Abraza la manada

22

Sitiados

Segunda parte

Los árboles del bosque estaban perdiendo su follaje debido a la temporada. La nieve que recientemente había caído apenas cubría el suelo y se combinaba con la tierra. Los animales que vivían en el bosque habían huido, así que todo estaba en silencio. El cielo estaba despejado, pero la luz que se colaba entre las copas de los árboles no iluminaba como siempre lo hacía, era como si el mismo bosque estuviera triste por la situación que atravesaban.

Candy apretó las riendas de Canela al observar el triste estado del bosque. Había zonas destruidas, senderos borrados y uno que otro animal muerto. Su estómago se revolvió, ¿qué sentiría Anthony cuando viera su bosque destruido? "Nosotros sabemos cuándo y qué árboles talar. Cuidamos la zona que talamos y reponemos lo que quitamos del suelo". Esas habían sido las palabras de Anthony meses atrás, cuando le enseñó su hogar y ahora, ahora todo estaba dañado.

—Están cerca —dijo Víctor deteniendo el paso de todos.

Candy miró a su alrededor y sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral que la obligó a enderezarse más en su montura. Apretó las piernas e instó a su caballo a continuar el camino hasta el punto de encuentro, metros adelante.

Las suposiciones de todos eran correctas. Aquiles, el cambiante que se había vuelto loco y había atacado a Gabriel y Aaron en su huida, encabezaba un grupo de cambiantes, algunos estaban en su forma humana y otros olfateaban el aire en su figura lobuna. Hablaba con uno de sus seguidores cuando Candy y su séquito se detuvieron frente a él. Dejó de hablar y sonrió ampliamente al verlos.

—Señorita Candy —exclamó mirándola fijamente—, es un placer volver a verla. —Hizo una seña a uno de sus cambiantes y, de inmediato, dos más aparecieron arrastrando a Bill, el cambiante de Elizabeth. Ella gruñó en cuanto lo vio herido.

—¿Qué le han hecho? —preguntó Candy y se sorprendió de que su voz sonara tan fuerte y clara.

—Sólo nos conocíamos —bromeó Aquiles—. Entró en nuestro territorio y, como no sabíamos quién era…

—¡Este no es su territorio! —exclamó Víctor evitando dar un paso al frente y atacar de una buena vez al invasor.

—¡Oh, pero lo será! —contestó Aquiles y su sonrisa de siempre se asomó en su rostro. Era la sonrisa de autosuficiencia y seguridad que tan chocante había sido para Anthony—. Sólo necesito que se rindan de inmediato.

Candy observó su cinismo y sintió la culata de la pistola rozarle la espalda, como si el arma misma le pidiera actuar.

—Pierdes tu tiempo —dijo Gabriel—, porque no lo haremos.

Aquiles lo miró y sonrió con burla.

—Ya han perdido suficiente con el primer grupo que envié —respondió Aquiles—. No creo que quieran más muertos ahora que yo estoy aquí —dijo abriendo los brazos para señalar al grupo de ataque recién llegado.

—¿Para eso querías verme? —preguntó Candy ignorando por completo al ejército que tenía enfrente. Su mirada se clavó en Aquiles y este se la sostuvo.

—Pues… sí. Quería negociar su rendición y evitar que mi próxima manada se extinga antes de que sea mía.

Candy apretó los dientes e hizo avanzar su caballo en dirección a Aquiles. Víctor, Gabriel y Elizabeth la siguieron.

—Esta no es ni será nunca tu manada —dijo con claridad cada palabra—. Esta es la manada del jefe Anthony Brower y tú no la vas a dañar más —sentenció, segura de sus palabras, pero no de cómo se defenderían ante un grupo más grande de atacantes.

—¿El jefe Anthony? —Aquiles se frotó el cuello y entrecerró los ojos, como intentando recordar algo— ¡Ah, sí! —exclamó tronando los dedos—. El idiota que siguió a mi hermano Héctor a mi manada y que a esta hora ya debe estar muerto.

Las manos de Candy cayeron sin fuerza sobre el pelaje de su caballo. Aquiles sonrió todavía más al ver la reacción de todos.

—Su jefe se tragó cada palabra que dijo mi hermano para seguirme y evitar que matara a mi padre. —Sus cambiantes rieron—. Es decepcionante la facilidad con la que creyó todo, la verdad esperaba más inteligencia de su parte, pero qué podemos esperar de un "líder" tan joven —dijo enfatizando la palabra líder.

—¿Estás seguro de que está muerto? —preguntó Candy. No sabía de dónde sacaba valor, pero sus palabras no eran una pregunta, eran un reto.

—¡Muy seguro! —afirmó Aquiles soltando un bufido, similar a una risa—. Héctor y él se odiaron desde el principio. Me pregunto por qué… —dijo lanzando una mirada a Candy que no hizo más que causarle asco—. Pero, créanme, está muerto, en cuanto puso un pie en mi manada su muerte era algo seguro.

Su peor miedo estaba siendo confirmado, pero se negaba a creerlo. Anthony había burlado una vez la muerte siendo un muchacho. Su naturaleza lo había salvado de morir en ese accidente de caballo y ahora que era un cambiante no había manera de que… "¡No!, por favor, que no sea cierto" rogó en su mente.

—No tienen un líder —siguió Aquiles, ignorando las reacciones de los presentes ante su aseveración—. Él está muerto y ustedes no resistirán una pelea más. Eviten más muertes y ríndanse. Únanse a la manada de mi padre y permítanse vivir. Sus cachorros lo agradecerán en unos años. ¿Qué dice, jefa Candy? —preguntó con burla ante el título dado a la rubia—. El futuro de la manada se definirá en este momento y ese futuro está en sus manos.

—Tu padre planeó esto —intervino Víctor y Candy lo miró, agradecida por su compañía y por darle tiempo a pensar—. Toda tu farsa de querer atrapar a los que atacaban cambiantes, la pelea con tu hermano.

—Sí —aceptó con cinismo—. Solemos hacer las cosas de otra manera, pero cuando nuestro primer enfoque no resultó y la dama aquí presente apareció al lado de William Andley tuvimos que actuar de manera diferente y rápido.

"¡Esto es mi culpa!" Pensó Candy y tragó saliva. "La muerte de todos ellos es mi culpa…"

—Tuvieron miedo de que nuestro poder opacara el de ustedes —se burló Víctor.

—No te equivoques, anciano —Aquiles lo detuvo con un ademán—. No se trató de miedo, sino de evitar que su manada y los Andley se interpusieran otra vez en el camino de los míos. Además de saldar una vieja deuda de mi padre —dijo esto último como si no fuera importante.

—¿Qué deuda? —preguntó Candy y su voz demostró el hartazgo que ya sentía—. Di todo lo que tengas que decir de una vez.

—¿Qué carácter! —se burló Aquiles y varias risas se escucharon por parte de sus cambiantes—. Hace años, mi padre ofreció a su líder una alianza, eso ya lo saben —dijo mirando a Víctor—, cuando ella no aceptó y humilló a mi padre frente a otros líderes decidió atacar su manada.

Víctor gruñó y Gabriel temió que cometiera la locura de atacar en desventaja.

—¡Ustedes la mataron! —gritó Víctor, pero no se refería a su prima, sino a su compañera.

—Víctor, calma —pidió Gabriel.

—No eran renegados los que atacaron, sino cambiantes de tu manada —afirmó Víctor.

—Yo era un niño y no tengo los detalles, pero, en resumen, sí, eso pasó.

—Perdieron hace años —intervino Gabriel dando un paso delante de Candy y Víctor—, ¿qué te hace pensar que hoy será diferente? —Lo retó con la mirada y Aquiles se puso serio. Dando un paso al frente también retó a Gabriel.

—No tengo problema con matarte aquí mismo —gruñó Aquiles—, pero este es un encuentro pacífico y soy un hombre de honor, así que no lo haré.

—Quien ataca a los de su especie no conoce el honor —refutó Gabriel apretando los dientes y se mantuvo firme en su posición.

Elizabeth gruñó al ver que su cambiante se retorcía de dolor, pero nadie lo había golpeado desde que llegó. Todos lo miraron.

—¡Lo envenenaste! —exclamó Candy reconociendo los síntomas. Quiso bajar de su montura, pero Víctor se lo impidió.

—Estará bien —contestó Aquiles mirando de reojo a Bill—. Nadie se muere con esa cantidad de plata.

—Deja que nos lo llevemos —dijo Candy, alternando su mirada entre Bill y Aquiles.

—No —contestó con sequedad—. No hasta que decidan rendirse. Pero no se preocupen, no dejaré que muera hasta tener su respuesta. Y como esta conversación ya ha perdido su propósito con recuerdos, amenazas y nostalgias —dijo como si el tema fuera lo más chocante del mundo—, les daré hasta el anochecer para pensar su respuesta. Si a la medianoche no se han rendido, reanudaré el ataque y esta vez no dejaré a nadie con vida.

Hizo una señal para que se llevaran a Bill, y Elizabeth dio unos pasos al frente, intentando seguirlo, pero tres cambiantes de Aquiles le cerraron el paso y los que escoltaban a Candy se enfrentaron a ellos. Candy se llevó una mano a la espalda y tomó el arma.

Elizabeth dejó escapar un lastimero aullido.

—Puedo resistir —le había dicho Bill.

—Espero su respuesta en este mismo lugar a la medianoche —dijo Gabriel mirando a Candy, Víctor y Gabriel—. Si no aparecen, entenderé que prefirieron la muerte.

Aquiles y su grupo retrocedieron y cuando estuvieron lo suficientemente lejos, dieron media vuelta y se perdieron entre los árboles. La escolta que se había mantenido al lado de Elizabeth avanzó para rastrear dónde se ocultaban y Candy los siguió.

—Detente ahí —exclamó Gabriel y Candy tiró de las riendas de la yegua.

Canela relinchó y con una pata rascó el suelo. Las bombas de plata iniciaban en ese punto y todos retrocedieron, pero Canela pateó una de las bombas muy cerca de ellos. Gabriel tiró del caballo, alejándolo del inminente estallido y ordenó a todos que se alejaran. Cinco segundos, sólo tenían cinco segundos para alejarse de la explosión y no ahogarse con el gas de plata y otros venenos que contenía cada bomba.

Candy pensó que se caería del caballo ante la violencia de sus movimientos y el agarre de Gabriel, pero Canela no la tiró y tras recibir un golpe en el costado echó a correr. La rubia se aferró al animal e intentó controlarlo para no caerse. Lo logró e hizo que se detuviera. Dio media vuelta y esperó para ver el caos desatado por la explosión, pero nada pasó; sólo un silencio sepulcral invadió esa parte del bosque.

Un par de minutos después toda su escolta de lobos apareció frente a sus ojos, sanos y salvos. Respiró aliviada y les dio alcance con el caballo.

—No explotó —dijo Gabriel y alzó la mano para que Candy observara la bomba. Era pequeña, del tamaño de una bombilla, pero hecha de metal—. Creo que tiene un defecto —dijo examinándola. Era la primera que tenía en sus manos antes de ser destruida por la implosión y no perdería la oportunidad para entender cómo funcionaba.

Canela chocó su hocico contra el torso de Gabriel, buscando su atención.

—Sí, salvaje, tú la encontraste —dijo él acariciando la crin del animal.

Candy la acarició desde arriba y, una vez que el susto de la bomba había pasado, su rostro se contrajo. Sintió un vuelco en el estómago y frío en todo el cuerpo. Bajó deprisa del animal y corrió hasta un árbol alejado del grupo. Se apoyó en el tronco del árbol y vomitó un líquido amarillo y amargo. Su cuerpo no resistiría más. Ella lo sabía, sabía que no aguantaría otra noche sin dormir, sin tranquilidad ni noticias de Anthony.

—¡Anthony! —exclamó aún apoyada en el tronco. Empezó a llorar sin poder contener un segundo más el dolor de saberlo muerto. Se sentía fuera de su cuerpo, ajena al entorno, lejos de todo y todos. Sus pensamientos no tenían orden alguno y su consciencia estaba lejos de saber qué hacían los que la rodeaban.

—Candy —la voz de Víctor se oía lejana, extraña y era hasta molesta—. Candy —volvió a decir y ella se dio cuenta de que estaba hincado a su lado. Ella se había dejado caer de rodillas unos momentos antes y ni siquiera sintió cuando la tierra chocó contra su piel.

—Está muerto —murmuró Candy encontrándose con la mirada de Víctor—. Otra vez lo perdí —sollozó y Víctor la atrajo hacia su pecho para abrazarla. Ella se aferró a él y lloró con más intensidad.

Los que estaban a su alrededor también lloraron, pero ningún lamento se escuchaba tan fuerte como el de Candy.

—Escúchame bien, Candy —dijo Víctor después de varios minutos de tener a su sobrina llorando en su pecho—. No creeremos ni una palabra de lo que ese maldito dijo…

—¡Era una trampa! —interrumpió ella—. Anthony fue directo a una trampa y lo mataron.

—Candy —Gabriel se hincó también a su lado. Sus ojos marrones estaban inundados, pero intentó que su voz no flaqueara—. Yo tampoco creo lo que dijo Aquiles, pero aquí no podemos discutirlo. Debemos volver a casa y defendernos.

Candy negó con la cabeza, no quería saber ni hacer nada. No quería sentir y, si Anthony estaba muerto, entonces ella también quería estarlo.

Dejó que la levantaran del suelo y la condujeran a su caballo. El trayecto de vuelta a casa nunca estaría claro en su memoria. Cuando Candy se dio cuenta estaban ya en la casa de la manada, dialogando en el comedor. Ella no lo recordaba, pero se había negado a descansar y pidió que todos se reunieran para planear sus siguientes movimientos. Sofía le había dado un té para asentar su estómago y ella lo bebió sin distinguir el sabor.

Víctor y Gabriel informaron a la manada lo necesario; quiénes eran los atacantes, sus demandas y el número de atacantes que ya los superaban en número. No dijeron que Anthony estaba muerto. Elizabeth estaba ansiosa por actuar y recuperar a su cambiante.

—Bill dijo que están en una zona alta, de difícil acceso aun para nosotros —dijo Elizabeth, pues mientras Aquiles había hablado con Candy y los demás, ella se había comunicado con su cambiante. El pobre, aún después de la tortura, intentó ayudar—. Una zona de cuevas y riscos.

—Por aquí —dijo Víctor señalando el mapa.

Candy estaba sentada a la cabecera de la mesa, pero no podía entender lo que los demás decían, se sentía tan ajena a la situación que era como si no existiera. Sólo veía cómo todos se movían, señalaban el mapa y revisaban cosas que unas horas antes tenían sentido para ella.

"A esta hora ya debe estar muerto". Las palabras de Aquiles le martillaban los oídos y cada vez sonaban más profundas, más ciertas. Anthony estaba muerto igual que otros tantos de la manada. Candy cerró los ojos y los rostros de todos a los que había perdido en esos días se formaron en línea frente a ella. "Cuando nuestro primer enfoque no resultó y la dama aquí presente apareció al lado de William Andley tuvimos que actuar de manera diferente y rápido".

Era su culpa. Su maldita necesidad de actuar por su cuenta y ver a Albert. Eso había llamado la atención de todos y causado la masacre a la manada. Si tan solo hubiera sido más consciente, más comprensiva. Si hubiera hablado con Anthony antes del viaje a Chicago, él pudo haberla convencido de no verlo, pero no lo hizo. Era su culpa que Anthony estuviera muerto. Era su culpa que Astrid estuviera hecha un manojo de nervios, preocupada por su compañero, por sus hijos y exhausta por la batalla. Ian, Lucille y Derek no estaban y, si Anthony estaba muerto, lo más seguro era que ellos también. Aaron seguía en coma, Odette no podía pelear sin preocuparse por su primo y no podía cuidarlo sin preocuparse por la manada.

En maldita hora entró al bosque y destruyó la vida de Anthony.

*C & A*


Queridas lectoras, les agradezco mucho su apoyo e interés en esta narración. Como bien lo dijeron, Aquiles sólo quería alardear, pero sí revolvió las emociones y miedos de todos, en especial de Candy. Prometo que las cosas se acomodarán y espero que resistan hasta el próximo capítulo.

Gracias a:

Julie-Andley-00: Hola, gracias por comentar, espero que te haya gustado este avance en la historia. Confiemos en la entereza de Candy. Saludos.

Maria Jose M: Hola, ¿cómo estás?, tienes razón en que Candy está bajo mucho estrés y soportando mucho, pero confía en que ella es tan fuerte como Anthony y cuando llegue no la puede encontrar devastada, aunque el condenado de Aquiles sí que la hizo sufrir. Sé que este capítulo no fue nada alentador, pero espero que aguantes un poquito más. Muchas gracias por tus lindas palabras y no te preocupes, amo tu intensidad ja, ja. ¡Abrazos!

Carito Andrew: ¡Hola y bienvenida! antes que nada, gracias por tu comentario. Sabemos que Anthony ya viene en camino y defenderá con toda su fuerza a su gente. Espero que cumpla tus expectativas. Saludos y muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar.

GeoMtzR: ¡Hola! Tienen razón en que Candy está soportando mucho, pero eso solo nos dice que es tanto o más fuerte que Anthony y su pareja perfecta. Si separados son fuertes, juntos, todavía más; aunque por el momento su corazón esté hecho pedazos por la mentira de Aquiles. Este capítulo sí fue más corto, pero necesitaba darle a Candy su tiempo para flaquear un poco y retomar fuerzas. Gracias por comentar, me encanta saber tu opinión. Te mando un abrazo.

Myely Leon: ¡Hola! gracias por tus comentarios. Anthony ya viene, lo prometo.

Mayra: Hola, ya podemos respirar un poquito porque Aquiles no le hizo daño a Candy, al menos no físicamente como al lobo que tienen como rehén. Resistamos un poco más hasta ver a Albert en escena, prometo que sí pasará. Gracias por tu tiempo al leer y comentar, espero que estés muy bien.

Marina777. ¡Hola!, me encanta que desconfíen de todos los personajes, en serio, afortunadamente no era una trampa, pero sí que causó daños el encuentro "pacífico" entre Candy y los enemigos. No sé si "gustar" sea la palabra correcta, pero espero que este capítulo no te haya desagradado. Te mando un abrazo de vuelta y, muchas gracias por comentar.

Cla1969: ¡Hola! ¿Cómo estás? Aquiles y su familia pecan de confiados y ya hasta a mí me desagradan. La batalla final está muy cerca y por ahora estamos en desventaja. Muchas gracias por tu comentario, espero que estés muy bien.

Nos leemos pronto

Saludos