Advertencia: el siguiente capítulo presenta contenido sexual

Abraza la manada

23

La última fuerza

Primera parte

Tan pronto como Anthony entró a su habitación se dejó caer en la cama. Le dolía todo el cuerpo. El cansancio del viaje, la falta de sueño, la tortura, las heridas y la preocupación por la seguridad de Candy y su manada habían drenado toda su energía. Cerró los ojos e hizo un rápido recuento de las heridas que llevaba encima y su estómago se revolvió al recordar la cueva. Sintió cómo el colchón se hundía y sonrió al tiempo que extendía un brazo para que Candy se acomodara en él.

Ella se acercó lentamente, pero no se recostó. Apoyó una mano en el colchón para no perder el equilibrio y con la otra acarició el rostro de Anthony. Estaba pálido, definitivamente más delgado, su piel estaba reseca y su barba… ¡nunca lo había visto con barba! Le besó la frente y sonrió. Podía faltarle un ojo y aun así lo amaría el resto de su vida.

—Te prepararé el baño —dijo depositando otro beso en su mejilla y se incorporó.

—Espera. —Él también se levantó—. Sé que apesto, pero… ven, por favor —pidió abriéndole sus brazos.

Candy dejó escapar una risita y se acomodó a horcajadas para abrazarlo. Hundió los dedos en su cabello y lo atrajo hacia su pecho para que apoyara su cabeza. Anthony respiró profundo y, cerrando los ojos, que ya le pesaban, agradeció esos segundos de paz. Sentía que iba a morirse, no podía negarlo, pero tener a Candy en sus brazos le daba años de vida. Apoyó las manos en sus caderas y la sostuvo.

—Quiero contarte algo —dijo Anthony tras varios minutos en completo silencio. Candy se echó para atrás y apoyó sus manos en los hombros de él—. Es sobre mi tío Víctor —dijo.

—¿Qué pasa con él?

—Hay un secreto y no sé si podré guardarlo. Es sobre su compañera, Amelia. Resulta que ella está viva.

Candy se llevó una mano a la boca, ahogando un grito de sorpresa.

—¡No te creo! —exclamó—, ¿cómo lo sabes?, ¿dónde está?

Anthony resopló y empezó a contarle la historia de cómo había sido atrapada en el primer ataque y que todos esos años había sido una prisionera de Rodrick y su manada. Le habló del trato inhumano que ella y los demás recibían.

—¡Es horrible! —sollozó Candy—, no puedo creer tanta crueldad por parte de ese hombre. Pero, ¿dónde está ella? Dijiste que te ayudó a salir de la casa de Rodrick.

—Ella está guiando al grupo que atacará la retaguardia de Rodrick. Es mi único contacto con ese grupo, de ella depende el éxito de este ataque.

—¡Por Dios! —fue lo único que pudo decir—. ¿Por qué no le dijiste a Víctor que su compañera está viva? Ha sufrido mucho estos días recordando lo que pasó cuando despareció. Su entrevista con Albert y el encuentro con Aquiles han abierto esa herida.

—Lo sé… me lo imagino —contestó Anthony apretando su agarre en torno a la cintura de Candy. Imaginarla muerta le causaba un terrible dolor y no quería saber lo que su tío había sentido todos esos años—. Pero ella me pidió que no se lo dijera.

—¿Por qué?

—Es una loba asombrosa, pero no ha peleado en años y dice que… si muere en este ataque no quiere que Víctor lo sepa…


—¿Sabes el bien que le haría saber que estás viva?

—Por favor, Anthony —pidió Amelia durante el viaje—. Víctor ya ha sufrido mi muerte. Decirle que estoy viva e informarle al día siguiente que en verdad morí sólo lo dañará más y no puedo permitirlo.

—Merece saber la verdad.

—Merece ser feliz. Me has contado que es un hombre maravilloso, se convirtió en el cambiante que yo sabía que sería y no puedo ser la causa de más dolor en su vida.

—No te dejaré encabezar el ataque si estás dispuesta a morir —sentenció Anthony.

—¡No quiero morir! —exclamó con convicción— pero no he peleado en años y debemos ser realistas. Haré todo lo posible por sobrevivir y volver a su lado, pero si no lo logro, no quiero que sepa dónde estuve todos estos años… eso sólo lo haría sentir culpa y si yo no lo permitiré, tú tampoco.

—Creí que yo era el líder de esta manada —dijo Anthony con ironía.

—Lo eres. —Amelia agachó la mirada—. Pero cuando se trata de compañeros, entiendes que no hay nada más importante que ellos.


—La entiendo… —murmuró Candy cuando Anthony terminó de contarle la petición de Amelia—. Quiero conocerla —sonrió—. Estoy segura de que la veremos aquí, al lado de Víctor —dijo con voz temblorosa.

—Víctor no debe saberlo —repitió Anthony—, se distraería y lo necesito concentrado.

—Mis labios están sellados —dijo Candy llevándose un dedo a la boca—. Gracias por confiar en mí.

Candy se levantó de la cama a preparar el baño. Anthony fue hasta la mesa central y bebió un largo trago de agua de la jarra que había encima. Se estiró cuanto pudo y sus huesos tronaron. Se quitó los zapatos y los arrojó a un rincón, caminó por la habitación y observó por la ventana el estado del bosque. Le dolió verlo tan dañado, pero se juró sanarlo. Era su responsabilidad, su deber. Se levantó la camisa y tiró de ella para quitársela.

—¡Anthony! —exclamó Candy, horrorizada por lo que veía— ¡Tu espalda! —corrió hasta él.

Tenía la espalda cubierta de heridas largas, rojas y profundas, con sangre fresca y seca mezclada. Estaban esparcidas por su piel, algunas cruzándose con otras haciendo que la sangre se concentrara en esos puntos de encuentro.

—¿Qué te pasó? —preguntó palpando con cuidado la piel de su espalda, pero había pocos lugares en los que podía tocar. Anthony se alejó un poco del contacto, le ardía la piel y hasta el momento no se había quejado. Candy retiró sus manos y repitió su pregunta—: ¿qué te pasó?, ¿quién te hizo esto? —cuestionó a media voz, asustada por las heridas y lo que podían significar.

Anthony se aclaró la garganta. Le dolía y no podía negarlo, no ganaba nada con hacerlo y no había necesidad, pero cómo decirle a Candy todo lo que había pasado en los últimos días, cómo hablarle de la manera en la que lo habían atrapado y cómo decirle de su estancia en la cueva.

—Traeré algo para curarte —murmuró Candy ante el mutismo de Anthony, era claro que no hablaría y no quería presionarlo—. El baño está listo, entra.

Salió corriendo de la habitación y se llevó una mano al pecho. "¿Qué te hicieron, Anthony?" se preguntaba a cada paso que daba. Llegó a la enfermería y tomó lo necesario para tratar esas heridas; se echó un frasco de antídoto para plata en el bolsillo y volvió a la habitación tan rápido como pudo.

La ropa de Anthony estaba en un rincón del piso. Él estaba ya en la tina del baño. Candy dudó si debía o no entrar, así que se quedó en el marco de la puerta.

—Caí en la trampa de Rodrick como un idiota —empezó a decir Anthony cuando vio a Candy detenerse en la entrada. Ella dio unos pasos al interior—. Entré a su casa junto con Héctor y le dijimos todo lo que supuestamente quería hacer Aquiles. Me tragué su farsa y cené con ellos.

Candy se hincó a su lado y tomó una barra de jabón para ayudarlo a bañarse. Él se echó hacia adelante y dejó que ella limpiara las heridas de su espalda mientras le contaba sobre la cena, la manera en que Amelia lo había reconocido y lo que desató ese momento. Le habló de la cueva y de la golpiza que Héctor le había dado. Le contó todo lo que Rodrick había confesado: las amenazas a su madre, su preparación del ataque, el bebé que su madre abortó y la forma en que torturó a Amelia al volver. Candy lloró en silencio, escuchando el martirio que había sufrido Anthony y sus lágrimas cayeron en la bañera.

Terminó de bañarse y se puso la bata mientras Candy buscaba su ropa en el armario. Salió del baño y se vistió con rapidez, en compañía de ella.

—Siéntate —pidió ella antes de que él se pusiera la camisa. Anthony fue hasta la cama y le habló de Ray y la gran ayuda que había sido. Le dio la espalda y Candy empezó a tratar las heridas—. Arderá —dijo al untarle el antídoto. Anthony asintió y no dijo nada cuando el líquido le penetró la piel lacerada.

Anthony se puso la camisa y giró para ver a Candy. La tomó en sus brazos de inmediato en cuanto vio que lloraba en silencio. Ella, al sentir el abrazo, dejó salir todo el dolor que le producía lo que Anthony le había contado.

—No es justo que pasaras por todo eso —se quejó ella y lo abrazó con cuidado, consciente ahora de las heridas de Anthony—. ¡No quiero, Anthony, no quiero que vuelvas a irte! —Sollozó más y Anthony la apretó contra su pecho—. No vuelvas a dejarme. No quiero que te hieran más, por favor, no te vayas.

—No iré a ningún lado más, mi amor —dijo Anthony sintiendo cómo las lágrimas le nublaban la visión—. Te prometo que todo esto acabará pronto y nadie volverá a dañarte.

—A mí nadie me ha dañado —refutó Candy —es a ti a quien han torturado, ¡casi te matan! —Lloró más—. No quiero que mueras, Anthony, no otra vez —dijo con desesperación y miedo.

El llanto de Candy inundó la habitación y Anthony intentó calmarla con palabras serenas y optimistas, pero entendía a la perfección lo que ella sentía y no le negaría la oportunidad de desahogarse. Sabía que había sufrido mucho en los últimos días, aunque ella minimizara su dolor y entendió que las heridas de Anthony fueron la gota que derramó el vaso para que ella dejara salir todo lo que llevaba conteniendo por días.

La recostó en la cama y siguió abrazándola hasta que, pasados unos minutos, su llanto cesó un poco.

—Me salvaste, Candy —dijo cuando estuvo seguro de que tenía su atención—. En la cueva, me salvaste. Perdí la conciencia varias veces y en uno de esos lapsos te vi.

Candy lo miró a través de sus largas pestañas. Los labios le temblaron, queriendo preguntar qué había visto, pero no podía articular palabra alguna, sólo tomó la mano de Anthony le besó los nudillos.

—Me ordenaste resistir y volver contigo. —Sonrió al acariciarle la frente—. Y heme aquí, a tu lado.

—Me lo prometiste —murmuró ella.

—Lo hice —contestó recordando su promesa de volver antes de la primera nevada—, espero que puedas perdonar mi retraso, tuve unos inconvenientes en el camino.

—¡Oh, Anthony!, no bromees con eso. Pasaste un infierno.

Anthony sonrió con pesar. Entró al infierno sabiendo que lo era y, aunque tenía un plan de respaldo que había funcionado, hubo momentos en los que creyó que moriría en esa cueva, ya fuera a causa de la tortura física de Héctor o las palabras de Rodrick.

Candy se limpió las lágrimas con el dorso de la mano mientras Anthony acariciaba su espalda para calmarla; suspiró con profundidad, señal de que había llorado mucho, pero ahora se sentía un poco más ligera y tranquila. Era el efecto de Anthony en ella.

Acarició su barba con la nariz y posó sus mans en su cálido pecho. Quería retenerlo en ese momento y no dejarlo ir nunca más para alejarlo de todos los peligros que existieran en el mundo. Deseó que hubiera algo que pudiera hacer para protegerlo. Le dolía todo lo que había pasado, los latigazos en su espalda, la puñalada, los demás golpes; enterarse de que pudo tener un hermano y de que Rodrick era el causante de que este no hubiera vivido. ¡Si tan solo ella tuviera el poder de salvarlo!

De pronto lo recordó, se lo había preguntado a Gabriel días atrás, pero con todo lo que había pasado lo olvidó por completo. Había algo que Candy podía darle a Anthony para hacerlo más fuerte, algo que lo ayudara a resistir la pelea que estaba por enfrentar.

—Anthony —lo llamó en voz baja. Él tenía los ojos cerrados, pero las caricias en su espalda le decían que estaba despierto. Subió su mano hasta su mejilla e hizo que le mirara con esos profundos ojos azules que tanto había extrañado. Sus pupilas se clavaron en las de ella y sintió cómo de inmediato su respiración se hacía más profunda y su corazón latía a un ritmo diferente. Le besó la mejilla, le gustaba su barba, aunque no sabía si se la dejaría después de que todo acabara—. Tómame —pidió sin romper el contacto visual. Él frunció el ceño e inclinó la cabeza en señal de que no entendía a qué se refería—. Hazme tuya, Anthony —aclaró y los ojos de él se abrieron llenos de asombro. Iba a hablar, pero poniendo un dedo en sus labios Candy lo detuvo—. Yo no puedo pelear, no puedo salir al combate codo a codo contigo como lo hacen las demás parejas, no como lo hacen Charles y Marianne o Ian y Astrid. Yo no tengo tu poder, pero sé que puedo darte algo que te hará más fuerte, sé que,una vez que sea tu mujer, tu fuerza y tus habilidades aumentarán.

—Candy…

—Lo necesitas, Anthony. Estás agotado, no has descansado, pasaste por un calvario y no has tenido ni un minuto para recuperar el aliento. Necesitas esa fuerza y si yo puedo dártela, lo haré —dijo con una convicción que aceleró el pulso de Anthony.

No dejó que se alejara de ella, lo rodeó con sus piernas y brazos dispuesta a no aceptar un no por respuesta. Tal vez parecía un acto de desesperación, una petición fuera de lugar debido a la situación que atravesaban, pero estaba segura de que él entendería.

Él tampoco la soltó, pero Candy sintió cómo su cuerpo se tensaba ante sus palabras.

—No puedo tomar tu primera vez de esa forma —le respondió con voz ronca, sorprendido por lo que escuchaba.

—No habrá una primera vez si estamos muertos mañana —le respondió—. Anthony, quiero ser tu mujer, quiero completar el vínculo que nos une. Sus ojos verdes se clavaron en él y se vio reflejado en ellos—. Te deseo.

Lo besó en la boca antes de que pudiera decirle algo más. Los labios de Anthony se movieron de inmediato en busca de los de Candy y ella se aferró a él como si su vida dependiera de ello, y así era. Las manos de él se deslizaron por su espalda baja y ella movió las caderas en dirección a las suyas, buscando ese anhelado contacto. La lengua de Anthony se deslizó por su boca y Candy hundió las manos en su cabello. Le dio total acceso y control de su cuerpo y él se movió hasta quedar encima de ella. La besó con desenfreno, absorbiendo el sabor de su boca y entregándole parte de la pasión que había contenido por tanto tiempo.

Candy sintió la erección de Anthony frotarse contra ella y jadeó en su boca. La sonrisa de él pausó el beso, pero lo reanudó en seguida. Su mano se deslizó por debajo de su ropa y sus dedos fueron hasta su centro, húmedo y necesitado de él. Sus caricias la hicieron gemir. Ella acarició su pecho con ambas manos, su piel ardía de deseo y, por primera vez en días, Candy se sintió completamente feliz. Los dedos de él frotaron la parte más húmeda de su cuerpo y empezó a moverse al ritmo que marcaba, pero ella no quería sus dedos, no quería ser la única en recibir placer.

—No —musitó alejando sus labios de los de Anthony. Él la miró fijamente—. Te quiero a ti —dijo deslizando su mano hasta el pantalón, desabrochando el botón y bajando hasta su miembro, apretado por la tela, deseando liberarse.

La respiración de Anthony chocó contra el pecho de ella y le besó la marca del cuello.

—Como ordenes. —Su voz sonaba tan grave que la hizo estremecerse y sacudir sus caderas en dirección a él.

La desnudó con prisa y ella lo ayudó a deshacerse también de su ropa. Tenerlo completamente desnudo frente a ella no hizo que retrocediera en su deseo de ser suya, sino que lo intensificó. Lo atrajo hacia ella y volvió a besarlo con prisa y casi desesperación, acarició cada músculo de su cuerpo y besó cada centímetro de su pecho. Evitó tocarle la espalda para no rozar sus heridas, también tuvo cuidado con la herida del costado izquierdo. Él recorrió el virgen cuerpo de ella con sus manos y labios, que besaron y absorbieron sus senos, acarició sus caderas, muslos y el interior de estos.

—¡Anthony! —Gimió Candy cuando su miembro se rozó contra su entrada desnuda.

—No voy a lastimarte —dijo él entre jadeos.

—Sé que no lo harás —afirmó con completa confianza en él. Sus ojos se tornaron ámbar y volvieron a ser azules. Ella sonrió ante el cambio—. Te extrañe tanto —dijo cuando su pulgar acarició su clítoris. Echó la cabeza hacia atrás ante esa sutil y placentera caricia. La sujetó de las caderas y empezó a frotarse a un hermoso ritmo contra ella.

—Respira —le dijo al oído y Candy obedeció. Su cuerpo se relajó ante la cadencia de sus caricias.

Anthony se deslizó un poco dentro de ella con suavidad, pero no dejaba de ser extraño en su cuerpo. Se mantuvo quieto hasta que Candy se acostumbró a su presencia en su interior. Besó sus pechos, su cuello y sus labios. Ella entrelazó sus manos detrás del cuello de Anthony y sus caderas buscaron aumentar el contacto.

—Te amo —dijo él empujando hacia su interior. Candy soltó un quejido cuando lo sintió tan dentro y él se quedó quieto nuevamente. Cerró los ojos, acostumbrándose a la sensación, y sonrió cuando Anthony empezó a moverse dentro de ella; bajó las manos a sus caderas y enterró las uñas en la piel de él; gimió más fuerte cuando aumentó la velocidad de sus movimientos y su cuerpo le correspondió en el acto. Se sentía bien, en su cuerpo, un gemido, en su corazón, un gemido, en su cabeza.

—Mírame —lo oyó decir entre jadeos, que no sabía si eran de ella o de él. Abrió los ojos y sintió no sólo su miembro moverse en ella, sino sus dedos acariciándola. Aceleró las embestidas y se sintió al borde del placer, para después caer al vacío. Su cuerpo estalló y sintió cómo él se liberaba en su interior al tiempo que clamaba su nombre.

—Te amo —dijeron en algún punto y con cuidado salió de ella. Se sintió vacía y extraña, así que lo atrajo hacia ella para impedir que se alejara. La tomó del rostro y dejó un camino de besos desde sus mejillas hasta el nacimiento de sus pechos, donde posó su frente y Candy le acarició el cabello.

—¿Estás bien? —preguntó Anthony bajando una mano por sus caderas.

—Sí —respondió con satisfacción—, ¿y tú?, ¿sientes algo diferente? —preguntó acariciando sus sienes.

—Siento que por primera vez sé lo que es estar vivo —le respondió antes de plantarle un fugaz beso en los labios. Su sonrisa de satisfacción no hizo otra cosa que estrujarle el corazón, llenándola de emoción.

—Pero tu fuerza…

—Lo veremos después —le dijo con tranquilidad y retrocedió un poco hasta quedar de rodillas entre las piernas de ella. Su mano se deslizó entre sus piernas y la besó al interior de los muslos. Su piel estaba muy sensible—. Ahora vuelvo —murmuró Anthony antes de levantarse y dirigirse al baño.

Candy sabía lo que iba a hacer y lo esperó con paciencia. Volvió con una toalla húmeda y la limpió con la misma delicadeza de siempre, sólo que esta vez había gotas de sangre, pero nada de qué preocuparse. Anthony frunció el ceño, mirando la tela y ella se incorporó de la cama. La miró de inmediato y ella acarició su rostro y su pecho.

—Estoy bien —repitió al entender su preocupación.

Anthony le tomó la mano y, antes de llevársela a la mejilla, le besó la palma, inhalando su aroma. Dejaron de importarle los hechos de los últimos días. Si ella lo esperaba al final de ese infierno, lo cruzaría todos los días de su vida, con tal de tenerla en sus brazos, con tal de sentirla suya.

No sabía si ahora sería más fuerte físicamente, pero sí se sentía de esa manera, probablemente era la euforia del momento que habían compartido. No fue como lo había imaginado, pero fue lo más cuidadoso que pudo con ella y recordaría ese momento toda su vida y dedicaría el resto de sus días a complacerla dentro y fuera de esa cama.

Candy le había ofrecido su cuerpo para que él obtuviera algo, para que fuera más fuerte, para que tuviera una oportunidad de sobrevivir. Su primera vez significaba algo mucho más que amor y confianza, era esperanza, fe en él mismo y no la defraudaría.

—Gracias —dijo por lo bajo acercándose a ella para tomarla de la cintura y tumbarse en la cama con ella entre sus brazos. Su desnudez encendió el deseo en él, pero se contuvo y cerró los ojos cuando Candy se acurrucó en su pecho, cuidándole las heridas, pero buscando la protección de su cuerpo. La cubrió con la manta que había al pie de la cama y sonrió ante el profundo suspiro que escapó de su cuerpo.

Su mujer no tardó en quedarse dormida. Su día había sido un sube y baja de emociones y ni ella misma entendía cómo seguía en pie, pero la paz y seguridad que emanaban del cuerpo de Anthony le dieron la confianza para relajarse un poco y descansar. Él también se dejó envolver por el sueño. Podían darse el lujo de descansar una hora.

*C & A*


Queridas lectoras, espero que este capítulo haya sido de su agrado y resuelto dudas. Ahora sabemos dónde está Amelia como preguntaron y Anthony ha recibido el último empuje de fuerza que necesita como bien vieron venir. En toda guerra hay momentos de tranquilidad y quise darle a esta pareja un respiro que se ganaron a pulso.

Gracias a:

Mayeli León por dejarme siempre tus comentarios. Aprecio mucho el tiempo que te tomas para leer esta historia.

GeoMtzR, ¡hoy no hubo interrupciones! Y ahora se entiende el motivo; las cosas llegan cando tienen que llegar ja, ja. Creo que se han resuelto dudas y ya estamos listos para lo que venga. La imagen de los canes con sus juguetes fue totalmente clara y una idea genial, ¡juro que lo imaginé! Espero que ya estemos más tranquilas y con las pilas recargadas. Mil y un gracias por tus comentarios y tu atenta lectura, como siempre; espero que te gustara este capítulo. ¡Abrazos!

Cla1969, muchas gracias por siempre comentar; dudas resueltas y un pedacito de cielo para la pareja, ¿no crees?

Marina777, ya conocemos las razones de Amelia para no aparecer, no sabemos si actuó bien o mal, pero es lo que decidió y hará lo que sea para volver a casa. Te mando un fuerte abrazo y gracias por leer.

Mayra, de veras espero que este episodio te gustara y seas feliz porque nuestra pareja ya está reunida y más fuerte que nunca.

Maria Jose M, dicen que al cliente lo que pida y mira, me leíste la mente con su encuentro y, totalmente de acuerdo, todo sea por el bien de la manada ja, ja. Ahora Anthony está más ilusionado que nunca y listo para ¡LA GUERRA! Te mando un abrazo.

Julie-Andley-00, muchas gracias por tu comentario, ojalá que te guste cómo avanza esta historia. ¡Saludos!

¡Muchas gracias por su apoyo en esta historia!

Nos leemos pronto

Luna