Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 23

Sam logró empujar la puerta sin darme oportunidad de cerrarla en su cara. Adentró en mi casa y lo primero que hizo fue poner sus manos en mí.

― Bella, necesitamos hablar. Déjame explicarte lo qué realmente pasó.

Me resistí. Volteé la cara cuando intentó poner sus labios en los míos.

― Sam… ―me quejé, empujando su pecho lejos de mí― aléjate.

― Yo te amo, Bella. Lo juro.

― Suéltame, Sam ―apreté los dientes. Su cercanía se había vuelto repugnante.

Apretó su agarre en mis mejillas. Sus dedos se encajaban dolorosamente en mi piel.

― Te amo ―susurró―. Te juro que odio a Charlie Swan por habernos hecho esto.

Me paralicé. Dejé de luchar por zafarme de su agarre y me quedé mirándolo.

― ¿Qué quieres decir? ―inquirí.

Sam soltó lentamente sus dedos. Dio unos pasos atrás y suspiró ruidosamente mientras negaba con la cabeza.

― Tu padre planeó todo esto, Bella ―explicó―. Me obligó a que enamorara a Leah.

Sonreí incrédula. Y empecé a frotar mis antebrazos en una forma de consolarme, dándome valor para escuchar sus mentiras.

Sam era mucho peor de lo que había podido imaginar. Aparte de ser un ser mezquino, era un embustero, capaz de culpar a quien fuera antes de afrontar las consecuencias de sus actos.

― Me habías dicho que Edward era el causante de tu infidelidad ―le recordé―. Ahora dices que es mi padre ¿y mañana quién será?

― Bella ―sus manos sujetaron mis antebrazos― Charlie es de lo peor, tienes qué creerme.

― Mi padre te obligó a que me fueras infiel y embarazar a mi mejor amiga. ¿Con qué argumento te obligó?

― No puedo decírtelo. No aún ―musitó.

Dejé escapar un hondo suspiro.

― Vete de mi casa ―pedí cansada―. No quiero que vuelvas, no eres bienvenido.

― Teníamos planes, Bella. ¿Los recuerdas? Nos iríamos en barco a conocer el mar Caribe y sus islas, lo planeamos muchas veces, nena.

Puse los ojos en blanco. Sus estúpidos planes no me importaban porque los había hecho realidad junto a Edward.

― Déjame en paz ―exigí―. Soy una mujer casada, no necesito y tampoco me interesan tus explicaciones. Lo nuestro terminó, Sam.

― No, Bella ―su rostro se acercó al mío, dejándome completamente tensa― no me has olvidado, tu piel me lo dice, tu mirada no miente.

Sus manos apretaron mi rostro en el momento que sus labios se estrellaron en los míos.

.

Edward

No me sentía a gusto estando fuera de casa. Empezaba a preocuparme haber desarrollado algún tipo de apego hacia Isabella, aunque… ―sonreí para mis adentros, no podía engañarme.

Lograba comprender y aceptar lo que me sucedía.

Por eso no me preocupe cuando todos empezaron a centrarse en el tema de Swan y yo solo podía sentirme de buen humor y sin preocupaciones.

No fue de interés su conversación porque mi mente estaba desconectada del lugar, quizá muy lejos solo pensando en Isabella.

― Uley no es quien nos importa ―reconoció Mike― nosotros vamos tras Charlie Swan que es la gran cabeza de esos estafadores. Estamos a un paso de que su propia hija lo entregue ―sonrió socarrón.

Emmett festejó levantando el vaso de whisky que tenía en la mano y expresó:

― Esperemos que de verdad suceda porque Cullen ―me dio una mirada― no ha conseguido absolutamente nada en este tiempo porque está dedicado en andar detrás de su mujer.

― No sabía que estaría incluida la rubia ―intervino Laurent― la chica es intensa, no para de enviar mensajes a todas horas.

Mike y Emmett rieron mientras que yo solo resoplé sin mirarlos.

― No usaré a Isabella para hundir a su padre ―decidí en el momento, ganándome la atención de todos.

― ¿¡Qué demonios!? ―gruñó Emmett―. El plan está listo y se está ejecutando como debe ser.

― No ―negué― no quiero que Isabella se vea involucrada, no lo haré.

― No puedes ceder ante una mujer ―espetó Mike―. Charlie Swan es un tipo corrupto que merece estar tras las rejas.

― Pero no seré yo quien presione a su hija para que lo haga ―declare―. Será un golpe muy bajo para Isabella, no le haré daño, suficiente tendrá cuando se entere del enriquecimiento ilícito en el que ha vivido desde que nació. Ella ama a su padre y este juego sucio… ―dudé― no puedo.

Di un certero puñetazo en la mesa.

― Estoy fuera ―anuncié―, no continuaré con lo planeado.

― Te enamoraste ―afirmó Emmett―. No puedes ocultarlo, Edward.

― Sí ―acepté― estoy enamorado de Isabella y si para cuidarla debo renunciar a este estúpido plan, lo hago.

Mike sacudió la cabeza mientras Laurent dejaba un leve manotazo en mi hombro. Quise creer que era en apoyo.

― Estoy fuera ―repetí― si tengo que elegir entre una venganza y el amor por Isabella, me quedo con ella.

― No puedes hablar en serio, Cullen ―dijo Mike―. Solo nos queda un maldito paso para tenerlos en nuestras manos.

― Está bien ―expresó Laurent―. Puedes solo enviar la información y después te quedas con tu mujer y todos felices, ¿no?

― Ni siquiera sabe si es correspondido ―espetó Emmett.

― Vete al diablo ―sisee.

― Sabía que esto pasaría ―continuó mientras bebía del whisky― terminarias arruinando todo por ella.

― A nadie le importa me vida personal ―exhalé―. No pretendo que me den su opinión o aprobación respecto a Isabella.

Ellos compartieron sonrisas entre ellos. Sin embargo Mike Newton solo me dedicó una mirada y un encogimiento de hombros. Era uno de los abogados de la familia y quien ideó la famosa idea de acorralar a Swan a través de Sam.

Mi celular empezó a vibrar. Eran notificaciones acumuladas de la cámara de seguridad. Alguien había llegado a casa ―estreché la mirada al ver los videos en secuencia.

Me incorporé de golpe al ver a Sam Uley.

¿Qué hacía ese pendejo ahí? Instintivamente la ira contra Sam subió como un chispazo eléctrico en mi torrente sanguíneo.

No me quedé a dar explicaciones o si escucharon. Caminé fuera de las puertas de la entrada hacia el estacionamiento.

― ¿Qué sucede? ―Laurent me dio alcance.

― Sam Uley está en casa ―mascullé, abriendo la puerta del auto.

― Maldita sea, Edward ―Emmett resopló― ¿a ti qué más te da? Ellos al final de cuentas quizá nunca se dejarán.

Miré amenazante a Emmett y solté un puñetazo que dio directo en su hombro cuando se alejó.

― Maldito bastardo ―gruñí.

Laurent me estaba deteniendo de los brazos, de igual manera que Mike lo hacía con Emmett.

― Ahora te enfrentas a mí ―replicó este último.

― Vámonos, Cullen ―Laurent me empujó dentro de mi auto para él conducir.

No me importó mirar hacia Emmett y Mike, me concentré en la pantalla de mi móvil observando la secuencia de las cámaras.

Solté un puñetazo en la puerta.

No me percaté que ese idiota llegó cuando salí. Ha estado tanto tiempo con Isabella.

― Acelera ―renegue.

.

Bella

Mi mano dolía. La bofetada a Sam casi me rompió los dedos o probablemente era que sí tenía una fractura.

Saqué mi mano del agua fría y la envolví en un paño seco. Salí de la cocina y seguí mi camino hacia mi habitación, estaba por subir las escaleras.

Me estremecí involuntariamente cuando la puerta se abrió.

― ¿Dónde está? ―gruñó Edward, caminó a mi encuentro y me evaluó de pies a cabeza percantandose de mi mano envuelta.

Mi corazón se aceleró. No hallaba las palabras correctas para decirle de Sam.

― ¿Te lastimó? ―cuestionó, tocando mi mano―. ¿Se atrevió a tocarte?

Había visto las cámaras. No podía ocultar lo ocurrido, estaba enterado que Sam Ukey estuvo aquí.

― Isabella, por favor ―suplicó, y noté preocupación en su mirada―. ¿Qué te hizo?

― Me besó a la fuerza y yo estrellé mi mano en su cara.

Sus ojos verdes adquirieron un tono más oscuro. El enojo no solo era evidente en su mirada sino en su semblante. La mandíbula se tenso al instante y casi podía jurar que no podía tragar saliva.

― Me las pagará ―siseó con su mirada perdida―. Ese pendejo se arrepentirá de haberte tocado.

Empezó a caminar completamente iracundo. Tiró de su pelo y la rabia en su rostro parecía dominar sus sentidos.

― Edward... ―lo llamé, acercándome.

Negué, deslizando mis dedos por la escasa barba. La mano lástima aún seguía envuelta en el paño y presionada en mi estómago.

― No hace falta, Edward. Él no es importante para mí.

Apoyó su frente en la mía mientras su respiración se volvía suave.

― Pero se atrevió a besarte ―declaró escandalizado, arrastrando uno de sus dedos por mis labios―. Es una ofensa para ti y no dejaré que un imbécil como él se atreva a faltare, ni él ni nadie.

― No importa, Edward ―intenté tranquilizar su mal humor.

― A mí sí. Y mañana mismo se lo dejaré claro.

― A mí no me importa, porque yo soy tuya.

Sus labios buscaron con desesperación los míos. Me besó de una manera primitiva, empujandome lentamente al sofá.

― Eres mía ―espetó sobre mis labios― repitelo.

Asentí y apreté fuertemente los ojos dejándome llevar. Me estaba concentrando en su delicioso sabor a whisky cuando escuché un ruido en la entrada.

Nos separamos alarmados.

Desconcertada abrí los ojos, levanté la cabeza mirando hacia la puerta.

Negué al darme cuenta de quién se trataba.


Edward no puede ocultar sus celos. ¿Qué opinan ustedes? Ya veremos cómo enfrenta a Sam.

Gracias totales por leer 🌹