Luego de aquel emotivo momento, ambas regresaron a sus aposentos y durmieron unidas la una con la otra. Sus cuerpos quedaron aferrados y abrazados, cobijándose, cuidándose, haciéndose una después de tanto.

Los estragos del último acontecimiento se habían sosegado parcialmente con los días venideros y con la nueva batuta de la castaña, quien por obvias razones, no había demorado tanto en acoplarse, el tema real corría por sus venas, su presencia y cuidado hacia Arendelle lo dieron a notar.

Aun así, Elsa pudo notar que, a pesar de todo, Anna intentaba aplacar lo anterior con cada noche, con cada amanecida en vela. Como si en eso se le fuera la vida, como si con eso, llegara a compensar por completo la ausencia que había tenido en aquel entonces.

Lo hacía a través de su amor, su ansiedad cansina, su protección y sus cuidados. Ciertamente le costaba, era algo que podía con ella y que no podía evitar.

Elsa, por supuesto, intentaba sopesar todo y cuanto podía, sabía de sobra que su hermana era terca, muy muy terca.

Aquello sin duda, se vio reflejado en los últimos días que estuvieron en el palacio para finalmente tomar vuelo ellas solas, fue una decisión, aunque dolorosa para todos los que las habían visto crecer y luchar en aquel lugar ahora lleno de sus recuerdos, para ellas fue la mejor decisión de sus vidas.

Decisión que mostraba su libertad, su futuro, eso que tanto habían anhelado y que se vio reflejada en una hermosa cabaña, un pequeño pero precioso lugar alzado a kilómetros de Arendelle al cual habían decidido partir luego de que se llevara a cabo la ceremonia de coronación de la castaña.

Esa última tarde, había llegado Eugene a tiempo con su particular estilo y ambas chicas fueron testigos de su celebración, una celebración que se vio adornada por el vitoreo del pueblo al finalmente conocer a su nueva reina.

Rapunzel.

Anna se hallaba ya sin corona a punto de caer dormida por las noches en vela que nuevamente había tenido por cuidar de su hermana incansablemente, mientras que Elsa, la tenía tenuemente agarrada de su mano luego de haberle presentado medio mundo a la castaña en aquella ceremonia.

- ¿Vamos a dormir sí? – pidió suavemente Elsa hablándole al oído – Lo necesitas.

- Puedo hacer esto – habló apenas intentando mantenerse en pie – La que necesita descansar eres tú – se giró para verla sacando nuevamente aquel lado queriendo cuidarla, su voz era adormilada al igual que sus párpados, se notaba – Por favor solo…

- No – La calló besando ligeramente su frente, viéndola con todo el amor del mundo, ganas no le faltaron de besarla, pero había gente y no quería levantar sospechas después de lo que les había costado. – Ahora vamos a dormir, necesitas descansar un poco.

- Elsa…

- Ven. – insistió jalándola suavemente y despidiéndose a mano alzada de los presentes.

Notó que Rapunzel quiso seguirles el paso para hablar, pero ahora los nuevos duques, duquesas y demás invitados la tenían ocupada. Era la nueva rutina que había copado desde aquel día luego del acontecimiento.

Al llegar a la habitación, Elsa se encargó de recostarla. Anna aun la miraba con los ojitos cansinos. En ellos estaba el anhelo, el amor y la necesidad inminente de aferrarse a ella, de protegerla a toda costa.

Elsa se había vuelto su prioridad, su más grande prioridad, a tal punto que quizá, se le podían olvidar ciertas cosas, como por ejemplo, que esa noche era su viaje o que necesitaba descansar un poco.

Pensar un poco más en ella.

- No tienes que hacer esto Elsa – pidió nuevamente –. De verdad no...

- Shh…– La shusheó suavemente besando sus labios al notar su cuerpo removerse con obvias intenciones. - ¿Descansa sí?

- ¿Te quedarás?

- No me iré a ningún lado – articuló notando sus ojos posados en ella, ojos que ahora la miraban como su única persona especial, sabía de sobra como se ponía al no tenerla, se volvía loca – Lo prometo.

- Bueno… – susurró con rendición abrazándose a su cuerpo, fue lo que necesitó escuchar – Sólo así podré conciliar el sueño.

- Lo sé Anna – dijo suavemente acariciando sus cabellos y la punta de su nariz, sus ojos pasaron a observarla al igual que Anna minutos antes. – Lo sé.

Ante esa inevitable pero conocida acción, los orbes de Anna no tardaron en cerrarse, sus tacones fueron removidos y Elsa se acomodó más a su lado. Pudo sentir el tacto de la menor rodearla con ahínco, con ganas, aferrándose por completo.

Buscándola solo a ella.

Cuando finalmente cayó dormida, Elsa la cobijó lo suficiente y se acurrucó con ella abrazándola como tantas veces, acunándola a su ahora cálido cuerpo. Cada ojera, cada lágrima, cada amanecida, cada acción, cada momento vivido y cada herida sanada, eran para ella, la mayor muestra de amor que ahora la llenaba más que a nadie.

Era su mejor recompensa.

La tarde se hizo noche y finalmente supo que había llegado el momento, vió a su hermana aun en el profundo sueño y decidió no molestarla, sabía que debía reponer las horas de sueño por las desveladas que había tenido ese día y los días anteriores.

Cuando salió se encontró con Rapunzel, al parecer la celebración había acabado e iba a tocar la puerta de la habitación para ir a verlas.

- Hola Elsa... – saludó la castaña regalándole una de sus tantas sonrisas, más luego se sintió un poco culpable – Lamento no haber estado tanto tiempo con ustedes, los invitados me atraparon allá y…

- Tranquila lo sé – dijo regalándole una sonrisa en respuesta – Así es la corona.

- Si… - nuevamente le dirigió la mirada - ¿Y Anna? – No pudo evitar preguntar

- Aún duerme – respondió volteando a ver de reojo a su hermana – Está cansada.

- Me puedo imaginar… - Sus ojos intentaron desviarse para verla, pero apenas logró vislumbrarla por la oscuridad de la habitación, sabía perfectamente de qué hablaba Elsa. - ¿Necesitas ayuda? – prosiguió con ofrecerse, su ser sabía que ese día era el que debían de irse para estrenar la cabaña que habían comprado hace ya días atrás, así que no podía hacer menos, no quería que Elsa lidiara con todo.

- No hace falta – gesticuló tranquilamente, la platinada pudo notar sus ganas de querer ayudarla. - Es liviano el equipaje no es necesario – recalcó con suavidad volviéndose a su labor para empezar a empacar

- ¿Segura? – preguntó una vez más.

- Si, de verdad. – La apaciguó un poco, en el tiempo que habían logrado convivir se dio cuenta que ella era así por naturaleza, no podía pedirle más, ya estaba haciendo demasiado.

- Bueno…

Luego de aquella respuesta, a la castaña no le quedó más que ver cómo poco a poco Elsa se alistaba, se dio cuenta que en efecto era leve el equipaje, pues en ellas solo había apenas unas mantas, botanas, pequeñas bolsas y una caña de pescar para poder alimentarse, aquello que se había previsto con anterioridad.

Al culminar, convocó a Nokk y acomodó todo lo mejor posible junto a su hermana, la cual cargó con cuidado entre sus brazos.

Se avecinaron al filo del fiordo y ya a puertas de salir, Elsa pudo notar que hacía viento. Ante tal clima, solo atinó a cubrir más a Anna, quien ahora se hallaba cobijada entre sus brazos manteniendo el sueño profundo.

Rapunzel, por su parte, las siguió en silencio. Ella estaba lista para ese día, lo estaba, pero algo en su pecho apareció, era algo diferente, era…

- ¿Cuídense mucho sí? – pidió ya sin poder ocultar lo que sentía, sus ojos estaban vidriosos de la emoción y la tristeza, se había acostumbrado muchísimo a ellas en esos últimos días.

Las iba a extrañar.

Aunque era tonto, aunque en el fondo supiera que volverían de visita, aunque en el fondo supiera que volverían para traer el resto de cosas que faltaban para la mudanza, aunque…

- Estaremos bien Rapunzel – dijo Elsa en nombre de las dos con una sonrisa acentuada – Estaremos bien… lo prometo.

- ¿Pero van a regresar cierto? – preguntó llena de aquellas lágrimas que salían ligeramente – Digo que tonta es solo que… - ¿Cómo les decía? Justo ahora no podía, estaba pecando de sentimental.

- También nosotras – completó Elsa con el mismo semblante, pudo leer entre líneas lo que la castaña quiso expresar –. Y eres bienvenida – articuló con cariño –. Tu al igual que todos.

Recalcó, pues no solamente era ella, sino también todas aquellas personas que habían sido partícipes de todas sus vivencias, de todo ese amor que, aunque fue duro de conseguir, finalmente estaba con ellas.

Olaf, quien las alcanzaría luego, y Gerda, quien a pesar de haber sido de la servidumbre ahora era como su familia, su madre, era la que las había llenado de pequeños aperitivos para su viaje como toda madre preocupada.

Y es que no podía… eran sus niñas… sus pequeñas niñas.

- Oh, Elsa…- Fue inevitable que se colgara de su cuello y besara su mejilla con la tiara ahora puesta.

Al separarse, vio de mejor manera a Anna, fue lo que terminó por acongojarla, la quería muchísimo. Y más, por la situación que ahora acarreaba, no había querido molestarla del todo por eso.

Su gesto se suavizó y ligeras lágrimas cayeron de nueva cuenta, ya tendrían tiempo para verse después. Aunque quiso decir mucho, en aquel instante, solo atinó a quedarse callada y observarla, admirándola, diciendo todo sin decir nada, no hacía falta tanto, muchas veces los ojos decían más que las palabras.

"Ay Anna".

- No ha dejado de cuidarme desde ese día. – Rompió ligeramente el silencio que las embargaba a ambas, al parecer no era la única que la miraba así, claro que… lo de la castaña era diferente –. Aún le cuesta… supongo que...

- Te ama – articuló viéndola con dulzura y verdadero afecto –. Yo he sido testigo de su ansiedad al querer cuidarte, amarte, protegerte, ha sido duro para ella. – Entendía su pesar, sabía que aquel tema aún estaba muy sensible en ella, en su ser, en su pecho, en sus recuerdos.

- Es cierto. – Fue algo que no pudo refutarle.

- Cuídala mucho y en cuanto puedas dale esto, ¿sí? – pidió entregándole un sobre cerrado.

- ¿Qué es? – preguntó con curiosidad.

- Una carta para despedirme, bueno no realmente ya sé que ustedes van a volver y todo eso – sintió divagar – Es solo que no tuve el tiempo ni de hablar con ella con todas las nuevas responsabilidades, sabes que la quiero mucho, las quiero mucho, además…

- Lo sé, tranquila. – La cortó suavemente entendiendo su posición y riendo ligeramente al oír aquella verborrea. Era otra manía que compartía con Anna. - Gracias por ayudarnos, por ayudarme sobre todo – recalcó con cariño, entendía perfectamente de qué hablaba.

Asimismo, pudo ver su ansiedad en sus ojos y en sus palabras, pero en Elsa ya no había celos, no después de todo lo que había acontecido.

En su corazón existía solo agradecimiento. Su amor había madurado tanto que tal vez… Anna si podía tener a alguien más además de ella.

- Para eso estamos – respondió la castaña cálidamente – Nunca olvides eso.

- No lo haré descuida. – Ahora más que nunca lo entendía. - Y no te preocupes le haré presente, ahora me toca a mí velar por ella – articuló finalmente volviendo a ver de reojo a la pelirroja.

- Ok, muchas gracias Elsa.

Luego de cruzar unas últimas miradas con la ahora reina y, sobre todo, de recalcarle lo agradecida que estaba, Elsa partió. Lo hizo con Nokk de guía, con todo aquel liviano equipaje y con Anna cobijada en su pecho, que ahora más que nunca lucía preocupada, sus gestos lo daban a notar.

¿Cómo podía culparla?

Cuando llegaron, Elsa dejó el equipaje y con Anna en sus brazos se enfocó en ver los detalles del que ahora era su nuevo hogar, aquella era una cabaña con sencillos acabados a la entrada del bosque, el paraje que lo rodeaba era pasto, uno muy verde, una entrada de piedras, un lugar vacío para el plantado de nuevas flores que también parecía rodearlo, y los árboles, los cuales eran unos grandes abetos, aquellos que eran característicos de su antiguo hogar.

"Es precioso".

Con cuidado de no despertarla del todo aun en sus brazos, la llevó dentro cargando una de las tantas mantas que había traído.

Cuando ingresaron, se dio cuenta que todo aquel precioso pero perfecto lugar aún se hallaba vacío. Si bien es cierto ya no tenían todos los lujos de antes en el palacio, apenas podía ver una chimenea para calentarse en aquella sala de estar vacía y muchos otros cuartos que aún faltaba explorar.

Sin embargo, luego de ver a su hermana de esa forma en sus brazos, le hizo darse cuenta, que no deseaba estar en ningún otro lugar por más vacío que se hallara, no, no lo deseaba. No mientras Anna estuviera con ella.

Ella era su hogar ahora.

- Mi Anna... – susurró apenas, sus manos enseguida la tendieron con cuidado al lado de la chimenea junto a las mantas para que cogiera calor. Cuando la prendió, escuchó unos murmullos.

Era Anna, había despertado.

- Mmm…- Pudo notarse en su voz que, aunque baja, parecía inquieta, la buscaba a Elsa. – Elsa…

- Anna despertaste – dijo la mayor volviéndola a ver, pudo notar sus orbes desorientados

- ¿Dónde estamos?

- En la cabaña, ya llegamos.

- ¡¿Era hoy?! – Anna se alarmó.

- Si Anna. – La mayor meneó la cabeza con una sonrisa ladeada y con los ojos llenos de afecto.

"Lo olvidó de nuevo".

- Dios si… - Finalmente lo recordó, el sueño había sido muy profundo – Els… lo siento es solo que con todo esto…

- No te preocupes – Era de esperarse – recuéstate, ¿sí? - pidió con ternura dándole un beso corto - iré a desempacar lo que queda.

- ¿Déjame ayudarte, sí? – preguntó levantando la mirada y con obvias intenciones de pararse – Hace frío y ya sé que tú no sientes del todo frío, pero déjame hacerlo, yo...

- Anna yo puedo – Le respondió suavemente para apaciguarla – Tu ya me has cuidado suficiente, ahora me toca solo voy a desempacar ¿Está bien?

- Pero…

- Ey. – En ese instante le levantó el rostro para observarla con calidez –. Estaré bien.

- Bueno – dijo rendida intentando convencerse nuevamente, era inevitable.

- Toma. – Finalmente le entregó la carta

- ¿Qué es?

- Me la dio Rapunzel, es para ti.

- Oh…

- Iré a desempacar. – gesticuló suavemente besando de nueva cuenta sus labios - vengo en un rato.

- Está bien.

Luego de que su hermana saliera, Anna finalmente pudo abrir la carta, al leerla, sus gestos se transformaron poco a poco, aquella decía lo siguiente:

"Por dónde empezar Anna, ya sé que no te puedo llamar "Mi Anna" porque si no Elsa me mata y no quiero una pelea en pleno palacio ¿Sabes? No no… ¿te imaginas?".

Eso le sacó una risa.

- Ay Punzi… "Ella siempre tan elocuente".

"Pero si puedo decirte "Anni" ¿cierto?, en fin, no me pude despedir de ti como es debido, ya sé que vas a regresar y todo, pero fue inevitable, los últimos días te vi tan abnegada con Elsa por lo de antes que no me atreví a molestarte, tampoco es que pudiera hacerlo con todas las responsabilidades que ahora tengo, que por cierto no lo habría logrado sin ustedes, son fantásticas".

Continuó.

"Probablemente te habría dado uno de mis tantos abrazos para calmarte, ya sabes que me gusta hacerlo, te habría dicho lo valiente que fuiste y que eres, no dejo de admirarte, sabía que podías hacerlo".

Prosiguió, aquello le dibujó una sonrisa junto a unas ligeras lágrimas, fue inevitable no recordar el momento en el que la calmó de ese modo en las mazmorras, había sido clave para el momento que ahora vivía con Elsa.

"¿Sabes que con Elsa también pude? Es decir, abrazarla, me di cuenta que no es tan afectiva, pero vamos, debo de ganármela de algún modo ¿cierto? Así no se pone tan celosa, aunque a este punto ya no creo que lo haga, he visto cómo ha cambiado todo, su amor, todo lo que se profesan".

- Es cierto. – acotó en monólogo haciendo una introspección a todo lo que había acontecido, tantas cosas habían cambiado, ellas… su amor, todo.

"De igual modo, quería hacerme ver en tu vida, aunque claramente ya lo estoy, quería que lo supieras, quería que supieras que siempre estaré para ustedes, para ti, para lo que necesiten, como prima, como familia, como… bueno tu sabes".

"Que linda".

"Fue bueno que Elsa me dejara participar de eso para darme a notar, porque claro, ya sé que solo ella está en tu cabeza, pero tranqui yo lo entiendo".

"¿Participar? ¿Participar de qué?" Aquello la llenó de curiosidad.

"Los últimos días antes de que se fueran Elsa estuvo toda ofuscada porque no podía conseguir comprar el terreno que bordeaba su cabaña, recuerdo que fue una de las tantas noches que te desvelaste cuidándola, creo que no te diste cuenta cuando lo fuiste a ver para comprarlo junto a ella, pero venga, fue un minúsculo pero interesante detalle".

"¿Qué?".

"Elsa no quiso despertarte y por lo pronto yo tampoco, estabas muy cansada por las desveladas que te dabas, y al punto que íbamos nos dimos cuenta que era mejor que tú lo supieras por tu cuenta".

"No entiendo".

"El dueño no la quería dar por supuestos intereses y Elsa a ese punto ya había perdido la paciencia, hubieras visto su cara jajajaja, de no ser porque obviamente yo aparecí hubiera congelado al pobre señor, tuve que detenerla para entrar yo a tratar con él, y como siempre, logre hacerlo, ahora ese pequeño pedacito es de ustedes, de Elsa, ella era la más emocionada".

Seguía sin comprender.

"En fin, creo que es todo, cuídense mucho, iré a verlas pronto, ya sabes que me tienes para lo que sea."

"Te quiere mucho. Punzi".

Al leer eso último, su mirada se llenó de afecto por sus palabras. Y a eso, le acompañó la curiosidad, su mente aun no entendía ¿De qué terreno hablaba? ¿Por qué ese lugar era tan especial? ¿Qué era lo que no había notado?

Dejándose llevar por la inminente curiosidad que ahora bordeaba su mente y con el pecho latiéndole a mil, empezó a buscar a Elsa con la intención de saber a qué se refería.

Desligándose de las mantas salió de la cabaña y ahí la vio. Se dio cuenta del porque aquel lugar era tan especial, del porque aquel pedacito había sido tan peleado por Elsa al ser ajeno, se dio cuenta de lo que hablaba Rapunzel.

Aquel lugar que lo bordeaba estaba siendo llenado por algo más que solo un recuerdo, por algo más que solo una memoria, por algo más que ella consideró perdido en su momento.

Eran sus lirios.

Aquellos lirios que en su momento le había regalado a su hermana para hacerse de su perdón la primera vez, aquellos lirios que ella iba a comprar sin falta cada día al pueblo dentro de sus tantos chequeos de rutina. Esos que reposaban en su velador anhelantes cada noche, esperanzados y que, curiosamente, eran los únicos testigos del amor que le profesaba entre sueños.

Aquellos lirios… que pensó estaban rotos, perdidos y tirados, pero no, ahí estaban.

Todos y cada uno de ellos.

En cuanto a Elsa, esta se hallaba plantándolos con amor, cariño y cuidado. Pudo ver una sonrisa en su rostro mientras lo hacía, aquella era una sonrisa anhelante, una sonrisa que representaba una victoria. Esta no iba a ser una simple cabaña, un simple hogar. Este iba a ser un hogar con los lirios, los lirios de su hermana, del amor de su vida.

- Elsa…- habló apenas sin poder contener las emociones que ahora florecían en su pecho, era una visión que no quería ver desaparecer jamás, su hermana, sus lirios, la cabaña…

Su corazón latió durísimo.

Cuando su hermana giró el rostro, la vio observándola embobada, mirándola sin perder detalle con algunas lágrimas. Por lo que, dejando su labor, se acercó a ella y la sacó de su trance agarrándola suavemente del mentón.

- ¿Qué tanto ves?

- A ti, los lirios… - Le costó articular palabra – no sabía que los tenías contigo... – gesticuló dejando que las lágrimas de la emoción siguieran escapando de su rostro – No sabía esto...no sabía, yo no…

- Siempre los tuve – dijo suavemente secando sus lágrimas y robándole un nuevo beso, pudo entender su sentir –. Quedarán bonitos con la cabaña, ¿no crees?

- Si…

Pero había algo más, Elsa pudo notarlo

- ¿Qué ocurre?

- Nada Els, no pasa nada. – Se defendió, pero era inevitable, ya se conocían de sobra.

- Sigues inquieta – habló agarrando tenuemente sus hombros y su rostro –. Puedo sentirlo.

- Un poco quizá… es inevitable yo...

- Anna ya no hay nada de qué preocuparse. – La cortó suavemente alzando su mentón y buscando su mirada – Se acabó.

- Lo sé. – Finalmente conectó con ella – Solo no quiero que te pase nada Elsa, esto no ha sido fácil para mí, es… es… complicado.

- Lo se cariño. – Al oír eso su corazón latió durísimo y la abrazó aferrándose a ella, pudo entenderla, aquello también había marcado a la menor de algún modo.

El no haber podido estar ahí para ella cuando todo "eso" pasó había sido determinante para su hermana, sobre todo, conociendo lo protectora que era. Sentía que no podía perdonárselo por más que las circunstancias no se hubiesen dado a su favor.

Anna al sentirla se abrazó también. Pudo sentir el tacto de su hermana bajar por su espalda y luego un susurro que le removió el corazón entero – Estaré bien siempre que estés conmigo – articuló suavemente – siempre que estemos juntas.

- Elsa…- Su contacto se afianzó y la abrazó con más fuerza, sintiéndola, aferrándose a ella con esa vehemencia, esas ansias, ese amor que ahora le profesaba, intentando convencerse, pero a veces era muy difícil.

Al separarse, Elsa volvió a mirarla, ahí supo lo que tenía que hacer

- Ven. – pidió suavemente jalándola consigo.

- ¿A dónde vamos?

- Tú solo sígueme - articuló guiándola de la mano para entrar a la cabaña.

Cuando finalmente ingresaron, Elsa se encargó de cerrar la puerta y se dio cuenta que hacía una noche hermosa, muy hermosa. Tan solo estaban las mantas recién hechas y la chimenea alumbrando aquel lugar.

- Te pediría que derritas tu vestido, pero no puedes – dijo la mayor con suavidad, ahí Anna sintió su cuerpo escarapelarse y su corazón bombearle el doble de fuerte, esa frase se la había dicho ella en aquel despacho cuando se tocaron después de tanto, cuando lograron amarse diciéndose todo a través de sus caricias, su amor, sus besos…

Supo para donde iba.

- Elsa...

- Ven aquí – Inmediatamente la llamó, Anna por su parte no dudó en acercarse a ella sin dejar de observarla. Sus orbes hicieron contacto una vez más al igual que sus tactos y Elsa habló suavemente acariciándole el rostro - Deja que yo me encargue esta vez, ¿sí?

Pidió, siempre era Anna quien tomaba la batuta, la que siempre le hacía el amor, la que le había hecho el amor aquella vez convenciéndola a su modo para eliminar sus temores, y ahora, era Elsa quien se vió en la necesidad de llenarla para aplacar los suyos, para que no se preocupara más, para que bajara aquella guardia que había dado sin chistar solo por ella, para que tan solo esa noche se dejara a amar… solo eso.

- ¿Segura? – preguntó apenas buscándola de nuevo, queriendo hacerse cargo como tantas otras veces – Porque si gustas podemos...

- Quiero hacerlo. – pidió con calidez poniendo la yema de sus dedos en sus labios para parar suavemente su verborrea – Necesito hacerlo.

- Está bien Els... - No pudo negarse, su cuerpo aún se mantenía escarapelado por su toque y por la mirada fija en sus orbes. Se sintió pequeña en ese instante – Está bien.

Ante esa afirmación, pudo notar como sus manos empezaron a desnudarla, como si vistiera o desvistiera una muñeca, una delicada y hermosa muñeca. Curiosamente, llevaba el mismo traje verdusco que la hacía ver como toda una reina, tan imponente y fuerte, pero que ahora, sentía desvanecerse.

Mientras Elsa la desnudaba, los ojos de Anna la recorrían con detalle. Su cuerpo se escarapeló aún más ante cada toque y roce propinado. Ni siquiera habían empezado y ella ya estaba tiritando, temblando, quemando por su tacto.

¿Así se había sentido Elsa ese día?

Tal vez… así se siente cuando te toca la persona que amas.

Tal vez…así se siente cuando te toca el amor de tu vida.

Cuando Elsa terminó de desnudarla, sin perder el semblante de amor en sus ojos le soltó el cabello admirando su belleza, sus pecas, su cuerpo aterciopelado que ahora era alumbrado por aquella chimenea, viendo lo hermosa que era.

Fueron segundos cortos y Elsa también logró derretir su vestido, quedando finalmente ambas desnudas. Ante eso, Anna solo atinó a admirarla, a verla con real amor y afecto en sus pupilas. Pudo entender entre líneas sus intenciones, pero no fue hasta que escuchó aquello de sus labios que entendió finalmente todo.

- Déjame amarte – gesticuló suavemente levantándole el rostro - Quiero que me sientas – prosiguió con el mismo tono – quiero convencerte de esto.

- Si, Elsa... – respondió la menor, al notar la familiaridad de las frases dichas en aquel entonces sintió flaquear al instante, y sus ojos, volvieron a perderse en los de ella mirándola con el mismo afecto que esta le profesaba.

Era algo muy inevitable.

Ante esa última corta pero sutil respuesta, Elsa empezó con sus atenciones y Anna sintió desfallecer en sus brazos. Sus bocas se encontraron y un baile suave de lenguas empezó a formarse, uno donde cada quien luchaba a su manera, explorándose, deleitándose, disfrutando del sabor de sus labios.

Al terminar, Elsa bajó hasta su cuello empezando a tocar esa parte tan sensible para ella. Fue algo que a la menor la hizo tiritar, sus manos cobraron vida y no hicieron más que aferrarse a su espalda, a su cuello, a su cuerpo.

Sus gemidos empezaron a salir luego de darle más cabida. Eran gemidos que salieron acompañados de su necesitado tacto, de su necesitado ser recorriendo toda su anatomía.

- Elsa… ahh…

En un determinado momento, mientras sus besos proseguían por su pecoso cuerpo, Anna se vio recostada en la manta ya extendida en la sala de estar junto a aquella chimenea, aquella que ahora las alumbraba. Elsa, por su parte, dejó caer su peso encima de ella para poder atenderla y proseguir con lo que estaba haciendo. Se dieron cuenta que, a ese punto, sus cuerpos tan solo se engranaban para poder atenderse, fundirse, tocarse, amarse.

Lo necesitaban.

- Elsa… - jadeó su nombre mientras se acomodaba para darle más espacio. Sus manos nuevamente lograron perderse en su cuerpo para apresarla, abrazarla, sentirla – Oh Elsa… - sus gemidos continuaron y Elsa ya estaba por sus pechos.

Su lengua había bajado hasta sus pezones para atenderlos con todo el amor, cariño y cuidado del mundo, repartiendo besos por donde alcanzaba, dejando su sabor en sus pecosas montañas, como si con ellos pudiera guiarla finalmente hacia ella, a su ser, su bienestar.

- Mi Anna… - susurró suavemente la mayor mientras continuaba. Sus labios pasaron a degustar todo el contorno restante entre salpicados besos, besos que marcaron sus caderas, ombligo, el arco de sus piernas y la entrada a su centro.

- Ahh-h… Elsa…. – sintió contraer las piernas cuando su lengua empezó a tocar su intimidad. – Elsa … - Gimió una vez más, le tocó morderse los labios mientras sus uñas se clavaban en sus níveos cabellos para que continuara.

Su cuerpo se arqueó y sintió jadear durísimo ante las atenciones que le propinaba su hermana, agitándose, perdiéndose, retorciéndose ante aquella lengua que la hacía desfallecer moviéndose en pequeños círculos.

Luego de atenderla largo y tendido, el lenguaje de su cuerpo le dijo más que suficiente para que la mayor se incorporara a su altura, todo eso para que pudiera verla, observarla y adorarla.

Sus ojos se perdieron al igual que sus caderas, las cuales se comenzaron a mover para propinar el choque de sus intimidades.

Al hacerlo, pudo ver que Anna tan solo la miraba con todo el amor del mundo mientras ella se movía, sobre todo, que sus manos la seguían recorriendo con necesidad, tocándola, sintiéndola, delineándola, perdiéndose en su cuerpo niveo.

Sin dejar de embestirla, con sus labios tocó cada peca y cada parte de su rostro. Y luego de besarla una vez más, de sus labios salieron unas fuertes pero significativas palabras con la intención de apaciguar su guardia, sus ganas de protegerla todo el tiempo, convencerla, y era fuerte, porque así latía su corazón ante cada sílaba.

- Te amo mi pequeña – dijo suavemente – Estoy aquí, ¿lo sientes?

"Mi pequeña".

Aquella fue una frase que resonó tanto en la cabeza de la pelirroja, que se aferró con más ganas ante sus embestidas con el corazón latiendole durísimo, aquello solo hizo que la abrazara más, que jadeara más.

- Si Elsa... – articuló respondiendo a su pregunta manteniendo el necesitado tacto de su cuerpo – Te amo tanto que…

- Lo sé – musitó viéndola con todo el amor del mundo sin dejar de embestirla - Pero ahora solo quiero que me dejes amarte…que me dejes convencerte que todo estará bien, de que yo estaré bien.

No pudo, había sido demasiado.

Ante esa última frase, ligeras lagrimas cayeron de su rostro y sus uñas se clavaron con más ahínco en su piel, pues las embestidas habían aumentado de ritmo, eran embestidas que a ese punto ya eran profundas. Sus sexos mojados junto a sus respiraciones entrecortadas y sus miradas llenas de amor entre jadeos lo dijeron todo, estaban por llegar.

- Ah-h… Elsa…- Apretó los ojos una vez más sin dejar de invocar su nombre – Elsaa…

- Anna Ahh –h… - sus gemidos aumentaron a la par de las embestidas, la rubia sentía que en cualquier momento flaquearía.

El choque de sus sexos aumentó y con ello el latir de sus corazones furiosos por la intensidad de las estocadas, intensidad que ahora las estaba haciendo perderse la una a la otra.

Luego de unos segundos de hallarse jadeantes, la espiral del orgasmo por sus columnas las invadió y les tocó besarse para ahogar su ansiada pero deseada liberación.

Con el pecho y corazón agitado se recostaron en aquella manta, Elsa cayó rendida buscando acompañarse y la menor de las hermanas volvió a aferrarse a su cuerpo imitando su acción, lo hizo buscando su tacto, abrazándola fuerte, era lo único que anhelaba sentir.

Luego de que ambas lograran acompasarse en silencio, Elsa giró el rostro y se dio cuenta de que Anna la observaba, tenía la mirada fija en su rostro y en cada una de sus facciones, viéndola con real adoración.

- ¿Qué ocurre? – cuestionó observándola de igual modo.

- Te amo – soltó la menor sin dejar de cobijarse en ella con todo el amor que ahora resguardaba en su pecho – Te amo tanto Elsa.

- Yo también pequeña – articuló con una sonrisa sintiéndose una por sus palabras y sin desaparecer sus gestos. Sus manos se perdieron acariciando ligeramente sus mechones ahora desordenados – Yo también.

- ¿Ahora soy tu pequeña? – No pudo evitar preguntarlo con ligera curiosidad, necesitaba escucharlo de nuevo.

- Mi Anna, mi pequeña, la que me protege sin chistar – gesticuló con amor recordando todo.

- Y lo haré siempre Elsa. – respondió uniéndose con su hermana en un beso, uno muy cálido y significativo – Siempre.

Ante esa última frase, no hicieron más que abrazarse aún más fuerte que antes, sintiéndose ambas, sintiendo sus cuerpos y sus tactos. Pudieron ver a través de sus ojos que ellas ahora eran su nuevo hogar, un hogar que, aunque ahora se hallaba vacío, las representaba a ellas. No tenían prisa.

No, no la tenían.

Aún debían de cuidarse, amarse, sanar lo que quedaba, tenerse ambas, porque ahora, por más loco que sonara, lo que había empezado como una ninfomanía ahora estaba terminando en un amor, en una historia llena de verdad.

Si, verdad.

Porque no existe un feliz por siempre, en la vida solo hay realidad, una realidad que por más fría y dura que parezca, nos toca a todos, y por cuestiones del destino, las tocó a ambas, las cambió, las ayudó a darse cuenta que fue necesario para que su amor creciera, para que su amor se fortaleciera y madurara.

De eso se dio cuenta Elsa, y aquello se vio reflejado en una última pregunta que salió de sus labios antes de dormir junto a su hermana, junto a su Anna, su pequeña, aquella mujer que lo había dejado todo solo por amarla, y que sabía, no dejaría jamás de protegerla, de cuidarla y de amarla a través de sus acciones.

- ¿Ya estás convencida? – pudo ver que Anna entendió perfectamente a qué se refería.

- Lo haré contigo a mi lado, ¿y tú?

- Yo ya lo hice.

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Gracias por haber leído. Tristemente, llegamos al final de esta historia. Pero hey, tranquilos, ¡que se vienen dos extras más!, más que todo unos spin off o cortos de parejas que se me ocurrieron posteriormente al final. Tienen linealidad en algún punto de la historia, así que estén atentos. Espero de todo corazón les guste. Un saludo, nos estamos leyendo. :)