Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi y hago uso de ellos sin ninguna intención de lucro.
Flores en la oscuridad
Capítulo II
Instinto
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
El destello de luz del inminente trueno le permitió ver a la gigantesca bestia parda de más de dos metros de altura alzada sobre sus patas y Ranma distinguió en donde estaba el spray repelente. El estruendo logró que el animal se distrajera y el joven aprovechó para tomar el artefacto y rociarle con este lo más que pudo. Para ese momento, deseaba que Akane ya estuviera lo suficientemente alejada de allí y a salvo.
El oso embravecido volvió a sus cuatro patas y retrocedió un poco, gruñendo ferozmente mientras intentaba tallarse los ojos y lanzaba un par de zarpazos al aire, aumentando el nivel de desastre dentro de la tienda de campaña.
De improvisto, la carpa se deformó sobre la cabeza del oso y la tela se desgarró aún más de lo que ya estaba, dejando que la lluvia entrara y revelando entre penumbras que era Akane, golpeando con el tronco de un árbol al encolerizado animal, quién lanzó un alarido de dolor antes quedar aletargado en el suelo.
—¡Idiota! ¡Te dije que escaparas! —. Bramó desesperado por lo voluntariosa que era, y luchando por escucharse entre los tosidos.
—¡¿Estás loco?! —Ella le increpó en el mismo volumen de voz—. ¡No pienso dejarte aquí solo!
El animal soltó un quejido lastimero y Ranma reparó en que era momento de dejar de discutir y debían salir de allí cuanto antes. Aceptó la ayuda de Akane para orientarse y se escabulleron con los corazones galopando a mil por hora, con un auténtico sentido de peligro recorriéndoles las venas. Él no dejó de toser a lo largo del camino, con los pulmones colapsados por el spray, la visión reducida casi en su totalidad y los ojos ardiendo intensamente por el mismo.
En medio de los fuertes vientos y la lluvia, corrieron cerca de un kilómetro y medio entre la espesura de la noche, tomados de la mano, hasta que pensó que era suficiente distancia para acercarse a la ribera del rio que cruzaba el bosque y así poder lavarse la cara y checar el estado de sus heridas. Esperaba que el animal ya se hubiera dado por vencido, porque él ya se encontraba bastante maltrecho, con la ropa hecha girones, así como con rasguños y cortes profundos, principalmente en las piernas y los brazos. No sabía si podría resistir otro embate. Su único consuelo era que Akane estaba intacta.
De todos sus viajes de entrenamiento, jamás había sido encontrado con la guardia tan baja, durmiendo junto a Akane en medio de la noche. Y eso era lo que más le ofuscaba, culpándose mil veces porque este ataque sucediera con ella envuelta en el peligro.
Akane le ayudó a bajar por el borde del rio caudaloso, sortearon las rocas del mismo y se quedaron en un área donde el agua corría con más calma. Ranma tomó asiento sobre una piedra y consiguió limpiarse un poco la cara y las heridas sangrantes en su cuerpo menudo. Pero la fortuna de ellos no duró demasiado. A lo lejos, se hicieron presentes las potentes pisadas de la bestia, abriéndose camino entre los árboles y acercándose a gran velocidad, gruñendo en el aire para que sus víctimas escucharan su sentencia.
—Va-vamos. Te- tenemos que irnos—. Balbuceó su prometida, tomándolo del brazo y pudiendo sentir la mano de la chica temblando de forma estrepitosa. Su visión dañada aún le dejó contemplar el rostro lívido de su prometida, con la mirada vidriada, y el agua de la lluvia escurriéndole por sus mejillas. La adrenalina ya la había abandonado.
—Busquemos un lugar seguro—. Concretó él. Tratando de sonar lo más convincente posible. Implorando que el animal todavía estuviera lo suficientemente alejado de allí.
El otro pensamiento que rondaba en él, ahora convertido en una chica por la lluvia, revelaba su verdadero sentir de la situación: "Si los encontraba de nuevo, en las condiciones en las que estaban, podían darse por muertos"
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
—¿Pu-puedo pasar?—. Ranma golpeó la puerta de Akane un par de veces y espero con impaciencia a que le abrieran.
Él venía de darse la primera ducha en días y su vestimenta sólo variaba en la camiseta negra sin mangas y una toalla alrededor de su cuello, absorbiendo el agua restante de su cabello mojado. Odiaba la idea de despegarse de su prometida, pero debía asearse y curarse las heridas si quería estar en condiciones para ella.
—Oh, lo siento, estaba terminando de vestirla —Kasumi abrió la puerta y se antepuso para hablar sin que la persona en el interior se fuera a salir—. Verás, dejé un poco de comida y un té de pasiflora para que la ayude a estar tranquila.
—Muchas gracias —Suspiró el pelinegro, ofreciéndole una sonrisa sincera—. Me encargaré de que tome algunos sorbos al menos.
—Olvidé preguntarte —Se contrajo ella, cubriendo parte de su rostro con la bandeja en la que trajo la merienda—. ¿Necesitas que te traiga un té también? Creo que te puede hacer falta.
—Oh, no, no es necesario… no debo —Su mirada se desvió por un instante, antes de negarse de forma sutil. Quizás si lo necesitaba, pero no era propio relajarse en las circunstancias—. Si voy a cuidarla, necesito estar alerta, al menos hasta mañana que venga la abuela Cologne y nos diga qué hacer.
Kasumi asintió, dándole la razón y se marchó de allí, indicándole que estaría a la orden por si necesitaba cualquier cosa, en cualquier momento. El resto de la familia había salido a un pueblo cercano para disfrutar de un Hotel que ofrecía baños con aguas termales.
Ranma se adentró en la habitación y cerró la puerta con seguro.
En la cama observó a Akane, vistiendo su pijama de siempre, también con el pelo oscurecido y remojado por un reciente baño.
—Es-espero no haber tardado demasiado—. Le dijo él, sentándose en la cama, cerca de ella. La joven saltó de su sitio y no dejó pasar la oportunidad de acurrucarse junto a él, recargando su cabeza sobre su hombro.
Ranma se sonrojó fuertemente y se quedó estático, mirando hacia el frente. Recordando esas noches en vela, en las que Akane hacía lo mismo, recargándose en su pecho o su hombro mientras se contaban cualquier anécdota del día para hacerse sentir en confianza, antes de que él reuniera la intensidad y el valor necesario para abrirse camino entre sus sábanas y le hiciera el amor.
Deseaba tanto que esto no estuviera pasando y que su prometida nunca hubiese regresado a rescatarlo. Habría muerto, sí, pero en paz, sabiendo que ella estaba a salvo. Y ahora, todo se había ido al carajo.
—N-no debiste. El precio está siendo demasiado alto—. Él la separó un momento para que lo viera a los ojos, y así fue, lo observó con curiosidad y los labios fruncidos en una sonrisa boba. Ajena a los reclamos, su atención se fue luego a la toalla que colgaba de él y jugó con ella utilizando sus manos.
—No me importa si sigues siendo una gruñona, tienes que volver por tu familia… por mí, por nosotros… —. Ranma sonrió melancólico y se quitó la toalla para echarla sobre la cabellera de Akane, jugando a alborotarle la melena mientras la ayudaba a secarla.
—Por favor… Vuelve a ser tú—. Rogó al aire, añorando por ver a su valiente prometida emerger del abismo.
Akane agradeció las caricias de su chico, lamiendo su mejilla y canturreándole con un maullido juguetón en el oído, mientras volvía recargarse en él.
Ranma se crispó con el sonido del maullido, irrumpiendo en su sistema como un severo latigazo indicando peligro. Su cuerpo se estremeció al revivir la pesadilla en la que se hallaba inmerso y empezó a temblar de miedo e impotencia ante el contacto.
—Ti-tienes que ser valiente… E-es la mujer que amas—. Se dijo a sí mismo, buscando en los recuerdos felices junto a ella para invalidar su temor. Lo consiguió a medias; apretó los párpados con fuerza y algunas lágrimas surcaron velozmente por su rostro, trayéndolo una y otra vez al cruel recordatorio de su pavor por los gatos y en lo que su prometida se había convertido.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
Akane tiró del brazo de Ranma para ayudarlo a ponerse en pie y así fue. Con mucha dificultad lo hizo y en un segundo sintió como el alma de su prometido abandonaba su cuerpo. Los músculos heridos y entumecidos se negaban a ponerse en marcha de nuevo y la pérdida de sangre le pasaba factura con creces.
—¡Hey, Ranma! ¿Me escuchas? —La joven se dio cuenta lo suficientemente rápido para atraparlo entre sus brazos, antes de que cayera de bruces sobre las piedras o el agua—. Tenemos que regresar juntos, ¿recuerdas?
—Akane, huye… por favor—. Musitó con la voz enronquecida de tanto toser anteriormente. Buscó zafarse del abrazo de Akane, sin embargo, claramente no estaba en condiciones de lograrlo.
—No digas tonterías… ¡Ranma! —. La joven le dio un par de palmadas en la mejilla de su prometido, pero este ya se había desvanecido—. ¡Ranma! ¡Despierta, maldita sea!
De un segundo a otro, la preocupación de Akane pasó a ser de nuevo el aterrador animal que parecía estar a unos pocos metros de allí. En el fervor de mantener al chico consciente, había pasado por alto los gruñidos cada vez más intensos de la bestia, hasta que prácticamente lo vio a un lado de ellos, en lo alto de la ribera, olfateando el aire mientras parecía pensar su siguiente movimiento.
La lluvia había cesado unos minutos atrás, y la luna luchando por asomarse a través de las nubes, le dio la espeluznante visión del Grizzly bajando por la ladera, con dirección a ellos.
Akane tuvo un instante para planear su movimiento; volver a la orilla y enfrentarse de cara al oso no era una opción. Con Ranma todavía sostenido sobre su pecho, y deseando que el rio no estuviera tan profundo, comenzó a adentrarse para llegar al otro lado, sosteniéndose de las mismas piedras y ramas entreveradas.
Llevaba más de la mitad del camino recorrido, hasta que encontró que la siguiente piedra estaba demasiado lejos y no había más ramaje del que pudiera hacer uso. Estaban atorados en medio de la nada, sin poder sentir con sus pies el fondo del río, sosteniéndose ambos de una frágil rama.
En pocos pasos, el animal quedó sobre ellos y el peso hizo que algunas piedras se movieran de su lugar y que las ramas crujieran y quedaran reducidas a un montón de astillas en un santiamén.
Akane sintió su agarre deshacerse y ambos pasaron de forma violenta a ser jalados por la corriente, rio abajo. El agua embravecida los llevó a chocar casi de inmediato contra una piedra y un alarido de dolor y terror se le escapó cuando vio el cabello rojo de Ranma ser arrastrado por el agua en la distancia. ¡Se le había soltado!
Sin perder tiempo, trató de nadar siguiendo la corriente para alcanzarlo, pero no duraría mucho, porque su limitante condición para este deporte se hizo presente y pronto se vio sobrepasada por la corriente del río, envolviéndola en una cobija de agua, dispuesta a llevarla al fondo del lugar.
Emergió en la superficie escupiendo agua, haciendo uso de un braseo desesperado, sólo para darse cuenta de que Ranma ya no estaba a la vista, y de que el siguiente movimiento del oso fue echarse al agua para seguirlos. Quedaba claro que la bestia en algún momento llegó a la conclusión de que representaban un peligro y no se detendría hasta verlos muertos.
Las profundidades volvieron a jalar a Akane en un remolino sin fin y tragó todavía más agua. Su vista se fundió en negro y sintió como caía en un vacío profundo.
Luego de eso, ya no fue consciente de nada.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
La anciana Cologne bebió del té que Kasumi le sirvió y meditó por unos momentos, evaluando la situación.
Ranma le narró su travesía por el bosque, con el oso detrás de ellos, al menos, hasta donde él había estado consciente. Luego, continuó con su despertar, al amanecer de esa fatídica noche, echado a un costado del rio, junto a Akane. Ella, hecha un ovillo, con el pants que vestía cubierto casi por completo de sangre y restos de carne. Aquello lo espantó e hizo que de inmediato la moviera con cuidado para cerciorarse de que estuviera bien. Y sí, lo estaba, fuera de algunas zonas magulladas visibles y que no implicaban ningún peligro. Ni la sangre ni los restos eran de ella.
Un chispazo le trajo a la memoria el por qué estaban así y con su vista escudriñó los alrededores. No tardó demasiado. A unos metros de ellos, se distinguía un montículo peludo y supo de inmediato que era el oso. Lo observó un rato y no se movía. Luego se aproximó con sigilo y sintió una oleada de asco revolviéndole el estómago cuando vio al animal muerto, partido en dos de un tajo, con las vísceras regadas por el pasto y un puñado de moscas sobrevolando sobre sus restos.
Ignorando por qué terminó la bestia así, dio pasos atrás, creyendo que ahora se encontraban ante un depredador aún más salvaje, hasta reparar en Akane y su ropa embarrada de carne y sangre. Metido en sus cavilaciones, su prometida apareció a un lado, caminando a cuatro patas, como un felino, talló su cabeza en sus piernas maltrechas y le ronroneó, buscando atención.
La mezcla de emociones al comprender lo que había pasado y lo que le ocurría a su prometida le hizo lanzar un grito ahogado en desespero y luego había perdido el sentido de la realidad por un tiempo.
—Nunca había visto un caso como este —Aseveró seriamente, estudiando los movimientos felinos de Akane, atrincherada en las piernas de su prometido—. Creo que no hay un registro de algún caso que haya durado tanto tiempo y, aún peor, uno donde no exista una exposición a un trauma en secuencia, como sucedió contigo.
—Abuela, ¿cree que haya alguna forma de que mi hermana vuelva a la normalidad?—. Ranma se había quedado exhausto al contarle todo, por lo que Kasumi decidió intervenir en la plática, sentándose junto a ellos, alrededor de la mesa del comedor.
—No estoy completamente segura, niña. Necesito estudiar escritos, hacer preguntas a conocedores sobre el tema, y ver cuál es la mejor solución para ella.
—Lo que les pasó fue demasiado terrible —Añadió la mayor de las hermanas Tendo—. Verse en peligro de tantas maneras debió provocarle esto.
—Así lo creo yo también —Asintió la anciana, dejando la taza sobre la mesa—. Trataré de tener la información lo antes posible, aunque, no puedo prometer nada.
—Gracias —Kasumi hizo una leve reverencia en señal de gratitud—. Confiamos en usted para que pueda ayudar a mí hermana.
—Escuche, abuela, se lo pido —Ranma oyó sus palabras y, sin importar si pecaba de egoísta, no podía conformarse con meros intentos—. Necesito que Akane regrese a la normalidad.
—Eres muy exigente, yerno —Cologne le echó una mirada inquisidora, apuntándole a la cara con su bastón—. ¿Crees que estoy obligada a socorrerte cuando puedo ver que ya has escogido a esa chiquilla por sobre mi nieta?
—En verdad, yo… lo siento —. El joven tiñó de rojo sus mejillas, pero supo mantener el porte, para ser la primera vez que le hablaban directo a la cara sobre su relación.
—Ja ja ja, no te pongas así, muchacho —La anciana cambió su semblante molesto y rompió con la seriedad del momento—. Sabía que llegaría este día hace mucho.
—¿Eso quiere decir que va a ayudarnos?—. Ranma recuperó la tranquilidad y la tensión disminuyó de su cuerpo.
—Tampoco es que me agrade demasiado la idea, eh —La abuela de Shampoo le dio un último sorbo a su té, antes de decidir que era hora de marcharse—. Considéralo como un último favor.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
Ranma pensó que estar en la sala le ayudaría a Akane a distraerse. El estar encerrada en su habitación la estaba volviendo un poco irascible, haciendo jirones las cortinas y parte del tapiz, pero era porque, temía, junto con Kasumi, que algún incidente pudiese ocurrir y la menor se escabullera de la casa. No quería que estuviera bajo ningún tipo de peligro, fuera del alcance de ellos.
El artemarcialista no había olvidado la hostilidad inicial que le mostró a su prometida en lo que aprendía a tolerar su estado gatuno y, en algún punto, tuvo que salir a buscarla en los alrededores porque la hizo sentirse ignorada y se habría escapado. Volver con ella fue otro viacrucis.
Estuvieron un tiempo tranquilos, Ranma le convidó de su helado de chocolate mientras veían una película y el anochecer cubría la ciudad.
Serían sus últimos momentos de calma.
La amazona fue enterada por su abuela de la situación de Akane y, aunque la mayor le encargó que no se acercara a la residencia de los Tendo, fue una orden dada a oídos sordos. Shampoo creyó que era una oportunidad insuperable para acercarse a Ranma y arribó con la imponencia de sus apariciones, destruyendo parte de la pared de la sala.
—¡Ranma! —Nada más verlo, se arrojó sobre él, ocasionando que Akane saliera rodando por allí—. ¡Abuela me contó todo! ¡Chica violenta perder la razón y ya no ser obstáculo para nuestro amor!
—¡Sha-Shampoo, tienes que irte… es peligroso—. El pelinegro de inmediato buscó quitársela de encima, no obstante, ella sola se retiró para esquivar a Akane, zanjando un espacio con su mano, utilizada como garras con filosas cuchillas. La joven se quedó junto a Ranma; el cuerpo erizado completamente, exhalando un gruñido y la mirada fija sobre su contrincante.
—¿Ver? Ser muy ilusa creyendo que ya le perteneces —La amazona sonrió de forma burlona, señalando a Akane con un dedo—. Ella estar lista y quiere decidir todo ahora mismo.
—En serio, no es buena idea que la hagas enfadar. Está bajo un trauma severo y destazó a un oso enorme, ¿entiendes?—. Ranma se agachó para estar a la altura de Akane, y vio la furia y descontrol en sus ojos. Todos sus sentidos le gritaban que se fuera de allí, aunque su sentir por ella se lo impidiera. Quizás era su temor por los gatos, pero la actitud desafiante de su prometida lo estaba trastocando. Odiaba admitir que era, más sencillo para su miedo, cuando esta se encontraba jugando con algún objeto, o tranquila, durmiendo plácidamente junto a él.
Esta Akane rebasada por sus instintos también lo conocía de sobra y, dudaba que el sentir sus manos vacilantes sobre sus hombros, ofreciéndole contención, le sirvieran de algo
—¿Temes que pueda hacerme daño, o… estar protegiéndola a ella?—. No necesitó que la abuela se lo confirmara, lo presentía. Notaba el mayor grado de intimidad que existía en la pareja y, ver aquello le sentaba muy mal a la amazona.
—Estaré junto a Akane por siempre, aún si no logra recuperarse —Confesó, después de un tiempo de silencio, analizando lo que debía decir. Se puso de pie y avanzó unos pasos hacia ella, esperando que la chica entendiera y se fuera—. Pero, como mi amiga, no puedo dejar que te pase nada.
—Si es lo que hacerte feliz—. Shampoo se sobrepuso al fuego que le recorría las venas para acercarse, en actitud conciliadora ante él, tomarle las manos y mirarlo derrotada.
—Gracias por ent…—. Ranma quiso creer, sólo por una vez en su vida, que la chica hablaba en serio. Luego la sintió alzarse de puntillas para alcanzarle los labios. Todo fue demasiado rápido. Él se echó hacia atrás y evitó el beso por un centímetro, sin embargo, su prometida los había visto.
Desde la posición de Akane, la intrusa se estaba adueñando de su pareja y el pensamiento que se instaló en su cerebro fue el más básico: destruir a la amenaza.
Ranma y Shampoo saltaron en direcciones opuestas, mientras Akane aterrizaba justo en el punto donde estaban segundos atrás y con sus uñas afiladas levantaba la madera del piso como serpentinas de papel.
La amazona cayó sentada y los pinchazos recibidos empezaron a arder como el infierno. Ni siquiera se dio cuenta de cuándo la había tocado y su piel ya tenía unos arañazos sanguinolentos recorriéndole buena parte de los brazos; las mangas de su blusa eran un caso perdido. Después de todas las advertencias, por fin logró ver lo que Ranma y su abuela le decían. Akane caminaba hacia ella en actitud desafiante; enseñándole los dientes y con la espalda arqueada en clara señal de amenaza.
Akane saltó sobre su presa con sus garras preparadas para el ataque, pero fue detenida en el aire por su prometido, abrazándole desde atrás y volviendo ambos al piso.
—¡No te quedes ahí, vete! —. Le gritó él, sin saber cuánto tiempo podía detenerla.
La chica enfureció por la obstrucción y se revolvió violentamente en su sitio hasta que encontró el camino para zafar sus manos. Tomó la viada necesaria y le plantó tremendos zarpazos en la cara, brazos y pecho a Ranma. Él sintió todo su cuerpo arder de dolor y luego, vio como una delgada gota de sangre bajaba desde su frente y se deslizaba por el costado de la nariz; quedó hecho una piedra en el acto. Las heridas no eran mortales, pero débil todavía de su anterior lucha en el bosque, y con su terror oscilante al comportamiento felino de Akane, finalmente terminaron por quebrarle.
La joven del espíritu felino observó que su pareja yacía fuera de combate, y volvió a su objetivo principal.
Shampoo lo comprendió y miró a su alrededor. No había un solo objeto que pudiera utilizar como arma. Tendría que enfrentarse a su eterna enemiga con las manos limpias. Se llenó de valor y posicionó sus brazos en una pose defensiva.
Akane le lanzó un maullido seco y corrió hacia ella, extendiendo nuevamente su mano, lista para cortar el aire y lo que se interpusiera en su camino. Su imagen, con el cabello revuelto y el pijama salpicado con la sangre de Shampoo y Ranma, le hacían ver más temible.
La amazona apretó los dientes, reforzó su pose y esperó.
—Niños—. Escuchó entre penumbras, luego miró una pequeña sombra saltar sobre Akane y esta se terminó estampando contra el suelo, desmayada.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
A la anciana le bastó muy poco tiempo para comprender qué había cometido un error al contarle a su nieta sobre el estado de Akane. Para su fortuna, uno de sus amigos se comunicó para decirle una de las posibles soluciones al trauma del que estuvo investigando. Así que se dirigió de inmediato a la residencia Tendo para sus dos objetivos: detener a su nieta e intentar curar a la prometida de Ranma.
El primer paso fue exitoso: ninguna muerte qué lamentar. Todos estaban maltrechos, pero sobrevivirían.
Lo segundo fue más complicado de analizar, porque debieron esperar a que Akane recuperara la consciencia, y aquello tardó varias horas.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
Akane despertó con el transitar de estos días borrados de su memoria, asombrada de descubrir que ya no se encontraban en medio del bosque, luchando por sus vidas. Ahora se hallaba en su hogar, junto a su prometido, intentando recuperar su normalidad. Su estado físico era alentador: algo desnutrido y golpes leves en su cuerpo, pero iba a estar bien. El diagnóstico sobre su salud mental lucía más reservado; tomando sus sueños para hacerle revivir durante días el hecho de casi morir ahogada, a punto de perder al amor de su vida y perseguida por un monstruo que la sacaba de su cama a tirones y la arrastraba por toda su habitación.
También debió luchar con el rechazo de Ranma. Durante el día buscaba acompañarlo, ayudaba a curar sus heridas y le expresaba con palabras afectivas, que sería paciente. Por las noches, lloraba sus pesadillas y el distanciamiento del chico. Platicaban a diario, podían ser horas, pero era consciente de que huía a cualquier contacto más cercano.
Él cargaba con las pesadillas de su fobia, ahora vestidas con el rostro y las manos de ella. Y por todos los santos que estaba intentando dejar de verla como una amenaza. El Ranma diurno podía hacer uso de su memoria para ensoñarse con las sonrisas y las miradas tiernas que su prometida le dedicaba, pero la noche era más cruel y llegaba a él trayéndole de regreso todo aquello que luchaba por olvidar. Además, debía lidiar con la idea de sentirse un completo inútil por no haber sido él quien los protegiera con su vida y que, gracias a eso, ella había acabado bajo un trauma tan peligroso.
La naturaleza debía seguir su curso un poco más.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
La joven despertó bruscamente de un mal sueño, que se había convertido en una constante en su vida, y entonces lo descubrió, sentado junto a ella en la cama, jugando con sus dedos y observándola con la cara de un niño que se ha portado mal.
—Akane… Akane y-yo… no he podido agradecerte por salvarnos —Ranma tomó su mano y le dio un tímido beso en el dorso, luego la llevo a su pecho, y dejó que sintiera lo acelerado que palpitaba su corazón —Uff… estoy muy nervioso. Ll-lo siento, lo siento mucho. Estuve lidiando con algunas cosas y dejé de lado que también debías estar pasándola mal… Espero que no sea demasiado tarde.
—P-por supuesto que no, Ranma —La joven se echó en sus brazos sin pensarlo, y el sentimiento de tenerlo tan cerca, después de semanas de estar distanciados, hizo que su pecho explotara de emoción y terminara desbordada en lágrimas.—. Llegas en el momento perfecto.
Ranma se embriagó con el aroma de Akane y sus brazos la rodearon con delicadeza para corresponder al abrazo. Se dejó contagiar por el llanto cuando escuchó que había sido liberado de su culpa, y suspiró feliz, cuando notó que su cuerpo ya no temblaba más de miedo, sino de felicidad, al sentir la calidez de su prometida, como siempre había sido.
Iban a estar bien.
. .•.••.. Ƹ̴Ӂ̴Ʒ. .•.••. .
Notas de autor:
Hola a todos n_n… Si te lo estás preguntando, sí, estáis en lo correcto. Este no era el verdadero final de la historia, pero a medida que me iba encaminando al desenlace, me dieron pena los chicos y di un volantazo hacia el drama puro y duro, ¿lo notaron? ¿no? ¿seguros? jajaja XD Duré días pensando en regresar al final original, sin embargo, decidí quedarme con el cambio. Sí, lo acepto, los años me están volviendo más sentimental, supongo jajaja… hamm… aunque no siempre será así O_O Sólo voy a decir que Ranma la ha sacado barata. XD
Agradezco a todos los que han leído las historias, y me han dejado sus comentarios, los valoro muchísimo. Así mismo, si este capítulo les ha movido algo, por favor, no duden en dejármelo saber… Quiero hacer control de daños. XD
Por último, este capítulo salió más largo y absorbente de lo que pensaba, por lo que es casi seguro que estas historias se queden en dos capítulos. Si no traigo nada para finalizar el mes, cambiaré el estatus a completo….n_n
Nos vemos luego.
