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Abrir la puerta
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Sakura estaba secándose el pelo cuando llamaron a la puerta. Había quedado con Ino, aunque aún faltaba una media hora. Aunque claro, era Ino, siempre era así con ella. Dejó la toalla a un lado y avanzó por el pasillo.
—Eres incapaz de ser puntual —gritó llegando al recibidor—, si no llegas media hora tarde, llegas media hora antes. De verdad, ¿tanto te cuesta mirar el reloj antes de salir de tu casa?
Al abrir la puerta tardó unos segundos en darse cuenta de lo que había hecho y de a quién tenía delante. Así que cerró de un portazo, se giró y apoyó la espalda contra la puerta llevándose las manos a la cara con el rojo brillando ya en su rostro.
Durante unos segundos no se oyó ningún ruido.
Pensó que, con mucha suerte, se iría y sería como si no hubiera pasado nada.
De pronto escuchó un suave carraspeo.
Y ella dejó escapar un gruñido lamentoso.
Otro carraspeo. Esta vez más alto.
—No me voy a quejar si quieres recibirme así —dijo la voz al otro lado de la puerta—. Pero quizá quieras ponerte algo más de ropa o mirar quién llama a la puerta antes de abrir.
—Lárgate.
—Ábreme.
—No pienso abrir. Lárgate.
—No seas infantil. Abre la puerta.
—No se me ocurre ni una sola situación en la que abriría esta puerta.
Kakashi guardó silencio unos segundos, esperando que ella entrara en razón y abriera.
—Necesito hablar contigo —dijo finalmente al ver que la puerta seguía cerrada.
—Eso no va a pasar. Vete.
—Sakura. Abre la puerta. Te juro que no he visto nada.
—Y una mierda.
—Miraba tu cara.
—Mirabas hacia abajo.
—Tu cara me queda hacia abajo.
—¡Has visto todo!
—No me ha dado tiempo. Apenas he visto tus ojos.
—Mentira. Lárgate.
—Sakura, abre.
—Ni de broma, pervertido.
—¿Pervertido yo? Yo no soy quien abre la puerta en ropa interior.
—Pensé que eras Ino.
—¿Y recibes así a tus amigas?
—No, solo que... Da igual. Además, ¿no decías que no habías visto nada?
—No he visto los detalles.
—¿De qué hablas? ¿Qué detalles? Pervertido.
—Deja de llamarme pervertido y abre la puerta.
—Lo repetiré clarito, por si no me oíste las anteriores veces: esta puerta no se abre.
—No voy a irme. Necesito hablar contigo. Es importante.
—Mañana.
—Mañana no estoy. Me voy a Suna. Tengo una reunión.
—Pues hablamos cuando vuelvas.
—Entonces será tarde.
—Está bien. Hablemos.
Kakashi se quedó callado, esperando que abriera la puerta.
Pero no sucedió.
—¿No vas a abrir?
—No. Habla desde ahí. Te escucho.
—No seas ridícula.
—No soy ridícula. No quiero verte. Ni que me veas.
—¿No voy a poder verte nunca más?
—Es posible. Lo estoy valorando.
—Estás siendo ridícula.
—No.
—¿Vas a dejar la dirección del hospital?
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque de otro modo no podrás evitar reunirte conmigo. Abre la puerta. Haremos como que no ha pasado nada.
—No. Sé que tienes memoria fotográfica. Es imposible que lo olvides.
—No he dicho que fuera a olvidarlo. He dicho que haré como si no hubiera pasado.
—¿No tienes nada mejor que hacer?
—¿Qué discutir con una puerta? No. Es mi pasión. El otro día hablé con la puerta de Tenzo por dos horas.
—No eres gracioso. Vete.
—No pretendo ser gracioso —dijo con tono serio—. En realidad todo esto es una tontería. No pasa nada. Todos lo hemos hecho.
Silencio al otro lado.
—Sakura —dijo entre cansado y lastimoso—, abre la puerta.
—¿De qué quieres hablar?
—Te iba a pedir que vinieras conmigo a Suna, pero ahora que no quieres verme... al menos necesito que me des algunos datos e información del hospital.
—No pienso ir contigo a ninguna parte hasta que tengas alzhéimer.
Kakashi dejó escapar una carcajada por el comentario.
—¿No vas a hablar conmigo cara a cara?
—Otro día.
—No puedo otro día.
—Kakashi, entiende que no quiero hablar contigo ahora.
—Ok, ok. Lo entiendo. Si vuelvo en media hora, ¿hablarás conmigo?
—No.
Otra vez un silencio a ambos lados de la puerta.
—Venga. Abre ya. Hablemos.
—Estamos hablando.
—No es tan grave. Me has abierto la puerta con un bonito conjunto de ropa interior, ¿y qué?
Sakura abrió la puerta, en un rápido movimiento lo arrastró dentro y cerró de un portazo a su espalda.
Kakashi tardó un par de segundos en reaccionar, y cuando lo hizo bajó su mirada hasta el rostro de Sakura. Después, bajó un poco más la mirada para ver sus pechos semicubiertos por una tela de encaje negra con finas tiras que los elevaban y juntaban, creando un perfecto escote cuyo mejor punto de vista era exactamente desde la altura de Kakashi.
Éste tragó saliva con dificultad y un rubor rojo asomó por debajo de la máscara. De pronto, una mano cubrió sus ojos y lo obligó a levantar la cabeza.
—¿Qué crees que miras? Pervertido.
—Qué pena. Pensé que habías cambiado de opinión y me dejarías volver a mirar —bromeó sin contemplar las consecuencias.
Las consecuencias no tardaron en llegar. Un rodillazo, no muy suave —aunque tampoco mortal— en su ingle izquierda, obligándolo a doblarse hacia delante por el dolor. Sakura acompañó el movimiento con la mano todavía sobre sus ojos para que no pudiera ver.
—¿Qué diablos... —gruñó con la voz aguda.
—No te quejes. Podría haber sido peor.
—¿Peor? —preguntó todavía con la voz tomada, pero incorporándose.
—Podría haber apuntado un poco más a la derecha.
Kakashi tragó saliva.
—¿Por qué me has arrastrado dentro?
—Estabas ahí fuera gritando que abro la puerta en ropa interior. ¡Te escucharán mis vecinos!
—Oh, no exageres. No hablaba tan alto.
—¡Cierra los ojos! —pidió, ajustando la mano sobre sus ojos.
—Los tengo cerrados.
—Mentira. Puedo notar tus pestañas moviéndose. Están abiertos.
—Vamos. No es para tanto, es como un bikini. Te he visto en bikini mil veces —dijo llevando su mano sobre la de Sakura para moverla un poco y acomodarse, aunque sin permitirse mirar.
—No es verdad. No es para nada como un bikini.
Kakashi guardó silencio un momento, pensando en el conjunto y volviendo a visualizarlo en su cabeza.
—Es verdad. No es como un bikini —admitió, y un rubor ocupó sus mejillas.
—PERVERTIDO. Gírate —ordenó sujetándolo por un hombro con su mano libre mientras lo obligaba a voltear, sin destapar sus ojos. Una vez que estuvo de espaldas a ella, destapó sus ojos. Pero colocó las manos sobre sus hombros para impedirle girar.
—No seas tonta. No pasa nada. Además, considéralo justicia poética.
—¿Cómo puede ser justicia poética que me veas en ropa interior? ¿Justicia de qué?
—Tú me viste la cara a traición.
—¿A traición? Tú mismo te bajaste la máscara.
—Y tú has abierto la puerta vistiendo solo ese bonito conjunto de ropa interior.
—Tú sabías dónde estabas y que yo estaba allí.
—La verdad es que no del todo. Había perdido mucha sangre, estaba medio inconsciente.
Sakura pensó en ello por un momento.
—Te concedo ese punto. Pero no es lo mismo. Yo solo vi tu rostro. Tú... —le soltó de los hombros para señalarse a sí misma de arriba a abajo— tú has visto todo.
Kakashi, casi por instinto, giró la cabeza para mirar ese 'todo'.
—¡Qué no mires! —gritó, volviendo a ponerle la mano sobre los ojos.
—Vale. Perdón. Perdón. Es que he notado que señalabas algo y me salió solo.
—Voy a ponerme algo de ropa. ¿Prometes no mirar?
—Lo prometo —dijo, levantando la mano para hacer la seña de los exploradores.
Pero al levantarla, rozó la cadera de Sakura y con ello la suave tela con encaje. Un escalofrío recorrió su columna.
—¡No me toques!
—Perdona. Ha sido sin querer. No veo nada.
—Cierra los ojos.
—Pero si los tengo tapados.
—Voy a quitar mi mano. Cierra los ojos.
—Vale. Vale. Ya está. Cerrados.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
—No vale abrirlos.
—No los abriré —dijo riendo.
—Hablo en serio. No te rías
—En serio. No los abriré —repitió ahora con un tono más formal.
—Voy a quitar mi mano. Iré a ponerme algo de ropa. Espera aquí. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
—Con los ojos cerrados.
—Con los ojos cerrados —repitió Kakashi—. Eso haré.
Sakura retiró la mano. Kakashi mantuvo los ojos cerrados.
—Bien. Ya que está claro que no vas a irte... lo cual, por cierto, es muy poco respetuoso teniendo en cuenta la situación..., dame unos minutos y hablamos.
—Los que necesites.
Sakura se giró. Cuando Kakashi contó cinco pasos, se permitió abrir uno de sus ojos. Fue un error por su parte. La parte de abajo del conjunto era un tanga de tiro alto que recogía la perfecta cintura de Sakura, destacando la longitud de sus piernas y que dejaba ver sus nalgas firmes y redondeadas. Por su propia salud mental, cerró de nuevo el ojo y agitó la cabeza.
A los pocos minutos, Sakura regresó.
—Ya puedes abrir los ojos —dijo desde el pasillo.
Kakashi abrió los ojos, intentando no pensar en lo que había visto. Pero, aunque Sakura ahora vestía una sudadera ancha que caía por encima de unos pantalones de jonin que le quedaban tan grandes que era evidente que los había escogido por eso, él imaginaba que debajo de eso el conjunto seguía ahí. Una línea de pensamiento que debía abandonar si no quería avergonzarse a sí mismo con una erección, o peor aún, con una mancha en sus pantalones.
—Siéntate —pidió Sakura, señalando una silla en la cabecera de una mesa de comedor para seis.
Kakashi miró hacia donde ella señalaba y avanzó hasta allí.
Sakura se quedó de pie al lado contrario de la mesa.
—Esto es ridículo —dijo él, poniendo los ojos en blanco.
—Si quieres hablar, tendrá que ser así.
—Está bien. Es igual. Hablaremos así.
—¿Qué querías?
—Pues, como ya he dicho, venía a proponerte que te vinieras a la reunión de Suna. Unos días de vacaciones a cambio de asistir a una aburrida reunión de unas horas.
Sakura lo miraba erguida. Con la mayor seriedad de la que era capaz.
—Aja.
—Pero dado que ahora parece que no quieres ni compartir... —Kakashi miró las sillas vacías a su alrededor—, ni compartir mesa conmigo, creo que me ahorraré ofrecerlo.
—Aja.
—En cualquier caso, necesito información del hospital. Es uno de los temas que trataremos en la reunión. Motivo por el que me habría gustado que me acompañaras, pero bueno.
Sakura lo miró durante unos segundos, claramente fingiendo pensar en ello.
—No pienso ir.
—Eso ya me lo imaginaba —dijo con un suspiro.
—¿Qué necesitas saber?
—No sé si tienes algún informe de cifras que pueda llevarme. Ya sabes, presupuesto, gastos generales, costes unitarios por paciente, número de ingresos... esas cosas.
—¿Esas cosas? Son muchas cosas.
—Lo sé. Lo reconozco. La petición de tu compañía tiene un componente egoísta. Me habría ahorrado tener que leerme cualquier informe que vayas a darme.
—Como siempre.
—¿Cómo siempre? —preguntó sin entenderla.
—Como siempre. Intentando librarte de tu trabajo.
—Bueno, la reunión es de muchos más temas.
—¿A quién más has pedido que te acompañe? ¿Ino para telecomunicaciones? ¿Choji para alimentación? ¿Sai para seguridad?
—No. A nadie. Solo a ti.
Sakura lo miró sorprendida.
—¿Entonces el hospital es lo único que te importa una mierda y no sabes su situación?
Kakashi volvió a poner los ojos en blanco e hizo amago de levantarse, pero Sakura dio un golpe en la mesa haciendo que se detuviera de golpe.
—No te levantes.
Kakashi la miró sorprendido. Levantó las manos en señal de paz.
—He de decirte que estás montando un numerito exagerado —volvió a acomodarse en la silla sin darle más importancia—. En cualquier caso, esa acusación sobre mi interés en el hospital es injusta. Sabes que tenemos reuniones para hablar de su situación continuamente. Pero la última se canceló.
Sakura lo miró en silencio con un gesto duro de incredulidad.
—La cancelaste tú, si se me permite recordarlo —añadió Kakashi, mirándola fijamente con la misma seriedad que ella le devolvía.
Sakura miró hacia otro lado y se encogió de hombros, indiferente.
—Iré a buscar un informe. Espera aquí.
—Gracias.
Sakura volvió a los pocos minutos y lanzó sobre la mesa dos carpetas llenas de documentos que se deslizaron hasta el otro lado, donde Kakashi todavía estaba sentado.
—Son del último mes —añadió ante la mirada atónita de él.
—¿Bromeas?
—No.
—La reunión es mañana por la tarde. Salgo a primera hora. No me dará tiempo a leer todo eso.
—Te he visto leer y firmar documentos de más páginas en menos de diez minutos.
—Quizás una lectura diagonal es suficiente para esos documentos, ¿pero esto? —puso la mano sobre los archivadores, remarcando el volumen de los archivos—. No puedo ir a la reunión sin tener ni idea de las cifras reales del hospital.
—Shikamaru te ayudará.
—Shikamaru no viene. Está fuera.
—En ese caso, será mejor que vayas a casa y empieces a leer cuanto antes —dijo dirigiéndose al recibidor.
Kakashi la miró, confuso. Pero cuando Sakura llegó a la puerta, la abrió y retrocedió unos pasos para dejarle pasar, entendió el mensaje.
Se levantó, colocó la silla en su sitio, cogió los archivadores y fue hasta su lado.
Sakura se cruzó de brazos sobre el pecho cuando él se detuvo a su lado, más por sentirse desnuda, incluso con la sudadera, que por querer mostrar un posible cabreo.
—Gracias —dijo Kakashi, con una leve inclinación de cabeza pasándola de largo—. Supongo... —añadió, deteniéndose antes de cruzar la puerta, ya de espaldas a ella—. ¿Puedo preguntar algo?
—¿Puedo evitarlo? —preguntó ella de mal humor.
—¿A dónde vais? —se giró para quedar de frente a ella y poder mirarla.
—¿Cómo dices?
—¿Habéis quedado con unos amigos?
—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó, confusa. Sin entender a dónde quería llegar.
—Debe ser alguien especial, para que hayas decidido ponerte ese conjunto de ropa interior, ¿no? —preguntó, sugerente.
Sakura se puso colorada, y por un momento fue incapaz de dar una respuesta coherente.
—¿No era que ibas a hacer como que no había pasado nada? Eres un pervertido.
—Solo pregunto. Imagino que no vistes siempre ese tipo de lencería.
Sakura evaluó si responderle con un golpe o simplemente dejarse morir de la vergüenza.
—Si tanto te interesa, no. No suelo llevar este tipo de lencería. Es una ocasión especial. Ino y yo vamos a salir de fiesta. Pensé que la ocasión lo merecía. Quién sabe... quizás conozca a alguien.
Le vio tragar con dificultad.
—¿Celoso? —preguntó ella sonriente.
—¿De qué? —dijo, haciéndose el tonto.
—De quien vaya a verlo. Es un conjunto que merece ser visto, ¿no crees? —preguntó ahora con tono desafiante.
Kakashi sonrió de lado bajo la máscara.
—Será un hombre afortunado... si no muere de un infarto —dijo con la voz grave—. Es un conjunto bonito —reconoció volviendo a su voz normal, con un deje de indiferencia.
—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó, haciéndose la tonta.
—Solo eso. Que es un conjunto bonito —repitió, encogiéndose de hombros—. ¿Son flores de cerezo los detalles del encaje? —preguntó como quien pregunta por el diseño estampado en una camiseta.
—¿No decías que no te había dado tiempo a verlo bien? —dijo, cabreada, apretando los puños.
Kakashi se encogió de hombros.
—Tengo memoria fotográfica.
—Lo sabía. Eres un pervertido.
—No lo soy. No puedo evitar tener memoria fotográfica. Recuerdo perfectamente todo lo que veo —dijo, llevándose el dedo índice a la sien.
—¿Perfectamente?
—Es una fortuna y una desgracia.
—¿Por qué una desgracia? —preguntó, con curiosidad real.
—Una vez pillé a Genma masturbándose.
Sakura hizo una mueca de asco.
—Sí. Tan desagradable como crees. Para las misiones es bueno, para el día a día no tanto. Aunque diría que acaba de compensarse —añadió esto último con una risa suave.
Sakura se puso colorada ante el comentario.
—Lárgate ya. O no te dará tiempo a leer todo —dijo, evitando mirarle a los ojos.
—Sí. Ino debe estar por llegar.
—Ino. Es verdad. Lo había olvidado. Mierda. Tengo que cambiarme.
—¿No vas a salir así? —preguntó con sorpresa fingida.
—Claro que no. Tengo un vestido que deja en ridículo al conjunto —dijo recordando su vestido, sin pensarlo.
Kakashi la miró abriendo los ojos, ahora con sorpresa genuina.
—¿Vais a una discoteca por aquí?
—Nos vamos a Akamori.
—¿No está muy lejos?
—Merece la pena. Hoy no hay nadie en Konoha. La gente ha aprovechado el buen tiempo y se ha largado. ¿Algo más que necesites saber? —preguntó con tono de molestia.
—No. Tened cuidado y pasadlo bien.
Ella sonrió y no dijo nada. Indicándole con la cabeza que tenía que irse.
Kakashi asintió y se marchó, dejando sola a Sakura que miraba la puerta cerrada, preguntándose qué carajo había sido eso.
Un ruido interrumpió sus pensamientos.
—¿Y ahora qué quieres? —preguntó con un grito, abriendo la puerta.
—¿Qué? —preguntó Ino, asustada.
—Oh. Perdona, Ino, pensaba que eras otra persona.
—¿Te refieres al Hokage? Acabo de cruzarme con él.
—Sí. Me refiero a Kakashi.
—Ha sido raro.
—¿Por qué?
—Me preguntó hasta qué hora estaríamos fuera.
Sakura la miró sin saber si cabrearse o sonreír.
—¿Qué haces con eso? ¿Dónde está ese sexy vestido que te habías comprado? Enséñamelo.
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La discoteca estaba llena, pero eso nunca le había importado a Sakura. Miró a su alrededor para ver si reconocía a alguien. Pero más allá de Ino no había ninguna cara conocida. Aunque era normal, estaban a más de una hora de casa.
—¿Qué quieres? —preguntó Ino, haciendo el gesto de beber algo.
—¿Qué vas a pedir tú? —preguntó Sakura, inclinándose sobre ella para que pudiera escucharla por encima de la música.
—Un gin tonic —gritó Ino.
—Lo mismo.
—Ahora vengo.
—Aquí estaré.
Sakura empezó a moverse al ritmo de la música. No tardó mucho en notar una presencia conocida.
—¿Me persigues? —preguntó sin dejar de bailar.
—Pensaba dar una vuelta por Konoha, pero alguien me ha dicho que hoy está muerto —respondió acercándose a su lado.
—Ya. Qué casualidad encontrarte aquí. Akamori tiene muchos sitios por donde salir.
—Bueno, he pasado por otras dos discotecas antes, pero su música no me ha gustado.
—¿Has venido solo?
—No. ¿Por quién me tomas? No soy así de triste. He venido con Genma —dijo señalando al ninja que hablaba con Ino junto a la barra.
La mente de Sakura se perdió por un momento. Y la imagen de Genma con la mano sobre su miembro masturbándose le provocó la misma mueca de asco que había puesto unas horas antes. Kakashi rio sabiendo en qué había pensado.
—Pensé que tenías lectura para esta noche —volvió a mirarle, intentando hacer desaparecer esa imagen de su cabeza—. Creo que mañana tienes una reunión importante, si no me equivoco.
—Improvisaré.
Sakura no dijo nada, cerró los ojos y siguió moviéndose al ritmo de la música.
Kakashi la miró por unos segundos, pensando qué debería hacer, pero no le dio tiempo a decidirse. Sakura, todavía con los ojos cerrados, lo tomó de las caderas, obligándolo a bailar con ella.
Kakashi sonrió, la rodeó por la cintura con un brazo y siguió su ritmo.
—No sé si lo deja en ridículo, pero sí deja sin aliento —susurró Kakashi con voz grave sobre su oído cuando ella se pegó más a él.
—¿Verdad que sí? —dijo Sakura risueña, sabiendo que se refería al vestido.
Se separó de ella para mirarla a los ojos. Sakura le devolvió la mirada, pero no dijo nada y volvió a pegarse a él para seguir bailando.
—¿Y ya has elegido quién será el afortunado? —preguntó Kakashi, ahora con su voz normal.
—¿Afortunado? —preguntó Sakura, haciéndose la tonta.
—Sí. El que disfrutará de la lencería —aclaró Kakashi, mirando de manera clara el escote de Sakura, que dejaba ver las tiras superiores del sujetador.
—Ah. Pensé que no sería afortunado. Creo que dijiste que moriría de un infarto. Eso no suena muy afortunado.
Kakashi levantó la vista para mirarla a los ojos, cambiando la sorpresa por un gesto de arrepentimiento cuando vio que ella había notado como miraba sus pechos.
—Perdón. No debería...
—Supongo que ya da igual —le cortó ella—. Además, ahora llevo un vestido encima. Y yo decidí salir así. Si no me miran, ¿de qué sirve?
Kakashi iba a responder, pero justo en ese momento Genma carraspeó a su espalda. Ambos se separaron y miraron a sus amigos.
—Mira a quién traigo —dijo Ino sonriente, ofreciéndole su bebida—. Nos ha invitado.
—Gracias —dijo Sakura, mirando a Genma.
—Estás impresionante, Sakura —dijo Genma, mirándola de arriba abajo.
—Gracias —repitió Sakura, sonriendo.
—¿No estáis un poco lejos para ir de fiesta? —preguntó Genma, pegándose un poco a ella y dándole un vaso con algo de beber a Kakashi.
—¿Y vosotros?
—Genma tenía ganas de salir —interrumpió Kakashi.
Sakura se giró para mirarlo, incrédula.
—¿Es eso cierto? —preguntó volviendo a girarse hacia Genma.
El aludido solo asintió con la cabeza.
—¿Dónde está Sai? —preguntó Kakashi, dirigiéndose ahora a Ino.
—Fuera. Lo mandaste a una misión por tres días. Es noche de chicas —respondió Ino, riendo y comenzando a bailar.
—¿Y pueden estos chicos unirse? —preguntó Genma, señalándose a sí mismo.
—Pueden. Siempre que sepan bailar —dijo Ino, pasando sus manos por el cuello de Genma para obligarlo a moverse—, y mientras entiendan que no va a pasar nada más —añadió, riendo.
—Nunca le haría eso a Sai. Me cae bien. Es buen tipo. Y un asesino sin escrúpulos —bromeó Genma, tomándola por las caderas.
Después de contemplar el intercambio entre los dos, Kakashi se giró de nuevo hacia Sakura, que bailaba ajena a ellos. Luego miró su vaso por un momento.
—¿Qué bebes? —preguntó Sakura, observándole, pero sin dejar de moverse al ritmo de la música.
—Ni idea —respondió Kakashi, encogiéndose de hombros.
—¿No lo sabes?
—No lo he probado aún —respondió con un tono suave.
Sakura sonrió pícaramente. Miró por un segundo el vaso, y luego fijó su vista en él. Él arqueó las cejas con curiosidad.
Sakura rio, y sin retirar la vista de él, llevó su mano al brazo de Kakashi que sostenía la bebida, y le dio un pequeño toque para que lo levantara.
—¿Y no vas a probarlo?
Kakashi rio al darse cuenta de lo que ella pretendía. Sin decir nada, se bajó la máscara con la otra mano y se llevó el vaso a los labios para dar un trago largo.
Sakura sonrió.
—¿Y qué es? —volvió a preguntar.
—Sigo sin saberlo. Algo con vodka. Genma ama el vodka.
—¿Y a ti te gusta?
—No está mal. ¿Quieres probarlo? —ofreció su vaso.
—No. Gracias. No soy fan del vodka.
Kakashi no dijo nada, pero tampoco se volvió a subir la máscara.
—A Ino no parece importarle que estemos aquí —dijo Kakashi, mirando a su amiga bailar con Genma.
—Ino solo quiere divertirse. Tiene a Sai en casa. No busca pareja.
—¿Y tú sí?
Sakura bebió de su vaso, sin quitar su vista de los ojos de Kakashi, pero no dijo nada.
—¿Y no es imprudente seguirme hasta aquí teniendo que salir mañana de viaje? —preguntó ella cambiando de tema.
—Es solo para una reunión. No es como si fuera una misión —dijo, volviendo a rodearla por la cintura para seguir bailando.
—Aun así. Es un poco loco —respondió Sakura, pasando sus brazos por el cuello de Kakashi.
—Considéralo una misión de rescate —dijo él de la nada.
—¿Cómo dices? —preguntó, divertida.
—Venir hasta aquí.
—¿Venir hasta aquí es una misión de rescate? ¿De qué hablas? —preguntó, riendo ante la idea.
—¿Tú te has visto?
—Ah. Lo dices por el pobre diablo con el que termine la noche.
—No. Lo digo por las docenas de personas que no te quitan la vista de encima.
—¿Tienes miedo de que me hagan algo? —preguntó con voz suave.
—No. Tengo miedo de cómo los dejarás si se atreven a mirarte como no deben.
Sakura rio ante ese comentario y se pegó un poco más a él.
—Y ahora en serio, ¿por qué has venido?
—¿No querías que viniera?
—¿Por qué iba a querer eso? —preguntó con tono indiferente.
—Me dijiste adónde irías.
—Tú me preguntaste. Sería de mala educación no responder.
—Si te lo hubiera preguntado solo quince minutos antes no me hubieras respondido.
Sakura rio con malicia, sabiendo que era verdad. Antes de que él se detuviera frente a la puerta y comenzara a hablar de su lencería la vergüenza la mataba. Pero cuando él empezó a hablar de su ropa interior con tanto descaro, mientras aun la llevaba puesta, algo cambió. Y ahora que él la había seguido hasta Akamori...
—¿Y si te hubieras equivocado?
—Todavía puedes pedirme que me vaya —dijo Kakashi con sinceridad.
Sakura se separó un poco de él para mirarlo a la cara.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó Kakashi, sujetándola firmemente por las caderas para detener sus movimientos.
Ella tragó saliva antes de negar con la cabeza.
Kakashi sonrió y llevó su mano a la mejilla de Sakura, acariciándola con suavidad.
—Genma lleva razón. Estás impresionante. Este vestido rojo se ajusta a tu figura a la perfección.
—Gracias —susurró Sakura—. Tú también estás guapo.
—Solo llevo un pantalón de tela y una camisa blanca.
—Te sienta bien —dijo encogiéndose de hombros, como queriendo decir que en él eso era suficiente para verse guapo—. No es común verte con ropa casual y sin el hitai.
Kakashi sonrió, y dejó que su mano se deslizara del rostro hasta la garganta de Sakura.
Ésta volvió a tragar saliva. Algo que Kakashi pudo notar bajo sus dedos.
—¿Debería detenerme? —preguntó mirándola a los ojos.
Ella negó.
Seguían bailando cuando los ojos de Kakashi bajaron, acompañando el camino de sus dedos por la garganta de Sakura hacia su escote. Allí se toparon con las finas tiras del sujetador que asomaban por debajo del vestido.
—Este escote no deja mucho a la imaginación —dijo con voz grave—. Incluso puedo ver parte de esa lencería desde aquí.
Enrolló su dedo índice en una de las tiras y tiró levemente, levantando el pecho de Sakura. Algo que se acentuó cuando ella tomó aire profundamente y lo contuvo unos segundos bajo su escrutinio.
—Realmente quieres matar a algún pobre desgraciado.
Sakura jadeó al dejar escapar el aire.
—Tú lo has soportado —dijo en un susurro que apenas fue audible.
—Casi no lo cuento. Pero como cerraste la puerta tan rápido, no te diste cuenta —murmuró Kakashi con un tono cargado de deseo.
Después de unos segundos más, Kakashi soltó las cuerdas del sujetador, dejando que el pecho de Sakura volviera a su sitio. Cerró los ojos por un momento y dio otro trago a su bebida, como si estuviera pensando en las posibilidades.
—¿Y de qué es la reunión exactamente? —preguntó Sakura, cambiando el tema de conversación y bebiendo de su propio vaso.
—Típica reunión para ponerse al día en la que algunas naciones falsean sus datos y fingimos que todo va bien entre todos —respondió, aceptando el cambio de tema.
—Entonces no pasará nada si te inventas las cifras del hospital.
—Supongo —respondió riendo.
Tras unos minutos en silencio, todavía bailando, Kakashi volvió a hablar.
—¿Todavía te niegas a acompañarme?
—La verdad, lo estoy reconsiderando.
—¿Puedo hacer algo para convencerte y que me acompañes?
—Quizás... —respondió ella, con tono sugerente.
Kakashi deslizó una de sus manos por la espalda baja de Sakura, tanteando a través de la tela del vestido la lencería de encaje. Cuando lo notó, dejó que sus dedos acariciaran suavemente la base de su espalda, justo sobre el triángulo del tanga.
—¿Y vas a decírmelo o tengo que adivinarlo? —preguntó con voz grave, agachándose para susurrar cerca de su oído.
Sakura sintió un escalofrío al escuchar ese tono de voz.
Kakashi rio suavemente al notar su reacción y acercó más su rostro al cuello de ella, inhalando su aroma.
Después dejó que su nariz rozara suavemente la piel del cuello de Sakura mientras la sentía estremecerse bajo su toque. Sus labios rozaron la curva entre su cuello y su hombro, y ella dejó escapar un suave suspiro que él, más que escuchar, pudo sentir.
—Joder, Sakura... me tienes loco —susurró, su aliento cálido contra la piel del cuello.
Sakura cerró los ojos por un instante, dejando que la sensación que las palabras la produjeron la envolviera.
—¿Todo esto por un conjunto de ropa interior? —preguntó ella, tratando de romper la tensión con una pequeña sonrisa.
Kakashi dejó escapar una risa breve y ronca, casi como un gruñido, que resonó contra su cuello.
—Sí, claro. Como si fuera cosa de un día —respondió, su voz teñida de un tono grave que la hizo temblar.
Sakura subió una de sus manos por la espalda de Kakashi hasta enredarse en su cabello, tirando de él con una mezcla de suavidad y deseo.
—¿Sería muy atrevido pedirte que me lleves a un hotel? —susurró Sakura, casi sin aliento, los labios cerca de su oído.
Kakashi, que había estado siguiendo los movimientos de Sakura a ritmo de la música se detuvo en seco, sorprendido por la pregunta. Se separó un poco para mirarla directamente a los ojos, tratando de comprobar si hablaba en serio. Al ver que no había ninguna duda en su expresión, su sorpresa se transformó en una mezcla de deseo y admiración.
—¿Hablas en serio? —preguntó en un murmullo que apenas logró salir de sus labios.
Sakura no dijo nada, pero afirmó enérgicamente con la cabeza, sus ojos brillando con determinación.
Eso fue suficiente. Kakashi no lo dudó más, la atrajo hacia sí, y la besó. Un beso suave que rápidamente se volvió más intenso. Sakura respondió con igual fervor, profundizando el beso mientras sus manos recorrían la espalda de Kakashi, explorando cada rincón de su cuerpo con una familiaridad que no tenía sentido, ya que era la primera vez que le tocaba de ese modo. Aunque... por otro lado, le había atendido tantas veces como ninja médica, que en cierta medida conocía su cuerpo.
—Te invitaría a mi casa —murmuró Kakashi contra sus labios, apenas separándose—, para que entiendas que no se trata de algo de una noche. Pero está muy lejos. ¿De verdad te parece bien un hotel?
Sakura asintió con firmeza.
—Esto no es por el alcohol, ¿verdad? —preguntó Kakashi, nervioso, deteniéndose un segundo para observar el vaso de ella.
Sakura rio y levantó el vaso, mostrando que todavía tenía más de la mitad de su contenido.
—Este es el primero. Estoy completamente sobria.
Kakashi sonrió, satisfecho con su respuesta.
—Bien —dijo, como si eso abriera un mundo de posibilidades.
Se quedaron en silencio por un momento, simplemente mirándose, antes de que Kakashi rompiera el hechizo.
—Voy a avisar a estos. Ahora vuelvo —dijo subiéndose la máscara.
Sakura asintió mientras Kakashi se alejaba para hablar con su amigo. Lo vio acercarse a la barra, donde Genma e Ino charlaban animadamente. Kakashi puso una mano sobre el hombro de Genma y murmuró algo. El ninja miró en su dirección y asintió sin ningún tipo de mueca ni gesto que diera a entender que sabía lo que estaba ocurriendo. Ino se asomó por detrás de Kakashi para mirarla. Y levantó las manos preguntando si pasaba algo. Sakura negó con la cabeza y sonrió. Ino salió de detrás de ellos y se acercó a ella.
—¿Todo bien? —preguntó preocupada.
—Sí.
—¿Pero volvéis a Konoha?
Sakura no sabía que les había contado Kakashi, así que apostó por poca información, pero real.
—Sí. Mañana hay una reunión importante en Suna.
—¿Y vas a ir?
Sakura miró de nuevo a Kakashi, que seguía hablando con Genma.
—Sí. Creo que iré. No estaba en mis planes, pero necesita mi ayuda.
—Está bien.
—¿Te importa si te dejo con Genma?
—No. No te preocupes. Ya sabemos que es un desvergonzado, pero es divertido y buen tipo.
—Sí. Lo es —respondió Sakura riendo.
—¿Cuándo te veo?
—Supongo que estaré fuera dos o tres días. Pero todavía no lo sé. Te aviso cuando regrese.
—OK. No trabajes mucho e intenta pásarlo bien.
—Gracias. Tú también. Descansa un poco estos días, cerdita. No dejes que tu madre te explote sólo porque tengas unos días libres.
Ino rio.
—Lo haré. Aunque hoy no. La noche es larga. Ya que está Genma puedo despreocuparme. Podemos quedarnos hasta tarde y volver juntos.
Kakashi y Genma llegaron a su lado en ese momento.
—¿Nos vamos? —preguntó colocándose junto a Sakura.
—No dejes que beba demasiado —dijo Sakura dirigiéndose a Genma—. Se pone muy pesada, aunque es una borracha divertida.
—Si lo planteas así no creo que quiera evitarlo —rio Genma.
—No es verdad —intervino Ino dándole un suave golpe en las costillas al shinobi—. Además, no llevo mucho dinero encima.
—Yo te invito.
—Nosotros nos vamos —dijo Kakashi—. Cuida de ella —pidió a Genma señalando a Ino.
—Que sí. Que sí. Yo me llevo a la loca de vuelta a Konoha. No os preocupéis.
—Gracias Genma —dijo Sakura poniéndose de puntillas para darle un beso en la mejilla—. Nos vemos cerdita —añadió dando un abrazo a su amiga.
Cuando Kakashi también se hubo despedido de ambos la tomó de la mano y la guio hacia la salida de la discoteca. Una vez fuera, el aire fresco de la noche los sorprendió, y contrastaba con el ambiente cargado de la discoteca. Se detuvieron un momento para orientarse, y Sakura miró a ambos lados de la calle.
—Y... ¿conoces algún hotel por aquí? —preguntó, algo nerviosa, pero decidida.
Kakashi rio, mirando a su alrededor.
—La verdad es que no, pero no creo que sea difícil encontrar uno.
Sakura sonrió, relajándose un poco mientras Kakashi le ofrecía el brazo. Ella se aferró a él y comenzaron a caminar por las calles de Akamori.
—Mientras buscamos un sitio. ¿Quieres que te cuente sobre la reunión?
—Aún no sé si iré —respondió sorprendiendo a Kakashi.
—Pensé que... —se detuvo soltándose de su agarre para mirarla con gesto confuso.
—Si lo de esta noche sale fatal no querrás que te acompañe —le cortó bromeando.
Kakashi rio por su idea.
—Procura que no sea así. No quiero tener que buscar otra directora de hospital —dijo con tono quejoso mientras pasaba un brazo por encima de sus hombros para atraerla hacía él y comenzar a andar de nuevo.
—Eso no depende solo de mí —aseguró ella riendo y agarrándole por la cintura.
—Estaremos fuera cinco días —empezó a contarla como si ella ya hubiera aceptado ir con él a Suna.
—Pensé que dijiste que solo era una reunión.
—Sí. Mañana por la tarde. Pero quiero aprovechar que estamos allí para ver la presentación de Kankuro sobre algo de unas marionetas médicas de rescate. No es necesario que vengas, pero estoy seguro de que disfrutarás el espectáculo que ha montado para impresionar a todos.
—Aún no he dicho que vaya a ir. Tengo trabajo, ¿sabes?
—Allí —señaló la señal de un hotel, ignorando su comentario.
No parecía ostentoso, pero sí lo suficientemente acogedor y privado. Sakura lanzó una mirada de complicidad a Kakashi, y asintió.
—Parece un buen sitio —dijo Kakashi, empujando la puerta de cristal que les daba paso al vestíbulo.
El recepcionista, un joven con aire despreocupado, levantó la vista al verlos entrar. Su mirada pasó de Kakashi a Sakura, y una ligera sonrisa asomó en sus labios, que rápidamente intentó ocultar.
—Buenas noches. ¿Qué puedo hacer por ustedes? —preguntó, aunque en su tono había un toque de ironía que Kakashi captó de inmediato.
—Necesitamos una habitación —respondió Kakashi, con un tono firme pero educado.
—¿Para dos? —El recepcionista los observó con una mirada que casi podría haber sido un comentario en sí mismo.
Kakashi intercambió una rápida mirada con Sakura antes de responder.
—Sí, para dos.
—¿Una noche?
—Sí.
—¿Usted y esta chica? —preguntó mirando por encima de su hombro.
Kakashi se giró de nuevo a mirar a Sakura.
—Sí —respondió cuestionándose el sentido de esa pregunta.
—¿Quieren que tenga baño?
—Sí —respondió sorprendido por la pregunta.
—Era broma —dijo el recepcionista sin rastro de diversión—. Todas nuestras habitaciones tienen baño propio. No somos un motel de mala muerte. Este lugar tiene clase.
Kakashi le miró queriendo preguntarle si era estúpido, pero se contuvo. Sakura se rio detrás de él y le dio un pequeño apretón sobre el brazo.
—Muy bien. Tenemos una habitación en la segunda planta, con vistas al jardín. El precio es de 58,500 ryōs.
Sakura levantó las cejas, sorprendida por lo elevado del precio, pero Kakashi se mantuvo imperturbable. Sacó la cartera de su bolsillo trasero y pagó sin titubear. El recepcionista le entregó la llave con una sonrisa algo burlona.
—Disfruten su estancia. El ascensor está al fondo —dijo, señalando sin levantar la vista de su libro, al que había regresado.
Kakashi se volvió hacia Sakura, sus ojos todavía reflejaban lo que pensaba del intercambio con el recepcionista.
—¿Vamos? —preguntó, ofreciéndole la mano.
Sakura asintió, entrelazando sus dedos con los de él mientras caminaban hacia el ascensor. Las puertas se cerraron tras ellos, y en el silencio del ascensor, el ambiente entre ellos se cargó de tensión. Kakashi, de pie junto a Sakura, podía sentir la cercanía de su cuerpo, el calor que irradiaba y el suave perfume que parecía envolverla.
—Creí que cuando llegáramos habría tenido tiempo suficiente para pensarlo y me arrepentiría —murmuró Kakashi, mirándola de reojo.
Sakura se volvió hacia él, con una expresión mezcla de curiosidad y ansiedad.
—¿Y es así? —preguntó con nerviosismo.
—No —dijo Kakashi con una sonrisa suave—. No que va. De hecho, ahora que te veo con más luz, no veo el momento de quitarte ese vestido por mucho que me guste —susurró, sus palabras cargadas de deseo.
El ascensor llegó a la segunda planta, y ambos salieron en silencio, caminando por el pasillo en busca de su habitación.
—Dijiste que no era cosa de un día —comentó Sakura abrazándose a él y bajándole la máscara—. ¿Por qué te arrepentirías si realmente te gusto desde hace tiempo?
Ahora avanzaban por el pasillo guiados por Kakashi, que intentaba andar en línea recta, mientras ella, abrazada a él, le besaba.
—Precisamente. No es por ese conjunto sexy que estoy a punto de volver a ver, ahora sin prisas. Llevo ya un tiempo fantaseando con esto.
—¿Con venir a un hotel conmigo? —preguntó en broma.
—Con estar contigo —dijo besándola con cierta dificultad sin detenerse—. Es aquí —dijo parándose frente a una puerta con el número 204.
Deslizó la llave en la cerradura. La puerta se abrió con un suave clic, y él hizo un gesto para que Sakura entrara primero.
—Después de ti.
Sakura entró, echando un rápido vistazo a la habitación. Era pequeña, pero cómoda, con una cama grande en el centro y luces cálidas que daban al lugar un ambiente íntimo. Kakashi cerró la puerta detrás de él.
Sakura se giró para mirarlo, su corazón acelerándose con cada paso que él daba hacia ella. Sin decir nada más, Kakashi la atrajo hacia sí, sus manos sujetándola por la cintura, y simplemente la besó, un beso suave en los labios. Breve pero intenso. Y cuando se separaron, ambos respiraban más rápido.
—Realmente me dio vergüenza que me vieras en ropa interior —susurró Sakura sin soltarle mientras él se inclinaba de nuevo sobre ella para besar su cuello.
—¿Y qué ha cambiado? —preguntó sin separar los labios de su piel.
Sakura subió las manos por el pelo plateado para pasar los dedos entre los mechones ganándose un gemido ronco de la garganta de Kakashi, que puso los ojos en blanco por la sensación que provocaba en él.
—No sé. Pero es cierto que te dije a dónde iríamos con la esperanza de que aparecieras. Realmente no estaba cabreada contigo. Solo avergonzada.
—Eso no responde a mi pregunta —dijo haciendo un esfuerzo por detenerse y separarse de ella—. Quiero que entiendas que para mí no se trata solo de esta noche, Creo que sería incapaz de seguir trabajando contigo o estar a tu lado solo como amigo después de esto. Si para ti no es así, necesito que paremos.
La seriedad de sus palabras dejó a Sakura sorprendida.
—No. No es eso. Me gustó cuando empezaste a hablar de mi ropa interior y que te pusieras celoso por otros hombres —Kakashi la miraba con toda su atención y negó riendo cuando hizo referencia a los celos—. Tú también me gustas, Kakashi. Desde hace tiempo. Creo que por eso me dio tanta vergüenza. Es solo que pensé que te lo tomabas a broma y te reías de mí —Kakashi volvió a negar, ahora con seriedad, sin rastro de sonrisa en sus labios— Y bueno, es evidente que este conjunto me sienta de puta madre, es normal que te encendieras —añadió Sakura cambiando a un tono más ligero, bromeando—, pero eso no quería decir que yo te gustará.
—Suficiente —dijo volviendo a pegarse a ella—, te mostraré cuanto me gustas —afirmó con seriedad volviendo a besarla.
Sakura dejó escapar un suave gemido cuando los dientes de Kakashi rozaron la piel de su cuello.
Éste deslizó las manos por el costado del vestido, buscando los tirantes. Con una mezcla de ternura y deseo, los bajó lentamente, dejando al descubierto el encaje negro con el que había estado fantaseando durante toda la noche.
Sakura lo miró fijamente, su respiración acelerada mientras él exploraba su cuerpo. Cuando los tirantes del vestido cayeron por completo a la altura de sus caderas, Kakashi la miró con una sonrisa satisfecha mientras la recorría con la vista, observando cada detalle del encaje que la envolvía.
Kakashi dejó que sus manos acariciaron las caderas de Sakura.
—Antes dije que era bonito, pero me equivocaba —murmuró con un tono más juguetón.
Sakura lo miró, ligeramente intrigada.
—¿No te gusta?
Ante esa pregunta dejó escapar una breve risa, recorriendo con sus dedos la delicada tela que cubría la clara piel de Sakura.
—Me encanta. Pero bonito no es la palabra.
Sakura arqueó una ceja, curiosa.
—¿Y cuál es la palabra?
Kakashi sonrió mientras empujaba el vestido todavía más abajo, dejándolo caer por debajo de sus caderas, hasta el suelo.
Sakura pudo notar que Kakashi reaccionó instintivamente ante su cuerpo cubierto únicamente por la lencería. Era imposible no notar cómo él parecía haberse tensado aún más, como si su deseo creciera por cada segundo que la contemplaba.
Kakashi inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, intentando estirar el cuello y liberarse de la tensión.
—Sexy. Es muy sexy. O más bien, tú eres jodidamente sexy con él —dijo Kakashi, con un susurro cargado de lujuria, mientras sus manos subían por las caderas de ella hasta topar con la tela del sujetador.
Sakura dejó escapar una suave risa ante su comentario, disfrutando del calor que sus manos provocaban en ella.
—Eres bueno, Kakashi. Nunca habría imaginado que fueras de los que dicen ese tipo de cosas.
Kakashi no respondió con palabras. Pero se inclinó sobre ella y bajó la cabeza hasta que sus labios cubrieron la tela del sujetador, justo a la altura de sus pezones.
El suave contacto de su boca a través de la tela hizo que Sakura dejara escapar un suspiro profundo, y arqueó la espalda, ofreciéndose más a él. Kakashi, sin apresurarse, se tomó su tiempo para besar el encaje, sus labios delineando el contorno del sujetador mientras sus manos exploraban el resto del cuerpo frente a él con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su deseo.
Sakura también pudo sentir cómo su propio cuerpo reaccionaba a cada movimiento de Kakashi, sus caricias le provocaban una oleada de sensaciones que la envolvían por completo. Cerró los ojos, disfrutando y dejándose llevar por el momento.
Kakashi, aun acariciando su piel, deslizó las manos por su espalda, desabrochando con destreza el cierre del sujetador. Dejó que la prenda se deslizara lentamente, revelando los pechos ante él. Se inclinó de nuevo, esta vez sin barreras, y besó la piel desnuda, haciendo que Sakura soltara un gemido suave.
—Jodidamente sexy —repitió Kakashi, susurró, dejando que su aliento acariciara la sensible piel frente a él, mientras continuaba bajando, besándola, explorándola con una intensidad que hacía imposible contenerse.
Los dedos de Kakashi acariciaban la piel desnuda de Sakura, provocando en ella que el calor subiera por su cuerpo, desde sus pies hasta sus mejillas.
Ante esto, Sakura dejó escapar un pequeño jadeo, apenas audible, pero lo suficientemente claro para que Kakashi lo notara.
—No puedo dejar de mirarte —murmuró Kakashi, su voz grave y ronca, mientras sus manos recorrían lentamente su espalda, trazando cada línea de su figura.
Sakura cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones.
—Tampoco quiero que lo hagas —respondió ella, su voz apenas un susurro.
Él la tomó de la cintura y, con un movimiento suave la arrastró hacia la cama. El vestido se deslizó de sus pies hasta quedar olvidado en el suelo, y ambos cayeron sobre el colchón.
Kakashi besó sus labios, su cuello, rozando suavemente la piel sobre la que pasaba, mientras sus manos seguían explorando. Sus labios bajaron lentamente por la clavícula hasta llegar a los pechos nuevamente.
—No sé cómo has hecho para mantener esto en secreto tanto tiempo —murmuró Kakashi, dejando escapar una risa suave, antes de besarlos.
—No sé a qué te refieres —respondió Sakura, sonriendo con picardía mientras lo observaba continuar con su exploración.
Cada caricia parecía destinada a provocar una nueva reacción en Sakura, y ella respondía con suspiros, gemidos suaves, y una creciente necesidad de más. Cuando Kakashi bajó su boca para atrapar entre sus dientes el pecho de Sakura, ésta dejó escapar un jadeo suave, y arqueó de nuevo la espalda, haciéndole sonreír por la respuesta ante sus caricias.
La habitación estaba sumida en un silencio sordo, solo roto por el sonido de sus respiraciones, cada vez más entrecortadas. Kakashi se tomó su tiempo, disfrutando de cada segundo, asegurándose de que ella sintiera cada toque, cada beso.
—Será mejor que vengas a Suna —murmuró mientras recorría con sus labios el costado de su abdomen, bajando lentamente por su cuerpo—. Necesitaré esto cada noche.
—Será un placer —respondió Sakura, casi sin aliento, sus manos enterradas en el cabello de Kakashi mientras él continuaba su descenso.
Kakashi llegó hasta el borde del encaje que aún cubría sus caderas, y con gran habilidad deslizó el tanga por sus piernas, dejando su cuerpo completamente expuesto ante él. Sakura sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no era de frío, sino de anticipación por lo que estaba por suceder.
Los ojos de Kakashi recorrieron su cuerpo con una admiración que la hizo sentir más deseada que nunca.
Él se incorporó ligeramente, apoyando una mano a cada lado de su cuerpo, y la miró fijamente a los ojos, con una sonrisa suave, cargada de intenciones.
—Eres hermosa, Sakura —susurró, antes de inclinarse sobre ella y besarla de nuevo, esta vez con más intensidad, con más necesidad.
Sakura respondió al beso con igual deseo, enredando sus piernas alrededor de él, mientras recorría su espalda con las manos, bajando hasta sus caderas para empezar a desvestirle.
Cada movimiento parecía ensayado, como si sus cuerpos supieran exactamente lo que querían y cómo obtenerlo.
En apenas un momento ambos estaban desnudos, devorándose mutuamente, dejando escapar pequeñas respiraciones entrecortadas, gimiendo y susurrando cada uno el nombre del otro.
Agradeciendo, dentro de sus cabezas, que no fuera Ino quien había llamado a la puerta unas horas atrás.
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NdA: Me ha gustado el resultado de esta historia. Es algo un poco diferente a lo que suelo escribir. Espero que también os guste :D
Este relato tiene cuatro imágenes a lo largo del texto. Pero ya sabéis que Fanfic no deja ponerlas. Están disponibles en Wattpad.
Besis de papel.
