Capítulo 13. Invasión – Parte 1
Los despertó el sonido temprano, de lo que sería un fuerte estruendo viniendo de la parte trasera al castillo. El maestro espadachín salió hábilmente y corrió hacia el patio, siendo acompañado de su aprendiz y mayordomo. Sacó su espada esperando que los atacantes se revelaran y así pudiera comenzar una enérgica batalla…
Sin embargo, ¡estruendo! ¡De nuevo se escuchó con fuerza!
Continuaron avanzando, el sonido se intensificaba mientras más se aproximaban al jardín Zen.
¡Cuando llegaron!
Fat se puso pálido. Su arduo trabajo…siendo echado bajo tierra. Toph entrenaba su tierra control de manera un tanto agresiva. Pedazos de roca y gravilla salían disparados por todas partes. Incluso hacía recurso de su arena control; con tal de mejorarse en este, movía la arena y daba forma, cambiando su composición, convirtiéndola en cristal.
¡Las lanzó cual dagas contra su objetivo!
Figuras de roca que ella misma manipulaba y sacaba del suelo. El maestro Piandao pronto se vio impresionado; Fat, sin embargo, se desmayó.
…
¡El día había llegado!
Las flotillas del Ejército Tierra y la Nación del Fuego se vieron mutuamente en la batalla naval. Las bolas de fuego no se hicieron esperar, apenas intentaron cruzar la línea que marcaba el bloqueo.
- ¡Ahora! – Gritó dando la orden y varios de los soldados Tierra contrarrestaron el ataque lanzando discos de piedra para chocar en el aire las enormes bolas incendiarias. Por otra parte, los maestros agua hicieron uso de hielo y neblina para provocar confusión. También contaban con una invención del Maquinista: Una catapulta gigante que les ayudaba a arrojar, principalmente material apestoso. Donde bombas impulsadas explotaban apenas tocaran un objeto o superficie.
- ¡Uagh! – se escuchaban los quejidos, mareados por la peste.
¡Lograron abrir un hueco en las filas!
- ¡Avancen! – El equipo principal logró pasar mientras el resto de barcos se quedaron atrás; procurando mantener el paso abierto a que regresaran cuando la misión se viera completada. - ¡Una vez lleguemos a la puerta de Azulón, usaremos los submarinos! – Exclamó.
Tal y como dijo, al llegar a la imponente estatua del pasado Señor del Fuego, una nueva flotilla los esperaba…
- Fue una estupenda idea, Sokka.– Sentenció su padre, orgulloso. De haber podido despistar el segundo bloqueo.
- Lamentablemente nuestro suministro de aire es limitado.– Sentenció el hombre detrás de su fabricación. - Por la rapidez con que se construyeron, no pude resolver el tema del oxígeno a tiempo; pero el impulso generado por los maestros agua manipulando las corrientes, deberá ser suficiente para llegar a la superficie sin problema.– Aclaró.
- Más vale que así sea.– Sokka masculló severo, con un rostro totalmente trastornado.
"Ese día en la madrugada:
- Katara, he tratado con todas mis fuerzas, pero no lo consigo… Sigo estando confundido… No entiendo que fue lo que pasó, ni que hice para que las cosas acabaran así.– Sollozaba sorbiendo su nariz, sus lágrimas humedecían sus párpados y empapaban sus mejillas. - Creo que mi peor error fue haber involucrado a ti y a Sokka, cuando está claro que el camino del Avatar es un camino distinto, uno solitario… "No puedes anteponer tus deseos a las necesidades del mundo" Los monjes lo sabían y es por eso que quisieron alejarme de Gyatso desde un principio... Ellos siempre estuvieron en lo cierto.-
¡Crack! Una rama crujió detrás suyo, percatándose por solo unos segundos que alguien venía.
- Sokka, ¿qué haces aquí? – Se vio inseguro, poniéndose de pie.
- ¡Hm! – Esbozó una mueca retorcido, quebrado. Sus ojos estaban enrojecidos del llanto. - Tranquilo, tan sólo vine asegurarme que no desistieras del plan.– Explicó.
Frente a esto, el monje denotó preocupado.
…
Por otra parte en el Reino Tierra.
Un enemigo jurado y viejo desertor de la Nación del Fuego rondaba las calles. ¡El Espíritu Azul estaba de regreso!
- ¡Ah! – Se oyó el quejido de uno de los soldados tierra, siendo golpeado en la nuca para que cayera inconsciente.
Seguía avanzando hacia su objetivo, sigiloso y furtivo; dando una magnífica demostración de sus habilidades espadachines sin hacer uso de su control. Desde que aterrizó, ya había hecho frente a un escuadrón entero, pero, ni siquiera estaba un poco cerca de Palacio. Quizá sólo era su inconsciente, pero diría que ahora había el doble de guardias.
¡Subió a uno de los tejados para dar escape rápido de sus perseguidores!
Sin embargo, sus pupilas se llenaron y su expresión se tapó detrás de la máscara que lo cubría... Ba Sing Se se había convertido, en una base militar.
…
Al salir de los submarinos, se toparon con una tercera defensa en una enorme explanada, donde los maestros fuego atacaban desde Torres de vigilancia. Empezaron a lanzar bolas de fuego y llamas, ellos contrarrestaron con rocas y llevaron a cabo el combate cuerpo a cuerpo.
- ¡Desháganse de las torres! – Ordenó el joven guerrero de la Tribu a los soldados tierra. Estos pronto acataron lo ordenado y comenzaron a lanzar enormes discos de gruesa roca en esas direcciones.
Subió a la espalda de Appa para dirigirse personalmente a lado de su padre y deshacerse del resto de los soldados.
Al estar lo suficientemente cerca, bajó del animal y dejó que se fuera, procurando que se apartara del fuego. A la brevedad, el combate dentro de las Torres que quedaban se sostuvo por varios minutos… ¡Él y su padre parecían un auténtico batallón de guerreros agua!
- ¡Ah! – Oyó la voz de Hakoda, al ser golpeado y quemado en el brazo.
- ¡Papá! – Resonó la exclamación de Sokka, totalmente preocupado.
- Estoy bien, hijo.– masculló dolorido. Ambos se cubrieron de las llamas. ¡En eso!
- ¡Arghh! – Reverberó el grito de guerra. Pasando de un lado a otro desaforado con su arma, haciendo frente.
¡Sokka respiraba agitado!
El jefe de la Tribu Agua del Sur, contempló a los cuerpos de los soldados fuego desangrarse.
…
- Señorita, no voy a negarle que el uso de su control es algo extraordinario, pero hay formas más constructivas y menos destructivas para canalizar su ira.– Espetó Piandao paciente. Fat apenas se recuperaba del mareo.
- ¿Qué sería más eficiente que esto? – Respondió ligera para luego continuar.
¡Las rocas hicieron coalición!
- Como le mencioné, es un bonito artefacto el que lleva. ¿No le interesaría aprender su uso? – Intentó negociar.
- No te ofendas, pero creo que el uso de armas es un tanto anticuado.– Objetó sin muchas ganas.
- No podría estar más equivocada. Si algo nos demuestra la historia, es que saber defenderse sin poseer un control es un arte. Una clara expresión de la 'belleza, libertad y verdad' -
Toph enarcó una ceja. Ya antes había oído esas palabras. Detuvo su entrenamiento por completo, interesada.
- Okey, demuéstralo.– Lo retó.
- ¿Disculpe? – Pareció extrañarse.
- ¿No me oíste? Defiende tus palabras. Demuestra tu v e r d a d – arrastró su voz chillona, haciéndola sonar escuálida, queriendo provocar. El no maestro la observó detenidamente.
- Le advierto, señorita, que el arte espadachín es un arte sagrado, hay que ser merecedor de este para poder manejar la empuñadura.-
- Oahhh ~ Toph bostezó. - ¿Quieres saber lo que escuché? Blablabla, armas, blablabla, anticuado.-
Pese a su burla, el hombre se mostró sereno.
- Muy bien, empecemos.– Tomaron posición.
Y tras esto, ¡el hombre espadachín realizó el primer movimiento! La joven maestra sonrió complacida, esbozando una pequeña mueca. Tenía tanto de no sostener una pelea.
Piandao dio la estocada con su larga hoja plateada y brillante. Fat desde las escaleras observaba muy atento. Toph esquivó al hombre y atacó con una columna que salió por detrás de ella a espalda del no maestro, este cortó la roca de un solo tajo, evitando sin problema el ataque; Toph se volvió a desplazar por el suelo, y sacó varios modelos de soldados fuego, "dejando que se hicieran cargo de la batalla".
- Mhm… ¿Hacer que otros peleen por ti? Eso es algo que nunca había visto en maestros de tu elemento.– El hombre resaltó sus observaciones y decapitó sin problema al modelo que perseguía. Partiendo a cada uno de ellos.
Sin querer, al escuchar sus comentarios sintió molestarse, un poco, pero continuó y atacó arrojando varios proyectiles; los cuales Piandao esquivó moviéndose habilidosamente. Sin perder ni un poco de su elegancia, gracia o postura. La maestra detuvo sus pies, convirtiendo el suelo en arena y luego en cristal.
- ¿Deshabilitar a un viejo de sus movimientos? Eso definitivamente es algo nuevo, algo que nunca había visto.– De nuevo compartió.
- ¡Aún no has visto nada! – La maestra rondaba a su alrededor. Piandao solo seguía el sonido por su hombro, sin poder moverse al estar atascado en el suelo, pero permanecía sumamente atento a cualquier variación.
- ¿Por qué no vienes y atacas? ¿Acaso tienes miedo? – Confrontó serio, pero expectante.
¡Ahora sí se molestó!
- ¡Jamás le he temido a nada! – Se decantó por ir de frente, tal y como siempre lo haría.
Hizo puños de roca cubriendo sus manos, yendo directo a golpearle. Sin embargo, Piandao giró el torso, cubriendo el impacto con su espada.
- Jovencita, no eres la única aquí quien domina más de un yin neutral.– Expresó soberbio. Toph sin duda alguna se vio sorprendida.
…
¡Salieron disparados los guantes de tierra a su dirección!
- ¡Agh! – se escuchó al haberle golpeado la espalda. Otro de los nuevos soldados del Ejército Tierra lo tomó por la túnica para que no huyera; y el que lo había atacado primero lo aprendió por ambas manos, evitando el que se zafaran.
Lo arrojaron dentro de una carreta rumbo a los calabozos…
- ¡Encierren a este en la ala oeste! – Exclamó uno de los soldados a los guardias. Los tipos se vieron impresionados de que hubieran atrapado al gran Espíritu.
- Por supuesto, señor.– Espetó uno, preparándose para llevarlo consigo.
- Éstas son sus pertenencias, pero creo que me quedaré con estas bonitas espadas.– Tan pronto el hombre masculló, ¡el Espíritu Azul corrió por la pared para darse una voltereta en el aire y mandar a volar de una patada a los dos soldados tierra! Quebró con fuego control los guantes que cubrían sus manos. Los guardias, más jóvenes, se vieron asombrados y atemorizados a la vez... Sin más, le devolvieron sus espadas.
…
Sokka de nueva cuenta sonreía extrañamente.
- Sé que estás confundido. Sé que no has sido tú desde lo pasado con mi hermana, yo tampoco me siento como yo. Pero sabes, este es mi momento de la verdad, mi tiempo para redimirme.– Expresó inquietante.
- Sokka, tu momento de la verdad no es este. Detendremos juntos esta guerra, de eso estoy seguro, pero hay otra forma, siempre la hay… Ya no quiero más violencia.– Declaró más bajo.
El de la Tribu Agua arrugó su entrecejo.
- No, ¡no la hay! La violencia es la única manera en que entiende esa gente.– Se vio alterado, el monje se agitó. El guerrero volvió a bajar el volumen de su voz al ver su rostro, asustado. El moreno respiró. - Tú no entiendes, Aang. No entiendes que es fallarle a alguien, qué es perder a las personas que amas… Mamá, Katara, Yue... Cada una de ellas estarán muy decepcionadas.-
Los ojos del maestro aire nuevamente se cristalizaron.
- Si hay alguien que entiende mejor sobre fallar y decepcionar a las personas, soy yo.– Refutó a su comentario, dolido.
El no maestro lo miró.
…
- ¡El eclipse esta por comenzar! – Se oyó dando el aviso al Maquinista. - ¡Todos pónganse sus protectores! -
De inmediato el Ejército de Aliados procedió a realizar lo indicado, colocándose cada quien esos visores especiales para seguir en combate.
- Es nuestro turno.– El de la Tribu murmuró. Abriéndose paso para él y su padre; liderando la batalla.
Más allá en lo alto.
Sintió náuseas al ir sobrevolando la isla, la vista desde arriba resaltaba a la perfección las bolas de fuego y humo, los tanques enemigos y aliados por igual, guerreando en la explanada a la puerta de Azulón. Él se dirigía en su planeador a Ciudad Palacio, donde aun conservaba una esperanza…
Ahí esperaba encontrar a Zuko.
…
- ¿Se dará por vencida tan rápido o por qué la expresión en su cara? – Replicó el hombre espadachín al ver su gesto. La maestra de nuevo atacó, intentando romper con sus puños la impecable defensa.
- Hablas mucho para ser un viejo sabio.– ¡Renegó empujándolo con fuerza! Decidida a querer quitarle ella misma la espada de las manos. Sin embargo, Piandao la hizo retroceder, desbalanceando su centro y mandándola de bruces al suelo. Toph respiraba agitada, impresionada. El no maestro se sonrió. - No hagas alarde, hombre.– replicó con esfuerzo. - Podría haber acabado el duelo desde un principio, ¡soy la mejor maestra tierra de todos los tiempos! – Refutó segura, excusando su desliz.
- He vivido lo suficiente para saber, que siempre habrá mejores.– Respondió a su osadía.
La joven sin querer también se sonrió, extrañamente a pesar de su respuesta, no se molestó. Lo liberó del suelo, poniéndose ella de pie con ayuda de su tierra control.
- Sin duda eres el viejo más loco que haya tenido la orden, y eso es mucho decir, he conocido peores.-
Su emocionante lección de defensa sin hacer uso de control, que el maestro Piandao dominaba, provocó a la pequeña empezar genuinamente a interesarse.
- La orden del loto blanco fue creada para brindar protección. Para traer la verdad, admirar la belleza y disfrutar de la libertad individual. Es normal que haya espécimen tan singulares en ella. Nuestro credo nos lleva a aceptar, solo aquellos que poseen estos valores. Y aunque parezca increíble, en estos tiempos son cada vez más difíciles de hallar.– Relataba complacido, Toph solamente escuchaba.
…
- ¿Hola? – Se vio confundido, recorriendo cada una de las calles centrales... Parecía un pueblo fantasma.
Continuó avanzando y se decidió por ir directo a lo que buscaba. Ya no podía extender más el tiempo, debía hallar a Zuko pronto.
En el Palacio.
- ¿Hay alguien aquí? – Aang seguía avanzando lo más rápido que le daban sus pies para recorrer cada rincón. Pero se repetía la misma historia. Ciudad central y alrededores estaba vacío, completamente solo…
Abrió la siguiente puerta color carmesí con ornamentos de oro, y ahí vio a alguien posando en el trono.
- ¡Señor del Fuego Ozai, he venido a darle fin a esta guerra! – Recitó, sin embargo, quien posaba y albergaba la Sala Real, no fue quien esperó.
…
- Sokka, por favor. Sólo necesito tiempo.– Concluyó a su argumento.
El moreno comenzó a negar enérgico.
- La invasión continuará al atardecer – Aseveró decidido. - Contigo o sin ti, Aang. Y por tu propio bien, espero que elijas el camino correcto.– Espetó más serio.
Prontamente se vio impactado, asustado... ¿Eso era una amenaza? El de la Tribu Agua se dio la media vuelta.
- Tu eres mi amigo. ¿Lo recuerdas? Tú, Momo, Appa, yo… Katara. Somos una familia. ¿No es así? – Confrontó temeroso, esperando su respuesta.
Este se detuvo unos segundos… Recordando. Las imágenes llegaron a su mente:
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Los pedazos de tierra y escombro volaban mientras Aang se elevaba en el aire y sus ojos destellaban azul. Indicando su incontrolado Estado Avatar.
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- ¡Aang, sé que te sientes muy mal y que debes estar molesto y triste, pero ahora Sokka y yo, somos tu familia! -
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Katara tomaba su mano y la de él…
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- Sí, chico. Katara y yo estaremos aquí para cuidarte.-
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Los ojos aguamarina se inundaron, pero no dejaron caer ni una sola lágrima.
- Esa promesa murió con mi hermana.– Se marchó."
…
De vuelta en la Sala Real.
- Ty, pero si es el Avatar en persona... Tal como esperábamos.– Masculló la chica de recto flequillo y la de cabello trenzado inmediatamente frunció su entrecejo y se lanzó al ataque. La más alta sacó sus dagas, bajando rápida de ese podio.
¡Cuchillos salieron en su dirección! El maestro pronto dio un salto en el aire. Decidido a esquivar y evitar toda esa pelea.
- Chicas, no quiero pelear, en realidad, estoy buscando a Zuko.– Explicó denotando nerviosismo. Corriendo alrededor de la sala.
La más alta sin despegar ni por un segundo su mirada o guardar sus dagas; empezaba a acorralarlo. Ty también amenazaba con dejarlo inmovilizado.
- Acabamos de escuchar que buscas al Rey Fénix Ozai.– Espetó la otra, tratando de seguirle el paso y demostrando sus fabulosas piruetas de combate.
- ¿Rey Fénix? – se vio confundido, pero ahora no era el momento para cuestionarse por esto. - No importa, es sólo una frase que pensé mientras venía. A quien esperaba encontrar es a Zuko, o a Toph. ¿Los han visto? – Preguntó interesado sin dejar de moverse. Igualmente atento por si debía de escapar.
- No desde Ba Sing Se.– Reveló Ty Lee.
- ¡Shh! – Mai la calló a que continuara.
El monje ante esto se notó cabizbajo, decepcionado en sí… Deteniendo su huida.
- Me están diciendo…¿qué no saben nada de ellos? – Se vio preocupado.
Ambas de las no maestras guardaron silencio, dejando qué la imaginación del calvo divagara.
- Pero ¿cómo supieron de la invasión? – Preguntó confundido.
- No fue difícil adivinarlo, después de todo tú asesinaste a la Princesa Azula.– Los ojos de Ty Lee se tornaron oscuros cuando Mai pronunció esas palabras. La mirada y expresión de Aang se desfiguró.
- ¡¿Yo hice qué?! – ¡No lo podía creer! Empezaba a sentirse mareado… ¡Flashback del fatídico día acribillaron su cabeza!
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Sintió el dolor en su mismo cuerpo, el calor intenso atravesando su piel y carcomiendo sus huesos.
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- ¡MI HERMANA HA MUERTO! – Escuchó el grito de Sokka.
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Él, perdiendo la claridad en pensamiento mientras sus manos y cuerpo comenzaron a temblar.
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- ¿No lo sabías? – Mai confrontó. - Nosotras estuvimos ahí cuando pasó.-
- No-no tenía idea – Su rostro se notó quebrado.
- Pareciera que olvidaste más de la mitad de las cosas que pasaron ahí.– Enfrentó la otra.
- No, no lo recuerdo. Solo tengo lapsos… Donde creo haber visto o escuchado cosas.– Confesó dolido.
Ty Lee y Mai se miraron mutuamente.
- ¿Qué cosas? – Prosiguió la más alta.
- Recuerdo ver a Zuko y Toph intentando hablarme. Haber visto a Katara llorar antes de…del intercambio.– comentó más bajo.
- ¿Y después? – Mai seguía expectante, sin bajar la guardia.
- Es ahí donde todo se vuelve confuso, recuerdo sentir el calor insoportable y dolor. A Sokka gritando por Katara, y yo… Yo perdiendo el control.-
De nuevo se miraron mutuamente, como entendiendo lo que sucedía.
- Estás diciendo, ¿qué no recuerdas como murió la maestra agua? – Preguntó Ty Lee impresionada. Aang arrugó su entrecejo y cerró los ojos, ocultando su mirada cristalizada de ambas que escuchaban.
- No.– Confesó con pesar. Y solo ante esto, ambas no maestras bajaron la guardia.
Ty Lee observó a Mai, como compadeciéndose del joven por un momento. Ella le clavó su ambarina mirada, deteniéndola a decir otra palabra. La de cabello trenzado frunció el ceño y obedeció, soportando la carga.
- ¿Ustedes podrían decírmelo? – Aang volvió a verlas.
- Ella cayó como muchos otros en la guerra.– completó Mai estoica, denotando su porte y gesto inmutable. El monje inmediatamente volteó a ver a Ty, como esperando otra respuesta.
- Es la verdad.– Enunció con tristeza marcada por todo su rostro. Los grisáceos ojos del maestro aire se llenaron cual cantaros.
- Sí, eso temía.– Musitó, dejando a sus lágrimas correr. La de cabello castaño lo sintió profundamente, pero por primera vez estaba de acuerdo en algo con Mai. Ahondar en un fatal suceso que cobró muchas vidas, y que ahora el maestro de los cuatro elementos no recordaba, solo provocaría más conflicto y prolongaría la guerra. Además, si querían apoyar a Zuko en su cometido, debían ocultarlo del calvo... Se trataba de "un mal menor, por un bien mayor" Pensó determinada.
…
El Espíritu recorría los pasillos y revisaba la celdas mientras se ocultaba de quienes perseguían. Todo en aquella cárcel parecía una caverna, colgando en el techo miles de estalactitas y rocas luminiscentes. Sin embargo, los calabozos estaban hechos de grueso metal y amplios barrotes. ¡Y ya no quedaba más tiempo! El eclipse en el Reino Tierra por poco iniciaría. ¡¿Dónde demonios estaba su tío?! Comenzaba a decirse colérico.
De pronto, ¡explosión!
Un enorme rayo hizo volar en pedazos la celda… ¡Tenía que ser! Se sintió esperanzado; avanzando niveles abajo, yendo en la misma dirección que el resto de los guardias.
- ¡AHH! – Se oyeron los quejidos. El hombre que salía y enfrentaban, era uno completamente distinto… Aunque se limitaba a no lastimar a nadie (no realmente). Rápidamente se vio asombrado.
- ¿Tío? – Sentenció. El recio sujeto se dio la media vuelta.
- ¡Zuko! – Exclamó impresionado de verle, aunque sólo viera la máscara. En cualquier parte reconocería su silueta y sabría que el 'gran Espíritu Azul', de alguna forma representaba el alter-ego de su sobrino. Se vio entusiasmado y contento. El joven también se alegró, dejando caer su doble artefacto de defensa y careta; corriendo a abrazarle…
Soltaron un par de lagrimas.
Su tío mostraba un aspecto de especial musculatura y falta de peso, pero eso no era alarmante; su rostro… Su rostro seguía siendo el mismo, pero ¿acaso eran ojeras? ¡No, eran moretones! Se alarmó al darse cuenta.
- ¡¿Quién te hizo esto?! – Exclamó enfurecido.
- No importa, sobrino, tenemos que salir de aquí.– Enunció apacible. Se escucharon más guardias viniendo en su dirección. El joven sólo lo pensó y regresó a ponerse su careta y tomar de sus armas duales.
- Sígueme, tomaremos otra salida.– Replicó decidido.
…
- Muy bien, segunda ronda.– El maestro Piandao y Toph se situaron en el centro. Él continuaba demostrando sus técnicas de combate. - Saber defenderse sin poseer ningún tipo de control es esencial para la supervivencia, ¿qué tal si no contaras con nada a tu alcance para manipular? -
- Buscaría la manera, siempre se puede.– Respondió segura.
- ¡Demuéstralo! – Retó el hombre. - Piensa en tu arma como una extensión de tí, como si fuera una parte de tu cuerpo.-
Toph inspiró profundamente, enfocándose en cada uno de los objetos alrededor, pero también, recordó a Zuko y como este dominaba el 'arte' del que Piandao tanto hablaba. Pues sin usar ni una pequeña flama, lograba grandes maniobras. Y si no lo conociera lo suficiente y percibiera otras cosas en él, como su aroma o forma de su respiración, entonces creería que es otra persona.
Lo meditó unos segundos, hasta que sus piernas y brazos cambiaron de posición. No lucía una pose espadachín tradicional, ni tampoco la que siempre adoptaba cuando empleaba su uso de control.
El no maestro se vio satisfecho. Tomando también su pose de duelo; comenzarían.
…
- Le quedan cuatro minutos más al eclipse, ¡¿dónde está Aang?! – Cuestionaba el muchacho grande de los Libertadores. El guerrero también se notaba impaciente, desesperado por tener noticia del Avatar.
En el Palacio, el maestro aire se secaba las lágrimas, la de cabello trenzado le extendió un pañuelo para que se limpiara.
- Gracias.– Musitó cabizbajo.
Mai arrugó su entrecejo.
- ¿Y qué planeabas hacer exactamente? – Cuestionó exigente, el chico pareció dudar si contarlo.
- Planeaba convencer al Señor del Fuego de terminar esta guerra. Hablar con Zuko de alguna forma y en caso de que su padre se negara, obligarlo a entregarse para ser encarcelado.– 'Compartió su plan'.
- Vaya que eres ingenuo.– Espetó Ty Lee y el Avatar solo se vio avergonzado. - El Señor del Fuego jamás se ha caracterizado por ser un hombre benévolo. Ni siquiera con su propio hijo.-
Aang pareció extrañarse.
- ¿A qué te refieres? -
Mai enarcó una ceja. Sorprendida de que no lo supiera, ¿acaso Zuko y él no eran una especie de aliados?
- Fue Ozai quien quemó y desterró a Zuko.– Expresó severa.
El estado anímico del Avatar otra vez se vio perturbado frente a la noticia… Quizá Sokka siempre había tenido razón en todo. Pensó, cerrando sus ojos con pena.
…
¡La hoja y metálico bastón resonaron y sacaron chispas al chocar mutuamente!
La lección procuraba enseñar a Toph a defenderse como un experto en armas blancas. Sin embargo, sus movimientos todavía eran un tanto rígidos, pues al no poder valerse de su vista, su sentido sísmico se limitaba a responder a sus pasos y al sonido de la cuchilla.
- Muy bien, señorita, así se hace.– Piandao alentaba.
La maestra tierra no se sentía del todo cómoda, pero se esforzaba en seguirlo y realizar una buena demostración.
…
El Espíritu Azul guió al fugitivo y recio hombre por las alcantarillas de la ciudad. Si bien podría parecer un hecho vergonzoso, la antes asediada Ba Sing Se, en parte culpa de los agentes Dai Li, ahora desfilaba con docenas de soldados a cada esquina. Además de haber entrado y usurpado en prisión, y haber puesto en alerta máxima a la capital del Reino Tierra. Sin contar, del próximo escape que harían. Y esto no era lo peor del panorama; su fuego control todavía no regresaba y si no podían elevar el pequeño globo aerostático que ocultó cercano, tendrían que buscar otra alternativa rápida para dar huida…
Quizá por ahora lo mejor sería esperar a que las cosas se asentaran y cayera la noche. Pensó al evaluar sus posibilidades.
…
- Parece que por fin el eclipse ha terminado.– Masculló Piandao deteniendo su paso, observando como el resto de los rayos solares remontaron. Dejando iluminar por unos cuantos minutos el ocaso.
Toph también paró al escucharlo. Sintiéndose aliviada y preocupada a la vez, de imaginar como habría influido el resultado... ¡Lo cual era irónico! Antes ni siquiera sabría explicar lo que el Sol representaba, pero desde que sabía que este conectaba con Chispítas, y su rotación en esa cosa que llamaban cielo lo afectaba, empezaba a tener un significado para ella. Pasó saliva al recordarlo.
- ¿Señorita? – Enunció al verla caminar de regreso al castillo.
- Me has instruido bien hoy, hombre. Pero mi tiempo es limitado y mañana mismo debo partir.– Comentó relatando sus planes, con la intención de ir adentro y alistar sus cosas. Permanecía sumamente enfocada en su tarea. Según lo indicado, debía continuar cuanto el eclipse pasara, pues todavía le quedaba la peor parte.
Entendiendo, el maestro Piandao simplemente le asintió, extendiendo reverencia. Ella correspondió gentil a su acto, demostrando su respeto. El cual ya se había ganado. Pensó con picardía, prosiguiendo a pasar.
¡Tac! Sonó al cerrar la puerta.
Realmente es una joven muy valiente. Pensó el hombre espadachín más para sí.
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- Avatar, esto sonara extraño, pero debes sacar a tus amigos cuanto antes.– Advirtió Ty al monje. El rostro de Aang denotó alarmado, preocupado, ¡había olvidado por completo la invasión!
- El Rey Fénix Ozai hará arder todo a su paso.– Ya sólo completó Mai, también compadeciéndose de alguna forma del muchacho.
El maestro aire salió de inmediato de la Sala Real, abandonando el Palacio. ¡Tenía que volver con los demás! Emprendió su vuelo.
A la lejanía, ambas de las no maestras se miraron mutuamente, pareciendo casi preocupadas, Ty Lee primeramente…
Los ojos del Avatar se llenaron de terror al divisar y saber que era cierto. La Nación del Fuego contaba con una flotilla entera de acorazados y enormes globos aerostáticos, preparados para ponerle fin a la batalla… Y se dirigían a la explanada.
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