Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 3

Pasado

No sabía exactamente cómo ocurrió. Lo único que reconocía era que no quería que acabara nunca.

Inhale muy fuerte el olor de su cabello y enrede mis dedos en las hebras rubias, quería mantener su aroma en mí el resto del día.

Llevaba días pensando la sola idea de que Isabella y yo… solo una posibilidad, quizá de… vivir juntos.

Probablemente era descabellado de pensar, pero me hacía ilusión una nueva vida juntos.

¿Qué pasaba si lo intentábamos? Yo podría divorciarme y…

― Edward… ―la suave voz de Isabella me hizo aterrizar a la realidad― quiero decirte algo importante, solo que no sé cómo vayas a tomarlo.

Apreté mis brazos alrededor de su cuerpo desnudo y empecé a repartir besos en sus hombros.

― ¿Qué pasa contigo honey-bunny? ―Me gustaba llamarla así, porque era un pedazo dulce que solo era mío.

Rodé con ella por la cama y la dejé bajo mi cuerpo. Sus expresivos ojos verdes se abrieron y su alegre sonrisa se desvaneció al morderse los labios con sus dientes.

― No me ha bajado ―pronunció tan bajo que me costó escucharla, pestañee y sacudí la cabeza al comprender.

Todo la habitación dio vueltas. Sentí cómo si el aire me hiciera falta y no pudiera llegar suficiente oxígeno a mis pulmones, me rodeé por la cama, sentándome.

Atiné por llevar las manos a mi cabeza, como si la estuviera sosteniendo.

Suspiré hondo sintiendo las palabras atascadas en mi garganta.

Era lo más normal. Isabella y yo teníamos sexo; pasábamos tardes metidos en la cama, sucumbiendo ante los más bajos instintos, adoraba su cuerpo y me corría dentro de ella, confiado en las píldoras que tomaba. En ese momento no pensaba en nada más que no fuese el placer de vaciarme en su coño.

Mi mente no divagaba ni razonada que los anticonceptivos fallan, estudié medicina y lo sabía, ¿cuántas veces di conferencias sobre ello?

Dios.

― Edward… ―sus dedos tocaron sutilmente mi hombro― no te preocupes. No exigiré nada.

Volteé hacia ella. Tenía una mirada decisiva, y aunque podía apreciar el miedo en sus orbes verdes, sabía lo determinante que podía llegar a ser.

― Yo, yo ―titubee, no podía articular una palabra coherente.

Ella sacudía la cabeza y los mechones rubios quedaron sobre sus hombros desnudos. Una de sus manos se aferró con fuerza a la sábana que rodeaba su pecho.

― Me haré una prueba y te diré los resultados ―declaró― yo sabré entender si ya no quieres verme, te prometo que nunca voy a molestarte.

Descanse mi mano en la suya y le di un apretón.

― No voy a dejarte, Isabella ―aseguré, mientras la envolvía en mis brazos―. No estás sola mi honey-bunny.

.

Dos días después tenía los resultados en mis manos. Era positivo, Isabella tenía diez semanas de embarazo.

La culpa me invadió. La incertidumbre empezó a carcomer mi cabeza y el remordimiento cubrió mi pecho; era tiempo de afrontar mis actos.

Abracé fuertemente a Isabella queriendo reconfortar el mal que le había hecho. Ella suspiró ruidosamente, mientras que lágrimas cayeron de mis ojos.

Dolía. Me partía el alma no poderle corresponder, porque realmente quería hacerlo.

Quizá en el fondo me había enamorado de su dulzura y alegría. No era solo un encandilamiento, no podía llamarlo calentura cuando no dejaba de pensar en ella.

― Mi honey-bunny ―sostuve su rostro en mis manos y la llené de besos castos― quiero decirte que no voy a fallarte, me haré cargo del bebé y de todo lo que necesites. Solo permiteme una oportunidad para hablarlo con… ―dudé en decir el nombre de mi esposa―. Dame un tiempo, nena, por favor.

Ella no asintió. No se inmutó, no dijo nada. Tan solo sus manos se aferraron a mis bíceps, descansando su cabeza en mi pecho.

XX

Presente

― ¿Por qué maldita sea no contestabas mis llamadas? ―Charlotte lanzó el móvil en mi dirección. En un movimiento impensado, apenas logré esquivar el golpe y vi cómo se estrelló el aparato en la pared, destrozándose al instante.

― Qué mierda ―gruñí entre dientes. Mis ojos desorbitados por su recibimiento―. ¿Acaso ahora empezará la violencia física?

― Te dije que no fueras con ellas, te lo advertí.

― Siemrpe tengo mi momento para Evie, ella me quería celebrar a su manera y no la iba a despreciar.

― ¿Te fijas en lo qué haces? Con esa niña puedes pasar un tiempo a solas mientras que nosotros tuvimos que celebrar en casa de tus padres, ¡eres un asco! Tienes un favoritismo por esa niña y es demasiado evidente.

No le respondí. No tenía caso seguir discutiendo, mi mejor elección fue continuar mi camino hacia el closet; ahí busqué la maleta más grande, la arrastré hacia a la cama y empecé a echar mis pertenencias.

― ¿Qué haces? ―preguntó al mismo tiempo que tiraba de mis brazos―. ¿Qué demonios haces?

La enfrenté. Miré fijamente sus ojos color chocolate, ya no la reconocía. De aquella mujer alegre y vivas que un día fue, ya no había nada, solo amargura.

― Lo que debí hacer desde que fallé. No debi quedarme.

Dejó un manotazo encima de la ropa.

― De aquí no te vas ―amenazó―. Te dije bien claro que el día que nos dejarás conocerás el infierno y te juro que si nos dejas… soy capaz de todo.

Expedí el aire ruidosamente por la boca.

Estaba cansado de lo mismo. Me sentía tan agobiado, enfermo y con un infierno creciendo en mi cabeza.

― Vivo en un infierno ―aseveré.

― Un infierno que tú me hiciste conocer al meter a otra a nuestra relación ―argumentó.

― Vamos a dejarnos, Charlotte. Pongamos distancia como debimos hacerlo hace más de seis años.

Su mirada cambió al igual que su semblante que pasó de la furia al miedo. Esos cambios constantes ocurrían cada vez que hablábamos de una separación, habíamos creado un maldito círculo vicioso, donde yo veía a Evie, Charlotte se alteraba. Me amenazaba con cualquier excusa y yo terminaba aceptando que su amargura era parte de mi culpa.

― No ―susurró― no nos alteremos, Edward. Quedamos en que convivirás con tu hija. ¿Está bien? ―nerviosa empezó a sacar mi ropa de la maleta.

― Nada está bien, Charlotte. Entre nosotros solo hay dolor, amargura… desinterés, ya no hay amor. Acepto que perdí el rumbo hace mucho tiempo, lo hice desde el momento que miré a otra mujer…

― Cállate ―masculló mientras sus dedos cubrían mis labios― vamos a superar esta mala racha, yo lo sé.

Sacudí la cabeza en negación. Lentamente quité sus dedos de mi boca.

― He solicitado el divorcio ―confesé―. Mi abogado se comunicará contigo el lunes a primera hora.

― Me mataré, lo juro ―amenazó―. Juro que si nos dejas voy a matarme y será tu maldita culpa.

Exhalé.

― Hazlo. Tú sabrás si quieres dejar huérfanos a nuestros niños, igual para ellos es como si no existieras, no son importantes para ti porque estás más preocupada que no me vea con Isabella.

― ¡No la nombres! ―exclamó, lanzándome una almohada en la cara―. Tú tienes la maldita culpa de mi desconfianza; no solo fue tu amante de una noche, estuvieron juntos por más de seis meses viéndome la cara. Burlándose de mí, y no conforme con ello tuviste el descaro de embarazarla, ¿cómo crees que me siento? Me hicieron mierda los dos.

― Y te pedí perdón una y mil veces ―module el tono de mi voz―. Como un vil estúpido hice todo lo que me pediste, pero ya no puedo más; se trata de mi hija, ella tiene el derecho de conocer a mi familia, a sus abuelos, tíos y hermanos. Y yo le voy a cumplir lo que mi niña quiere.

― Esa niña no es más que yo ―tiró de mi camisa, intentaba zarandear mi cuerpo y al no poder lograrlo empezó a golpear mi pecho con sus puños―. No la quiero en mi familia, no la quiero…

Cerré mis párpados. Y me quedé ahí dejando que ella desquitara su rabia.

― Te has encargado de chantajear a mi familia ―mascullé―. Les metiste a mis padres que aceptar a mi hija es despreciar a mis niños, es humillarlos y no sé qué más. Has sido muy hábil para meterles cizaña a todos, solo te digo que no caeré más en tus presiones. Evie convivirá con mi familia y mis hijos, es mi última palabra.

Cerré la maleta de mala gana y la arrastré conmigo mientras Charlotte seguía despotricando contra mí.

― Si te vas de esta casa, no quiero que vuelvas a ver a mis hijos ―farfulló― porque prefiero mil veces que no te vean a tener que compartirte con esa niña.

― No serás tú quién decida ―susurré―. Ya pedí la anulación de nuestro matrimonio, no hay marcha atrás.

No lo pensé más. Seguí mi camino fuera de la habitación, soltando promesas, deshaciendo planes y pensando en un nuevo futuro.

Esa noche salí de casa sin mirar atrás.

Fue la primera vez después de tanto tiempo que pude dormir en paz.

.

En la mañana que desperté tenía más de treinta llamadas perdidas de Charlotte, y más de cien mensajes y correos de voz.

No daría un paso atrás. No hablé con ella, decidí visitar a mis padres y presentarles a su nieta.

― ¿Me veo bonita, papi?

Le sonreí. ¿Cómo podía preguntar tal cosa cuando era la niña más hermosa?

Evie alisaba con sus pequeñas manos las arrugas inexistentes de su vestido de lunares rosas.

― Eres la más preciosa princesa..

Sus dedos se flexionaron en mi mano, emprendiendo de nuevo nuestro camino hacia la entrada. Ella dando pequeños saltos mientras las coletas en su cabeza se movían de un lado a otro.

― ¿Sabes papi? ―inquirió con el timbre de voz más tierno que había escuchado―. He pedido tanto conocer a los abuelos, yo sabía que pronto sería.

― Ellos están ansiosos por verte.

― También he pedido un hermanito ―me contó dejándome helado―. Sé que tengo dos hermanos, pero yo quiero un hermano bebé y le he dicho a mami.

― ¿Qué te ha dicho mami?

Sus pequeños hombros se alzaron débilmente volviendo a caminar.

― Qué no necesitamos un bebé.

― Mami tiene razón ―fue la única respuesta coherente que podía dar.

Aunque me llenara de celos no tenía derecho. No era dueño de Isabella, nosotros simplemente éramos los padres de Evie.

― Hola.

Evie saludó emocionada cuando entramos en la sala de estar. Aprecié el brillo en sus ojitos , me percaté que sus cortas piernas parecían tambalear.

Di un suave apretón a su mano. No debia preocuparse ni sentirse nerviosa. Evie lo entendió cuando elevó su rostro y me sonrió. Con pasos decididos se fue acercando a su abuelos.

Mis padres se vieron entre ellos antes de compartir una sonrisa y caminar a su encuentro. La abrazaron con delicadeza y llenaron de besos su cara.

― Sabes que yo soy el abuelo Carlisle ―mi padre explicó.

― Y yo soy abuela Esme.

Se rompió su voz. Entendí que ellos esperaron mucho por este momento, que anhelaron tanto conocer a Evie y poder contagiarse de su ternura.

― ¡Ya estamos aquí! ―Alice gritó al llegar, traía un pastel color rosa en sus manos―. Ya quiero conocer a la princesa.

Era mi hermana menor. Vivía en Canadá y pocas veces nos visitaba.

Emmett apoyó su mano en mi hombro y me sonrió. Era su forma de hacerme saber que estaba de mi lado.

― Estás libre de culpas, hermano ―mencionó―. Has pagado con creces tu falta, es tiempo de dar vuelta a la página y empezar de cero.

― Esto apenas empieza ―respondí sin ánimo―. Soy consciente que el proceso legal será agotador. Charlotte hará lo que sea por alejarme de mis niños, es su manera de desquitarse de mí.

― Basta, Edward ―espetó mi hermano―. Deja de lamentarte, de hundirte en la miseria por voluntad propia. Eres un hombre adulto, con decisiones propias, deja de pensar en lo que hará Charlotte, sabemos que es capaz de todo, si. ¿Y qué? No te dejarás manipular más, una vez lo hizo ¿y sabes por qué? Porque ella se dio cuenta que estabas enamorado de Isabella, fue por ello que te hizo mierda.

Llevé las manos a los bolsillos de mi pantalón.

― Cállate, Emmett ―protesté.

Las comisuras de sus labios se elevaron mientras en sus mejillas se formaban dos hoyuelos.

― Es tiempo de ser feliz. Edward. La vida no es perfecta, estamos llenos de errores y tu cometiste uno, ya pagaste hermano. Ahora es momento de levantar la cabeza y ver que trae la vida para ti.

Mantuve mis ojos en Evie. Ella no paraba de parlotear con mis padres y mi hermana, les estaba contando de sus días y las actividades que más le gustaban.

Suspiré una vez más. Solté el aliento y quise creer que tenía derecho a comenzar de nuevo.


Hola. Llego antes de lo previsto porque tendré mis días ocupados y si el capítulo ya está terminado no quise esperar más. Me encantaría saber sus opiniones respecto al capítulo.

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Isis Janet, Laura Arvizu, Lily Pattinson Stewart, Elizabeth Marie Cullen, Tata XOXO, Lore562, Andrea, kasslpz, Pepita GY, Laliscg, Adriana Molina, Smedina, Diannita Robles, Flor McCarty-Cullen, Noriitha, BereB, Martín, catita1999, Cary, Maryluna, torrespera172, saraipineda44, arrobale, piligm, Lili Cullem-Swan, The Vampire Goddess, krisr0405, Car Cullen Stewart Pattinson, Lorena, rociolujan, Verónica, Liliana Díaz, karo29, y comentarios Guest

Gracias totales por leer