LA EXTINTA VOLUNTAD DE FUEGO

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22 AÑOS DESPUÉS DE LA VICTORIA HYUGA

NEJI

Neji no sonreía nunca, había perdido esa habilidad muchos años atrás. Las personas a su alrededor se preguntan si siquiera era capaz de hacerlo.

Pero él, no tenía razones para hacerlo. Tenía misiones y órdenes. Órdenes y deberes. Eso era lo único que tenía.

Se miró al espejo y cubrió con una venda el sello en forma de cruz que tenía en la frente. Su marca era color azul, y él sabía que debía sentirse honrado, pero verla le producía un enorme sentimiento de odio e inferioridad. Aquella tarde en especial, el maldito tatuaje de su frente le producía el doble de insatisfacción. Su misión del día era despreciable y casi vergonzosa.

A sus veintitrés años conocería a su prometida, una mujer un año mayor que él, una mujer extranjera y lo más importante, una mujer sin marcas de esclavitud.

Salió de la habitación, con el mentón tan alto como pudo, sin dignarse a mirar a la servidumbre de la mansión. Todos ellos intentaban pasar desapercibidos ante su mirada, sus sirvientes eran leales a su mansión o quizá le tenían suficiente miedo, por ello todos trabajaban en silencio y de la manera más eficiente posible.

Cruzó el bosquecillo que dividía los terrenos del Bouke del Souke. Por supuesto estaban divididos. Los secundarios debían estar al fondo, lejos de la rama principal. Lejos de los no marcados. Ellos estaban atrás, siempre estaban detrás.

Sin demasiada demora llegó a la mansión principal del Souke, del doble del tamaño de la que él habitaba. Todo en esa zona de los terrenos era más grande. Ellos debían ser más, siempre más. Más grande, más poderosos.

Reprimió sus pensamientos y caminó por los amplios pasillos hasta la sala principal de reuniones. La puerta estaba abierta.

Entró y tomó su lugar a la izquierda de su tío. En silencio hizo una larga reverencia a los ancianos del clan. Los dos ancianos del clan presentes asintieron, complacidos. Al menos eso les complacía, la total obediencia los tranquilizaba.

Dos figuras, al fondo de la sala, hicieron una reverencia a Neji. Eran Shikaku y Shikamaru Nara, únicos consejeros externos que su tío aceptaba en las reuniones principales del consejo Hyuga. Neji asintió en frío agradecimiento a los Nara y miró rápidamente las cruces de sus frentes. Tatuajes verdes, su estatus era aún inferior al de Neji.

—Bien —dijo su tío—. Ahora que estamos todos —agregó—. Me gustaría comunicar algunas cosas antes de que nuestra invitada principal llegue mañana temprano.

La reunión se había programado una noche antes de la llegada de su prometida. Neji sabía que su tío hablaría de las reglas, las órdenes y los objetivos que aquel matrimonio tendría.

—No debo explicarles los grandes conflictos que hemos librado con la aldea de la Arena los últimos años —comenzó diciendo—. La oportunidad que se nos presenta de asegurar la frontera norte con este matrimonio es demasiado buena —miró al fondo de la sala—. Por ello, Shikamaru, me gustaría ofrecerte un puesto permanente en este consejo.

Neji miró la reacción del chico, quien parecía más aburrido que emocionado por el ofrecimiento, aun así, respondió con respeto y su usual voz cansada—. Sería un honor.

Complacido, Hiashi asintió con solemnidad y luego miró a Neji—. Neji, es momento de que tengas tu primer consejero externo. Si eso te complace.

Neji intentó no fruncir el ceño, la idea de recibir consejo de alguien no le emocionaba en lo más absoluto, pero al menos Shikamaru no se esforzaría mucho en trabajar y por lo tanto no le estorbaría—. Será un honor, tío —dijo—. Estoy seguro de que Shikamaru Nara hará tan buen trabajo como su honorable padre.

Shikaku asintió en agradecimiento por aquellas palabras. Las miradas de Neji y Shikamaru se cruzaron. Neji no supo que interpretar de aquella mirada cansada y perezosa, lo único que sabía es que habría preferido continuar sin ningún consejero externo, más ojos que lo observaban y reportaban sus movimientos a su tío.

—Siguiente punto —dijo Hiashi llamando la atención de todos—. Esta alianza supone que toda acción de invasión de Suna cesará de inmediato y, por lo tanto, nuestros ataques también deberán detenerse hoy mismo —suspiró—. He enviado aves a Choza Akimichi para replegar las fuerzas hasta la frontera y volver a la aldea tan pronto sea posible.

—Ellos aún tienen al Jinchuriki del Shukaku —dijo el anciano a la derecha de la sala—. ¿Dejaremos que mantengan el dominio de la bestia?

Hiashi asintió—. Lo permitiremos por el momento, primero debemos asegurar la identidad del Jinchuriki. No podemos secuestrar a cada niño pelirrojo de la aldea... eso levantaría sospechas. Sunagakure ha probado ser impenetrable todos estos años, este matrimonio es la mejor opción que tenemos para entrar a la aldea.

—¿Pretendes que obtengamos esa información de la hija del Kazekage? —pregunto Hanabi, sentada a la derecha de su padre.

Neji detestaba a su prima casi tanto como a su tío. Le hería el orgullo reconocer que la chica era un prodigio y, sabía que, con el tiempo ella sería mejor que él, porque ella crecería para mandar y él para obedecerla.

—Eso pretendo, hija —respondió Hiashi—. Obtendremos esa información de ella y entonces, cuando estemos seguros de la identidad del Jinchuriki... iremos por él.

La anciana Hyuga, a la izquierda de la sala carraspeó la garganta y habló—. ¿Para qué? No tenemos forma de contener al Biju de la arena.

—Es cierto, nosotros no, pero la hija del Kazekage sí que podrá —dijo Hiashi.

—Se sabe que los Bijus no aceptan receptores adultos —dijo Hanabi sin comprender.

Shikaku Nara fue quien respondió—. Hiashi-sama se refiere al hijo de la princesa de la Arena, Hanabi-san.

Neji hizo un pésimo trabajo para ocultar la sorpresa de sus ojos. Le habría gustado ser menos obvio en su reacción.

Su tío asintió y lo miró con severidad—. Escúchame bien Neji, no tienes misión más importante que hacerle un vástago a la hija del Kazekage.

Neji recuperó la compostura tan rápido como le fue posible y asintió con falsa determinación.

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Se sentó frente al escritorio y sorbió de la tacita de té caliente. Dejo la taza de té en el borde de la mesa y leyó los documentos que Ikari le había llevado, no pudo evitar fruncir el ceño al ver las estadísticas de los heridos del mes durante el entrenamiento.

Volvió a beber té antes de hablar, aquel hombre no le imponía tanto respeto pese a ser de la rama principal, era el primer nieto del primer hijo de uno de los ancianos del clan, tan solo unos cinco años mayor que Neji y, pese a que él siempre había querido superarlo en fuerza, jamás lo había logrado. No era rival para él, solo era una persona extremadamente molesta.

—Diez heridos —dijo Neji suavemente. La cifra no le hacía sentido, había 12 alumnos en Bouke en el entrenamiento básico de taijutsu y diez de ellos habían sido heridos de alguna forma.

Ikari se encogió de hombros—. Tus chicos no están a la altura, Neji.

Neji torció una sonrisa—. ¿Quién está a cargo del entrenamiento?

—Saotori-san —respondió Ikari. Neji mismo había sido entrenado por él y nunca había sido una buena experiencia, la mayor parte de las técnicas las había aprendido por su cuenta, pero él no tenía el tiempo de entrenar a los chicos de su rama por su cuenta.

Neji asintió lentamente y tomó la pluma del tintero para firmar la hoja, con esa firma Ikari podría dirigirse al tesorero del Bouke y cobrar por sus servicios al atender a los jóvenes heridos de la rama secundaria.

Cuando Neji le devolvió el pergamino Ikari se levantó rápidamente y sin agradecer salió de la habitación.

Neji espero a que los pasos del médico se esfumaran por completo para fruncir el ceño y soltar un suave suspiro de resignación. Estaba cansado física y mentalmente, escondió el rostro entre sus manos, pero sabía que nadie podía verlo así.

—¿Requiere otra cosa, Neji-san? —preguntó la chica sentada al fondo de la habitación. Un año atrás la había seleccionado entre varias prometedoras candidatas. Neji levantó la mirada hacia ella. Nadie podía verlo de aquella manera excepto ella, la chica se había ganado su confianza tras largas noches de servirle diligentemente.

A veces era tan silenciosa que Neji olvidaba por completo su presencia, era exactamente esa cualidad la que más había resaltado para él. Neji bebió té, además, había comprendido la temperatura perfecta a la que le gustaba su té.

La chica siguió mirando al frente, sin prestar atención a su mirada. Esa era otra cosa que él valoraba de ella, respondía solo si él se lo pedía. Ojalá todos a su alrededor fueran así de serviciales.

—Tenten —llamó él y ella giró la cabeza hacia él mostrándole una gentil sonrisa, a pesar de ser callada y reservada Tenten era la única sirvienta que no le temía, o quizá era la que mejor lo disimulaba.

Neji meditó un momento, no necesitaba nada, pero su presencia en la habitación le reconfortaba de alguna forma. Sabía que al día siguiente su prometida llegaría y, aunque no lo quisiera, se casaría con ella y su vida cambiaría. Nunca había compartido habitación con nadie y ciertamente no tenía ganas de hacerlo con una desconocida.

—Ve a hacer mi cama —pidió Neji.

La chica se levantó con elegancia, hizo una corta reverencia y abandonó el estudio para dirigirse a la habitación.

Neji la siguió unos minutos después y observó, desde el marco de la puerta, como Tenten estiraba el tatami en el centro de la habitación. Pronto tendría que compartir aquella habitación. Odiaba la idea.

Cerró la puerta detrás de sí y siguió observando a la chica con detenimiento. Nunca había sentido curiosidad por ella más allá de su impecable trabajo, pero aquella noche estaba tan cansado y fastidiado de la gente superior que solo tenía ganas de charlar con alguien que no cuestionara su autoridad a cada segundo.

—¿Qué hacías antes de trabajar aquí? —preguntó Neji.

—Vivía con mi hermano en la zona sur de Konoha —respondió la chica con tranquilidad mientras terminaba de acomodar la colchoneta y se levantaba del suelo.

—¿Y dónde está él ahora? —preguntó.

—En el mismo lugar Neji-san, trabaja en una panadería —sonrió.

Neji la escudriño con la mirada, intentando encontrar la mentira entre sus palabras, pero, por más que lo intentó, solo encontró la mirada de una aldeana común y corriente.

—¿Lo visitas? —preguntó con curiosidad pues nunca la había visto salir de los terrenos Hyuga.

Para su sorpresa Tenten asintió—. Cada sábado lo visito.

Neji levantó una ceja—. ¿Por qué los sábados?

Tenten soltó una risita—. Porque es mi día libre.

—Oh... ¿No te gustaría volver a vivir con tu hermano? —preguntó.

Tenten negó—. No, estoy bien aquí Neji-san —las mejillas de Tenten se sonrojaron ligeramente y Neji se sintió incómodo de haber hecho una pregunta tan personal a su empleada—. La mansión Hyuga me proporciona techo y comida... y no soy una carga para mi hermano.

—Comprendo —se sintió aún más culpable, no conocía bien la aldea porque su tío nunca lo había dejado vagar demasiado lejos de los terrenos Hyuga, pero supuso que la zona en la que vivía Tenten no debía ser la más linda de todas—. Lamento que mañana no puedas visitar a tu hermano.

Tenten se encogió de hombros—. Es importante la cena con la princesa de la Arena, lo comprendo.

Neji torció una sonrisa, no supo explicar porque, pero agradecía la presencia de la chica—. Visita el lunes a tu hermano, me aseguraré de que no te descuenten el día.

Tenten hizo una reverencia—. Gracias Neji-san —levantó la mirada—. ¿Necesita algo más?

Neji negó—. No —dijo mientras abría la puerta y la dejaba salir—, ve a descansar.

Tenten lo reverenció una vez más y salió de la habitación con sus habituales pasos silenciosos.

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TEMARI

Kankuro le dio un pañuelo a Temari, ella lo tomó con brusquedad de sus manos y se limpió la cara, las lágrimas le habían corrido el maquillaje de los ojos y el delineado de ojos le había manchado las mejillas.

Tomó el espejo que también le ofreció su hermano y rehízo su maquillaje en el poco tiempo que le quedaba.

—No es justo —dijo ella, intentando no volver a llorar, estaba furiosa—. Prometiste que te quedarías conmigo hasta la boda.

—Vendré para la boda —le aseguró Kankuro.

—¿Y eso que importa? —dijo Temari—. Me abandonarás aquí, entre todos estos Hyuga durante meses.

Kankuro no pudo negarlo—. No estaba en el plan que Gaara se escapara —dijo el chico—. Tengo que ir a buscarlo, lo sabes.

Temari puso los ojos en blanco—. Lo sé, lo sé —dijo ella—. Pero prometiste quedarte y ahora estaré sola entre todos ellos.

—No pensé que fueras a llorar por extrañarme —dijo Kankuro.

Temari soltó una risita—. No te voy a extrañar, hermano idiota. Ni a ti ni a Gaara —la chica suspiró—. Es solo que... quien sabe cuándo volveré a Suna... no quiero estar aquí.

Temari tenía dos personas para ella en el mundo, sus hermanos. Sus hermanos eran las únicas personas que le merecían su honestidad. Los únicos que la habían visto vulnerable. Solo con ellos podía ser ella. Pero la decisión de su padre los había alejado. La idea de casarse no le aterraba, la idea de estar sin ellos sí lograba paralizarla de miedo.

Siempre habían sido ellos tres. Ellos tres contra el consejo, ellos tres contra Konoha, ellos tres contra su padre. Ahora estaban separados y vulnerables.

Kankuro abrazó a su hermana rápidamente—. Encontraré a Gaara y vendremos por ti, quemaré toda la maldita aldea si es necesario —dijo él.

—¿Crees que este bien? —preguntó ella.

—No lo sé —dijo Kankuro con sinceridad y mucha preocupación en su voz—, pero no debería andar sin compañía... aún es muy...

—Inestable —completó Temari y Kankuro asintió ante su afirmación.

—No puedo creer que no nos contara de su plan —refunfuñó Kankuro—. Si nos hubiera dicho... si nos hubiera dicho habría ido con él.

Temari terminó su maquillaje y se controló tan bien como pudo—. Dale un buen golpe de mi parte cuando lo veas —suspiró—, espero este bien. ¡Ah, Gaara idiota! ¿Por qué no nos dijo lo que planeaba?

Temari sabía la respuesta, los tres se conocían tan bien que entendía perfectamente por qué Gaara no había dicho nada. Él quería hacer esto solo, quería ver el mundo, siempre había sido su sueño.

Su hermano puso un pequeño pergamino en la mano de Temari, sacándola de sus pensamientos—. Guárdalo bien —le dijo—. Si tienes algún problema serio debes quemarlo. Vendré por ti sin importar donde este —sonrió—. Lo prometo.

Temari asintió y guardó el pergamino en el bolsillo escondido de la manga de su kimono, no miró por la ventana cuando las puertas de Konoha se abrieron para dejarlos pasar. La caravana avanzó un poco más y unos minutos después se detuvo.

Un ninja de la arena abrió la puerta—. Llegamos —dijo la escolta.

Kankuro bajó primero y le dio la mano a su hermana para bajar con elegancia.

En la puerta de los terrenos Hyuga, Temari se encontró con una gran comitiva de bienvenida. Cinco señoritas se apresuraban a bajar sus cosas de la caravana y a trasladar sus maletas a su nueva residencia.

Frente a ella encontró un centenar de ojos blancos que los miraban fijamente y Temari entendió su posición diplomática. Estaría rodeada, rodeada de ellos. Los miró a todos, todos vestidos de blanco, todos demasiado similares.

Era su trabajo mantener el nombre de su aldea en alto. Dependía de ella reflejar el poder de toda la Aldea de la Arena.

Kankuro avanzó unos pasos hacia el líder. Temari conocía su rostro por los retratos que su padre le había hecho aprender. También distinguió fácilmente el rostro de su hija Hanabi y por supuesto el de Neji Hyuga.

—Hiashi Hyuga —dijo Kankuro tendiéndole la mano a líder de la aldea de Konoha.

—Kankuro Sabaku no —respondió el hombre apretando la mano de su hermano—. Me complace observar que llegaran con bien —agregó.

—Los caminos son más seguros ahora —dijo Kankuro a manera de un elegante cumplido.

—Es muy cierto —dijo Hiashi, comprendiendo la indirecta.

—Mi hermana, Temari Sabaku no— Kankuro la señaló con la palma de la mano y Temari hizo una ligera inclinación de cabeza a el Hokage.

—Hiashi-sama —dijo ella con cortesía.

—Eres más bella de lo que nos dijeron —dijo él con una suave sonrisa—. Él es mi sobrino, Hyuga Neji —dijo señalando al joven detrás de él.

Temari sabía que él era solo un año menor que ella, pero era al menos 10 centímetros más alto que ella. Era bien parecido, de tez blanca, de ojos aún más blancos, de rasgos delicados y hombros anchos. Pese a su porte natural y su indudable atractivo Temari pensó por un microsegundo que él no era exactamente su tipo de hombre, aunque no podría definir cuál si era.

En su frente llevaba a la vista el tatuaje de una cruz color azul. Temari intentó no observarlo demasiado y para desviar la atención extendió la mano hacia él. Ya tendría tiempo de averiguar cómo funcionaban esos sellos más tarde. Su padre le había pedido explícitamente recolectar esa información, pero no era el momento de hacer preguntas.

Él la tomó con delicadeza y besó el dorso de su mano. Temari fingió una sonrisa ante el contacto.

El día paso rápido y en automático para ella, sonrió, saludo y fue tan educada como su entrenamiento de kunoichi le había enseñado. Toda la vida su padre había hecho hincapié en la importancia de su entrenamiento social, una kunoichi debía ser tan buena en las armas como en una fiesta de sociedad. Temari logró reprimir su desdicha probando la comida nueva y aplaudiendo a los bailes tradicionales de Konoha que desfilaban frente a ellos.

Cuando la cena de bienvenida terminó Temari fue su nuevo hogar. Le habían asignado la casa de visitantes, una lujosa casa en los terrenos del Bouke, ligeramente alejada de la mansión de Neji. Por orden de Hiashi Hyuga, los novios no compartirían techo hasta su boda y Temari no podía estar más feliz con esa anticuada tradición, al menos tendría sus propios aposentos y privacidad durante unos meses.

A la mañana siguiente, su hermano y la pequeña comitiva de Suna se retiraron de la aldea y Temari quedó sola en aquella enorme mansión. Sola.

El clan le asignó dos damas que le ayudarían en sus necesidades, la vieja y experimentada Hideki, y la joven y despeinada Shiho.

No vio a su prometido ese día, ni el día siguiente.

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TENTEN

No estaba segura de poder llevar a cabo esa misión pese a haberla aceptado. No podía ver esos ojos blancos por todos lados y sonreír con sumisión. Pero debía intentarlo, sabía que debía intentarlo y poner todos sus esfuerzos en sonrisas hipócritas. Debía limpiar el piso por donde los Hyuga caminaban e intentar no vomitar de asco en el proceso.

Los odiaba, odiaba verlos caminar y tener que guardar silencio para no molestarlos. Odiaba verlos, odiaba escuchar sus voces, odiaba recibir sus órdenes.

Sin embargo, Tenten intentaba con todas sus fuerzas reprimir esos pensamientos siempre que ellos estaban demasiado cerca, temía que alguna vez ellos pudieran leerle la mente. No podía arriesgar su estadía en casa por nada, aunque los odiara debía permanecer dentro de los terrenos del Hyuga, era la mejor forma de conseguir información. Conocerlos era la única forma de ganarles.

Mientras preparaba la sala para la llegada de Neji miró de reojo a la hija del Kazekage, la odiaba un poco menos, incluso sentía un poco de lástima por ella. Había sido recluida en esa casita de muñecas y aislada de todos los demás. Quizá los Hyuga la odiaban a ella.

Media hora más tarde Neji llegó a la mansión de Temari y en silencio se dirigió a la sala de té. Lograr ser su sirvienta principal había sido un golpe de suerte y un logro maravilloso para su misión encubierta, pero sabía que mantenerse ahí dependía de su capacidad de ser complaciente con una persona tan poco agradable como Hyuga Neji.

Temari la llamó para servir el té y Tenten obedeció rápidamente, una vez completada la tarea volvió a la esquina de la habitación, detrás de Temari, y guardo silencio. Su trabajo ahora era pasar desapercibida para que los poderosos hablaran e intentar memorizar tantos datos como le fueran posibles. Pero el ambiente era tenso y ni Temari ni Neji parecían tener intención de comenzar la conversación.

En la segunda taza de té Neji decidió hablar—. Me parece que al final de la primavera sería un buen momento para la boda —dijo Neji, cediendo ante el gélido silencio de la princesa—. Hará un buen clima y...

—Preferiría a finales del invierno —dijo Temari bruscamente—. Muchas flores me producen alergia.

Neji se removió en su asiento visiblemente incómodo—. Bien —cedió, sin razón para argumentar—. Mientras más pronto, mejor —reconoció. Tenten anotó la fecha mentalmente.

Desde su ángulo de observación Tenten miró las manos de Neji por debajo de la mesita de té. Sus manos cerradas en puño apretaban con fuerza la tela del pantalón. En todo el tiempo que había trabajado para él, nunca lo había visto tan visiblemente frustrado.

—Entonces pediré que comiencen los prepa...

Pero Temari, sin cortesía lo interrumpió—. Lo haré yo misma —dijo sin disculparse por la interrupción. Las manos de Neji se cerraron con más fuerza, estrangulando la tela—. Quiero que sea como lo imagino, así que lo supervisaré yo misma.

—Será más sencillo si las sirvientas se encargan, todavía desconoces las tradiciones matrimoniales del clan —dijo Neji disimulando con poco éxito su malestar al ser interrumpido dos veces, el chico no estaba acostumbrado a ser desafiado de ninguna manera.

—¿Incluiremos las tradiciones matrimoniales de mi aldea? —preguntó Temari justo antes de tomar un sorbo de té.

—Mi tío dijo que quiere una boda Hyuga tradici...

Temari lo volvió a interrumpir—. Si mis tradiciones no serán incluidas, entonces no podrían importarme lo más mínimo las tuyas —sentenció.

Tenten tuvo que desviar la mirada suavemente para que Neji no viera en sus ojos la diversión que le causó esa respuesta.

Temari de la arena había hecho tres cosas imposibles para cualquiera, primero, había hablado sin ninguna educación ni honoríficos, segundo, había despreciado las tradiciones del clan más poderoso de la Hoja y tercero, había dejado callado a la cabeza del Bouke.

Neji frunció el entrecejo, visiblemente molesto—. Negociaremos la inclusión de tus tradiciones con mi tío en la siguiente reunión.

Temari asintió—. Hasta entonces, negociaremos la inclusión de las tuyas —la chica no dijo una palabra más. No estaba negociando ni aceptando nada, estaba mostrándole su poder de decisión.

Silencio de nuevo.

Tenten puso todo su esfuerzo en evitar reír ante la cara de desconcierto del Hyuga.

—Escoge cuantos sirvientes necesites para comenzar —dijo Neji, era claro que quería ser quien diera la última orden, pero Temari estaba preparada para no dejarle ni la más mínima victoria en su primer encuentro.

—Shiho y Hideki son todos los ojos que necesito —dijo Temari con una suave sonrisa. La indirecta había sido tan clara que Neji tuvo que girar la vista unos segundos para calmarse. El Hyuga estaba encolerizado ante los desafiantes modales de su prometida.

Neji frunció el ceño—. Mi sirvienta, Tenten, estará a tu disposición también, durante el día ella no tiene mucho que hacer si yo no estoy en la mansión —dijo el chico, pero se aseguró de que su frase fuera una orden irrefutable.

Temari cedió y accedió a la presencia de Tenten durante la planeación. La princesa de la Arena hizo algún aún peor, sin pedir permiso se levantó y dio media vuelta y miró a Tenten, sorprendiéndola.

—Tenten —la llamó la princesa de la arena con una agradable pero poderosa voz—. Acompaña a Neji-san hasta la puerta. Estoy cansada y quiero dormir —fue lo último que dijo antes de salir de la sala.

Tenten hizo una reverencia que le ayudó a ocultar la pequeña sonrisa. No odiaba a Temari de la Arena, hasta le caía bien.

Sus pensamientos agradables fueron interrumpidos por el sonido de un plato de porcelana rompiéndose. Por instinto, Tenten se levantó rápidamente y fue hacia Neji a recoger los pequeños pedazos de la porcelana.

—Límpialo rápido —ordenó Neji con voz ronca y fúrica.

Tenten levantó los pedacitos y sacó de su falda un arrugado trapo de tela blanca.

—Debería curar su mano primero, Neji-san —dijo dándolo el pañuelo.

—¿Acaso pedí tu opinión? —respondió él arrancándole la tela de las manos y presionándola contra la palma de su mano. La sangre de Neji ensució el pañuelo y arruinó el piso. Tenten ignoró su tono molesto, estaba acostumbrado a ello.

—Limpia el piso —dijo Neji, con un tono mucho más calmado. Tenten no levantó la vista hacia él, porque si lo hacía quizá intentara enterrarle un pedacito de porcelana en la garganta—. Nadie debe ver este desastre ¿entiendes?

Tenten asintió sin mirarlo, cuando guardó todos los pedacitos del plato de porcelana levantó la mirada suavemente.

—¿Lo hago muy mal, no? —preguntó él mirando su mano ensangrentada.

Tenten lo miró confundida—. ¿Disculpe?

—Hablar con ella, lo hago fatal ¿cierto? —preguntó él, mirándola.

Tenten tragó saliva e intento fingir que seguía limpiando el piso—. Creo que no debería responder eso, Neji-san —dijo.

Neji ladeó la cabeza suavemente—. Esa es una buena respuesta —dijo levantándose—. No cenaré esta noche Tenten, puedes retirarte a dormir —dijo él mientras se retiraba de la habitación.

Tenten no pudo evitar sonreír al ver las gotitas carmesíes que Neji había dejado por el suelo. Los Hyuga también sangraban, fue un pensamiento reconfortante.

Tenía que cumplir su parte de la misión, tenía que verlos a todos sangrar.

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¡Hey, hola!

¿Qué tal les pareció el primer capítulo? Si les gustó no olviden comentarme algo, me encanta leerlos y dar estrellitas que me sube el ánimo para seguir escribiendo jejeje

Se supone que esto debía publicarse con el prólogo, pero por alguna razón, no pasó... en fín jejeje ¡Hola Blossom, un gusto volver a leerte, espero me acompañes en este fic!

¡Nos leemos el próximo lunes!