Disclaimer: Todo pertenece a George R. R. Martin.
Esta historia participa en el Drabblectober del Multifandom 5.0 del foro Alas negras, palabras negras con el prompt crecer pese a la adversidad.
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Soñar con la primavera
Crecer
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El niño duerme acurrucado contra su pecho. Osha procura pensar en él siempre así. Es una manera de no encariñarse, de tomar distancia y recordarse que Rickon Stark no es nada de ella.
Es una estupidez más grande que el castillo de un rey sureño. En su cabeza puede llamarlo como quiera, pero en su corazón ese niño es suyo. Ella lo cuida, lo protege y lo quiere y sabe que él la quiere también. Antes la llamaba mamá para que nadie descubriera su verdadera identidad, pero ahora lo sigue haciendo y Osha no tiene corazón para decirle que pare.
No va a ser su niño para siempre. Cuando todo termine se lo quitarán para educarlo como corresponde a un futuro señor. Le da igual. Eso querrá decir que ha sobrevivido al horror y eso la reconforta incluso si significa perderlo.
Lo tapa bien con las mantas. Dormido sus rasgos se dulcifican. Su sonrisa es más suave y su respiración es lenta y serena. Despierto es todo curiosidad, ferocidad y coraje. Antes también era todo rabia, pero ahora que entiende mejor las cosas está algo más calmado y ha aprendido a emplear su energía desbordante en cosas más útiles. El tiempo que pasaron en Skagos le hizo bien. Osha sabe que Rickon fue feliz en la isla, explorando y jugando con otros niños de su edad. Ella misma se encontraba a gusto entre su gente, que era tan parecida a su pueblo.
No obstante, sabe que han hecho bien en volver al continente. Se marcharon por la guerra entre nobles, pero ahora se está librando una guerra muy diferente y esconderse no es una opción. Ella ya intentó huir una vez, pero ahora sabe que es inútil. La única esperanza que tienen de sobrevivir es que todos, norteños y sureños, se unan para luchar contra los Otros.
Osha piensa que tienen más posibilidades de seguir vivos allí, donde pueden organizarse y presentar batalla. Además, si su destino es morir en esa guerra, prefiere que la muerte la encuentre peleando antes que escondida.
Es lo único que puede hacer: pelear y rezar porque se acabe la pesadilla. Rogarle a los dioses que no se la lleven y por encima de todo que no se lo lleven a él, al niño, a su niño; que pueda crecer aunque ya no sea suyo, aunque nunca lo haya sido.
