Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.
27 Luego de una pesadilla
El sonido del viento susurrando entre las ramas del Goshinboku llenaba la noche, pero en el templo Higurashi, el silencio fue interrumpido por un leve susurro y el sonido de alguien moviéndose en la cama. Inuyasha despertó sobresaltado, sintiendo cómo un frío desconocido le recorría la piel, como si el peso de una pesadilla todavía lo oprimiera. Sus ojos se abrieron de golpe, respirando agitadamente, y se giró buscando a Kagome a su lado.
La pesadilla aún estaba fresca en su mente, con una claridad que lo hacía sentir como si acabara de vivirlo: el pasillo de un hospital frío y desolador, la prisa y la desesperación de no entender por qué su esposa, embarazada de su hija, había sido llevada de emergencia. Gritaba, buscando respuestas, pero nadie le respondía; solo veía el rostro de Kagome desvaneciéndose en el quirófano, mientras el personal médico murmuraba entre ellos.
"Lo siento, no hay nada que podamos hacer. Su esposa e hija… murieron".
El recuerdo del sueño lo hizo estremecerse, se había sentido tan real, tan devastador, que aún sentía el eco del vacío de aquella visión oscura.
— Kagome…— murmuró, sentándose en la cama observándola dormir con su respiración calmada.
A sus seis meses de embarazo, su vientre ya era notoriamente redondo y su rostro emanaba la calma de quien dormía plácidamente. Ella siempre había sido su refugio, su luz y el solo pensamiento de perderla lo hacía sentir vulnerable de una manera que pocas veces permitía mostrar.
Kagome abrió lentamente los ojos al sentir el movimiento a su lado. A pesar de estar medio dormida, notó la tensión en Inuyasha, sus hombros rígidos, su respiración irregular.
— ¿Inu… yasha?— su voz era suave, adormilada, mientras le extendía una mano para acariciar su mano—. ¿Qué pasa, cachorro?
Inuyasha se estremeció al escucharla, su tono cálido le brindaba un alivio que no podía expresar con palabras. Se volvió hacia ella, sus ojos se encontraron con de Kagome que lo miraban con preocupación.
—Solo fue solo una pesadilla, vuelve a dormir— respondió él con la voz rasposa, tratando de sonar despreocupado. Pero Kagome lo conocía demasiado bien, pudo notar el brillo de vulnerabilidad en sus ojos, algo raro en él.
—Cuéntame— pidió ella suavemente, entrelazando sus dedos con los de él, apretando su mano en señal de apoyo.
Inuyasha cerró los ojos por un momento, intentando calmar el tumulto de emociones dentro de él. Soltar la pesadilla en voz alta parecía como darle más poder, pero sabía que no podría guardar aquello dentro. Terminó acostándose de nuevo y atrajo a su esposa a su cuerpo, necesitaba sentir su calor, saber que ella estaba bien, con vida.
—Soñé que las perdía— las palabras salieron entrecortadas, su voz quebrándose al final—. Durante el parto… no podía hacer nada y yo…— se quedó en silencio, incapaz de continuar.
Kagome sintió un nudo en el estómago, pero no por miedo, sino por la angustia que veía en el rostro de su esposo. Sin decir nada, acarició su mejilla con ternura y deslizó su mano hasta la de él, guiándola suavemente hacia su vientre.
—Estamos aquí— le susurró, llevando una mano de él a su vientre—. Estamos bien.
Inuyasha dejó que su frente descansara contra la de ella, respirando profundamente el suave aroma de su cabello. Su corazón latía desbocado, pero la cercanía de Kagome, su calidez, lo fue calmando poco a poco.
—Sé que todo saldrá bien— continuó Kagome, con una sonrisa tierna en sus labios—. Y cuando nuestra pequeña llegue al mundo, te prometo que estaremos a tu lado.
Inuyasha tragó con dificultad, se inclinó para besarla suavemente, con una devoción que solo podía expresar con pequeños gestos como ese.
—No quiero perderlas— susurró él, su voz todavía cargada de emociones contenidas—. No sé qué haría si algo les pasara, a ti, a ella a ambas— se quedó en silencio, sus ojos se llenaron de lágrimas que no intentó ocultar, fue entonces que sintió un pequeño movimiento bajo sus dedos, en ese instante, todo su miedo pareció desvanecerse. La vida en el vientre de Kagome era real, estaban bien.
Inuyasha sintió un pequeño movimiento bajo sus dedos y por un momento todo su miedo se desvaneció. La vida que crecía dentro de Kagome era real, palpable. Estaban bien.
—Ya ves, estamos bien— le dijo Kagome con una sonrisa radiante—. No tienes que temer, Inuyasha.
Inuyasha asintió, su corazón empezaba a latir de manera más tranquila. Kagome siempre sabía cómo calmar su tormenta interna, pero ahora, había otra personita que, aunque aún no nacía, ya le daba paz. Kagome apoyó su cabeza en el pecho de él, escuchando su latido regularizarse.
—Lo siento— murmuró Inuyasha, acariciando el cabello de Kagome mientras ella cerraba los ojos nuevamente—. Por despertarte.
—No te disculpes— dijo Kagome suavemente—. No tienes que enfrentarte a esto solo, así como yo te tengo a ti, tú me tienes a mí, ¿recuerdas?
—Siempre— Inuyasha la abrazó más fuerte, sintiendo cómo el miedo comenzaba a disiparse.
El sonido del viento en los árboles, la calidez del cuerpo de Kagome contra el suyo, los suaves movimientos de la vida dentro de ella, le recordaron que, aunque la vida era frágil, lo que tenían era real, fuerte y lleno de amor.
—Siempre, tonto—le dijo, su tono cariñoso pero divertido—. Ahora vuelve a dormir, la bebé y yo necesitamos que papá esté descansado para cuando llegue.
Inuyasha sonrió, una calidez profunda le llenaba su pecho mientras la protegía con su abrazo. Fue en ese momento, que sintió de nuevo los suaves movimientos bajo sus dedos, como si la pequeña respondiera a sus pensamientos. Inuyasha cerró los ojos, embargado por una paz inesperada.
—Moroha— murmuró en su susurro, ese era el nombre perfecto para su hijita, lo sabía en lo más profundo de su alma.
Y así, envuelto en el amor de su esposa, con el nombre de su pequeña grabado en su corazón y la promesa de un futuro juntos, Inuyasha cerró los ojos, listo para descansar. Con ese pensamiento, el sueño los reclamó a ambos, sereno y lleno de la certeza de que estarían juntos, pasase lo que pasase.
27/10/2024
Pues si, quedaran muchos momentos sin mostrar, pero como he ido escribiendo conforme a la marcha, puse lo que me ha venido al momento. Y los temas asignados para los siguientes días me limitan un poco. Deseo que sea de su agrado.
Espero les gustara que es Inu quien tuviese la pesadilla, comúnmente sería Kagome, pero él también tiene miedos que se puede guardar, que tarde o temprano saldrán en sus sueños.
Muchas gracias por sus lindos comentarios.
