Que la vida cambia.
Que un sol arrogante nos roba la noche cada cierto tiempo, y cada cierto tiempo mengua su fuerza para dejarnos en penumbras.
Que risa, que esplendor.
¿Qué sería de mi vida si siguiera corriendo como hija de mami, sin conocer nada más que la casa y los sándwiches de pepino y ensaladas desabridas?
Tan rico que es el salmón ahumado, con arroz y huevo; Twig se relame cada que le doy un poco. La primera vez que le di a probar se volvió como loco agitando la cola y brincando de aquí para allá. Incluso lo siento más feroz.
Apenas tres días llevo aquí y me siento bastante mejor, incluso he dejado de cortarme… bueno, casi. A veces me hace falta para poder dormir, pero el dueño de la taberna me dice que si lo voy a hacer sea en mi casa, que no quiere rastro de sangre infantil en las sábanas porque si bien, tiene contactos, no serían los suficiente como para cubrir tortura de niños.
Así que solo me corté el día de ayer que fui a la casa a buscar ropa, aproveché que me bañé y vi la navajita. Fue tan relajante sentir la sangre correr por mi brazo después del agudo dolor para luego recogerla con mi dedo y llevarla a la boca. Creo que incluso sonreí.
Sonreír.
Tema a parte es la casa; estaba limpia. No sé quién de mis conocidos haya sido, pero le agradezco. De esta manera puedo ausentarme de la casa sin esperar que se agusane y la sangre se pudra.
Sinceramente tenía pensado prenderle fuego. Quemar todo. Cerrar una vida de la que ya no soy parte y que ahora detesto, más que ya tengo un nuevo objetivo en mente. Por ahora seré Hilda de Trollberg, la mesera de la Taberna "El Nimbus Podrido".
El primer día que comencé a atender mesas, fue algo problemático. No sabía bien a quien atender primero y estaba confundida, estás personas son mucho mas toscas que los de las tabernas cercanas a Trollberg; pero, a pesar de sus groserías, no me importaba lo que dijeran. Hay muchas cosas que han dejado de importarme.
Lo que sí es verdad es que en estos tres días he aprendido a responderles y de paso, divertirme.
"¡Hey! ¡Tú, niña! ¡Estás sorda, enana estúpida! ¡Tráeme mi maldita cerveza!
¡Tu madre es la sorda, pirata pendejo! ¡Espera tu turno o toma agua de mi retrete!"
Y luego me dijo riendo que si le orinaba en la cara me daba un doblón de oro, y yo le mostré el dedo medio. Eso me lo enseño Eluney, el dueño de la Taberna, quien por cierto puso reglas estrictas para el trato con su personal.
1.- Si la nena dice que no, es NO.
2.- Prohibido tocar al zorro.
Y ya. Me dejó claro que como adolescente emancipada yo era completamente responsable de lo que me pasara. Que no era niñera de nadie y que, si se yo me había ido a meter allí después de sus advertencias, él no se hacía responsable de ninguna manera.
Al inicio no sabía cómo responder a sus groserías y se reían de mi torpeza, pero en menos de día y medio ya había aprendido la jerga con la que se manejan entre ellos, descubriendo que esa es su forma de hablar comúnmente.
Es increíble que todo esto haya hecho que me olvide un poco del dolor en el pecho.
Y tengo esta cadenita de oro que me dio un pirata rubio por un beso en la mejilla. Me raspó el maldito con su cara mal rasurada.
-Dos días antes.
-¿Por qué no me extraña verte aquí, Phinium?
-Hola, Victoria. ¿Puedo pasar?
-Entra de una vez, voy por café y hablamos.
-Las hadas solo tomamos té, gracias.
-Hay café y nada más. Si quieres tengo agua de la llave.
-Lo que sea, yo solo no espero tardar. Además, aquí no hay llaves como en el mundo humano, así que a fuerza me tienes que dar agua de arroyo o de pozo.-
Phinium esperaba en serio no tardar, solo quería comprobar con Van Gale, quien ahora tenía el visor, que Hilda se encontraba bien. Él en sí estaba seguro de eso, pero Lydia había insistido al grado de enojarse seriamente. Le había insinuado que él no quería ver como estaba Hilda porque, de estar en problemas, tendrían que buscar la manera de regresar a Johana a su edad real. Y que eso le sería doloroso.
Es verdad que amaba mucho a su hija y era un sueño tenerla como la tenían ahora y disfrutar esa niñez que se les escapó, pero no por eso dejaría que su nieta sufriera. Ella debería estar muy bien con su padre, inclusive le habían dejado algunas gemas muy valiosas del mundo de las hadas para que sobrevivieran sin mucho problema durante dos años. El mismo Anders se las había pedido para dar sustento a Hilda. Estaba seguro de que su mujer exageraba. Entró a esa casa que era una suerte de cueva medio decorada, y tomó asiento en un sillón verde olivo, bastante viejo.
-Aquí tienes, Phinium.- Dijo la delgada mujer ofreciéndole una taza de algo humeante al hada. Había salido de una puerta improvisada en un lado de aquella cueva que daba a lo que debía ser la cocina.
-¿Qué es esto?
-Té negro.- Respondió secamente mientras se sentaba. Sorbió su taza, luego le miró con seriedad y le preguntó.- ¿Qué trae a uno de los líderes de este pueblo a visitar a una mujer sola?- Volvió a sorber su taza antes de continuar. -¿Traes negras intenciones? Sé bien que las hadas son promiscuas. Déjame decirte que he estado sola durante mucho tiempo así que no opondré mucha resistencia.-
Phinium se pasmó. -¿Qué…? ¿Cómo..? ¡¿Qué?! ¡Estas loca Van Gale! Esas son calumnias de tu mundo para nuestra especie, técnicamente discriminación. - Tomó su té de golpe para luego escupirlo.
-¡Esto está amargo!
-Bienvenido al mundo del café.
-Eres una…- Dijo Phinium molesto mientras se limpiaba la boca.
-Ya, señor hada, acepta que esta bueno, y repito, ¿qué te trae por aquí que no sea querer seducirme?-
Lydia tendrá que pagarme por hacerme venir.Como sea, Victoria, después de lo que pasó con la entidad y el intercambio y todo, sé bien que te quedaste en control de mi observatorio, si estoy en la penosa necesidad de estar aquí es porque necesito usarlo.-
Victoria bebió de su taza, increíblemente Phinium también bebió de la suya de manera instintiva.
-¿Rico?
-Cállate.
-¿Para qué quieres usar mi observatorio?
-Necesito ver como esta mi nieta.
-¿Hilda?, ¿La pequeña demonio? Como me cae bien esa niña. ¿Cuál es la necesidad de observarla?
-Quiero saber si se encuentra bien.
-¿Por qué no habría de estarlo?
-Solo necesito saberlo.
-Y yo solo necesito saber por qué quieres observarla. Mira, dejemos el juego del tonto, ayer vi a una pequeñaja de cabello castaño que confundí con Hilda, pero que obviamente no era. Esa nena no es de aquí. ¿Tienes algo que decir al respecto? -
Phinium tomó su taza hasta acabarla de golpe. -Esa niña es mi sobrina. ¿Qué tiene que ver en todo esto? Rayos, si esta bueno el café.-
-¿Ya vez? Las cosas deben de probarse al menos una vez para determinar si te gustan o no.- Le guiñó un ojo.
-Tengo cianuro, esta bueno, ¿quieres?
Victoria sonrió. -Soy inmune. Dices que es tu sobrina, ¿Hija de Astrid?
-De una prima lejana.
-Señor hada, este mundo es pequeño y como investigadora, lo conozco ya casi todo. No tienes más parientes, Phinium, O me dices la verdad o no verás a Hilda.-
-Son cosas familiares, Victoria, déjame usar el visor, por favor.
-¿Quién es esa niña?
El hada suspiró. -Dame otra taza de café por favor.-
La vida en la taberna era extraña. Cerraban alrededor de las 4 de la mañana teniendo que sacar a los últimos borrachos, después de algunos pleitos, cuchillazos, y botellas rotas. Eso era de todos los días. Hila se venía levantando a las 11 de la mañana, se bañaba con una cubeta en cuarto de baño hecho de madera medio carcomida d metros. Luego comía algo de carne seca de pescado, alimentaba a Twig con la misma y se ponía a barrer dentro del local, posteriormente afuera y alrededor.
La taberna El Nimbus Podrido daba al mar, como todo negocio de puerto. Se escuchaban las aves y el oleaje a lo lejos, y muchas, muchas ratas que corrían libres. Acomodaba la basura en un lugar, y huía para que no se la comieran a ella. Luego trataba de sacar la sangre de la madera del piso.
-Oye, niña, no limpies tanto que esto ya comienza a parecer un lugar decente, no quiero que las maricas del puerto central vengan aquí a esparcir sus mediocridades. -
-Se dice gracias, cerdo malagradecido. Si quieres vivir en la inmundicia, esta bien, pero la sangre seca apesta horrible.-
-¿Me llamaste cerdo? ¿Te enseño unas malas palabras y ya eres Anne Bonny? Te va un descuento por faltarme al respeto.
Hilda se le quedo viendo y enchinó los ojos. Luego hizo un esfuerzo y escupió en el suelo donde había limpiado.
-Ya está, sucio de nuevo. ¿Te es suficiente o le digo a Twig que toda la taberna es su baño privado? Al final tendrá aroma a mierda sabatina, como se nota te encanta.
El hombre se comenzó a carcajear. -¿Como aprendes tan rápido, mocosa desnutrida?
-Tengo ciertas habilidades. Por cierto, jefe, tengo una pregunta, estaba tirando la basura y en una de las piedras del camino encontré una especie de roca enterrada, noto por su forma que como una especie de amuleto. ¿Sabes qué es?
Eluney tomó una botella del estante y le pegó un trago amplio, luego la volvió a dejar en el lugar.
-Es un secreto, pequeña, me ayuda a que el lugar siga abierto.
-Si, debe ser, vi que hay cuatro, una en cada esquina y corresponden a los puntos cardinales. Proteges el lugar de algo.
Eluney se le quedó viendo serio. -Solo no las muevas ni las toques; si las llegas a quitar, vendo a tu zorro.-
-No la voy a mover, no soy estúpida. Pero te pregunto para saber si son importantes, me quedó claro que lo son. –
Hilda dejó de barrer. Ya estaba suficientemente limpio para los estándares de su jefe. Quizá iría a su casa, quería ir a buscar algunas cosas de uso personal.
Eluney era un hombre de piel canela no muy alto, pero si fornido. Brazos y torso muy gruesos y lleno de vellos negros, piernas cortas y gruesas. Llevaba una camisola de franela color arena con mangas arrancadas y un cinturón marrón ancho de una gran hebilla, un pañuelo negro en la cabeza y barba negra que no dejaba ver el cuello. El hombre dormía en la parte de atrás de la taberna en un cuarto amplio. Dejaba vivir a Hilda en un cuartucho pegado a la taberna que en realidad era para guardar costales de semillas sabrá Dios para qué. Hilda dormía sobre los costales, se había traído ya una almohada y unas cobijas.
Hasta ese tercer día, él, cuando se iba a dormir, no aparecía hasta el mediodía. La taberna abría a las 2 de la tarde.
-Dos días antes.
¡¿Cómo que no aparece?!- Exclamó angustiada Kaisa a una de las grandes brujas: Abigail.
-Eso, la niña no está en el pueblo ni en los alrededores. - Dijo mientras que en un caldero que humeaba, se cocía junto a otros extraños ingredientes, un poco de la sangre de Hilda que Kaisa había recogido raspando el suelo, una vez que David y Frida no estuvieron para verla.
-No entiendo, se supone que con su sangre es infalible el encontrar a alguien donde quiera que esté.-
-Así es, incluso si está muerta, Kaisa, localizaríamos su cuerpo a 5 metros bajo tierra. O ella esta en otro continente, o muy profundo en el océano lejos de nuestro alcance o…-
-¿O?
-O no quiere que la encuentren y tiene algún hechizo que no nos deja verla.
-Ella no sabe esos tipos de hechicería.
-No, es magia potente. La sangre tenía alrededor de 12 horas, mas 12 horas… en caso de tomar un barco, con 24 horas de navegación aun podríamos localizarla, incluso con 36 horas. O esta en el fondo del mar, o encontró la manera de que no la veamos.-
Kaisa apretó los puños. Hilda no sabría como hacer una magia de esa magnitud, así que la opción que quedaba le carcomía por dentro.
-Debí traerla a la fuerza.-
Abigail se llevó el dedo meñique al oído y se rascó un poco sin angustiarse en lo mas mínimo. Se limpió el dedo en el traje y luego miró sus uñas.
-Por eso te consideramos una bruja perezosa, Kaisa, por no estudiar y pasarte viendo esas tontas revistas asiáticas. -
-A usted no le importa que muera, ella era una hermosa niña.- Sollozó angustiada.
-Trollberg es un lugar con muchos misterios. No somos las únicas con magia, ni las hadas, ni los elfos, también hay humanos que saben cómo contrarrestarnos.
Kaisa abrió los ojos sorprendida. -¿A qué se refiere?-
-Puede estar en una de las muchas casa protegidas.-
-Que ¿Qué? -
-Leer es lo que debes de hacer, Kaisa. Jamás serás de las grandes con semejante ignorancia. Trollberg tiene lugares protegidos que las brujas y otras entidades no podemos mirar. Puede que tu pequeña amiga este en uno de esos lugares.-
-Y sabe que lugares son.-
-Si, pero son improbables, la mayoría son negocios que no quieren vistas molestas. Como el ayuntamiento, la misma biblioteca, la tesorería, seis casas de ricos, tres casas de ex brujos y algunas tabernas.
-Me daría una lista, voy a ir una por una para revisar, quizá Hilda esté en una de ellas.
-Esas personas huelen a las brujas, Kaisa, las repelen, por eso tienen protección. Te van a prender fuego si te ven cerca. Lo siento, pero tu amiga está en una mejor vida, tomando en cuenta que en la casa en la que este la traten bien.
-Aun así, ¿me daría la lista?
-Bien, ¿Tienes una foto? Te pondré en el altar de muertos de este año.-
-Un día antes del inicio del tercer día.
David, Frida y Kaisa se encontraban reunidos en un parque algo alejado del centro de Trollberg. Kaisa los había reunido de emergencia, les comentó grosso modo la situación, pero sin omitir detalle. El plan era que David y Kaisa visitaran los lugares protegidos que eran parte de la ciudad buscando a Hilda, dejarían los lugares peligrosos para lo último.
-A las brujas mayores no les interesa buscarla, chicos, y yo no puedo acercarme mucho, tú, David, si puedes y Frida igual ya que, aunque es una bruja aprendiz, aun no alcanza el grado y no puede ser detectada como tal. Así que no corre peligro.-
-¿Es verdad eso? ¿Frida no corre ningún peligro?- Preguntó David visiblemente preocupado.
-No, David, ya investigué por mi cuenta y es imposible ya que, para ser una bruja, debo recibir una consagración que aun no se me ha dado, y según este libro me la darán en unos 15 años. ¿Tienes el listado, Kaisa?
-Si, Frida, pero, por favor, esta prohibido ir solos a las tabernas que marcan. No es para nada como en el puerto central, allí realmente hay gente muy mala, piratas de la peor calaña que pueden robarlos para venderlos como esclavos y…cosas peores.-
-¿Y Hilda puede que este allí?
-Yo espero que no, David.-
Frida se llevó una mano a la barbilla y se levantó de su asiento de concreto. Se tallaba la cara.
-Kaisa, creo que debemos revisar primero los lugares menos probables.
-¿A qué viene eso?
-Hilda esta en un punto muy bajo, me duele pensar que es capaz de suicidarse, así que, si aun está aquí, no creo que esté en una de las casas de Trollberg, debe estar lo mas lejos posible. La mayoría en el pueblo la conocen, si la vieran, habrían dicho algo de su estado o de ella.-
-¿Entonces?- Preguntó David.
-Comencemos primero con las casas más alejadas del centro, luego a las tabernas; si no la encontramos allí, vamos con las que están más cerca del centro. - Mencionó Frida, decidida.
-Lo siento. No voy a darles la indicación de un lugar donde los pueden matar.-
-Te entiendo, Kaisa, pero creo que tu preocupación adulta te esta cegando. Vamos a ir los tres, David y yo nos acercamos, si hay peligro yo puedo transportarnos de emergencia a unos 10 metros del lugar donde tu estarás y nos sacarás de allí de inmediato para ponernos a salvo.
-Y a ti, Frida, te falta malicia. Si hay una trampa que los aleje de mi vista y cierre tu magia, los pierdo. Así que definitivamente, no.-
-Usemos entonces algo no mágico que nos apoye.- Afirmó David.
-¿Perdón? – dijo Frida.
-Lleguemos a la puerta del lugar atados de la cintura a un lugar seguro, digamos un árbol. Si hay una trampa, igual nos puede jalar con magia, aunque caigamos a un hoyo o algo parecido. Aunque no estemos a su vista.
Kaisa y Frida, analizaron la idea.
Van Gale sacó un extraño artilugio de una cajita, encendió un cerillo y lo prendió, luego soltó un humo con aroma extraño.
-¿Qué es eso?- Preguntó Phinium.
-Mis 7 años de abstinencia, muriéndose, hada idiota. Se llama cigarro. A ver, déjame repaso -caló el cigarro con potencia encendiendo la punta en rojo- ; Johana es esa niña sonrosada con capucha que anda de aquí para allá, por X motivo tuvo una regresión y necesita pasar dos años como niña para recuperar su infancia y dejaron a su hija con el padre que la abandonó cuando nació, ¿Así fue?
-Así es. Por eso necesito ver como está.
-¿Y de verdad era necesario esos dos años?
-Si y no, podemos forzarla a regresar a su edad adulta, pero no es saludable para su memoria. Podría recibir daño y no recordar nada.-
-¿Y eso culpa de quién es?
Phinuim guardó silencio.
-¡De usted, hadas idiotas! ¡Jugar con la mente de sus seres queridos!- Victoria se puso de pie.
-Acompáñame, Phinium, es necesario ver como está la niña-
-Y es lo que te dije desde el inicio.
-Nada de "te lo dije" ustedes se quejan de que los menospreciamos, y si bien los humanos somos una raza que apesta, ustedes de verdad que se vuelan la barda.-
Ambos fueron hacía el fondo de la caverna casa, pasando por un pasillo donde no había mucha luz y se hacía cada vez más estrecho, se veían que era bastante profunda aquella extraña formación debajo de una gran montaña.
-Y dime, ¿De verdad confiaste en Anders?
-Es su padre.
Victoria torno los ojos.
-Y pensar que quería que me sedujeras. Olvídate de eso.
-Otra vez con tus estereotipos.
-Mas bien creo que te gustan más chicas…
-Eso también es una calumnia.
-¿Me vas a decir que no te robaste a Lydia?
-Eso no te incumbe.
-Sé más de lo que te imaginas, Phinuim.
Victoria Van Gale recorrió una cortina, frente a ellos estaba el visor en un enorme espacio donde el techo de la caverna alcanzaba, quizá, los 10 metros.
Era el cuarto día en la taberna. Ya habían llegado dos personas apenas abrieron, pareciera que estaban esperando hacía rato.
De inmediato pidieron cuatro platos de pescado frito y pagaron por adelantado un barril de cerveza, lo que indicaba que venían de unas semanas en altamar y deseaban pasar un buen rato olvidando todo.
Las cosas se tornaron raras cuando Hilda llevó el primer tarro.
-¡Hey! ¡Eluney!- Exclamó uno de ellos desde la mesa, el más viejo, gordo y con dos dientes de oro que acompañaban una barba mal rasurada. – ¿Esa cosa raquítica es tu nueva mesera? ¡Antes tenías mujeres de verdad!- Y se rio.
-Se fueron por como las tratabas, ¿no recuerdas? Si quieres te la sirvió yo, hijo de perra.-
El viejo pirata se carcajeo ahogándose. -Mira tú. ¡Oye, Niña! ¿Te sentarías en mis piernas? Te contaré un cuento.-
Hilda no respondió, se acercó con el otro tarro de cerveza (no alcanzaba a llevar dos de a litro sin que se le cayeran, así que los servía de a uno). Al dejarlo, aquel hombre se agachó y quedó frente a ella.
Apestaba a sudor ranció. Hilda se aclaró la garganta.
-Si se baña y huele a jabón, me sentaría y solo me sentaría sin que me ponga una mano, por un doblón de oro. Pero, así como esta, no. – Hilda señaló orgullosa el letrero que Eluney había colocado.
-¡Eluney! ¡Tu mascota se niega! ¡Me la vendes o que! ¡Acabo de saquear una aldea!
El hombre tallaba un tarro de a litro con una franela detrás de la barra.- ¿Leíste el contrato? La nena ya puso reglas. Ven bañado y jugarás al abuelo mañoso.-
Hilda le sonrió, dio media vuelta y procedió a marcharse. Sin embargo, aquel hombre la tomó del brazo de manera tosca. Hilda exclamó de dolor.
-¿Me vas a dejar así angelito?
Se escuchó un golpe seco. Aquel pirata levantó la vista y vio al tabernero que había clavado un cuchillo en la barra.
-Las reglas son claras. La niña dijo que no.-
-¿En serio lo vas a poner así, Eluney?
-Las reglas son claras.- Repitió.
El hombre tomó su tarro, bebió de él y luego se lo derramó a Hilda completo dejándola completamente bañada. Al final era un tarro de a litro.
-¡AAH!- Exclamó Hilda por el frío del líquido.
-Voy a volver, bien bañadito, y como ya dijiste, te vas a sentar en mis piernas, princesita. Si te niegas, te arranco la piel, y mira que sé hacerlo.-
Twig salió detrás de Hilda y le mordió la mano. El hombre ni respingó.
-¿Un ciervo-zorro? Eluney, tu bar ya es de ricos- Y procedió a carcajearse liberando por fin a Hilda.
-Derramar cerveza deliberadamente a mi mesera tiene el costo de un barril entero, ahora tendrá que cambiarse y yo voy a tener que atender. Si sigues con tus desmanes, yo mismo te sacó, Barlag, no juegues con mi paciencia.
-Yo mismo me voy, vuelvo en media hora oliendo a jazmín. No me pierdo de que este angelito me haga compañía.-
Hilda endureció la mirada.
-Sabe que, van a ser 3 doblones por sus groserías y por haberme bañado en cerveza.-
Aquel hombre su puso de pie, Hilda tuvo miedo, pero no lo demostró, el pirata metió su mano en su chaleco negro y el tabernero de inmediato tomó un arma que tenía escondida debajo de la barra. Sabía que tarde o temprano, tener a Hilda le llevaría a esa situación.
Sin embargo, aquel pirata sacó una talega de oro de donde retiró tres monedas.
-Sabes bien, Eluney, que 3 piezas de oro compran todas tus mesas y sillas y sobra. Las tiró al suelo. Sigo tus reglas. Regreso en media hora.-
Elunay talló aquel tarro que ya no tenia suciedad. Suspiró.
Si él paga y cumple las reglas de la niña. No tengo nada que hacer.
Entonces Hilda entendió que no tenía idea de como jugar ese juego en el que se había metido.
¡¿Qué diablos le hiciste a mi máquina?!, ¡¿Por qué no podemos encontrar a Hilda?!
-Esto es raro, generalmente es muy fácil encontrar a cualquiera después de las adecuaciones que hice quitando toda tu chatarra arcaica. -
-¡La hubieras dejado como estaba!, ¡Si bien no era fácil que nos vieran, era fácil encontrar a las personas!
-¡Deja de gritarme que no soy tu esposa! ¡Después de mis mejoras, hada idiota, era aún más fácil! Algo no está bien.
-Algo no está nada bien…
Disfruté hacer este capítulo.
Gracias por sus comentarios.
Lobo Hibiky
