Me he propuesto terminar el fic este año. Maratón de capítulos todos los días.

Gracias Janina, me alegro de que te haya gustado. Un abrazo enorme.

Capítulo 4. Síntomas del alma

Nunca fui conciente de que todo el dolor que tenemos en el corazón, la mente o el espíritu se puede materializar en enfermedades. Pero en mi caso así fue. Mi cuerpo empezó a fallar, me pedía calma y yo no escuchaba. Yo no quería pensar en lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, no quería pensar en lo que sentía, solo quería que mis ojos me llevaran a otros paisajes que calmaran mi ansiedad.

La muerte de Neil me llevó a viajar a Escocia, recorrí mil kilometros, empezaron los primeros síntomas: olvidar pequeños datos y dolor abdominal, pero no quise escuchar, en ese momento lo único que necesitaba eran mis botas de hiking y caminar sin parar por bosques, islas, montañas y colinas, y eso hice. Viajé y me perdí y seguí caminando hasta que mis pies empezaron a sangrar. Entonces paré, regresé a casa descansé un par de meses y volví, todavía tenía el alma desgarrada, todavía no podía procesar los últimos años de mi vida.

Volví a Escocia quería pasar desapercibida, así que escogí el pueblito más alejado y más solitario, me quedé allí, una nueva vida, ¿quizá?. Quería estar a mil kilometros de donde todo empezó. Escocia parecía la mejor opción, el mar rodeaba Reino Unido y eso me daba paz, estaba muy lejos, muy lejos de mi pasado.

Quería que nadie me reconociera, y así fue. Nadie supo quien era incluso yo me olvidé de mi propia existencia. Hasta que un fotógrafo que estaba de vacaciones en ese pueblo me hizo salir de mi burbuja. Anthony vivía en Dinamarca y había decidido pasar unos días en la casa familiar. Durante un par de días fue mi guía turístico, me enseñó paisajes a los que no hubiera podido acceder ya que yo no tenía coche. Anthony es de esas personas mágicas, capaces de captar con el objetivo de la camara la belleza de lo real, de la naturaleza en su máxima expresión en el detalle del misterio y de la pureza. Y así como es él, sin yo decirle nada, supo lo que me pasaba. Mi corazón estaba destruido. Y él decidió que para que yo volviera a ser yo misma, tenia que reconstruir mi corazón, así que cogió sus superpoderes y me arrebató el corazón, sentí un vacío en ese lugar en el que uno solía escuchar los latidos, un vacío existencial y de pronto me veía incapaz de amar, mi corazón estaba en reparación, Anthony se lo llevó para ponerlo a buen recaudo, para darle un baño alquímico y devolvermelo cuando estuviera lista.

Ahora era mi responsabilidad poner un hilo argumental a mi vida, a cuestionarme qué paso, a volver a los 19 años y reconstruirme como mujer, un proceso que tenía que hacer lo más rápido posible, tenía que recuperar el tiempo perdido y definirme como la mujer de 32 años que yo quería ser. No quería volver a casa, quería empezar desde cero en otro sitio. ¿Pero en dónde? Desde luego Escocia era mi lugar favorito pero ¿en dónde establecerme? No estaba segura de si aquel pueblito del oeste era el lugar definitivo, ¿y si había otro lugar mejor? La única forma de saber si Oban sería mi hogar, era recorrer Escocia de norte a sur, de este a oeste. Y así fue como decidí visitar mis raices, tenía que ir a Aberdeen y coger el tren a Insch. Y eso hice, lo que nunca pensé es que en ese viaje conocería a Terruce.

Terruce Grandchester y sus canciones, sus chats infinitos, y todo su conocimiento ancestral, que no quise escuchar con atención pero que ahora sigo al pie de la letra, como el grounding que te ayuda a desinflamar los músculos, y que mejora la circulación, o como el fasting: no comer después de las 18:00, o como el vaso de agua con un poco de vinagre de manzana al despertar, o como caminar durante el amanecer o el atardecer. Así como Anthony sabía que mi corazón necesitaba reparación, Terruce sabía que mi cuerpo necesitaba salir de la fase de estrés en el que me encontraba. Pero en ese momento mi mente iba a mil por hora.

Recorrí Aberdeen, Stonehaven, Insch y volví a Oban pasando por Perth, la isla de Skye, y yo seguí pensando que me gustaba más Oban, así que decidí quedarme por una temporada. El dolor abdominal seguido de un dolor intenso en el hombro derecho empezó, pero yo no quise escuchar. La mejor forma de conocer si aquel pueblo era para mi, era infiltrándome en su población, me encantaban los paisajes, la comida, el aire que se respiraba y las diferentes estaciones del año en un mismo día. Pero si tenía que traer a Stear aquí entonces más me valía ver cómo era su gente. Así que la mejor opción era trabajar en un hotel, además mi plan era escribir una novela basada en aquel pueblo, porque aunque no lo creáis es un pueblo encantador con tantas anecdotas que es imposible resumir lo genial que es.

Pero Oban no era para mi, mi cuerpo no resistía lo salvaje de la naturaleza, necesitaba descansar, empecé a perder la memoria y tenía que volver a lo que me resultaba conocido, tenía que volver a casa. No me imaginaba con 50 años haciendo hiking en un terreno tan bello pero a la vez tan hostil. Romperme algún hueso no estaba en mis planes, además el dolor abdominal no me dejaba dormir, y empecé a vomitar. Postulé a un programa de doctorado, me admitieron, regresé a casa y fue mi excusa para empezar a afrontar el pasado. Poner en orden mis ideas, mis prioridades, mis necesidades y mi vida. De pronto salieron todas las fuerzas que tenía dentro y me armé de valor, era hora darle un hogar a Stear, mi pequeño con gafitas, era hora de afrontar que somos una familia monoparental. Neil se ha ido, nuestro pasado ya no duele tanto y lo que queda por resolver se resolverá con el tiempo. No me equivoqué. Pero el proceso me llevó varios ingresos en el hospital. Las heridas del alma se reflejaron en mi cuerpo que ya no resistía más.