La balada de Saori y Freyr
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14
El juicio y la incertidumbre
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Japón
Hyoga y Saori se encontraban en la terraza charlando en medio de un ambiente un tanto tenso. El ruso observaba que ella parecía estar molesta al escuchar algunos detalles sobre su trato con la señorita Flare y como todo desencadenó una serie de rumores que afectaron a Freyr.
—No tenia idea de que sales con él —Hyoga no sabia que decir exactamente ya que, jamas le paso por la mente, que su contacto con Flare terminaria por afectar a Saori—, yo… creí que habíamos sido lo suficientemente discretos y no hubiere otros afectados..
—Hyoga, no es tu culpa. Al final no estamos haciendo nada malo y, tanto Flare como tú, tienen derecho a enviarse correspondencia.
—Ha sido muy difícil, pero ella decidió que lo mejor es que no nos escribamos más.
Saori no citó a Hyoga para reclamar lo ocurrido con Freyr en Oslo, ya que luego de pasar esos hermosos momentos al lado del asgardiano, sus molestias contra el cisne casi se disiparon. La joven sonrió con algo de culpa al recordar como ambos despertaron de un sobresalto al descubrir que era muy tarde y él debía volver con sus acompañantes saliendo de la habitación a pasos agigantados.
Sin embargo, el ruso se presentó sin previa cita en su casa para saludarla y ella aprovechó para sacar al aire la conversación. No pretendía culparlo de nada, pero si hizo la mención de la situación de Flare notando como este bajaba la mirada algo avergonzado no sabiendo como empezar a disculparse.
—Espero que no cortes de tajo tu trato con ella —respondió la joven al fin—, quizás, cuando todo esto se calme, podrías retomarlo.
—No es solo eso, Saori. Es muy difícil vernos e interactuar, las cartas son buenas dentro de lo que cabe, pero siendo honestos, a veces no es suficiente y menos ahora que los ojos del consejo están sobre ella.
Saori se había olvidado de los dos acompañantes de Freyr, del hombre mayor y de su hijo, deseando que este no hubiera tenido problemas con eso al volver a casa ya que el haberlos dejado esperando por tanto tiempo, le parecio poco atento de parte de el.
—Entiendo la parte en que la distancia, las leyes y demás son aspectos problemáticos para interactuar con alguien venido de Asgard —reconoció la diosa intercambiando una mirada breve con Hyoga.
—Asi es, a pesar de que he intentado acercarme al palacio Valhala, no he podido cruzar más allá de los mercados. El no poder usar el cosmos lo ha complicado todo aun más.
—Lamento mucho esa medida… no fue mi deseo.
—¡No, no… no lo decía por ti! —el caballero de bronce se puso de pie tratando de enmendarse por el comentario— Se que fue algo ordenado por Zeus. Solo digo que… era más fácil acercarme a Flare cuando podía usar el cosmos.
—Entiendo, ahora debes hacerlo como lo haría cualquier persona.
—Asi es. Incluso llegue a considerar rodear el terreno y llegar al Valhalla desde otro punto o desde las costas al otro lado, pero… habría sido egoísta de mi parte para con Flare.
—¿Egoísta? —Saori lo miro extrañada.
—Si, de haberme encontrado con ella de esa forma fortuita durante estos tres años, la habría puesto en un aprieto con los guardias y las leyes. Quizás nuestro reencuentro hubiera dejado secuelas que la estigmatizaran definitivamente y no quiero eso para ella. La respeto demasiado.
—Hyoga…
Saori se quedó pensando un momento.
—La ventaja que tienen tu y Freyr, es que cuentan con los medios para verse en lugares distintos y alejados de Asgard. Espero que tu trato con el consejero no se haya visto afectado luego de mi asunto con Flare.
—Gracias. Solo hubo un malentendido.
Saori estaba segura de que todo había salido bien y Freyr volvió a Asgard sin mayores inconvenientes con sus dos acompañantes a pesar del retraso con el que dejo la habitación. Fue un retraso significativo mas no considerable que pudiera afectar al consejero asgardiano.
—¿Cómo podría compensarte? —Hyoga se puso de pie mirando a su jefa con calma quien le devolvió una mirada cándida.
—Vamos Hyoga. No debí cuestionarte por algo que no es de mi incumbencia, quien debe compensarte soy yo. Vamos, te invito el almuerzo.
—Esta bien, lo acepto.
Ambos acordaron esperar a Seiya y Shun, quienes estaban por visitarla de un momento a otro, apenas aparecieron por la mansión, los cuatro compartieron el almuerzo charlando amenamente y olvidando la incómoda conversacion sobre las cartas de Hyoga.
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Asgard
Freya estaba muy preocupada yendo de un lado al otro del salon sin poderse sacar esa trágica imagen de su cabeza: Freyr llegó mucho más tarde de lo programado de su viaje acompañado por un guardia de palacio, apenas logró dejar sus pertenencias y cambiar sus ropas, se lo llevaron rumbo al Valhalla. Los hermanos no llegaron a intercambiar palabra alguna y la joven rubia estaba muy temerosa de lo que pudiera suceder con él.
—Hermano… ¿qué ocurrió, por qué te llevaron asi nada más?
Los miedos de la hermana menor se incrementaban no pudiendo tomar asiento en el salón ni un momento temiendo lo peor sobre su hermano. Algo había sucedido, quizás en Midgard o quizás de vuelta al reino. Freyr debía viajar con uno de los consejeros asi que lo único que le pasaba por la cabeza es que algo con el consejero hubiera salido muy mal.
La joven se acercó a la ventana esperando que su hermano volviera cuanto antes y el asunto fuera algo muy diferente cambiando sus inquietudes.
—Freyr, espero todo sea un malentendido, que hayas ido al palacio para atender algún otro asunto que te ocupe y no seas tú la causa.
No le quedo más que eso como consuelo manteniendose firme frente a la ventana a la espera de la vuelta de este sin dejar de pedir a Odin por la seguridad de su familia.
Freyr iba en el carruaje de la guardia tratando de no pensar en nada y de no adelantarse a lo que se venía. Se retrasó en volver a su habitación debido a un descuido que fue meramente su culpa, no iba transferir esa responsabilidad ni a Saori ni al mayordomo; él debió ajustar una alarma o algo en caso de quedarse dormido más tiempo del previsto en una habitación ajena.
Para cuando llegaron, el guardia y él, al aeropuerto ya habían perdido el vuelo teniendo que comprar dos boletos más volviendo a Tromsø casi tres horas después de lo planeado. Para esos momentos, seguramente Torben ya habría notificado al consejo lo ocurrido y lo peor era que uno de los hijos del consejero estaba presente.
Freyr no podía creer lo bajo que acababa de caer debido a un sencillo error.
¿Qué argumento usaría para defenderse, que podría decir para justificar la causa del por qué estaba en una habitación ajena? Con ese simple descuido, dio la razón a Torben respecto a su relación con la mujer extranjera. Todo su trabajo terminó por irse por la borda; su reputación, la de su familia, todo lo que había logrado gracias a mucho esfuerzo, además, perdió su credibilidad.
¿Que le quedaba a partir de ahora que no fuera un juicio terrible y una sentencia que imaginaba no sería benevolente en absoluto?
—Terminaré en las cárceles de Kelby… es un hecho —se dijo mirando la ventana— o tal vez sea peor… quizás la pena de muerte si el consejo me acusa con todo el peso de la ley.
Para esos momentos, ya no razonaba con tanta claridad pues sus temores se apoderaban de su compostura y buen juicio. Debía tranquilizarse y pensar, mantener la calma era lo único que podía hacer en esa situación y aceptar lo que le tocara. El consejo le echaría en cara el haber mentido respecto a los motivos por lo que no se matrimoniaba y el por qué salía del reino constantemente.
—No tiene importancia el que me haya visto con Saori fuera de mis asuntos de trabajo y no tenga que ver con Asgard. Para ellos será la única razón de mis salidas y, por lo tanto, lo demás no les importara.
Era ley, se dijo, el contacto con extranjeros estaba prohibido y no había más que hacer ya que se le podía incriminar por diferentes lados: las cartas, las salidas del reino y el vergonzoso evento en el hotel. Estaba destrozado en todo sentido y terminar en la cárcel era algo con lo que jamás soñó en su vida y por la razón menos imaginada.
De nuevo trató de no pensar en nada ya que eso lo abrumaba más.
El transporte llegó al palacio Valhalla unos minutos después ingresando al área del castillo dejando a los pasajeros justo frente a la entrada siendo recibidos por varios guardias colocados en fila al lado de la puerta. Freyr se sintió como si fuese un criminal a punto de recibir su sentencia. Aún así, y con la cabeza en alto, atravesó la puerta siendo conducido a un salón diferente al del consejo: la sala Valaskjalf donde estaban el trono y unas sillas aledañas donde ocuparía su lugar el consejo.
Freyr supo que la cosa era peor de lo que esperaba limitándose a bajar la mirada aguardando el momento de ingresar al salón. Se mantuvo en silencio conservando su serenidad, debía pensar en qué diría y cómo responder a las acusaciones que le llegarían de un lado y del otro.
La puerta se abrió permitiendo la entrada al pequeño salón donde estaba Hilda sentada en el trono al final de la habitación y los consejeros de pie a un lado y el otro. El ambiente era tenso cuando Freyr llego y lo fue aún más cuando todos los presentes posaron sus ojos sobre él mirandolo severamente mientras Hilda lo observaba extrañada ya que no sabia exactamente que ocurría, pero intuía que era demasiado malo como para que el consejo convocara esa junta extraordinaria y urgente.
—Quédate de pie, Freyr —Frode se puso de pie mirando decepcionado al joven frente a él—. Los consejeros están al tanto de la situación, sin embargo debemos poner al día a nuestra sacerdotisa.
Freyr sentía como las fuerzas estaban por abandonarlo evitando mirar a Hilda, hizo un esfuerzo por mantenerse firme y con la cabeza en alto dispuesto a asumir su culpa y su castigo, pero, sobretodo, lo que más deseaba era que todo terminara porque le costaba mucho lidiar con ese tipo de humillación delante de los altos funcionarios.
—Hilda —Frode camino despacio hacia el trono donde ella los observaba en silencio—, el consejero Freyr rompió una de las leyes mas importantes del reino pues, según los reportes de su última salida de Asgard, sostiene relaciones inapropiadas con una mujer extranjera.
Hilda no pudo contener su sorpresa al escuchar las primeras acusaciones dadas por Frode.
—No sabemos desde hace cuanto ocurre esta situación. Sin embargo su comportamiento durante la pasada visita a Oslo nos hace pensar que, en realidad, ha usado sus "supuestos" proyectos para salir de Asgard y mantener el idilio —indicó con calma.
—Entiendo —respondió Hilda— ¿Freyr, que tienes que decir a esto?
—Digo que es falso.
Todos lo miraron con ojos perforantes esperando a que continuara.
—En ningún momento use el privilegio que se me otorgó para buscar compañía en Midgard. Me enfoque en mi trabajo teniendo Asgard como prioridad y mi trato con esa joven nada tiene que ver.
El joven tomó un poco más de aire antes de continuar siendo interrumpido por Frode.
—¿Hace cuanto que tienes tratos con esa persona, Freyr? —Frode tomo la palabra nuevamente.
—Solo meses, consejero. He salido hacia Midgard desde hace un par de años. Ese idilio no es la razón principal de mis constantes viajes.
—Freyr, como bien recuerdas hace un tiempo tuvimos un caso similar a causa de una correspondencia inapropiada. Un extranjero es un extranjero, ¿estás consciente de eso?
—Si, consejero Frode, estoy consciente.
—Además del trato con esa joven. ¿Mantienes otro tipo de comunicación con ella? Cartas por ejemplo.
Freyr sabia que si mentía seria peor para él y, si tardaba en responder lo descubrirán además de que podrían firmar una autorización para registrar su despacho.
—Si, mantengo correspondencia con ella —dijo al fin.
Hilda escuchaba aquellas confesiones muy contrariada ya que su concepto sobre Freyr era distinto, pues siempre lo tuvo como un joven virtuoso y observador de las leyes del reino, por lo mismo su ascenso como consejero imperial era esperado desde que era un jovencito. Pero ahora, incluso su tono de voz había cambiado.
El consejo comenzó a susurrar tras escuchar como Freyr confirmaba que también recibía cartas del extranjero mientras Torben cerraba los ojos bajando la cabeza.
—Freyr —Frode levantó un poco más el tono mirándolo de frente —, se te advirtió que no estabas por encima de la ley y que no abusaras de tu privilegio para salir del reino o tener comunicación fuera de aquí. Esto claramente es una traición a la confianza del consejo, a la señorita Hilda y a nuestra gente.
—Yo…
—El dia que Torben y su hijo te acompañaron a Oslo, tuviste un retraso considerable que casi hace que ellos perdieran el transporte de regreso. Sabías que debían estar puntuales en el punto de partida.
—Lo se, Frode…
—Puedes aclararnos ¿que ocasionó tu retraso y por que no estabas en la habitación de hotel? El consejero Torben se preocupó por ti.
Freyr no supo cómo responder esa pregunta, algo que no iba a hacer era revelar la identidad de la mujer que ocupaba su corazón ni las circunstancias de su encuentro. Hilda se percató de esto al ver el hermetismo en el rostro del hombre siendo evidente los sentimientos de este por aquella midgardiana. La sacerdotisa se mantuvo en silencio guardando sus impresiones para sí misma.
—¡Freyr, responde la pregunta! —solo hubo silencio mientras el joven mantenía la mirada baja sin tener la respuesta adecuada— Freyr…
Entre mas se mantenía en silencio, más se inculpaba ya que fue claro para todos la razón por la que no estaba en su habitación.
—Ella estaba en el mismo hotel que nosotros —fue todo lo que dijo.
—El que mantengas relaciones indecorosas con esa joven lo hace todo mucho peor para ti.
—Nosotros confiamos en él —replico otro consejero ubicado más allá—. Frode, esta claro que este joven esta mas enamorado de esa mujer que del sentido común. Haber dejado al consejero Torben, una persona mayor que no esta familiarizado con Midgard, a su suerte y sin explicaciones fue muy irresponsable de su parte.
—El consejero Ødger tiene razón, Freyr. Demostraste una total falta de atención y de responsabilidad, lo que se suma a la lista de faltas que has cometido. ¿Cómo te declaras?
Freyr se sentía mucho peor que antes de llegar al salon no quedando mas que responder lo obvio.
—Culpable, consejero Frode…
En seguida, Frode se giro observando a Hilda.
—Señorita Hilda, ya has escuchado las acusaciones contra Freyr queremos saber tu opinión al respecto.
Hilda lanzó un suspiro no sabiendo cómo sentirse aún.
—Freyr, lo que has hecho es totalmente inesperado. Confiábamos en ti, ¿por que te has dejado llevar por los placeres del mundo exterior? —la joven se puso de pie aproximándose despacio al hombre que se postró delante de ella manteniendo la mirada baja—. Es imposible que veamos a Midgard con buenos ojos cuando nos llegan testimonios como este.
La joven pensó un poco antes de hablar mirando a los consejeros gravemente.
—¿Cual es el castigo que se está contemplando para él? —pregunto a Frode.
—Lo primero que haremos es relevarlo de su cargo como consejero, puesto que no podrá volver a ocupar y ningún descendiente suyo lo podrá hacer. Los Folkvangr están vetados del consejo de aqui en adelante.
Freyr cerró los ojos con dolor, el puesto que tan celosamente cuidaron su padre y su abuelo acababa de perderse para siempre.
—Entiendo —respondió la sacerdotisa con calma.
—Sin embargo aún tenemos que deliberar su destino. Este tipo de crimen se castiga hasta con diez años en la cárcel de Kelby donde no podrá recibir visitas y saldrá de ahí solo si sobrevive.
—¿Kelby? —dijo la joven con aprehensión— Pero, Frode… ¿Podemos discutir esto por fuera de la sesión?
—Desde luego. Por el momento, Freyr serás confinado en tu casa, no podrás salir de ahí hasta que hayamos llegado a una conclusión sobre tu caso. Te sera retirado el derecho a tener un mensajero, tienes prohibido recibir correspondencia y visitas de cualquier tipo. Se te dictara sentencia en siete días.
—Espere Frode —pidio el joven aun postrado en el suelo—, le pido que esto no afecte la vida de mi hermana. Por favor, permita que ella pueda ser trasladada a otro sitio mientras yo permanezco arrestado en casa.
—Freyr…
—El castigo es para mi —solicitó suplicante—, no para ella. Se lo pido por favor.
Frode miro a los demás consejeros quienes asintieron al mismo tiempo.
—Muy bien, no habrá ninguna acción ni consecuencias para Freya.
—Gracias…
La sesión se levantó mientras un guardia llevaba a Freyr de regreso a su casa. Torben observo todo desde su puesto sin haber interferido y pensando que la medida era justa por ahora, lamentablemente Freyr se lo había buscado debido a su descuido, pues nadie lo habria sabido si este hubiera sido más precavido en su encuentro con la joven del cabello lila.
—Estoy seguro que esa es la chica por quien hace todas estas tonterías, el exterior ejerce una poderosa influencia en nuestra gente. ¿Freyr que ocurrió con tu buen juicio?
El consejero salió de la sala sintiéndose muy mal al respecto.
Freyr iba en la carroza sin haber asimilado todo lo que escuchó en el juicio: había perdido su trabajo prácticamente y su libertad. ¿Que iba a decir Freya cuando se enterara? Su corazón se entristeció aún más al imaginar sus reacciones y cómo se vería afectada de ahí en adelante. Si Odr cancela el compromiso, entonces ahora sería el responsable de haber arruinado la vida de su hermana.
—Maldición… —pensó cerrando los ojos con fuerza tratando de contener las lágrimas.
Bajo del carruaje cruzando la entrada de la barda notando que Freya estaba de pie ante la ventana mirándolo preocupada. Los dos guardias le permitieron entrar a su hogar quedándose en cada lado de la puerta custodiando la entrada.
Freya corrió hacia su hermano aferrándose fuertemente a él notando como este se quebraba dejándose caer en los brazos de la chica.
—¿Qué sucedió, Freyr? Dímelo por favor.
—Te he mentido… —comenzó a decir en voz baja.
—¿A qué te refieres, que sucede, Freyr? Dime —ella lo abrazo con mas fuerza esperando una explicación ya que no entendía lo que estaba ocurriendo con su hermano.
—Dame un momento por favor…
—Si…
Se quedaron asi un buen rato hasta que Freyr pudo levantarse del suelo indicando que fueran al salon mas cercano donde estaba el fuego encendido y ambos tomaron asiento en las dos sillas de siempre. Freya espero paciente que su hermano se decidiera hablar no pudiendo dejar de lado el aspecto terrible que este tenia, como si acabara de recibir la peor noticia de su vida.
—Freyr…
—No sé como decirte todo esto, hermana, pero debido a un descuido que cometí en Midgard… he sido juzgado y relevado de mi puesto de consejero.
—¡¿Qué?! —Freya no podía creer lo que escuchaba— ¿Que clase de descuido, hermano?
Freyr se aproximó a la ventana recargando la cabeza en el frío cristal.
—Estoy enamorado, Freya… enamorado de una mujer del exterior.
—¡Freyr… estás mintiendo! —Freya se puso de pie aproximándose a su hermano percatandose de cómo cerraba los ojos fuertemente— Dime la verdad, hermano, ¿que fue lo que sucedió en Midgard?
—Me encontré con ella… y me delaté…
La joven se sintió contrariada y destrozada al escuchar la inesperada confesión de su hermano no sabiendo que decir. Pues todos sus temores mas ocultos se hacian realidad.
—El consejo me encontró culpable de tener un idilio con una mujer de Midgard y estoy a la espera de su sentencia. Debo permanecer en casa bajo custodia —Freyr no tenia el valor para ver a su hermana de frente manteniendo la mirada baja y la cabeza sobre el vidrio de la ventana.
—¡¿Y hasta cuándo ibas a decirme la verdad y a terminar esa relación?! —Freya estaba muy molesta sujetando a Freyr por la manga de su túnica— ¡¿Hasta cuando te ibas a dar cuenta de que eso te traería problemas?!
—Freya…
—¿Qué tan bajo tenías que caer para entender que no estaba bien? —ella lloraba desconsolada lanzando miradas acusadoras— ¡¿Que te ha hecho esa persona, dónde quedó tu buen juicio?!
—Espera…
—¡No tengo idea de quién es esa mujer y no quiero saberlo!... ¡Solo sé que la detesto, Freyr!
El joven la miró de frente muy sorprendido por su molestia ya que jamás la había visto tan furiosa.
—¡¿Dónde está mi hermano?! —Freya tenía los ojos llenos de lágrimas que no podía contener— ¡¿Dónde está mi sabio hermano?!
—Freya… —Freyr la abrazo fuertemente acariciando su cabeza— Perdóname, hermana. No debí mentir, pero era algo que deseaba mantener en secreto.
—La odio, Freyr. No se quien sea pero la odio por lo que está pasando contigo —ella no pudo contenerse más llorando por un buen rato sujetándose de él con fuerza— ¿qué será de ti, que será de nosotros?
—A ti no te ocurrirá nada malo —aseguró—, pedí al consejo que te dejaran fuera de esto, pero no puedes quedarte en casa.
—¿Y por qué no?
—Porque será más difícil que hagas tu vida diaria. No podré salir de aquí en los siguientes días hasta que el consejo dicte mi sentencia —respondió con calma evitando mirarla nuevamente.
—¿Sentencia?, ¡oh Freyr! —la chica recargo la cabeza en el pecho de su hermano sin dejar de sollozar— ¿que has hecho?... ¡¿qué has hecho?!
Freyr no tenia forma de argumentar. No estaba en posición de pelear con su hermana, solo quería que estuviera bien y que pudiera continuar su vida como siempre sin interrupciones. Pero, ahora que lo pensaba con calma, le preocupaba el futuro de la joven y el destino de su compromiso al saberse su situación y la de su casa familiar.
Ambos se calmaron momentos después tomando asiento sin decir nada. Freya no soltó la mano de su hermano durante todo ese tiempo. Había cometido un error, aún así no dejaria de quererlo y de buscar el modo de ayudarlo, se decía la joven, meditando lo ocurrido. Una razón más se sumaba a la lista de motivos por los que odiaba el mundo exterior.
La desgracia de su hermano y su familia serian un estigma que los acompañaría por siempre.
—Odr vendrá en un momento más —dijo Freya de pronto, rompiendo el silencio—. Creo que debo informarle de todo esto y esperar su resolución respecto a nuestro compromiso.
—Hablaré con él —dijo su hermano—, espero que tu enlace no quede afectado.
Ella no dijo más levantándose a atender la puerta recibiendo a su prometido quien la saludó efusivamente pese a los guardias que custodiaban la entrada. Sin embargo, el joven notó la actitud triste y ausente de su prometida preocupandole su actitud y los hombres que estaban afuera.
—¿Qué sucede, querida? —preguntó extrañado y algo asustado.
—Hay algo de lo que tenemos que hablar —respondió neutral en voz baja.
Odr no entendía que había sucedido, pero el ambiente era igual al que se sentiría al saber que alguien acababa de morir.
El joven fue conducido al salón donde Freyr expuso su situación actual y la de su familia luego de ser juzgado por el consejo debido a sus asuntos en Midgard. Odr escuchó en silencio esperando a que el joven frente a él terminara de explicarse manteniendo una actitud serena; en cuanto Freyr término su exposición, el joven Odr se puso de pie meditando sus palabras y ordenando sus pensamientos.
—Esto es inesperado —dijo de pronto rompiendo el silencio—, solo quiero saber una cosa, Freyr. Acabas de decir que se te acusa de mantener un idilio en Midgard, además de eso ¿cometiste algun asesinato u otro tipo de crimen?
—¡Jamás haría algo así!
—Bien, me alegra escuchar eso, pero el problema con el consejo es grave ya que son quienes aplican las leyes. Aun así no veo motivos para terminar mi compromiso con tu hermana. Salvo que ella me lo pida.
Freya se vio visiblemente aliviada al escuchar esto aferrándose a su prometido con fuerza.
—Gracias… gracias por no dejarme.
—Y ahora menos que nunca —respondió Odr dejando un beso en los rizos rubios de la joven.
Freyr también se sintió visiblemente aliviado al escuchar la resolución de Odr ya que, por un momento, llego a creer que su futuro cuñado retiraría sus intenciones de matrimonio.
—Como te dije la otra noche, Freyr, todos mis cuñados son unos cretinos y tu, a diferencia de ellos, no has hecho nada horrible. Incluso, había pensado que quizás tenías alguna cara conocida fuera de Asgard, digo viajas mucho y creo que no pasas desapercibido.
—Odr…
—Ese juicio me parece algo absurdo aunque el que dejaras plantado al consejero Torben si me resulta un tanto… rudo, pero nada de gravedad. Creo que los viejos exageran al tenerte retenido en casa y dejarte sin trabajo.
—Pues, es la ley, Odr. No hay mucho que pueda hacer por ahora. Solo te pido que cuides bien de Freya mientras esto avanza.
—Lo haré.
Freya no quería dejar solo a su hermano, sin embargo no quería pasar sus días retenida en casa por un tema del que no era culpable. Así que dio ordenes a la servidumbre que iría a la casa día a día sobre lo que debía hacerse, además pidio que se empacaran sus pertenencias en su baúl para viajar.
La pareja ocuparía la casa nueva. Odr no necesitaba ningún permiso familiar para llevar a Freya consigo ya que, prácticamente, el matrimonio estaba a pocas semanas de llevarse a cabo. Tampoco prestaría atención a las habladurías que pudieran desatarse de ahí en adelante respecto a la familia de Freya, el hermano de esta habia infringido una ley pero no cometió un crimen horrendo; una sanción o una multa deberían ser suficientes, ¿no es asi?
Para el consejo y la gente mayor de Asgard, en general, no era suficiente.
—Estaré pendiente de ti todos los días —dijo la joven estrechando fuertemente a su hermano antes de salir de la casa.
—Descuida, nada malo me sucederá pues estaré aquí. No puedo salir ni a cabalgar.
—Freyr…
Se separaron y apenas Freyr cerro la puerta, subio a su habitacion ya que tenia que sacar todo lo que sentía: la ira contra si mismo por tonto y descuidado, la frustracion por no haber sido más inteligente durante el juicio y la verguenza por haber perdido el puesto de consejero debido a su propia estupidez. Freyr dejó salir lagrimas amargas arrojando contra la pared lo primero que le salió al paso.
—¡¿Cómo pude ser tan estupido?!
No odiaba a Saori, no estaba furioso por lo ocurrido en Oslo sino por cómo escaló el tema de un simple descuido a un arresto domiciliario que le costaría mucho más caro de lo que esperaba. Estaba agradecido con Odr por haberlo visto desde otro punto de vista y por no juzgarlo, además de que cuidaría bien a Freya sucediera lo que sucediera.
Freyr estaba mas tranquilo al saber que ella estaría bien aun asi queria sacar su coraje, esa pesada carga que sentía desde que volvio del exterior.
El joven cansado de romper algunos muebles, se dejó caer en el frío suelo de piedra respirando profundo. Ahora que tenía la mente más clara pudo asimilar mejor el hecho de que jamás seria libre de nuevo, nunca saldría de Kelby salvo muerto, no volvería a ver a su hermana a menos que fuera tras los barrotes de una fría celda y, lo peor, jamas volveria a ver a Saori ya que ni siquiera podía hacerle llegar un mensaje de despedida.
De hecho, ¿cómo podría explicarle su destino? Freyr sentía vergüenza de sí mismo una vez más al pensar en poner por escrito que se iba preso debido a ese último viaje.
—¿Y que pudiera decirle que no suene culpa de nadie? La conozco y ella pensara que fue por su causa, pero no es asi.
Se puso de pie dirigiéndose a su cama cansado de todo y muy desesperanzado.
—Al menos pude estar con ella una última vez… —pienso rememorando esos días en Oslo, recuerdos que se llevará a prisión y viviría de ellos mientras tuviera fuerzas— Espero que sea feliz y que encuentre a otra persona que la ame tanto como yo.
De igual forma se dio cuenta de algo muy personal que deseaba atesorar por siempre.
—Puedo decir que soy de las pocas personas en Asgard que pudo enamorarse realmente, le entregué mi cuerpo y mi corazón y no me arrepiento de nada.
En ese momento, las imágenes de sus vivencias al lado de la joven diosa desfilaron por su mente una tras otra, una más dulce que la anterior. El dia que la vio por primera vez en el Valhalla, como sujetó su mano para conducirla hasta el carruaje, como la salvó del trance de Dolbar. Su reencuentro ocho años después, las charlas y confidencias que los llevaron a interesarse el uno por el otro.
La naciente relación que floreció hasta hacerlos consumar su amor incrementando la pasión en sus encuentros. Las hermosas cartas que jamás podría volver a leer.
Estaba más enamorado de ella aun en esos momentos tristes y llenos de desesperanza. Solo lamento no haberle dicho que la amaba, pensaba hacerlo en la complicidad de esa habitación de hotel, pero quería dejarlo para una ocasión donde estuvieran en un ambiente más intimo.
—Saori… Perdóname. No podré verte de nuevo —se quedo recostado con los ojos cerrados un buen rato hasta quedarse dormido.
No obstante, debía esperar la resolución del consejo sea cual sea antes de decidir que hacer con sus cartas, pues podría dejarlas en la caja fuerte o bien ocultarlas en alguna otra parte de la casa ya que estaba decidido a proteger la identidad de su amada.
Le esperaban siete largos días de incertidumbre.
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Continuará…
