Este shipp nació por mis primeros fics, me encanta Ranfan y quería incluirlo en mis fic, eran solo dos, sin embargo, en uno de ellos, no se como surgió, al principio tenia planeado que la pintoresca Ranfan cabree al puritano Piccolo, pero la química entre ellos me encanto, que sin pensarlo lo incluí en mi ship no canon

Ship: Ranfan y Piccolo

Única parte

...

Cada mañana se disponía a salir al trabajo, caminaba desanimada hasta el edificio. Sin embargo, eso cambió cuando lo conoció, alto y diferente a todos.

No era una mujer tímida y que no perseguía lo que deseaba. Era distinta a todas.

Olvidando su trabajo, caminó hasta él. Dejando su ruta de trabajo ignorada.

Lo siguió a una distancia adecuada para que no se diera cuenta, que lo estaba persiguiendo. Primero debía saber dónde se dirigía y luego pondría en marcha su plan de 'encuentro casual' que terminaría en una cita y luego en algo más.

Suelta una ligera risa, muy confiada que lo lograría.

Se alarma al verlo perderse en una esquina, de inmediato corre hasta aquella esquina.

— ¿Pero, dónde está? — pregunta abrumada al no notar su ancha espalda.

— ¿Por qué me estás siguiendo? Acaso te mandaron el Ejército del Listón Rojo.

Alarmada gira hacia la voz, y alza la cabeza.

¿Cómo es que lo tenía detrás suyo?

Con amenaza se acerca a ella, que retrocede hasta tocar con la pared del fondo, estaba en un callejón sin salida.

— Habla de una vez — ordenó con enojo.

— No — trago saliva y se armó de valor. Volvió a su yo que le gustaba tener control en todo. Se inclina sugestivamente, mostrando el nacimiento de sus senos, apetecible a la vista masculina. Entrecerró los ojos con coquetería, y con el índice tocó el duro vientre del sujeto.

— Esa no es la manera de tratar a una dama, guapo — sermonea con diversión.

— ¿Qué?

— Antes de cuestionarme, deberías presentarte — alude con un guiño — por cierto, soy — se pone erguida, lo bastante que hace que su seno se ponga más grande y levantados. Lleva ambas manos detrás de su pomposo cabello — soy Ranfan, ex luchadora. Ahora me encargo de trabajar en una oficina, muy aburrida — termina con una risita nerviosa— ¿Y tú?

Él frunce el ceño, extrañado con las palabras de ella. Tal vez no era del ejército del Listón Rojo, estaba algo paranoico desde que ellos habían secuestrado a Pan, con su ayuda.

Giro y antes de poder caminar o volar, ella se sostuvo de su brazo.

— ¡Ugh! No sea impertinente — soltó molesta — invítame un café, y hablemos ¿Sí? — la mujer le mira con súplica y una pizca de picardía que llamó su atención.

No era ajeno a los momentos de coquetería que tenían los terrícolas, después de todo había vivido entre ellos, mirando desde lejos como las mujeres presentaban interés por sus compañeros de combate. Pero, siempre había sido espectador, no protagonista.

— Tú quieres — no terminó con la pregunta, ella brinca y se aferra a su brazo diciendo:

— ¡Sí! — exaltada lo arrastra a que camine — conozco un buen lugar. Sirve el mejor café y unas ricas galletas. Te encantará. ¿Por cierto, no me has dicho tu nombre?

— Piccolo — mencionó aún sumergido en la duda de si esto era verdad o una pesadilla.

Si era una pesadilla, se había vuelto muy recurrente, puesto que ir a la cafetería se había vuelto parte de la rutina de ambos. No sabía el motivo de porque ambos se volvían a encontrar en el mismo café, en la misma hora, sus conversaciones no iban a ninguna parte, y casi no tenían nada en común de que hablar.

Pero Piccolo siempre estaba ahí, después de dejar a Pan a sus clases bajo la supervisión de la maestra; volaba hasta la cafetería, se sentaba en el mismo lugar, y la esperaba. Sus orejas puntiagudas se sacudían cuando ella hacía acto de presencia en la cafetería, el tintineo de la puerta era distinto cuando ella ingresaba, con la respiración agitada, el cabello lila un tanto desordenado. Y le saludaba con tanta naturalidad mientras caminaba para tomar asiento frente suyo.

Ella o él, pedían por ambos, el mismo café y las galletas que siempre pedían. Y comenzaba un largo diálogo que terminaba con ella en un grito porque llegaría tarde al trabajo, nuevamente, y él como un idiota se ofrecía a llevarla en sus brazos, volando por encima de la ciudad hasta llegar a aquel edificio.

Al principio, aquello aterró a Ranfan, ¿un sujeto que podía volar?, pero la idea de estar cerca de él, que su cuerpo sea sostenido por los brazos fuertes. La idea le pareció hasta incluso un motivador para perderse entre los minutos mientras seguían hablando de casi nada.

— Muchas gracias señor Piccolo — Ranfan antes de bajar de sus brazos, le daba un beso en la mejilla, y este día no fue la excepción — nos vemos mañana — de un salto se baja, puesto que siempre el beso le dejaba perplejo.

Piccolo sabía que esto, más que una rutina, era un pasatiempo que compartían, porque a ambos les agradaba volver a encontrarse y volar sobre la edificación de la ciudadela.

Llevo sus manos a la mejilla y alza vuelo, una vez que Ranfan ingresó al edificio.

— Nos vemos mañana — repitió la palabra en un murmullo para sí mismo.