Abraza la manada
20
Separados
Primera parte
Al salir de la estación, Víctor no tardó en reunirse con Benjamin, el cambiante que debía vigilar a Albert desde semanas atrás por órdenes de Anthony.
—¡Cuánto tiempo, amigo! —lo saludo Víctor con afecto.
—No tanto, sigues vivo —bromeó el cambiante y le indicó el camino que debían tomar para llegar a la librería donde Benjamin y su compañera vivían.
En el camino, Víctor lo puso al tanto de lo que ocurría en la casa principal y la misma indignación que había en el bosque por las mentiras de Rodrick embargó a Benjamin.
—¡Tonterías! —exclamaba cada tanto para dar respuesta al relato de Víctor.
—Lo sé, pero hay que averiguar con qué propósito ha dicho semejante mentira y por qué ahora. Tengo una idea, pero necesito hablar primero con Albert antes de decirle cualquier cosa a Anthony.
La noche había caído cuando llegaron a la librería y lo mejor era descansar y buscar a Albert por la mañana. Así que Víctor fue bien recibido en el lugar donde se le ofreció una buena comida y se le preparó un sofá como cama en la planta baja de la librería, pues la casa era pequeña, donde sólo vivían Benjamin y su compañera Sara.
—William sale de su casa a las siete de la mañana. Josh lo vigila por las noches —explicó Benjamin refiriéndose a otro joven cambiante de la manada que estudiaba en la Universidad de Chicago.
Las luces de la librería se apagaron y Víctor se durmió en cuanto puso la cabeza en la almohada, pero su descanso no duró mucho, pues cuarenta minutos después se oyó un cristal romperse. Era la ventana de la librería.
Víctor se levantó deprisa y se ocultó en una esquina del lugar para observar sin ser visto. Quien fuera que intentara entrar no buscaba ser discreto. Víctor olfateó. El intruso era un cambiante.
—Víctor… —lo vinculó Benjamin.
—No bajes todavía.
El intruso entró por la ventana rota y también olfateó, reconoció la presencia de Víctor, pero no dijo nada. Atravesó el pasillo y se detuvo en medio del lugar.
—¿Jugaremos a las escondidas o vas a defenderte? —La voz del intruso era la de un hombre maduro y altanero.
Víctor no estaba de humor, así que salió de su esquina y encaró al cambiante. No se equivocaba, era más o menos de su edad. Era alto y robusto, fuerte.
—Aquí me tienes —dijo con tranquilidad—. ¿Me dirás antes qué te trae por aquí?
El intruso sonrió con desdén.
—Mi líder quiere acabar lo que empezó hace años contigo y yo también —contestó el cambiante.
Víctor frunció el ceño, estaba realmente confundido, pero no tuvo tiempo de preguntar porque el cambiante se transformó al decir estas palabras y lo atacó, apenas dándole tiempo de adoptar su forma lobuna y defenderse.
La pelea fue difícil al principio porque el intruso se movía con más agilidad y rapidez que Víctor y a éste le costaba moverse en el espacio tan reducido, pero en cuanto dominó su entorno pudo prever los ataques del otro y someterlo.
Necesitaba respuestas, así que no podía matarlo. Su pata cortaba la respiración del intruso y este se retorció, intentando zafarse, pero no podía, así que dejó de luchar y Víctor dejó de hacer presión en su cuello. Estaba a punto de retroceder cuando un segundo intruso entró a la librería terminando de romper la puerta y ventana. Iba a atacarlo por la espalda, pero el lobo de Benjamin lo interceptó y la pelea se reanudó, sólo que no terminó en una victoria, pues los intrusos lograron escapar, dejando a Víctor y Benjamin con más preguntas que respuestas.
—¿Estás bien? —preguntaron al mismo tiempo una vez que volvieron a su forma humana.
Sara, la compañera de Benjamin bajó con rostro preocupado, pues ella era humana y no podía pelear. Revisó las heridas de ambos y les dio ropa.
—¿Quiénes eran? —preguntó Sara.
—No estoy seguro —contestó Víctor—. Al parecer alguien de mi pasado los envió.
—Saben que estás aquí —afirmó Benjamin.
Víctor asintió.
—Nos han vigilado bien —concluyó con molestia.
C & A
En la casa de la manada, Candy y Gabriel intentaban mantener alta la moral de los cambiantes. Los adultos los ayudaban y se mantenían calmados por el bien de los cachorros, pero la ausencia de Anthony y Víctor, aunado al estado en que se encontraba Aaron causaban inquietud entre todos.
—¿Crees que es buena idea que vayas justo ahora al Hogar de Pony? —preguntó Gabriel cuando Candy le habló de sus planes.
—No, pero si no voy, se preocuparán allá y es lo que menos necesitamos —contestó Candy—. Prometo que no tardaré, sólo les diré que… que hay mucho trabajo aquí y que no podré visitarlos en varios días, sólo hasta que Anthony vuelva.
—Bien, pero no irás sola —dijo Gabriel.
—Claro —asintió Candy y aceptó la guardia que le fue puesta—. Iré de una vez y volveré a revisar esto —dijo señalando el escritorio de Anthony lleno de libretas viejas.
—¿Qué haces?
—Busco respuestas en los diarios de la madre de Anthony. Entiendo que suelen escribir todo lo importante con respecto a la manada así que, si el jefe Rodrick era importante para ella, debió escribir de él en alguna parte.
Gabriel asintió pensativo y tomó una de las libretas para echar un vistazo.
—Avísame si necesitas ayuda —dijo antes de salir del despacho del jefe.
C & A
A la mañana siguiente del ataque a la librería, Víctor y Benjamin fueron de inmediato al edificio de las oficinas Andley. La compañera del segundo se encargaría de explicar a la policía lo que había pasado en el lugar y, con suerte, no llamarían la atención de nadie pues alegarían un intento de robo.
—Necesito hablar con el señor Andley —dijo Víctor en la recepción del Corporativo Andley después de un vago saludo de cortesía a la recepcionista.
La mujer le hizo varias preguntas, pero no le permitió la entrada hasta el último piso porque el señor Andley no estaba en el edificio.
—¿Cómo dice? —preguntó Víctor realmente confundido pues él estaba seguro de que Albert estaba ahí.
—El señor Andley no se encuentra aquí —repitió la recepcionista—, pero si quiere puedo agendarle una cita para la próxima semana.
—No servirá de nada —murmuró Víctor para sí—. Pero… ¿sí dijo que su primo necesita verlo?, ¿les dijo que es urgente? —preguntó con impaciencia señalando el teléfono interno de la empresa que servía para comunicarse con todos los departamentos.
—Lo hice y su asistente me ha dicho que el señor salió y…
Víctor no esperó más explicaciones porque en ese momento vio entrar a George. Se aproximó a él y, saltándose toda cortesía preguntó:
—George, ¿dónde está Albert? —preguntó al tomarlo por los hombros.
—¡Víctor! —exclamó George con más confusión que sorpresa.
—¡Albert!, ¿dónde está?
George miró a Víctor y, al notar la seriedad de sus palabras respondió con rapidez.
—Él no está aquí. Hace días que actúa de manera extraña. Está nervioso y frenético… nunca lo había visto así.
—¿Sabes dónde está ahora?
George asintió.
Víctor salió deprisa del edificio, buscó con la mirada y encontró a Benjamin, recargado en un poste de la acera de enfrente.
—Albert debió descubrirlos y burló tu vigilancia —dijo en cuanto se reunió con el cambiante.
—¡Imposible! —exclamó Benjamin.
—Es posible, Rose lo crio —afirmó Víctor sintiéndose orgulloso de su primo, pero no había tiempo de ponerse nostálgicos—. Sé dónde está, vamos.
Caminaron por la ciudad con prisa durante varios minutos.
—Ve a la mansión Andley —ordenó Víctor—, con suerte, Albert volverá ahí y no desaparecerá otra vez.
—Tenemos a uno siguiéndonos la cola —dijo Benjamin.
—Lo perderemos allá —señaló un nuevo centro comercial que siempre estaba lleno de gente debido a su novedad—. Debo seguir solo, pero si me sigue a mí, me desharé de él.
Víctor y Benjamín entraron al edificio, se colaron entre la gente y aprovecharon un concurrido pasillo para separarse y confundir al cambiante que los seguía, sólo que no sabían si era uno de los atacantes de la noche anterior o uno nuevo.
Una vez seguro de que había perdido a su seguidor, Víctor echó a correr hacia donde sabía que se encontraba Albert. Miró el pequeño edificio de departamentos y el entorno. Era una zona de clase media, con poco movimiento a esa hora del día, pero Víctor percibió, por el olor, la presencia de varios niños, animales domésticos, al trabajador de una fábrica de comestibles y tres departamentos en los que sí sabían cocinar.
George le dio la dirección exacta, así que subió las escaleras del edificio sin necesidad de rastrear a su primo. Lo único que alertó de su presencia a los vecinos fue el escándalo que hicieron los perros al olerlo, pero Víctor los ignoró y, una vez frente a la puerta de Albert, llamó un par de veces. No hubo respuesta. Víctor pegó el oído a la puerta. Albert estaba dentro.
—Albert, soy Víctor —dijo en voz lo suficientemente alta para que su primo lo escuchara, pero no tanto como para llamar la atención de los vecinos—. Tenemos que hablar.
Víctor retrocedió un paso cuando escuchó que Albert se acercaba a la puerta y la abría. Esperaba ver a su primo en peor estado al saberse vigilado por cambiantes, pero no era así. Albert estaba tranquilo, relajado.
—¿Cómo me encontraste? —Fue lo primero que preguntó Albert en cuanto dejó entrar a su primo.
—George me lo dijo.
—¿Por qué me están siguiendo? —preguntó cerrando la puerta. Su tono era de evidente molestia.
—Es complicado.
—¿Qué quieren de mí?
—Protegerte —contestó Víctor—. ¿Puedo? —preguntó señalando una botella de whiskey que descansaba sobre la mesa del modesto comedor. Estaban en el departamento que Candy y Albert habían compartido años atrás.
Albert asintió y Víctor bebió un largo trago de alcohol.
—¿Protegerme de qué? —preguntó Albert cuando Víctor terminó su trago.
—Antes de responderte, tengo que saber si guardarás la calma y escucharás todo lo que tengo que decir y que no nos enfrascaremos en las discusiones sin sentido de siempre.
Albert torció el gesto y se cruzó de brazos. No quería saber en qué estaba metido Víctor y su manada, pero le inquietaba saberse perseguido, así que, para obtener respuestas, debía escuchar. Asintió con la cabeza y se sentó en el comedor, invitando a Víctor a hacer lo mismo.
—Hace unas semanas te cruzaste con cambiantes —empezó a explicar Víctor, pero no sabía cómo lograría calmar a Albert si tenía que omitir una enorme verdad.
—El guardia de los Bennett —contestó Albert encogiéndose de hombros—, pero no es novedad.
—No, claro que no, pero… Albert, ¿conoces a Rodrick Bennett?
La cara de Albert se ensombreció y recordó la única vez que había visto a dicho cambiante.
—¿Por qué?
—¿Eso es un sí?
Albert asintió levemente.
—¿Fue en el funeral de Rose?
—¿Cómo lo sabes?
—Me enteré hace poco —contestó—. ¿Es por lo que él dijo que cortaste toda relación con nosotros?
Albert se levantó de su asiento con evidente incomodidad. Le dio la espalda a Víctor y se pasó una mano por el rubio cabello.
—Dijiste que no nos enfrascaríamos en las mismas conversaciones de siempre y tú eres el que toca primero el tema.
—Lo que pasó tiene que ver con lo que ocurre ahora y necesito tu ayuda.
—¿Mi ayuda? —Albert volteó a verlo.
—Dime, por favor, qué te dijo Rodrick aquella vez.
—¿Para qué?
—Albert, no tengo tiempo para esto. —Víctor también se levantó—. Mi manada corre peligro y para evitar una pelea necesito saber qué pasó en el funeral.
El joven patriarca miró a su alrededor, evocando recuerdos felices de ese lugar, cuando no sabía quién era ni que los cambiantes existían.
—Vino a presentar sus respetos por mi hermana —dijo sentándose de nuevo. Se sirvió un vaso de whisky, jugó con él entre sus dedos—. Habló de la sucesión de la manada y de cómo no tenía un líder.
—Anthony era el legítimo heredero.
—Eso le dije, pero…
—¿Pero?
Albert bebió de un trago el whisky y dejó salir de su boca aquel amargo recuerdo en que Rodrick dijo que la muerte de su hermana había sido culpa de su propia manada por haberla abandonado en la pelea y dejando sus puestos de batalla porque no la querían como su líder. Intentó guardar la calma, pero no pudo evitar reprocharle a Víctor el que en sus últimos días de vida de Rosemary ni él ni su compañera la visitaran.
—La abandonaron —dijo con los ojos llenos de lágrimas.
Víctor tragó saliva. Ahora entendía parte de lo que había pasado y negó con la cabeza antes de empezar a hablar.
—Eso no fue lo que pasó, Albert, te lo puedo jurar.
—¿Me dirás que no es cierto que abandonaste a mi hermana a su suerte, con sus heridas durante tanto tiempo?
—¿Qué sabes de sus heridas? —preguntó Víctor conteniendo las ganas de defenderse en ese momento.
Albert apretó los puños y después cruzó los brazos a la altura del pecho, como si buscara defenderse de los recuerdos.
—Eran demasiado graves y no le permitían volver a transformarse. Ella… ella dijo que luchó contra dos cambiantes al mismo tiempo, que uno de ellos era demasiado fuerte y fue el que más la hirió. Dijo que el otro huyó en un momento de la pelea antes de que pudiera hacerle algún daño o marcarlo para reconocerlo después por las cicatrices.
Víctor guardó silencio. Eso era lo que había pasado, lo recordaba bien porque él persiguió al que huía, pero… pero se distrajo cuando su compañera descubrió el incendio.
—¿Víctor?, ¿qué tiene que ver lo que pasó con Rose con lo que les sucede ahora y por qué me están siguiendo a mí cinco de tus cambiantes?
Parecía no oírlo, pues estaba absorto en sus pensamientos y cavilaciones, pero…
—¿Cinco? —frunció el ceño—. No, sólo hay dos cambiantes cuidándote y es uno por turno.
—Víctor, desde hace días me siguen tres cambiantes a donde quiera que voy —contestó Albert—, dos hombres y una mujer que casi siempre van juntos; después está el solitario que hace relevo con otro por la noche.
Albert describió las facciones de cada uno, así como sus turnos de vigía y estrategias para seguirlo.
—¿Cómo los descubriste? —cuestionó Víctor—, ¿cómo si mis cambiantes no los han detectado?
—Rose decía que ustedes se fían mucho del olfato, pero que en lugares concurridos a veces falla y es necesario usar los demás sentidos para asegurar el entorno —contestó Albert y no supo porqué pero, por primera vez en años, se sintió cómodo hablando de las cualidades de los cambiantes.
Víctor sonrió, ese era un consejo sabio por parte de su prima.
—Aparte de que se ven más fuertes que un humano promedio —lo señaló—, sus movimientos los delatan, son más rápidos y ágiles; sus miradas nunca están quietas porque siempre están atentos a cualquier sonido del exterior y…
—¿Has visto a algún otro cambiante desde la fiesta en la que te encontraste con Richard Bennett? — preguntó Víctor pensando en Odette y en cómo pudo ser descubierta por Albert.
—No, a nadie —contestó con seguridad—, ¿debería?
—No, para nada… Albert, ¿Rodrick no dijo nada más aquella vez? —volvió al tema y Albert asintió.
—Dijo que ustedes habían traicionado a Rose —repitió—, y que Anthony corría peligro con ustedes porque no respetarían su lugar como líder y que él terminaría muerto igual que mi hermana.
Víctor se levantó con violencia de su lugar. El maldito de Rodrick, con esas pocas palabras había puesto a su propio primo en su contra. Se había aprovechado de su vulnerabilidad, de su dolor y juventud para envenenarle el corazón.
—¿Qué más dijo para que le creyeras?
—No necesitó decirme nada porque era cierto que ustedes habían abandonado a mi hermana. No te volvimos a ver en la casa, Víctor, ni a ti ni a Amelia ni a nadie. Mi hermana murió sola, llamándolos, pidiendo su ayuda. ¿Sabes que en las últimas horas no paraba de llamarte?, ¿sabes que no paraba de llorar por la seguridad de Anthony?, ¿sabes que le dijo a Vincent que se alejara de ustedes?
La voz de Albert subía y bajaba, presa de las emociones que por años había intentado ahogar y que ahora le quitaban la voz.
—¿POR QUÉ LA DEJARON? —gritó Albert con los ojos llenos de lágrimas.
Víctor se acercó a él y lo tomó por los hombros para sostenerlo de no caerse.
—Fueron sus órdenes —contestó Víctor por lo bajo y Albert lo miró lleno de confusión—. Los problemas en la manada no terminaron con la pelea. Hubo muchos heridos, desaparecidos y muertos. Una gran parte del bosque quedó destruida no sólo por la pelea, sino por un incendio que… —la voz de Víctor se quebró y, por primera vez en años, diría las palabras que odiaba y tanto daño le causaban— mató a Amelia.
Fue el turno de Albert de sostener a su primo, cuyos ojos se llenaron también de lágrimas.
—Rose nunca lo supo, la quería demasiado y estaba bastante débil como para hacerla sufrir más… por eso Amelia no volvió a la mansión de Lakewood.
—Víctor…
—Rose me ordenó poner en orden todo lo que pudiera. Al principio, cuando creyó que podía recuperarse me daba las órdenes y yo sólo me encargaba de acatarlas, pero cuando entendió que no sobreviviría me nombró el líder y me ordenó no volver a la mansión.
Volvieron a sentarse.
—Te juro que no la traicionamos —dijo Víctor con seriedad—. Lo que Rodrick te dijo fue mentira, nosotros nunca le habríamos hecho daño, ni a ella ni a Anthony.
¡Anthony!
El rostro de Víctor se contrajo y recordó cuál era su misión. Evitar que Anthony cayera en una trampa.
—Albert, ese miserable te dijo algo más sobre Rose, necesito que hagas memoria.
El joven patriarca lo miró contrariado, ¿por qué insistía tanto en ese encuentro?
—No… sólo dijo que alejara a Anthony de ustedes y se fue. Víctor, ¡dime ya qué está pasando!
Víctor dudó, pero después del arranque de honestidad de Albert, la verdad era lo mínimo que su primo merecía de él.
—Hace unos días llegaron a la manada los hijos de Rodrick… —Albert merecía la verdad, pero no podía tenerla toda, no sin traicionar a Anthony—. Dicen que su padre y Rose… tenían una amistad que nadie conocía, sólo tú…
—¡No es cierto! —se apresuró a decir Albert—, Rose nunca habló de él.
—Lo sé, lo sé… ahora lo sé. Es una trampa para sacar al líder de la manada.
Víctor se frotó las sienes. La falta de sueño le estaba pasando factura y sus pensamientos y suposiciones sobre lo que ocurría ayudaban al dolor de cabeza que ya sentía.
—¿Para sacarte de la manada? —preguntó Albert confundido.
—No… a…
Se levantó de golpe.
—Albert, corres peligro, aun no entiendo cómo, pero sé que es por los negocios que piensas hacer en el sur y mi deber es protegerte así que…
—¿Cómo sabes de mis proyectos?
—Eso no importa ahora. —Lo tomó de los hombros cuando Albert también se levantó—. Me desharé de los cambiantes que te han seguido, pero necesito que confíes en los que pondré para que te vigilen. No te pido que volvamos a ser aliados ni nada parecido, solo necesito que, por una vez en la vida, confíes en mí y no escapes de ellos. Por favor, hazlo por Rose.
Albert lo miró con detenimiento. Había algo más y lo sabía, pero Víctor no se lo diría, no en ese momento.
—Por Rose —asintió—, pero sólo hasta que resuelvas lo que sea que esté pasando. Después me explicarás todo, sin ocultar lo que ahora no me dices.
—De acuerdo —Víctor le tendió la mano y Albert se la estrechó—. Ahora, vámonos de aquí. Te acompañaré a la mansión Andley y ahí conocerás a tu guardia.
C & A
Después de dejar a Albert en su casa y presentarlo con Benjamin y Josh, que estaba apenado por perder su objetivo, Víctor volvió a la destruida librería en compañía del cambiante de más edad. Llamó a Harmony para reportarse y saber noticias de Anthony, pero este todavía no se comunicaba.
—Avisa a Gabriel que me quedaré un día más en Chicago para encargarme de los cambiantes que siguen a William y volveré —ordenó al otro lado del teléfono y colgó.
—¿Qué averiguaste con el hermano de Rose? —preguntó Benjamin cuando estuvieron solos en su casa.
—Creo que mucho, pero todavía no logro entender todo.
—Habla y lo entenderemos.
Víctor respiró profundo y puso en orden sus ideas para poder hablar.
—Rose nunca habló con Albert sobre su relación con Rodrick o sea que, es mentira, como todos sabíamos o, en el peor de los casos, también lo ocultó de él.
«Que Albert se haya alejado de nosotros es culpa del mismo Rodrick. No sé cómo se enteró de que teníamos órdenes de alejarnos de Rose y usó eso para poner a Albert en nuestra contra diciéndole que la habíamos abandonado y que él y Anthony corrían peligro por nuestra culpa. Ahora, si Rodrick estaba tan bien enterado de lo que ocurría en nuestra manada en ese entonces, eso quiere decir que…
—Él estuvo involucrado en el ataque —afirmó Benjamin.
—También lo pensé, pero… hay algo que no me convence. Recuerdas cómo eran esos ataques, empezaron de manera esporádica, eran lobos solitarios… no eran una manada y si Rodrick quería atacarnos, contaba con una manada completa, entrenada y obediente que pudo hacerlo.
«A eso súmale la visita de anoche. El cambiante dijo que su líder quería terminar lo que empezó hace años conmigo y que él también. Primero no comprendí lo que dijo, pero en cuanto se transformó y luché con él reconocí una cicatriz en su pecho, del lado izquierdo…
—Tu marca particular de combate.
—¡Exacto! —Víctor tronó los dedos—. Cuando mi tío Clinton nos enseñó a pelear a Rose y a mí, dijo que los mejores guerreros siempre dejaban una marca particular en sus oponentes. Llámalo cuestión de orgullo o estrategia para reconocer después a un oponente, pero en este caso funcionó. Yo peleé con ese cambiante antes y te puedo asegurar que fue en el ataque de hace años.
—Entonces… puede que Rodrick no esté involucrado en ese ataque, pero sabe quién fue y ahora, ese mismo personaje ha vuelto por venganza contra nosotros…
—Eso pienso… lograron sacar a Anthony de nuestro territorio con engaños, a mí para buscar la verdad con Albert porque sabían que no nos quedaríamos de brazos cruzados para…
—¡Atacar la manada! —exclamó Benjamin.
—¡Demonios! —gritó también Víctor— debo alertarlos —dijo parándose de un salto y buscando el teléfono de la librería para llamar nuevamente a Harmony.
