Templo de Rhea.
Apolo, Artemisa, Hades, Hefesto, Atenea, Deméter, Poseidón y Hermes estaban reunidos cerca de Rhea, cuya mirada solo podía expresar la misma seriedad y preocupación que los demás Olímpicos.
"Esto… Se nos fue de las manos".
Para todos, era la primera vez que oían a Apolo sonar tan serio y, a la vez, tan perdido.
Iris estaba proyectando una imagen de Zeus empalando a Kratos en el abdomen con la Hoja del Olimpo que creó el mismo, no tan poderosa como la creada por Naruto, pero aún así… Era de terror.
De repente, un portal verde se formó, donde salió otro Kratos, que parecía el doble de fuerte que antes, con las Hojas de Atenea en su espalda brillando en dorado y rojo. Además, tenía el Vellocino de Oro en su brazo.
"¿Cómo es posible que en solo 500 años todo se esté por ir a la basura?"
"Eso es porque Naruto sigue de vacaciones".
Las palabras de Hades hicieron que todos guarden silencio. Siguieron viendo como Kratos y Zeus volaban hasta la Cumbre del Sacrificio, y empezaban una pelea… Casi divina.
"Tenemos que buscarlo. Pude salvar a Atlantis una vez, pero no creo que podamos salvar el Olimpo si ese Espartano hace lo que estoy pensando que puede hacer".
Rhea se levantó primero, y miró a Artemisa y Deméter.
"Ustedes dos vendrán conmigo. Iremos a Egipto".
La confusión y un leve miedo llenó los rostros de todos cuando vieron a Rhea tan sería, tan fría que… Juraron ver a la misma Caos detrás de ella.
"¿Naruto está en Egipto?"
"¿Te olvidaste que debía tratar con Ra?"
Poseidón se rascó la barba con nerviosismo, y una risa. Atenea lo miró en silencio y suspiró cansada.
Hades se levantó y creó un portal morado. Miró a Rhea, que estaba ahora viéndolo fijamente.
"Ten cuidado, madre. También ustedes, en especial tu, loca de los cereales. Perséfone se pondría triste si mueres".
Deméter lo miró en blanco.
Hades simplemente pasó el portal, y desapareció de la vista de todos.
Rhea miró la proyección, donde Zeus pudo engañar a Kratos para que lo libere y no muera, y ya había escapado.
Giró su cabeza y miró al resto de sus hijos, que sentían el llamado de Zeus al Olimpo.
"No hagan estupideces. No mueran por querer enfrentarse a ese tipo. Aún tiene el poder de la Caja de Pandora, y si ya esta igual con Zeus, no tienen chance. Iremos por Naruto ya, solo… Intenten detener al Espartano lo más que puedan, sin arriesgarse".
Rhea tomó del cuello de su ropa a Artemisa y Deméter, y desapareció rápidamente.
Apolo, Hermes, Atenea, Hefesto y Poseidón se pusieron de pie, y todos se teletransportaron al Olimpo.
…….
Egipto, 20 horas después.
Naruto frotó su rostro contra un pecho de Tisífone, estando durmiendo en medio de ella y Hestia, con Afrodita sobre el, de forma que usaba el abdomen de la pelirrosa como almohada, mientras ella le acariciaba el cabello. Hera estaba durmiendo sobre el, abrazando su torso con amor.
Los cinco estaban desnudos, sudados, e incluso había manchas húmedas en el suelo y la cama, cosa que no podría importarles menos por todo el cansancio de sus actividades en las que estuvieron por casi dos días.
Limpiar todo era sencillo. Ahora solo debían descansar.
Afuera del palacio, en la piscina, estaba la hija de Naruto y Tisífone, que estaba tomando el sol en silencio.
Ella creció para convertirse en una belleza impecable. Una mujer con lustroso cabello negro azabache con un mechón en la punta de su cabeza emulando un peinado estilo Ahoge y el rostro de una diosa. Tiene iris dorados y pupilas divididas verticalmente. Además, en sus sienes izquierda y derecha hay dos cuernos gruesos que sobresalen torcidos, productos de su poder divino.
"Ha… Nada puede arruinar esta tranquilidad…"
"¡Lady Albedo!"
"Para que hablo…"
Albedo se levantó de su lugar, viendo una sirvienta entrar acompañada por una mujer rubia de ojos azules, otra de cabello negro con ojos algo azules y plateados, y una castaña de ojos marrones profundos.
"¿Otra hija? Por Caos".
Artemisa mascullo en silencio, viendo a la mujer pelinegra que despidió levemente a la sirvienta, que salió disparada algo asustada.
"¿Qué le hicieron a la chica?"
"No nos quiso dejar entrar, como si no fuese la madre de mi hijo, que por cierto, vuelve a desaparecer sin avisar".
Albedo guardó silencio, viendo a la rubia aparentemente mayor hablar enojada. Artemisa y Deméter se alejaron un paso de Rhea, viéndola acercarse a Albedo y tomarla de las mejillas, y analizarla cuidadosamente.
Luego de unos segundos, se quedó viéndola fijamente, y la abrazó con fuerza.
"¿Dónde está Naruto, niña?"
Una chancla voló y golpeó la frente de Artemisa, que cayó de espaldas al suelo. Deméter miró a la velocidad de la luz el pie de su madre, antes de notar que no fue ella.
"¡No soy una niña! ¡Y papá estaba ocupado con mamá!"
Rhea se quedó quieta, soltando lentamente a Albedo. La miró a los ojos, y Albedo sonrió divertida cuando notó la insinuación molesta en los ojos de su abuela.
"No vi a mi querido papi hacer eso. Aunque debo llevar unos dos días sin verlo".
Rhea se metió rápidamente al palacio, seguida de Albedo y Deméter, que cargó a Artemisa en su espalda, ya que estaba algo aturdida.
El grupo subió hasta el último piso, donde el olor a sexo y sudor llegó a sus narices, forzando a Artemisa a taparse la nariz.
Albedo tuvo que contener una sonrisa pervertida, y avanzó delante de Rhea, que parecía algo mareada.
La puerta doble al final del pasillo estaba cerrada, así que los sorprendió que el olor haya salido igual.
Albedo entró como si fuese su casa…
"¡Papi! ¡La abuela está aquí!"
Naruto gruñó desde su lugar, ahora estando todos tapados con una fina sabana, de forma que no podían ver sus formas desnudas, pero si el contorno de las figuras de las chicas.
El rubio siguió acostado, durmiendo profundamente.
Hera abrió lentamente los ojos, oyendo el grito de Albedo cerca. Giró lentamente su cabeza, y parpadeó varias veces al ver a una estoica Deméter, una Artemisa en blanco, una sería Rhea, y una divertida Albedo.
"¿Qué hacen aquí?"
La pregunta no salió de la boca de Hera, sino de Tisífone, que abrió los ojos con molestia.
Hestia empezó a despertarse con las voces alrededor, al igual que Afrodita.
Naruto siguió dormido profundamente, respirando tranquilamente, como si no hubiese un leve subidón de tensión en la habitación.
"Hay problemas. La profecía de Gaia parece que está por cumplirse… Y Zeus la aceleró. Necesitamos que Naruto vuelva a tomar el trono".
Afrodita, Hestia, Hera y Tisífone vieron a Naruto, que seguía dormido profundamente, sin cambiar su expresión ni nada.
"¿Podrían esperar abajo? Despertarlo es algo difícil…"
Rhea, Deméter y Artemisa abandonaron lentamente la habitación. Sin embargo, Albedo no se movió.
Eso les pareció extraño, hasta que la puerta se cerró de repente.
………
Yomi, Templo de Izanami.
La primordial estaba recostada en su trono, viendo una imagen de Naruto con una mirada soñadora.
Abrazó la foto contra su pecho, cerrando los ojos con una expresión casi lasciva.
"Naru, Naru~… Pronto serás mío y sólo mío, fufufu~"
Izanami salió de su estado al sentir una presencia entrar a su templo.
Entrecerró sus ojos, y se giró lentamente, viendo a… Ese hombre.
Él hombre que le causó una profunda cicatriz emocional. El que la dejó sola en la oscuridad y el aislamiento del Reino de los Muertos.
"¿Qué es todo este desastre que estás causando, Izanami?"
Izanagi miró con molestia a la Primordial, que le sonrió con sarcasmo.
"Ara~… El gran esposo que me abandonó, viene a presentar quejas. ¿Qué derecho crees que tienes para venir aquí?"
La risa de Izanami convirtió el ceño molesto de Izanagi en uno triste.
Esa mirada cambió las emociones de Izanami en un segundo.
Ahora parecía furiosa.
"Yo… En serio lo siento, Izanami. No sabía qué hacer. Estaba asustado, confundido…"
"¿Y como crees que he estado yo? Que me dejaste sola en la oscuridad, en la muerte… La desesperación".
Izanami se estaba agitando poco a poco, y eso Izanagi lo notó.
Las manos de la Diosa estaban apretando los apoyabrazos con fuerza.
"Nunca quise hacerte daño…"
La mirada de Izanami reflejó todo el desprecio que sentía por su ex marido actualmente.
Una risa sarcástica resonó en todo el templo.
"Asustado… Es todo lo que has sido siempre. Un idiota asustado de la verdad… Asustado de mí".
Izanami se levantó de su asiento y se acercó a paso lento y pesado hacía Izanagi, apenas levantando la mirada para verlo.
Mientras la mirada del Primordial reflejaba su tristeza, la de Izanami solo demostraba puro desprecio.
"Fui creada para ser tu compañera, tu igual. Pero cuando las cosas se pusieron difíciles, me abandonaste…"
"No fue así, Izanami. Yo te amo, siempre te he amado-"
"¡No! ¡No me amas! ¡No me has amado nunca!"
Izanagi se llenó de angustia. Izanami estaba apretando los dientes con fuerza. Sus ojos brillaban en rojo.
"¡Si me amarás, no me habrías dejado sola aquí! ¡Hubieses cumplido tu palabra! No me habrías abandonado a la oscuridad…"
La expresión de Izanami mostraba su cambio constante de humor. Ahora lucía casi desesperada, como si quisiese matar a alguien.
Se retiró a su trono y se sentó nuevamente, ignorando a Izanagi, que no se movió de su lugar.
"¿Qué te he hecho de verdad, Izanami? ¿Por qué me odias tanto?"
"¿Qué te he hecho? ¿Qué te he hecho?"
Izanami soltó una risa histérica.
"¿¡ES NECESARIO QUE TE LO DIGA!?"
El grito de Izanami hizo retumbar todo el Yomi.
"¡TÚ…"
Izanagi intentó acercarse, pero la mirada de Izanami lo detuvo.
Y ahí estaba, otra vez.
Izanami lo notó.
Su mirada se llenó de locura.
"No te acerques a mí. Ni siquiera pienses en tocarme… Solo eres pasado. Eres el dolor… La muerte".
"Por favor, Izanami…"
Izanagi sintió su pecho doler con la mirada fría de Izanami.
"No hay perdón para ti. No hay vuelta atrás…"
Fue en ese momento que Izanagi se dio cuenta de la verdad.
La verdad a la que tanto temía.
Izanami está más allá de la redención. No hay chance para él de que ella vuelva a ser la amable, generosa y servicial esposa que fue antes de su muerte.
Ella no era más de él.
Izanagi se retiró, con una mirada triste, derrotada y dolorida.
Una vez el Primordial se fue, Izanami selló su templo para cualquier divinidad.
Se acurrucó en el trono, abrazando sus piernas con una expresión llena de locura y vacío.
Sus ojos azul grisáceo se llenaron de lágrimas de desesperación. Empezó a temblar. Abrazó sus piernas con más fuerza.
Cada vez que ella entraba en un estado de estrés y soledad, la Diosa era otra persona.
Y su mundo también era otro.
"No te preocupes, no llores… Yo estoy para ti".
Una ilusión se formó al lado de Izanami. La misma abrazó a la Diosa, que abrazó a la misma con las lágrimas cayendo con más fuerza de sus ojos.
"Mí Naru, mi Naru… ¿Por qué no eres real? ¿Por qué no estás conmigo?"
La ilusión era una imagen de Naruto, de la única vez que ella supo algo físicamente de él.
Un hombre perfecto en todo aspecto. Buen líder, buen padre, buen esposo, buen… Todo.
Era la perfección, lo que ella deseaba.
Lo que la obsesionaba.
