¡Dioses! Cómo me costó escribir este último one-shot que le daría cierre a todo el Challenge, me disculpo si me faltó escribir uno pero es que no tenía idea de que hacer, por más que pensaba y pensaba, no me venía nada a la mente como para desarrollar una buena historia.
Espero que este one-shot final les guste, por cierto, está basado en una story de Instagram que publicó mi sistah, Wildernesscomics, durante las vacaciones de verano, le tomé captura de pantalla y leí algo en esa story que me sirvió para escribir en base a eso.
Gracias, ahora sí, disfruten el one-shot, no los molesto más.
One-shot XXXI: "You make me a better person"
La casa de Francis y Piama estaba llena de risas, juegos y el bullicio típico de una reunión familiar. Malcolm miró a su alrededor mientras se acomodaba en el sofá de la sala, disfrutando el aroma de la comida casera que Piama estaba preparando. Dewey, Jamie y Andy estaban en el patio trasero, corriendo detrás de Chiara y Mason, los hijos de Francis. Las risas resonaban, llenando el ambiente de alegría.
-¡Mira eso!-le dijo Malcolm a su hermano, Reese, señalando a los más pequeños de la familia-parece que la siguiente generación está lista para crear su propia versión del caos-
-Sí-concordó Reese quien estaba a su lado riéndose-pero al menos ya no tenemos que ser los que los cuidamos. Ya no somos los más jóvenes de la casa ¿verdad?-
Ambos compartieron una sonrisa de complicidad, era un momento de tranquilidad en medio del bullicio familiar, y Malcolm sintió que era una oportunidad perfecta para hablar con Reese.
-Oye, ¿quieres salir a dar una vuelta?-le preguntó Malcolm levantándose del sofá-necesito un poco de aire fresco-Reese asintió, y juntos salieron al porche que daba al patio trasero. El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de tonos naranjas, rosados y violáceos, creando un ambiente perfecto para la conversación-es bueno estar aquí-añadió recargándose en el barandal-a veces… me siento un poco distante de todos. Pero hoy, ver a todos juntos me hace sentir como en casa-
-Lo sé-respondió Reese, mirando a los menores jugar-es como si el tiempo no hubiera pasado. Siempre hemos tenido esta conexión, a pesar de lo que nos ha separado-
Mientras observaban a Dewey intentar enseñarle a Jamie a montar en bicicleta, Malcolm sintió una oleada de nostalgia.
-¿Recuerdas cuando éramos nosotros los que hacíamos eso?
-Oh, sí. Vaya que lo recuerdo-dijo Reese con una risa-y yo siempre terminaba cayéndome. A veces pienso en cuánto hemos cambiado-
Malcolm se volvió hacia él, sintiendo que era el momento de abrir su corazón.
-Gracias por amarme tanto, incluso cuando a veces he llegado a comportarme como un completo monstruo.
-No, gracias a ti por no haberte rendido conmigo-dijo Reese mirándolo con sinceridad.
Un silencio cómodo se produjo entre ellos mientras observaban a los niños que reían y se empujaban unos a otros.
-El lazo que hay entre tú y yo, nadie podría siquiera entenderlo-dijo Malcolm, sintiendo que la conexión era más fuerte que nunca.
-Es cierto-respondió Reese, cruzando los brazos sobre el barandal-lo que está mal en ti, es bueno para aquello que está mal en mí. Nos equilibramos de una manera que nunca podría haber imaginado-
Malcolm sonrió, sintiendo una calidez en su pecho.
-Quiero estar así contigo para siempre.
Reese se acercó un poco más, mirándolo a los ojos.
-Y yo contigo. No importa lo que pase, siempre estaremos juntos en esto.
Justo cuando estaban a nada de besarse, un grito de alegría interrumpió el momento. Chiara y Mason estaban corriendo hacia ellos, seguidos por Dewey y Andy, con sonrisas radiantes en el rostro.
-¡Ganamos! ¡en sus caras!-gritó Chiara, con los brazos en alto.
Reese y Malcolm intercambiaron miradas, sus corazones llenos de orgullo por sus hermanos menores y sobrinos. Era un momento hermoso, una representación de la familia que en raras ocasiones había estado presente.
-A veces, ver a los más pequeños me recuerda lo importante que es apoyarnos mutuamente-dijo Malcolm sintiéndose más unido que nunca a su hermano mayor.
-Sí, y les estamos mostrando cómo hacerlo-añadió Reese, con una sonrisa-solo espero que aprendan de nuestros errores-
Ambos rieron, disfrutando de la calidez del momento. La vida había sido injusta y complicada con ellos, pero en ese instante, todo encajaba. Agradecidos por el apoyo mutuo, sabían que siempre estarían ahí para enfrentar cualquier cosa, juntos. Mientras los niños seguían jugando y la tarde se desvanecía dándole paso al anochecer, Malcolm y Reese se quedaron en silencio, solo disfrutando del momento, sin que se diera cuenta, Reese colocó un brazo alrededor de los hombros de su hermano menor sabiendo que, a pesar de todo, siempre serían mejores personas gracias al otro.
