Hola mis queridos lectores.

Gracias a todos los que agregaron esta pequeña historia a sus favoritos, y también a quienes se tomaron el tiempo de dejarme su review.

Karii Taisho: Hola! Te entiendo, incluso dan ganas de entrar en escena y empujarlo para que la bese jajaja. Admito que me está gustando ese estira y afloja, cuando parece que Kag puede caer, hace algo que la hace ver segura, independiente de sus nervios; pero llegará el momento en que no logrará resistir más y por fin dirá ese anhelado sí, o quizás no, ay no seee jajajaja.. Gracias por leer!

Cbt1996: Hola! Kagome es un caso muy, muy, pero muuuuuy especial jajajaja. Veremos cuánto más logra soportar esa resistencia; y más ahora que Inuyasha le soltó que ella no es un simple juego. ¿Será que eso movió alguna fibra dentro de Kag? No tengo ni la más mínima de cuánto tiempo pasará para que surja el amor o la separación. Muchas gracias por leer!

Annie Perez: Hola! Así es, Inuyasha ya puso las cartas sobre la mesa, ya le dejó claro que ella es alguien muy importante, sólo queda esperar cómo actuará Kag, y que pasará en el futuro con ellos. Muchas gracias por leer!

Rosa Taisho: Hola! Siiii, Inuyasha es un amor, decidido a conquistar a Kag y hacer todo lo que esté en sus manos para lograrlo; aunque sabemos que ya lo tiene ganado, ¿Quién se puede resistir a semejante hombre? Jajaja ok, me dejé llevar. Gracias por amar este fic!

MegoKa: Lo que amo de esta historia es que Kag no se deje conquistar tan fácilmente, ambos están luchando entre el si y el no, y solamente el verdadero logrará ese tan anhelado SI. No te apures, la vida a veces es comomeja. Me alegra que estés disfrutando de esta historia!


CAPITULO 6

KAGOME

-¡Señorita, no puede pasar!

-¡TENGO QUE IR CON ÉL! -grité con desesperación mientras intentaba zafarme del agarre de la enfermera-. ¡INUYASHA ME NECESITA! -seguía gritando en un intento por correr hacia esa sala.

-Los doctores se encargarán de que el joven esté bien. -dijo la enfermera tratando de tranquilizarme, pero era imposible.- Tiene que esperar en la sala.

Las lágrimas nublaban mi vista, y aún así sabía perfectamente que frente a mí estaban las puertas que daban hacia el quirófano. Mi corazón palpitaba a mil por hora, mientras caía arrodillada en el suelo y me culpaba por lo que había sucedido.

-¡Perdóname, Inuyasha! -sollocé cubriendo mi rostro mojado por las lágrimas-. Soy yo quien debería estar ahí y no tú.

Me recriminaba mientras que en mi mente solo había una imagen: Inuyasha tendido en la camilla, inconsciente, su rostro pálido, cubierto de sangre... Y ese estúpido accidente... ¿Cómo había podido pasar algo así? ¿Cómo habíamos llegado a esto? Hace unas horas estábamos coqueteando como siempre, algo que ya se había vuelto normal entre nosotros; y ahora... ahora él estaba peleando por su vida y yo no podía hacer nada.

Flash Back

-¡Señorita Higurashi! -susurró en mi oído distrayéndome de mis labores. Sonreí

-¡Joven Taisho! -me di la vuelta para quedar frente a él. Estábamos demasiado cerca, podía sentir su respiración y mi mirada se perdió en sus hermosos ojos dorados.

-¿Todo bien con la obra? -preguntó peligrosamente cerca de mis labios y lo empujé sutilmente.

-Con la obra está todo bien, pero parece que a ti se te olvida que en el trabajo debemos mantener una relación profesional.

Me alejé lo suficiente, dándole la espalda, intentando recupera la concentración. Volví a revisar los colores y la ubicación de anaqueles en aquel lugar que sería utilizado para una zapatería, aunque era difícil cuando tenía la mirada de Inuyasha clavada en mí. Sabía perfectamente que él estaba sonriendo.

-¿Sabes? -dijo Inuyasha apoyándose en la pared-. ¡A veces no te entiendo! -exclamó con frustración y diversión a la vez.

-¿Qué es lo que quieres entender? -pregunté haciéndome la desentendida.

-Ya han pasado tres meses -dijo acercándose nuevamente a mí-, y aún no aceptas que sientes cosas por mí. ¿A qué le tienes miedo?

Bajé los documentos que estaba revisando, y miré hacia la nada buscando una respuesta lógica para su pregunta. Sin embargo, lo único que pudo llegar a mi mente fueron los momentos en los que había intentado ignorar lo que ya era más que evidente, estos sentimientos que nacieron y fueron creciendo con la convivencia. Sentía una atracción innegable por Inuyasha, pero no podía permitirme perder el control de mis propios sentimientos.

-No es miedo, Inuyasha -respondí finalmente sin mirarlo-. Sólo es precaución. No podemos mezclar el trabajo con lo personal.

-¡Patrañas! -exclamó con seriedad.

-¿Qué? -pregunté confundida mientras volteaba para mirarlo.

-Ya oíste… ¡Patrañas! -se acercó a mí y me tomó por la cintura.

Solté una carcajada. Claramente él estaba haciendo referencia a mi película favorita "Cómo perder a un hombre en 10 días".

-¡Inu! Por favor, nos pueden ver -insistí alejándome nuevamente de él-. Podemos tener problemas.

-Kag, estamos cumpliendo con nuestro trabajo, no veo el problema por ningún lado -expresó encogiendo los hombros despreocupadamente.

-Pero…

-Bonita, -me interrumpió-, por una vez en la vida que te valga lo que diga la gente. ¡Ya sé! -chasqueó los dedos y una sonrisa se dibujó en su rostro-. Vamos a escapar un ratito del presente. Este fin de semana podemos…

-¡CUIDADO!

Los gritos de los trabajadores nos sobresaltaron; Inuyasha me soltó de inmediato y volteamos a ver qué pasaba. El encargado de manejar la grúa había perdido el control de ésta; el pilar de concreto que sostenía se balanceaba peligrosamente, hasta que los cables se zafaron y el pilar cayó en dirección hacia nosotros.

-¡KAGOME! -gritó Inuyasha

Sentí un fuerte empujón y caí al suelo, recibiendo un leve golpe en la cabeza que me aturdió a tal punto de nublarme un poco la vista. Me levanté con cuidado, y lo primero que hice fue buscar a Inuyasha.

-¡INUYASHA! -grité con todas mis fuerzas mientras corría hacia él.

Estaba tirado en el suelo, inconsciente, con el rostro pálido. Un charco de sangre se comenzó a formar bajo su cuerpo.

-¡Inu…! -intenté moverlo con cuidado-. ¡Inuyasha… despierta… por favor! -intenté hablarle en medio de mis sollozos-. ¡INUYASHA!

Los trabajadores se concentraron alrededor nuestro, algunos gritaban por ayuda, mientras que otros intentaban separarme de su lado, pero no lo permití. Todo parecía una pesadilla, una cruel y maldita pesadilla de la que no podía despertar.

-¡Llamen a una ambulancia! -escuché que alguien gritaba y en cuestión de minutos, los paramédicos llegaron al lugar.

Me separaron con dificultad de él; aunque no quería, tuve que ceder para que pudiera llevarlo al hospital. Sin embargo, cuando escuché a uno de los paramédicos decir que Inuyasha se encontraba muy grave, mi corazón se hizo pedazos. Si me hubiera movido a tiempo, nada de esto hubiera pasado.

Le colocaron la mascarilla de oxígeno sobre su rostro, y lo subieron a la camilla para llevarlo a la ambulancia. No lo pensé dos veces y me subí con ellos, me senté cerca de Inuyasha y tomé su mano. Nuevamente sentí un golpe al corazón cuando noté que el calor de su cuerpo se esfumaba lentamente.

-¡Inuyasha, no me dejes! -murmuré, sintiendo que el mundo se desmoronaba a mi alrededor.

Fin Flash Back

No podía dejar de llorar; en momentos miraba al cielo pidiendo un milagro para que Inuyasha estuviera bien. Las lágrimas no se detenían con nada, mi cuerpo seguía temblando, tenía miedo; miedo de no volver a ver sus hermosos ojos que me cautivaban, miedo de no escuchar su voz pronunciando mi nombre. Miedo de perder al hombre que se ganó mi corazón.

-Inuyasha -susurré-. Por favor... no me dejes.

-.-.-

Las horas pasaban lenta y tortuosamente, y en ningún momento me separé de la puerta del quirófano. Cada vez que ésta se abría, mi corazón daba un vuelco que se volvía a hacer añicos al no recibir noticias. Estaba desesperada, y me aferraba a la esperanza de que pronto despertaría de esta cruel pesadilla.

Finalmente, después de horas que parecieron siglos, las puertas del quirófano se abrieron. El doctor que salió se veía demasiado cansado, pero tranquilo, y eso me dio esperanza de que todo estaba bien.

-¿Familiares de Inuyasha Taisho? -preguntó el doctor y me puse de pie inmediatamente.

-¡Aquí! -mentí llegando a su lado-. ¿Cómo está Inuyasha?

-El señor Taisho se encuentra fuera de peligro -dijo con voz tranquila-. La operación fue algo complicada. Hubo una abertura en la cabeza debido al golpe, y nos preocupaba algún daño cerebral, pero afortunadamente no encontramos nada peligroso.

-¿Va a estar bien? -pregunté con temor.

-Las próximas 24 horas son cruciales. -dijo el doctor con gran seriedad y el miedo se volvía a apoderar de mí. No se preocupe, el pronóstico es favorable.

Lágrimas de felicidad caían por mis mejillas. A pesar de lo grave que se veía, Inuyasha estaba fuera de peligro. Por fin mi cuerpo se relajaba después de muchas horas de tensión.

-Doctor, ¿puedo verlo? -pregunté, casi suplicando.

-Solo podrás verlo por unos minutos -respondió el doctor-. Él necesita descansar por ahora.

Asentí rápidamente, dispuesta a hacer lo que fuera por estar a su lado, aunque solo fuera por un momento.

-Sígame -indicó el doctor.

Al llegar a la sala de cuidados intensivos, una enfermera me entregó una bata esterilizada, guantes, cubrebocas y un gorro para cubrir mi cabello. Me los puse lo más rápido que pude, y después caminé hacia la cama de Inuyasha.

Cuando estuve frente a el, no pude evitar llorar al verlo tan vulnerable; tenía vendajes en la cabeza y estaba conectado a varios monitores. Parecía como si estuviera dormido, su aspecto ni siquiera se asemejaba al hombre tan varonil, fuerte y seguro que conocía. Llevé mi mano a su mejilla y por fin, había recuperado la calidez de su cuerpo.

Como pude, logré convencer al doctor de que me dejara quedarme con Inuyasha, aunque fuera solo por esa noche. Quizás fue mi insistencia y desesperación los que hicieran que el doctor cediera a mi petición.

No me despegué ni un segundo de su lado, ni siquiera sabía cuántas horas habían pasado. Lo único en lo que podía pensar era en cuidar su sueño.

-Inuyasha -susurré mientras acariciaba su mejilla-. Te vas a recuperar… Te lo prometo, mi amor.

Sus ojos se abrieron en ese instante y nuestras miradas se conectaron.

-¿Qui…quién… e…eres?

Continuará…