¡Hola! ¿Cómo va su fin de semana?

Afortunadamente tuve algunos días extra de descanso, lo que me permitió revisar desde antes el capítulo. Quizá es por eso que estoy apareciendo tan temprano el día de hoy jajaja. Por cierto, cuando escribí este capítulo estuve buscando algunas canciones con cierta vibra retro para poder imaginarme una de las escenas ya que, como habrán notado, no es que la historia se esté desarrollando en unos años en donde todos tuviesen acceso a un teléfono celular (menos siendo un ambiente tan opresivo). Finalmente en su momento me decidí por Your Light de The Big Moon... Hasta que escuché Cure for me de Aurora jejeje. A efectos prácticos, la primera opción sigue siendo la más adecuada porque... No me imagino a Precia dejando que alguien ponga la segunda canción sin caerle a golpes con una biblia (pa' que andamos con cosas).

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 11: Celos

Todavía consideraba curioso el que hubiese sido capaz de pasar de odiar el campamento a sentirse en el mismísimo cielo, todo por culpa de una sola persona. Los días pasaron de sentirse eternos a volverse demasiado cortos y, por primera vez, estaba deseando que el campamento no durara tan solo ese verano.

Desde la conversación que habían tenido aquella noche en el taller, las cosas no parecían haber cambiado tanto durante el día, pero a medida que la noche caía empezaba la verdadera diversión.

Si alguien veía la interacción que tenían durante el día no sospecharía nada raro. Solo era una orientadora amable llevando una interacción cordial con una de las asistentes al campamento que conversaba con ella en busca de consejo. Alguna que otra mirada fugaz, o un roce furtivo fuera de ojos curiosos. Nada de qué preocuparse.

Al ocultarse el sol, cuando ya todas las asistentes del curso se encontraban en sus cabañas y las luces se habían apagado, era cuando Nanoha volvía a tener una dosis de la verdadera Fate que tanto le encantaba.

La primera vez que escuchó un débil golpeteo en su ventana pensó que estaba imaginando cosas. Cuando el vidrio sonó nuevamente su curiosidad hizo que se acercara hacia el cristal, solo para ver a la rubia escondida entre los arbustos, agachada en una incómoda posición para no ser descubierta. Tratando de no hacer ruido, abrió la ventana permitiendo que Fate pasara, y así había dado inicio a una nueva rutina que se repetía varias veces a la semana.

Fate no siempre podía visitarla durante las noches y, cuando lo hacía, tampoco podía asegurarle que pudiese quedarse tanto tiempo. A veces solo hablaban de todo y nada a la vez, tratando de tapar sus risas con la mano para no hacer ruidos que pudieran alertar a alguien más. Otras veces se abrazaban por largo rato, y se daban besos castos para demostrarse lo mucho que se habían extrañado.

Pero algunas noches, cuando Yuuno era quién vigilaba ese sector del campamento, Fate en vez de entrar por la ventana la invitaba a salir, y allí caminaban por el sendero más cercano tomadas de la mano, sin miedo a que alguien pudiese descubrirlas fuera de esas cuatro rústicas paredes. En esos momentos, con la suave brisa agitando sus cabellos mientras caminaban con sus dedos entrelazados, podían fingir que estaban en otro lugar, en otro tiempo, y se convertían tan solo en dos chicas enamoradas que cometían locuras bajo la tenue luz lunar.

Todas esas cortas horas que pasaba con Fate le encantaban, pero también por cada hora que se les escapaba no podía evitar preguntarse qué sería de ella cuando tuviese que regresar a la ciudad, y la distancia hiciera imposible por un tiempo esos paseos nocturnos y esas visitas furtivas que empezaba a adorar.

El itinerario de esa tarde era un fiel recordatorio de que ya habían superado la mitad del campamento: un evento en el templo central al que Precia había llamado Baile.

Días antes Fate se había dedicado a explicarle en qué consistía ese evento. Precia, cuando ya habían superado la mitad del campamento, solía organizar una especie de festividad con música y refrigerios en el espacioso templo, a manera de recompensar el esfuerzo y dedicación que mostraban los asistentes al campamento.

El mal llamado baile era un evento mixto, cuya real intención era ver cómo reaccionaban los chicos y las chicas al estar juntos en un mismo espacio y en un ambiente más animado y relajado. Por supuesto, la interacción entre ambos sexos era bastante alentada y, los orientadores, motivaban a los chicos a sacar a bailar a su contraparte femenina para demostrar que sus métodos de terapia estaban funcionando.

Por supuesto, cualquier toqueteo atrevido estaba estrictamente prohibido, pero los orientadores tenían instrucciones de dejar pasar alguna que otra interacción si lo que sucedía no era tan indecente.

Fate, además de alentarla, le había hablado de un chico llamado Verossa, que estaba en el grupo de los chicos bajo la tutela de Yuuno. El muchacho, que Nanoha reconocía por la curiosa tintura verde que tenía en el cabello, sería una apuesta segura para bailar ya que se encontraba con Yuuno en una situación similar a la de ella y Fate, así que solo tenían que interactuar en la fiesta y bailar un par de veces para que ambos pudieran evadir la atenta mirada de Precia.

Nanoha refunfuñó ante la petición de Fate de portarse bien, pero más porque sabía que, si ella tenía que bailar con ese chico, solo significaba que Fate iba a estar bailando con Yuuno.

Tal y como lo hacía ahora.

Con la mano de Verossa sobre su hombro, y la otra en un incómodo agarre con su mano mientras intentaban bailar una pieza lenta, no dejaba de darle vistazos a la otra pareja que, algunos metros más allá, bailaba la misma canción.

Desde esa posición, podía ver como Yuuno susurraba algo al oído de Fate, y la rubia se reía por lo bajo mientras se mantenía entre sus brazos. Dentro de Nanoha, era como si le estuvieran echando brasas ardientes a la furia que se había encendido en su interior.

Estaba celosa. Nunca había estado tan celosa en su vida, y se estaba aguantando las ganas de separarlos porque consideraba que estaban muy juntos y que la mano de Yuuno no debería de estar tomando a su novia de la cintura tal y como lo hacía en ese instante.

Se esforzaba por reprimir un gruñido cuando posó la vista en su compañero de baile, percatándose de que el muchacho miraba a Fate como si quisiera que a la orientadora le cayera un rayo en ese preciso instante.

- Hey - le llamó la atención por lo bajo - Estás mirando a Fate como si la quisieras matar.

- Ganas no me faltan - masculló Verossa, entre susurros - Además, tú estás viendo a Yuuno igual.

- ¿Se nota tanto?

Verossa, divertido ante la situación, asintió.

- Deberíamos descansar un rato - sugirió el chico - ¿Vamos por algo de tomar?

Nanoha se apresuró a asentir ante la acertada propuesta de su compañero, y juntos se acercaron a la mesa de refrigerios. Escasos minutos después, y cada uno con un vaso lleno de ponche sin alcohol en sus manos, buscaron un lugar para sentarse encontrando un par de sillas vacías alejadas del centro del templo, lejos de la mayor parte de sus compañeros, en donde podrían hablar con tranquilidad.

- Se han formado muchas parejitas ¿No crees? - comentó Verossa, señalando disimuladamente hacia el centro del templo.

Con curiosidad, Nanoha dirigió su mirada hacia la dirección a la que apuntaba Verossa, encontrándole sentido a sus palabras.

Era cierto que muchas de sus compañeras del campamento bailaban con los chicos pero, cuando dejaban de bailar, era bastante evidente como al hablar entre ellos empezaban a formarse grupos de 4 personas, mayoritariamente conformados por dos chicos y dos chicas. Los orientadores parecían estar ajenos a esa dinámica, pensando que quizás solo se estaban conociendo entre todos, mientras que Precia sonreía complacida al creer en el éxito de la fiesta que había organizado.

No lo notaban ni estando frente a sus narices.

- Es increíble que no lo noten - murmuró Nanoha.

- Si les haces creer que todo va según sus planes no lo van a notar, o al menos eso me dijo Yuuno.

- Bastante inteligente de su parte.

Se mantuvieron en silencio unos minutos más, hasta que Verossa habló de nuevo.

- Nanoha ¿Puedo preguntarte algo?

- Sí, claro - respondió la cobriza, tomando un trago del contenido de su vaso - ¿Qué pasa?

- ¿Has hablado ya con tu sabes quién? Ya sabes, de qué pasará cuando termine el campamento, y eso. ¿Tienen algún plan?

Ante la pregunta, Nanoha sólo suspiro. Era algo de lo que estaba bastante consciente, pero había decidido enfocarse en los momentos que ambas pasaban juntas en vez de preocuparse tempranamente por algo que estaba fuera de su control. Aunque todo podía pasar, en esos momentos la única cosa de la que estaba segura era de que amaba a Fate, tanto que estaba dispuesta a esperar por ella si la rubia se lo pedía, o también hasta que lograra solucionar sus propios asuntos para ser capaz de rescatar a la orientadora de esa nefasta prisión por sus propios medios.

- Aún no hablamos - admitió Nanoha - Tendremos que hacerlo en algún momento, pero todavía no hemos tocado el tema. ¿Y tú? ¿Ya han pensado en algo?

- Es más difícil de lo que pensé - respondió Verossa - Me dijo que quiere que siga adelante después del campamento, pero sé que será difícil dejar lo que pasa atrás. Creo que le haré caso, pero me va a doler.

- Suena a algo que tú sabes quién diría.

No solo sonaba a eso. Estaba segura de que Fate le pediría entre líneas algo similar, pero tan enamorada como estaba sería incapaz de hacerle caso. Lucharía a capa y espada por ella, contra la mismísima Precia de ser necesario. Podía estar segura de que su amor conmovería a Dios, y hasta Él intercedería por ella de ser necesario.

Aunque en ese momento solo tenía que armarse de paciencia.

Viendo como Fate seguía en modo risitas con Yuuno, la tarea se le hacía más difícil.

- Ya me está pegando el sueño - comentó Nanoha, forzando un bostezo - Me iré al dormitorio. ¡Te veo en el servicio!

- Que descanses Nanoha - dijo Verossa, con una sonrisa.

Aprovechando que muchos de los chicos también habían trasladado su conversación hacia las afueras de templo, y que podían retirarse de la fiesta cuando lo deseasen, Nanoha se escabulló hacia la salida y caminó pesadamente por el camino que separaba la zona central del área de dormitorios para chicas. Las hojas crujían bajo sus pies al pisarlas, e incluso ese sonido parecía irritarla. A pesar de saber que Fate y Yuuno solo actuaban así porque necesitaban aparentar ante el resto de los presentes, seguía sintiendo un peso en su estómago cada vez que recordaba lo hermosa que se veía la rubia sonriendo tan animada.

Estaba por llegar a su cabaña asignada cuando escuchó unos pasos acercándose velozmente.

Girándose se encontró con Fate, que jadeaba mientras su cara se había enrojecido por el esfuerzo. La muchacha tenía pinta de haber corrido por todo el trayecto hacia las cabañas, y se esforzaba por recuperar el aliento con sus manos apoyadas en sus rodillas.

- Nanoha ¿Estás bien? - preguntó Fate, con dificultad.

- Sí, claro que estoy bien - contestó secamente Nanoha - ¿Por qué no lo estaría?

- No lo sé, es que te fuiste de manera repentina y…

Fate había empezado a explicarse de manera atropellada cuando paró su hablar y miró a Nanoha. Pronto, una expresión de alivio cruzó su rostro, y seguidamente dio paso a una sonrisa traviesa.

- ¿Estás celosa? - inquirió Fate, aún con la misma sonrisa.

- ¿Celosa? ¿Yo? No sé de qué me hablas - negó Nanoha, intentando ocultar su sonrojo avergonzado.

- Estás celosa - afirmó la orientadora.

Ampliando su sonrisa, Fate tomó la mano de la cobriza y, a la carrera, la condujo hacia el costado de la cabaña que no podía verse fácilmente desde el camino, donde se encontraba la ventana que solía utilizar para visitar a la chica. Una vez allí, con la espalda de Nanoha pegada a la pared, miro por precaución hacia ambos lados antes de besarla.

- Yo solo tengo ojos para ti - confesó Fate, con una voz tan suave que parecía un ronroneo.

Con esa voz, y la manera en la que la rubia la miraba mientras que con una de sus manos se apoyaba en la pared, Nanoha sentía que se estaba derritiendo en ese mismo instante. No podía enojarse con Fate si le hablaba de esa manera.

- Quizá sí estoy celosa - aceptó Nanoha - Pero es que verte bailando con él… No sabes cuánto me gustaría estar en su lugar.

El templo no estaba tan cerca de los dormitorios, pero el usual silencio que predominaba en el lugar ayudaba a que, a lo lejos, pudieran escuchar la música que provenía de aquel sitio. Fate, con una idea formándose en su cabeza, le dio un beso casto antes de separarse de ella y tenderle la mano.

- Esa canción me encanta - dijo Fate, empezando a moverse - ¿Bailas?

Nanoha no pudo evitar que las comisuras de sus labios se movieran hasta formar una sonrisa, mientras miraba como la orientadora empezaba a balancearse frente a ella con una clara invitación. Sabiendo que el lugar donde se encontraban difícilmente les permitiría ser vistas por alguien más, y con el corazón retumbando en su pecho por la petición de Fate, extendió su mano correspondiendo su propuesta.

Soltó un pequeño grito de sorpresa cuando la orientadora, al tomar su mano, la jaló hacia ella para hacerla girar. Una cálida risa brotó de sus adentros mientras se encontraba entre los brazos de esa rubia que reía junto a ella, soltándose cada vez más en su baile. Mirando bien a su arriesgada acompañante, si anteriormente había pensado que la orientadora se veía hermosa mientras reía con Yuuno, la belleza de su sonrisa en esa otra ocasión no se comparaba en nada a la radiante muestra de alegría que podía ver en ella ahora que bailaban juntas.

Nunca pensó que bailar con alguien sería tan divertido. Por primera vez en esa noche realmente la estaba pasando bien, y no tenía otra cosa en mente más que seguir bailando con esa preciosa rubia que la invitaba a seguirle el ritmo de manera juguetona. Con más confianza, tomó la iniciativa y esta vez fue ella quién hizo girar a Fate, quién tenía cara de estar viviendo el mejor momento de su vida.

Le hubiese encantado que la noche fuese eterna pero, como esa canción que estaban bailando, muy pronto llegaría a su final.

Cuando la canción terminó Fate se mostraba exultante y, sus ojos borgoñas, resplandecían de la felicidad. Nanoha, aún emocionada por su interacción, la tomó de la mano.

Quería más de ella, pero dudaba que Fate pudiese quedarse en su cabaña esa noche.

- Me encantaría bailar contigo hasta el amanecer - susurró la rubia.

- Pero no se puede ¿Cierto? - comentó Nanoha, sonriendo.

- Cierto.

Ante la mirada avergonzada de Fate, Nanoha solo se acercó más a ella y besó su mejilla en un gesto cariñoso. Todavía quería hacer muchas cosas más con ella, pero si tenía que esperar por la rubia estaba segura de que esa espera valdría la pena.

- Debería regresar antes de que empiecen a preguntar por mi - anunció Fate - ¿Te gustaría regresar al baile por un rato más? Sé que no podremos hablar mucho allá, así que entenderé si prefieres quedarte aquí.

- La verdad es que no tengo nada de ganas de ir a ese lugar - admitió Nanoha, soltando un suspiro- Pero creo que a Yuuno y a Verossa les gustaría tener un momento como el que acabamos de tener, así que elijo ser solidaria. Ven, vamos.

La dulce sonrisa de Fate valía ese y cualquier otro sacrificio.


Nadaoriginal: A mi parecer, creo que están en ese modo de aprovechar al máximo todo el tiempo que tienen... Coloquialmente, parece que el amor nos pone medio pendejos... Aunque, por suerte, muchas veces uno tiene tiempo para esas pendejadas jajaja. En fin, adolescentes. ¡Qué tengas una excelente semana!

AvatarAle: Mmm... Quizá si, o quizá no, quién sabe. De momento, ese par parece que está en ese modo curioso en el que el mundo alrededor de ellas empieza a difuminarse y a dejar de importar. Puede que nos toque tener fe? Eso puede que lo veamos un poco más adelante. ¡Qué tengas un buen domingo!

¡Nos leemos la semana entrante!