Pareja: Bill y Greyback
Tropo: relaciones entre criaturas
Aviso: estos dos son los chicos de mi amiga saramedina35 y siempre que los escribo los visiono en el universo de la historia que escribí para ella, "A salvo".
Se despertó gritando. Muy fuerte, tanto que la garganta le dolía, señal de que llevaba un buen rato así. Miró a su lado el hueco vacío en la cama y extendió la mano. Estaba frío. Miró el despertador en la mesilla señalando las cinco. Fenrir no tardaría en venir.
Se sentó en la cama, con el corazón vibrando todavía por la pesadilla. Respiraba afanoso, con los ojos muy abiertos a pesar de la oscuridad, porque temía que si los cerraba volvería a ver las angustiantes imágenes.
Lo sintió, sintió su presencia en la casa antes de escuchar sus pasos, siempre conectado a él.
— ¿William? ¿Qué haces despierto? —preguntó Fenrir con voz ronca— ¿Por qué huele —respiró varias veces por la nariz— a miedo?
— Me desperté por una pesadilla.
Abrió los brazos y Fenrir se subíó a la cama, completamente vestido aún, y gateó hasta él para estrecharlo en un abrazo.
— Es la quinta vez este mes —Murmuró Bill, con la nariz enterrada entre su pelo. Olía a lobo, a bosque y a frío. A hojas secas y a barro.
— ¿Qué te preocupa?
— Tú… siempre eres tú.
— ¿Yo?
— Tú huyendo de los aurores, ellos cazándote con armas muggles. Sangre, mucha sangre, y tú muriendo solo en el suelo del bosque.
Fenrir se separó un poco y le apartó el cabello de la cara con sus dedos ásperos mientras le examinaba con esos ojos amarillos que tanto amaba.
— ¿Te causa pesadillas la idea de perderme?
— Por supuesto —respondió Bill, agarrado a su camisa.
— No soy tan fácil de cazar, William —Puso las manos sobre las suyas y Bill sintió como el calor le subía por los brazos—. De hecho solía ser el cazador, ¿lo recuerdas?
— Es difícil olvidarlo, y más en noches como hoy. Puedo pagar matalobos, no es necesario sufrir el cambio todos los meses.
— Y yo no quiero ser tu mantenido. Puedo lidiar con el cambio una vez al mes, eso no me matará.
— No hagas bromas sobre morir, por favor.
Se aferró más fuerte a él, los dedos hincados en los gruesos bíceps para acercarlo de nuevo y esconder la cara en su cuello.
— Es parte de ser un lobo. El riesgo —murmuró en su oído.
— Lo sé. Maldición, no sé por qué esa pesadilla ha aparecido ahora después de tanto tiempo.
— ¿Por qué no me has despertado otras noches?
— No sé, te veía en la cama y ya sabía que estabas bien.
— Pero hoy no estaba, lo siento.
— No, yo lo siento. Estás cansado después de una noche difícil y yo te estoy entreteniendo.
— Cuidar de ti es mi prioridad. ¿Sabes por qué?
— ¿Por qué?
— Porque te amo.
Bill se despegó para mirarlo, sonrojado y con una gran sonrisa.
— Yo también te amo.
— Y quiero hacértelo, quiero estar dentro de ti.
— ¿No deberías descansar?
— Debería borrar de tu piel ese olor a miedo, no me gusta en ti, quiero que huelas feliz —comenzó a besar su cuello mientras luchaba con la ropa.
Y Bill se relajó entre sus brazos, con los ojos cerrados y la nariz llena de su olor.
Fue dos días después, mientras tomaba un café en un bar muggle en un descanso de media mañana, cuando un periódico cayó entre sus manos.
"Partidas de cazadores se preparan para salir a los bosques en busca de un lobo que ha atacado a varios rebaños".
El escalofrío que le recorrió fue tan intenso que casi derrama el café sobre el periódico arrugado. No lo pensó, dejó la taza aún a medio vaciar sobre el mostrador y salió corriendo hacia casa. A esa hora, Fenrir estaría en casa, los trabajos que conseguía descargando camiones suponían madrugar mucho y estar a media mañana libre, por eso se ocupaba de comprar y cocinar.
Subió las escaleras de tres en tres y cuando abrió la puerta del apartamento olía a comida cocinándose.
— ¿Fen? —lo llamó con voz ahogada.
Su compañero salió del dormitorio y lo miró con el ceño fruncido.
— ¿Qué pasa? ¿por qué te falta el aire?
— Hay cazadores muggles en los bosques. Buscan a un lobo que ataca ovejas. Por eso… —Paró a respirar— por eso mi sueño. No puedes ir allí. No puedes, ¿me oyes?
Se abalanzó sobre él y lo agitó.
— Te cazarán y me moriré porque los lobos sin su compañero se mueren de pena, no puedes morir —sollozó un poco histérico mientras los brazos fuertes de Fenrir le abrazaban estrechamente.
— Shhhh, está bien. Cálmate, William.
— ¡No quiero calmarme!
— Oye —le habló despacio al oído—, no iré a los bosques. Tendría que ser un imbécil o un loco para jugármela. Cálmate William.
— Tomarás matalobos y pasarás la noche aquí conmigo —le exigió, remarcando cada una de sus palabras con el índice sobre su pecho — A salvo, conmigo.
— Lo haré. Lo que sea porque estes tranquilo —prometió, besando su pelo.
— Iré esta misma tarde a la botica a buscarla.
— No es necesario, puedo…
— He dicho que iré —le interrumpió, estirándose para mirarlo directo a los ojos.
Fenrir sonrió. En todo el tiempo que llevaban juntos, el pelirrojo jamás había usado las palabras compañero y lobo en la misma frase refiriéndose a ellos dos. Tampoco había visto en sus ojos el fulgor dorado de los licántropos. Le cogió el rostro y rozó sus narices.
— Lo que mi compañero quiera.
— Más te vale —le gruñó Bill, aprovechando la cercanía para besarle con fuerza.
