Atención: Pokémon no me pertenece.


Otra sosa Natalia/Natu

La calma antes de la tormenta

La lacaya de Mew entra en escena.


Natalia como todos los demás inicio su vida desde el cascarón, sintiendo cómo sus alas y cuerpo diminuto comenzaban a moverse por primera vez. El mundo exterior la llamaba. Con esfuerzo, rompió la ultima barrera, encontrándose rodeada por primera vez por la naturaleza. Era una Natu, una pequeña ave de plumaje verde brillante con detalles rojos y amarillos en su cabeza.

Parpadeó, ajustándose a la luz del sol. Sus pequeños ojos redondos exploraron el entorno: un nido en la copa de un árbol, protegido por las frondosas ramas y las hojas que susurraban con el viento. El cielo azul se extendía ante ella, y abajo, el vasto mundo Pokémon la esperaba. Alzó la mirada hacia el cielo, sintiendo una conexión profunda con el universo y los misterios que aún no comprendía. Su aventura acababa de comenzar.

Decidió explorar el mundo más allá de su nido. Con sus pequeñas alas y su habilidad para saltar largas distancias, avanzó por un sendero que serpenteaba a través de un bosque denso. Los sonidos del ambiente la envolvían: el susurro de las hojas, el canto de los Pokémon voladores y el crujir de las ramas bajo sus patas. Cada rincón le parecía fascinante, lleno de misterios por descubrir.

Después de un rato, se topó con una zona rocosa, un área que contrastaba con el verde del bosque. El suelo era áspero, cubierto de rocas afiladas y minerales relucientes. Natalia, intrigada, continuó avanzando, sin saber que había cruzado a un territorio peligroso. De pronto, un grupo de Aron apareció frente a ella, emergiendo de entre las piedras como si formaran parte del paisaje. Eran pequeños, pero sus cuerpos metálicos brillaban bajo la luz del sol, y sus ojos, afilados como cuchillas, la observaban con desconfianza.

Antes de que pudiera reaccionar, una Lairon, mucho más grande y formidable, apareció rugiendo desde una colina cercana. Era Esmeralda, la líder del grupo, reconocible por una cicatriz en uno de sus costados, donde el metal de su cuerpo había sido desgarrado alguna vez. Sus ojos resplandecían con furia.

—¿Quién eres tú y qué haces en mi territorio? —Gruñó Esmeralda, su voz resonando con autoridad.

Natalia retrocedió, sorprendida por la hostilidad de la bienvenida. No había esperado causar problemas, pero estaba claro que había invadido un área que no debía.

—Yo... solo estaba explorando —Respondió con voz temblorosa, intentando mantener la calma.

—¡Explorando! —Bufó Esmeralda, avanzando con pasos pesados que hacían temblar el suelo bajo sus pies. —Este es nuestro hogar. No toleramos intrusos, y menos a uno tan frágil como tú. ¡Vete ahora, antes de que te aplaste como el Wurmple que eres!

Los Aron alrededor de Esmeralda se acercaron, gruñendo en apoyo a su líder, cerrando lentamente el círculo alrededor de Natalia. La joven Natu sintió el peligro inminente. Estaba acorralada, sin saber cómo escapar de la situación; ni siquiera se había tomado la molestia de aprender a volar de lo emocionada que estaba de vivir aventuras.

—Yo... no quiero problemas —Intentó decir, pero su voz era apenas un susurro ante la intimidante presencia de Esmeralda y su manada.

La Lairon dejó escapar un rugido bajo. —Pues ya los tienes.

Natalia sabía que tenía que actuar rápido o podría ser aplastada bajo las pesadas garras de Esmeralda y su grupo. Respiró hondo, tratando de mantener la calma a pesar del temblor en sus patas. Sabía que no podía simplemente darse la vuelta y huir, no con Esmeralda y su manada rodeándola. Aun así, no podía pelear con ellos. No tenía otra opción más que hablar.

—No quiero causar problemas —Dijo Natalia con voz suave, mirando a Esmeralda a los ojos—. Solo estaba explorando, no sabía que este era su territorio.

Esmeralda frunció el ceño, observando a la pequeña. Sus ojos, afilados como cuchillas, parecían analizar cada movimiento de Natalia.

—¿Explorando? —Repitió Esmeralda con un tono burlón—. Este es un lugar peligroso para alguien tan pequeño y débil como tú. ¿Acaso no sabes que aquí gobernamos nosotros?

—Lo sé ahora —Respondió, manteniendo su voz firme a pesar de la amenaza que la rodeaba—. Y ya iba a marcharme, no tengo intención de quedarme ni de causar más molestias.

Esmeralda dio un paso adelante, haciendo temblar el suelo bajo sus pies metálicos.

—¿Y por qué debería dejarte ir? —Preguntó, su tono desafiante—. Eres una intrusa. Si dejamos que cualquiera como tú pase por aquí, perderemos el respeto de los demás.

Los Aron gruñeron en apoyo, acercándose aún más. Natalia podía sentir su respiración pesada, y el miedo comenzó a hacerse más fuerte.

—Porque no soy una amenaza —Replicó Natalia con más fuerza de la que sentía—. Solo estoy de paso, buscando aprender y conocer más del mundo. No vine a pelear ni a robar nada.

Esmeralda levantó la cabeza con arrogancia, su cuerpo reluciente bajo la luz del sol.

—Las palabras no significan nada aquí, pequeña. Este es un mundo donde los fuertes sobreviven y los débiles caen. Y tú, Natu, pareces estar en la segunda categoría.

Natalia tragó saliva, pero no se echó atrás. Sabía que tenía que seguir hablando, intentar razonar, aunque fuera difícil.

—Puede que no sea fuerte como ustedes —Admitió—, pero eso no significa que no pueda tener valor. No busco desafiar su autoridad. Solo pido que me dejen marcharme en paz.

Esmeralda la miró por un momento en silencio. Su mirada no mostraba compasión, sino un análisis frío y calculador. Finalmente, después de un largo silencio, habló.

—Tienes agallas para ser tan pequeña —Dijo con desdén—, pero no sé si eso será suficiente para ganarme en un combate.

El aire se volvió denso y pesado cuando Esmeralda decidió no permitir que Natalia se marchara tan fácil. Con una mirada cargada de furia, la líder de los Aron y Lairon rugió, haciendo temblar el suelo bajo sus poderosas patas.

—Te dije que no sobrevivirías aquí, intrusa —Gritó Esmeralda, cargando hacia Natalia con una velocidad sorprendente para su tamaño. —¡Si quieres irte, tendrás que vencerme o morir en el intento!

Natalia, con sus pequeñas patas temblorosas, apenas tuvo tiempo para reaccionar. Sus plumas se erizaron y sus alas comenzaron a moverse por su instinto de supervivencia, aunque no pudo alzar el vuelo esa vez, creo un débil campo psíquico para defenderse.

Esmeralda lanzó un Cabeza de hierro con toda su fuerza. Natalia apenas pudo levantar una barrera de energía psíquica a tiempo, pero el impacto fue brutal. La barrera se rompió al instante, y el golpe la envió rodando varios metros hacia atrás, raspando el suelo y dejando un rastro de polvo.

—¡No soy rival para ella en fuerza! —Pensó Natalia con el corazón desbocado, luchando por mantenerse en pie. Sabía que no podía permitirse caer. Aunque estaba aterrada, algo dentro de ella se negó a rendirse.

Esmeralda volvió a cargar, se abalanzó con todo con un poderoso Testarazo envolviendo su todo su cuerpo con una energía increíble. Natalia, con una agilidad inesperada, saltó al aire justo a tiempo, esquivando esa mole de destrucción masiva donde ella estaba momentos antes y planeo con sus alas hasta tocar el suelo con suavidad. Pero Esmeralda no cedió, aunque fallara su ataque insignia.

—¡Te aplastaré, pequeña! —Gritó la Lairon, lanzándose de nuevo con otro ataque de acero.

Natalia utilizó su velocidad para evadir los embistes, pero sabía que no podía seguir corriendo para siempre. Necesitaba una estrategia. Mientras se mantenía en el aire, lanzó una serie de pequeños rayos psíquicos hacia Esmeralda, intentando darle un dolor de cabeza o algún malestar mental en ella. El ataque impactó, pero parecía hacer poco contra la densa armadura de acero de la Lairon.

—Vas a necesitar algo más que eso —Rugió Esmeralda, liberando un violento Terremoto. —Por si no lo habitas notado, ¡somos de cabeza dura como para caer con trucos baratos como ese!

El suelo tembló bajo los pies de Natalia con fuerza, aunque ella se quedaba parada en medio del desastre sin sufrir más allá de preocupación. El golpe la dejó confundida, pero intuyo que los movimientos de tipo tierra no le hacían daño.

A lo lejos, un par de ojos afilados observaron la batalla con detenimiento. Un Scyther permanecía oculto entre los árboles, sus hojas cortantes destellando bajo la luz del sol. No intervenía, solo observaba, como si estuviera esperando algo... o evaluando el conflicto.

Esmeralda no perdió tiempo. Aprovechando la vulnerabilidad de su adversaria, lanzó un último ataque. Saltó hacia el aire, lista para aplastar a la pequeña Natu con todo el peso de su cuerpo en una Plancha corporal.

Natalia, con su cuerpo temblando de agotamiento, reunió lo poco que le quedaba de energía. Cerró los ojos y suplicaba, pidiendo ayuda al universo, confiando en que algo la salvaría de la inminente destrucción.

El golpe de Esmeralda se acercaba, pero en el último segundo, Natalia desapareció en un destello de luz al usar Tele transportación. Esmeralda aterrizó con un estruendo, mirando furiosa alrededor, buscando a su presa.

El Scyther en la distancia sonrió, sus alas vibrando mientras continuaba observando, esperando a ver cómo se desenvolvería la batalla... y si Natalia sobreviviría lo suficiente para enfrentarse a algo aún más peligroso.

Mew apareció en el aire con su característico brillo rosado, flotando junto al tipo bicho-volador con una expresión juguetona, pero con un destello de seriedad en sus ojos. Mientras este observaba la batalla, el legendario Pokémon comenzó la conversación.

—Parece que he encontrado a mi nuevo lacayo —Dijo Mew, su voz suave pero llena de convicción mientras observaba a Natalia esquivar los ataques de Esmeralda. Sus ojos brillaban con curiosidad mientras miraba al pequeño Natu, que luchaba desesperadamente por sobrevivir.

Scyther mantuvo su mirada fija en el combate, sin girarse hacia Mew. Aunque respetaba al legendario, se mostraba escéptico ante la afirmación.

—¿Ella? —Preguntó Scyther con un tono cortante, sin apartar la vista de Natalia—. ¿Una humana reencarnada en el cuerpo de un Natu? No me parece la mejor opción. Su forma es débil, inexperta. Apenas puede defenderse contra una Lairon como Esmeralda.

Mew sonrió, dando vueltas en el aire con su clásica naturaleza juguetona, pero había una profundidad en su mirada que indicaba que ya había considerado todas las opciones.

—Oh, pero los humanos reencarnados siempre son interesantes —Respondió, ladeando la cabeza—. Tienen una visión diferente del mundo Pokémon. Pueden crecer, aprender y sorprendernos. ¿Acaso no te interesa ver lo que podría hacer con su potencial?

Scyther dejó escapar un ligero resoplido, moviendo sus alas con velocidad, mostrando su desacuerdo sin palabras.

—La vida de los humanos es efímera, como sus decisiones. Pueden caer en la debilidad del corazón o en su arrogancia. ¿Por qué deberíamos confiar en uno de ellos? —Scyther por fin giró su cabeza para mirar a su amigo, sus ojos afilados y llenos de escepticismo—. La mayoría no entiende el verdadero equilibrio entre fuerza y sabiduría. Este Natu, a pesar de su situación, solo está sobreviviendo. No veo nada excepcional en ella.

Mew, sin perder la calma, sonrió de nuevo y giró en el aire.

—Tú no lo entiendes, Scyther. Los humanos tienen un espíritu inquebrantable. Y además, siento algo especial en ella. Tiene potencial, lo sé.

Se detuvo en su vuelo, flotando frente al rostro de Scyther y mirándolo directo a los ojos, su tono se volvió un poco—No creo que esta pequeña sea lo que estás buscando, Mew —dijo Scyther con una voz grave—. ¿Un humano reencarnado? ¿Cómo puede ser eso útil?

—Sigues siendo igual de testarudo —Gruñó Scyther—. Pero bueno, haz lo que quieras. Solo espero que no te equivoques. más serio.

—Mira, no siempre se trata de fuerza o experiencia desde el principio. A veces, la verdadera grandeza surge de los momentos más desesperados. —Mew hizo una pausa, observando a Natalia, que seguía luchando contra Esmeralda—. Hay algo en este Natu, algo que los Pokémon comunes no tienen. Tal vez no lo ves ahora, pero yo sí.

Scyther entrecerró los ojos, poco convencido, pero no interrumpió.

—Sé que confías en tu instinto, Mew, pero he visto demasiados seres débiles caer bajo la presión de este mundo. Si ella en verdad es especial, tendrá que demostrarlo. No me conformaré con palabras bonitas ni con promesas vacías —Respondió Scyther con un tono frío y directo.

Mew asintió, con una sonrisa enigmática.

—Y lo hará, querido Hoz. A su tiempo. Todos lo harán. —Sus ojos brillaron de nuevo con una extraña mezcla de compasión y misterio—. Pero primero, debemos darle la oportunidad de demostrarlo. Tú eres parte de esa prueba.

Scyther permaneció en silencio unos segundos, evaluando a Mew y a Natalia con una mirada crítica. Más tarde, bajó sus cuchillas y dejó escapar un largo suspiro.

—Muy bien, Mew. Haré lo que digas, pero no esperes que sea fácil para ella. Si es digna, tendrá que ganárselo —Declaró con firmeza, mientras su mirada volvía al combate.

Mew sonrió y giró en el aire antes de desaparecer en un destello de luz.

—Eso es exactamente lo que quiero —Murmuró Mew antes de desvanecerse.

Scyther, aún escéptico pero intrigado, continuó observando a Natalia con una nueva perspectiva. La batalla contra Esmeralda no había terminado, y Natalia tendría que demostrar si tenía lo que hacía falta para sobrevivir en este cruel mundo.

El cielo estaba despejado sobre el campo de batalla donde Natalia, la ágil y estratégica Natu, y Esmeralda, la poderosa y decidida Lairon, se enfrentaban en una intensa batalla. La tensión en el aire era palpable mientras ambas Pokémon se estudiaban, esperando el primer movimiento.

—¡Es el final para ti, intrusa! —Gritó Esmeralda con furia, lanzándose en otro ataque.

Esmeralda, impaciente por la acción, tomó la iniciativa y golpeó el suelo con fuerza, desatando un Terremoto. Las ondas sísmicas corrieron por todo el campo, sacudiendo el terreno con una fuerza abrumadora. Pero Natalia, anticipando el ataque, utilizó Teletransportación en el último segundo, desapareciendo en un destello de luz justo antes de ser alcanzada por el devastador ataque. Reapareció en lo alto de una roca, su pequeña figura brillando bajo el sol.

—Eres rápida, pero no podrás esquivar esto —gruñó Esmeralda antes de cargar a toda velocidad con un feroz Testarazo.

Esmeralda avanzó como un tren desbocado, su cabeza metálica brillando con fuerza mientras el ataque ganaba impulso. Natalia, sin perder la calma, extendió sus alas y lanzó un Reflejo, creando una barrera luminosa que redujo el daño del embiste en el último momento. Aun así, el impacto fue intenso, y Natalia fue lanzada hacia atrás, pero se estabilizó en el aire antes de tocar el suelo.

—¡Ahora es mi turno! —Pensó Natalia, sus ojos brillando con energía psíquica.

La pequeña Natu concentró su poder y lanzó un potente Psíquico. Las ondas de energía invisible golpearon a Esmeralda, haciéndola retroceder. La Lairon intentó resistir, pero su cuerpo metálico temblaba bajo la presión del ataque mental. Sin embargo, Esmeralda no estaba dispuesta a ceder. A pesar del dolor, se sacudió la energía y volvió a cargar, esta vez con un Cabeza de Hierro.

El ataque brillaba con una luz metálica, amenazando con aplastar a Natalia. Pero la Natu, rápida y astuta, activó Cambiafuerza, intercambiando su capacidad ofensiva con la defensiva de Esmeralda. El golpe conectó, pero gracias al intercambio, Natalia soportó el embiste sin mayores daños.

Esmeralda, desconcertada al sentir que su fuerza había disminuido, trató de recomponerse, pero Natalia ya estaba preparada para su siguiente movimiento. Elevándose una vez más, la pequeña Natu lanzó un Psíquico más poderoso, aprovechando su nueva ofensiva robada de la Lairon. Las ondas psíquicas envolvieron a Esmeralda, haciéndola tambalear.

Esmeralda gruñó mientras se levantaba lentamente, sintiendo algo extraño en su cuerpo. El Cambiafuerza de Natalia había dejado sus ataques mermados, y aunque aún poseía fuerza considerable, no se sentía tan poderosa como antes. La Lairon sacudió la cabeza, confusa.

—Esto es raro... —dijo Esmeralda con voz grave—. Aunque mis ataques siguen conectando, no tienen el mismo impacto. ¿Qué me has hecho?

Natalia, flotando con elegancia, esbozó una pequeña sonrisa.

—Cambiafuerza —respondió tranquilamente—. He intercambiado tu bestial ataque físico por el especial. Ahora tu fuerza se ha ido, y mi velocidad está haciendo el resto del trabajo.

Esmeralda frunció el ceño, lanzándose otra vez hacia Natalia con un Cabeza de Hierro. La pequeña Natu, sin inmutarse, usó Teletransportación de nuevo, desapareciendo y reapareciendo en diferentes puntos del campo, como si estuviera jugando con la poderosa Lairon.

—¡Deja de huir! —Rugió Esmeralda, frustrada, girando su pesado cuerpo para tratar de seguir a Natalia, pero la velocidad de la Natu la dejaba desconcertada. A pesar de su Cabeza de Hierro y otros ataques, no lograba acertar ni uno.

—No estoy huyendo —Respondió Natalia, flotando a una distancia segura—. Estoy eligiendo mis batallas. Y tú, con tu fuerza disminuida, ya no puedes dañarme como antes.

Lairon, herida pero decidida, se lanzó con su última esperanza: Plancha Corporal. Todo su cuerpo metálico se preparó para caer sobre Natalia, usando su peso masivo como ventaja.

Natalia sabía que no podía bloquear ese ataque, pero tenía una salida. Justo antes de que Esmeralda la alcanzara, Natalia utilizó Teletransportación una vez más, desapareciendo en el aire. Esmeralda cayó con toda su fuerza al suelo, creando una explosión de polvo y tierra. Cuando el polvo se disipó, Natalia estaba flotando justo detrás de ella, intacta.

Esmeralda, agotada y sin fuerzas, respiraba pesada. Sabía que Natalia la había superado con su inteligencia y velocidad. Natalia, por su parte, observó con respeto a su oponente y bajó suave las alas, dando por finalizada la batalla.

Natalia se posó arriba de ella, en su espalda, aún en guardia, pero con respeto en su mirada.

—Fuiste una oponente formidable, Esmeralda. Tienes una fuerza increíble. Pero la batalla no es solo poder... también es saber cómo usarlo.

Esmeralda asintió, todavía intentando procesar lo que había ocurrido. A pesar de que había perdido la fuerza que la caracterizaba, su coraza pesada la había protegido por mucho tiempo. Pero ahora, incluso esa defensa se había derrumbado ante la pequeña Natu.

—Debo admitirlo... —Murmuró la Lairon, con una sonrisa cansada—. Tienes razón. Pequeña o no, eres increíblemente astuta.

Natalia inclinó su cabeza, agradecida por el reconocimiento.

—Gracias, Esmeralda. Ahora descansa. Has luchado bien.

Mew dejó escapar una pequeña risa y voló directo hacia Natalia, envolvió a Natalia en un suave resplandor rosado. La conexión entre ambas se formó de inmediato. Natalia sintió una oleada de poder recorrer su cuerpo, algo más allá de cualquier experiencia que hubiera tenido antes. Sus ojos brillaron con una nueva determinación.

—¿Qué... qué está pasando? —Esmeralda gimió mientras intentaba procesar lo que estaba pasando.

La manada de aron estaba impacientes y desconcertados, de puro milagro no habían perdido los estribos; se mantenían cauteloso además de expectantes.

Mew, aun flotando cerca de Scyther, sonrió bien feliz.

—Te dije que tenía potencial. ¡Ahora mírala! —Exclamó con orgullo.

Scyther, sin decir una palabra, observó a Natalia con nuevos ojos. No estaba completamente convencido, pero no podía negar lo que acababa de presenciar.

—Tal vez haya algo en lo que dices, Mew... —Murmuró, aunque su tono seguía siendo reservado.

Natalia, sorprendida por su propia fuerza, miró al singular con agradecimiento y algo de asombro. El lazo entre ellas estaba claro, y aunque no sabía lo que implicaba ser la elegida de Mew, sabía que algo importante acababa de suceder.

—Bienvenida a tu nuevo destino, Natalia —Dijo Mew, mientras una ligera brisa recorría el campo de batalla—. El viaje apenas comienza.

—¿Alguien me puede decir que está pasando aquí? —Esmeralda junto a todos los aron querían respuestas para no perder la cabeza, estaban a nada de salir corriendo por la sorpresa.

Mew descendió frente a Natalia, con su suave resplandor envolviéndola, mientras Scyther se mantenía a su lado, aun observando con cierta cautela. Natalia sentía el poder que corría por sus venas, pero también una creciente sensación de responsabilidad que venía con ello. Mew la miró seriamente, y por primera vez desde que apareció, su tono se volvió grave.

—Escuchen todo con atención, sobre todo tu Natalia. Algo oscuro se avecina. El equilibrio del mundo está en peligro. La muerte de Arceus... está cerca —Las palabras resonaron en la mente de Natalia con una fuerza abrumadora—. No puedo permitir que esto suceda, y tú serás una parte clave para detener esta catástrofe.

—¡¿Qué el primer pokémon morirá?! —Esmeralda junto con toda su manada se quedó pasmada— Imposible, esto no puede estar pasando.

Natalia parpadeó, todavía procesando lo que acababa de escuchar.

—¿La muerte de Arceus? —Preguntó, su voz pequeña pero llena de asombro—. ¿Cómo puede ser eso posible?

Mew asintió con tristeza.

—Es más real de lo que te imaginas. Una fuerza oscura está trabajando para destruir el núcleo de nuestro mundo, y si lo logran, todo lo que conocemos se desmoronará. No solo el mundo Pokémon, sino también el tuyo. No sabemos aún quién o qué está detrás de esto, pero todo está vinculado.

Scyther, que había permanecido en silencio, habló, su tono más suave de lo que cabría esperar de una criatura tan feroz.

—He estado al lado de Mew durante mucho tiempo. Su sabiduría no se equivoca. Te acompañaré en este viaje. Seremos un equipo, y aunque no entiendo completamente tu historia, veo que tienes fuerza y determinación. Yo soy Hoz, y seré tu aliado —Dijo, inclinando un poco la cabeza.

Natalia asintió, sintiendo que estaba a punto de embarcarse en algo mucho más grande de lo que había imaginado.

—Pero antes de enfrentar este mal supremo, hay una misión más inmediata que debemos cumplir —interrumpió Mew—. En Ciudad Corazonada, hay un ser despreciable que está causando estragos entre los Pokémon. Un cocinero, conocido por su habilidad con la cocina, ha estado capturando y asesinando a criaturas inocentes para convertirlos en lujosos platillos para los humanos ricos. Debemos detenerlo antes de que cause más daño.

—Sí, que bien que se diviertan con eso, pero nosotros nos vamos, no es nuestro problema —Esmeralda junto con todos los tipos roca-acero se devolvieron a su hogar.

Natalia sintió una mezcla de indignación y horror ante la idea. ¿Cómo podía alguien hacer algo tan cruel? No solo estaba matando a Pokémon, sino que también estaba alimentando la codicia de aquellos que valoraban más un plato lujoso que la vida de una criatura.

—¿Un cocinero... haciendo eso? —Preguntó, tratando de entender cómo alguien podía ser tan despiadado—. No permitiré que continúe.

Mew sonrió con aprobación.

—Me alegra ver tu espíritu, Natalia. Esta será tu primera misión como mi discípula. No subestimes a este cocinero. Aunque parece ser solo un humano, está muy bien conectado y tiene aliados peligrosos. Scyther irá contigo, y juntos deben desbaratar sus planes.

Scyther, que había estado quieto, afiló sus cuchillas, mostrando su disposición para la misión.

—Listos cuando tú lo estés —Dijo, mirando a Natalia—. Será un largo camino hasta Ciudad Corazada, pero no tenemos tiempo que perder.

Natalia respiró hondo y asintió. Sabía que este era solo el comienzo, pero estaba decidida. Con Mew guiándola y Scyther a su lado, se sentía más preparada de lo que jamás había estado.

—Vamos a detenerlo —Respondió con firmeza.

Y así, con el destino del mundo Pokémon y el suyo propios entrelazados, Natalia, Hoz y Mew comenzaron su viaje hacia su destino, donde su primera prueba real les esperaba.

Mientras Mew desaparecía en un destello de luz, Natalia y Scyther emprendieron su viaje. El silencio entre ellos era cómodo, ambos concentrados en lo que les esperaba. El paisaje cambiaba de ser un vasto campo a colinas bajas que marcaban el camino hacia la ciudad. Sin embargo, mientras avanzaban, el sonido de gritos y golpes interrumpió su tranquilidad.

—¡Numel, no eres más que una inútil si no te esfuerzas! —Gritó una voz femenina.

El dúo se acercó, ocultándose tras unos árboles, hasta que vieron la escena: una joven entrenadora de cabello oscuro, que gritaba a un pequeño Numel. La Pokémon, visible su exhausto cuerpo, intentaba levantarse mientras una pequeña Fennekin lanzaba llamas en su dirección, en un entrenamiento injusto. La entrenadora, que respondía al nombre de Mariana, no mostraba compasión alguna por su Numel, al que llamaba "Obsidiana."

—¡Otra vez! ¡No vamos a perder contra nadie! —Vociferó Mariana, cruzándose de brazos con un semblante severo.

Scyther observaba la escena en silencio, pero su expresión mostraba incomodidad. Natalia, sintiendo la tensión en el aire, le preguntó en voz baja:

—¿Te ocurre algo, Scyther?

Él apretó sus cuchillas con fuerza, mirando hacia Numel y luego hacia la entrenadora.

—Esa entrenadora... me recuerda a alguien —Murmuró—. Yo también tuve un entrenador así. Cruel, despiadado, que no se preocupaba por nada más que ganar. Solo me veía como una herramienta, como algo que podía usar y desechar cuando ya no sirviera. Me entrenaba hasta la extenuación, igual que a esa Numel.

Natalia lo observó con una mezcla de sorpresa y empatía. No conocía mucho del pasado de Scyther, pero sus palabras cargaban con un peso profundo de dolor.

—¿Cómo lograste escapar? —Preguntó Natalia, manteniendo la mirada en la escena.

Scyther exhaló, sus ojos llenos de recuerdos dolorosos.

—Fue difícil. Años de soportar ese trato. Pero un día, en medio de un combate, me di cuenta de que no quería seguir viviendo así. Aproveché una distracción en la batalla, y... simplemente hui. Mi entrenador nunca me buscó. Para él, solo era una pérdida más.

Natalia asintió, sintiendo la fuerza emocional detrás de las palabras de su compañero. Entendía ahora por qué ver a Obsidiana siendo tratada de esa manera lo había afectado tanto.

—No deberíamos interferir —Murmuró Scyther, aunque su tono era incierto.

—Pero no podemos quedarnos sin hacer nada —Respondió Natalia, mirando con compasión a Numel—. No podemos permitir que siga sufriendo así.

Mariana gritaba más fuerte, insistiendo en que Fennekin atacara de nuevo, pero Obsidiana ya no podía moverse más. Natalia sintió que era el momento de actuar, y aunque no sabía qué haría, sabía que no podían abandonar a Numel en esa situación.

—¿Cómo escapamos de nuestros destinos? —Murmuró Natalia, mirando a Scyther—. Quizá podemos ofrecerle a Obsidiana algo que tú encontraste: libertad.

Después de que Mariana terminó de gritar, exhausta por la falta de resultados, se alejó unos momentos, dejando a Numel a solas. Este era el instante que Natalia y Scyther, esperaban. Aprovechando la distracción, se acercaron con sigilo.

Numel, todavía jadeante por el entrenamiento brutal, levantó la cabeza cuando sintió la presencia de los extraños.

—¿Quiénes... quiénes son ustedes? —Preguntó débil, sus ojos entrecerrados por el agotamiento.

—No temas, somos amigos —Susurró Natalia con una voz suave, intentando no asustarla—. Queremos ayudarte. Hemos visto cómo te tratan, y no tienes que soportarlo más.

Hoz se mantenía a su lado, su expresión firme y determinada.

—No tienes por qué seguir con esa entrenadora si no quieres —Añadió Hoz—. No mereces este maltrato. Nadie lo merece.

Numel bajó la cabeza, confundida y algo avergonzada.

—No... está bien —Respondió rápido—. Mariana solo quiere que me haga más fuerte. Todo esto es para que yo pueda ser mejor. Fennekin y yo... somos un equipo.

Natalia frunció el ceño, notando la inseguridad en la voz. Dio un paso hacia ella, con la mirada llena de comprensión.

—¿De verdad crees eso? —Le preguntó en tono firme, pero compasivo—. ¿Crees que alguien que te empuja hasta el límite, que no se preocupa por ti más allá de los combates, en verdad te quiere como parte de un equipo?

Numel titubeó, luchando con las palabras de Natalia.

—Ella... ella es mi entrenadora. Si no soy fuerte, ¿qué sentido tengo? —Murmuró, como si intentara convencerse a sí misma.

Hoz intervino, con una voz cargada de experiencia y dolor.

—Yo estuve en tu lugar, Numel. Pensé que solo valía si ganaba combates, si cumplía con lo que mi entrenador me exigía. Pero eso no es ser parte de un equipo. Un equipo es alguien que te cuida, que te respeta, que entiende tus límites. No te abandona cuando ya no eres útil para ellos. Te mereces algo mejor.

Numel levantó la cabeza, sus ojos buscando los de Hoz. La duda empezaba a tomar forma en su mente, una semilla plantada por la empatía de sus palabras.

—Pero si me voy, ¿qué haré? —Preguntó, su voz temblorosa—. No conozco otra vida.

—Puedes ser libre —Dijo Natalia—. Libre para decidir tu propio camino, para ser fuerte a tu manera, no por obligación. No necesitas que alguien te controle para demostrar tu valor.

La pequeña Numel parecía debatirse entre lo que había creído siempre y lo que empezaba a descubrir. Más tarde, tras un silencio pesado, soltó un suspiro largo y profundo.

—No quiero esto... —Confesó, susurrando apenas—. No quiero seguir así.

Natalia asintió, una sonrisa suave en su rostro.

—Entonces ven con nosotros. Encontraremos tu verdadero camino, juntas.

Hoz, más sereno ahora, extendió una de sus afiladas garras como gesto de bienvenida. Numel lo miró un instante antes de asentir.

—Está bien... —Dijo—. Me iré con ustedes.

Pero antes de que pudieran moverse, Mariana regresó, con una expresión fría y calculadora en su rostro, observando la escena.

Mariana regresó justo a tiempo para ver a Natalia, Hoz y Numel a punto de escapar. Su rostro se contorsionó en una mezcla de furia y sorpresa al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

—¡¿Qué demonios están haciendo con mi Numel?! —Gritó, su voz llena de rabia—. ¡Fennekin, Fletchling, deténganlos!

Al instante, Fennekin y Fletchling saltaron al frente, sus ojos brillando con determinación mientras corrían hacia Natalia y Hoz. Fennekin lanzó una Ascuas directa hacia Hoz, mientras Fletchling se elevaba rápido en el aire, preparando un ataque en picado.

—¡Hoz, cuidado! —Advirtió Natalia, esquivando por poco las llamas que surcaban el aire.

Hoz, veloz como siempre, se deslizó hacia un lado, esquivando el ataque de fuego de Fennekin con gracia, mientras sus ojos se enfocaban en su siguiente movimiento. Levantó una de sus afiladas garras, listo para contraatacar. Con un rápido movimiento, lanzó un Corte Furia, dirigiendo su ataque hacia Fennekin, que apenas pudo esquivarlo a tiempo.

Fletchling, por su parte, se lanzó en picado hacia Natalia con un ataque de Golpe Aéreo. Natalia intentó reaccionar, pero el ave era demasiado rápida. Sintió el impacto cuando Fletchling la golpeó, haciéndola retroceder unos pasos, pero no sin antes haber activado un Reflejo.

—¡Numel, vuelve conmigo ahora! —Gritó Mariana, viendo que la batalla se intensificaba. Su tono estaba lleno de autoridad, intentando recuperar el control.

Aquella, que se había mantenido en el centro del conflicto, miró a su entrenadora. Por un instante, la duda volvió a aparecer en su rostro. Había pasado tanto tiempo con Mariana, y hasta ahora siempre había creído que ese era su lugar, que debía obedecer sin cuestionar. Pero las palabras de Natalia y Hoz seguían resonando en su mente.

Mariana gritó de nuevo, su voz más insistente, casi desesperada esta vez.

—¡Numel, te ordeno que vuelvas aquí! ¡Eres mía, y no te irás a ningún lado!

El aire se llenó de tensión mientras la pequeña Numel levantaba la cabeza. Sus ojos se llenaron de una nueva determinación, y de pronto, dio un paso adelante.

—No... —Dijo, con una firmeza que sorprendió a todos.

Mariana se quedó helada, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.

—¿Qué... qué has dicho? —murmuró incrédula.

—No volveré contigo, Mariana —Repitió Numel con más fuerza esta vez, su cuerpo temblando ligeramente, pero decidida—. Me has tratado mal durante mucho tiempo, y ya no quiero seguir así.

Mariana apretó los dientes, incapaz de contener su furia.

—¡Tú no tienes derecho a desobedecerme! ¡Fennekin, ataca a esa traidora con toda tu fuerza! —Ordenó, señalando a Numel.

Fennekin, aunque incómodo con la situación, obedeció la orden de su entrenadora y comenzó a cargar un potente Ascuas en dirección a Numel. Pero antes de que pudiera liberarlo, Numel tomó su propia decisión.

—¡No más! —Gritó, y con toda la energía que había acumulado, lanzó un poderoso Terremoto.

El suelo tembló bajo los pies de todos, y el ataque fue tan repentino y fuerte que Fennekin y Fletchling fueron lanzados hacia atrás, incapaces de resistir el poder de Numel. Mariana, sorprendida y asustada, retrocedió, incapaz de reaccionar a tiempo.

Cuando el polvo se asentó, Numel se encontraba al frente de Natalia y Hoz, habiendo tomado su decisión definitiva. Miró a Mariana, quien ahora la observaba con una mezcla de horror y rabia.

—Ya no soy tu Pokémon —Dijo Numel, con una mirada decidida—. Soy libre.

Natalia sonrió con orgullo, y Hoz asintió en silencio. Sin más que decir, los tres fueron teletransportados para luego emprender el camino, dejando a Mariana y su equipo derrotado atrás, mientras el sol se ponía en el horizonte.

Natalia, Hoz y Numel caminaban por un sendero escarpado a través de las montañas, disfrutando de un momento de tranquilidad después del enfrentamiento con Mariana. El aire fresco de las alturas les llenaba los pulmones mientras el sol descendía, tiñendo el cielo con tonos naranjas y púrpuras.

De repente, Natalia luego de aprender nuevos ataques, sintiendo un impulso extraño, desplegó sus alas y se lanzó al aire con gracia. Sobrevoló la zona durante unos minutos hasta que divisó un grupo caminando más adelante. Al reconocer a un lacayo, descendió, aterrizando suave justo al lado de él.

Norberto, algo sorprendido, dio un pequeño salto al sentir la presencia repentina de la pequeña Natu. Rihanna, quien caminaba a su lado, también la observó con curiosidad.

—Vaya, no esperaba encontrarme con alguien más por aquí —Comentó Norberto, cruzando los brazos mientras observaba a la recién llegada—. ¿Quién eres tú?

Natalia lo miró con sus brillantes ojos, observando a Norberto por un momento antes de responder.

—Soy Natalia —Dijo con una voz clara pero tranquila—. Estoy en un viaje importante. Algo me guio hasta aquí, no sé por qué, pero parece que debía encontrarte.

Rihanna, que había estado en silencio, dio un paso adelante.

—¿Un viaje importante? ¿Tiene que ver con lo que está pasando últimamente? —Preguntó, inclinando la cabeza.

Antes de que Natalia pudiera responder, un repentino movimiento llamó su atención desde las alturas. Un destello veloz cruzó el cielo, y en cuestión de segundos, un individuo aterrizó en el campo como un rayo. Se trataba de Axel, una figura imponente con una presencia intimidante.

—Así que aquí estás —Dijo Axel con una sonrisa maliciosa, ignorando a Natalia y Norberto. Sus ojos estaban fijos en Rihanna—. He estado buscándote, pequeña.

Rihanna retrocedió instintivamente, sus ojos reflejando una mezcla de sorpresa y temor. Norberto se colocó frente a ella, tratando de protegerla.

—¿Qué demonios quieres? —Preguntó Norberto, sus ojos llenos de desafío mientras se preparaba para lo que estaba por venir.

Axel soltó una risa fría y despectiva antes de responder.

—No es asunto tuyo, crías. Solo necesito algo que me pertenece. —Y sin previo aviso, Axel se movió a una velocidad imposible de seguir. Antes de que Norberto pudiera reaccionar, Axel tomó a Rihanna por el brazo con una fuerza brutal y la levantó en el aire.

—¡Rihanna! —Gritó Norberto, desesperado, pero Axel ya había comenzado a elevarla en el aire, llevándose a la pequeña Riolu.

Natalia, viendo lo que sucedía, desplegó sus alas una vez más, dispuesta a intervenir. Hoz también estaba listo para actuar, con las garras brillando, pero Axel se dio a la fuga con Rihanna en cuestión de segundos.

—¡No puede ser! —Murmuró Norberto, con el corazón acelerado—. ¡Tenemos que seguirlo!

Natalia voló rápido, comprendiendo la urgencia de la situación.

—Vamos tras él —Dijo con determinación—. No dejaremos que se salga con la suya.

Con una nueva misión en mente, Norberto, Natalia emprendieron la búsqueda de Axel, decididos a recuperar a Rihanna de las garras de su captor.

El encuentro con Axel se tornó en una feroz batalla en medio de un bosque frondoso que pronto se convertiría en un caos de fuego y destrucción.

Axel, con una sonrisa maliciosa en su rostro, lanzó a Samantha, su Espeon, al campo de batalla, mientras a su lado, su imponente Houndoom, Ceniza, adoptaba una aterradora forma de Mega Houndoom. Las llamas oscuras que emanaban de su cuerpo parecían consumir el aire a su alrededor, y su presencia era abrumadora.

—Prepárense para el infierno, niños —Dijo Axel con desprecio, sus ojos brillando de emoción.

Norberto, decidido a recuperar a Rihanna, se colocó frente a Natalia, listo para el combate. Natalia, aunque pequeña en comparación con sus oponentes, estaba llena de una fuerza recién descubierta gracias a su conexión con Mew.

—No importa lo que suceda —Dijo Norberto, mirando de reojo a Natalia—. ¡Tenemos que derrotarlo!

Axel no esperó más, ordenando a su Espeon atacar primero.

—¡Espeon, Rayo Psicocarga! —Gritó, y Samantha lanzó una ráfaga de energía psíquica directo hacia Norberto y Natalia.

Natalia, volando ágil, evitó el ataque por poco y desató su propio poder psíquico, empujando a Samantha hacia atrás. Norberto, por su parte, trataba de contener los ataques de Ceniza, el Mega Houndoom, que lanzaba ráfagas de Fuego Infernal, rodeando el campo de llamas que consumían los árboles cercanos.

La batalla era intensa. El poder de Mega Houndoom se hacía notar con cada ataque que lanzaba. Usaba su poderoso Lanzallamas para incendiar todo a su alrededor, dejando a Natalia y Norberto luchando no solo contra él, sino también contra el fuego que amenazaba con atraparlos. El calor era sofocante, y la situación parecía empeorar cada segundo.

—¡No podemos dejar que este fuego nos venza! —Gritó Norberto, sudando mientras esquivaba las llamas y los ataques psíquicos de Samantha.

Natalia, concentrada, invocó todo el poder que Mew le había otorgado. Con un destello, lanzó un ataque tipo volador dirigido a Houndoom, impactándolo directo y haciéndola bien tocada. Sin embargo, Mega Houndoom no era fácil de derribar.

—¡Ceniza, usa Pulso Umbrío! —Ordenó Axel, y la bestia lanzó una poderosa ráfaga oscura que alcanzó a Natalia de lleno, haciéndola caer al suelo.

—¡Natalia! —Gritó Norberto, pero no tuvo tiempo de reaccionar, ya que Samantha, la Espeon, lo atacó por la espalda con un potente Rayo de su tipo, enviándolo al suelo junto a su compañera.

El fuego continuaba extendiéndose, envolviendo todo el bosque en llamas. La situación era desesperada. Norberto y Natalia estaban agotados, y Axel y sus Pokémon parecían invencibles.

—Este es el final para ustedes —Se burló Axel, confiado en su victoria.

Pero entonces, Natalia, conectada con el poder del singular, se levantó una vez más, sus ojos brillando intensa. Con todas sus fuerzas, lanzó un poderoso Explosión Psíquica que cubrió el área en una onda de energía devastadora. El ataque impactó a Mega Houndoom y Espeon, haciéndolos retroceder con fuerza.

Norberto, inspirado por la determinación de Natalia, se levantó también, lanzando un último Contrataque que alcanzó a la tipo siniestra, dejándola fuera de combate.

Más tarde, con Houndoom debilitado y Samantha derrotada, Axel se vio forzado a retroceder. El combate había sido feroz, pero Natalia y Norberto lograron prevalecer.

Sin embargo, la victoria tuvo un alto precio. El bosque a su alrededor ardía en llamas, el fuego consumía los árboles y la vida salvaje que los rodeaba. El calor era insoportable, y el humo hacía difícil respirar.

—Tenemos que salir de aquí —Dijo Norberto con urgencia, tomando a Natalia mientras observaban el incendio que se extendía veloz.

Con el fuego amenazando con consumir todo a su paso, no les quedó más remedio que huir, dejando atrás un bosque devastado por la batalla. Aunque habían ganado, el precio de la victoria fue alto, y las cicatrices de este enfrentamiento seguirían ardiendo en sus recuerdos.

Norberto, jadeando por el esfuerzo, miraba el caos a su alrededor. Las llamas crecían a su alrededor, cada vez más voraces, y el calor abrasador parecía consumir todo. Entre el humo denso y las chispas crepitantes, notó el cuerpo de Samantha, la Espeon de Axel, tendida en el suelo, gravemente debilitada. Las llamas se acercaban, y aunque era una enemiga, no podía dejarla morir de esa manera.

—¡Samantha! —Gritó Norberto, corriendo hacia ella con las fuerzas que le quedaban. Se agachó y trató de levantarla, pero estaba débil, exhausto tras la dura batalla.

El calor era insoportable, y sus manos temblaban al intentar sacar a Samantha del peligro. El humo le ardía en los ojos, pero no podía abandonarla.

—¡Natalia! —Gritó con desesperación, mirando hacia donde su compañera estaba—. ¡Necesito tu ayuda!

Natalia, que ya había comenzado a alejarse, se detuvo en el aire, sus plumas agitadas por el viento ardiente. Giró la cabeza hacia donde Norberto luchaba por salvar a Samantha, pero también miró hacia el horizonte, donde Diana, su amiga Numel, estaba atrapada entre las llamas. Su mente se debatía en un torbellino de dudas. Si ayudaba a Norberto, Diana podría morir... pero si ayudaba a Diana, Samantha, aunque fuera una enemiga, perecería bajo el fuego.

El dilema la consumió por un instante. El rugido de las llamas se hacía más fuerte, y el aire olía a ceniza y desesperación.

—¡Natalia, por favor! —Insistió Norberto, ya casi sin fuerzas, con la mirada llena de desesperación y súplica.

Natalia apretó el pico, su mente hecha un caos de emociones. Sabía que no había tiempo que perder, y aunque Norberto había sido un buen aliado, su lealtad hacia Diana era inquebrantable. No podía traicionar a su amiga, no cuando su vida estaba en peligro.

—Lo siento, Norberto —Murmuró para sí misma.

Sin dudar más, Natalia desplegó sus alas y se dirigió veloz hacia Diana. Su decisión estaba tomada. No podía perder a su amiga, no cuando podía hacer algo para salvarla.

Norberto observó con incredulidad cómo Natalia lo dejaba atrás. Las llamas se acercaban a Samantha, y él estaba demasiado débil para cargarla por su cuenta. El dolor en su pecho se mezclaba con la impotencia de no poder salvarla. Con un último esfuerzo, trató de levantar a la Espeon, pero sus piernas fallaron, y cayeron ambos al suelo.

—No... no puedo... —Susurró, sintiendo cómo las llamas se acercaban peligrosas a él.

Mientras tanto, Natalia volaba con determinación hacia Diana, logrando sacarla del fuego justo a tiempo. La Numel, debilitada pero agradecida, la miró con ojos llenos de gratitud.

Pero en su corazón, Natalia sabía que había traicionado a Norberto. La culpa la atravesó como un rayo mientras volaba con Diana a un lugar seguro. Había tomado una decisión que la perseguiría.

Natalia desplegó sus alas con rapidez, envolviendo a Numel en un tenue brillo psíquico. Sentía el calor abrasador del fuego lamiendo sus plumas mientras las llamas consumían el bosque, pero su mente se enfocaba en una sola cosa: sacar a Diana de aquel infierno. La conexión con Mew había fortalecido sus habilidades psíquicas, y ahora usaba ese poder para elevar a su amiga Numel, esquivando con destreza las brasas que caían del cielo.

—¡Aguanta, Diana! —Gritó Natalia, esforzándose por mantener la concentración mientras esquivaba ramas ardientes y las llamas que crecían descontroladas a su alrededor. Las chispas saltaban por todas partes, pero su vuelo era ágil, moviéndose como un rayo entre los árboles en llamas.

El bosque crepitaba con un ruido infernal, y cada vez que parecía que una salida se abría frente a ellas, una nueva explosión de fuego cerraba el camino. Natalia apretaba el pico, usando su poder psíquico para empujar las llamas a un lado, creando un camino temporal para escapar.

Mas tarde, lograron salir del bosque incendiado. El aire fresco las envolvió, pero no había tiempo para descansar. En el claro, justo frente a ellas, un feroz combate estaba desatándose. Axel había lanzado a su Zoroark contra Hoz, en un combate de ferocidad igualada.

Atacaba con una rapidez casi sobrenatural. Sus garras oscuras brillaban con energía maligna, y sus movimientos eran un torbellino de sombras y fuerza. Frente a él, un Pokémon ágil y astuto respondía a cada golpe con igual intensidad: un Scyther, el mismo Hoz. El insecto verde cortaba el aire con sus cuchillas, esquivando y contraatacando con precisión milimétrica, su furia no parecía tener fin.

—¡Es Hoz! —Exclamó Diana, reconociendo al tipo bicho de inmediato. Natalia, sin perder el ritmo, aterrizó suave junto a él y mantuvo una mirada alerta sobre la batalla.

Lanzó un ataque ilusorio, cubriendo el área con sombras, y por un momento parecía que había desaparecido. Pero antes de que Scyther pudiera reaccionar, su adversaria apareció de la nada, lanzándose hacia su oponente con un feroz Golpe Bajo. El Scyther bloqueó el ataque con sus hojas afiladas, pero el impacto lo hizo retroceder, clavando sus pies en el suelo para no caer.

—No podremos quedarnos aquí, el peligro sigue —Dijo Natalia con seriedad, mientras miraba a Diana—. Debemos seguir moviéndonos, pero no podemos dejar a Hoz solo.

Diana, con su cuerpo todavía temblando por el esfuerzo de escapar, asintió con la cabeza, sus ojos llenos de miedo y confusión. Pero justo en ese momento, el Zoroark fijó su mirada en Natalia, reconociendo la amenaza que representaba; sonrió de manera oscura, sus ojos brillando con malicia.

—Vaya, parece que tenemos más invitados —Gruñó, con la voz llena de veneno—. ¡Esto se pondrá interesante!

Natalia no esperó a que la Zoroark de Axel diera el primer paso. Sin dudarlo, invocó su poder psíquico, envolviendo a Diana con una protección adicional y preparándose para enfrentar al Zoroark. El enfrentamiento estaba lejos de terminar, y Natalia sabía que tendría que usar cada gota de su poder para sobrevivir al próximo ataque.

El combate entre Hoz y Zoroark alcanzaba su punto máximo. Ambas criaturas se movían con una velocidad y precisión increíbles, sus ataques cortando el aire en una danza mortal. Las cuchillas de Hoz brillaban bajo la luz de las llamas cercanas, mientras que Zoroark, con su siniestra energía oscura, lanzaba ilusiones y sombras, intentando desorientar a su rival.

Natalia y Diana observaban, con el corazón acelerado, cómo ambos contendientes intercambiaban golpes devastadores. Hoz lanzó un Tajo Aéreo, cortando el aire en dirección a Zoroark, quien lo esquivó con agilidad, respondiendo con un Pulso Umbrío que lanzó a Hoz varios metros atrás. Aun así, el Scyther no cedió, y, con sus alas vibrando, volvió al ataque con una serie de cortes precisos y letales.

El intercambio era feroz, y ambos Pokémon parecían estar igualados. La intensidad del combate mantenía a todos alertas, pero después de varios minutos de choques brutales, ninguno de los dos lograba obtener una ventaja clara. Hoz, jadeante, y Zoroark, con algunas heridas visibles, se miraban con odio y cansancio. Ambos Pokémon sabían que estaban alcanzando el límite de sus fuerzas.

Los dos lanzaron un ataque final al mismo tiempo: Cuchillada contra Golpe Bajo. El impacto de los dos ataques fue brutal, creando una onda de choque que hizo retroceder a ambos Pokémon. El silencio cayó mientras el polvo se asentaba, y cuando se despejó, ambos contendientes estaban de pie, pero exhaustos. No había un ganador claro; era un empate.

Axel, quien había estado observando el combate con frialdad, evaluó la situación rápido. Sabía que, si seguían luchando, perdería a su Zoroark, y en ese momento no podía permitirse una derrota completa. Frunció el ceño, molesto, pero práctico.

—Tch… No vale la pena —Murmuró para sí mismo, antes de alzar la voz—. ¡Zoroark, retirada!

La Pokémon siniestro, aunque agotada, obedeció de inmediato. Axel, sin perder más tiempo, recogió a su compañero caído y lo cargó sobre su hombro. Hoz lo observó con ojos afilados, pero estaba demasiado agotado para seguir peleando. Natalia, con el corazón todavía acelerado, mantuvo su mirada fija en Axel.

—Nos veremos de nuevo, no lo dudes —Dijo Axel con una sonrisa oscura mientras retrocedía—. Esto no ha terminado.

Y con esas palabras, se dio la vuelta y desapareció entre los árboles, dejando tras de sí un rastro de destrucción y llamas. La tensión en el aire comenzó a disiparse, pero Natalia sabía que aquello solo era el inicio de algo mucho más grande.

—¿Estás bien? —Preguntó, acercándose a Hoz, que respiraba con dificultad tras el intenso combate.

El Scyther asintió, pero no podía ocultar su agotamiento. Diana también se acercó, sus ojos llenos de preocupación.

—Gracias —Dijo Hoz con voz rasposa—. Si no fuera por ustedes… no sé cómo habría terminado esto.

—Natalia, también gracias por ser una gran amiga, te debo la vida —Agradeció la Numel a su lado.

Natalia miró el bosque aún envuelto en llamas, su mente comenzando a procesar todo lo que acababa de suceder. El peligro aún no había pasado por completo, pero al menos, por el momento, habían sobrevivido y sabía que tarde o temprano se volvería a enfrentar contra ese cocinero pokémon: Axel.

Esta historia continuará…


Nota inicial: Bueno, creo que es momento de sacar la artillería pesada e impregnar esto de más emoción, que lo próximo entrara en acción.

Nota final: Espero que les haya gustado y nos leemos otro día.