Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro. Fanfic para participar en la Fiesta de Halloween de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma con el tema #Leyenda. Relato basado en la leyenda mexicana de El callejón del beso.


Te besaré en el callejón.

Parte 1.- El callejón y el espectro.

En las calles de este bello lugar se vivió un acontecimiento único e inigualable. La leyenda cuenta que dos jóvenes que vivían en dos casas separadas tan solo por sesenta centímetros de distancia cayeron perdidamente enamorados uno del otro. Ella era de una clase mucho más alta, mientras que él era un simple campesino.

Todos los días se encontraban en los balcones de sus recámaras que daban al estrecho callejón para platicar y acompañarse mutuamente. El romance floreció al poco tiempo de conocerse, y ese muchacho le propuso matrimonio, con la esperanza de que ella aceptara.

El pequeño detalle es que el padre de aquella jovencita era un hombre celoso con su hija, y deseaba que ella se desposara con un noble de riqueza infinita, por lo que no veía con buenos ojos al muchacho que pretendía a su pequeña.

Un día, la joven discutió con su padre, ya que este la quería comprometer con un adinerado samurái, y le confesó que amaba a ese chico de clase baja con la más absoluta de las locuras. Dijo que se casaría con el, y que nada ni nadie se lo impediría. Después de esa discusión, ella subió a su balcón para decirle a su amado lo que sucedía. Se prometieron amor eterno, y sellaron su promesa con un beso.

En un arrebato de ira, el padre tomó una katana y subió los escalones hacia el cuarto de la joven. Cuando llegó miró la escena, y con la mayor de las furias, asesinó a su propia hija, arrebatando la felicidad a la pareja. Al poco tiempo, ese muchacho terminó pereciendo al igual que su amada. Desolado y con el corazón roto partió de este mundo por voluntad propia.

Desde entonces, se dice que el espíritu de la joven vaga en los balcones de ambas casas, tratando de hallar la paz para alcanzar el descanso eterno y lograr reunirse con su amante en el más allá.

Se cree que si besas a la persona que amas en este callejón, les espera una vida llena de muy buena suerte. Si no lo hacen para cuando dé el anochecer, sufrirán el resto de sus días la desgracia de no amar.

—Eso fue todo.— Terminó de leer Gosunkugi aquél libro turístico que consiguió a un bajo costo antes del viaje.

—¡Que romántico!— Exclamaron Yuka y Sayuri, con un tono sumamente meloso y de ensueño. Estaban sentadas juntas en el autobús escolar que se dirigía rumbo al lugar que debían visitar con toda la clase.

—Oigan, ustedes ni siquiera tienen novios.— Hiroshi jugueteó con ambas chicas, picando sus orgullos.

—¿Y que? Eso no impide que sepamos sobre romance.— Se quejó Sayuri con un puchero infantil.

—¿Qué tiene de romántico una tragedia? Si ambos mueren, ¿Qué sentido tiene?— Se quejó Daisuke mientras comía desinteresadamente una cajita de dulces.

Yuka suspiró. —De verdad ustedes no saben de romance.

—Si sé. Y es por eso que puedo asegurar que eso de los fantasmas no es lindo.— Rebatió Hiroshi.

—Además, hoy es Halloween. Hoy pegan mucho más las historias de terror que los bobos romances trágicos.— Complementó Daisuke.

Halloween ni siquiera se celebra como fecha oficial en Japón, tontos.

—Si. Además que poco románticos son. Es por eso que no tienen novia.

—¡Oye!

Akane simplemente reía ante la escena graciosa de sus amigos. Aún estando cerca de finales del segundo año seguían manteniendo un alma demasiado infantil, cosa que agradecía. Si bien estaban a tan solo un año de comenzar la universidad, no quería despegarse de ese ambiente tan único que le brindaban sus amistades.

Suspiró profundamente, y miró el asiento al lado de ella. Ranma simplemente dormía a gusto, recargado en el cristal del autobús que se dirigía rumbo a la ciudad de Yokohama para un viaje de escuela. Sonrió al darse cuenta de que estaba soñando con algo, porque en su rostro se reflejaba una inmensa paz y tranquilidad. Debía ser algo lindo, y definitivamente nada que ver con gatos.

Con felicidad recordó los cambios que su relación estaba dando. Ya habían pasado unos cuantos meses de los fatídicos acontecimientos en ese lugar de China, y aunque aún no se hayan dicho lo que ambos sentían con respecto al otro, si que habían pequeños detalles que transformaron su manera de comunicarse entre los dos. Ya no solía decirle cosas como fea, poco linda o similares, ahora simplemente le decía boba. Y bueno, dejó las bromas hacia su físico de lado. Además se había vuelto más sobreprotector. No permitía que se arriesgara con cualquier cosa, y cuando ella salía, él siempre iba a recogerla directamente al lugar.

De igual forma, últimamente se tomaban de las manos con más facilidad, y ni que decir de los abrazos. Cada vez que él salía de entrenamiento ella siempre aprovechaba para abrazarlo fuertemente. Y aunque su prometido se tensaba como un robot, todas esas veces le correspondía el gesto sin rechistar.

Su piel se erizó, y un sonrojo cubrió sus mejillas. Estaba planeando decirle a Ranma lo que sentía durante ese viaje, aprovechando que se encontrarían en una locación tranquila y muy diferente a la catastrófica Nerima. Con ternura miró el empaque de galletas que pensaba darle en la hora del almuerzo. Las había preparado especialmente para él, teniendo en cuenta que había mejorado bastante sus habilidades en la cocina. Esperaba que le gustaran y que no las rechazara.

El barrio chino de Yokohama se estaba preparando para festejar un pequeño festival dedicado a la pareja trágica del lugar. Los balcones de algunos de los negocios empezaban a tener adornos conmemorativos, los faroles tradicionales ya colgaban de los balcones, y las personas se movían presurosas para preparar banquetes y entregar todo en el templo sagrado.

Pero, en una de las dos casonas del callejón, algo estaba ocurriendo.

Uno de los espejos que se ubicaba en la recámara se agrietó, y de esa abertura emergió una mano blanquecina, con uñas largas y delgados dedos, casi al borde de los huesos. El cielo se nubló, y un viento extraño y frío cubrió la zona alrededor del callejón, asustando un poco a algunos turistas que cruzaban cerca de las casonas de la leyenda. Eran las once y media de la mañana, y los habitantes de la zona simplemente sonrieron por la manifestación que ocurría.

Había despertado.

—Y bien, chicos. Este es el tan famoso callejón de los amantes trágicos. Tiene varios años de antigüedad, y es muy conocido por la leyenda popular que circula sobre el. Se dice que el fantasma de la mujer que pereció en una de las dos casonas merodea por aquí, buscando descansar en paz y por fin reunirse con su amante en el más allá. Además de eso, el callejón es famoso porque se especula que si te besas en este lugar con tu ser amado, les espera una vida llena de buena suerte.— Explicó el guía turístico a los jóvenes de la ahora clase 2-F.

Ranma miraba con un poco de hastío el lugar. No es que no le gustaran las leyendas de fantasmas, pero esa historia en particular le había causado cierto repelús. Y no sabía a qué se debía, si al hecho de ser amantes que no pudieron estar juntos como el típico cliché absurdo, o que en cierta forma le recordaba a un momento en particular para él. Precisamente, el momento en que casi pierde a su prometida para siempre.—Son solo idioteces, ¿No crees Akane?

—A mi me parece triste.— Susurró melancólica. —Es horrible que ya no puedas ser feliz al lado de alguien porque te arrebataron la vida.— Se sentía ligeramente identificada con la leyenda. Aunque no lo demostrara, si que le había afectado un poco lo ocurrido con Saffron. La sensación de la falta de aire y el calor sofocante aun le perseguían en algunos sueños. Fue una horrible pesadilla todo lo vivido en ese lugar. Sin embargo, lo volvería a hacer para salvar a Ranma las veces que fueran necesarias.

El de trenza tragó saliva, un poco nervioso. Casi le sucede lo mismo a él en Jusenkyo. Es por ello que no le agradaba estar en ese lugar. Le traía recuerdos amargos de Akane casi pereciendo por él. Le echaba la culpa a que el barrio chino de Yokohama tenía aires del pueblo del Monte Fénix. —Ya. Oye, Akane…— Durante la noche antes del viaje estuvo pensando seriamente en declararse ese mismo día, razón por la cual tuvo que dormir en el trayecto de camino a la ciudad de Yokohama.

Si, no era lo más romántico, considerando que ese mismo día se celebraba Halloween y que este viaje era puramente escolar, pero debía aprovechar que estaban en un ambiente totalmente distinto, sin las demás molestias a su alrededor. Ya en este punto de su vida consideraba como una piedra en el zapato a todos, hasta a Ukyo. Por lo menos agradecía el hecho de que Ryoga superó a Akane y ya no formaba parte del caótico grupo de pretendientes y rivales por amor. Le debía una a Akari y al cerdo Katsunishiki por insistirle al imbécil de Hibiki.

Además, necesitaba con ansias disculparse nuevamente con Akane por lo ocurrido en Jusenkyo. Cómo lo había estado haciendo miles de veces durante todos estos meses que habían transcurrido.

—¿Si?— Notó un poco extraño a Ranma, pero para ser honesta, ella misma estaba igual de nerviosa y alerta. Considerando que las cosas no eran normales en su vida, era lógico que se mantuviera a la expectativa de que cualquier cosa podría ocurrir.

Carraspeó un poco, intentando tomarla de la mano sin que los demás se dieran cuenta. —Estaba p-pensando…

—Aja…— Sintió el roce de la mano de Ranma, y eso le puso los pelos de punta. Cada vez le costaba al chico menos trabajo el tener ese tipo de detalles con ella. Agradecía que ambos estaban caminando detrás del grupo de alumnos, así podían tener algo de privacidad.

Ranma agachó la mirada. —Yo… bueno, antes que nada… lo lamento. Lo que pasó en Jusenkyo te hizo mucho daño, y no era mi intención que tú…

Akane sonrió conciliadora. De verdad era demasiado tierno. —Ya te has disculpado mucho en estos meses. No es necesario que lo repitas a cada rato. Además, también tuve responsabilidad. Si no hubiera tocado el Kinjakan, no me hubiese encogido ni deshidratado.

Frunció el ceño, con un poco de frustración. No le gustaba que ella se pusiera responsabilidad en lo ocurrido, aunque tenía razón. Había sido imprudente, pero el falló en protegerla adecuadamente. —Akane, tu no tuviste nada que ver en eso.— Suspiró deteniéndose cerca de una de las casas del callejón, justo en el tercer escalón. ¿Para que esperar a la hora del almuerzo? Bien podría decirle todo de una buena vez. Lo necesitaba. —Como sea. Estaba pensando en que…— Tomó finalmente la mano de ella, con delicadeza y un poco tímido.

Akane se sonrojó, pero con gusto apretó el agarre en su mano. —¿Si?

—Bueno… yo… quisiera que tu y yo...

Le miró con ojos soñadores y una pequeña sonrisa en sus labios. —¿Si...?

Tragó saliva. Era demasiado linda. Le daban ataques al corazón cada vez que le sonreía de ese modo. Comenzó a acercarse lentamente hacia ella. Necesitaba darle un beso, de manera urgente. No entendía la necesidad, pero debía hacerlo en ese mismo lugar y en ese mismo momento. —Yo... yo te... tú... me... me...

De pronto, y de manera realmente extraña, un alarido de mujer se escuchó en una de las calles aledañas al callejón. Sonaba un tanto inquietante, cómo si le doliera algo. Lo curioso es que nadie cerca de la zona se percató de ese sonido. Nadie, salvo Akane.

—Tu me...

—¿Oíste eso?— Preguntó Akane, rompiendo de tajo el ambiente romántico que se estaba formando entre los dos. Miró a todos lados, extrañada.

—¿Huh?— Vaya forma de interrumpir todo. —¿Qué cosa?

Nuevamente sonó un quejido, pero está vez más desgarrador e intenso. Cómo si alguien llorara amargamente.

—Eso. Sonó como una mujer llorando.

Intentó parar el oído, pero no lograba escuchar lo que su prometida decía. —Ni idea de a qué demonios te refieres, pero no sé oye nada.

—Te juro que se oía algo.

No sonó esta vez nada, simplemente el sonido del aire corriendo entre los dos, y el bullicio de las personas cercanas a la calle principal del barrio.

—No hay nada, boba.— Respondió un poco frustrado.

—¡Hey! Puedo jurarlo.— Se enojó ante la incredulidad de su prometido.

Ranma, impaciente, hizo que Akane girara en dirección a él. Tragó saliva, y aunque sus manos temblaran como gelatina, estaba dispuesto a decirlo ahora mismo. Ya estaba armándose de valor, y no debía dejar pasar esta oportunidad. —Lo que quería decirte es... es que tu me gu...

¡Ayuda!

Akane se alertó, al igual que Ranma.

—De acuerdo, ahora si lo escuché.— Susurró alarmado.

Parecía que alguien estaba en problemas. Sin saber por que, se vieron de pronto tentados a ir tras ese misterioso sonido. Comenzaron a correr en dirección a la calle aledaña, alejándose aún más del grupo de alumnos y sin importarles la plática que antes sostenían. El eco de los lamentos se volvía cada vez más y más perturbador, tanto que helaba las almas valientes de ambos artemarcialistas. Aunque Akane tenía miedo, estaba decidida a encontrar la fuente de aquellos chillidos horripilantes.

Giraron por una calle, y luego por otra. Saltaron unos escalones, y esquivaron a las personas que les estorbaban el paso, siguiendo la dirección que los lamentos indicaban. Llegó un momento en el que la gente desapareció, y se vieron solos corriendo a través de las calles estrechas del barrio chino de Yokohama.

Finalmente los dos entraron a una especie de templo pequeño, con una estatua dedicada a la pareja trágica del lugar. Era de oro puro, y alrededor, en el piso, se amontonaban velas de color rojo con detalles y grecas chinas en dorado. A los pies de dicha escultura se encontraban varios cofres de madera vieja, como si fueran ofrendas exclusivas para celebrar su unión y separación. Y el olor, ese lugar parecía estar inundado de un fuerte aroma a incienso de cítricos y canela.

—¿Pero que diablos?— Murmuró Ranma asombrado por tal lugar. Se había acostumbrado a conocer destinos raros y extravagantes, más no dejaba de sorprenderse por ellos.

—La voz ya no se escuchó.— Dijo Akane, comenzando a sentir el miedo en sus entrañas. Odiaba las cosas de terror, y que esto les estuviera sucediendo en Halloween no podía hacer nada más que empeorar su temple.

—Que extraño. Tendremos que avanzar.— Giró su cabeza en dirección a Akane. —¿Estás lista?— Preguntó tratando de hacer que se sintiera cómoda.

Ella asintió un poco cohibida gracias al temor. —Vamos.

El primer paso lo sintieron de plomo, pero si querían saber de que se trataba debían avanzar. Tan pronto como se acercaron hacia en medio del templo, las flamas de todas las velas se apagaron, y las puertas y ventanas se cerraron de manera abrupta. La habitación prontamente pasó de tener una temperatura cálida, a ahora sentirse helada, como si el mismísimo invierno hubiese llegado.

—¿Qué sucede?— Preguntó Akane, temblando y aferrándose al brazo de Ranma. No sabía si era por el miedo o por el frío, pero su piel se estaba tornando pálida. Tampoco estaba segura de si eso era verdad, porque estaban a oscuras, sin embargo era la descripción exacta de como se sentía en ese mismo instante.

El de ojos azules correspondió al agarre de su brazo, tratando de hacer que su prometida se calmara. Inútil fue su intento, ya que el también estaba asustado. —¿Hay alguien aquí?— Preguntó con la voz llena de incertidumbre.

La quietud del ambiente y la tensión eran tan fuertes que hasta alguien tan valiente como Ranma se sentía intimidado. Un viento intenso los rodeó, algo raro, pues las ventanas estaban completamente cerradas. Y un misterioso silbido se hizo presente, atravesando sus oídos cual taladros, despertando los instintos de supervivencia de ambos chicos. Luego, una vela de las que estaban colocadas cerca de los pies de la estatua mágicamente se encendió. Era la que se ubicaba frente al par de prometidos. Comenzó a flotar de forma lenta y a girar sobre su propio eje, tirando descuidada la cera que se derretía.

—¿Q-Que está p-pasando?— Preguntó Akane, crispando sus manos y aferrándose cada vez más a Ranma.

La vela se acercó a ambos, y hasta que estuvo enfrente de ellos, a un par de palmos cerca, volvió a apagarse.

Todo quedó en plena obscuridad y silencio. El frío se intensificó, congelando las puntas de sus manos y sus pies, dejando que sus respiraciones se escucharan agitadas, trepidantes.

Después, un par de sonidos, como si alguien se estuviera retorciendo, resonaron poderosos gracias al eco del templo.

Crujidos de huesos. Sonidos guturales como los de una bestia al acecho.

El aroma dulce, almizclado, pero con tintes de hierro les inundó las fosas nasales.

Y luego…

Ayuda.

—¡Aaaaahhhhhhhh!

La pobre de Akane estaba hecha un manojo de temblores y lagrimas. Escondía su cabeza en el pecho de Ranma, buscando la protección necesaria en él. Ranma abrazó fuertemente a Akane, tratando de evitar cualquier daño que le pudieran causar, siendo su escudo como siempre.

Pasaron unos segundos en silencio, y cuando no sintieron nada abrieron los ojos con lentitud y se despegaron un poco. Las velas volvieron a tener la incandescencia en ellas, y la habitación dejó de ser fría.

Frente a ambos prometidos, una fantasma de rasgos bellos se había manifestado. El kimono rojo resaltaba su piel blanquecina, el pelo negro y largo caía en cascada, suelto y adornado con un pequeño broche de bambú con detalles dorados. Parecía que flotaba, porque no se le veían los pies, y sus ojos, de un hermoso tono ámbar reflejaban la mayor de las tristezas. Lágrimas caían de su rostro cual diamantes, y no había rastros de maldad en ella.

—Ayuda. Por favor.— Susurró queda.

Ukyo se sentía fatal. La gripa horrorosa que le había dado fue todo culpa del idiota de Gosunkugi. Si no le hubiese tocado trabajar en equipo con él la semana pasada estaría sana, disfrutando la salida del grupo a Yokohama. Además, aprovecharía para intentar seducir a Ranma. Últimamente le costaba más trabajo estar cerca de él, porque el chico usaba cualquier excusa para permanecer cerca de Akane todo el tiempo. Que si había un proyecto escolar, que si el dojo, que si esto, que si lo otro.

¡Que fastidio resultaba!

Tomó un sorbo de su té mientras leía una y otra vez el libro de historia, totalmente aburrida. De verdad no era divertido estar enferma, y en plena época de Halloween. Aunque la escuela no hiciera una fiesta por la fecha, estaba deseosa de poder estar con Ranma durante las celebraciones de la fecha.

Pasó la página del libro, encontrando la información de Yokohama. Leyó para tratar de entretenerse con algo, cuando un párrafo llamó su atención.

La leyenda de los amantes trágicos de Chinatown.

—Vaya, vaya. Nada mejor que historias de fantasmas en un día como hoy.— Susurró con la voz afectada por la gripe.

Comenzó su lectura, y con cada párrafo que leía se sentía conmovida por la historia. Al menos hasta que leyó lo último.

Se cree que si besas a la persona que amas en este callejón, les espera una vida llena de buena suerte. Si no lo hacen para cuando dé el anochecer, sufrirán el resto de sus días la desgracia de no amar.

Comenzó a reír con efusividad. —Que tontería.

Pero luego, su mente comenzó a trabajar de manera ardua.

Ranma estaba con Akane en ese viaje.

Estaban solos.

Últimamente tenía preferencia por la chica de cabello corto.

Y encima, recordó que escuchó a escondidas hace unos días como él les preguntaba a Hiroshi y Daisuke algo sobre expresar sus sentimientos.

Tan pronto como cayó en cuenta de la situación, las risas cesaron. No, no podía permitir que ellos se besaran.

—De verdad necesito su ayuda.— Declaró la tenue voz fantasmal de la mujer.

Akane dejó de temblar al escuchar la súplica tan dolorosa de ese espectro. No pudo sentir más que melancolía absoluta por ella. —Tú eres la mujer de la leyenda, ¿No es así?

Asintió desolada. —Mi nombre es Ming Ue. Yo morí en ese callejón, un día treinta y uno de octubre.— La fantasmagórica visión se movió hacia la escultura de oro. Se sentó al lado de ella, y con alguna especie de poder extraño hizo que las velas se hicieran a un lado, despejando un camino para que la pareja pudiera pasar. —Adelante, por favor.

Ranma ya se había tranquilizado, al igual que Akane. Y al menos cuando fue consciente de que ambos se abrazaban, un sonrojo le cubrió las mejillas y el vapor salió de sus oídos. Miró a Akane, quien de igual forma se avergonzó. Con lentitud se separaron, y mirando hacia enfrente caminaron en dirección a dónde el espectro les indicó.

—Lo que dice la leyenda, ¿Es real?— Preguntó la de cabellos cortos con curiosidad, tratando de tranquilizar sus latidos desbocados gracias a lo sucedido con su prometido.

—Así es.— Declaró con profunda tristeza. —Mi padre me asesinó porque yo amaba a Takahiro. El no aprobaba a mi amor por ser un campesino japonés. Quería que yo me casara con el samurái Tatsuo, un hombre más grande que yo, pero de mucha riqueza. Un hombre ávaro y cruel, al cual no amaba como lo hacía con Takahiro.

De repente, de uno de los cofres salieron un par de anillos de oro puro, con un troquelado fino y delicado. Ambos anillos se posicionaron cerca del par de prometidos, quienes estiraron las manos para poder recibirlos. Los examinaron, dándose cuenta de que los nombres escritos en ellos eran, sorpresivamente, los suyos.

—¡Este anillo dice mi nombre!— Exclamó Akane, sintiendo una especie de emoción dentro de ella. Le encantaba el romance, y el que estuvieran destinados a alguna aventura de este estilo producía muchísimas mariposas en su estómago.

Ranma, un tanto desconfiado, miró a aquél ente. Algo no le olía bien, sobretodo teniendo en cuenta que si esos anillos tenían sus nombres grabados, seguramente les esperaban problemas ese día. —¿Por qué están nuestros nombres en estos anillos?

—Hace unos meses, durante el festejo de la feria tradicional del barrio, un viejo enano que pasó en este lugar se encontró conmigo. Escuchó mi trágica historia, y me dijo que un par de jovencitos llamados Ranma y Akane vendrían a atender mi llamado de auxilio. A cambio, se llevó un poco del oro que se me entrega como ofrenda.

Eso le pinchó las ilusiones a Akane sobre un destino romántico. Ambos bufaron con los gestos cansinos. Siempre terminaban envueltos en asuntos por culpa de terceros, y debieron suponer que esta no sería la excepción.

—Happosai.— Dijeron ambos fastidiados.

—Mientras me encontraba paseando a través de las calles, los vi a ambos. Caminaban junto a un grupo de personas, y con mis sentidos despiertos pude adivinar que ustedes eran los jovencitos a los que se había referido ese anciano.— Flotó hacia un espejo cercano, en el cual se proyectó el reflejo de un par de enamorados parados en los balcones del callejón. —Nos prometimos amor eterno en un pergamino. Con nuestras sangres sellamos y pactamos que por toda la eternidad seríamos pareja. El problema es que no he podido reunirme con Takahiro en el más allá. Alguien está manipulando el pedazo del pergamino que me corresponde, y no encuentro el que le pertenece a mi amado.

—Y deseas que te ayudemos a recuperarlos, ¿No es así?— Preguntó Akane.

—Así es.

—¿Y si no queremos ayudarte?— Pronunció Ranma bruscamente. No es que no quisiera ayudarla por ser mala persona, pero ya no deseaba que Akane volviera a pasar por peligros inminentes. No podría tolerar que algo parecido a lo ocurrido en Jusenkyo sucediera nuevamente.

—Ranma. No seas grosero.— Sin bien era cierto que Happosai los metió en problemas que no les correspondían, su bondad para ayudar a los demás le decía que era su deber que aquella fantasma desolada pudiera encontrar el camino a la paz. —Happosai nos metió en este lío, pero, ¿Y que? ¿No sé supone que como artistas marciales también debemos ayudar a los demás?

—Con mayor razón. De Happosai podemos esperarnos cualquier cosa negativa. Y bueno, no hacemos caridad para cosas que ni siquiera están vivas.— Vale, se había pasado un poco. Pero es que de verdad no quería meterse en líos que podrían tener efectos negativos en su situación.

Eso le enojó de sobremanera, ¿Por qué actuaba de esa manera tan nefasta con una pobre fantasma que solo quería encontrar la paz?. Con ira le golpeó la cabeza. Bien merecido lo tenía. —¡Ranma! Eres un idiota.

—Está bien. No tienen por qué ayudarme si no es su voluntad.— Comentó el espectro con la voz mojada en pena. —Entiendo que puede ser una misión complicada.

—¡Yo si te ayudaré!— Decidió Akane.

Ranma se cruzó de brazos, y frunció aún más el ceño. —De verdad eres terca y boba. ¡No lo harás!

—¿Por qué no? ¿Ah?— Entendía que la estaba protegiendo. Podía notarlo, y lo agradecía. Pero no siempre viviría en una burbuja, aislada de los problemas.

—Porque…— Paró en seco. Quería confesar que la amaba tanto y por ello no permitiría que se metiera en líos. Pero si lo decía ahora no habría la magia que quería tener, además de no estar listo en ese momento. —¡Solo no lo harás! ¿Me entiendes?

Colocó sus brazos en jarra. Ya empezaba a exasperarse por lo obstinado que estaba siendo. —¡Tú no me dices que hacer!

—¡Oh si! ¡Tengo derecho a decirte que hacer y que no!— Gritó con más fuerza. De vez en cuando seguían teniendo peleas de ese estilo. Tan infantiles.

—¡Claro que no!— Elevó el volumen de su voz.

—¡Claro que si!

Ming Ue nunca había presenciado tal cosa en una pareja. Se sentía tanta química entre ellos que no podía entender por qué no se han confesado sus sentimientos de forma directa. Era una entidad, y claro que lo supo de inmediato que los miró. Incluso, podía leer los pensamientos del chico de trenza sin dificultades, y entendía sus razones por las que no quería ayudarla.

—¡No lo harás!

—¡¿Quien te crees que eres para decidir lo que quiero hacer?!

—¡Soy tu prometido, y por lo tanto me debes obedecer!— Dijo, tratando de que esa frase tan romántica hiciera efecto en el raciocinio de Akane. Ninguna mujer se resistiría a un hombre protector.

Todo se quedó en silencio. Eso honestamente parecía sonar tierno. O bueno, solo en su cabeza, porque Akane y la fantasma le miraron enojadas e incrédulas.

—Sonaste como un idiota.— Dijo Akane.

—Concuerdo contigo.— Secundó Ming Ue.

Con intensidad, sintieron como la tierra temblaba por debajo de sus pies. Ming Ue notó el movimiento brusco de las velas y las ofrendas de oro. Algo no estaba bien. Después de aquello, se escuchó un crujido, y enseguida, la fantasma se alertó aún más. —Quiere despertar.

—¿Eh? ¿Quién?— Preguntó Akane.

—Tatsuo. El samurái con quien mi padre quería casarme.— Suplicante les miró. —Alguien lo está despertando. Si eso sucede, no podré reunirme con mi amado en el más allá. Por favor. Ayúdenme.

La de cabellos cortos asintió decidida. No le gustaba que los demás atravesaran por dificultades, por lo que estaba dispuesta a lograr que ella descansara en paz. —Cuentas conmigo. ¿Qué hay que hacer?

—Buscar las dos mitades del pergamino por toda la zona, y unirlos en los balcones donde me asesinaron. Tienes hasta el anochecer para hacerlo, de lo contrario, no podré irme al más allá. El anillo te servirá de escudo en caso de que algo ocurra.

Movió su cabeza nuevamente de arriba a abajo. —De acuerdo.

Ranma suspiró derrotado. Sentía que lo iba a lamentar. Antes de que su prometida avanzara, el de ojos azules tomó el brazo de Akane, y la observó, rendido y con comprensión. Luego, dirigió su vista al espectro delante de ambos. —Si lo hacemos, ¿Nos dejas en paz?

—Doy mi palabra.— Respondió solemne.

—Bien. Entonces, te ayudaremos.

El olor del incienso inundaba la habitación que se encontraba a oscuras en una casa solitaria a las afueras del barrio Chino de Yokohama. Solo el fuego de las velas iluminaba el inquietante espacio, en donde se realizaba el ritual más importante para la persona que se encontraba ahí. Ese individuo, vestido con una capa color blanca realizaba un baile intenso. Se movía al compás de una invocación, esparciendo las cenizas de a quien quería despertar por el símbolo de la casa a la que pertenecía el ente.

—¡Oh, piedad! Te invoco a ti, el renacer, necesidad imperante.— Tomó una campana, haciéndola sonar, y con los restos de cenizas que le quedaban se pintó el símbolo de una serpiente en el brazo. —A quien está ahí, suplico hacerlo realidad.

Un jarrón chino de cientos de años de antigüedad, colocado en una especie de altar comenzaba a resquebrajarse. Las grietas se tornaron verdes, y el brillo intenso iluminaba el espacio en el que se encontraba depositado. Finalmente, comenzó a hacerse trizas, y de él emergió humo de color negro. El aire en ese cuarto se volvió turbio, y todos los objetos ubicados cerca comenzaron a levitar y a moverse de forma errática. Algunos terminaron siendo lanzados hacia los muros, y finalmente, frente al hombre de la capa blanca se manifestó una entidad intimidante.

—¡Señor!— El sujeto se arrodilló como un fiel sirviente. —He hecho lo que mis antepasados me pedían. Me alegra servirle a usted.

Una risa malévola se escuchó imponente. Los sonidos, parecidos a los de una armadura de metal tintinearon, y una espada se asomó cerca del cuello del pobre sujeto. Podía sentir el filo rozarle la epidermis.

—Levántate.

Hizo caso a la voz grave. Le miró directamente, asombrándose de verlo en vivo. Resultaba formidable su presencia. —Dígame, señor Tatsuo, ¿En que le puedo ayudar?

El samurái sonrió. —Hay un par de chicos a quienes necesitamos exterminar. No permitiré que Ming Ue se vaya al más allá, porque ella es mía.


¡Hola a todos!

Le traigo el primer capítulo de mi participación en esta dinámica de Halloween impulsada por la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma. Bueno, verán, soy de México, y se me ocurrió adaptar una de las leyendas de mi querido país. El callejón del beso, para quien sea de otro lugar, es real. La leyenda descrita al inicio del capítulo es la historia original, y todo se desarrolla en la ciudad de Guanajuato. Claro que aquí coloqué a Yokohama porque tiene un barrio chino, que aunque en realidad no es tan grande, para esta historia la haré como una especie de mini pueblo. Y bueno, China, Ranma, ya saben, la conexión. Ya sé que Halloween no es igual a día de muertos, pero de verdad quería tomar esta leyenda como inspiración.

Mi objetivo en este fic será tocar temas fantasiosos con toques sobrenaturales y romance. Si, les adelanto que habrá romance, demasiado. Otro de mis objetivos es hacer de esta historia una especie de arco post manga. Tendrá muchas referencias a la obra original, y es que lo decidí hacer de esta forma como una especie de tributo a Rumiko, por el estreno del remake. Así mismo quisiera profundizar en la cuestión de Ranma y Akane después de lo ocurrido en Jusenkyo. ¿Será que en los siguientes capítulos por fin se animen a decirse lo que sienten? ¿Y que hay de un beso?

Si quieren saberlo quédense a descubrirlo. Los capítulos lo haré con esta extensión de palabras, o puede que hasta un poco más extensos, pero trataré de hacer llevadera la lectura.

Gracias por su apoyo, y de todo corazón yo espero que este relato les guste.

¡Que tengan un gran día!

Con amor, Sandy.