INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ
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ADORABLE CONFUSIÓN
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CAPITULO 2
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DEDICADO A VALENTINE HIGURASHI
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―Se prevé la llegada al aeropuerto JFK de Nueva York en aproximadamente cuarenta minutos ―fue un anuncio en altavoz de la azafata.
Siguió diciendo otras recomendaciones propias del vuelo, pero Bankotsu Spencer ya no oyó porque se colocó los auriculares al oído y pensaba dormirse el resto del trayecto, pero a su compañera de al lado se le ocurrió hablarle, lo cual para desgracia suya no podía ignorar como a la azafata.
Venían en primera clase, pero no comprendía como es que Tsubaki Olson, la vicepresidenta financiera del Earl London Bank del cual él era CEO, se le ocurrió adquirir billetes con el asiento pegado al suyo.
En cambio, hizo que su asistente Hiten acabara en clase turista. Estaba seguro que fue obra de Tsubaki.
Siempre sospechó que Tsubaki estaba enamorada de él, pero aquello fuera de halagarlo, lo incomodaba.
Tsubaki observaba una Tablet donde tenía descargada parte del cronograma que Bankotsu tenía en Nueva York.
―Mañana por la noche está prevista una recepción con los ejecutivos de la filial neoyorkina y será una excelente oportunidad para conocerlos ―mencionó Tsubaki.
Bankotsu no pensaba faltar a esa fiesta porque sería su oportunidad de ver como su tío Naraku Fleishman se relacionaba con otros ejecutivos.
Aunque Bankotsu era el CEO del Banco, su tío Naraku era el director ejecutivo en la filial de Nueva York que estaba en planes de expandir operaciones a otras ciudades de Estados Unidos.
Bankotsu era tremendamente celoso del legado de su familia y leyendo algunos informes, unas operaciones le parecieron llamativas y por eso decidió venir a Nueva York a controlar dicha fusión.
Su tío Naraku nunca le había dado motivos para desconfiar, pero Bankotsu posicionó al Earl London Bank de ser una entidad financiera de baja calificación a convertirse en un gigante que ahora dominaba la plaza en Gran Bretaña y pretendía hacerlo ahora en Estados Unidos.
―No es necesario que hagas esto, Tsubaki. No es trabajo de una vicepresidenta financiera, sino de un asistente ―le aclaró Bankotsu
―Pero quiero hacerlo, me gusta manejar todos los detalles ―se apresuró en decir ella, batiendo sus preciosas pestañas largas.
Era una mujer preciosa y elegante. Era dueña de unas formas perfectas, la cabellera oscura, el rostro afrancesado y los ojos muy celestes, pero a Bankotsu no le interesaba como mujer.
Además, tenía como regla no involucrar relaciones en el trabajo.
Tsubaki siguió hablándole, pero Bankotsu ya no pensaba renunciar a los auriculares. Ya sabía todo lo que necesitaba así que se los colocó, mientras pensaba que este viaje a Manhattan sería de larga estancia a diferencia de otras ocasiones.
No pisaba la ciudad desde año y medio.
En ese punto, sus ojos tiritaron un poco ante el recuerdo de lo que ocurrió la última vez que estuvo en Manhattan.
¡Todos tuvo que ser culpa de su estúpido hermano menor Inuyasha y su lujuria!
Si ese pelmazo no hubiese sucumbido ante una americana de medio pelo, una buscavidas de lo peor que buscaba seducir a dueños de fideicomisos millonarios, él no hubiera tenido que intervenir como siempre que el nombre y el patrimonio que él construyó se viera en peligro.
Sus ojos volvieron a tiritar. Esa mujer era buena, por un momento llegó a engañarlo hasta a él, pero afortunadamente pudo darse cuenta de la verdad a tiempo. Él volvió a Londres, preso de una rabia homicida por las acciones de esa mujer y por el otro, un sentimiento parecido al amor que se estancaba en el fondo de su corazón.
Apretó sus puños al recordarla.
En esa época, estaba en Londres cuando le llegó un informe lapidario de que su hermano parecía embelesado por una americana y que parecía dispuesto a mucho por ella. Bankotsu se asustó ante la posibilidad de que Inuyasha cometiera un error irreparable y decidió actuar por su cuenta, presentándose a la mujer con el fin de engañarla para sacarla del radar de su hermano.
Y al final el engañado resultó él.
Se sentía un ridículo patético cada vez que rememoraba aquella vergonzosa situación.
Y todo por cuidar que Inuyasha no volviera a meterse en un problema.
Su estúpido hermano era dueño del 25% de las acciones del Banco y aunque él muy imbécil nunca se sentó en la mesa de accionistas ni sabía nada de negocios, representaba una faja importante de votos en la compañía.
En la actualidad él se encargaba de administrar la faja accionaria de Inuyasha porque caso contrario él lo hubiera dilapidado en poco tiempo gracias a su tendencia manirrota.
Lo último que había oído de ese vago, es que andaba de paseo por Nueva Zelanda y salía con una heredera australiana, definitivamente un mejor partido y él no necesitaría intervenir.
Recordaba que siempre tenía que pagarles sumas de dinero a las furcias que lo revoloteaban para que se alejaran de su hermano.
Su asistente Hiten se encargaba de esas tareas engorrosas.
La única vez que tuvo que recurrir a un mecanismo diferente fue justamente el caso de Manhattan con esa vividora.
Cerró sus ojos, ya no quería pensar en ella.
Sólo pensaba enfocarse a lo que había venido.
Supervisar la absorción la filial americana y ver que las sospechas que su tío Naraku le aparejaba no eran más que tonterías.
Era inaudito que su tío lo traicionara, siendo que quien lo convirtió en director ejecutivo y le dio sitio en el banco fue él mismo.
Años atrás, cuando su madre aún estaba viva y era la presidenta del banco que era una entidad financiera mediana, expulsó a su hermano menor Naraku del directorio, pero le permitió conservar sus acciones, pero se las redujo considerablemente a menos de 3%.
Cuando Bankotsu se convirtió en el CEO, en medio de su agresivo plan de expansión e inversión, volvió a atraer a su tío a la mesa directiva.
Ya su madre había muerto en ese tiempo y nunca supo que motivó la ruptura entre ambos hermanos por el inesperado fallecimiento de la anterior presidenta.
Su padre no tardó en seguir a su mujer.
Y por ello Bankotsu tenía la premisa tan alta de proteger lo suyo a toda costa.
Se limpió parte de la maraña que cubría sus ojos azules.
―La llegada al aeropuerto JFK de Nueva York está prevista en quince minutos, ajustad los cinturones y las mesitas en posición vertical ―fue lo último que se escuchó a bordo.
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Kagome cocinaba unos panqueques usando la cocina común del piso donde vivía Jakotsu.
Se comprometió en hacer el desayuno a todos como agradecimiento.
Jakotsu vivía en una habitación de ese piso, y hasta fue a dormir al salón para que ella y Alec durmieran en la cama.
Por supuesto, sólo fue una noche.
En el piso vivían otras tres personas, tan bulliciosas y alegres como el propio Jakotsu.
―Esto es delicioso, Kagome ¿podríamos cambiar de compañero de habitación? Jakotsu nunca nos cocina nada y eso que es cocinero ―dijo uno de ellos mordiendo uno de los panqueques.
― ¡Cállate, tonto! Que aun así siempre estas robando mis guarniciones del frigorífico ―le gritó Jakotsu.
Se inició un pequeño cruce de gritos y risas, pero Kagome no se sintió molesta. Eso era verdadera familia y no lo que ella tenía con su madre y hermana.
Todavía no podía creer la decisión extrema de su madre.
El piso donde vivían en el Bronx fue comprado hace quince años con el dinero de la indemnización que le dieron a Naomi por la muerte de su esposo en un accidente, trabajando como chofer de autobuses.
Supuestamente tenía que quedar algo para las hijas, pero al menos Kagome nunca vio un centavo y tampoco reclamaría, porque su madre tuvo que hacerse cargo sola de sus dos hijas.
Con la muerte de su padre, se acrecentó la preferencia de Naomi hacia Kikyo ya que la niña era más parecida en ella en belleza y simpatía. Kagome era parecida a su padre en rasgos, era morena y de ojos marrones. En cambio, Kikyo era una belleza de piel muy blanca y los ojos muy negros.
Al estirarse y crecer tampoco igualó la agraciada figura de Kikyo. Aunque fueron a la misma escuela, Kikyo asistió a clases de canto, ballet y música a diferencia de Kagome, que desde niña tuvo que aprenderse los quehaceres de la casa mientras su madre trabajaba en el hotel a tiempo completo.
Kagome suspiró.
Ya era tarde para seguir pensando en aquellas extrañas injusticias de la vida
Terminó de servir otro panqueque a otro de los alegres comensales cuando su móvil sonó.
Lo atendió de inmediato al ver que se trataba de la señora Park de Services and Clean.
―Esta noche será tu primera prueba de fuego, tendremos a cargo el servicio de tragos y atención en una fiesta muy exclusiva en Manhattan. Te enviaré los detalles al móvil y el horario que debes presentarte a la oficina para cambiarte al uniforme y memorizar el cronograma.
Kagome cortó la llamada con una sonrisa en los labios.
La señora Park le había dicho que los días de atención en fiestas como ésa tocaba doble paga por la alta exigencia, pero fuera de intimidarla eso la ponía feliz porque era una mesera de mucha experiencia y una fiesta no la asustaba, por más personas importantes que asistieran.
― ¡Esta noche será mi primer día oficial como mesera de Services and Clean! ―no pudo evitar exclamar de felicidad.
Los chicos le aplaudieron al unísono.
― ¡Entonces toca festejo con otra ración de panqueques! ―gritó uno de los muchachos antes que otro le diera un coscorrón en la cabeza.
― ¡Debes ir a trabajar, haragán! ―le increpó Jakotsu
―Pues el mejor consejo que puedo darte es que aproveches y busques a alguien como mi tío Bill en esa fiesta ―le recomendó el otro
― ¿Tu tío Bill? ―preguntó Kagome
―Sí, un viejo sordo con pensión ―y las risotadas no se hacían esperar.
Si, definitivamente este grupo de compañeros de habitación eran más familia que la que ella tenía en realidad.
Con tal energía positiva en medio de tanta calamidad, esperaba que su primer día de trabajo no fuera difícil.
CONTINUARÁ
Vieron hermanitas que estoy juiciosa.
Si sale bien todo, tendría que actualizar miércoles, viernes y domingos. Veamos cómo sale el experimento.
Muchas gracias por sus primeros comentarios: VALENTINE HIGURASHI, ANNIE PEREZ, BENANI0125, NENA TAISHO, PAULITA.
Nos leemos el domingo de nuevo, a ver si este par se reencuentra y si sale algo de que conocen.
Parece que ninguno tiene buen recuerdo del otro.
Gracias.
Paola.
