Tiempo Extra.
Eran las ocho en punto de la mañana cuando alguien llamó a la puerta de la habitación. Sesshoumaru estaba esperando que alguna de las mujeres llegara para quedarse haciéndole compañía a Rin. Su procedimiento la noche anterior había salido bien y las cosas se veían un poco mejor pero él tenía que viajar a toda costa.
- ¿Quién vino? -le preguntó la chica adormilada. A su lado ya habían dejado el desayuno un rato antes, pero ella apenas despertaba.
- Van a cuidarte. Yo tengo que irme. -le aclaró tomando su teléfono y billetera, como no iba a trabajar decidió dejar la computadora. – Adelante. -indicó a quien quiera que estuviera del otro lado de la puerta, para su sorpresa se trataba de Inuyasha.
- Dejando a tu esposa justo después de la noche de bodas. Vaya marido. -lo criticó su medio hermano mientras pasaba para ponerse cómodo en el sillón.
- ¿Qué haces tú aquí?
- Me ofrecí para tomar el primer turno. Los demás van a ir a su casa para traerle cosas a mi cuñada, ya que tú al parecer tienes asuntos más importantes qué resolver.
- Inuyasha. -interceptó Rin antes de que su nuevo esposo hiciera volar más chispas. – No te sientes ahí. Esta cama no es cómoda para consumar un matrimonio. Nos pusimos creativos ayer. -al final le sonrió y el chico entendió la insinuación y aunque sabía que era broma, se levantó, sólo por si acaso.
- Si hay cualquier cambio, me llamas. -le ordenó a Rin y luego se dirigió a su medio hermano. – Y si ella no puede, lo haces tú.
Entonces se marchó sin dedicarles una última mirada a ninguno, la joven pensó en que eso fue una pésima actuación, pero quizás ya no era importante, con los papeles firmados ellos podrían tratarse como extraños y probablemente daba lo mismo. Entender eso le dolió un poco, pero no podía permitirse flaquear en ese momento, sólo debería estar feliz por haber podido ser el boleto dorado del hombre que le había regalado unos meses extras de pasión.
…..
Sesshoumaru fue directo al aeropuerto para tomar un vuelo que su asistente reservó durante la noche, en cuanto tuvo la dirección del hermano de Rin. El vuelo no fue muy largo, una hora nada más, y de ahí el camino en taxi hasta el lugar que buscaba le tomó menos tiempo.
Se bajó en un edificio de departamentos algo viejo, no era un barrio bajo, pero nada elegante tampoco. Eso le gustó porque probablemente le daría la ventaja del dinero, sobre todo ahora que podría decir que le sobraba, o así sería ya que cobrara el resto de la herencia.
La puerta que daba a calle no estaba cerrada, entonces sólo pasó y subió tres pisos hasta la puerta que buscaba, tocó con calma aunque tenía prisa. No deseaba asustar a nadie dentro y dificultarse la labor de convencimiento. Casi de inmediato le abrió una mujer muy joven, obviamente él no la conocía, pero asumió sería la novia del chico que buscaba.
- Buenos días. -lo saludó la mujer algo desconcertada.
- Vengo a ver a Kyo.
- ¿Quién lo busca?
- Sesshoumaru Taisho. Tengo un asunto importante qué resolver con él. -aseguró aun haciendo un esfuerzo por no sonar amenazador, pero vio en los ojos de la mujer que estaba fallando.
- ¿Quién es? -escuchó una voz masculina al fondo y una oleada de alivio lo recorrió, por lo menos podría hablar con él.
- Sesshoumaru Taisho. -repitió su nombre en voz alta. – Vengo a hablar sobre Rin.
La mujer que estaba en la puerta lo vio con sorpresa, obviamente sabía de quién hablaba y sólo un momento después apareció detrás de ella el chico. Con sólo mirarlo pudo notar lo mucho que se parecía a su hermana y eso le dio más esperanzas de las que se había atrevido a tener hasta ese momento.
- Si ella quisiera hablar conmigo, hubiera venido en persona. -sentenció el chico e hizo un ademán para cerrar la puerta, pero su novia no lo permitió.
- ¿Qué hay sobre su hermana? -inquirió ella con evidente curiosidad.
- Ella no puede venir. Está en un hospital. Está muriendo.
Sesshoumaru pronunció esas palabras exactas para generar un impacto en los demás, pero decirlo en voz alta hizo que la realidad resonara en su cabeza como nunca antes lo hizo. Él sabía lo débil que estaba Rin y conocía de sobra el desenlace al que se aproximaba todo, pero hasta ese momento no se había permitido ni siquiera la posibilidad de asimilarlo.
- ¿Qué le pasó? -preguntó el muchacho apenas susurrando.
- Está enferma. Desde hace mucho. Vine a buscarte porque necesito de tu ayuda para salvarla.
Antes de que Kyo pudiera decir algo más su novia abrió por completo la puerta para que su extraño visitante pasara, Sesshoumaru no dudó en hacerlo, ya empezando a comprender que quizás ella sería una pieza para jugar a su favor.
En cuanto entró vio los muebles algo destartalados que no hacían juego y se sentó en la sala mientras la pareja avanzaba para hacer lo mismo, el chico caminaba de forma extraña y al sentarse se volvió muy evidente el motivo que él ya conocía, una de sus piernas era una prótesis, ya que la real había sido una de sus pérdidas en el accidente que le quitó a sus padres.
- No sé cómo es que yo pueda ayudar. Como puedes ver, no tengo mucho. Además, no creo que ella quiera saber de mí.
- Podría decirse que ella piensa lo mismo sobre ti. Hace años que pudo haberte buscado y en lugar de eso se sometió a tratamientos y procedimientos horribles y cuando nada funcionó prefirió dejarse morir.
- ¿Y si ella tomó esa decisión, por qué estás aquí? -lo cuestionó tratando de sonar firme, pero tanto Sesshoumaru como su novia pudieron darse cuenta de que luchaba por no perder la voz.
- Ella puede estar muy convencida de que prefiere morir que molestarte. Pero yo no. Lo que necesita para tener una oportunidad es un donador de médula ósea o células madre y tú eres su único familiar con vida. Pide lo que quieras y es tuyo. Pero no hay tiempo qué perder, necesitas viajar hoy mismo para empezar con los estudios para saber si eres compatible.
Sesshoumaru fue muy consciente de que quizás soltar toda la información de golpe no era la mejor idea, pero no pudo contenerse. Podía sentir una corriente eléctrica que le recorría el cuerpo para que estuviera en movimiento, necesitaba saber que las cosas sí estaban en marcha y la muerte no le ganaría esa carrera contra el tiempo.
…
Rin POV
Ya había oscurecido cuando Sesshoumaru regresó al hospital. Para ese momento Kagome y yo estábamos en el sillón mirando la televisión y comiendo helado. Todos los invitados a la boda habían pasado por ahí en algún momento del día para hacerme compañía y ninguno mencionó su ausencia, pero sabía que no aprobaban aquella situación, tenía que hablar con él muy seriamente antes de que sus descuidos crearan más olas que sólo le complicarían la vida cuando yo ya no estuviera aquí para arreglar nada.
- Te ves bien. -le dijo con una media sonrisa.
- Pues no gracias a ti. -le contesté con acidez y él puso los ojos en blanco. Mi amiga me miró desconcertada y le guiñé un ojo para asegurarle que todo estaba bien.
- Ya me voy. -anunció ella pero me sonó un poco a pregunta, asentí para darle confianza. – Espero poder regresar pronto a visitarte en casa. Y planear una fiesta enorme por tu boda.
Me abrazó con fuerza y besó mi mejilla, ella y los demás tenían planeado regresar a sus vidas a primera hora de la mañana y todo el día mencionaron más de una vez varios planes a futuro, yo sólo les seguí la corriente para no ponerlos al tanto de la realidad, mis seis meses estaban acabando y esa sería la última vez que nos veríamos.
- Cuídala mucho. -le dijo a Sesshoumaru cuando pasó a su lado y él la ignoró. Fue y se sentó conmigo, tomando el menú de la cafetería.
- ¿Quieres que te pida algo? Muero de hambre, no tuve tiempo de comer hoy. -preguntó como si fuera la noche más normal del mundo, yo negué con la cabeza y él tomó el teléfono de la habitación para hacer su orden, después volcó su atención en mí. - ¿Qué te dijeron los doctores?
- Todo salió bien y parece que ya no hay más sangrado de momento. -me encogí de hombros. – Pero fue sólo suerte, va a volver a ocurrir en cualquier momento. Mañana voy a hablar con la doctora para que me quiten el catéter. -le informé rozando con las yemas de los dedos el parche de plástico que cubría la zona inferior de la clavícula.
- No te lo van a quitar hasta que ya no lo necesites. -me ordenó poniéndose de pie, estaba enojado y obviamente sabía hacia dónde me dirigía.
- Seis meses. Cumplí mi parte y tú también. Además, sabemos que nada está funcionando, estoy viviendo tiempo extra y no quiero pasarlo aquí. No quiero un día caer inconsciente y terminar siendo un vegetal. -le expliqué tratando de no llorar ante esa idea que me parecía peor que la muerte.
- Eso no va a pasar. Lo de ayer sólo fue un inconveniente. El cual, por cierto, ni siquiera te quitó las ganas de seguir con tu teatro. No creas que no estás en problemas por eso. ¿Cómo le hiciste para convencerlos de semejante barbaridad? -me regañó, pero sabía que sólo estaba tratando de cambiar el tema.
- Creo que "gracias" es la palabra que estás buscando. Ahora vas a ser todo lo millonario que siempre quisiste, te vas a comprar todas las empresas de la ciudad si quieres y todo gracias a mí y a las influencias de tus padres que hicieron todo muy fácil y muy legal.
- ¿Completamente legal? -inquirió levantando una ceja y ocultando una sonrisa, algo estaba tramando.
- Tan legal que si quieres deshacerte de mí antes de que me muera, tienes que tramitar un divorcio hecho y derecho. Pero está bien, no tienes qué agradecerme si no quieres. Sólo no me molestes cuando pida que me quiten el catéter y me regrese a mi casa. Además, me prometiste un abogado para mi orden de no resucitar.
- Rin. -pronunció con cuidado, regresando a sentarse a mi lado con sus odiosos aires de superioridad. – No te van a quitar el catéter, no vas a regresar a tu casa y no va a haber orden de no resucitar. Vas a seguir con el tratamiento hasta que encuentren un donador.
La forma en la que me dijo todo eso, como constatando hechos irrefutables, sólo me hizo enojar más, tanto que se me derramaron las lágrimas del rostro. Era desconcertante que tuviera tanta seguridad en cada palabra, como si mi destino estuviera resuelto y en sus manos.
- No puedes obligarme. -susurré luchando contra el nudo en mi garganta.
- Soy tu esposo. – murmuró casi en tono dulce mientras me acariciaba el rostro y retiraba unos mechones de cabello para colocarlo detrás de mi oreja, yo cada vez lo entendía menos. – Y tú puedes pedir todos los procedimientos y las órdenes de no resucitar que quieras, pero en el momento en el que no estés consciente, cada una de esas decisiones me pertenece y sabes qué voy a elegir.
Al final dejó un beso en mis labios y se levantó otra vez. Yo lo vi como si fuera un fantasma o el demonio en persona. ¿Cómo era posible? Yo pensaba que éramos amigos, que mínimo teníamos respeto entre nosotros ¿cómo pude equivocarme tanto? Sesshoumaru estaba tomando mi gesto desinteresado para usarlo en mi contra. Estaba decidido a hacer todo lo que yo temía, a mantenerme con vida contra mi voluntad, a pisotearme, hacerme sufrir todo lo posible.
Cómo podía odiarme tanto si a veces hasta parecía todo lo contrario, si yo misma de repente me descubría con sentimientos demasiado profundos por él.
Psicópata, pensé. Embriagado del poder que yo misma le había entregado para prolongar mi infierno.
….
Rin despertó lentamente con el ruido de voces y la luz colándose entre las cortinas, probablemente no era temprano y ella aún luchaba contra la inconciencia. La noche anterior, luego de que Sesshoumaru se transformara en un monstruo ella supo que no ganaría nada quedándose despierta y llorando, así que le pidió por el intercomunicador algo para dormir a una enfermera y sólo por eso pudo descansar. Pero ahora que ya había amanecido y sabía que su doctora estaba ahí, necesitaba hablar con ella, pedirle que sacaran a su ahora esposo de ahí y huir de la ciudad si era necesario, a donde nadie la conociera y él no pudiera atarla a máquinas y bolsas de sangre. Sólo guiada por ese deseo se forzó a abrir los ojos y sentarse en la cama mientras se acostumbraba a la luz.
- Buenos días, Rin. Me alegra mucho que hayas despertado. -le dijo la mujer con una gran sonrisa. A su lado el hombre la miraba como si estuviera ansioso de decirle algo. – Te tengo excelentes noticias. Creo que encontramos a tu donador.
La joven escuchó las palabras y las repitió en su mente, parpadeando incrédula, pensando en que seguramente no había entendido bien aquello y era sólo una mala pasada de su mente.
- ¿Cuándo tienen los resultados? -intervino Sesshoumaru antes de que ella acabara de procesar nada.
- Hoy por la tarde. Si salen bien entonces podemos empezar el proceso de preparación para ambos. Sólo serán unos días para que los dos estén en condiciones adecuadas.
La doctora volvió a sonreírle a su paciente, pero ella no le correspondió el gesto. Ahora se estaba preguntando si todo era un sueño… o quizás una pesadilla. Sólo atinó a negar con la cabeza.
- Yo… quiero que me quiten el catéter. -pronunció con cuidado, aferrándose a la voluntad que recordaba de la noche anterior.
- No, Rin. Se necesita para el trasplante. Y para darte las medicinas de preparación. Sólo van a ser unos días más. -le explicó la otra mujer. – Sé que después de tanto tiempo es difícil asimilarlo, pero parece que todo va bien. En cuanto desayunes y estés un poco más alerta ve a casa. Yo te llamo en cuanto estén los resultados.
La médico le sonrió y luego abandonó la habitación para procesar todo el papeleo necesario y respetando sobre todas las cosas el secreto que le habían confiado. La identidad del donador de Rin.
- No deberías tomar drogas para dormir. No te sientan bien. Voy a pedir el desayuno.
Sesshoumaru habló de lo más tranquilo e hizo la llamada a la cafetería mientras Rin aún lo miraba tratando de procesar todo. Su mente parecía no lograr compaginar al hombre frente a ella con el demonio de la noche anterior, ni con el aparente milagro que probablemente acababa de obrar.
- ¿Fuiste tú? ¿Cómo lo hiciste? -lo cuestionó todavía sentada, temía que si se recostaba volvería a cerrar los ojos.
- Yo también puedo ser un boleto dorado. -la miró con una media sonrisa y se acercó hasta el borde de la cama. – Sin berrinches ahora. Sólo tienes que resistir un poco más y todo habrá acabado. -le murmuró acariciándole el rostro.
- ¿Y si no es compatible? -cuestionó ella, apenas tratando de asimilar todo lo que estaba pasando y con los ojos húmedos.
- Ni siquiera pienses en eso. Él va a ser compatible. Estoy seguro.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Quién es? -le murmuró con un nudo en la garganta, temiendo que de alguna manera Sesshoumaru hubiera conseguido averiguar la verdad sobre su hermano. Aunque sería muy poco probable que él deseara ayudarla, porque la odiaba.
- Es un donador anónimo que prefiere quedarse así. Pero puedes estar tranquila, lo que va a recibir a cambio es suficiente incentivo para que no se retracte.
- ¿Y cómo se supone que voy a pagarle? -inquirió cada vez entendiendo menos. Él puso los ojos en blanco.
- No estás en tu momento más brillante. -se burló un poco, sonriéndole. – Ahora puedo comprar todas las empresas de la ciudad ¿recuerdas?
- Entonces… ¿cómo se supone que te pague a ti? ¿Con sexo? -inquirió empezando a sonreírle también.
- Todos los días. Pero no esperes que siga durmiendo contigo. -le murmuró mientras se acercaba a sus labios rosas para rozarlos apenas y alejarse de nuevo, dejándola confundida y con un tenue hormigueo. Apenas comenzando a concebir la posibilidad de que una muerte casi inmediata no fuera su único futuro.
….
Esa misma tarde, antes de la puesta de sol Rin recibió la llamada que estaba esperando, esa en la que su doctora le confirmó que su donador y ella eran compatibles. Ella tenía el teléfono en altavoz porque sabía que cualquier noticia necesitaba escucharla Sesshoumaru también, él con su cabeza fría podría captar los detalles que ella no comprendiera de inmediato.
La llamada duró varios minutos, pues recibieron explicaciones sobre los siguientes pasos. El donador debería recibir medicinas para que las células que necesitaban estuvieran listas para ser recolectadas, para él eso sería sencillo. Sin embargo a Rin le esperaban varios días de veneno en la sangre. Si querían aumentar al máximo las posibilidades de éxito ella también debería ser preparada con medicinas directas al catéter que seguramente la harían sentir peor que nunca en su vida y hasta podrían hacer que perdiera el cabello, pero valía la pena.
Como ellos dos estaban solos en la ciudad y Sesshoumaru no podía dejar todo para aislarse a su lado decidieron que sería mejor que ella se quedara en el hospital. A Rin no le gustó la idea, pero aceptó porque no deseaba ponerle las cosas más difíciles a ese hombre que después de torturarla le estaba regalando la vida. Entonces, con ese pacto la joven llenó la maleta que acababa de desempacar y se preparó para su última semana en el infierno, aunque antes deseaba festejar como era debido, y comenzar a pagar su deuda.
Rin POV
Pasaba un poco e la media noche cuando Sesshoumaru por fin dejó la computadora y entró en la ducha. Yo estaba todavía envuelta en la bata de baño y con el cabello húmedo. Él no parecía tener idea de lo que le tenía planeado. Pero era mejor así.
Sentía como si casi no pudiera estarme quieta de tantas emociones que me recorrían al mismo tiempo. Estaba aterrada por lo que me esperaba en el hospital durante los próximos días, inmensamente feliz ante la posibilidad de tener años por delante para hacer mil cosas, nerviosa como nunca por todo lo que podría salir mal… y completamente extasiada con la idea de poder besarlo y admitirlo dentro de mi cuerpo cada noche.
Muy pronto escuché que cerró la regadera y apenas unos instantes después ya estaba en la habitación, llevaba una toalla en la cintura y caminó sin mirarme hasta sentarse en su lado de la cama. Probablemente todavía estaba pensando en algo del trabajo, pero eso estaba por terminar. Con mucho cuidado de no llamar su atención me puse de pie y dejé la bata de baño en una silla cercana, caminé desnuda rodeando la cama hasta estar frente a Sesshoumaru y antes de que lograra reaccionar me arrodillé frente a él y abrí los bordes de su toalla. La expresión de sorpresa en su rostro casi me hizo reír, pero me contuve. Lo tenía justo cómo deseaba.
Sin demorarme más tiempo tomé entre mis labios de la forma en que a él le gustaba, ya muchas veces antes lo había tenido a mi merced así. Casi de inmediato lo escuché suspirar y sentí una de sus manos acariciándome el cabello, como respuesta lo miré a los ojos y él, como siempre, batalló contra sus impulsos para sostenerme la mirada y sólo unos segundos después, se rindió ante mis caricias y se dejó llevar.
Yo me quedé así un buen rato, disfrutando de doblegarlo, de llevarlo tan alto que olvidara todas sus barreras. Cada vez su respiración era más entrecortada y repetía mi nombre con más frecuencia, pero era como si él mismo no se diera cuenta de que lo estaba haciendo.
- Ven acá… -murmuró de repente enredando sus dedos en el cabello de mi nuca y entendí lo que me estaba diciendo. Sólo obedecí porque yo también lo necesitaba.
Me puse de pie sólo para sentarme a horcajadas sobre él, pero sin unir nuestros cuerpos, estaba lista para hacerlo, pero a él le gustaba cerciorarse y llevó las puntas de sus dedos hasta la entrada de mi ser. Con el más leve de los roces me estremecí y esa fue la luz verde que Sesshoumaru estaba esperando.
Me tomó de la cadera y buscó con su cuerpo la entrada del mío, encontrándola, deslizándose en mí como si ese fuera el lugar del mundo donde encajábamos a la perfección.
Sesshoumaru suspiró y echó la cabeza hacia atrás, yo aproveché para abrazarme de él y besar su cuello mientras el instinto y la pasión nos hacían bailar a un mismo ritmo. Todo fue muy despacio al principio, pero con cada nuevo movimiento la prisa nos fue ganando y ni siquiera intentamos resistiros. Yo grité su nombre cuando el éxtasis me alcanzó y él se derramó en mi interior con nuestros cuerpos sufriendo espasmos de puro placer.
….
Sesshoumaru POV
Salí de la oficina por la noche, era más tarde de lo que me hubiera gustado, como siempre. Cada día que veía pasar doce, trece, o más horas entre esas cuatro paredes me preguntaba si en verdad era necesario continuar con ese doble juego.
Para ese momento mi farmacéutica ya estaba empezando a encarrilarse como era debido y en cuestión de unas semanas más el resto del dinero de mi abuelo estaría en mis manos. Probablemente aferrarme a continuar con mi trabajo anterior era más una cuestión de ego que otra cosa pues no deseaba admitir que con frecuencia me descubría deseando estar en el hospital, pensando en cómo podía hacer los horribles días de Rin un poco más fáciles.
Sólo faltaban dos días más para que realizaran el trasplante, su hermano y novia se hospedaban en un hotel cercano para su propia comodidad y se quedarían ahí hasta que él se recuperara de la donación. Todavía no había decidido si deseaba ver a Rin o no, pero en todo caso sería hasta que el trasplante estuviera hecho y ella ya no pudiera rechazarlo.
La historia que ellos compartían era todavía un misterio, porque ninguno de los dos se la había contado a nadie, pero ese asunto no era importante mientras él estuviera dispuesto a salvarla.
Llegué a la habitación de hospital con mi computadora y una bolsa con frutas frescas, eso parecía ser lo único que Rin toleraba un poco. En los días que llevaba sometida al tratamiento de preparación había perdido varios kilos y todo el cabello. Ella misma decidió cortárselo todo antes de que pasara e hizo varias bromas al respecto, pero siempre noté una nota de dolor en sus ojos.
Dejé las cosas sobre la mesa sin hacer ruido, ella estaba dormida con el sonido bajo de la televisión en el fondo. Según su último mensaje el día no había estado tan mal y ya contaba las horas para que todo terminara. Al igual que yo.
Me acerqué con cuidado a su cama para cubrirle la espalda con el cobertor que ella misma había empujado, pues estaba hecha un ovillo, con frío, pero aún en la penumbra pude ver el pequeño hilo de sangre que brotaba de su nariz.
- Rin. -la llamé con cuidado y ella no respondió. – Rin, despierta. -le toqué el hombro y no obtuve nada.
Por un instante me asusté pensando lo peor, pero el pitido constante del monitor que tenía conectado me hizo entender que estaba respirando y su corazón latía a ritmo normal. Aunque todavía me asustaba pensar en esa posibilidad que ella misma planteó una vez, tener un sangrado inoportuno en la cabeza y convertirse en un vegetal.
- Despierta. -le rogué acariciándole el rostro y con todo el alivio del mundo la vi abrir los ojos. - ¿Estás bien? -la cuestioné mientras encendía la tenue luz de la lámpara a su lado.
- Me quedé dormida. -explicó con la voz apagada.
- Tu nariz está sangrando.
- Ha hecho eso todo el día. Me van a poner más sangre, pero la iban a traer de otro lado porque aquí ya no había.
Lamenté en silencio que su hermano estuviera reservándose para el trasplante, pues tenían el mismo tipo raro de sangre. A la mañana siguiente tendría que llamar al contacto del banco de sangre de la fundación para ajustar cuentas y hacer otro donativo.
- Traje frutas ¿quieres intentar? -le ofrecí y me alegró cuando ella empezó a incorporarse con cuidado.
- ¿Qué vas a hacer cuando ya no pases todo tu tiempo libre cuidándome?
Ella sonrió y yo también, sabía que era una broma, pero yo mismo me había hecho esa pregunta la noche anterior.
Nosotros nunca tuvimos una relación real. Iniciamos como compañeros de negocios, luego amantes y de repente estábamos en esa extraña dinámica a la que no podía ponerle nombre o etiquetas y una vez que terminara probablemente ninguno de los dos sabría qué hacer con el otro.
Al final de cuentas ese tiempo extra estaba por terminar.
…..
Rin POV
Estaba en el cuarto de hospital terminando de guardar mis cosas en la maleta. Si tenía suerte jamás volvería a vivir ahí.
Esa misma mañana habían realizado por fin el trasplante, me resultó irónico que ese acto milagroso e imposible no consistiera en más que conectar el catéter a lo que parecía una bolsa de plaquetas común, pero no lo era.
Todavía me encontraba frágil, con el sistema inmune en el suelo y tendría que pasar otro mes, quizás un poco más, antes de saber si en verdad todo iba a estar bien, mientras tanto debería permanecer aislada en casa y acudiendo a análisis de control con regularidad. Pero de todas formas, me sentía como si ya hubiera terminado la maratón más larga de mi vida.
Sesshoumaru se había tomado el día libre para terminar de resolver la situación con el donador anónimo y volvería a la habitación en cualquier momento para marcharnos. No lo discutimos en ningún momento pero sabía que iba a continuar viviendo en su casa mientras terminaba de recuperarme y aunque quizás ninguno de los dos lo hubiera meditado mucho, eventualmente íbamos a tener que ponernos nuevas reglas del juego… ahora que estábamos casados y yo no me iba a morir.
Suspiré cerrando la maleta para dar una última vuelta revisando que no se me olvidara nada y escuché la puerta abrirse. Era él, esperé ver sus ojos con un fondo de alegría como había sido esa mañana, pero no. Se veía más de hielo que de costumbre.
- ¿Está todo bien? -pregunté temiendo que algo hubiera salido mal, pero no podía imaginar qué, si ese debería ser el mejor día del mundo.
- Todo está bien. Pero antes de irnos tenemos que hacer una negociación. -se acercó para tomarme de la mano y llevarme hasta el sillón, dejó que me sentara y él quitó la maleta para hacer lo mismo, yo no tenía idea de qué podría estar hablando.
- ¿Qué cosa puedo tener que no te haya entregado ya? -inquirí sonriendo, alegre pero confundida.
- Información. Todavía hay algo que no me has dicho y necesito saberlo. ¿Qué quieres a cambio?
- ¿Qué quieres saber? -lo cuestioné sintiendo un nudo en el pecho, seguía sin saber de qué me hablaba, pero debería ser algo muy grande si ni siquiera quería decírmelo.
- Aún te debo un fin de semana en la playa. -murmuró haciendo referencia al viaje que me prometió la primera noche en urgencias y jamás llegamos a realizar. - ¿Te parece cambiarlo por una semana en el Caribe? O donde tú quieras.
Cuando me hizo la oferta me reí y asusté más. Sabía que el costo de una cosa así no significaba nada para él, pero ofrecerme una semana completa de su tiempo era algo sin precedentes.
- Sí sabes que no puedo venderte mi alma ¿verdad? -bromee tratando de ganar algo de tiempo.
- No por ser descortés con una dama, pero… ¿estás segura de que tienes una? -inquirió curvando la comisura de sus labios y le puse los ojos en blanco.
- Sesshoumaru. Dímelo. ¿Qué quieres saber? Sólo me estás poniendo más nerviosa.
- ¿Por qué vives como si tu hermano estuviera muerto?
Sus palabras me recorrieron como un frío glacial. Y no pude responderle, porque no era tonta y sólo podía existir un motivo por el cual él estuviera preguntando eso en ese momento. Había encontrado a Kyo y se las había arreglado para comprar su donación. Aunque él me odiara.
- Rin. Necesito saber qué pasó entre ustedes. -insistió y yo negué con la cabeza. – Pide lo que quieras. Pero tienes que contarme todo antes de irnos de aquí.
- ¿Qué posibilidades tengo de que no me obligues a contarte? -susurré sabiendo que estaba perdida.
- Ninguna. -me confirmó con total seriedad lo que ya sabía.
- Entonces quiero un cheque en blanco. Y no estoy hablando de un cheque literal.
- Está bien. Lo que sea. Cuando sepas qué quieres sólo dímelo.
Al final me acarició el rostro y yo cerré los ojos y respiré profundo tratando de calmarme, pues las situaciones emocionales extremas no me caían bien en esos momentos según los doctores.
- Él tenía quince años cuando sucedió el accidente y sufrió heridas muy graves. Tuvieron que hacerle varias cirugías y no pudieron reconstruir una de sus piernas, la perdió. O más bien, yo se la quité junto con sus padres.
Vi en su mirada ámbar que estaba listo para protestar, pero lo silencié poniéndome de pie. No era necesario que me repitiera que no era mi culpa. Ya la policía lo dijo desde el principio, cuando culparon al conductor del tráiler y no a mí, pero ellos jamás lo entenderían.
- Pasó varias semanas en terapia intensiva en coma mientras su cuerpo comenzaba sanar. Mientras eso pasaba afuera el mundo me tomó por sorpresa. Tuve que organizar los funerales y empezar a lidiar con seguros y abogados, definitivamente no estaba preparada y no pude manejarlo.
Mientras le contaba aquello podía todavía sentir la bruma que me envolvió todos esos días, no recordaba ningún detalle, pero sí cómo todo el tiempo me sentía perdida, ahogándome entre el dolor y la certeza de que era un monstruo.
- En algún punto un abogado me habló sobre los trámites legales para que me dieran la custodia de mi hermano. Todavía necesitaba que le hicieran más cirugías y todas esas decisiones deberían ser aprobadas por un adulto, ese adulto era yo, pero no pude hacerlo.
Con el paso de los años el duelo por la muerte de mis padres me había tenido compasión, poco a poco, sin embargo la vergüenza por mi imposibilidad de cuidar a mi hermano después de destruir su vida me asechaba como el primer día.
- Simplemente me negué y una pareja amigos de mis padres aceptaron la custodia y toda la responsabilidad. Yo sólo le entregué a ellos todo el dinero que le correspondía de los seguros y de la venta de la casa y lo abandoné.
Yo ya no sabía si el dolor que sentía en el pecho era real o sólo producto de mi imaginación, porque no podía luchar contra él de ninguna forma. Sólo por precaución volví a sentarme en el sillón al lado de un Sesshoumaru que me observaba impasible.
- Sólo lo visité en el hospital cuando estaba inconsciente, en cuanto los amigos de mis padres me informaron que había despertado, no tuve el valor de volver.
- ¿No lo has visto desde entonces?
- Una vez. -afirmé recordando ese momento que competía por el primer lugar como el peor de mi existencia. – Cuando fue él quien me abandonó a mí.
FLASHBACK
Era media tarde cuando sonó el timbre de la casa de Shawn, yo estaba en el sillón acostada, sin hacer nada más que respirar como era común en esos días. Él se puso de pie y fue a abrir, no le presté atención porque en realidad no me importaba, como todo desde que destruí mi vida, pero muy pronto lo escuché entrar con alguien y acercarse a mí. Por mera inercia voltee y desee jamás haberlo hecho.
Ahí estaba mi hermano a su lado. Se sostenía en muletas porque evidentemente no podría por sí mismo sin ambas piernas, gracias a mí. No pude verle heridas en el rostro y en las manos como antes, de seguro esas ya habían sanado en los meses anteriores. Pero nada de eso me resultó inesperado, lo que en verdad no pude procesar fue su expresión. Mi pequeño hermano había crecido varios años, hasta parecer un adulto y la alegría en sus ojos se había perdido, ahora sólo destilaba ira y dolor.
- Kyo. -susurré poniéndome de pie, no sabía si la tremenda necesidad de abrazarlo que me abrumó sería prudente, supuse que no.
- Sólo vine a decirte una cosa. -habló firme, con el seño fruncido y un control casi robótico en la voz. – Nunca vuelvas a intentar buscarme. Eres la peor escoria de este mundo, ojalá fueras tú la que estuviera muerta.
Sus palabras me golpearon hasta sacarme el aliento y no pude reaccionar cuando lo vi darse media vuelta y marcharse. Shawn se quedó ahí, sin dar crédito de lo que acababa de suceder, probablemente él creyó que mi hermano venía a hablar conmigo para estar juntos otra vez y tenernos el uno al otro como siempre fue, pero no, Kyo acababa de marcharse para siempre. Y ni siquiera podía culparlo.
FIN DEL FLASHBACK
Cuando terminé de contarle todo aquello a Sesshoumaru temí por un segundo que él me odiara también después de haber descubierto la terrible persona que era, pero no se movió, no me dijo nada. Era como si estuviera tratando de decidir algo y me aterró qué pudiera pasar con nosotros.
- Supongo que ahora entiendes por qué nunca lo busqué cuando me enfermé, él me quería muerta, fue muy claro y… tenía razón. -me encogí de hombros. – En realidad, siempre he pensado que el día del accidente fue el peor de mi vida, pero esa visita de Kyo… no sé… cuando se fue yo sólo podía repetir sus palabras en mi cabeza y de no ser porque Shawn estaba ahí para detenerme físicamente, hubiera saltado del techo.
Sesshoumaru hizo un gesto de desagrado y se acercó para besarme la frente antes de limpiarme las lágrimas del rostro con el dorso de su mano. Nunca, en todo lo que habíamos pasado juntos, se portó así, como si sintiera amor por mí y mi corazón respondió acelerándose con un sentimiento cálido que no podía explicar.
….
- ¿Y si pudieras volver a verlo? ¿Elegirías hacerlo? -la cuestionó Sesshoumaru llegando a lo que era su objetivo.
Un rato antes, cuando fue a ver a Kyo y su novia en el hotel, para saldar la cuenta del hospedaje y asegurarse de poder continuar en contacto con él si era necesario, el chico le pidió algo. No quería imponerle su presencia a Rin llegando de sorpresa al hospital, ni diciéndole que él la había ayudado, pero sí deseaba poder hablar con ella… si es que estaba de acuerdo.
Sesshoumaru se había sorprendido un poco por esa petición de último minuto, pero le era imposible negarse, no cuando ese chico acababa de salvarle la vida a Rin. Entonces, decidió que él mismo evaluaría la situación antes de plantear nada. Por eso le fue necesario conocer toda la historia, aunque se hubiera odiado un poco a sí mismo por hacerla llorar de esa forma.
- Si él no me odiara. Amaría verlo. -susurró la joven, respirando profundo para detener sus desbocados latidos.
- Él no te odia. -aseguró con toda la confianza del mundo.
- Tú lo encontraste, él fue el donador. -murmuró Rin constatando lo que ya sabía y Sesshoumaru asintió apenas. - ¿Cuánto tuviste que pagarle?
- Nada. Le ofrecí todo y no quiso nada. Sólo pagué su viaje y los gastos médicos. Él y su novia se van hoy por la noche, pero si tú lo deseas, él quiere hablar contigo.
- ¿Él te dijo eso? -preguntó sin poder creerlo.
- Él también piensa que lo odias. Quizás sería bueno que aclararan las cosas.
Rin asintió sin pensarlo más. Si se permitía darle vueltas al asunto sólo se pondría más nerviosa y jamás lograría tomar una decisión. Entonces Sesshoumaru se puso de pie y tomó la maleta para salir de ahí y alcanzar a la otra pareja antes de que abandonaran la habitación de hotel.
Mientras manejaba el corto trayecto envió un mensaje para avisar que iban de camino y le recordó a Rin colocarse el cubrebocas, no estaba en condiciones de arriesgarse a tener un resfriado en esos momentos y ambos lo sabían. A ella eso no le gustaba, pero lo hizo y luego se miró en el pequeño espejo frente a ella, con los ojos hinchados y la cabeza cubierta. Suspiró resignada y desvió la mirada hacia la ventanilla.
- No te engañes. -le dijo Sesshoumaru intuyendo todo lo que estaba pasando por su mente. – Todavía eres hermosa.
Ella se sintió las mejillas arder y no respondió más que con una sonrisa oculta, con el corazón desbocado otra vez por la impaciencia y por las palabras que acababa de escuchar.
Llegaron al hotel y fueron directamente a la habitación donde ya los esperaban, Sesshoumaru llamó a la puerta y la novia de Kyo abrió, recibiéndolos con gusto, presentándose con Rin y dándole un abrazo breve. Adentro el chico estaba de pie, tenso y ansioso por ver a su hermana.
Él en verdad había sentido odio hacia ella muchos años atrás, cuando fue adolescente y más la necesitó pero ella no estuvo. Pero con el paso de los años había logrado apaciguar todo eso y más de una vez deseó poder hablar con ella, explicarse y que ella le explicara qué sucedió, por qué lo abandonó así.
- Eres un hueso. -apuntó Kyo observándola de arriba abajo, sorprendido porque la mujer frente a él no se parecía a la que él recordaba.
- Y me gustaría decirte que uno duro de roer, pero no. -suspiró pensando en lo cobarde que fue muchos años atrás.
- ¿Vamos por un café? -preguntó la novia del chico a Sesshoumaru y él miró a Rin, cuando ella asintió ambos se marcharon en silencio.
- Siéntate, te ves débil. -le indicó él señalando una de las sillas de la mesa metálica con cristal que estaba ahí, él tomó la otra. – No voy a preguntarte cómo estás, porque ya sé la respuesta.
- Estoy viva. -dijo Rin mientras también se sentaba. - ¿Y tú? ¿Estás bien? ¿Eres feliz? -inquirió tratando de prepararse para la conversación que iniciaban, conociendo a su hermano iría muy pronto al grano.
- No puedo quejarme. Tengo trabajo, casa, novia. -se encogió de hombros. – Pero también tengo muchas preguntas.
- Lo sé. Hazlas. Ya no tengo energía para ocultar nada.
- ¿Por qué me abandonaste cuando más te necesitaba? -la cuestionó con un nudo quebrándole la voz.
- Tú necesitabas a la hermana que siempre te cuidó, no al monstruo que mató a tus padres. Yo no sabía cómo manejar las cosas, cómo verte a los ojos otra vez después de lo que hice. -le explicó derramando más lágrimas, como si jamás se fueran a detener.
- Eso fue un accidente. -le aclaró con los primeros indicios de ira colándose en su voz. – Jamás te culpé por eso, pero no sé si pueda perdonarte por desecharme como si estuviera roto y te estorbara…
Y así dieron inicio a lo que sería una de las conversaciones más importantes de su vida, como una moneda al aire, donde podrían recuperarse o perderse definitivamente.
Continuará...
Holi! Espero les haya gustado este capítulo. Muchas gracias x su apoyo y sus comentarios! Si tienen un momento, les pido un review!
Nos leemos el próximo sábado!
