Capítulo 14: La Orden del Fénix
–¡No aquí, niño! – Gruñó Moody. –¡Espera a que estemos dentro!
Arrancó el trozo de pergamino de las manos de Harry y le prendió fuego con la punta de su varita. Mientras el mensaje se retorcía en llamas y flotaba hasta el suelo, Harry miraba de nuevo a las casas contiguas.
Harry miró atentamente, y tan pronto habían alcanzado el lugar correspondiente al número doce de Grimmauld Place, una puerta bastante estropeada surgió de ningún sitio entre los números once y trece, inmediatamente seguida por unas paredes sucias y unas ventanas sombrías. Era como si una casa extra se hubiera inflado, desplazando de su camino a las que estaban a sus lados. Harry se quedó boquiabierto al verla.
–Vamos, deprisa –, gruñó Moody, empujando a Harry por la espalda.
Harry subió los peldaños de piedra y se quedó de pie ante una puerta que acababa de materializarse. Lupin sacó su varita y golpeó una vez la puerta con ella. Harry escuchó clicks metálicos y lo que parecía ser el estrépito de una cadena. La puerta se abrió con un crujido.
–Entra rápido, Harry–, susurró Lupin, –pero no te vayas muy lejos cuando estés dentro y no toques nada.
Harry traspasó el umbral de la puerta para adentrarse en la más absoluta oscuridad del recibidor. Podía oler la humedad, el polvo y un olor dulzón que parecía arraigado al lugar; el sitio daba la sensación de ser un edificio abandonado. Miró por encima de su hombro y vio a los demás entrando detrás de él, Lupin y Tonks transportando su baúl y la jaula de Hedwig.
Moody cojeó hasta el interior y cerró la puerta delantera, de modo que la oscuridad del recibidor se volvió completa.
Las voces silenciosas de los otros producían en Harry un extraño presentimiento; era como hubieran entrado en la casa de una persona muerta. Escuchó una ruido sibilante y suave y entonces unas lámparas de gas totalmente pasadas de moda volvieron a la vida a lo largo de las paredes, arrojando una parpadeante y escasa luz sobre el despegado papel de la pared y la raída alfombra durante un rato. El oscuro corredor apenas estaba iluminado por una luz tenue que reflejaban una tela de araña del techo y los marcos de unos retratos ennegrecidos por los años, que colgaban torcidos de las paredes.
Harry escuchó algo detrás del rodapié. Tanto la tela de araña, como los candelabros que estaban en una raquítica mesa cercana parecían tener forma de serpientes.
Se oyó el sonido de unos pasos rápidos y la señora Weasley, salió de una puerta situada al final del vestíbulo. Estaba sonriendo para dar la bienvenida y corrió rápidamente hacia ellos, aunque Harry se dio cuenta de que estaba bastante más delgada y pálida que la última vez que la había visto.
–¡Oh, Harry, es fantástico verte de nuevo! – susurró, apretándole en un abrazo antes de cogerle por el brazo y examinarlo críticamente. –Estás demasiado delgado, necesitas alimentarte, aunque me temo que tendrás que esperar un poco para cenar.
Se giró hacia la pandilla de magos que estaban detrás de él y susurró urgentemente,
–Acaba de llegar, la reunión ya ha empezado.
Los magos que estaban detrás de Harry hicieron sonidos de interés y excitación y empezaron a pasar uno detrás de otro hacia la puerta por la cual la señora Weasley acababa de salir. Harry hizo ademán de seguir a Lupin, pero la señora Weasley le retuvo.
–No, Harry, las reuniones son sólo para los miembros de la Orden.
Ron y Hermione están arriba, puedes esperar con ellos hasta que la reunión haya acabado, entonces cenaremos. Lo condujo a través de un horrible pasillo y vio a dos elfos domésticos por el camino.
–Señora Weasley, ¿por qué...
–Ron y Hermione te lo explicarán todo, querido, de veras que tengo que irme de prisa–, dijo la señora Weasley distraídamente.
–Allí...– Estaban alcanzando el segundo piso, tu puerta es la de la derecha, en un rato te alcanzará Ginny. Te llamaré cuando haya acabado.
Y de nuevo desapareció rápidamente escaleras abajo. Harry cruzó el sombrío piso, se encaminó hacia el tirador de la puerta, que tenía forma de cabeza de serpiente, y abrió la puerta. Echó un breve vistazo al tenebroso techo de la habitación; entonces, se oyó un fuerte ruido, seguido por un chirrido aún más potente, y su visión quedó totalmente oscurecida por el espesor de una gran cantidad de pelo. Hermione se lanzó hacia él en un abrazo que casi le desinfló, mientras la minúscula lechuza de Ron, Pidwidgeon, pasaba zumbando emocionada, una y otra vez, alrededor de sus cabezas.
–¡HARRY! ¡Ron!, ¡está aquí, Harry está aquí! ¡No te oímos llegar! ¿Oh, cómo estás? ¿Estás bien? ¿Has estado furioso con nosotros? Apuesto a que lo estabas, sé que nuestras cartas eran inservibles... pero no podíamos decirte nada. Dumbledore nos obligó a jurar que no te diríamos nada, oh, tenemos que contarte muchas cosas y tú tienes que contarnos también... ¡los Dementores! Cuando oímos –y aquella vista del Ministerio- ¡es simplemente un escándalo! He estado informándome, no te pueden expulsar, simplemente no pueden, hay una disposición en el Decreto de la Restricción del Uso de la Magia en menores que permite usar la magia en situaciones de vida o muerte
–Dale un respiro, Hermione, – dijo Ron, sonriendo mientras cerraba la puerta detrás de Harry. Todavía sonriendo, Hermione dejó libre a Harry, pero antes de que pudiera decir otra palabra, se oyó un suave aleteo y algo blanco salió disparado de lo alto del oscuro armario y aterrizó gentilmente en el hombro de Harry.
La blanquecina lechuza chasqueó su pico y mordisqueó su oreja de manera cariñosa, mientras Harry acariciaba sus plumas.
–Ha estado muy a gusto–, dijo Ron. –Picoteándonos hasta la muerte cuando trajo tus últimas cartas.
–Oh, sí–, dijo Harry. –Lo siento, pero necesitaba respuestas, sé que lo entienden...
–Queríamos dártelas, amigo–, dijo Ron. –Hermione creía que era demasiado. No paraba de decir qué harías algo estúpido si te sentías abandonado y sin noticias, pero Dumbledore nos hizo…
–Jurar que no me dirían nada–, dijo Harry. –Sí, Hermione ya lo dijo.
La sensación cálida que se había encendido en él al ver a sus dos mejores amigos se había extinguido, y ahora algo helado estaba inundando la boca de su estómago. En un instante después de haber estado suspirando por ver a todos durante un interminable mes, sintió que habría preferido que Ron y Hermione le dejaran solo en ese momento.
Se produjo un tenso silencio en el cual Harry acariciaba a Hedwig de manera automática, sin mirar a ninguno de los dos.
–Creo que pensó que era lo mejor–, dijo Hermione casi sin aliento, –Dumbledore, quiero decir.
–Bien–, dijo Harry. Se dio cuenta de que las manos de Hermione también estaban marcadas por los picotazos de Hedwig y descubrió que no lo sentía por ellos del todo.
–Creo que pensó que estarías más a salvo con los Muggles– empezó a decir Ron.
–¿Si? – dijo Harry, alzando sus cejas. –¿Alguno de ustedes ha sido atacado por Dementores este verano?
–Bueno, no, pero para eso es para lo que tiene a gente de la Orden del Fénix vigilándote todo el tiempo.
Harry sintió una gran sacudida en sus tripas, como si se hubiera saltado un escalón bajando las escaleras. Eso quería decir que todo el mundo sabía que estaba siendo vigilado, excepto él.
–Aunque eso no funcionó tan bien, ¿no? – dijo Harry, haciendo todo lo posible para mantener la voz intacta, en el mismo tono. –Tuve que cuidarme yo mismo después de todo, ¿no?
–Estaba muy enfadado–, dijo Hermione, con voz respetuosa. –Dumbledore. Lo vimos. Cuando descubrió que Mundungus se había marchado antes de que su turno hubiera acabado. Estaba muy asustado
–Bueno, estoy contento de que se hubiera marchado–, dijo Harry fríamente. –Si no lo hubiera hecho, no habría hecho magia y Dumbledore probablemente me hubiera dejado el resto del verano en Privet Drive.
–¿No estás... no estás preocupado por la visita al Ministerio de Magia?– dijo Hermione tranquilamente.
–No, – dijo Harry, desafiante.
Se alejó de ellos, mirando alrededor, con Hedwig acurrucada en su hombro, pero esa habitación no parecía no ayudarle a ahuyentar sus espíritus. Era oscura y tenebrosa. Fueron esas pantuflas que bien conocida al lado de la cama lo que lo devolvió a la calma.
–¿Entonces por qué Dumbledore tiene tantas ganas de mantenerme oculto? – preguntó Harry, todavía intentando hacer que su tono de voz sonara casual. –¿Alguno de ustedes le ha preguntado?
Echó una ojeada en el momento justo en el que vio a los dos intercambiando una mirada que le decía que se estaba comportando como ellos temían que lo hiciera. Pero esto no mejoró su humor.
–Le dijimos a Dumbledore que queríamos decirte lo que estaba pasando–, dijo Ron. –Lo hicimos, colega. Pero él está muy ocupado ahora, sólo le hemos visto dos veces desde que llegamos aquí y no tenía mucho tiempo. Simplemente nos hizo jurar que no te diríamos ninguna cosa importante cuando te escribiéramos. Dijo que las lechuzas podían ser interceptadas.
–Pero él podría haberme mantenido informado si hubiera querido, – dijo Harry, cortante. –No me quieran convencer de que él no tiene maneras de mandarme mensajes sin usar lechuzas. A lo mejor es porque cree que no puede confiar en mí.
–No seas idiota,– dijo Ron, mirándole desconcertado.
–O que no puedo cuidar de mí mismo.
–¡Por supuesto que no piensa eso! – dijo Hermione ansiosamente.
–¿Entonces cómo es que yo tengo que estar con los Dursley mientras todos están enterados de lo que está pasando aquí? – dijo Harry, mientras sus palabras se juntaban unas sobre otras apresuradamente, alzando más la voz a cada palabra que pronunciaba. –¿Como es que a ustedes se se les permite saber todo lo que está pasando?
–¡No se nos permite! – interrumpió Ron. –Mi madre no nos deja oír lo que dicen en las reuniones, dice que somos muy jóvenes
Pero antes de que se diera cuenta, Harry estaba gritando.
–ENTONCES NO HAN ESTADO EN LAS REUNIONES ¡QUÉ GRAN COSA! PERO HAN ESTADO AQUÍ ¿VERDAD? ¡HAN ESTADO JUNTOS! YO, YO HE ESTADO SOPORTANDO A LOS DURSLEYS! DURANTE UN MES! ¡Y HE ESTADO ENVUELTO EN MÁS DE LO QUE NINGUNO DE USTEDES DOS HA ESTADO ENVUELTO NUNCA Y DUMBLEDORE LO SABE ¿QUIÉN SALVÓ LA PIEDRA FILOSOFAL? ¿QUIÉN ENTREGÓ EL DIARIO DE RIDDLE? ¿QUIÉN SALVÓ SU PELLEJO DE LOS DEMENTORES?
Toda la amargura y el resentimiento que Harry había estado soportando durante el último mes estaba saliendo de él: su frustración por la ausencia de noticias, el daño que le había hecho que todos ellos estuvieran juntos sin contar con él, su ira porque le hubieran estado siguiendo sin que nadie se lo dijera, todos los sentimientos de los que estaba medio avergonzado finalmente se estaban desbordando.
–¿QUIÉN TUVO QUE VENCER DRAGONES Y ESFINGES Y TODAS ESAS ESTÚPIDAS COSAS EL AÑO PASADO? ¿QUIÉN LE VIÓ A EL VOLVER? ¿QUIÉN TUVO QUE ESCAPAR DE ÉL? ¡YO!
Ron estaba de pie con la boca medio abierta, totalmente petrificado y sin encontrar algo que decir, mientras que Hermione parecía estar a punto de echarse a llorar.
–¿PERO POR QUÉ TENDRÍA YO QUE SABER LO QUE ESTÁ PASANDO? ¿POR QUÉ DEBERÍA NADIE DECIRME QUE ES LO QUE HA ESTADO OCURRIENDO?
Harry, queríamos decírtelo, de verdad que queríamos– Empezó a decir Hermione.
–NO LO DESEABAN DEMASIADO ¿VERDAD? PORQUE SI NO ME HABRÍAN ENVIADO UNA LECHUZA, PERO DUMBLEDORE LES HIZO JURAR
–Bueno, sí, lo hizo.
–CUATRO SEMANAS AGUANTANDO EN PRIVET DRIVE, ROBANDO PERIÓDICOS DE LOS CUBOS DE BASURA PARA INTENTAR DESCUBRIR LO QUE ESTABA OCURRIENDO.
–Queríamos
–SUPONGO QUE HAN PASADO TODOS UN BUEN RATO ¿VERDAD? TODOS AQUÍ JUNTOS, APOYÁNDOSE
–No, sinceramente
–¡Harry, lo sentimos mucho!– dijo Hermione, desesperada, sus ojos brillando con lágrimas. –Tienes toda la razón, Harry ¡yo estaría furiosa si me hubiera pasado a mí!
–De todos modos ¿qué sitio es éste? – les espetó a Ron y a Hermione.
–La sede central de la Orden del Fénix–, dijo Ron finalmente.
–Alguno de ustedes piensa decirme qué es la Orden del Fénix?
–Es una sociedad secreta, – dijo Hermione rápidamente. –Dumbledore está a cargo, él la fundó. Son las personas que lucharon la última vez contra Quién-Tú-Sabes
–¿Quién está en ella? – preguntó Harry, haciendo una pausa con las manos en los bolsillos.
–Bastantes personas, hemos conocido alrededor de veinte de ellos, – dijo Ron, –pero creemos que hay más.
Harry les echó una mirada feroz. – ¿Y bien?– preguntó, mirando a uno y a otro.
–Eh, – dijo Ron.
–¿Y bien qué?
–¡Voldemort!– dijo Harry furioso, y tanto Ron como Hermione se estremecieron. –¿Qué está pasando? ¿Qué está tramando? ¿Dónde está? ¿Qué están haciendo para detenerlo?
–Te lo hemos dicho, la Orden no nos deja estar en sus reuniones, – dijo Hermione nerviosa. –Por eso no sabemos los detalles, pero tenemos una idea general, a la única que le permiten entrar es a Ginny. Incluso ahora mismo ella está allí.
Ante el nombre de la persona que más anhelaba ver la ira se fue por un momento y sólo quedó el dolor. Él sabía que durante el verano ella nunca le enviaba cartas, ella misma le había dicho que no lo haría cuando se separaron en la estación. Sin embargo, no por eso dolía menos.
Sus amigos continuaron hablando y cuando por fin les pudo prestar su atención ya estaban hablando de más temas.
–Siempre están hablando acerca de vigilar algo.
–¿Puede que se refirieran a mí, no? – dijo Harry sarcásticamente.
–Oh, sí, – dijo Ron, con una mirada comprensiva.
Harry suspiró con rabia. Empezó a dar vueltas por la habitación otra vez, mirando a todas partes menos a Ron y a Hermione.
–¿Entonces en que han estado tan ocupados?
–Hemos estado descontaminando esta casa. Ha estado vacía durante años y un montón de cosas asquerosas se han estado alimentando aquí. Hemos conseguido dejar limpia la cocina, casi todas las habitaciones y creo vamos a empezar con el salón ma...¡AAAARGH!
Con dos fuertes cracks, Fred y George, se habían materializado en el aire, en el medio de la habitación.
–Hola, cuñado, – dijo George, sonriéndole. –Nos pareció haber escuchado tu dulce tono de voz.
–No reprimas tu enfado, Harry, deja salir todo lo que llevas dentro, – dijo Fred, también sonriendo. –Debe de haber un par de personas en cincuenta millas a la redonda que no te hayan oído.
Entre todos lo pusieron al corriente en lo que pasaba en la familia Weasley
–Hagas lo que hagas, no menciones a Percy delante de mamá y papá, – le dijo Ron a Harry con voz tensa.
–¿Por qué no?
–Porque cada vez que se menciona el nombre de Percy, mi padre rompe algo que está sujetando y mi madre empieza a llorar– dijo Fred.
–Ha sido horrible–, dijo Ron.
–¿Qué pasó? – preguntó Harry.
–Percy y papá tuvieron una discusión, – dijo Fred. –Yo nunca he visto a papa pelearse con nadie de esa manera. Normalmente la que grita es mamá.
–Percy llegó a casa y nos dijo que le habían ascendido
–¿Estás bromeando?,– dijo Harry. Percy había cometido justamente la gran equivocación de no darse cuenta de que su jefe había sido controlado por Lord Voldemort (aunque el Ministro no lo hubiera creído, puesto que todos creían que el señor Crouch se había vuelto loco).
–Sí, estábamos todos sorprendidos–, dijo George, –porque Percy se metió en un montón de problemas relacionados con el tema de Crouch, hubo un interrogatorio y todo eso. Dijeron que Percy tendría que haberse dado cuenta de que Crouch estaba loco de remate e informar a un superior.
–Llegó a casa muy satisfecho consigo mismo, incluso más de lo habitual, si puedes imaginarlo, y le dijo a papá que le habían ofrecido un puesto en la propia oficina de Fudge. Un puesto muy bueno para alguien que sólo lleva un año fuera de Hogwarts: Asistente Menor del Ministro. Creo que él esperaba que papá estuviera impresionado
–Sólo que Papá no lo estaba, – dijo Fred, sonriendo abiertamente. –Aparentemente Fudge estuvo echando pestes por todo el Ministerio, actualmente Dumbledore tiene muy mala fama en el Ministerio, Todos piensan que sólo está tratando de crear problemas diciendo que Ya-Saben-Quien ha vuelto
–El punto, es que Percy perdió totalmente los estribos. Dijo...bueno, dijo un montón de cosas horribles. Dijo que ha estado luchando contra la malísima reputación de Papá desde que entró en el Ministerio y que Papá no tiene ambición y por eso es por lo que siempre hemos sido...bueno, ya sabes...quiero decir que no tenemos mucho dinero...
–¿Qué? – dijo Harry.
–Y fue aún peor. Dijo que Papá era un idiota por seguir alrededor de Dumbledore, que Dumbledore era la cabeza de grandes problemas y que Papá iba a caer con él, y que él -Percy- sabía donde yacía su fidelidad y que eso era en el Ministerio. Y que si Mamá y Papá iban a convertirse en traidores del Ministerio iba a asegurarse de que nadie supiera nunca más que él pertenecía a nuestra familia. Entonces, hizo sus maletas esa misma noche y se marchó. Ahora está viviendo aquí, en Londres.
Harry estaba demasiado sorprendido, no había esperado eso de él.
–Pero Percy tiene que saber que Voldemort ha vuelto, – dijo Harry tranquilamente. –Él no es estúpido, tiene que saber que tu madre y tu padre no arriesgarían todo sin ninguna prueba. Y aunque él puede creer que soy un mentiroso, es imposible que no le crea Ginny.
–Sí, bueno, Ginny también estuvo involucrada– dijo Ron, lanzándole a Harry una mirada furtiva, sabía que su amigo era propicio a explotar cuando el nombre de su hermana era dicho para algo malo. –Percy dice que dado que Ginny nunca ha dicho nada de si es verdad o no, es seguro que él está haciendo lo correcto
–¿De qué estás hablando? – preguntó Harry, mirando alrededor, a todos ellos. Todos le estaban devolviendo la mirada con temor.
–Ginny ha permanecido callada en todo este asunto, – Dijo Hermione por fin, después de un largo silencio que nadie más se atrevió a romper. –El profesor Dumbledore la ha obligado a asistir a cada reunión para forzarla a hablar acerca de lo que pasará y lo que está pasando, pero ella se niega a hablar, no ha pronunciado una palabra desde que salimos de vacaciones.
–Sólo escuchamos su voz una vez. –Le corrigió Fred con amargura –Cuando la primera noche que pasamos aquí gritó tanto mientras dormía que mamá comenzó a poner hechizos silenciadores cada noche en esta habitación. Por su puesto el terror en todos aumentó mucho esa noche.
Harry no preguntó más y dejó que continuaran hablando, del Profeta y cómo lo tachaban a él de mentiroso. Pasaron gran tiempo charlando, cuando de pronto fueron interrumpidos por Tonks, quien entró con una mirada incómoda y le pidió a Harry que bajara a la reunión.
Todos bajaron en tropel atrás de Harry, la gran puerta estaba abierta, con una mesa llena de personas. Con Dumbledore a la cabecera. Harry carraspeó incómodo, sin saber si pasar o no.
La silla que estaba al pie de la mesa se movió y Ginny apareció, el respaldo había ocultado su cabeza de Harry. Ella soltó un chillido de la más pura alegría y tirando la silla a un lado se arrojó hacia Harry con una gran sonrisa y dando pequeños gritos de emoción.
En ese instante Harry olvidó toda la ira que pudo haber sentido y la abrazó, oliendo profundamente su cabeza, ese aroma floral característico siempre lo calmaba. Apenas y sintió cuando ella llenó de besos su cara mientras exclamaba lo preocupada que estaba por el susto que se había llevado.
–No te preocupes cariño, estoy bien…– Apenas Harry pudo pronunciar esas palabras cuando su boca fue ocupada en actividades más placenteras. Tras lo que pareció un segundo fueron separados por Bill, quien parecía bastante molesto.
–Bueno, le damos la bienvenida señor Potter, – Dijo Dumbledore son un brillo en los ojos –Querida señorita Weasley, ya está aquí, no daría el placer de continuar con la reunión.
–Querido, acércate con Ginny, los demás niños regresen a su habitación, los llamaremos cuando vayamos a cenar. –dijo la señora Weasley con una sonrisa forzada.
–Espera Molly – dijo Sirius girándose para mirar a Harry. –Sabes, estoy sorprendido contigo. Pensé que la primera cosa que harías cuando llegaras sería preguntar por Voldemort.
La atmósfera en el cuarto cambió con la rapidez que Harry asociaba a la llegada de los Dementores. Unos segundos antes estaba somnoliento y relajado, ahora estaba alerta, incluso tenso. Una sensación gélida había recorrido la mesa ante la mención del nombre de Voldemort. Lupin los miró cauteloso.
–¡Yo pregunté! – exclamó Harry con indignación. –Les pregunté a Ron y Hermione pero ellos dijeron que a nosotros no nos aceptan en la Orden, así que…
–Y ellos tienen toda la razón, – dijo la Sra. Weasley. –Tú eres demasiado joven
Estaba sentaba muy erguida en su silla, los puños apretados fuertemente, cualquier rastro de alegría forzada había desaparecido.
–¿Desde cuándo alguien tuvo que estar en la Orden del Fénix para hacer preguntas? – dijo Sirius. –Harry estuvo atrapado en esa casa Muggle durante un mes. ¡Él tiene el derecho de saber qué ha pasado!
–¡Un momento! – interrumpió George casi gritando.
–¿Cómo es que Harry consigue que sus preguntas sean contestadas? – dijo Fred con ira.
–¡Hemos intentado conseguir información de ustedes durante un mes y no nos han dicho una sola cosa! –agregó George.
–"Eres demasiado joven, tú no estás en la Orden"– dijo Fred, con una voz aguda que sonó increíblemente parecida a la de su madre.
–¡Harry no tiene edad!
–No es mi culpa si no les han dicho lo que está sucediendo en la Orden– señaló Sirius con calma, –es la decisión de sus padres. Harry, por otra parte...
–¡No te corresponde a ti decir qué es bueno para Harry! – dijo la señora Weasley bruscamente, la expresión de su cara habitualmente amable lucía peligrosa.
–¿A quién le corresponde entonces? ¿A ti? – Preguntó Sirius con burla –Sólo porque tu hija se le metió por los ojos a mi ahijado, no te convierte a ti en la madre de Harry
–Basta Sirius, no permito que le faltes el respeto a Ginny o a su familia. – Harry intervino conteniendo su ira, y no sintió ni un poco de remordimiento cuando su padrino lo miró con dolor, pero estaba demasiado furioso para contenerse y casi ignorando a su ahijado se dirigió a la señora Weasley.
–Él fue el que vio a Voldemort regresar– Hubo un estremecimiento colectivo alrededor de la mesa con la sola mención del nombre. – Tiene más derecho que nadie
–Él no es un miembro de la Orden del Fénix!– dijo la señora Weasley, –Sólo tiene quince años y
– Y ya ha pasado por lo mismo que muchos en la Orden– dijo Sirius –e incluso más que otros
–¡Nadie niega lo que ha hecho!– dijo la Sra. Weasley –Pero él es todavía
–No es un niño –expresó Sirius con impaciencia
–¡Tampoco es un adulto! – dijo la Sra. Weasley, las mejillas enrojecidas. –¡No es James, Sirius!
–Tengo perfectamente claro quién es, gracias, Molly– dijo Sirius con frialdad.
–¡No estoy tan segura! – señaló la Sra. Weasley. –¡A veces, la manera que hablas de él es como si pensaras que tu mejor amigo ha vuelto!
–¿Qué hay de malo en eso?– preguntó Harry, dolido de que estuvieran discutiendo sobre él como si no estuviera presentes.
–¡Lo malo, Harry, es que no eres tu padre, aunque te parezcas mucho!– aclaró la Sra. Weasley, sus ojos todavía fijos en Sirius. –¡Todavía estás en la escuela y los adultos responsables de ti no deberían olvidarlo!
–¿Eso significa que soy un padrino irresponsable? – reclamó Sirius, alzando la voz.
–¡Todos sabemos que actúas precipitadamente, Sirius, es por eso que Dumbledore te pidió quedarte en casa y…
–Personalmente, – dijo Lupin con calma, interrumpiendo cuidadosamente la conversación y alejando la mirada de Sirius, mientras la señora Weasley giraba rápidamente hacia él, esperanzada de que finalmente había conseguido un aliado
–Pienso que es mejor que Harry conozca los hechos, no todos los hechos, Molly, pero una imagen general, de nosotros, antes que una versión alterada por …otros–Su expresión era suave, pero Harry estaba seguro de que Lupin se refería a Ginny
–Bien– dijo la Sra. Weasley, respirando profundamente y mirando alrededor la mesa, buscando una ayuda que no vino –Bien… Puedo ver que nadie me apoya. Solo diré esto y hablo como alguien que tiene los mejores deseos para Harry de todo corazón
–Él no es tu hijo– dijo Sirius de nuevo, calladamente.
–Es como si lo fuera– dijo la Sra. Weasley con ferocidad. –¿A quién más tiene?
–¡Me tiene a mí!
¿Sí? – dijo la Sra. Weasley, frunciendo el labio, –El tema es que ha sido bastante difícil para ti cuidar de él mientras estabas encerrado en Azkaban, ¿verdad?
Sirius comenzó a levantarse de su silla
–Continuamos con la reunión por favor. Molly querida, me harías el favor de permitir que se queden acá el resto de los jóvenes Weasley. – Dijo Dumbledore conciliador, pero ya impaciente, poniendo fin a la apasionante discusión.
Los ánimos se calmaron y todos regresaron a sus asientos. Fred George, Ron y Hermione se recargaron contra la pared y guardaron silencio.
–Bien, ¿podemos continuar Ginevra? – Preguntó Dumbledore asintiendo hacia ella. Y Harry lo miró con extrañeza, nunca había escuchado el nombre de su novia completo de la boca de alguien, y de pronto recordó que en otra ocasión la profesora McGonagall también la había llamado así.
–Intentarán atacarlo legalmente mañana, de hecho, sería buena idea llegar un par de horas antes, si todo sale bien saldrá bien librado. – Dijo Ginny mientras miraba a los ojos a Dumbledore. Y un molesto sonido salió de Moody, claramente harto de ella.
–Sabes bien que eso no nos interesa ahora mocosa.– Dijo con un gruñido Ojoloco, mientras casi todos los que conocían a Harry, lo miraban con ira ante esas palabras. –Queremos saber los planes de los mortífagos.
–No es algo en lo que deba intervenir yo, como ya les he dicho en otras ocasiones, no puedo cambiar lo que debe pasar sin que cosas peores vengan. –Ginny respondió con calma y frialdad. –No quieren escuchar lo que pasará y mucho menos lo que se debe hacer, no están listos para ello.
Dumbledore casi perdió su buen humor y su semblante se inundó de decepción.
–Ginevra creo que todos los que estamos en esta mesa somos lo suficientemente maduros para afrontar la verdad. –Dumbledore le dirigió una mirada a Harry, como ordenándole que interviniera. Él no quería ponerse en contra de su novia, pero cada vez estaba llegando más al límite de su desperación por no saber las cosas.
–No podrá usar a Harry para obligarme a decir cosas prohibidas. –Dijo Ginny finalmente mostrando una expresión que no era frialdad –No tengo la intención de decirle más de lo que necesita saber, y sé que me comprenderá profesor, después de todo usted siempre ha buscado el bien mayor ¿no?
Esas palabras fueron dichas como si significaran algo para ellos dos, y seguramente era así ya que el rostro de Dumbledore adquirió un tono pálido que sorprendió a todas las personas presentes, incluso Ojoloco Moody no lo había visto perder tanto la compostura ni siquiera durante la peor época de la primera guerra mágica.
–Me parece, Señorita Weasley, que esta conversación no está llegando a ningún lado, – Dijo el director tras recomponerse de la situación. –Estoy dispuesto a hacer concesiones a cambio de información, incluso la más mínima que nos pueda dar.
El silencio se apoderó de la sala. Un silencio incómodo y lleno de tensión.
–¿Por qué no le preguntas a Colin, Ginny? Él te está ayudando a separar toda tu información, revisen todo y compartan a la Orden la información depurada. – Hermione intervino y le dijo con calma
Ginny pensó por un momento, no le serviría de nada continuar comportándose de esa manera. La Orden del Fénix llegaría a su fin al igual que Dumbledore, sin embargo, faltaba tiempo para que pasara.
–Bien, – Dijo finalmente, pensando con mucha atención. –Lo consultaré con Colin y decidiremos juntos qué puedo compartir y qué no.
La mesa se calmó cuando Dumbledore aceptó ese trato, a pesar de que prácticamente todos estaban inconformes.
Harry era el más molesto de todos, sentía como si un monstruo horrible acabara de despertar en su interior, odiaba a muerte la idea de que Ginny confiara más en Colin que en él, y se sintió aún peor cuando recordó que por varios meses ella confió en él más que en nadie y eso no habría cambiado si Harry no se hubiera sentido incómodo con la información que ella sabía sobre él mismo.
Ginny estaba triste cuando le ofreció dejar de contarle todo y evitar ver cosas sobre su propio futuro, y él estaba tan feliz de estar en igualdad de condiciones que no supo lo que había aceptado, y lo que perdió al hacerlo.
:d
