Capítulo XV: Prefacio.

Shinobu recordaba cómo se había vestido pudorosamente y detestaba pensar que jamás olvidaría el hecho de que Inosuke Hashibira, el profesor de gimnasia, que es como el hermano mayor de sus mejores amigos, la había visto en una situación tan comprometedora. Especialmente porque parecía genuinamente furioso a juzgar por la forma en la que miraba Tomioka y la manera en la que la ignoró a ella.

Por su parte, Giyuu había terminado de colocar la última maleta en el taxi que pidió para que llevara a Shinobu a casa.

–Ya está. –Indicó el pelinegro en pantalones de pijama y camiseta sencilla. –Te llevará a tu casa.

Shinobu se abrazó a sí misma y alzó indecisa la vista a su novio.

–Quiero quedarme. –Pidió. –Estamos juntos en esto. –Dijo tomando su mano.

Giyuu no pudo evitar enternecerse.

–Preferiría que no estuvieras aquí cuando hable con Inosuke.

–¿Por qué? Serviría que le dijese que no me forzaste a nada, que no has lavado mi cerebro, que te amo y que no me importa que tú no sientas lo mismo.

Giyuu sintió el aguijonazo de culpa al escucharla hablar así. Quiso poder decirle que él también, pero no podía mentirle, no se lo merecía.

–Sólo no olvides eso ¿de acuerdo? –Pidió ella con una sonrisa resignada. –Y díselo al profesor Hashibira de mi parte.

–Hecho. –Soltó con una seguridad que no sentía, pero trató de sonar lo más convencido posible.

–¿Seguro que no puedo quedarme?

–Lo conozco, y así como está tiende a hablar puras tonterías. Y si terminamos a golpes… –No agregó que era lo más probable. –Prefiero que no estés presente.

–Genial, eso me tranquiliza. –Señaló con sarcasmo.

–Anda, ve. Te llamaré cuando termine de hablar con Inosuke.

–¿Lo prometes?

–Lo prometo.

El joven profesor empujó a su alumna por la espalda y la ayudó a subirse al vehículo.

–Giyuu, prométeme que todo va a estar bien. –Pidió la pelimorada por la ventana del taxi. –Que nada va a cambiar.

Él sabía que no debía prometer eso. Por primera vez en la vida no se sentía preparado para ganar una conversación con Inosuke, como lo había hecho desde la escuela primaria. No quería decirle nada, primero quería tranquilizar a Inosuke y asegurarse de que no tenía intenciones de hacer un escándalo público de todo esto.

No quería mentirle.

–Lo prometo. –Repitió, regalándole a la joven una sonrisa tranquilizadora que fue correspondida.

Sin embargo, no pudo evitarlo.


Cuando Giyuu entró a su departamento, no esperó ser recibido con un fuerte puñetazo que lo mandó al suelo al no encontrarse preparado.

–Eso es por ser un idiota enfermo que se acuesta con niñas de la edad de nuestros hermanos.

Tomioka no dijo nada, no sabía qué decir. Si Inosuke le pegaba por lo que dijo entonces estaba en todo su derecho de hacerlo. Se puso de pie y miró a su amigo que aún parecía furioso con él.

–Estás consciente que de ser otro ya hubiera llamado a la policía.

–Sí.

El silencio que los rodeaba irritaba aún más a Inosuke.

–¿Sabes que esa NIÑA, además de ser menor de edad y alumna del instituto para el que trabajas, tu alumna, es hija de una de las familias más poderosas e influyentes de la ciudad?

–Sí.

Eso terminó con la paciencia de Inosuke.

–Sí, sí, sí. –Repitió exasperado. –Si lo sabes todo entonces, ¡¿en qué mierda estabas pensando cuando te la llevaste a la cama?! ¡Contéstame Tomioka!

–Hablaré contigo cuando te tranquilices.

–¡¿Cómo mierda quieres que me tranquilice?! ¡¿Cómo?! –Chilló. –¿Cómo quieres que lo haga cuando acabo de ver algo que pudo ser una violación?

–Yo no la forcé a nada.

–No, pero ella es una estudiante, Giyuu, TU ESTUDIANTE. –Enfatizó respirando agitadamente. –Es menor de edad.

–¿Crees que no lo sé?

–¡Es que no lo parece! –Exclamó el peliazul. –Porque no encuentro otra excusa para haberte encontrado con ella, de tantas mujeres que hay en el mundo. –Alzó los brazos exasperado. –Era ella de quien hablabas, la "mujer" que te tenía diferente. –Vio a su amigo asentir. –Creí que era una prostituta o una mujer casada que engañaba a su marido contigo.

–Inosuke… –El tono de Giyuu era de advertencia.

–Pero resultó ser mucho peor.

Esta vez fue el turno de Inosuke de caer al suelo luego de que Giyuu le propinara un golpe que ocasionó que su labio inferior sangrara.

–A mí dime lo que quieras, pero a ella no la insultes.

Inosuke escupió la sangre que se había acumulado en su boca.

–Maldito pederasta.

Y arremetió contra su mejor amigo.


Shinobu estaba concentrada en su celular. Se sentía ansiosa, una parte de ella quería marcarle y preguntarle qué estaba pasando con Inosuke. La otra moría por marcarle a Mitsuri o a Nezuko para contarles. Pero ni siquiera podía ir con Kanao porque se suponía que ella aún no regresaba del viaje con sus padres.

Necesitaba decírselo a alguien.

¡Tanjiro!

Él era el único que sabía, era el único con el que podía hablar. Buscó el número de su mejor amigo y marcó.

Pero para su sorpresa este no contestó. Intentó una, dos, tres veces… ¡Llegó hasta diez y no le contestaba!

Mierda, justo cuando lo necesitaba no contestaba su teléfono.

Entró al chat de Tanjiro y se dio cuenta de que tenía un mensaje de él diciéndole que le había contado todo a Zenitsu sobre su relación con Giyuu. Genial, lo último que necesitaba era escuchar los sermones de su rubio amigo.

Pero si Zenitsu ya sabía todo, entonces podría llamarle a él para contarle lo que estaba pasando.

Sí, eso haría.

Buscó el número de su amigo en sus contactos y empezó a llamar.

–¡Zenitsu!

Hola Shinobu, ¿qué sucede?

–Tanjiro me dijo que ya sabes sobre mi relación con Giyuu.

Sí, y déjame decirte que…

–¡Eso no importa ahora! Hay problemas, ¡él ya lo sabe todo! He intentado localizar a Tanjiro, pero no me contesta. Ahora mismo Giyuu se quedó hablando con Inosuke porque nos descubrió y está furioso... –Shinobu empezó a relatar los acontecimientos, sin embargo, para su mala suerte la llamada empezaba a cortarse sin que lo notara.

Cuando Zenitsu iba a pedirle que repitiera lo que dijo, escuchó unas palabras clave: "Tanjiro", "lo sabe todo", "furioso". Lo que le bastó para sacar sus propias conclusiones.

El corazón del rubio al otro lado de la línea se detuvo.

¿Cómo? –Farfulló.

–Lo descubrió por sí mismo, Zenitsu fue horrible. –La señal para este entonces había mejorado. –Estaba tan furioso. Giyuu se quedó platicando con él.

No podía ser. Tanjiro no podía haberse enterado de lo que pasó entre Nezuko y él.

El rubio se lo imaginaba. Tanjiro debería de estar echando fuego por la boca. ¿Cómo rayos se había enterado de que Nezuko y él lo hicieron en su departamento?

¿Y ahora qué hacía? ¿Compraba anillos? Una sonrisa diabólica se formó en su rostro al pensar que ahora Jacob no tendría más opción que alejarse de Nezuko. Claro que la sonrisa desapareció cuando pensó en la golpiza que le esperaba por parte de su amigo y después… mierda, Tanjiro era capaz de obligarlo a casarse con Nezuko.

De pronto, la imagen mental de una vida junto a la castaña ya no le parecía tan abominable como antes. Nezuko preparando la comida, regando plantas, Nezuko mamá, amamantando a un pequeño bebé, durmiendo a su lado, amaneciendo de igual manera después de hacer el amor.

Esa imagen se le hacía de lo más natural ahora.

–¡Zenitsu! ¿me estás escuchando? –Chilló Shinobu al teléfono.

Sí, claro. –Mintió el rubio.

En realidad, estaba pensando un montón de tonterías. ¡Tenía diecisiete! Era muy joven para pensar en matrimonio.

–¿Qué hacemos?

Si tenía suerte, podría realizar todo el proceso para salir del país en un par de horas. Nada más tendría que esperar que su madre firme lo que debe de firmar.

Tenía que pensar con claridad. No había embarazado a Nezuko, nada más le dio su primera vez.

Esperar. –Dijo finalmente resignado. –Háblame cuando sepas algo.

Con suerte, Tanjiro le romperá un par de huesos, pero no lo castraría.


–¡¿Vas a seguir sin decirme nada?! ¿No crees que merezco una explicación?

En otras circunstancias, Giyuu se hubiese burlado de las palabras elegidas por su amigo ya que sonaba como una novia celosa.

Pero siendo sinceros, ¿Qué podría decirle?: "Sí, me acosté con Kocho. ¿Por qué? Ah, eso no lo sé aún, pero a ella no le importa. Esperará a que lo descubra."

No podía decirle algo así.

–Di algo. –Pidió el peliazul ya cansado de golpear y ser golpeado. Frustrado especialmente por el silencio de su mejor amigo. –Habla conmigo, maldita sea.

–¿Qué quieres que te diga? –Preguntó igual de cansado Giyuu.

–¡¿Por qué carajos…?! –Se interrumpió, ya había hecho esa pregunta muchas veces. –¿Por qué ella? Habiendo tantas mujeres en el mundo.

Porque es bonita, dulce, apasionada. Porque supo cómo meterse en su sangre lentamente. Y porque se convirtió en alguien muy importante en su solitaria vida sin que él se diera cuenta.

Es la única persona que lo había sacado de su claustro, de su propia autoprotección y autocompasión.

Ella había despertado su deseo.

–Porque con ella volví a sentir… –Mierda, estaba a punto de confesar algo muy íntimo.

–Sentiste qué.

En momentos como ese maldecía la idiotez de Inosuke.

–Deseo, necesidad de estar con alguien. Porque desde que murió Alice no había vuelto a desear a nadie.

Notó como las pupilas de su mejor amigo se dilataban y abría los ojos con desmedido asombro. Su cara le decía que estaba contando los años de abstinencia que había guardado.

–Estás bromeando. –Quiso sonar casual, pero al ver el rostro serio de su amigo, preguntó: –Desde ahí… ¿nadie?

Giyuu negó lentamente.

–¡Han pasado años!

–Lo intenté, pero simplemente… no podía. –Expresó. –Siempre que una relación empezaba a volverse más seria y ya los besos y abrazos no bastaban, veía a Alice y me sentía el ser más miserable del mundo por engañar a la mujer que amaba. Hasta que llegó Shinobu. Cuando estoy con ella los remordimientos desaparecen, al menos momentáneamente.

Por un instante, Inosuke se mostró abrumado por lo que consideraba exceso de información. Apartó la vista de su amigo avergonzado, compasivo. ¿Qué se suponía que se debía decir en un momento así?

Sus ojos vagaron por el departamento hasta que se encontraron con la gran foto sobre la estantería principal y sintió cómo la ira volvía a tomar posesión de su cuerpo.

–¿Y me vas a decir que no tiene nada que ver con el hecho de que ella sea condenadamente parecida a tu esposa? –Señaló la foto haciendo que Tomioka también la mirara. –Mírala Giyuu. –Tomó la fotografía y la trajo consigo. –Son muy parecidas, cualquiera podría confundirlas como hermanas. ¿No estás haciendo eso tú?

–Te sorprenderías si vieras lo diferentes que son pese al físico.

–Contéstame, Tomioka. ¿Te acuestas con Kocho porque crees que es Alice? ¿Por qué su rostro o su cuerpo te recuerdan a tu mujer?

–No. –Respondió con convicción. –Yo también creí eso y en un principio fue así, es más, lo que me hizo acercarme a Shinobu fue el parecido irreal que mantiene con Alice. Pero no te confundas, Inosuke. Shinobu es Shinobu y Alice es Alice.

–¿Estás seguro de poder notar la diferencia?

Giyuu se tomó unos segundos antes de contestar:

–Sí.

–Entonces, contéstame una cosa. ¿Qué sientes por Shinobu Kocho?

Podría reírse de la ironía. Él llevaba pensando no sé cuántos días una respuesta para esa pregunta. Shinobu le preguntaba lo mismo, solo que a diferencia de Inosuke, ella no exigía una respuesta inmediata.

–No lo sé.

–No me salgas con idioteces Tomioka. El que te acuestes con una adolescente no te convierte a ti en uno.

–Ya para Inosuke, te he aguantado…

–¡Y me vas a seguir aguantando! –Le gritó. –Porque no soy yo el que podría ir preso si es que alguien llega a enterarse de esto. ¿Has pensado en tu carrera?, ¿en lo que pasaría si alguien diera voz de alarma? Eres consciente de que tú no podrías volver a conseguir un trabajo en el área educativa, que tú reputación y la de ella quedarán marcadas para siempre. ¿Qué dirán sus padres cuando se enteren? Y su elitista círculo social; este tipo de escándalos suelen ser sus favoritos porque disfrutan de hacer pedazos a los involucrados. Y eso sin mencionar los cotilleos en el colegio.

Giyuu apretó los dientes. Claro que había pensado en eso y más de una vez lo atormentaba. Detestaba no poder corresponder con el corazón abierto a los sentimientos que la joven le profesaba y demostraba.

Sin embargo, cuando más preocupado estaba, cuando más pensaba en su futuro y en las consecuencias de su clandestina relación, ella llegaba y lo desarmaba con un beso llevándolo directamente a la cama y con ello a su perdición.

–Así que contéstame de una maldita vez, como el maldito ADULTO de veintiséis años que eres. ¿Qué sientes por ella?

–La quiero. –Dijo rápido y mirando directamente a los ojos de su amigo.

Inosuke pareció impávido a la respuesta de Giyuu y mantuvo sus ojos verdes fijos en los ojos azules de su amigo.

–La quieres. –Repitió como si no se lo acabara de creer. –¿O sólo la deseas?

–Ambos. –Mentiría si dijera lo contrario.

–¿La amas? –Notó como la pregunta tuvo el efecto deseado en el joven. –¿La amas como amaste a Alice?

Su cerebro procesó la respuesta inmediatamente. Pero por algún motivo, de sus labios no salió una sola palabra.

La mueca que hizo Inosuke en ese momento era algo que no pudo descifrar.

–Entonces, ¿Por qué estás haciendo todo esto?

Giyuu sabía que se merecía todo el regaño de Inosuke, que no tenía palabras para defenderse de sus acusaciones. En realidad, era como dijo su amigo, había tenido un retroceso a la pubertad a nivel hormonal, conocida como la época de la indecisión, debido a su… relación.

–¿Me creerías si te digo que no sé cómo dejé que esto pasara? ¿Cuándo se me fue de las manos?

Los ánimos parecían más relajados e Inosuke le prestaba atención.

–El primer día que la vi pensé que mi esposa había vuelto a mis brazos. –Rememoró. –Luego, conocí a una joven muy sola y decidí apoyarla, sentí la necesidad de hacerlo. Después, ella me robaba besos y en poco tiempo era yo el que se los daba. Me volví posesivo con una joven que apenas conocía. Como entenderás, en cosa de nada terminamos en la cama y, seguramente me iré al infierno por eso, pero... –Vio a Inosuke a los ojos. –De lo único que me arrepiento es de no poderle corresponder como se merece.

–No te entiendo, Giyuu.

–No me sorprende. –Sonrió de lado. –Ni yo mismo me comprendo. Ella me ama. Quisiera poder darle un futuro común, poder repetirle las mismas palabras, pero no puedo Inosuke. Yo ya no puedo amar.

El rostro de Inosuke se contrajo al escuchar a su mejor amigo decir esas cosas. Sin embargo, dada las circunstancias lo mejor era no contradecir las afirmaciones de Giyuu.

–Ella es muy joven. –Rebatió Inosuke. –No sabe lo que es el amor. Ella dice que te ama, pero, no tiene que sentirlo. Hoy en día un "te amo" se ha vuelto tan común y carece de seriedad. Especialmente entre los adolescentes.

Giyuu quiso contestarle que él, el eterno soltero de oro no era nadie para hablar de amor. Inosuke nunca había entregado su corazón a alguien, por lo que no podría reconocerlo. En cambio, él sí había amado y había sido amado.

–Seguramente eres una novedad para ella. –Continuó el peliazul. –El típico estereotipo de amor prohibido que a las adolescentes tanto les gusta ver o leer. Cuando la novelería termine, ella te dejará.

–No lo hará, Inosuke. –Añadió con convicción. –Ella es más que la chica popular del instituto.

–¿Sabías que hasta el periodo anterior salía con el chico más popular del instituto? Rubio, ojos extravagantes, alto. Se llama…

–Douma. –Completó.

–Ese. ¿Sabías que a él también lo amaba e iban a estar juntos por los siglos de los siglos?

El mencionar a Douma, hizo que su mente recordara que en un principio el motivo de Shinobu para acercarse a él fue cobrarse la humillación de Douma. Dudó.

Dudó de los sentimientos de los que estaba tan seguro. Dudó que ella lo amara tanto como decía.

Y le dolió.

Aunque él no era mejor que ella, al menos no la engañaba con falsas promesas de amor eterno.

Las dudas invadieron su mente de tal manera que ni siquiera era capaz de entender que el motivo de que le doliera una traición así por parte de Kocho era porque ella era mucho más importante de lo que estaba dispuesto a admitir.


–Si lo sigues viendo así, lo vas a desgastar hermanita.

Mitsuri miró mal a Sachi que se iba de la sala burlándose de ella por la mirada fija que tenía en el joven frente a su computador, absorto en el mundo de la informática.

Es que tenía que admitir que estaba muy atractivo con su playera azul y jeans. Se veía muy relajado. Y bueno, ella lo llevaba viendo desde que llegó a su casa.

Por consenso habían quedado que los pocos días que quedaban de vacaciones seguirían con el proyecto en su hogar. De nada le había servido alegar que en su casa todos estaban locos, Iguro había decidido que allí sería. Muichiro había dicho que el proyecto era funcional, ellos sólo tenían que encargarse de los últimos detalles y de comprobar la eficacia del navegador.

Y allí estaba ella, usando un vestido cómodo con el que se había ganado la burla de sus hermanas y una de esas miradas tiernas de mamá.

Todo para que Iguro ni siquiera notara que esa tarde se había dejado las piernas al aire o que se había maquillado tenuemente, mucho menos que llevaba el cabello diferente.

En esos momentos entendía la decepción de Nezuko cuando ella hacía esfuerzos para llamar la atención de Zenitsu y este no la veía.

–Mi mamá hizo limonada. –Indicó mientras le pasaba un vaso.

–Es muy amable de su parte. –Agradeció Iguro. –Estoy descargando un programa para perfeccionar la interfaz del proyecto. El problema es que es muy pesado y tardará algo en ejecutarse.

–Entonces, ¿por qué no acompañas a Mitsuri al mercado por unas cosas que me hacen falta para la cena? –La voz de la señora Kanroji que asomó su cabeza desde la cocina se hizo presente. –Claro, si no te molesto, querido.

–En lo absoluto. –Contestó el joven incorporándose. –Vamos, Kanroji.

Mitsuri se quedó perpleja ante la actitud dócil de Iguro. Dudaba que alguna vez el perfecto Obanai hubiese hecho la compra y seguramente si ella se lo hubiera pedido él se habría negado.

–Toma, vayan a comer un helado antes de venir. –Indicó su madre cuando le dio un poco más del dinero necesario y le guiñó un ojo a su hija. –Ánimo, pequeña Mitsuri.

Mitsuri se puso colorada y maldijo por un momento la buena relación que tiene con su familia. Se retracto medio segundo después. De ser de otra manera, no tendría como salir con Iguro.

Adoraba a su familia.


La sonrisa de Shinobu se coló en los pensamientos de Giyuu: tan pura, tan apasionada, tan suya. No. Ella no pudo haber fingido tanta entrega. Se había entregado a él con el corazón en la mano, expuesto y arriesgado. Decidido a conquistarlo. Su cuerpo bajo el suyo, gimiendo y susurrándole palabras bonitas.

La ira de Inosuke empezaba a disminuir un poco al ver a Giyuu así, tan abatido, tan confundido. Él ya lo había visto así antes, pero se negaba a creer que se tratase del mismo sentimiento.

–¿Qué sientes por ella, Giyuu? –Insistió en preguntar.

–Ya te dije que no lo sé.

–¿Qué sientes cuando estás con ella? –Reformuló su pregunta.

Paz. Nuevamente su cerebro contestó primero.

–En ese momento, siento que todo tiene sentido y que vale la pena. –Miró a Inosuke que no decía nada, solo se limitaba a observarlo. –Quiero protegerla, conservar su sonrisa. Pero después viene la angustia y los remordimientos. Es que tú no lo entiendes, tú nunca…

–¿Nunca qué Giyuu? ¡¿Qué?! –Era el momento de presionarlo. –Dilo. ¿Nunca me he enamorado? ¿Nunca he amado? Puede que no, pero puedo darme cuenta cuando alguien está enamorado, y esa es la única razón por la que justificaría tu comportamiento. El que te hayas enamorado de esa niña hasta la médula, que Shinobu Kocho te haya robado el corazón.

Giyuu lo miraba perplejo. Su corazón latió con fuerza, con miedo.

–Ella no puede robarse algo que enterré hace ya tres años.

–Eso es algo de lo que tú has procurado convencerte, pero no es verdad. –Afirmó el Inosuke. –Vas contra todos tus principios, te sientes completo con ella, la quieres proteger, la deseas. Estás enamorado. –Parecía tan aterrado como Giyuu ante la revelación. –Incluso podría decir que la a…

–¡NO! –Gritó –¡Ni si quiera se te ocurra mencionarlo! ¡Yo no amo a Shinobu Kocho! ¡No la amo!

En un momento, Inosuke sintió que su amigo no le hablaba a él, sino que trataba de convencerse a sí mismo.

–¿Por qué? –Se atrevió a aventurar.

–No puedo amarla cuando aún amo a Alice.

Inosuke de nuevo sintió ganas de golpear cosas. ¿Por qué tenía que ser ella? ¿Por qué una alumna del instituto? Si hubiera sido cualquier otra, él habría tomado la actitud que quería tomar: La de animar a Giyuu y hacerle reaccionar acerca de sus propios sentimientos.

Sin embargo, en este momento era mucho más importante hacer lo correcto.

Odiaba tener que actuar con responsabilidad, pero era inevitable. ¿Cuántas veces Giyuu no lo había salvado siendo él el adulto responsable? Lo mínimo que le debía era hacerle ver el error que estaba cometiendo.

–Si no la amas y, como dices, quieres protegerla. –Lo vio asentir. –Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?

Luego de un silencio que pareció más largo de lo que en realidad fue, Giyuu contestó:

–Sí, lo sé.


Zenitsu apretó con insistencia el timbre de la casa de su mejor amiga. Tenía que hablar con ella antes de que llegara Tanjiro, ponerla en sobre aviso, pensar entre los dos qué excusa le dirán a él y a sus padres.

–Nezuko, Jacob olvidó algo.

¿Jacob?

–Oh, pero si es el pequeño Zenitsu. –Kie Kamado abrió la puerta con una de sus características sonrisas. –Lo siento cariño, vi el cabello rubio por la mirilla y creí que era el joven Jacob que había olvidado algo, como se marchó hace un ratito.

Zenitsu ni siquiera podía contestar. En su cabeza lo único coherente era preguntarse qué hacía Jacob en casa de Nezuko.

–No te quedes ahí hijo, pasa. –Lo invitó la mujer mayor. –Hija, no es Jacob, es Zenitsu. –Volvió a llamar la madre de los Kamado.

Nezuko salió de su habitación con un sencillo vestido rosa. Su mente grabó esa imagen, se veía muy guapa. Ese vestido le favorecía su esbelta figura ya que hacía ver su cintura más estrecha y dejaba ver sus bien formadas piernas.

Su humor cambió ante la idea de que el idiota del extranjero la haya visto así primero que él.

–¿Qué ocurre, Zenitsu? –Preguntó la castaña notablemente sorprendida por su aparición en su casa. –No me dijiste que venías y Tanjiro no se encuentra.

–¿Ahora necesito invitación para venir? –No quiso sonar hostil, sin embargo, no pudo evitarlo. –Y el extranjero ese no, ¿verdad?

Nezuko frunció el ceño.

–¿Qué tiene que ver Jacob en todo esto?

–No sé, dímelo tú. –Cuestionó, olvidando el verdadero motivo de su visita. –¿Qué hacía aquí?

–El jovencito caballerosamente trajo a Nezuko a casa luego de ir al cine. –Explicó la madre de la castaña disimulando su risa por la escena que se llevaba a cabo frente a sus narices. –Muy educado y atento, por cierto. –Siguió la mujer mayor conteniendo todas las ganas de reírse del rubio luego de ver como un pequeño tic se alojaba en su ojo. –Además de sociable. Me agradó mucho.

Oh no, todo era peor de lo que imaginaba. Si había algo de lo que aún podía enorgullecerse, era del hecho de que los padres de Nezuko lo querían más que a cualquier idiota que rondara a su amiga. Pero ahora…

–No creo que hayas venido hasta mi casa para oír a mamá encantada con Jacob. –Razonó Nezuko. –¿Qué pasó?

Su molestia por las palabras de mamá Kamado desapareció cuando recordó el motivo de su visita.

–Tengo que hablar contigo. –Su mirada se deslizó a la figura de la mujer que cocinaba alegremente. –A solas.

–Mamá, Zenitsu quiere que le muestre como se hace la tarea que hay que presentar el lunes. Estaremos en mi alcoba. –Indicó la joven antes de cerrar la puerta de su habitación. –Ahora dime, ¿qué ocurre?

–¿Cómo sabes que ocurre algo? –Preguntó su amigo aún enfurruñado.

–Porque te conozco, Zenitsu.

Esa era la respuesta que quería escuchar.

–Ahora habla.

El joven posó sus ojos en los de la joven, mirándola fijamente hasta que dijo:

–Tanjiro sabe todo. –Dijo con un hilo de voz. –Sabe lo que pasó entre nosotros.

Nezuko cayó sentada sobre su cama palideciendo al paso que asimilaba lo que su mejor amigo acababa de soltarle.

–¿C-cómo? –Balbuceó. –¡¿Cómo se enteró?! ¿Quién lo sabe además de nosotros?

–No sé cómo se enteró. Shinobu me avisó y también me dijo que Giyuu se quedó hablando con él…

–¿Shinobu? –Lo interrumpió Nezuko. –¿Cómo es que Shinobu sabe que Tanjiro está al tanto de lo que hicimos? ¿Y por qué el profesor Tomioka está involucrado en esto?

Rayos. Zenitsu no contó con que Nezuko le cuestionaría la fuente de su información. ¿Ahora qué podría decirle?: "Giyuu y Shinobu tienen una relación clandestina y lo más seguro es que Tanjiro fue furioso a hablar con Shinobu la cual se encontraba con el profesor."

–Zenitsu, ¿qué sabes que yo no sé? –Lo interrogó la joven.

–Eso no importa.

–¡Sí importa, Zenitsu! –Exclamó Nezuko. –He sido tu mejor amiga desde que tengo memoria y nos hemos contado todo. Nunca he revelado un secreto que me has dicho. Se supone que los mejores amigos hacen eso. ¿Acaso ya no confías en mí?

–¡No es eso! –Chilló el rubio. Nezuko no tenía ni idea. Sin embargo, tenía razón al decir que ella era, quizás, la única persona en la que confiaba en el mundo. –Es solo que… ¡Maldición! Está demás que te diga que lo que te voy a contar no lo puede saber nadie, ni siquiera Mitsuri o tu unicornio de peluche. Y muchísimo menos Kanao. –Tanjiro lo iba a matar dos veces ya que juró no contarle esto a Nezuko, pero no tenía otra salida.

La castaña asintió.

–Bien. –Zenitsu respiró quedamente una, dos, tres veces hasta que murmuró bajito. –ShinobuyGiyuutienenunarelación.

–¿Qué?

–Shinobu tiene una relación con Giyuu, nuestro casi hermano, el profesor de matemáticas.

El silencio reinó en la habitación. Era tan palpable que incluso Tanjiro lo sintió cuando entró a la recámara de su hermana.

–He vuelto… –Anunció un poco confundido por el extraño ambiente que se respiraba en la alcoba de Nezuko. –¿Está todo bien? Mamá preguntó si Zenitsu se quedaría a cenar.

Nezuko se giró a ver a su hermano con enfado, haciendo que un escalofrío recorriera el cuerpo del pelirrojo. Ahora mismo le importaba poco que Tanjiro estuviera enterado de lo que hicieron Zenitsu y ella.

–Sí hermano. –Contestó Nezuko. –Zenitsu se queda, los tres tenemos mucho de qué hablar.


–¿No es increíble? Nunca hubiese imaginado que en cuestión de horas podríamos poner a andar el piloto del proyecto.

Mitsuri habló entusiasmada queriendo entablar una conversación con el parco joven que había salido a comprar con ella.

–¡Estoy nerviosa! No creo poder soportar que otra vez falle. De ser así no lo terminaremos a tiempo.

Obanai no decía nada ya que Mitsuri no soltaba ninguna novedad para él. Había hablado todo el camino. ¿Alguna vez se callaba?

–Oye, Iguro. ¿Qué tipo de chicas te gustan?

¡¿QUÉ?!

–¿Cuál es tu problema Kanroji? –Respondió por primera vez el joven. –Te pasas del proyecto a tema de chicas.

–Funcionó bien para mí. Ahora no parezco loca hablándole al aire.

Había tratado de conversar con él desde que salieron del piso y el muy… no le había dirigido la palabra o al menos dignarse en contestar a lo que ella con todo el esfuerzo del mundo estaba tratando de hacer para entablar una conversación.

De nuevo, él era el chico cool y ella la loca que hablaba sola.

–Entonces, ¿cuál es tu tipo de chica?

Sin mencionar que le dio la excusa perfecta para preguntar algo que llevaba días cuestionándose sin parecer plenamente interesada.

–No te importa. –Espetó.

–Entonces… ¿chico?

Obanai sintió como el coraje embargaba su cuerpo. La muy tonta, ¿cómo osaba insinuar esas cosas? ¿No dijo ella misma que la había besado? Eso debió dar por sentada su heterosexualidad.

Claro, que jamás usaría ese ejemplo ya que implicaría que él reconoce a Kanroji como un individuo del sexo femenino.

–Más bajas de estatura que yo, de preferencia. Castañas o morenas, nada extravagante como rubias o pelirrojas. Inteligentes y principalmente… –Agregó clavando su vista en ella. –Calladas.

Sí, lo había dicho con toda la intención. Mencionar a alguien completamente opuesta a Mitsuri Kanroji fue totalmente premeditado. Era sorprendente la forma en la que esa niña lograba irritarlo en cosa de nada. Si no fuera por el agradecimiento a su familia…

Mitsuri sintió que le atravesaban el corazón. El chico que le gustaba acababa de describir alguien completamente ajeno a ella. Ella era ligeramente más alta que él, con el pelo jodidamente rosado con verde y muy chillona. Nunca se fijaría en ella normalmente.

Regresó a ver a la joven de cabellos rosados esperando encontrársela con la cara enfurruñada y el ceño fruncido, pero no, todo lo contrario. Parecía… ¿dolida?

–Entonces, ¿por qué no aceptaste salir con Irina? ella tiene todas esas características y se te declaró en la fiesta. –No quería sacar el tema de la fiesta, pero no encontró otro ejemplo.

–Ahora no tengo tiempo para esa clase de tonterías. –Replicó.

El alma se le fue al piso. Oh, pero bien que la había besado a ella después y le había hablado tan feo. Se lo hubiese dicho de no considerarlo contraproducente.

Al demonio, mejor se lo soltaba y…

¡La heladería!

–Espera un momento. –Le pidió antes de desaparecer dentro de la tienda y salir al poco tiempo con dos conos en las manos. –Toma.

Mitsuri extendió un cono de helado a su compañero que la miraba como si se hubiera transformado en un unicornio.

–No me gustan las cosas dulces.

–Mayor razón para agradecer y comer callado. –Refutó Mitsuri con indiferencia. –Salta a la vista que te falta dulzura en la vida. –Su cerebro inmediatamente concluyó que ella hacía falta en su vida. Sacudió la cabeza alejando esas imágenes mentales. –Es de chocolate amargo.

Una de sus perfectas cejas se alzó analizando la golosina que tenía entre las manos.

–Sigue siendo dulce.

–¿Lo has probado? –Preguntó ella con elocuencia.

A Obanai le irritó el tonito de mamá mandona que usó en él. No pudo resistirse y se llevó un poco del helado a los labios solo para poder refutarle y decirle que era un asco.

Pero no pudo. No era dulce, ni empalagoso. Tampoco era simple y salado. No era agrio, no era un asco. Era una revolución de sabores deshaciéndose en su boca.

Era amargo.

Y estaba delicioso. Le hacía querer más.

Cuando terminó de saborear el postre se encontró con la sonrisa de satisfacción de Kanroji frente a él. No dijo nada y simplemente siguió caminando.

–La cena nos caerá mal si comemos esto primero.

–¿Debes tener siempre la última palabra?

–Sí.

–¿Te gustó el helado? –Una sonrisa malévola se formó el rostro de Mitsuri.

–No está mal. –Fueron sus únicas palabras.

–Nunca sabrás de lo que te pierdes a menos que lo pruebes una vez. –Canturreó la joven.

Y decidió que igual que al helado de chocolate, Iguro algún día le dirá que su tipo ideal de chica era ella.


El vibrar de su teléfono aceleró su ritmo cardiaco e interrumpió su proceso de cambiarse de ropa dispuesta a salir al departamento de su novio para saber de él.

Cuando vio en letras grandes el nombre de "Giyuu" escrito allí, se apresuró a deslizar el dedo horizontalmente por la pantalla y atender la llamada.

–Hola, ¿Giyuu?

–¿Puedes asomarte? Por favor.

Luego de decir eso, colgó. Shinobu fijó sus ojos en el balcón de su habitación y se asomó por él. Allí abajo estaba él, vestido de negro y a la distancia que estaba no podía apreciar bien su condición física, pero sabía que era Giyuu. Su corazón se lo decía.

–Por aquí. –Señaló Shinobu la malla cuadriculada que podría usar como escalera. Él obedeció y en cosa de nada se encontraba echado en el piso de su balcón.

–Ya no estoy para estos trotes.

Shinobu suspiró aliviada cuando escuchó el tono desenfadado y tranquilo en la voz del pelinegro.

–Me he pasado toda la tarde preocupada sin saber qué esperar de tu llamada. –Explicó la joven estudiante. –Inosuke… ¿te golpeó? –Preguntó queriendo examinar su rostro.

–Nos pegamos. –Aclaró dejando que lo examinara. –Y digamos que lo que salió más herido fue mi orgullo. No estoy acostumbrado a ser regañado, mucho menos por Inosuke. Generalmente es al revés.

–Vamos adentro. –Lo invitó mostrándole el camino. –Vuelvo en seguida, voy por alcohol y gasas. –Expuso mirando preocupada el golpeado rostro de su novio.

Giyuu se quedó solo y tuvo que mirar ese cuarto color lila decorado con algunas mariposas moradas. Todo era lila. Tenía fotografías enmarcadas con sus amigos, algunas otras de celebridades, colección de vinilos, libros juveniles y algunos peluches.

Era el cuarto de una adolescente.

Y él era un hombre de veintiséis años.

En realidad, era culpable de todo lo que le acusaba Inosuke.

–¿Giyuu? –Preguntó Shinobu preocupada volviendo con un pequeño botiquín. –¿Estás bien? ¿Quieres que llame a un doctor?

–¿Qué dirían tus padres a eso? –Preguntó con un deje de amargura en su voz. –Atendiendo a tu profesor herido en tu habitación por la noche. No creo que sea bien visto por ellos.

–No se darían por enterados. –Expuso Shinobu.

–Hasta que el doctor saliera de aquí a hablar al respecto. Ahí sí les molestaría porque la gente empezaría a hablar.

–Pero a mí no me importa lo que diga la gente. –Explicó Shinobu un poco molesta por la actitud de Giyuu. –Si necesitas que te vea un médico haré venir al mejor de la ciudad.

Giyuu la miró con una mezcla de dolor y ternura.

–Estoy bien, tranquila. –La tranquilizó besando su frente. –Con esos curitas me sentiré mejor.

Shinobu sonrió complacida y procedió a curar a su magullado novio con la mayor delicadeza posible.

–¿Qué te dijo Inosuke? –Cuestionó limpiando la herida en el pómulo.

–Luego de insultarme… –No podía decirle que le hizo entender la locura que estaba cometiendo. Ella no lo entendería. –Lo entendió. –Explicó procurando sonar lo más convincente posible.

–¿Así nada más?

–Ya te dije que me golpeó e insultó.

–Ok, pero no creo que se haya quedado tan tranquilo.

Suspiró resignado. Iba a ser más difícil de lo que pensó en un principio.

–Me dijo que si no tenía cuidado iría a prisión, que ya me había ganado el infierno, que como podía hacerle eso a alguien de la edad de sus hermanos. Que tú no me querías.

–¡El muy…! –Explotó Shinobu indignada. –Sabía que debía quedarme a hacerlo tragarse sus palabras.

–Le di tu recado. –Mintió mirándola fijamente.

–¿Entonces?

–No está de acuerdo, pero lo entiende y no dirá nada.

–¿Seguro que no me estás ocultando nada más? ¿Inosuke se conformó con lo que le dijiste?

Maldita perspicacia femenina.

–No. –Reconoció finalmente. –Me preguntó qué sentía por ti.

El corazón de Shinobu volvió a detenerse.

–¿Y tú qué le dijiste?

Hizo la pregunta en un susurro y lo miró con ojos ansiosos y esperanzados. Giyuu se repitió que lo mejor sería empezar a desilusionarla, decirle que no la quería, eso sería lo mejor. Su cerebro se lo gritaba.

–Le dije que te quería.

Sin embargo, su corazón se rehusó a decir esas palabras.


Ya era tarde cuando Aoi llegó a su departamento. La ceremonia de cremación fue larga, lo mismo fue terminar con todos los asuntos pendientes que tenía su madre. Tuvo que finiquitar la cuenta con la clínica, hacer un inventario de las pertenencias que quedaban de su madre, las cuales no eran muchas.

Hacer todo eso cargando con el dolor de haber perdido a un ser querido y prácticamente sola. Fue muy difícil.

Mentiría si dijera que no esperaba que Hashibira se pasara por ahí para ayudarla como lo hizo todo el tiempo. Una parte de ella lo anhelaba. Deseaba sentirse protegida y amparada como extrañamente su colega le hacía sentirse.

Afortunadamente Goto sí estuvo ahí y Ayame no asomó las narices en todo el día. Su esposo la excusó alegando lo afectada que se encontraba por la muerte de su madre. Cínica, pero por ella mejor. No estaba de ánimos para otro round con su hermana mayor.

Para su sorpresa, un abogado se contactó con ellos. Jamás pensó que le dijera que su padre había sacado una póliza de seguro para su madre, en la cual Aoi figuraba como principal beneficiaria y le daba la potestad de decidir cuánto dinero recibiría su hermana mayor de esa póliza.

En ese momento no pudo evitar llorar y no le importó hacerlo frente al abogado y a su cuñado. Su padre había pensado en ella y no las había dejado tan desamparadas como creía. El dinero no era una cantidad inmensa, pero sí era considerable. Reponía todo lo que había invertido en su madre a lo largo de su enfermedad e incluso un poco más. Ella no tenía problemas de dinero, pero nunca estaba de más tener un colchón de respaldo para emergencias e invirtiéndolo correctamente podría darle buenos beneficios.

Goto, como esposo y representante de Ayame, rechazó recibir alguna compensación por el seguro. Le aseguró que ese dinero era suyo y de nadie más, a fin de cuentas, Ayame no necesitaba más, de por sí recibiría una notable cantidad cuando ellos se divorciaran.

Aoi casi escupe el agua que estaba bebiendo cuando se enteró. Goto la miró con indulgencia y procedió a contarle que pensaba separarse de Ayame ya que había descubierto sus infidelidades y se cansó de ser el tonto útil.

No pudieron seguir conversando porque el abogado volvió con los papeles listos para firmar y era tarde. Al despedirse, prometieron quedar para platicar y tras darle un inusual beso en la mejilla, Goto se marchó, dejándola en la entrada de su casa.

Por inercia había llegado a su dormitorio y pensó en echarse en la cama a dormir sin quitarse nada. Sin embargo, su obsesión con el orden se interpuso en el camino. Fue muy inteligente de su parte dejar listo el traje de luto que iba a usar con antelación, antes de partir al velorio. Pero, ahora tocaba devolverlo al closet que no había abierto en más de un día ya que cuando despertó se dio cuenta de que Hashibira había guardado su ropa allí, por lo que ella no tuvo que hacer nada.

Cuando abrió la puerta del armario, supo que el color había desaparecido de su rostro sin necesidad de verse en el espejo. Sus extensiones y los vestidos sensuales que usaba cuando se topaba con Inosuke bajo la identidad de la misteriosa peliazul estaba esparcidos por el piso del armario.

Eso solo podía significar una cosa, ni siquiera Inosuke Hashibira era tan estúpido como para no atar cabos de la situación:

Sabía que ella era la peliazul.


Shinobu no pudo contenerse y se pegó Giyuu instintivamente para darle un beso en los labios. No se hizo esperar y mordió su labio inferior para profundizar la caricia y en cosa de nada sus lenguas se dedicaron a batallar por demostrarse afecto y pasión.

La joven no cabía en sí de tanta felicidad. Giyuu no solo había dicho que la quería, sino que se lo había dicho a otra persona. Lo había reconocido y en la medida que pudo, también reconoció que entre ellos había un sentimiento. O, mejor dicho, que el sentimiento que ella tenía era correspondido.

No cabía en sí de tanta felicidad.

–Auch. –Gimió el pelinegro contra su boca cuando el corte en el labio se le abrió y le causó dolor.

–Lo siento. –Se disculpó Shinobu acalorada. –Me puse muy feliz con tus palabras. Nunca habías dicho que me querías.

–Una vez me lo preguntaste.

–Te pregunté si me querías, aunque sea un poquito y dijiste que sí. –Recordó ella. –Es diferente escucharte decir que me quieres porque te nace hacerlo.

Giyuu tomó el pequeño rostro de la joven entre sus varoniles manos y le preguntó:

–Y tú, ¿me quieres?

–Te amo. –Contestó sin pensárselo siquiera. –Te amo como no volveré a amar nunca

Fue duro escucharla decir eso cuando él sabía que estaba mal.

–¿Segura que no es una ilusión pasajera de adolescente?

La vio volver a fruncir el ceño.

–Que Inosuke Hashibira ni piense que vuelvo a ir a sus clases. –Refutó molesta. –Él te ha metido esas cosas en la cabeza.

–Él me hizo ver que lo mejor para ambos era terminar esto.

Percibió la tensión de Shinobu al sentir como apretaba su camisa con fuerza.

–¿Y qué le dijiste?

–Que dudaba muchísimo que aceptaras terminar. Eres perseverante.

–El que persevera, alcanza. –Dijo sin cuidado. –Y yo lo hice, no pienso dejarte ir.

–¿Aunque estar conmigo te pueda traer problemas?

–Si lo dices por mis padres y la sociedad, me importa nada. –Repitió vehemente. –Yo te amo y es lo único que importa.

Y era ese descuido lo que hacía a Giyuu cada vez más seguro de su decisión. Aunque en esos momentos, viéndola así, tan decidida y dispuesta, lo hacía dudar una y mil veces.

–¿Y a mí? –Preguntó nuevamente. –Si alguien se llega a enterar de esto mi carrera y reputación se van a la basura.

–Conozco las reglas. –Aseguró Shinobu acariciando la mejilla de Giyuu con su mano. –Si quieres, ni siquiera te regresaré a ver en el colegio. Haré lo que tú me pidas que haga. Pero, por favor ya no dudes.

Su cuerpo reaccionaba a su cercanía, la deseaba aún más que antes ahora que la había tenido más de una vez. Que había recorrido y marcado su cuerpo con sus besos y sus caricias. Eso estaba mal. Tener esa clase de pensamientos con una de sus alumnas era imperdonable. Desear tumbar en esa cama y poseer el cuerpo de esa joven de diecisiete años era una blasfemia.

Pero no podía evitarlo. Era lo que quería hacer en esos momentos.

Y ella lo notó, noto el ardor en su mirada azul, pudo notarlo en las reacciones de su cuerpo. Como sus pezones se erguían a través de la delicada tela del pijama y sintió una primitiva satisfacción al saber el efecto que causaba en ella.

Si tan solo se hubiesen conocido un año más tarde, las cosas serían diferentes.

–Giyuu…

Shinobu se inclinó hacia él y volvió a tomar sus labios, tomando la iniciativa en algo que ambos querían. Y él le correspondió porque así lo quería.

No la amaba, pero tampoco quería decirle adiós.


Los tres cenaron en la recamara de Nezuko. Fingiendo estar viendo una película importantísima y con la cena de por medio, Tanjiro les contó todo lo que sabía de la relación de Shinobu y Giyuu.

–Pero… ¿tú crees que está con ella por el parecido con su difunta esposa? –Preguntó Nezuko.

–Sí. –Dijo finalmente el pelirrojo. –El parecido entre ellas es irreal.

–Y… Shinobu sabe eso, ¿verdad?

–Sí. Y, aun así, correrá el riesgo.

–Todo esto coincide con lo que me ha platicado Kanao. Dice que Shinobu ha estado muy extraña últimamente. Incluso Mitsuri y yo lo hemos llegado a pensar. –Meditó la castaña. –Pero jamás lo hubiese relacionado con el profesor Tomioka.

–Creo que ahora los tres somos los únicos al tanto. –Agregó Zenitsu.

–Ya me preocupé. –Musitó Nezuko mordiéndose las uñas. –Conocemos a Shinobu y sus historia con los chicos.

–¿Qué historia? –Cuestionó Zenitsu salvando las uñas de Nezuko. –Ella ha salido con un par de idiotas calenturientos y el bastardo de Douma, pero nada más.

–Creo que la relación que pintaba más seria era con Douma. Sin embargo, ella no estaba enamorada… creo que nunca lo ha estado. –Razonó Tanjiro.

–Ese es mi punto. –Expuso Nezuko. –Shinobu nunca se ha enamorado y si lo está del profesor Tomioka, el cual está con ella por el recuerdo de su esposa… sufrirá mucho. No se lo merece.

–Se lo advertí. –Explicó Tanjiro. –Saben cómo es de terca.

–¿Por qué no me dijiste ese detalle antes? Sobre el gran parecido que Shinobu tiene con la esposa. –Reprochó Zenitsu recordando que su amigo no le mencionó eso.

–Porque apenas pude llegar a esa conclusión. Además… –Tanjiro le lanzó una mirada de enojo al rubio. –Si te lo hubiera dicho tampoco hubieras guardado el secreto.

–¡No tenía otra opción! Ya sabes como son las mujeres de intuitivas. –Se defendió.

–Lo que me lleva a preguntar… ¿Qué haces aquí?

A Zenitsu le extrañó esa pregunta, o más bien la actitud de Tanjiro era lo que le parecía inusual. Así no actuaba alguien que sabe que le quitaste la inocencia a su hermana menor. ¿Y si solo estaba fingiendo para atacarlo con la guardia baja? No, Tanjiro no era de esos.

La esperanza de que en realidad Tanjiro no estuviera al tanto de lo que pasó con Nezuko lo invadió.

–Pues… –El rubio volteó a ver por un instante a Nezuko que se veía igual de confundida que él. –Shinobu me marcó un poco alterada diciendo que te estaba buscando… –Lo mejor era cambiar la versión de los hechos por si las dudas. –Me dijo que Inosuke ya sabía todo y que Giyuu se quedó hablando con él. –En ese último instante recordó que su amiga mencionó a Inosuke.

–¡¿Qué?! –Tanjiro se levantó del piso como resorte. Era obvio lo que había sucedido.

Todo parecía indicar que Inosuke descubrió la relación de Shinobu y Giyuu. Le preocupaba el cómo reaccionaría Inosuke porque a pesar de comportarse siempre como un idiota, él podría entender la gravedad del asunto y actuaría de forma impulsiva. Lo más seguro es que Giyuu haya recibido una golpiza por parte de él.

–¿Pasa algo hermano? –Le preguntó Nezuko un poco confundida por su reacción.

–Vengo en un momento. –Salió apresuradamente de la habitación de su hermana. Tenía que llamarle a Shinobu para saber cómo terminó todo.

Mientras tanto, Zenitsu y Nezuko se quedaron solos sin entender la reacción del pelirrojo. Un silencio incómodo se presentó en el ambiente.

–¡¿Por qué no me contaste esto antes?! –Exclamó Nezuko indignada cuando salió Tanjiro. Parecía como si se hubiera guardado aquella reclamación. –Debiste decírmelo antes. Quizás hubiese podido razonar con Shinobu.

–¡No podía! –Se defendió el muchacho.

–¡¿Por qué?!

–Porque Tanjiro me lo prohibió y… ¡Porque no sabía cómo mirarte a la cara, maldición! –Explotó cansado. –Me enteré después de… esa noche.

La castaña se puso roja hasta la raíz del cabello y dejó sus reproches de lado. Se quedaron en silencio cada uno recordando lo que había ocurrido esa noche de la fiesta.

–Empezaste a evitarme como la peste. –Siguió hablando el rubio. –Y Tanjiro me contó todo durante el viaje escolar, dónde te la pasaste la mayor parte del tiempo con Jacob. Créeme que tenía más preocupaciones en la cabeza que pensar en lo que Shinobu y Giyuu pudieran estar haciendo.

–Yo… pienso que la forma como reaccioné aquella vez no fue la más madura.

–Oh, vamos no te disculpes. –Le pidió. –Si vamos a esas, yo no me comporté como un hombre precisamente.

–Pero tú siempre eres así con las demás. –Dijo tratando de consolarlo.

–¡Tú no eres como las demás! –Le espetó. –Nunca te pondría al nivel de las otras chicas que han compartido mi cama.

–Entonces, ¿Por qué, Zenitsu?

Nezuko sabía que lo estaba presionando. Podía ver sus puños blancos de tanto apretarlos y si seguía mordiéndose el labio de esa forma acabaría sacándose sangre. Pero ella tenía que escucharlo hablar con ella sobre lo que pasó esa noche. Así, sobrio y lúcido.

–Porque me dio miedo. –Dijo finalmente apartando la mirada. –Nunca había sentido algo tan fuerte como lo que sentí aquella noche, contigo. –Clavó sus ojos en los de ella. –Y si sentiste que te traté como a una de mis conquistas pasajeras, lo lamento mucho. Tú nunca podrías ser eso. Sé que te lo dije cuando enfermé y te lo repetiré ahora: nunca me arrepentiré de lo que pasó esa noche.

Claro que sí, ¡ella le perdonaba todo! Pero estaba tan conmovida por las palabras de su orgulloso y torpe mejor amigo que no podía hablar. No era lo mismo convencerse a sí misma que no había sido solo otra más para Zenitsu a que el propio Zenitsu se lo diga.

Por su parte, el rubio malinterpretó el silencio de su amiga y no le quedó más que esbozar una triste sonrisa.

–Igual, aunque lo lamente eso no impedirá que Tanjiro me deje sin la capacidad de tener descendencia. Eso, claro, siendo optimistas y pensando que me deja vivo.

Con tantas sorpresas, Nezuko había dejado de lado el principal motivo de la visita del rubio. No pudo evitar hacer una mueca de incredulidad al decir:

–Pero Tanjiro parece no estar enterado de nada. Y si lo estuviera, lo entenderá.

La risa amarga de Zenitsu no se hizo esperar.

–Probablemente ya lo sepa y busca como descargar su ira. –Meditó el rubio. –Podría esperar a que Tanjiro me escuche después de haberme dado una paliza. –Soltó el muchacho con ironía. –Y de seguro esperará escuchar alguna clase de propuesta matrimonial. Pero no Nezuko, nunca lo va a entender.

–¿Matrimonio?

–Claro. –Bufó el muchacho como si fuera lo más obvio del mundo. –Es lo mínimo que esperará después de haber tomado tu inocencia.

La joven no podía salir de su estupor. ¿Qué estaba diciendo Zenitsu?

–Así que, creo que lo mejor será irle poniendo fecha al asunto. –Empezó a contar con los dedos. –Seguro nos dejan terminar la preparatoria, aunque veo difícil que pueda seguir estudiando, porque seguro tendré que empezar a trabajar y ahorrar para la casa y la educación de los niños…

–¡Para! –Lo detuvo la joven. –¡¿Qué niños?!

–¿No los quieres? –Preguntó extrañado. –Tú siempre dijiste que querías tener niños, creo que hasta los nombres ya escogiste.

–Claro que quiero. –Soltó Nezuko sintiéndose atrapada. –Pero no ahora, somos muy jóvenes y… por el amor de Dios, ¡no nos vamos a casar!

–No creo que a nadie en la familia le agrade una unión libre. –Razonó el rubio.

–No me entiendes, Zenitsu, nada de eso va a pasar. –Inhaló un par de veces para tranquilizarse primero. –No me voy a casar contigo.

Los ojos dorados de Zenitsu se achicaron a causa de su enojado ceño. ¿Con él?, ¡¿estaba diciendo que el problema era que el matrimonio iba a ser con él?!

–Quizá la decisión no sea tuya…

–Me importa un comino lo que diga Tanjiro en ese aspecto. Es mi vida y él no es nadie para venir a imponerme un matrimonio que no quiero.

–¿No quieres casarte conmigo?

Oh, Dios mío, ¡SÍ! Siempre soñó con ser la señora Agatsuma. Desde los siete, ya imaginaba su fiesta, su vestido, su ceremonia, sus hijos, sus perros, gatos ¡todo! Claro que quería casarse con él. Era su sueño más preciado.

–No.

Sin embargo, ese sueño ya era parte del pasado.


Obanai se estiró para relajar los tensos músculos de la espalda y cuello luego de esperar por ya no sabe cuánto tiempo. Miró el reloj para confirmarlo. Eran las diez cuarenta y el programa estaba aún lejos de terminar su instalación. No podía dejarlo así, pero, tampoco podía quedarse más. A las once cerraban los medios de transporte público.

–Tengo que irme. –Dijo por fin, con voz raposa. –Es tarde.

–¿Qué? –Kanroji vio la hora y lo tarde que era. –Pero ¿y si hay algún problema en tu parte…?

–Mi parte está perfecta. –Rebatió.

–Bueno ¿y si hay algún problema y no sé qué hacer?

–¿Admites tu ineptitud, Kanroji?

–Admito mi preocupación por el proyecto. –Aclaró ella con tono retador. –Tú mismo dijiste que a estas alturas no podemos permitirnos errores.

–¿Ocurre algo, chicos?

Una preocupada señora Kanroji apareció en el umbral de la sala luego de escuchar la discusión. Ambos jóvenes se callaron y regresaron a ver a la señora de la casa un poco avergonzados.

–Iguro tiene que irse y aún no terminamos. –Bufó molesta.

–¿No pueden terminarlo mañana?

–A estas alturas podría ser trágico hacer eso.

–Entonces ¿por qué no te quedas aquí esta noche? –Preguntó con toda inocencia la señora. –Keito está en la Universidad y su recámara está a tu entera disposición.

–No me parece adecuado molestar…–Empezó a justificarse Obanai.

–Insisto. –Señaló la madre. –Iré a preparar la habitación de inmediato, quedas en tu casa.

–En serio, no…

–No aceptaré un "no" por respuesta, jovencito. –Interrumpió la mujer con una sonrisa. –Siéntete libre de usar el teléfono y llamar a tus padres para avisarles.

–Pero…

Cuando quiso decir algo, la mujer ya había desaparecido de su vista dejándolo con la palabra en la boca.

–Olvídalo. –Aconsejó Mitsuri. –Ya decidió que te quedarás aquí, seguro ya le estará poniendo seguro a la puerta.

–No lo entiendo… -Farfulló el muchacho.

–¿Qué cosa?

–¿Por qué son tan buenos conmigo?

Mitsuri pudo ver a lo que se refería el joven. Seguramente para él era extraño ver a padres… normales, en lo que cabe. Porque su familia podía estar loca y todo lo que quiera. Pero, era una familia cariñosa, cálida y amable. Algo muy distante de la familia del chico.

–¿Por qué te sorprendes? –Preguntó de vuelta Mitsuri. –Delante de ellos eres un derroche de virtudes. Tienes un serio problema de actitud, pero ellos no lo saben. –Sintió como los ojos bicolor del muchacho la fulminaban. –Vamos, mereces que sean buenos contigo.

La forma en la que Kanroji decía eso sin una pizca de lástima, le llegaba. Ella que había visto la clase de familia en la que se desenvolvía. Si se lo hubiese dicho con un ápice de compasión se hubiera sentido insultado. Pero no, ella se lo decía de manera sincera. Algo dentro de él le decía que era así.

–¿Incluso tú? –Preguntó con una media sonrisa sarcástica.

–Incluso yo, aunque tú me odies. –Contestó Mitsuri con convicción.

Obanai la miró extrañado, ¿de dónde sacaba eso? Si bien no había sido precisamente encantador con ella, tampoco es como si le hubiese demostrado odio, ¿verdad?

–No te odio. –Suspiró cuando vio el rostro sorprendido de ella. –Entre considerarte exasperante y odiarte hay una gran diferencia, créeme. Odio pensar que alguien sienta lástima de mí.

La sonrisa que se formó en el rostro de la joven de cabellos rosados era inmensa. Aunque claro, el muchacho no podía entender el porqué. Si ella debía sentir pena de alguien era de ella misma.

Porque se había enamorado de ese idiota.


Giyuu la separó de su cuerpo muy a su pesar. Era verdad lo que Inosuke le decía, estar con ella lo convertía en un hormonal adolescente y no en el hombre experimentado que era.

–¿Qué ocurre? –Preguntó Shinobu un tanto confundida por la repentina interrupción.

–Estamos locos. –Rio. –Esta es tu alcoba, estamos a metros de tus padres y de tu hermana. –Se excusó. En realidad, no quería volver a caer, a pecar.

No quería hacerle más daño.

–A mis padres les interesa poco saber dónde estoy y Kanao no sabe que ya he regresado. –Se rio Shinobu mientras jugueteaba con los botones de la camisa del profesor.

–El servicio…

–Se retiró hace casi dos horas. –Empezó a besar su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y besarlo lentamente.

Una descarga eléctrica no deseada recorrió todo el cuerpo del pelinegro y volvió a alejarla, solo que esta vez con menos fuerza, menos convicción.

–Ocurre algo. –Afirmó suspicaz. –Por eso no quieres tocarme. Seguro que Inosuke te metió ideas tontas en tu cabeza.

Esa maldita suspicacia de ella era lo que le dificultaba las cosas. Si quería hacer lo que debía, tendría que hacerlo muy bien.

–Me hizo caer en cuenta de que me acostaba con una niña…

–No Giyuu. –Lo interrumpió y se puso de pie.

Fue a la puerta de la alcoba y cerró con seguro y apagó la luz dejando que los iluminara solo la tenue luz de la lámpara del buró junto a su cama. Tomó su teléfono dándose cuenta del sin fin de llamadas perdidas que tenía de Tanjiro. Ya para qué. Pensó mientras le dejaba un mensaje para dejarlo tranquilo.

Luego empezó a quitarse la ropa de la forma más sensual que Giyuu pudo imaginar. Quedando frente a él totalmente desnuda, sin el menor pudor.

–Una niña no. –Lo corrigió. –Soy una mujer, aunque falten meses para que sea algo legal. –Se acercó a él y tomó su mano colocándola en su pecho. –¿Lo sientes latir? –Preguntó. La mirada penetrante de Giyuu respondía por él. –Es la primera vez que late por otra persona además de mí.

–Shinobu…

La joven se reclinó y selló sus labios con un suave beso, una tortuosa caricia.

–Soy tuya, tú mujer. –Enfatizó. –Y te amo. –Beso su cuello. –Por favor… –Suplicó.

Y con esa súplica, el último atisbo de cordura desapareció de la mente de Giyuu.

Como si Shinobu tuviera que suplicar que hiciera algo que ahora se había convertido en una necesidad para él. Él solo quería ahorrarles el dolor de cargar con más recuerdos de una relación que no iba a ningún lado.

Pero su lado más humano se negaba a dejar pasar esa oportunidad. Quizás era la última de poder estrechar entre sus brazos a esa mujercita con belleza de ángel que había llegado a su mundo a ponerlo de cabeza.

A tentarlo, engatusarlo, atraerlo al crimen y al pecado.

Giyuu tomó su brazo y de un ágil movimiento la colocó debajo de él y sin previo aviso tomó sus labios.

A salvarlo de sí mismo.


¿Pero qué carajos…?

¿Nezuko había dicho que NO quería casarse con él? ¿No le había dicho que lo amaba hace unos meses?

–¿No te quieres casar conmigo? –Preguntó indignado. –¡¿Por qué?!

–Baja la voz si no quieres que mi hermano nos escuche. –Le regañó. –Y tengo dieciséis. –Se defendió. –No me quiero casar con nadie y mucho menos porque haya perdido la virginidad o porque mi hermano me obligue.

Esa no era su Nezuko. Se la habían cambiado. Sí, eso era. Su Nezuko no se iba a acostar con nadie hasta el matrimonio. Su Nezuko solo le iba a entregar ese honor al que sería su marido.

Se lo entregó a él y ahora dice que no quiere casarse.

–Eso no es verdad. –Le aseguró enfrentándola. –Claro que quieres casarte.

–Después y con la persona adecuada.

Es decir que él no era la persona adecuada. Entonces, ¿quién? La imagen de Jacob se coló en su memoria y nuevamente la furia llenó su cuerpo.

–¿El extranjero es la persona adecuada? –Preguntó tomándola por los hombros.

Zenitsu no era consciente del daño que le hacían sus palabras. Para ella eran la confirmación de que sus sueños se rompían en mil pedazos. Quería que una parte de él sintiera algo del dolor que le causaba. Así sea solo una herida en su orgullo.

–Tal vez. –Le dijo manteniéndole la mirada y decidida a no derramar una sola lágrima. –O quien sabe que otra persona se cruzará en mi camino.

Definitivamente Jacob estaba muerto. Él no se la iba a llevar. Quería tomar a Nezuko y esconderla de la vista de todos. Ella era de él, siempre había estado para él y aunque sabía que estaba siendo egoísta e irracional, no quería que se fuera con nadie más.

La castaña logró su cometido. Pudo ver dolor en los ojos dorados que la miraban con insistencia.

El agarre de Zenitsu disminuyó hasta ser inexistente y solo se le quedó viendo, dolido.

–Entonces, prefieres casarte con cualquiera menos conmigo. –Una triste sonrisa se formó en su rostro. –Toda la vida he creído que siempre sería tu primera opción.

–Ya no, Zenitsu. –Le dijo Nezuko con un hilo de voz, sintiendo como el nudo en su garganta amenazaba con romperse. –Ahora solo quiero alguien que me ame.

–Pero tú me amas a mí. –Soltó con una convicción que ya no sentía.

–Cuando no es correspondido, hasta el amor se cansa de esperar. –Ya empezaba a sentir como las lágrimas se acumulaban en sus ojos. –Estoy segura de que amaré a la persona que logre sacarte de mi corazón.

La mano de Zenitsu acarició el rostro de Nezuko y descendió hasta su cuello.

–Yo no quiero que nadie me saque de tu corazón.

Y lentamente acercaba su rostro al de su mejor amiga. Deseaba unir sus labios con los de ella, demostrarle que nadie nunca podrá borrarlo de su vida, así como ninguna mujer le era suficiente a él desde que había tocado el cielo en sus brazos.

Estaban tan cerca que sus respiraciones se mezclaban. Tan cerca, milímetros…

–¡A un no termina la película mamá, pero en un momento llevo los platos sucios!

Ambos se separaron rápidamente al escuchar la voz de Tanjiro acercarse.

Nezuko se apresuró a limpiarse las pocas lagrimas que se escaparon mientras que Zenitsu trataba de tranquilizarse ya que los nervios y el pánico lo invadieron. Definitivamente estaba tentando su suerte al intentar besar a Nezuko con Tanjiro presente.

Por su parte, cuando Tanjiro entró a la recamara nuevamente percibió esa tención en el ambiente. Eso ya no le estaba gustando en lo absoluto.

–¿Debería preguntar por qué se ven tan tensos? –Preguntó viéndolos de forma severa.

–Pues por Shinobu, ¿por qué otra cosa sería? –Contestó Nezuko disimulando su nerviosismos.

–Tanjiro. –Le llamó más tranquilo Zenitsu. –¿Podrías explicarnos que está sucediendo? Sigo sin entender la llamada de Shinobu. –Preguntó temeroso, pero era mejor que le aclarara la situación. Si lo iba a matar, que fuera rápido.

–Pues llegué a una conclusión y necesitaba llamar a Shinobu para confirmarlo. –Al ver que no decían nada, continuó. –Al parecer Inosuke descubrió la relación que tienen Tomioka y Shinobu. Como sabrán lo impulsivo que es Inosuke, puede que hayan terminado en una discusión.

Nezuko ahogó un sonido de sorpresa mientras que Zenitsu se relajaba. Al parecer malinterpretaron el mensaje y en realidad Tanjiro no se enteró de que se acostó con Nezuko.

–La verdad es que Shinobu no contestó ninguna de mis llamadas, pero mandó un mensaje diciendo que todo ya estaba bien, que Inosuke entendió la situación.

Los tres se miraron no muy convencidos.

–¿En verdad crees que Inosuke lo haya dejado pasar así de sencillo? –Cuestionó el rubio.

–Lo dudo. –Contestó Tanjiro. –Pero la verdad es que con Inosuke no se sabe.

–Yo creo que lo mejor será no tocar el tema con Inosuke. Sería arriesgado tentar a la suerte. –Razonó Nezuko. –Por lo mientras nosotros intentaremos hacer entrar en razón a Shinobu para que termine con esto.

–Pero sin decírselo a Mitsuri y Kanao. –Agregó el pelirrojo. –Ya tienen suficientes problemas con el proyecto y el festival escolar como para preocuparse por otra cosa.

Nezuko y Zenitsu asintieron.

–Bueno, entonces así será. –Tanjiro se puso de pie para recoger los trastes de la cena y llevárselos. –Iré a dejar esto, dejen de comportarse de forma extraña o si no empezaré a hacer preguntas para averiguar qué está sucediendo entre ustedes. –Les advirtió para después salir de la habitación dejándolos nuevamente solos.

Un silencio incómodo se formó entre ambos. No sabían qué hacer ni qué decirse.

Finalmente, Zenitsu decidió despedirse torpe y monótonamente y Nezuko hizo lo mismo. El momento mágico se había interrumpido por Tanjiro. Pero al menos habían confirmado que él no estaba enterado de nada.

Jamás hubiera pensado que eso ocurriría entre ellos, los mejores amigos del mundo.


Shinobu sentía su cuerpo arder en los lugares que Giyuu tocaba con pericia y experiencia. Sentía que le quemaba cada rincón que sus labios besaban en su terso cutis. Se le ponía la piel de gallina de la fogosa pasión que estaba experimentando.

Si bien cada vez que Giyuu le hacía el amor era diferente, esta vez era algo más allá de diferente.

Ella apenas y hacía algo, era él quien la hacía a su entero antojo. Como prediciendo cuando ella gemía, la besaba para apagar los dulces sonidos de su boca.

Le estaba haciendo el amor de la manera más lenta, tierna y tortuosa en la que se lo habían hecho jamás.

Tomándose su tiempo para estimular cada parte de su cuerpo. Besando su cuello, sus pechos, su vientre, su ombligo, su intimidad.

Shinobu sentía que Giyuu estaba haciendo un exhaustivo análisis de su cuerpo. La besó cuando se hundió en ella y empezó el lento vaivén de sus caderas mientras besaba su cuello y descendía hasta los pechos.

Multiplicando así su placer.

Giyuu no podía dejar de verla, tan frágil y pequeña, ahogando gemidos de placer bajo su cuerpo. Había almacenado cada gesto, cada lunar, cada reacción en su cerebro. La estaba haciendo suya, era como una muñeca en sus expertas manos.

No quería dejar escapar ningún detalle ni olvidar el tono que usaba para nombrarlo mientras él entraba en ella.

No pensaba en lo que haría el siguiente día, tampoco pensaba en que quizá esa fuera la última vez.

Solo quería recordar ese momento, recordarla a ella así, como está seguro nadie más la ha visto. Tan entregada, tan hermosa, tan suya. Como esas flores que muestran su belleza cada tanto tiempo y frente a pocos afortunados.

Giyuu no podía explicar en esos momentos por qué necesitaba tanto de ella si en realidad no la amaba. Por qué se sentía tan orgulloso de saberla suya. ¿Por qué?

No lo comprendía y tal vez, tampoco quería comprenderlo.

"No la amo" "No la amo" "No la amo"

Se repetía con insistencia. Es solo deseo y eso solo les causaría dolor. Y él no quería lastimarla. Todo lo hacía por ella.

Y por él también, porque no quería volver a sufrir. No podía volver a amar a nadie. Perdió esa capacidad hace mucho tiempo.

A veces era mejor cerrar los ojos a la realidad.

–Giyuu… Giyuu… –Gemía Shinobu debajo de él.

Estaba cerca y él también, inconscientemente había aumentado el movimiento de sus caderas. La sintió tensarse a su alrededor y tras un largo rato, relajarse satisfecha en sus brazos. Él no se hizo esperar y en cuestión de segundos la siguió, suspirando la palabra más dolorosa que Shinobu hubiese querido escuchar.

–Alice…

El primer paso, estaba dado.


Eso era lo que necesitaba. Ahora todo estaba bien.

Era verdad eso que decían, que todos los problemas se olvidaban cuando empezabas a compartirlos con una buena botella de licor. Y mientras más cara, mejor.

Y eso era lo que él necesitaba: olvidar.

Olvidarse que le habían visto la cara de tonto, que su mejor amigo era un pederasta. Si, él quería una buena borrachera y pasarla bien por la noche con una esquinera disponible.

–¿Por qué vives en un edificio sin ascensor? –Se quejaba la rubia mientras le ayudaba a subir las escaleras.

–¿Crees que este hermoso cuerpo se mantiene solo? –Se burló Inosuke como pudo. –El ejercicio es bueno y conmigo, mejor. –Dijo con una clara insinuación de doble sentido que recibió como respuesta una risita tonta de su acompañante.

–¿Qué es eso? –Preguntó horrorizada la mujer cuando llegaron al piso donde se encontraba el departamento del peliazul.

–¿La viuda negra? –Preguntó el borracho usando su no tan fino sentido de la deducción y solo juzgando lo que sus ojos veían. Había una mujer de negro parada frente a su departamento.

Poco tardó en darse cuenta de quién pertenecía ese cabello azulado y esos ojos azules que lo miraban con una mezcla de indignación y sorpresa.

–Ah, eres tú. –Escupió con desprecio. –La profesora solterona y fea del instituto durante el día y por la noche una sexy impostora y falsa.

–Veo que fue un error venir. –Se excusó. –Hablaré contigo cuando estés en condiciones de hacerlo.

–¡¿Qué?! Pero si yo estoy muy bien. –Se defendió el Inosuke. –¿A dónde vas, adefesio? – La agarró del brazo cuando ella se disponía a pasar de largo. –En serio, cómo pude haber creído que eras sexy, por favor, ¡mírate!

–¡Suéltame! –Chilló Aoi dolida. Ella había ido hasta ese lugar dispuesta a disculparse por el engaño y a explicarle que su única intensión fue darle una lección. No tenía por qué escucharlo decir esas cosas. –Estás ebrio, Hashibira. Hablaré contigo después.

–Claro, la señorita solterona es mejor que todo el mundo, por eso no habla con borrachos. –Le espetó. –Nadie puede compararse con ella y su perfección. Te escondes bajo esas horribles ropas y pésima actitud solo para ocultar el fracaso de ser humano que eres. –Le irritó ver el rostro dolido de la profesora. Por lo que siguió hablando cosas de las que después se arrepentiría. –Un fracaso de profesora, porque tus alumnos te odian; de hija, porque tu madre prefirió a tu hermana y de mujer, porque ella –Señaló a la muchacha que lo acompañaba. –es más mujer que tú y es una prostituta.

El golpe llegó tan rápido y en su estado lo tumbó al piso. Ya a esas alturas a Aoi no le importaba dejar ver sus lágrimas. Total, probablemente ni siquiera lo recuerde.

Se preguntó qué hacía allí y recordó los buenos ratos que había pasado con el Inosuke. Como ella y como la misteriosa peliazul, su viaje, su falso embarazo, su beso, su apoyo en los momentos más difíciles de su vida. Luego de enterrar a su madre, debería estar llorándola a ella, no por las palabras que le había dicho él.

Aunque una parte de ella quería llorarla en brazos de aquel neandertal que yacía confundido en el suelo.

–Seré un fracaso si quieres. –Le dijo con toda la dignidad que tenía. –Pero soy mejor que tú.

Y sin decir más se giró muy digna con dirección a las escaleras.

–¿Viniste para decirme eso? –Preguntó el castaño con una sonrisa ladeada. –Porque me importa una mierda.

-Lo sé. –Le contestó y tras dedicarle la mirada con mayor desprecio de su vida, le dijo: -A mí también.

Inosuke sintió como el coraje le devolvía un poco el razonamiento. Sin embargo, recordó la burla a la que fue sometido. Tomó la mano de su acompañante y bruscamente cerró la puerta de un portazo.

Ninguno de los dos veía el daño que se hacían mutuamente, porque ambos transmitían su propio dolor atacándose el uno al otro.


Giyuu se vestía en silencio, consciente de la mirada de Shinobu clavada en su espalda. Había estado callada desde que se habían separado y la notaba tensa. No sabía qué decirle y él tampoco quería hablar.

En otras circunstancias lo más sensato sería disculparse. Sin embargo, esta vez no aplicaba la regla. Tenía que mantenerse firme.

Pero se sentía como un canalla.

–Me voy. –Dijo finalmente el pelinegro, incorporándose.

–Me llamaste Alice… –Reprochó Shinobu involuntariamente.

Giyuu se giró para quedar frente a la joven.

–Creí que habías dicho que lo entendías cuando aceptaste todo esto. –Se refería a la relación. La vio entristecerse. –Mira, hoy fue un día muy largo…

Tal vez, cabría la posibilidad de que todo quedara hasta allí.

–No. –Una sonrisa que lo hizo sentirse miserable se colocó en el rostro de Shinobu. –Tienes razón, hoy ha sido un día muy largo para todos. Mañana iré a tu piso a curarte las heridas.

–No es necesario. –Rebatió él.

–Insisto. Y no pelees conmigo porque ganaré y lo sabes.

Sí, su intención era que ella saliera ganando en todo esto.

–Saldré con Inosuke, me lo ha pedido hoy.

–Iré en la noche. Si Inosuke de verdad entiende lo nuestro, entonces te dejará sobre las seis. –Explicó con simpleza.

–No se puede ganar contra ti, ¿verdad? –Suspiró resignado. –Aunque insisto que estoy bien.

–No y acostúmbrate.

Shinobu se acercó para darle un tierno beso en los labios.

–Baja con cuidado. –Pidió. –Te amo.

Ni siquiera pudo decirle algo. Solamente le sonrió.

Las cosas se harían de la forma más difícil.


Obanai nunca usó la cama de Keito por la simple y llana razón de que el bendito programa no se dignaba en apresurarse. Entendía que Kanroji se hubiera quedado dormida un par de horas sobre la mesa, y aunque le cueste admitirlo, él también lo hizo. Cuando abrió los ojos en un momento de la madrugada tenía una taza de café humeante en sus narices. Su compañera ya tomaba la suya.

La aceptó en silencio y se dispusieron a seguir monitoreando el avance de su proyecto.

No tardaron en quedarse dormidos ambos y esta vez fue definitivo.

Cuando Obanai abrió sus ojos por la molestia de la luz, se dio cuenta de que alguien lo había cubierto con una cobija. A su lado, Mitsuri también dormía y era protegida del frío matutino por la misma gran cobija. La casa aún estaba en silencio, pero después su olfato se llenó del olor de hot-cakes y huevos revueltos y a lo lejos podía escuchar a la señora Kanroji tararear una canción.

Eso también era extraño y nuevo para él. Porque, por mucho que se desvelara estudiando, su madre nunca iba a su recámara a cerciorarse de su bienestar o a cubrirlo con nada.

Nunca reconocería abiertamente lo bien que se sentía tener a alguien a quien le importes y que te cuide como la familia Kanroji. Eso sería caer en cuenta de todo lo que carecía en la vida.

Se incorporó relajando los músculos de todo su cuerpo y escuchando como sus huesos tronaban. Decidió regresar a ver a la pantalla para poder ver con sus propios ojos como el programa terminaba de ejecutarse al cien por ciento.

–¡Kanroji! –Se giró llamando a la joven que sonreía aún mientras dormía. Una vista muy tonta, pero que lo hizo reír. Sin perder mucho tiempo, sacó su celular e hizo una foto de la vergonzosa imagen. ¿Por qué? Quizás sea una buena forma de callarla alguna vez. –Kanroji, despierta. –Volvió a llamarla, solo que esta vez la movió también.

Mitsuri abrió los ojos perezosamente y tapó un bostezo con su mano mientras se estiraba.

–¿Qué pasa? –Preguntó aún más dormida que despierta.

–El programa terminó, podemos probarlo ahora.

Esas palabras terminaron de despertar a la joven que se incorporó a toda velocidad y se movió junto con su compañero hasta quedar frente a la computadora. Apretaron los botones adecuados y empezaron por un comando básico para probar la efectividad del navegador.

Y funcionó.

Mitsuri aún no lo creía. Regresó a ver a Iguro que con una sonrisa de suficiencia miraba complacido la pantalla.

–¿Lo hicimos? –Preguntó dubitativa, aún temerosa de no haber despertado de su sueño.

–Lo hicimos. –Confirmó el joven.

Mitsuri inhaló profundamente para lanzar un grito que seguramente se escucharía hasta la residencia privada donde vivía Shinobu.

Pero los fuertes golpes de la puerta interrumpieron su celebración.

–¡Obanai! ¡Obanai! ¿Estás allí?

La voz femenina que lo llamaba se escuchaba ronca y angustiada. Los golpes en la puerta se hicieron más fuertes.

–¡Obanai!

Los estudiantes se asomaron al pasillo, del cual también aparecían el padre y las hermanas de Mitsuri aún en pijama mientras, la señora Kanroji se acercaba a abrir la puerta.

–¿Se le ofrece al-?

Fue interrumpida por una señora que entró al departamento sin esperar invitación, con el rostro bañado en lágrimas y tan desencajado que parecía estar a punto de desfallecer mientras miraba a todas las direcciones del piso.

–¿Mamá? –Mitsuri se sorprendió tanto como Obanai cuando reconoció en esa frágil figura a la imperturbable señora Iguro que ella había conocido antes.

–Disculpen la abrupta interrupción. –Un hombre con el cabello cano también pasó para tomar a su esposa por los hombros y tranquilizarla un poco. –Somos los Iguro y el director del colegio nos supo que decir que probablemente Obanai estuviera aquí o que su hija supiera dónde estaba.

–¿Dónde está? –Preguntó angustiada la mujer. –Obanai siempre está en el desayuno, siempre. Hoy no, no está, se fue, no va a volver, como Kaburamaru. –Tras mencionar a su hijo fallecido volvió a romper a llorar. –¡Mis hijos!

–Mamá…

Obanai finalmente salió del pasillo y llamó a su progenitora que lo miraba como si se tratase de un fantasma.

–Oh, Obanai. –La mujer se llevó las manos a la boca para ahogar un grito de felicidad. –Mi hijo. –Y sorprendiendo a todos los presentes se abalanzó sobre el muchacho y lo abrazó con fuerza. –Creí que no te volvería a ver. –Tras decir eso, rompió en un angustioso llanto mientras lo abrazaba.

El señor Iguro se unió a ellos y sacudió los cabellos de su hijo.

–Estábamos preocupados por ti, muchacho. –El hombre trataba de mantener la entereza posible. Sin embargo, cuando se fijó en el rostro incrédulo de su hijo no pudo contenerse y también lo abrazó. –Pensamos lo peor.

–Lo siento, olvidé llamar. –Fue lo único que dijo.

Ningún miembro de la familia Kanroji se atrevía a moverse de su lugar, con temor de interrumpir la escena.

Mitsuri tenía un par de palabras que dirigirles a los señores Iguro. Si tanto se preocuparon por él, la iban a escuchar.

Su madre, presintiendo su actuar, le puso una mano en el hombro para detenerla.

–Pero… –¿Por qué no la dejaban hablar? –Ellos tienen que saber que son unos pésimos padres.

–Sí. –El señor Kanroji puso una mano en el otro hombro de su hija. –Pero ahora no es el momento adecuado.

–Sólo mira la cara de ese muchacho. –Indicó su madre con lágrimas asomándose por sus ojos.

Mitsuri obedeció y se fijó en el rostro de Iguro que se dejaba ver entre los abrazos de sus padres y lo comprendió todo.

Obanai sonreía, pero no con sorna y satisfacción, ni siquiera con diversión u orgullo. Era una sonrisa que iba más allá de todo eso.

Era la sonrisa de un niño que acababa de recibir lo que más quería en el mundo.


Giyuu sintió como el líquido que ingería atravesaba su garganta quemando todo a su paso.

–No tomes aún. –Le aconsejó Inosuke entrando a la sala y arrebatándole el vaso de licor de las manos para beberlo de golpe.

–¿Sacando la resaca con otra borrachera? –Ironizó Tomioka.

–No hay mejor forma. –Se burló el peliazul. –¿Estás seguro de que aparecerá hoy?

–Me cambio el nombre de no ser así. –Contestó volviendo su semblante sombrío inmediatamente.

–Oye. –Llamó la atención del pelinegro. –Haces lo correcto.

–Quisiera que hubiera otra forma de hacer lo correcto.

Él sabía que lo que estaba a punto de hacerle a Shinobu era una canallada y que eso era lo último que ella se merecía. Pero la conocía, y sabía que no iba a aceptar una ruptura. Y aunque se lo dijera, nunca iba a creerle que no la quería.

Por lo que tendría que demostrárselo.

–Lo intentaste. –Lo reconfortó Inosuke. –Pero ella se negó a aceptarlo y este tipo de cosas es mejor cortarlas de raíz.

–¿Por qué tuviste que llegar a verme en ese preciso momento? –Preguntó mitad en broma.

–Para salvarte del mayor error de tu vida. –Contestó a propósito.

–Claro. –Giyuu rodó los ojos. –En serio, Inosuke. Con tanto alboroto no te lo había preguntado. ¿Qué te pasó para que vinieras a buscarme con tanta urgencia?

Inosuke miró a su mejor amigo con pesar. Bueno, su problema no se comparaba en nada al de él, pero igual, fue un golpe fuerte a su orgullo masculino.

–¿Recuerdas a la sexy peliazul que me traía como un loco? –Preguntó y como respuesta, Giyuu asintió. –Pues, resulta que siempre fue Aoi.

Giyuu abrió mucho los ojos mientras escuchaba a Inosuke relatarle todo lo que se había involucrado tanto con Aoi como con la peliazul, y como descubrió que se trataban de la misma persona.

–Maldita perra. –Escupió Inosuke con respeto.

–Modera tu lengua, tienes madre. –Le reprendió Giyuu.

–¡No puedes compararla con Aoi! –Exclamó furioso. –Ella es una farsante, una…

Lo peor era que había deseado a la sexy peliazul de la misma forma que se había acostumbrado a la remilgada Aoi. No lo sabía, pero en ese momento eso era lo que más le molestaba, él se había mostrado con sinceridad, incluso se le había insinuado como la peliazul y como Aoi, la había ayudado cuando su madre murió y ella sólo se burló de él.

–Dices que ella estaba anoche en tu apartamento. –Razonó Giyuu. –Quizá quería disculparse.

–La puse en su sitio. –Aseguró con convicción. –De lo poco que recuerdo y de lo que Ari me contó.

–Si me lo preguntas, no encuentro ningún motivo lógico para que alguien como la señorita Kanzaki haga algo como lo que hizo sin un motivo.

–No sé, envidia de lo patética que es su vida, qué se yo. Por mi se puede ir a la mierda y ayer se lo dije.

–Si tú lo dices. Lo que no entiendo es por qué rayos te molestó tanto todo este asunto. Es decir, sí, te engañó, te vio la cara. Pero te conozco y en otras circunstancias seguro te hubieras partido de la risa por tu propia estupidez.

–Hirió mi orgullo. –Respondió el aludido un tanto incómodo por las preguntas de su amigo.

–Te comportas como si hubiese herido más que eso y no entiendo por qué si ella solo es la profesora Kanzaki, nadie importante para ti, ¿verdad?

Inosuke conocía el tonito insolente de Giyuu y le fastidiaba que quisiera convertirlo en el malo a él. No le contestó. No era necesario. Aoi no era importante en lo absoluto.

¡Maldito Tomioka! ¿Por qué tenía que hacerle ver cosas que no quería reconocer?

–Aquí el que está cometiendo un crimen no soy yo. –Le indicó Inosuke luego de servirse otra copa de licor y beberla de un solo golpe. –Me voy, te escribiré cuando la vea.

Tratando de ignorar la razón por la que la actitud de Aoi lo molestaba más de lo que debería.


Shinobu canturreaba una canción mientras subía al piso de su novio. No le importaba ni mucho menos le pesaba la compra que había hecho en el supermercado antes de llegar.

Le había escrito a Giyuu hace una hora y él le había dicho que aún no llegaba, que no fuera porque no había nadie. Ella volvió a repetirle que estaba bien y que no era necesario que se tomara la molestia.

Pero, al siguiente día sería domingo y el lunes de colegio tendrían que volver a la apariencia de no ser nada delante de todo el mundo. ¡Tenían que aprovechar ese día lo más que pudieran!

Y lo harían. Su bolsa contenía los más exquisitos ingredientes, junto con velas aromáticas para darle el toque romántico a la noche. También se había comprado lencería nueva que se moría por mostrarle. Seguro que lo pondría a sus pies.

Giyuu la había hecho tan feliz en esas vacaciones que ella quería demostrarle lo feliz que era a su lado, entre sus brazos. Cuánto lo amaba y él la quería, se lo había dicho a ella y a Inosuke. Con eso le bastaba, porque por la forma como la tocaba ella sabía que había algo más que cariño y está dispuesta a esperar el tiempo que sea para escuchárselo decir de sus labios.

Por fin conocía una persona que la quería por lo que era, sin reservas, tal vez a escondidas; temporalmente, en lo que alcanzaba la mayoría de edad.

Sí, estaba muy feliz, estaba segura de ser la joven de diecisiete años más feliz de todo Japón.

Cuando se acercó lo suficiente pudo escuchar música clásica salir del piso. Pero, Giyuu le dijo que no estaba y que tardaría. Quizás la loca de su vecina escucha música muy alto, al menos tiene buen gusto.

Usó la llave de emergencia del sitio indicado por su novio cuando le explicó cómo fue que Inosuke entró a su piso la otra noche. Introdujo la llave, suspiró complacida luego de ver que estaba cerrada con seguro. Como lo pensaba, Giyuu no estaba en casa.

Abrió la puerta con toda confianza. Sus oídos captaron inmediatamente algo más que la música. Avanzó el pequeño tramo del pasillo hasta quedar en la intersección del piso, teniendo una perfecta visión de lo que se estaba llevando a cabo en el sillón del departamento del profesor.

No sólo la música era de allí y Giyuu estaba en casa.

No estaba solo.

Estaba sobre una mujer. Ambos desnudos de la cintura para arriba y ella con las bragas a la mitad del muslo.

Se besaban con pasión. Como si el mundo se acabase en ese preciso momento.

Shinobu no podía moverse. Estaba ahí, estática viendo a Giyuu besar el cuello de esa desconocida mientras ella gemía sonoramente y le acariciaba todo el cuerpo con pericia y empezaba a bajar su pantalón.

Fue ella la primera que la vio y ahogó un gemido de susto en los labios para proceder a empujar a Giyuu señalándola con la mirada. El pelinegro, agitado y despeinado regresó a verla, Shinobu pudo verlo palidecer.

Ella seguía inmóvil, apenas fue consciente de que Giyuu se acercaba y tocó su brazo. Su cuerpo reaccionó por ella y se zafó del agarre soltando todas sus compras y retrocediendo un par de pasos y mirándolo horrorizada.

–Yo… puedo explicarl-

Nuevamente su cuerpo reaccionó por una orden de su cerebro y le atinó a dar una sonora bofetada. El dolor del impacto la hizo ver su mano. Aún estaba sorprendida por todo lo que pasaba.

Hace tan solo tres minutos era la mujer más feliz del mundo…

Una ¿risa? Llamó la atención de la horrorizada joven. Veía a Giyuu sostenerse la quijada de lado donde le había pegado y sus hombros se movían irregularmente.

Se estaba riendo.

Cuando finalmente alzó el rostro aún sonreía con suficiencia y seguridad. Sin embargo, eso no fue lo que la aniquiló. Fue la frialdad en los ojos azules del joven lo que le heló la sangre.

–Te dije que no vinieras.

Y algo le decía que era solo el inicio.


Próximo capítulo: Viernes 18 de octubre de 2024