se mordió el labio inferior justo en ese instante en que la contemplaba… Y su mente le traicionó, provocándole distraerse en ellos un instante.
Después de reprenderse mentalmente reacciono.—Creo que imaginas lo que voy a decir, entonces…
Kohaku asintió y no dejó de morder su labio, aunque luego sí le regresó la mirada.
—¿Piensas volver a Furia primate?
La de cabellos rubios abrió grandemente los ojos al escucharlo, ese no era el tema que creyó iban a tratar.
—Quizá.— Se sinceró por la seriedad que Senku estaba demostrando a pesar de la sorpresa inicial. Volver al club de pelea era algo que no descartaba. Escuchó a Senku chasquear la lengua y se apresuró a contestar. —Ja, pero no debes preocuparte. No volveré a causarte problemas.
Ver que el tipo del otro día le retorcía el brazo para hacerle daño, abrirle la puerta del baño cuando estaba por tomar una ducha y pillarlo desnudo, los rumores que se corrían por la escuela, quitarle su laboratorio que ahora era su habitación y hacerle esperarla, curarla y hasta alimentarla… Todo eso debían ser todo problemas para Senku, y eran su culpa; reconocía que eran su culpa y eso era ya lo que menos quería. Ella podía ser rebelde y orgullosa, pero definitivamente no era egoísta y después de saber que Senku no era un chico que simplemente se hubiese metido con ella sin razón… Quería evitar seguir molestándole.
Senku a su mirada de seriedad también agregó dureza.
—Leona, ¿no lo recuerdas?—La chica ladeó la cabeza al escucharle. Y Senku volvió a chasquear la lengua por la confusión que ella ahora demostraba. — Eso es diez billones de veces decepcionante.
—¿Qué se supone que debo recordar?—Se cruzó de brazos y alzó la barbilla.
Senku saco aire de sus pulmones antes de repetir lo que ya había dicho una vez. —Te lo dije antes. Preferiría que no te pusieras en peligro. Pero de ser necesario… Iría a por ti.— Y añadió:—Mi prioridad sería tu seguridad.
Y entonces Kohaku recordó a Senku decirlo, el día que llegaron tarde a casa por enfrentarse a esos tres delincuentes.
Quedó estática, porque realmente no se esperaba esas palabras de Senku. Sus brazos cayeron a sus costados lentamente, su corazón latió aún mucho más rápido y sus mejillas se pintaron de un rojo más intenso.
—Senku…
Un nuevo fuerte impulso la invadió por completo. Una vez más deseaba arrojarse a él y estampar sus labios contra los suyos. Pero en lugar de eso, bajo la barbilla, de vuelta incrusto los dientes en su labio inferior y apretó los puños, quizá con algo más de fuerza, como si quisiera retener su impulso de alguna manera con eso.
—Supongo que, si no lo puedes prometer, lo último que diré sobre ese tema es que me llames.—Y los ojos de Kohaku se abrieron más al escucharlo. —Ahora tienes mi contacto. Si estás en problemas, márcame.
Apenas entendiendo, y aún muy asombrada, Kohaku asintió, sin dejar de procesar lo que acababa de decirle. Esas cosas no las decía una escoria.
—Bien, será mejor que nos vayamos. —Senku se levantó del asiento y recogió la bolsa con las compras a un lado de él. Bien, no había obtenido la garantía de escucharla decir que no volvería a ese lugar, pero por lo menos se quedaba con ese asentimiento de cabeza que le indicaba que le llamaría. E iba a creer en eso. Después de todo tenía a una mala mentirosa a un lado suyo, una leona mentirosa que él podía leer a la perfección, y en ese momento no le producía ningún tipo de duda al pensar que ella le llamaría si volvía a meterse en problemas… En los increíbles problemas en los que parecía meterse siempre.
Kohaku no respondió y fue el silencio y absoluta falta de movimiento lo que le confirmó a Senku que ella seguía igual de pasmada.
El estado de la joven le hizo reír para sus adentros, ladeó medio cuerpo hacia ella y de nuevo quedó contemplándola. La mirada brillosa, mejillas que se apreciaban bien rojas, seguía terca, mordiéndose el labio, y una vez más él sin poder apartar la vista de esos labios rosas. Y en ese momento le llegó la voz de Kohaku en la conversación que también Byakuya interrumpió.
Un error.
Su primer beso con una leona… ¿Un error? Era todo, menos un error.
Con la imagen de esa chica invadiendo sus pupilas, volvió a sonreír ladino. —Besarte… — Solo escuchar esa palabra saliendo de la boca de Senku logró hacer reaccionar en algo a la chica. Volvio a alzar la barbilla y dirigió sus orbes azules hacia él aún desde su posición para mirarle hacia arriba. —No es algo de lo que me arrepienta.
Y Senku giró para seguir con su andar tranquilo cargando las compras rumbo al departamento…
La mandíbula de Kohaku cayó un poco al terminar de procesar sobre todo lo último dicho por Senku.
Se repitió un par de veces más en su cabeza.
Besarte… No es algo de lo que me arrepienta.
Besarte… No es algo de lo que me arrepienta.
—P-Pero que…? — ¿Entonces a él no le había molestado? ¿No era un error enorme?
No se arrepiente…
Y una gran sonrisa se le dibujó en la cara, y a pesar de todo el frío que hacía, el corazón le latía mucho y ya le parecía que la calidez la envolvía.
A un buen par de metros delante de Kohaku, Senku gritó sacándola de su ensoñación. —¡¿Leona, tengo que ir a por ti?!
-..-..-
Después de llegar a casa, ambos cenaron la comida que Byakuya ya les tenía lista; Kohaku ayudó a lavar los platos y después Senku le obligó a estudiar un par de horas para después cada uno retirarse para prepararse para ir a dormir.
Antes de irse a dormir, mientras hablaba con su hermana en la llamada que cada noche hacía sin falta, Kohaku no pudo evitar contarle a Ruri sobre Senku.
Ahora sí le contó qué se la pasaba en su laboratorio, que le daban permiso de saltarse las clases, que era un grosero, que odiaba que su amable padre le abrazara, que además de una taza de café por las tardes tomaba bebidas energéticas, que desconocía cómo, pero era popular entre las chicas, que su cabello después de estar mojado al poco tiempo volvía a alzarse rebelde, que cuando trabajaba en el laboratorio lo notaba hacer cada tarea que se proponía a terminar para ese día concentrado y resuelto a terminarla hasta que lo hacia…
Y en un momento, dejo de ser consciente de lo mucho que hablo sobre Senku, solo con el cuidado de no mencionarle el beso, hasta que la suave risa de Ruri la interrumpió…
—Dudo mucho que sea tan malo.
—¿C-Cómo? — Kohaku apenas atinó a contestar después de ser cortada de estarse quejando del chico que seguramente ya estaba en la habitación frente a la suya.
Y Ruri, al otro lado del teléfono, volvió a reír: —Me alegro mucho de que se estén llevando tan bien.
—¡Ja! ¡¿Qué dices?! Es odioso… — Por alguna razón, lo que decía ella misma no la convencía ni a ella.
—¿De verdad eso es lo que crees?
Aunque su hermana no estuviera ahí para verla, Kohaku asintió… y luego negó con la cabeza. —Yo… Yo creo que… Él es… ¡Es un bastardo! —exclamo, sin poder dejar de sentir confusión.
—Ya veo, entonces si lo odias… A no ser…
—¡Ja, claro es…! —antes de que Kohaku pudiera continuar hablando, Ruri alcanzó a interrumpirla:
—A no ser que te guste mucho estar con él.
Kohaku boqueó un par de veces. Era una suerte que Ruri ni nadie más estuviera ahí justo en ese momento para ver su rostro completamente pintado de un rojo intenso y sus ojos abiertos de sopetón, tan pasmada como nunca había estado por lo que acababa de escuchar. ¿Qué acababa de decir su amada hermana? ¿Y por qué sentía tanto calor? ¡¿Y por qué no estaba negándoselo?! — Ja… ¿Qué dices?
Y Ruri volvió a reír; tal vez no estuviera en el mismo espacio físico, pero conocía muy bien a su hermana, le daría su tiempo. — Debo colgar. Hablamos mañana.
—¡Ruri, espera! —fue muy tarde para la exclamación de la rubia; su hermana ya había colgado.
Con movimientos extrañamente mecánicos y torpes se alzó de la silla de su escritorio y caminó hasta su cama. Se sentó y descalzó las sandalias para después meterse en la cama, dejó su celular en el buro a un lado y se acomodó mejor entre las mantas, aún con sus azules ojos bien abiertos.
Solo una cosa pasaba por su cabeza y era una total absurdidad: ¿Gustarle Senku?
De lo mencionado por Ruri, solo eso se grabo quemándole la mente… Que te guste…
¿Gustarle Senku a ella?
¿A ella? ¿Gustarle una escoria así? ¿Alguien así de odioso?
Y dentro de toda la negación que se pasaba por su cabeza, como un fuerte golpe mental, le llegó la imagen de Senku correspondiendo a su beso, y el deseo que tuvo después de eso:
Se sorprendió a sí misma recordando desear que su primer beso hubiese sido ese, el beso que compartió con Senku.
Besarlo… Nunca había sentido nada igual; definitivamente, su segundo beso le hizo sentir lo que nunca había sentido, incluso aún tenía la sensación grabada en la piel de sus labios; recordaba también el agradable cosquilleo… Eso era…
Todo eso era… Era monstruoso… Era…
El latir acelerado de su corazón; el cosquilleo en su vientre; el pecho cargado, lleno; el calor en su cuerpo cerca de él; su arritmia cardiaca y su acidez estomacal… Todo eso solo cuando estaba con él, sus síntomas, los síntomas que había estado descubriendo de a poco…
Sus parpados se abrieron al completo de sopetón… No podía —Me gusta. —susurró para sí, incrédula.
Se llevó ambas manos al cabello, alzando su fleco cuando deslizo los dedos por sus rubios mechones, ¿estaba loca? No podía ser posible. Pero…
Ya estaba, le gustaba.
Terminaba por concluirlo gracias a Ruri; realmente terminó por reconocer ahora todo lo que tenía tiempo dejando para después.
Le gustaba el chico que siempre la molestaba, le gustaba el chico que aprovechaba cualquier oportunidad que tenía para burlarse de ella, el chico que le había hecho desvelarse una vez por pensar en cosas pervertidas, el mismo que no admitía relaciones, el que tenía a otra chica importante para él…
Era odioso, era todo un lío… Era…
Era Senku, era el mismo Senku que le cuidaba, el mismo Senku que la protegía de pervertidos, el que se había lanzado a por ella, al que había besado, y el que había dicho que besarla no era algo de lo que se arrepintiera.
De verdad, pensar tanto le haría daño.
El odioso de Senku… le gustaba.
Y aún recostada, antes de caer al sueño, sonrió, sintiendo la calidez esparcirse por su pecho y mejillas.
-..-..-
La mañana del domingo llegó demasiado rápido para los dos más jóvenes del departamento Ishigami que no tuvieron tan buen dormir.
Una decidida y algo ojerosa Kohaku salió de su habitación lista para enfrentarse a Senku; ese bastardo la iba a escuchar; escucharía fuerte y claro su declaración.
¿Para qué quedarse como tonta esperando a notar en él algún indicio de que también le gustara?
No, era mejor ir directo por la respuesta y lo haría ahora que sabía que el amable señor Ishigami preparaba el desayuno (el delicioso olor que ya se esparcía delataba que hoy desayunarían tocino).
Estaba por dar el primer paso para cruzar el pasillo y golpear la puerta de Senku cuando el abrir de la puerta blanca de esa habitación frente a la suya le detuvo, dejando su pie descalzo en el aire.
Un Senku con el ceño fruncido salía de su habitación.
Solo tenerlo frente a ella y los ojos de Kohaku se iluminaron; ahora que sabía le gustaba, casi creía verlo diferente; ahora sí admitía que le gustaba mucho tener la oportunidad de contemplarlo…
Alto, alto para ella, rojiza mirada que reflejaba muchas cosas, pero la inteligencia destacaba de entre todo lo demás; labios delgados y sabía que eran suaves y que se sentían bien presionando los suyos, ese juntar de sus cejas al salir y toparla delatando su malhumor…
Espera, ¿qué? ¿Malhumor?
¿Muy temprano para ceños fruncidos, no? ¿Tan de buena mañana y ya tenía esa cara de fastidio? Ladeo el rostro curiosa. —¿Buenos días?
Senku la contempló un segundo más, hasta que frente a la aún atenta mirada de Kohaku terminó por rodar sus rojas pupilas y pasar por su lado en dirección al baño, murmurando un montón de cosas tanto entendibles como inentendibles.
Kohaku apenas pudo distinguir algunos murmuros: "es de no creerse" "otra vez lo mismo" "y yo que pensé que con una vez sería suficiente".
—Por fin se volvió loco…
¿Aun así se declararía?
La suave sonrisa dibujándose en su rostro solo de pensar declararse a Senku daba una clara respuesta. —Segura al diez mil billones por ciento.
-..-..-
Terminando de rasurarse, Senku se dio tiempo de contemplarse un poco frente al espejo. No iba a ducharse, no hacía falta… y eso lo molestaba tanto.
Que poco aguante tenía.
No le duró ni dos noches su remedio de la vez anterior. Una vez más soñó con la leona, y como no controlaba sus sueños, estos dieron rienda suelta y solo sabía que despertó decepcionado de abrir los parpados y que aquello no fuera real. Luego enfocó mejor y la frustración lo baño por completo, y justo después, a plenas 4 am, mientras los demás dormían, como el miserable que era entro en la ducha.
¿Es que ya estaba obsesionado con la chica? Se había dicho a sí mismo que solo una vez se permitiría fantasear con ella y ahora de nuevo la tenía en sus sueños.
—Seré idiota.
Ya no se estaba entendiendo ni el mismo.
-..-..-
Un alegre Byakuya sorbía de su café negro sin dejar de analizar internamente el raro ambiente en esa mesa de desayuno, otra vez. Igual que el día anterior, sus chiquillos andaban raros.
Y es que ya no era solo el instinto de padre el que le decía que algo pasaba… eran también todos esos gestos de los jóvenes a cada lado de su pequeña y ahora muy cálida mesa.
Kohaku hablaba tan entusiasmada como cada mañana, preguntándole por su trabajo y los alumnos que tenía. En algún punto la pequeña Kohaku incluso le había preguntado, ¿cuál era su comida favorita? Y fue entonces cuando no solo él respondió, su hijo también lo hizo:
—Ramen—terminaron respondiendo al mismo tiempo.
Senku se había metido por sí solo a la conversación después de mantener durante casi todo el desayuno una de esas caras que a veces, incluso a él que era su padre, lograban darle miedo. De verdad, la mueca de su hijo desde que apareció en la cocina delataba con claridad que se levantó con el pie izquierdo.
Por eso el Ishigami de mayor edad alzó un poco ambas cejas cuando Senku comenzó a desenvolverse hablando sobre el ramen. ¡Incluso quedaron en llevar a Kohaku a su restaurante de ramen favorito terminando los exámenes!
Podía ser poco, pero como el orgullosísimo buen padre que era, ya notaba a la perfección que el interés de Senku para con Kohaku había crecido. ¿Ya podía llamar a su viejo y enorme amigo para decirle que serían familia y tendrían muchos nietos?
Senku conforme comía el buen desayuno que había hecho su viejo y desperezaba su cuello, algo de calma le llegó. Escuchar a Kohaku hablando animada con su padre sobre temas que podía notar ella se esforzaba por entender, logró hacerle deshacerse de su mal humor de a poco. Así que simplemente se decidió por encontrar descanso ese domingo después de una semana agotadora.
Después del desayuno, Kohaku se encargó de la mesa y los platos, y Senku se levantó diciendo que regresaría a dormir, cosa que escuchada por Byakuya le provocó que alzara esta vez una ceja, ¿Senku diciendo que aprovecharía una mañana para dormir?
Mientras lavaba los platos con algo de música de fondo, Kohaku planeó que dejaría pasar un par de horas para ir a la habitación de Senku y hablar con él, solo pensarlo y estaba segura de que su rostro ya estaba sonrojado.
-..-..-
Byakuya se había dedicado a tomar su merecido descanso solo interrumpiéndolo a intervalos para lavar ropa (con ayuda de Kohaku), y lucirse cocinando un platillo delicioso para la hora de la comida (negando esta vez la ayuda que siempre ofrecía y aceptaba de su pequeña Kohaku).
El hombre de mayor edad no recordaba, ¿cuándo fue la última vez que escuchó las carcajadas de Senku dos veces en un mismo día? ¿Y ni hablar de escucharlo hablar tanto? Senku no se veía así de entusiasmado desde que era niño y encontró a un amiguito interesado genuinamente en ayudarle con sus proyectos. Taiju.
Y ahora resultaba que también su hijo estaba comenzando a priorizar un poco más su descanso; en realidad, si prestaba atención, Senku parecía haber ganado un poco de peso desde que llegó Kohaku, y por supuesto lo iba a atribuir a las cenas de la chica que ahora Senku tomaba.
La llegada de Kohaku parecía estarles haciendo bien a pasos cortos pero constantes. Sobre todo a Senku.
—Ya huele a boda.
Una sonora carcajada de Byakuya se escuchó desde la cocina sonando por casi todo el departamento.
-..-..-
Kohaku se incorporó frente a la puerta que conducía a la habitación de Senku y tocó un poco más fuerte de lo habitual.
Espero apenas un momento hasta que un desperezado Senku abrió con su smartphone pegado al oído.
—¿Qué te pensabas? Debiste informarme.
Kohaku respingó al escuchar el tono serio de Senku, la persona con la que hablara estaba siendo regañada. Pobre alma en apuros.
La rubia lo siguió fijamente hasta que Senku se adentró a su habitación, dejando la puerta abierta sin despegarse de la llamada y ella caminó hacia el lugar. Era la primera vez que entraba.
Senku se sentó en la silla frente a su escritorio y apenas le regresó una mirada a Kohaku. —No es excusa, Yuzuriha.
El tono serio, también algo cansado y ese nombre…
Senku seguía hablando de algún tema que Kohaku no entendía. Solo escuchar ese nombre salir de los labios de Senku la paralizó. ¡Era cierto! Ella estaba a punto de hacer la declaración más poco romántica de todas a la escoria más odiosa que ya tenía a una chica importante para él.
No podía, no podía hacer eso… Era rechazo seguro, ya tenía su respuesta.
Por el tono y mueca disgustada de Senku, de seguro estaban en una discusión. Y era muy diferente a cuando peleaba con ella, con ella Senku se burlaba, la molestaba y reaccionaba a veces, cabreándose, exaltado, perdiendo el control… y con la chica al teléfono, podía verlo, con esa chica él buscaba comprenderla.
No, no, no y no.
Una vez más tenía la respuesta de Senku antes de hacer la pregunta. Se llevaría las lágrimas que no sabía contenía antes de que él pudiera verlas.
—Vu-vuelvo en otro momento.—y se retiró dejando a un Senku que seguía al teléfono y que le siguió con la mirada, ladeando ligeramente la cabeza hasta verla perderse cuando cerró la puerta de la habitación del Ishigami después de salir.
-..-..-
Kohaku apretó los puños a cada lado de ella antes de caminar hasta llegar a sentarse en su cama.
¿No le diría a Senku?
Se había desvelado por pensar en eso gran parte de la noche hasta que el sueño la venció y cuando despertó, tenía el impulso atorado en ella de decirle y no durar ni un minuto, siendo la única en conocer sus sentimientos.
No quería que volviera a pasarle lo de la última vez. La persona que le dio su primer beso…
Sacudió un par de muchas veces la cabeza, solo de pensar eso último.
Sentada con las piernas cruzadas, llevo ambos brazos hacia atrás hasta recargar la mitad de su cuerpo y dejo caer la cabeza dejando la vista en el techo blanco. Una sonrisa tirante se le dibujó en el rostro.—Ja. Ne, mamá... Eso del amor todavía no es para mí, ¿cierto?
Se encogería de hombros, y se olvidaría de tonterías como esa, simplemente se concentraría en cosas mejores por hacer... ¡Bah! A Senku podía olvidarlo enseguida. No era como si llevara años enamorada de él... Y justo cuando una lágrima amenazaba por salir, su puerta se abrió de sopetón haciéndola respingar.
Mi misma se emocino con este cap, espero que quien lea mis letritas tambien se emocionara como yo.
Me eh tardado mas de lo que normalmente estoy tardando en actualizar porque como eh dicho en el anterior, un ultimo cap lento mas y ya despues tengo estimado sera mas rapido y vienen alguna mas cosas que a lo largo del fic solo se han mencionado asi que estoy tratando de no dejar nada fuera y todo se abarque... Pero solo soy una mortal y puede que algo se me pase... En fin, una vez mas espero que el captiulo gustara tanto como me gusto a mi.
Bye.
Spoiler:
El Ishigami se detuvo frente a una pared de opciones. Había cajas de diferentes colores y tamaños. Parpadeo varias veces algo sobrepasado por tal cantidad de variables. ¿Qué era todo eso? ¿No era comprar "tampones" y ya? Eran demasiadas opciones para un mismo fin.
—Absorbencia regular, súper, intenso, medio… ¿Qué demonios? —Leyó en voz alta, sin dejar de fruncir el ceño—Con aplicador, compactos, fácil inserción, puntas anatómicas, pequeño…—¿Qué rayos?
