CAPÍTULO III.


RENACIMIENTO


"Todo lo mortal se desvanece en el tiempo, pero el espíritu perdura."

Paarthurnax—


La mañana de un nuevo día se anunció con los primeros rayos del sol, que se alzaban como heraldos anunciando el despertar. Los caminos de la ciudad, la academia y otros lugares cercanos cobraban vida en un bullicio constante. Sin embargo, en la residencia de los Caria, al sur de Raya Lucaria, reinaba el silencio. Su morada, apartada de la ciudad, estaba lo suficientemente alejada como para preservar la calma. Muchos creían que esa distancia respondía a motivos de seguridad, y no estaban muy equivocados, ya que su linaje no era bien visto en una ciudad donde el conocimiento mágico lo era todo.

El prestigio y el poder de los Caria chocaban con los ideales de la ciudad, pues practicaban la magia de los Lazuli, la magia lunar, lo que generaba el desprecio de muchos. Con el paso de los años, se les había considerado indignos de un verdadero reconocimiento. Sin embargo, los Caria no parecían afectados por esos juicios. Aunque soportaban constantes burlas y faltas de respeto hacia su estatus, se mantenían firmes, inmutables, estoicos.

Entre ellos, Rennala se destacaba por su pasión hacia la hechicería, mientras que su hermana Rellana, en una decisión que pocos comprendieron al principio, eligió unirse a la caballería real. Esta elección, aunque sorpresiva, tenía una razón poderosa: a medida que los comentarios despectivos crecían, cada vez menos caballeros deseaban servir a la realeza. Ante esa realidad, Rellana asumió un rol que nadie más se atrevió a tomar. Con esfuerzo y dedicación, se convirtió en una caballero excepcional, experta tanto en la magia de batalla como en la defensa. Le hizo una promesa a su hermana mayor: la protegería hasta que lograra ocupar su legítimo lugar como líder de los Caria y se convirtiera en la reina Rennala.

Aunque el día de hoy, los pasillos de la mansión de los Caria estaban más avivados que de costumbre. Murmullos y voces se escuchaban de los que servían ahí, más por el recién llegado, y todo el alboroto que se generó. ¿Quién era? ¿Por qué la propia Rennala lo trajo consigo? Aunque su recién llegada no era vista con incomodidad o malos ojos, solo era curiosidad.

La incertidumbre llenaba los pasillos, y, extrañamente, la princesa Rennala no había salido de su habitación. La razón era evidente: seguía cuidándolo. Tras cambiarse a un atuendo más adecuado, se quedó allí, en silencio, buscando algún signo de mejoría, incluso cuando la noche ya había caído. Sin embargo, el cansancio acabó venciéndola, ahora yacía sobre su escritorio, con el rostro entre libros, papeles y algunas plumas desperdigadas.

—¡Hmmmmm! —Gruño Rennala con un tono claramente cansado, aun su cuerpo no se sanaba por completo, aun sin tener heridas graves, ya que hace unas horas Rellana descubrió en ella un enorme rasguño, que fue por parte de uno de los osos, solo que por la situación del momento no lo sintió, pero no era nada por lo que tuviera que preocuparse.

Se levantó, su mirada se volteó a su ventana, dejándola ver un bello amanecer, y la Academia de Raya Lucaria podía visualizarla, pero en el momento en que sus ojos se posaron en la gran academia solo dejó escapar un gran suspiro, lentamente se dirigió a quien yacía acostado en su cama. Camino lentamente hacia el convaleciente recién llegado y lo comenzó a revisar minuciosamente. Poso su dorso en su frente, miró sus heridas, las que yacían en sus brazos y pecho, para su sorpresa, no había rastros de ellas, ninguna. Algo que la sorprendió completamente en ese instante. Bajo la manta que lo cubría y le daba calor, la retirada un poco más debajo de su abdomen para poder observar que los vendajes que antes poseían un color blanco inmaculado, ahora lo adornaba un color rojo oscuro.

"Es impresionante su capacidad de regeneración, puedo intuir que esta regeneración, tenga etapas en las que cure las partes afectadas de su cuerpo, primeramente, serían los órganos, musculo, vasos sanguíneos, venas, piel, la sangre que veo tal vez sea indicio que este sanando vasos o venas e inmediatamente comience con la propia piel afectada... este joven es un... cofre de sorpresas".

Me senté a su lado, observando con más detenimiento esas marcas extrañas en su brazo izquierdo, tenían patrones bastante interesantes, símbolos que no sabía su significado, lo levanté un momento para inspeccionarlo mejor, dos cosas noté, que su peso era irreal, y que tenía un buen estado físico, hecho para la batalla, una masa muscular excepcional.

"Puede que su entrenamiento iniciara a una edad muy temprana, he visto a los caballeros, los cuerpos de esos hombres no se comparan con este, eso es lo que me hace tener esa conjetura, y muchas cicatrices que rodean varias partes del brazo, son demasiado viejas, pero son muy raras... Quemaduras... marcas de... ¿cadenas? ¿Una cicatriz de una batalla? ¿o fue capturado en algún momento y esto es la evidencia de que fue torturado?"

Eran demasiadas cosas en las que pensar, lo único que hacía era preocuparme aún más, no se su estado mental, no se si este bien en ese aspecto, puede que las batallas lo hayan convertido en un ser violento, y no entienda razones, pero tengo mucha fe, en que no es así.

Lo que más llamó mi atención al tocarlo fue su piel, no tenía las características que uno esperaría. Normalmente, la piel humana posee cierta elasticidad y fragilidad debido a su delgadez, una característica esencial. Sin embargo, su piel era distinta, no tenía esa elasticidad común, sino que se sentía como si estuviera tocando una piedra tibia, aunque, de algún modo, mantenía la flexibilidad de la piel.

Intenté comprobar si esta textura inusual se limitaba a sus brazos, pero no era así. Brazos, piernas, pecho, cuello, rostro... todo en él presentaba las mismas extrañas características de su complexión. ¿Acaso era un ser similar a los cristalinos? ¿O como los señores de ónice? ¿Vendría del mismo lugar que ellos?

—Rennala, estás comenzando a exagerar y a sobre pensar de más. —Lo dije mientras me recargaba un poco en la cabecera de mi cama. —Todas estas preguntas, solo él podrá responderlas.

Note también una cosa más, y era el hedor del propio cuerpo, que, para mi sorpresa, ese hedor provenía del mío.

"Era de esperarse: escapar de un bosque infestado de osos, huir de las tierras de ese tal Señor de las Tormentas, de quien dicen que es el más fuerte de toda la región, y, por si fuera poco, aguantar los constantes regaños de Rellana... Algo tenía que pasar, obviamente. Pero no pienso pasar otro día más así, hasta yo tengo mis límites en cuanto a higiene."

Al levantarme una vez más, mis ojos se posan en él. —¿Desde cuándo tu no tomas un baño? Cuando despiertes será lo primero que harás, ¡je! Estando así no te vez tan intimidante, mi pequeño. —Me encamine a ir a los baños de la parte superior, mientras me reía de lo último, un guerrero siendo molestado por mí, eso sí que era entretenido, ya que a Rellana le molesta, pienso que sería igual... mi pequeño... si, esa es una buena forma para referirme a él... jejeje.


• •


Pasaron más de tres lunas, y él se veía mucho mejor que antes. Su rostro recuperaba algo de color, y la herida en su abdomen se estaba convirtiendo en una simple cicatriz. Aunque aún la trataba con cuidado para evitar infecciones o recaídas, él ya no parecía estar en un estado de inconsciencia total, simplemente dormía.

En algunos momentos su hermana Rellana se intereso un poco, ayudándola, puede que al ver como su hermana le mostraba un interés que nunca antes había visto, eso hizo que quisiera apoyar, solo un poco, ya que sus designaciones eran demasiado importantes, la mayor parte del tiempo la tenían demasiado ocupada.

Dedicarle tanta atención había alejado a Rennala de sus estudios e investigaciones, y hacía una semana que no iba a la academia. No le preocupaba su ausencia, sabía que era una alumna destacada, y había aprendido bien las diferentes materias de hechicería. Además, nadie se sorprendería de que estuviera lejos, pues muchos hechiceros de la academia realizaban viajes para probar sus investigaciones y alcanzar nuevos conocimientos.

Lo único que podía hacer ahora era esperar a que él despertara. Ocasionalmente, él hacía pequeños gestos o gruñidos, como si estuviera teniendo una pesadilla, lo cual era una buena señal, ya que indicaba que su despertar estaba cerca. Rennala solo deseaba que sus sueños no fueran demasiado duros con él.

Al final del tercer día, cambió sus vendajes por segunda vez, ahora solo quedaba una gran costra rojiza donde antes estuvo la herida. Le dio de beber, sabiendo que aún no podía alimentarlo por completo, aunque le preocupaba que la falta de comida le causara algún malestar que no pudiera ver. Se prometió que, al despertar, le daría suficiente alimento para que recuperara por completo sus fuerzas.

Mientras intentaba dormir, un sonido la despertó. Era un quejido, esta vez mucho más fuerte y desgarrador que los leves murmullos que él solía emitir. Al principio, no le dio importancia, pues se había acostumbrado a esos ruidos que él hacía al tratar de acomodarse. Sin embargo, este sonido fue diferente, y Rennala sintió un escalofrío: algo estaba pasando.

Los quejidos se hacían más fuertes a medida que me acercaba a él. Entré rápidamente y lo vi con una mano aferrada a la sábana, los ojos cerrados con fuerza y la otra mano presionando su pecho, como si estuviera atrapado entre un dolor profundo y una pesadilla que lo atormentaba. Sus párpados cerrados temblaban con el rápido movimiento de sus ojos.

—¿Qué hago? —me pregunté, llena de incertidumbre. Curar sus heridas físicas había sido una cosa, pero las aflicciones de la mente eran un terreno desconocido para mí. Las pesadillas eran fragmentos de experiencias y recuerdos distorsionados, retorcidos en giros siniestros y aterradores.

Me acerqué de inmediato, sostuve la mano que apretaba la sábana y, sin pensarlo, lo rodeé con mis brazos en un intento de consolarlo. Era lo único que se me ocurría hacer en ese momento. Aunque el efecto calmante del contacto físico era solo una especulación, sentí que este gesto podría hacerle sentir seguro y protegido mientras conciliaba el sueño. Quería ofrecerle consuelo, incluso si no podía oírme, deseaba que, al menos, sintiera que no estaba solo, que yo intentaría comprenderlo.

Lentamente, su agarre fue suavizándose hasta que ya no emitía sonido alguno. Su respiración se hizo tranquila y pausada. Decidí quedarme a su lado esa noche, en caso de que volviera a experimentar lo mismo. Mantuve mis brazos alrededor de él, dispuesta a darle consuelo hasta que no lo necesitara más.


• •


¡Salven a los niños, llévenlos fuera del pueblo! ¡Hombres! ¡Protejan!

Veía a gente correr, mujeres con niños en brazos, y una mujer me llevaba de la mano, y un anciano gritaba, no entendía nada. No recordaba ahora mismo nada, estos fragmentos... pensé que solo eran, sueños.

"¿Qué es esto?, ese viejo... yo lo conozco, es Rundnir... ¡es verdad! él era el jefe de mi pueblo cuando era niño, ¿por qué lo había olvidado?"

Inmediatamente, veía como las pequeñas casas de madera se incendiaban, figuras que no podía distinguir sobrevolaban. Como la gente era envuelta en llamas, todo era destruido, aún viendo todo esto, seguía pensando que no era algo real, estaba demasiado absorto, solo como un observador. Hasta que llegamos a un lugar que para mi sorpresa reconocía, parecía un almacén, me metieron ahí, con varios niños, pero una figura apareció... antes de cerrar la puerta para protegernos a todos... Lo VI. Un dragón de un tamaño colosal, negro como la noche, sus ojos solo inundaban terror a quienes lo veían.

Alduin... —Mi voz... no podía hablar bien... tenía miedo y odio, sentía dos emociones chocar, hasta que vi como abrió sus fauces, lanzando hacia nosotros una ola de fuego, en ese instante algo me abrazo rápidamente, presionándome con fuerza, pero no supe quién era.

Después nada, solo un horrible dolor en todo mi pecho, sentía como si me trataran de quitar la piel. Los gritos de la gente se intensificaron, el sonido de su grito inundo mi mente.

Tran-quilo... No, no temas.—

Una voz aplacó el entorno, todo se silenció en un instante.

"Esa voz... esa sensación... ya lo recuerdo... Satrina.

No-no tristeza... no-no dolor, yo- proteger.—

El dolor desapareció... fue la sensación de alivio más impresionante de mi vida... solo sentía agradecimiento, pero por lo visto las palabras no fueron necesarias, ya que la sentí, como si tratara de decir: De nada.


• •


Lentamente abrí mis ojos, me costaba respirar un poco, y varias partes de mi cuerpo, sentía en ella un enorme dolor. Sin pensarlo dos veces pose mi mano en el lugar que me generaba más dolor, y use hechizo de la escuela de restauración, curación rápida, al hacerlo varios lugares sanaron, pero me sentía aún demasiado débil.

"La magia no puede sanar todas las heridas por igual joven Dovahkiin... la maldita voz del archimago siempre resuena en mi mente cuando trato de hacer algo que la magia no puede... aunque, extraño sus pláticas sobre sus investigaciones, no las entendía del todo, pero usaba metáforas para hacerme entender... y además era un mujeriego, borracho sin remedio."

Cuando mis sentidos comenzaron a aclararse, dirigí la mirada al techo sobre mí. Era diferente a cualquier otro que hubiera visto: formas geométricas perfectamente alineadas le daban un aspecto elegante, con un tono celeste. —¿o quizá azul? —Qué peculiar... Solo las familias de renombre podían permitirse estructuras en ese color, pues obtenerlo no era sencillo y su costo era exorbitante.

—¿Dónde estoy? —Giré lentamente la cabeza, y mis ojos se posaron en una ventana. Parecía que era mediodía... Sin embargo, había algo extraño en el ambiente. Sentía una gran cantidad de energía mágica, como si una gema del alma estuviera cerca, aunque en una magnitud desmesurada. Y esta no era magia común, parecía centrarse en un tipo de hechicería específico. Decidí dejar de hacerme preguntas.

"¿Cómo llegué aquí...?"

Pensaba en todo, hasta que los recuerdos volvieron: mi conversación con aquella luna, Satrina, y la batalla anterior. Había llegado a tierras prohibidas... ¿qué significaba eso realmente? ¿Acaso el antiguo pergamino me había expulsado de mi hogar? Tendría sentido, aunque fue Akatosh quien me condujo aquí, y esa luna quien me brindó ayuda.

La luna llena...— murmuró. Solo conocía su historia a través de los textos que encontré en el Colegio de Hibernalia. Se dice que solo aparece ante seres con una magia pura, dotándolos de un poder inimaginable, aunque no a cualquiera; solo a aquellos que logren captar su interés. ¿Podría esa mujer ser digna...?

Otro pensamiento comenzó a inundar mi mente, Alduin, lo logró ese anciano, realmente lo logro, pero solo era ganar tiempo, tal vez unos cuantos siglos, para lograr vencerlo, Mi maestro Paarthurnax lo comento, la muerte no podrá acabar con un primogénito de Akatosh, solo el encierro fuera del tiempo mismo, podría subyugar su amenaza contra este mundo.

Con el tiempo, comencé a observar mi entorno. Parecía estar solo en esta habitación. Había libros desgastados escritos en una lengua desconocida para mí y numerosas piedras de un azul claro, casi transparente, rodeando lo que parecía una zona de estudio. ¿Sería posible que la mujer que apenas recordaba fuera alguna clase de hechicera centrada en magia a la luna? Eso parecía sugerirlo, pues aquellas piedras emanaban un aura que evocaba el mismo abismo que habita en el cosmos. Pero, ¿cómo había obtenido algo así? Más que cristales, parecían ámbar de una naturaleza peculiar.

Inspeccioné la condición actual de mi cuerpo, aparentemente mis heridas habían sido tratadas. Cerré y abrí las manos para comprobar el estado de mis articulaciones, aún recostado en aquella cama sorprendentemente cómoda. Siempre había dormido sentado y en estado de alerta, pero en ese momento me sentía extrañamente relajado. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que experimenté algo así? Preguntas para después, quizás.

Noté también que no llevaba mi ropa habitual. De hecho, no llevaba nada salvo la manta que cubría mi cuerpo. Me destapé un poco y descubrí que la mayor parte de mi abdomen estaba vendado. Al parecer, ella se había molestado en atender mis heridas, aunque en realidad no lo necesitaba, mi cuerpo estaba diseñado para sanar por sí solo, y cualquier agente extraño era inmediatamente atacado.

Aun así, el dolor persistía, ardía como el mismísimo infierno. Mis huesos y músculos no se quedaban atrás en ese suplicio, aunque el dolor era soportable. Podría pelear, incluso si me sofocaba con cada movimiento, pero esta vez me estaba enfrentando a una verdadera batalla interna. Intenté incorporarme, cerrando los ojos y emitiendo un leve gruñido por el esfuerzo, pero algo me detuvo nuevamente. La misma mano que antes evitó que me destruyera presionó suavemente sobre mi pecho, obligándome a recostarme de nuevo.

—No creo que sea una buena idea forzar tu cuerpo ahora. —Hablo con gentileza.

Giré la cabeza y la vi: era la misma mujer. A pesar de su juventud, su mirada tenía una profundidad madura. Su cabello era negro y largo, cayendo en cascadas que enmarcaban un rostro sereno. Era bastante alta, quizá unos veinte o treinta centímetros más que yo. Sus ojos, de un azul claro e intenso, contrastaban con su piel pálida, como si nunca hubiera tocado un rayo de sol. Me observaba fijamente, como si algo en mí la hubiera dejado perpleja, pero se quedó en silencio, sin apartar la mirada.

Rennala, al mirarlo directamente, quedó sin palabras. Lo primero que la impactó fueron sus ojos, algo que nunca había visto antes. No era que brillaran, pero tenían un resplandor extraño; su pupila parecía rota, como si alguna vez hubiera colapsado y, al intentar restaurarse, se hubiera fracturado en una serie de grietas. A su alrededor, un negro profundo envolvía el iris, tan oscuro como el espacio mismo. Era imposible apartar la mirada de aquel abismo fascinante y perturbador.

"¿Que le sucederá? su actitud seria cambio, al de una niña que ve algo por primera vez."

¿Hay algo que llame tu atención? —Lo dije con un tono, un poco alto para que me escuchara.

—¡Eh! —Después de escucharme, eso es lo único que dijo con sorpresa, por lo visto ni siquiera estaba escuchando. Inmediatamente ordenó sus pensamientos. —Ah, perdóname, es que... tus ojos.

¿Mis ojos? ¿Qué tienen mis ojos?

—Hijo, muy peculiar.

"¿Mis ojos... peculiaridades? pensé, algo sorprendido. ¿Es que acaso en estas tierras no existe ningún ser como yo? ¿No saben de la existencia de los dragones? Hasta donde sé, son seres de una antigüedad inconmensurable, tan antiguos que podrían haber estado presentes desde el principio de todo. La razón del color de mis ojos, era por la herencia que tengo, no solo yo, muchos de nosotros teníamos peculiaridades en ellos. Me extraña un poco que le sorprenda algo tan banal.

—Eres, de tierras lejanas ¿verdad? —Se sentó a lado mío, mostrando una cara bastante curiosa y sonriéndome.

Sí, no tengo ninguna idea del como llegue aquí con exactitud, pasaron muchas cosas.

—Entiendo, perdóname por preguntar, pero... ¿Qué clase de ser eres? es la primera vez que veo a alguien como tú.

Normalmente no compartiría esto con nadie, y más en un lugar que no conozco, pero veo el esfuerzo y la dedicación que esta mujer ha puesto al cuidarme y tratar mis heridas. Además, me ha dado un lugar para descansar. Aunque una parte de mí siempre se mantiene desconfiada, ella no emana ninguna señal que me ponga en alerta. Sin embargo, sigo teniendo dudas y sospechas sobre sus intenciones.

Esta vez, por una vez en mi vida, intentaré ser amable y responderé las preguntas que quiera hacerme. Después de todo, me salvó la vida, aun cuando yo mismo no deseaba ser salvado. Pero, pensándolo bien, ¿no es acaso similar a lo que ocurre al nacer? Nadie elige vivir, y aun así nos conceden el regalo, o la carga de la existencia.

Soy un Dovahkiin. —Respondí con el nombre como se nos llama con la lengua de los dragones, quería averiguar que tanto sabía, en mis tierras la mayoría de los seres que residían ahí, sabían que eran los Dovahkiin.

—¿Un dovahkiin? ¿Con ese nombre llaman a los tuyos? —Dijo con duda. Ahora lo sabía con certeza, ya no estaba en mis tierras. Me encontraba en tierras exteriores, más allá de Tamriel. Las leyendas hablan de una niebla densa que rodea el continente, ocultando lugares desconocidos y remotos, lugares que nadie ha pisado. Solo unos pocos han logrado atravesarla, pero no existe evidencia ni registro alguno de lo que hay al otro lado. Y ahora yo era uno de ellos, alguien que había logrado ir mucho más allá de esa niebla.

Sí, el nombre Dovahkiin dignifica, sangre de dragón, solo que Dovahkiin es la forma de decirlo en un lenguaje antiguo.

—Dovahkiin... sangre de dragón, eso quiere decir que tienes... ¡tienes alguna relación con los dragones eternos! —Lo último lo dijo con un tono bastante animado, acercándose mucho hacia mí. Ahora la veía con demasiado detalle, su piel era brillosa, sus ojos con un azul claro, casi como el agua cristalina.

"Por lo visto si hay dragones en estas tierras, ¿descenderán de Akatosh de igual manera que nosotros?"

No se realmente como sean los dragones en estas tierras, pero nosotros... solo nacemos con el alma de un dragón. Nuestro cuerpo, sin embargo, sigue siendo mortal.

—Ya veo. —Su mirada estaba absorta, en una dirección, pero no miraba nada.

"Esta mujer es muy inteligente, pero le da tanta importancia a sus pensamientos que llega a ignorar su entorno. Sin duda alguna, es una hechicera, casi como los alumnos del colegio de Hibernalia."

¿Puedo preguntarte algo? —Antes de mirarme parpadeo dos veces y su mirada la fija en mí, dándose cuenta nuevamente que se había distraído.

—Claro.

¿Quién eres? —Se quedó mirándome un momento, como si nuestra primera conversación hubiera comenzado con el pie izquierdo. Me pareció cómico, lo más probable es que ya tuviera todo un guion planeado para presentarse a mí. Viendo su personalidad.

—Discúlpame por no haberte dado la bienvenida de la manera más educada, fue un gran descuido de mi parte. —Dijo, manteniendo una distancia prudente. Se puso de pie, inclinándose ligeramente en una reverencia que denotaba respeto. Estaba familiarizado con ese tipo de saludos formales, típicos de las familias de renombre y la realeza, con su famosa etiqueta que siempre había considerado como lo peor que se podía inventar en el mundo.

—Mi nombre es Rennala de los Caria, astróloga de la Gran Academia de Raya Lucaria, que se encuentra en Liurnia.

Rennala. —Dije, pero escuche a alguien venir desde afuera de la puerta de esta habitación, y entró sin detenerse a tocar. Lo primero que vi fue a un caballero, pero su armadura no era como las que yo conocía, ornamentos en varias partes, el azul siendo el color primordial, una armadura que a simple vista era muy bella, pero no sabía su resistencia, lo bello en armas, no es una buena señal a veces.

—Princesa Rennala para ti, Joven Guerrero, no tolerare esa falta de respeto. —Habló con autoridad y una seriedad impresionante, pero no llegó a intimidarme en lo absoluto. Algo me sorprendió y es que escucho nuestra conversación... interesante.

"Así que... princesa, estoy en una casa de nobles, aunque no es como las imaginaba. En estas tierras, parece que las decoraciones reales aún no son una costumbre. Lo que realmente me desconcierta es qué hacía una princesa en un lugar como el que me encontró. Eso es muy extraño, pero considerando que estoy en tierras desconocidas, puede que lo que yo conozco sea diferente. ¿Quién será? Alguien que está al deber de la seguridad de la realeza por lo que puedo ver, ya que hizo tal acción de meterse en la habitación sin ningún llamamiento de por medio, eso es raro."

—No podías esperar ¡¿verdad?! —Respondió Rennala con un tono molesto.

—Siempre vengo a estas horas, no entiendo porque me respondes de esa forma.

—¡Ja! —Dijo con un claro tono de molestia, unos segundos después soltó un suspiro. —Perdóname por esta sucesión de eventos que no esperaba, ella es Rellana, mi hermana menor.

—¿Hermana menor? Eso quiere decir que ella también es una princesa. —La mire un momento, pero ella no mostró ningún cambio o molestia, puede que esté muy acostumbrada, a que los demás se sorprendan de este hecho.

—Sí, aunque no se parezca a nada a una princesa, es parte de la familia real. Terminando con las presentaciones, por parte nuestra, ¿puedo saber tu nombre?

Mi nombre es Eisen, Sangre de dragón, guerrero de las tierras de Skyrim. —Normalmente lo diría con orgullo y en voz alta, pero no estaba mi cuerpo del todo bien para hacerlo como se debe, aunque el silencio gobernó la habitación por unos momentos, Rennala la vi un poco más emocionada, y su hermana no apartaba su vista de mí.

—Eisen... que bello nombre. —Rennala se emocionó al escucharlo.

—¿Sangre de dragón? ¿Skyrim? —Rellana por otro lado, estaba más confundida.


• •


Rennala le explicó a su hermana rápidamente lo que le dije, aunque ella en todo momento cambió a una actitud demasiado a la defensiva, no lo creía del todo, aunque igual que su hermana estuvo un cierto tiempo solo mirándome a los ojos, no entiendo su fascinación, pensé que, por el hecho de ser hermanas, compartían ciertos gustos.

Hasta que vi algo en Rennala que me pareció extraño.

—No creo que sea lo que dice, un alma de dragón, suena ridículo. —Rellana se posicionó en frente de su hermana.

—Hermana como puedes decir eso, solo míralo, ¿acaso en tu vida has visto a alguien como él?

—¿Acaso has viajado a lugares más allá de Liurnia? tu nunca sales de esos límites. Y sabes muy bien la razón de porque no puedes salir. —Rellana vio como su hermana miró a Eisen y luego el mantuvo la mirada en ella, aunque él no sabía de lo que estaba hablando.

—Rennala... ¿dónde lo encontraste exactamente? Solo dijiste que fuiste guiada, pero más allá de eso, no hablaste más.

—Yo... Limgrave. —Dijo su nombre con un tono de duda y un leve temor en la voz. Justo al pronunciarlo, se quitó el casco. Era casi el mismo rostro... pero había pequeños detalles que los diferenciaban. Uno de los más notables era el largo de su cabello, el de Rennala apenas llegaba un poco más abajo de las orejas, a diferencia del suyo. Aun así, el encanto de su linaje era inconfundible, reflejándose en sus rasgos y en esa mirada que irradiaba una fuerza admirable.

—¿Sola?

—Si. —Rellana solo cerro los ojos un momento, los abrió calmándose.

—… Esta conversación no ha terminado. Preferiría continuarla a solas. —dijo, lanzándome una última mirada seria. —Me retiro. Eisen, me alivia que estés en mejor estado, pero no confío en ti. No sé cuáles son tus razones ni tus intenciones, y mientras no me des motivos para preocuparme, seré indulgente con tu presencia en esta casa. Agradece a Rennala; Además de salvarte, arriesgó mucho al hacerlo. Tiene una herida en toda su espalda que cargará por ese acto temerario.

¿Una herida?

—No te preocupes, es solo un rasguño.

Puedo sanarla, es lo menos que puedo hacer.

—De acuerdo, realmente me da curiosidad como lo harás.

Algo nuevo llamó mi atención: su vestimenta. Llevaba una túnica inusualmente ostentosa, los hechiceros en Hibernalia también usaban túnicas, pero ninguna tan elaborada. Además, noté que iba descalza, una costumbre que al parecer se seguía en esta casa, pues solo utilizaban calzado en el exterior, eso suponía por el momento. Cuando se quitó la túnica, pude ver un gran vendaje que cubría toda su espalda. Su hermana permaneció a su lado, observando cómo se retiraba el vendaje, revelando una herida impresionante: un enorme rasguño, similar al de una garra de animal. Parecía la marca de un oso, pero su tamaño era descomunal. ¿Qué clase de bestia habría enfrentado en su regreso?

Me acerqué, intrigado, y me di cuenta de algo inesperado en mí. Mi visión, ya de por sí buena, se había agudizado de una manera extraordinaria. Ahora podía ver los detalles mágicos con una claridad imposible, percibiendo el aura mágica de los demás como nunca antes. No solo veía el aura, sino también la sangre, los nervios, cada detalle oculto en su cuerpo. Era una habilidad que jamás pensé tener. ¿Había sido Satrina quien me otorgó esta visión?

No está sanando. —Dije con tranquilidad. Rellana quien estaba a su lado me miró con sorpresa.

—¿A que te refieres con eso? ¡¿cómo no está sanando?! —Rellana alzó su voz, mientras Rennala optó por una actitud más tranquila, solo la calmó para que pudiera hablar.

No sé qué tipo de bestia te hirió, pero a simple vista tu herida no ha sanado, y está comenzando a infectarse... pero no hay nada porque preocuparse, he visto peores. —Posé mi mano suavemente en la espalda de Rennala. Al hacerlo, vi cómo Rellana tensaba el agarre sobre el mango de su espada, lista para actuar si algo salía mal. Sin embargo, lo que sucedió la dejó asombrada.

Mi mano comenzó a emitir un tenue resplandor dorado, opaco y cálido. No brillaba con fuerza ni cegaba; era un destello suave y constante, permitiendo ver claramente lo que ocurría. Bajo mi toque, la profunda herida de Rennala empezó a cerrarse, como si el tiempo mismo la envolviera y sanara. En pocos momentos, la piel estaba intacta, sin dejar rastro de dolor ni marca alguna.

"Algo no estaba bien. La magia de restauración nunca había tenido un efecto tan profundo; no solo sanó su herida, sino que rodeó su cuerpo por completo. Este resplandor... no es el que suelo ver. Este brillo... es el mismo que vi cuando estaba sumido en la oscuridad, en ese momento de absoluta desconexión. Akatosh... esta es su bendición. Todos nosotros nacemos bajo su favor, pero rara vez despertamos su verdadero potencial. ¿Cuándo fue que el mío comenzó a manifestarse? No importa cuando fue, por lo menos se, que no me dejo solo hasta ahora, y doy gracias por ello."

Listo, ¿Cómo te sientes? —Pregunte a Rennala, pero se levantó, estiro, y se puso nuevamente sin decir nada, miró sus manos, movió sus piernas, y al finalizar estas acciones, soltó una risita de felicidad como ninguna otra.

—¡Me siento bien! ¡Excelente! ¡Me siento como nunca! Todo se fue, el dolor en mi espalda, en mis brazos, mi magia se siente llena, mi vitalidad se siente como si la hubieras mejorado ¡aún más! ¡jejejejeje! —Mientras ella seguía con su felicidad, Rellana se acercó a mí.

—¿Qué tipo de magia es esa? ¿No se parece a ninguna que hubiera visto antes?

Es magia de la escuela de restauración, donde estudié y aprendí esta magia, pero es más compleja de lo que aparenta ser.

—Entiendo.


• •


La magia de restauración no es solo una habilidad para sanar heridas superficiales, es una ciencia arcaña que busca entender el cuerpo en su esencia más profunda. Cada hechicero que la práctica debe adentrarse en el conocimiento de la vida misma, explorando la red intrincada de tejidos, órganos y energías que forman un ser. La restauración va más allá de cerrar una herida, es la capacidad de percibir y guiar el flujo natural de energía vital, permitiendo que el cuerpo recupere su equilibrio original.

Para dominarla, un hechicero debe primero "escuchar" el cuerpo que va a sanar: aprender cómo cada célula responde, cómo los nervios y la sangre interactúan, y cómo el espíritu influye en la materia. La restauración efectiva requiere una comprensión íntima y casi mística del funcionamiento interno, pues el hechicero no impone la curación, sino que guía y estimula el proceso natural de regeneración. En este sentido, la magia de restauración es tanto un arte de sanación como de conocimiento profundo, solo aquellos con la paciencia y el respeto por la vida misma pueden llegar a su verdadero potencial.

"Esa magia tarde años en aprenderla, pero no solo es estudiarla, se aprende cuando es practicada, y en los cientos de campos de batalla que viví, me convertí en un maestro de esa hechicería, pero ahora, esto es nuevo."

—Rellana dile que te sane, no tenías una herida por una mala práctica en tu hombro. ¡Vamos! —Lo dijo en un tono muy animado, honestamente Rennala no tenía nada que una hermana mayor debería tener.

—No abuses de esa amabilidad, no creo que una magia de ese nivel sea tan fácil de usar.

De hecho, para mí, no es ninguna dificultad, nunca he llegado a cansarme.

"La razón por la que nunca llegué a utilizar esta magia en exceso fue simple: rara vez me dejaba herir con facilidad. Sin embargo, ahora me siento en deuda, agradecido por todo lo que me han ofrecido sin reservas. Lo mínimo que puedo hacer es ser de ayuda para ellas, al menos devolviendo el favor y sanando sus heridas."

—Vamos Rellana, deja de ser tan cerrada, solo será un momento. —Rellana miró con ojos serios a su hermana, aunque solo cerró los ojos un momento dejando salir un suspiro, ya sabía que no la iba a dejar sin que lo probara. —Bien, Eisen que debo de hacer, tengo que quitarme mi peto ¿no es así?

No es necesario, solo acércate. —La razón por la que no me he movido, es que mis piernas estaban completamente destrozadas, y apenas sentía un ligero alivio en ellas. La magia tiene sus límites, y los sentía más que nunca.

Se acercó y use el mismo hechizo, aunque Rennala miró demasiado cerca mi mano, viendo como funcionaba, realmente no se que vio, pero la emoción que sentía era demasiado notable. Mientras tanto Rellana solo movió su cabeza de hombro a hombro con los ojos cerrados, estiró sus brazos y me miró momentáneamente.

—¡Je! Muchas gracias, todo el cansancio del día de hoy desapareció, y más que eso, varios dolores en mis articulaciones... Tu hechicería para sanar es impresionante.

De nada.

—Cuando te encuentres en mejor estado, ¿Qué te parecería ayudarme a sanar a algunos caballeros bajo mi servicio?

Si se puede sanar, puedo hacerlo.

—¡Excelente! Te dejo para que continúes descansando. Y no te vendría mal un baño. Rennala, ayúdalo, por favor, y procura alimentarlo de vez en cuando.

Al cerrar la puerta Rennala no tenía una cara tan contenta como la de ella, solo hablo entre dientes, un poco molesta.

Princesa Rennala, aún tengo una duda, y si es posible puedas responderme.

—Solo Rennala, la etiqueta, la nobleza es algo que me tiene harta y es completamente innecesario. —Lo dijo mientras sacaba algo de un armario.

"¡Por los nueve divinos! por fin, alguien que lo entiende."

¿Qué te incito a salvarme? —Al decirlo y escuchar mi pregunta, se giró hacia mí, hubo un momento de silencio, luego siguió con lo que estaba haciendo.

—Para ser completamente honesta, seguí una guía. Pensaba que las estrellas me conducían, como lo hacen con todos nosotros, marcando el destino que podemos leer al observarlas. Pero no fueron esas estrellas, las que brillan más allá del cosmos... Fue la Luna la que me guio hacia ti. Al principio, solo deseaba desvelar sus misterios a través de tu ayuda, creyendo que, quizás, con ello me ofrecerías una visión más clara de lo que ella susurra. Pero, por otro lado, también quería salvarte. No podía simplemente dejarte ahí, ¿qué clase de mujer sería si lo hubiera hecho? Al ver que estabas dispuesto a poner fin a tu sufrimiento, sentí que debía detenerte. Esa no era una salida ni un escape, solo un cierre prematuro. No me arrepiento de mi decisión, y hasta puedo decir que me hace feliz haberlo hecho.

"Sus palabras me dejaron demasiado impactado, en mis tierras la muerte no es mal vista, de hecho, todos la esperamos, la ansiamos, morir con gloria, y en batalla, reluciendo nuestra naturaleza como gurreros, hasta la muerte, para poder reunirnos después en sovngarde, pero a ella le pareció bien salvar mi vida, inclusive, aunque ella fuera solo una herramienta usada por esa Luna, al final muy dentro de ella esa decisión le satisface y la llena de felicidad. Es una buena mujer, con un bello corazón. Todas las personas que comparten esos rasgos, tienen un futuro digno y honrado, ahora puedo entender porque la elegiste, o más bien ella te eligió a ti, Luna."

Rennala.

—¿Sí?

Gracias, realmente te debo mi vida, y prometo saldar mi deuda ayudándote en todo lo que pueda,

—¡Jejeje! No me debes nada...—Dijo riéndose, aun estaba buscando algo en ese armario, que estaba completamente repleto de vestimentas, pero muy mal ordenado. —¡Ah! Aquí no hay, espera, solo espérame un momento, ahora vuelvo. —Rennala salió a toda prisa, corriendo, mientras que lo hacía muchos que servían ahí se sorprendieron ante tal actitud de la princesa de lo Caria.

"Bueno, eso fue un buen comienzo. Me siento feliz de que esté sano y salvo. Ahora solo necesita recuperar fuerzas y un baño con urgencia. Además, él es un sangre de dragón. No sé exactamente qué significa, pero desciende de la raza de los dragones. ¿Qué será lo que los diferencia? ¿Acaso podrá usar el rayo que se decía que era tan poderoso? ¡Qué emoción! Ahora bien, no tengo una armadura para él, solo túnicas de la academia. Supongo que esto bastará. ¿Acaso en el futuro se convertirá en mi aprendiz y nos alzaremos como grandes ante toda la academia? Estoy dejando volar mi imaginación. Sé que no es del todo probable, pero la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?"

Vaya, se marchó. Tal vez estaba buscando algo... ¿para mí? De haberlo sabido, le habría mencionado que soy perfectamente capaz de crear mi propia vestimenta. Muchos consideran esta magia un absoluto desperdicio de tiempo, pero para mí no lo es. De hecho, es una habilidad valiosa, especialmente en mis viajes solitarios. Es una proyección perpetua, duradera gracias a la mínima cantidad de magia que requiere, y al estar directamente conectada al usuario, resulta muy fácil de restaurar.

Pero hay algo que me incomoda y me mantiene alerta desde hace unos momentos. ¡Hay un maldito dios en estas tierras! Peor aún... puedo sentir la presencia de varios, aunque uno en particular se destaca, como si fuera un ojo omnipresente que vigila cada rincón de estas tierras. Tendré que ocuparme de eso en algún momento.

Vuelvo a fijar la mirada en la eterna noche. ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? Una herida de esta magnitud normalmente tardaría unos cuatro o cinco días en sanar, pero, considerando mi estado actual, es posible que hayan pasado más. Me cuidó con esmero durante todo este tiempo. Además, no sé si el lugar donde me recogió está cerca de donde caí.

Miró las piedras refulgentes que vi antes. Conozco esa hechicería, tengo conocimiento de ella, pero está incompleto, al igual que lo que albergo en mi ser, Una Luna obscura Satrina. En realidad, lo que soy me permite comprender estas artes de forma casi intuitiva. En lo que respecta a magias, hechicerías y encantamientos, poseo el conocimiento de un maestro, aunque solo lo aprendí para defenderme de ataques o enfrentarme a seres que dominen tales poderes. Nunca en mi vida me imagine dar enseñanza.

Oí sus pasos acercándose lentamente al subir unas escaleras.

—Perdón por la demora. Te traje algo para que puedas vestirte por la mañana y un poco de comida. Sé que no es suficiente para un dragón, pero bastará para darte energías —dijo mientras se acercaba.

Muchas gracias. Mi alimentación no es tan demandante, con esto es más que suficiente —respondí, observando lo que había traído: una túnica, vendajes, y algo de ropa. No estaba seguro de para qué tanto, mi herida ya estaba completamente cerrada, pero también había traído algo de comida.

—Bueno, antes de nada, toma esto —dijo, extendiéndome unas toallas. Al ver mi cara de confusión, continuó. —Primero lo primero, necesitas lavarte. No sé cómo llevabas tu higiene en tus tierras, pero tienes un ligero hedor, y es mejor que limpies tu herida. Preparé una tina con agua, no está caliente, pero será suficiente para que te asees adecuadamente. Está al fondo del pasillo a mano izquierda. Es una puerta doble, es inconfundible.

Te lo agradezco —dije, tomando la toalla y cubriéndome la parte inferior de la cintura antes de levantarme. Al enderezarme, cada hueso de mis piernas crujió por la falta de uso en estos días, deteniéndome un momento por el dolor, como si no hubiera caminado en años.

—¿Estás bien? —preguntó ella con una expresión de preocupación.

Sí, no es nada. — Respondí, esforzándome por mantener el equilibrio mientras avanzaba, pero una vez más mis piernas cedieron completamente, y caí hacia adelante, logrando detener mi caída con las manos. Mis huesos no estaban aún del todo recuperados. Aunque el músculo y la piel sanaron, el hueso es otro asunto más complejo... algo que nunca llegué a entender bien, razón por la cual no puedo sanarlo del todo. Mi aprendizaje está incompleto.

Pero... si utilizara ese nuevo conocimiento, tal vez podría intentarlo. Sin embargo, sigue siendo algo extraño, siento que está ahí, al alcance, pero también intangible. Como si la respuesta flotara en una nebulosa que no logro comprender del todo. Trate de levantarme con mi propia fuerza, forzando mis piernas, obligándolas a obedecer, aún cuando el dolor estaba presente, pero una mano me ayudo. Y colocó su brazo bajo mi hombro, ayudando a ponerme de pie.

—Ven, vamos, te ayudo. —Dijo con un tono demasiado amable.

Siento generarte más problemas con mi aseo.

—No es un problema, entiendo que no te puedas mover, así que no lo veas de esa manera.

Ahora me daba cuenta de su altura, yo era alto, pero ella, era mucho mas alta que yo, casi una cabeza más, y su hermana no se quedaba atrás, las personas en estas tierras tienen alturas sorprendentes, o tal vez no todas. ¡Je! Me entro curiosidad, tiempo tenia que no sucedía algo como eso.

Salimos de la habitación, y pronto me di cuenta de que no era una casa común, parecía más bien una mansión. A lo lejos, vi a algunos miembros de la servidumbre, vestidos de forma similar a ella, aunque no les presté mucha atención. Seguimos caminando hasta el lugar que me había mencionado antes, y entonces me quedó claro que estaba en una residencia de la realeza, era evidente. Nunca había visto un lugar tan decorado en mis viajes.

Era la primera vez que me asearía en una tina de este tipo. Normalmente, me bañaba en un río o un lago cuando había manchas de sangre o después de alguna actividad que lo hiciera necesario.

Al llegar comenzó a quitarme el vendaje, muy bien enrollado, por cierto, para dejar ver una enorme costra donde antes había una herida, seguramente eso dejara una cicatriz, y al entrar a su tina, me sentí un poco más relajado, le insistí que yo podía con mi limpieza en estos momentos, pero se quedó por una simple razón, su curiosidad, se vía claramente, muy típico de los eruditos, el conocimiento se vuelve casi una adicción, aunque afortunadamente en ella solo era una típica curiosidad.

—¿Cómo te sientes?

Un poco mejor, aunque preferiría que el agua estuviera un poco caliente. —Recargue mi cabeza en la propia tina, era demasiado grande.

—Si, lo entiendo, lo usan mucho los caballeros cuando se tratan sus heridas, remojan el área con agua caliente, pero ahora mismo no es posible, llevaría mucho tiempo calentarla.

De hecho, eso es fácil para mí. —Observé mi mano un momento, y pronto una llama comenzó a danzar sobre ella, como si quemara mi piel... aunque no lo hacía. Era la Escuela de Destrucción, hechizos de fuego. Incrementé la temperatura y potencia, y pronto mi mano alcanzó un tono rojo oscuro, al punto que, desde cierta perspectiva, parecía una garra ardiente. Lentamente sumergí mi mano en el agua, y en cuanto hice contacto, comenzaron a formarse burbujas y vapor que se elevaba con rapidez, calentándola hasta el punto que deseaba. La habitación pronto se llenó de vapor, cubriendo todo en una neblina densa y cálida.

"Por fin... después de tantos años, un baño caliente, creo que es la primera vez que tengo uno... ahora que lo pienso, ¿y Rennala?"

—¿Cómo es que haces eso? —Justo al abrir mis ojos, su cara está incrédula, a muy poca distancia de mí, algo que sorprendió.

Esto es magia de destrucción. —dije, alzando mi mano para que pudiera observar cómo se envolvía en una llama de tono rojo oscuro, casi ennegrecido, que no me causaba daño. —Con suficiente capacidad y control, puedes intensificar el poder y el daño de estos hechizos.

Mientras hablaba, las llamas avanzaron hasta mi hombro, haciendo que Rennala retrocediera ligeramente. —Cuando dominas este arte, puedes usarlo a tu favor, y hay otros elementos en esta escuela, como la escarcha y el relámpago. Conozco otros más allá de estos, aunque en la escuela donde aprendí aún no los habían descubierto... pero esa es una historia para otro momento.

—Impresionante, tus hechizos podrían ser considerados una nueva epítome en Raya Lucaria, aunque no están ligados a las estrellas, pero sus usos son demasiado beneficiosos, ¿también sabes algo sobre la luna no es así?

"Sí, sabía que iba a preguntar eso, aunque esperaba que lo hiciera en un lugar más adecuado, pero su curiosidad, la entiendo."

La luna, el astro siempre presente, un observador, y demasiado entrometido... pero tu Luna en específico, si se demasiado sobre ella, más de lo que yo quisiera saber, así que abarcaremos estos temas en un corto tiempo te parece, ya que, para tener una idea de su poder, hay que hacer una pequeña preparación.

—¡Por fin! Mis estudios no eran erróneos, la Luna si tiene poder.

¿Por qué no tendría poder? Si la luna está dotada de un poder inconmensurable, simplemente que no muchos se dan cuenta de ello.

—En Raya Lucaria, aquellos que estudian la hechicería Cariana, o la epítome de los Lazuli, que en sí es lo mismo, se les ve por debajo, no dándoles importancia, ya que la magia de la luna no es tan importante, es una magia presente en si misma del cosmos, pero que no tiene importancia y no posee un poder que deba explorarse.

¡Je! Vaya, y pensar que se hacen llamar una academia de magia dedicada al conocimiento... y sin embargo se niegan al conocimiento mismo, ¡hipócritas! —Comenté, dejando escapar una sonrisa irónica. —Cuando descubras el verdadero poder de la Luna, Rennala, te convertirás en una de las más poderosas de estas tierras. Todos aquellos que exploran su magia a profundidad son transformados, potenciados por su poder. Y créeme, no es cualquier tipo de poder, es único, como nada de lo que hayan visto aquí. —Al escuchar lo que dije, ella solamente sonrió con ánimo, mirándome.

—Espero con ansias tus enseñanzas Eisen. —Dijo con un tono tan feliz, que se podía notar en todo su ser.

"La hechicera que elegiste, no fue una mala elección, en lo absoluto, seré su guía hacia ti, creo que esto me convierte en alguna especie de Adalid... aun no me puedo creer que esta conversación la esté teniendo en un lugar como este."


• •


Al terminar, llegamos a su habitación, pero hubo un pequeño conflicto respecto a la ropa que quería darme.

—¿Ah?, ¿pero que tiene de malo? es la vestimenta de cualquier erudito o hechicero. —Solo una vez en mi vida me he puesto una túnica, y fue forzosamente, y me prometí a mi mismo, que nuca más llevaría una.

Observé la túnica en mis manos con mayor detalle. Era de un azul marino profundo, propio de la vestimenta de un hechicero, adornada con cintas rojas que portaban grabados complejos y símbolos antiguos. Al pasar la vista a los lados, noté también un par de vendas enrolladas. ¿Para qué serían? No parecía que fueran destinadas a mi herida, ya cerrada, aunque algo me decía que estas vendas tenían un propósito especial en este lugar.

No es nada, pero yo puedo encargarme de mi vestimenta.

"¿Encargarse de su vestimenta?, pero si estaba completamente arruinada... espera a menos que."

Una oscura neblina se arremolinó lentamente, dándole forma y densidad a cada prenda: primero, una camiseta algo ajustada, de un tono negro profundo, luego, unos pantalones a juego, y finalmente, unas botas reforzadas con una placa metálica en la punta, de un plateado que brillaba tenuemente en contraste con el negro intenso del resto. Todo el conjunto apareció sin necesidad de conjuro o palabras arcanas, como si la creación misma de estas prendas fuera tan natural como respirar.

Rennala no pudo evitar mirar con asombro, incapaz de comprender cómo alguien podía invocar algo tan tangible sin esfuerzo aparente.

Mis ojos se posaron en Rennala, me observaba atónita, su expresión mostraba incredulidad y asombro a partes iguales. La proyección, que para mí era una habilidad ya naturalizada, parecía un misterio profundo en estas tierras. Respiré hondo y decidí explicarle.

Esto es lo que llamo "Proyección". —Expliqué, gesticulando hacia la ropa recién manifestada. —Es una magia con dos aspectos fundamentales. Primero está la "proyección" en sí, que permite dar forma visual a algo, haciéndolo aparecer como una imagen etérea, ya sea un concepto abstracto o algo real. Segundo, viene el proceso de "reforzamiento" o "materialización", que transforma esa imagen ilusoria en algo físico, tangible. —La camiseta, los pantalones y las botas con placa metálica parecían haberse vuelto más reales con cada palabra, y Rennala seguía cada detalle.

Cuando hago una proyección reforzada, la ropa no solo es visible, sino que tiene cualidades físicas: es resistente a golpes, cortes, incluso a ciertos hechizos. Pero hay un costo en magia, dependiendo de cuántos atributos le asignes. Mantenerla por más tiempo o reforzarla en mayor medida requiere que el usuario tenga gran habilidad en el control de magia, permitiendo que la estructura se mantenga estable y gaste menos energía. Con práctica, esta proyección puede durar días, semanas... incluso años.

Rennala parecía procesarlo todo en silencio, sin apartar los ojos de la ropa proyectada.

—Impresionante. ¿Qué tan resistente puede ser?

Soporta la mordida y el fuego de un dragón, en mi caso.

—¡¿Eso es posible?!

Sí.

—¿Un dragón, te causo esa horrible herida?

Sí, pero no era cualquier dragón, era... alguien demasiado peligroso. —Su rostro cambió radicalmente a uno serio, y con pequeños tonos de enfado.

—¡Entendido! —exclamó con entusiasmo, aplaudiendo de pronto y sacándome de mis pensamientos. —Es hora de comer, espero que tengas hambre. Me sorprende que no lo hayas estado desde que despertaste; yo estaría famélica. —Hizo una pausa, pensativa, y luego continuó. —No creo que debamos ser tan formales... ¿te parece bien si comemos aquí, en el suelo? Sé que no es lo más apropiado, pero no me apetece salir ahora mismo, hay demasiada gente, y no nos dejarían comer tranquilos.

Su mirada reflejaba una mezcla de complicidad y emoción.

—Podríamos aprovechar para conversar. Te he hecho muchas preguntas y me has respondido con tanta paciencia... Creo que ahora es mi turno de compartir y avivar la charla. ¿Qué te parece?

Su voz era tan rápida y llena de ánimo que resultaba contagiosa. Era sorprendente verla así, tan llena de vida. Me reí un momento antes de responderle.

¿Cómo podría negarme a una invitación así? —respondí, sonriendo. —¡Jeje!